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El eco de un vínculo roto (EDITANDOSE)

Summary:

La realidad no es más que un tejido fino sobre un abismo de estática, y alguien —o algo— ha comenzado a tirar de los hilos.

Tras la aparición de una fractura en el tejido del multiverso, lo que comenzó como una misión de rutina se ha transformado en un descenso a la locura. Mientras los guardianes del orden y el caos intentan mantener una fachada de normalidad, los cimientos de la existencia comienzan a resquebrajarse. Fragmentos de recuerdos, lealtades fracturadas y una conexión olvidada y rota amenazan con borrar la línea que separa la identidad de la aniquilación.

Dream y Nightmare custodian un pacto de silencio que podría salvar —o condenar— a todo lo que existe. Pero en el silencio, algo los observa, y la sincronía que comparten empieza a hacerse notar más allá de su voluntad.

Todo vínculo tiene un precio. Y en un multiverso donde la verdad es el enemigo, la ignorancia es el único refugio que queda.

Notes:

Hola!!
Soy una escritora nueva y esta es mi primera historia.
Esto es un AU por lo que habrá varios cambios u hechos distintos. Uno de ellos es que en este AU Dream y Nightmare no "nacieron" como hermanos.
También que tendrá varios headcanon que tengo sobre algunos personajes.
También tomar en cuenta las etiquetas.

Chapter 1: "Algo que el multiverso no olvidó"

Summary:

La luz y la oscuridad no son opuestos, son dos mitades que se temen. Hoy, el multiverso ha decidido que el equilibrio es demasiado caro para dejarlo en manos de dos hermanos que han olvidado cómo ser uno solo.

Han pasado siglos desde la catástrofe del Árbol de los Sentimientos. Dream y Nightmare han vivido como polos opuestos, creyendo que su distanciamiento era el único camino para la supervivencia. Pero el multiverso tiene otros planes.

Notes:

Este es mi primer fanfic!!!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

El calor no venía del sol. El aire que entraba por la garganta de Dream quemaba con un sabor metálico y denso, pegajoso a ceniza rancia.

Sus botas de cuero desgastado golpeaban la piedra del sendero con un ritmo desordenado, torpe, como si sus piernas no pertenecieran del todo a la estructura de su cuerpo. Era apenas un adolescente en estatura y contextura; la capa amarilla que llevaba prendida al cuello le quedaba holgada, flameando en trapos desiguales detrás de su espalda mientras corría pendiente arriba.

Dreamtale no olía así. El hogar nunca había olido a madera calcinada ni a carne chamuscada.

¡Espera! ¡Por favor, ayuda! —gritó una voz rasposa desde el margen del camino.

Dream ni siquiera frenó de golpe; sus pies derraparon sobre la tierra seca, levantando una nube de polvo gris. A un par de metros, medio sepultado bajo el colapso de un tejado de madera y piedra, un aldeano forcejeaba sin éxito. El rostro del sujeto estaba cubierto de hollín, y sus ojos, dilatados por el pánico, se fijaron en la figura del joven guardián con una mezcla desesperada de suplicio y reproche.

Tú... —el hombre tosió, escupiendo un flema negra—. ¿Dónde estabas? ¡Mira lo que hizo! ¡Ese engendro se volvió loco!

Dream sintió un pinchazo frío en el centro de su pecho mágico. No respondió pero si pensó Pero si ellos fueron los que me alejaron de aquí con esas "emergencias de ayuda urgente". Se inclinó rápidamente sobre la viga de roble quemado, clavando los dedos en la madera incandescente. Las astillas calientes le ampollaron las palmas de las manos, pero apenas sintió el ardor. Tiró hacia arriba con el alma en la garganta, usando la poca energía de aura clara que lograba reunir en medio del pánico. La viga cedió con un crujido seco, liberando las piernas del residente.

El hombre no le dio las gracias. En cuanto se vio libre, gateó hacia atrás en la tierra, apartándose de Dream como si la luz dorada que emanaba de sus manos fuera una plaga contagiosa.

Teníamos razón sobre él —masculló el aldeano, poniéndose en pie con torpeza y echando a correr colina abajo sin mirar atrás—. ¡Es un monstruo! ¡Es un maldito error!

Las palabras se clavaron en la mente de Dream como agujas heladas, pero no se detuvo a procesarlas. Tenía los pulmones apretados y el pulso latiéndole con violencia detrás de los ojos.

No. Él no es un monstruo. No puede ser.

Avanzó a zancadas más largas, dejando atrás las casas destruidas de la villa baja. A medida que ascendía por el camino inclinado hacia el centro del reino, el paisaje se volvía más devastado. Había cuerpos caídos sobre el pasto seco, algunos inmóviles, otros soltando gemidos débiles entre las sombras de los incendios que todavía consumían las estructuras de madera. Un niño lloraba al lado de un muro derribado; una mujer intentaba mover a alguien que ya no respiraba.

Dream cerró los puños. Su mente era un caos de voces internas que se gritaban unas a otras. Una parte de su código, la función primaria para la que había sido proyectado, le exigía bajar, sanar, consolar a los supervivientes y absorber el miedo sofocante que envenenaba el ambiente. Pero la fuerza que lo arrastraba colina arriba era infinitamente más pesada que cualquier deber moral.

Era el pánico. Un pavor puro, primitivo, que le congelaba la sangre en las venas.

Espera por mí. Por favor, solo espera.

Pensaba en las horas previas. En la discusión absurda, en la distancia que había dejado crecer por puro cansancio, en las miradas llenas de rabia contenida que había ignorado durante semanas. Había tardado demasiado en regresar. Se había distraído en las orillas del pueblo, ayudando a varios aldeanos con sus supuestas "emergencias urgentes" —que hace poco descubrió que solo querían alejarlo mas de él y poder eliminarlo sin interrupción— y confiando en que el tiempo arreglaría las grietas que se abrían entre los dos.

Un crujido alto hizo que levantara la cabeza. Más adelante, un arco de piedra ceremonial se derrumbó sobre el sendero, tapando el paso con bloques masivos. Dream no rodeó la estructura; usó el impulso para saltar sobre los escombros todavía calientes, resbalando un segundo antes de recuperar el equilibrio. Un pedazo de cristal roto le rasgó la mejilla, dejando correr una gota fina de energía clara que se evaporó en el aire seco antes de tocar el suelo.

A medida que ganaba altura, el ruido de los gritos de la villa baja empezó a apagarse, sustituido por un silencio pesado, antinatural. No había viento. Las hojas de los árboles circundantes no se movían porque simplemente ya no existían; los troncos estaban reducidos a estacas negras y retorcidas que apuntaban al cielo como dedos acusadores.

Dream tropezó al llegar al último tramo del camino. Apoyó las rodillas en la tierra sobrecalentada, respirando a bocanadas cortas y ruidosas. Tenía las manos cubiertas de ceniza y la túnica manchada de hollín.

Se puso en pie de nuevo, tambaleándose. La colina sagrada estaba a solo unos metros. El lugar donde se suponía que el árbol debía alzarse, imponente y eterno, proyectando la sombra protectora sobre toda la existencia.

Ya voy... —susurró para nadie, con la voz rota por el esfuerzo y el humo que le quemaba las vías respiratorias—. Ya llegué... lo siento... por favor, dime que estás bien, dime que no llegue tarde.

Apretó el paso final, cruzando la última cresta de la colina, esperando contra toda lógica encontrar la figura conocida de siempre, sentada bajo la copa dorada y violeta, esperando una explicación por el retraso.

Pero no había nada familiar en lo que lo aguardaba en la cima.

 


 

Al cruzar el borde superior de la pendiente, la respiración de Dream se cortó en un silbido seco.

El escenario que se abrió ante sus ojos no pertenecía a la realidad que conocía. La gran colina, que solía ser un tapiz verde y vibrante bañado por el resplandor cálido del cielo, no era más que un campo de desolación carbonizada. La tierra estaba agrietada, vomitando volutas de humo negro que olían a azufre y cera quemada. Esparcidos en el suelo, en posturas retorcidas por el horror, yacían los restos irreconocibles de docenas de habitantes. Ninguno se movía. Ninguno respiraba.

Y en el centro de todo, donde debía erguirse la majestuosa copa del Árbol de los Sentimientos, solo quedaba un muñón grotesco. El tronco sagrado había sido destrozado, quemado hasta la médula; sus raíces sobresalían de la tierra como huesos negros pulidos por el fuego.

No... no, no, no... —balbuceó Dream, cayendo de rodillas ante la base del árbol.

Extendió una mano temblorosa y apoyó las palmas sobre la madera calcinada. El pulso del gran Árbol, esa vibración cósmica e infinita que solía sostener el equilibrio de toda la creación, se sentía como un hilo de voz moribundo, un latido agónico que se apagaba segundo a segundo. La energía dorada y violeta que alimentaba las manzanas había desaparecido. Quedaba únicamente el eco de un sufrimiento insoportable.

El pánico atrapó la garganta de Dream con una fuerza sofocante. Se puso en pie de un salto y usó las hendiduras del tronco calcinado para trepar sobre él, buscando ganar altura entre el humo denso para escudriñar los alrededores.

¡Nighty! —gritó con la voz rota, proyectando su magia todo lo que pudo para que el sonido resonara entre las cenizas—. ¡Nighty! ¿Dónde estás? ¡Por favor, responde! ¡Soy yo, ya estoy aquí!

No hubo respuesta inmediata. Solo el siseo del humo colándose entre las ramas secas y el crujido de los escombros al enfriarse.

Dream dio una vuelta sobre la superficie plana del tronco quemado, mirando frenéticamente en todas direcciones. Sentía la cara ardida por las lágrimas que limpiaban senderos claros en el hollín de sus mejillas. El alma en su pecho latía de forma caótica, buscando desesperadamente la firma espiritual del ser que más amaba en el multiverso, la única presencia que le daba sentido a su existencia.

Por favor... dime que estás bien... —susurró, con la voz ahogada en un sollozo.

¿Te preocupa si está bien, Dream?

La voz no vino de lejos. Surgió desde la sombra más densa proyectada al pie del tronco destruido.

Era una voz desgarrada, profunda, vibrante de una rabia helada que hizo que la sangre de Dream se congelara al instante. No tenía la calidez ni la suavidad timorata que solía caracterizar el tono de su otra mitad. Sonaba como el crujido de hielo rompiéndose bajo un peso descomunal.

Dream se giró bruscamente desde lo alto del tronco, mirando hacia abajo.

¿...Nighty?

La figura que emergió de la penumbra no era el ser que había dejado atrás horas antes. El pequeño guardián de túnica violeta, de hombros encogidos y mirada asustadiza que solía buscar refugio a su lado, había desaparecido por completo. En su lugar se alzaba una entidad grotesca y dominante, envuelta en una capa espesa de brea negra que se derramaba sobre el suelo como petróleo vivo. La materia oscura hervía sobre su estructura, borrando cualquier rasgo de calidez; cuatro tentáculos masivos, rígidos y filosos como lanzas de azabache, se agitaban a sus espaldas, azotando el aire con un chasquido amenazante.

De su rostro, completamente sepultado en la brea nocturna, solo destacaba un único ojo turquesa que brillaba con una crueldad viva y venenosa.

El impacto visual congeló a Dream en su sitio. Tuvo que aferrarse a los bordes de la madera quemada para no caerse.

¿Qué... qué te ocurrió? —alcanzó a articular Dream, con los ojos muy abiertos por el pánico—. Tu cuerpo... esa sombra... ¿Qué fue lo que te pasó?

El ser abajo soltó una carcajada baja, un sonido seco que pareció retumbar dentro del propio pecho de Dream.

¿Qué fue lo que pasó? —repitió la masa de brea, dando un paso lento hacia el tronco. El suelo que pisaba se teñía de manchas oscuras que corroían la tierra calcinada—. No, Dream. Pregúntate qué fue lo que ellos hicieron. Qué fue lo que permitiste que hicieran mientras te paseabas por ahí, ignorando cada uno de mis gritos.

¡Yo no sabía! ¡Intente llegar a tiempo! —gritó Dream, bajando del tronco con torpeza y dando un par de pasos hacia él, estirando las manos con desesperación—. Tropecé con la gente abajo, todo era un caos... Por favor, escúchame. Déjame ayudarte, sea lo que sea que te esté pasando, podemos—

¡Cállate!

El chillido de rabia fue acompañado por un movimiento relámpago.

Dream ni siquiera vio venir el ataque. En su mente, jamás existió la posibilidad de defenderse de la persona que constituía la base de su vida; su código no estaba diseñado para prever la agresión de su única mitad.

Antes de que pudiera dar un paso más, uno de los tentáculos de brea atravesó el aire como un látigo de acero. La punta afilada penetró directo en el centro del pecho de Dream, atravesando la tela de su túnica y clavándose con una violencia bruta en el núcleo de su ser.

El impacto levantó a Dream unos centímetros del suelo.

Un jadeo sordo escapó de sus labios. La energía dorada de su alma chisporroteó violentamente al entrar en contacto con la corrosión negra que envolvía la extremidad. El dolor no fue solo físico; fue una descarga de odio puro, un veneno emocional que inundó los canales de su esencia, quemándolo desde adentro hacia afuera.

Dream cayó de espaldas contra la madera del árbol cuando el tentáculo se retiró bruscamente, dejándolo tendido en la ceniza, sujetándose el pecho sangrante de luz dorada. Miró hacia arriba con la vista nublada, en shock absoluto, incapaz de procesar la traición física.

Eras lo único que me quedaba —masculló Nightmare, avanzando con el rostro desencajado por el desprecio, levantando dos tentáculos más por encima de su cabeza, listos para empalar la figura caída—. Y me dejaste solo. Me abandonaste.

Dream no intentó levantarse. No invocó su arco ni concentró su aura defensiva. Se quedó allí, mirando fijamente el ojo turquesa que lo observaba desde la oscuridad, sintiendo cómo las lágrimas le resbalaban por las sienes.

Lo... lo siento... —alcanzó a susurrar Dream, con la voz ahogada en su propia magia derramada.

Nightmare descargó los tentáculos con fuerza letal hacia el pecho del guardián indefenso.

Pero el golpe nunca tocó hueso.

En el último milisegundo de existencia de la red mágica de la colina, la base del Árbol de los Sentimientos reaccionó. Un destello final, un residuo purísimo de energía primordial acumulada en la raíz moribunda, brotó de la madera calcinada. Una ráfaga de luz dorada envolvió el cuerpo de Dream en una cúpula protectora instantánea.

Los tentáculos de brea chocaron contra una barrera sólida que emitió un chasquido sordo, rebotando con violencia.

Nightmare retrocedió un paso, cubriéndose el ojo ante el resplandor punzante.

Dentro de la esfera de luz, el cuerpo de Dream comenzó a petrificarse de abajo hacia arriba. La magia ancestral del Árbol, comprendiendo que el núcleo actual del guardián de la luz y los sentimientos positivos —frágil e inmadura— no sobreviviría al veneno de la brea ni a los ataques de la masa corrupta, selló su estructura molecular. La piel dorada de Dream se tornó de un gris ceniza duro y frío; sus ropas perdieron el movimiento, convirtiéndose en roca tallada.

Dream sintió la rigidez subir por su cuello, atrapando el último aliento de su garganta. Miró a Nightmare a través de la capa de piedra transparente que empezaba a cubrir su rostro. Sus ojos, fijos en la figura negra que se alzaba ante él, quedaron cristalizados en una expresión de dolor inacabable y arrepentimiento absoluto.

Con el último gramo de articulación que le quedaba antes de que la piedra sepultara su voz por siglos, sus labios se movieron apenas:

...N-Nighty...

La parálisis fue total.

El resplandor se apagó de golpe, dejando en la cima de la colina desolada únicamente una estatua de piedra gris, muda y fría, con la forma de un joven guardián congelado en la eternidad del sufrimiento.

Nightmare observó la figura inmóvil durante unos segundos largos. Su único ojo parpadeó con una chispa fugaz de algo indescifrable antes de que la brea volviera a cubrirlo con frialdad. Soltó un bufido de desprecio, dio media vuelta y desapareció entre los árboles carbonizados, dejando atrás los restos de lo que alguna vez fue su hogar.

 


 

El tiempo en el multiverso no borraba las cicatrices; solo les enseñaba a sangrar en silencio.

Habían pasado siglos desde la caída de Dreamtale y consigo la antigua era. Siglos en los que la existencia había continuado su marcha ciega, tejiendo miles de nuevas líneas temporales y sepultando el recuerdo del mundo originario bajo toneladas de olvido.

Dream se encontraba sentado en la ladera de una colina suave dentro de un universo joven y tranquilo. A su alrededor, la hierba brillaba con un tono azulado bajo el reflejo de dos lunas gemelas. Era un lugar pacífico, de esos donde las emociones fluían como un río manso. Sin embargo, la calma exterior no lograba penetrar el centro de su pecho.

El guardián contemplaba el horizonte estrellado mientras sus dedos acariciaban ausentes la tela de su túnica. El peso de los recuerdos solía golpear sin aviso. Había pasado tanto tiempo atrapado en aquella prisión de piedra gris, helado en el instante preciso de la tragedia, que a veces sentía que su liberación era solo un sueño frágil.

Una gota tibia resbaló por su mejilla. Dream parpadeó, sorprendido. Se llevó los dedos al rostro y se limpió la lágrima con torpeza antes de que pudiera evaporarse. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba llorando.

Antes de que pudiera tomar aire, el centro de su alma se sacudió.

No fue un dolor ni un ataque externo. Fue un tirón seco, violento e ineludible, como si una cuerda invisible atada a la fibra más profunda de su código hubiera sido jalada con fuerza desde una distancia incalculable. La vibración le congeló la respiración. Instintivamente, la luz dorada de su cuerpo se agitó, emitiendo un zumbido sordo.

Junto al tirón vino una sensación física sofocante. Por un milisegundo, la brisa fresca del mundo azul desapareció, sustituida por el peso de un aura densa, viscosa y helada. Una presencia tan conocida, tan incrustada en su origen, que sintió como si alguien estuviera de pie a su lado, rozándole el hombro.

Dream se giró bruscamente hacia su derecha.

¿...Nightmare? —susurró con el corazón desbocado.

La hierba estaba vacía. No había nadie a su lado. Solo el viento moviendo la vegetación azulada.

El tirón no cedió; continuó pulsando en su núcleo con un ritmo insistente, una coordenada grabada a fuego en su percepción. Dream se puso en pie, llevándose la mano al pecho donde la presión no dejaba de aumentar. Su mente era una maraña de preguntas desordenadas. Si aquella vibración venía de la única persona con la que compartía el origen, significaba que algo grave estaba ocurriendo. Podía ser una anomalía en el equilibrio, un colapso en el tejido o tal vez... un grito de auxilio que su mitad no podía admitir.

Sin dudarlo un segundo más, concentró su energía y abrió un portal dorado en la estructura del aire, dando un paso al frente para seguir el rastro de la cuerda invisible.

 


 

Los siglos no pasaban de la misma forma para las entidades nacidas de la esencia pura. Sin mentores ni guías que canalizaran su desarrollo, su crecimiento físico nunca estuvo sujeto al curso del tiempo, sino al peso de su propia conciencia. Les había tomado milenios de inocencia vacilante alcanzar la apariencia de dos jóvenes adolescentes; una lentitud biológica dictada por la falta de comprensión del mundo.

Pero la tragedia tenía su propia velocidad.

Dream se encontraba de pie en un acantilado de hierba dorada, dentro de una dimensión cuya quietud solía brindarle un respiro temporal. Su figura ya no era la del muchacho frágil que corría torpemente entre los escombros de Dreamtale. Se erguía con la compostura de alguien al borde de la adultez: hombros más anchos, la túnica ajustada con firmeza a un torso más alto y una mirada cargada de una sobriedad antigua.

Aquel cuerpo no había cambiado gradualmente. La transformación había sido un proceso horriblemente doloroso. Mientras permaneció atrapado en el cascarón de piedra en la cima de la colina desolada, su mente no durmió. Durante siglos de penumbra e inmovilidad, Dream reflexionó sobre cada error, cada segundo de retraso y la amarga verdad del multiverso. La maduración forzada rompió su antigua estructura desde adentro. Al despetrificarse, cuando la corteza gris finalmente cedió y cayó hecha pedazos sobre el suelo, el impacto de adaptar su magia a un cuerpo adulto le hizo desplomarse de rodillas, sintiendo cómo cada fibra de su ser se reestructuraba con un ardor punzante que le tomó décadas asimilar.

Una brisa suave le rozó la mejilla. Dream levantó la mano en un gesto inconsciente, pasándose las yemas de los dedos debajo del ojo. Estaban húmedas. Una lágrima solitaria había resbalado por su rostro sin que se diera cuenta, invocada por el recuerdo persistente de la vibración del tronco calcinado.

Antes de que pudiera secarla del todo, su alma dio un vuelco.

No fue un dolor físico, sino un tirón seco en el centro de su essencia, como si una cuerda invisible atada a sus fibras espirituales hubiera sido jalada con fuerza desde la nada. El aire a su derecha se volvió denso por una fracción de segundo, cargado con una calidez y una familiaridad sofocante.

Dream se giró bruscamente hacia ese costado.

¿...Nightmare? —susurró.

Allí no había nadie. Solo el pasto moviéndose bajo el viento de la dimensión. La presencia flotó a su lado durante un instante y luego se extinguió, dejando únicamente la dirección exacta del tirón resonando en su mente como una brújula encendida. La sospecha de que la estabilidad del vacío estaba sufriendo una alteración grave en la firma original que compartían lo obligó a reaccionar. No podía ignorar una llamada que venía desde el fondo de su propio origen. Concentró su magia y dio un paso al frente, rasgando el tejido del espacio para seguir la trayectoria de la vibración.

 


 

A incontables dimensiones de distancia, sobre los cimientos en ruinas de un mundo que acababa de caer bajo la influencia de la desesperación, la sombra de Nightmare dominaba la cumbre de un edificio colapsado.

Su metamorfosis no había sido pacífica. Cuando la corrupción de los frutos oscuros lo devoró en el pasado, la aceleración de su mentalidad fue una explosión violenta. El dolor de asimilar la malevolencia pura de miles de pensamientos mortales forzó su código a expandirse de golpe, dándole la talla imponente y amenazante que lucía en la actualidad, eliminando cualquier rastro del joven frágil que solía ocultarse bajo la copa del Árbol.

Mientras contemplaba el Caos sembrado a sus pies, un temblor recorrió la masa de brea que cubría sus espaldas.

Un chasquido sordo resonó dentro de su sistema. Un tirón violento en su alma provocó que sus cuatro tentáculos se erizaran como espinas rígidas. De inmediato, una sensación de calidez punzante —un destello de luz dorada que le escocía la percepción como una quemadura de ácido— se manifestó justo a su lado izquierdo.

Nightmare volvió el rostro bruscamente, con el único ojo turquesa dilatado por la furia.

¡Apártate! —siseó, lanzando un zarpazo a ciegas con uno de sus tentáculos.

La extremidad de brea solo atravesó el aire vacío. La presencia no estaba allí físicamente, pero el tirón en la raíz de su alma permanecía, insistente, jalando de su conciencia hacia una coordenada específica en las plegaduras del espacio interdimensional.

Un gruñido sordo escapó de su garganta. La intromisión de esa energía luminosa le provocaba una repulsión física insoportable. En su mente, la idea de que un residuo de la magia del Árbol o una amenaza a su dominio estuviera operando en el vacío era una afrenta que debía ser erradicada de inmediato. Sin perder un segundo en vacilaciones, abrió una brecha de materia oscura y se sumergió en ella, decidido a destruir lo que sea que estuviera arrastrando su esencia.

El punto de convergencia era un pliegue deshabitado del tejido multiversal. Un rincón olvidado donde la materia no tenía forma y el cielo era un lienzo gris salpicado por hilos de estática.

Dream emergió del portal dorado justo en el preciso instante en que una mancha de brea negra se abría a escasos metros de él.

Ambos se detuvieron en seco.

El impacto del reencuentro congeló el aire entre ellos. Durante varios segundos, el único sonido en la nada fue el siseo de la materia oscura hirviendo sobre los hombros de Nightmare.

El ojo turquesa de Nightmare se redujo a una rendija de odio puro. La sorpresa inicial lo golpeó como un mazazo en el pecho: la estatua de piedra que había dejado atrás en la colina desolada ya no existía. En su lugar se erguía una figura madura, cuya presencia de luz dorada se sentía infinitamente más sólida y pesada que la del muchacho del pasado.

Tú... —la voz de Nightmare sonó como el crujido de piedras volcánicas rozándose—. Te liberaste de la prisión.

Dream se quedó inmóvil, incapaz de articular una palabra. Ver la imponente masa de brea que lo observaba con un desprecio absoluto volvió a abrir las heridas que habían tardado siglos en cicatrizar. El arrepentimiento y la culpa le oprimieron el pecho con la fuerza de un torniquete. Contemplar el estado actual de la única persona con la que compartía el origen de su ser, sabiendo que el peso de ese sufrimiento se había moldeado durante su ausencia, lo paralizó por completo.

Yo... no quería que esto pasara... —alcanzó a murmurar Dream, dando un paso vacilante hacia adelante.

No te acerques —amenazó Nightmare, erizando los tentáculos detrás de su espalda en una postura de ataque inmediato—. Apestas a esa maldita luz.

Antes de que cualquiera de los dos pudiera dar un paso decisivo para atacar o retroceder, un segundo tirón, mucho más leve pero perfectamente sincronizado, sacudió los núcleos de ambos.

Instintivamente, los dos giraron la mirada hacia el centro exacto del espacio gris que los separaba.

Allí, suspendida en la nada, había una pequeña ranura.

No medía más que unos pocos centímetros. Era un corte fino en la realidad, una cicatriz insignificante que soltaba chispas ocasionales de estática dorada mezcladas con hilos finos de materia oscura. Una grieta similar a las cientos de imperfecciones que las batallas o el colapso de líneas temporales dejaban a diario por todo el multiverso.

Nightmare observó la anomalía durante unos segundos y soltó un bufido de asco profundo.

¿Una grieta estúpida? —masculló, retractando los tentáculos hacia su espalda con un gesto de hastío—. He perdido el tiempo viniendo a esta basura.

El disgusto por la falsa alarma, sumado a la repulsión intolerable de estar a pocos metros de la presencia de Dream, superó cualquier intención de entablar un combate en ese momento. Nightmare dio media vuelta sin volver a mirarlo, abriendo un corte de sombras en el aire para desaparecer de inmediato en la oscuridad.

Dream permaneció solo en el vacío gris. Mantuvo la vista fija en la pequeña ranura durante varios minutos, sintiendo cómo el ritmo de su alma disminuía poco a poco. La idea de que la grieta fuera solo un fallo menor del tejido, un evento aislado que el propio sistema del multiverso terminaría por sellar con el tiempo, le pareció la explicación más lógica. Además, forzar una persecución tras Nightmare solo desencadenaría un conflicto devastador para el que aún no estaba listo.

Con un suspiro pesado, Dream dio un paso atrás y regresó por el portal dorado, dejando atrás el rincón olvidado.

Lejos de la atención de ambos, la minúscula ranura en el vacío no se cerró.

No era una amenaza activa, no todavía.

Era una anomalía diminuta, una cicatriz invisible a simple vista que vibraba con una frecuencia lenta y constante. Se alimentaba del residuo que el choque entre la luz dorada y la brea oscura había dejado al cruzarse en el aire.

La grieta, ahora silenciosa, quedó suspendida en los pliegues del espacio-tiempo. Contenía una función latente: era la respuesta de un intento de reparar una fractura de origen mucho más profunda. Los años pasarían. Las batallas se librarían, los equipos de Sanses se formarían y las alianzas cambiarían en la historia. Ellos crecerían y dejarían aquel "glitch" en el olvido de su memoria cotidiana. Pero la grieta no olvidaba. Permaneció en las sombras, aguardando pacientemente el día en que acumulara poder suficiente como para transformar un simple rasguño en un abismo inevitable.

Notes:

¿Acaba de terminarse de crearse algo o habrá nacido alguien?
Dream y Nightmare se dieron cuenta que lo que creían perdido solo estaba dormido y también recibieron un "mensaje" del cual les resultara caro el decidir ignorar y olvidar.
La historia estará en constante cambio, quizás... no solo ella...