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La jornada escolar llegaba a su fin en la UA. El cielo de Musutafu se teñía de un naranja profundo, proyectando sombras alargadas sobre los estudiantes que se apresuraban a salir. Sin embargo, Mirio Togata no se dirigía a los dormitorios. Con paso firme pero el corazón latiendo con una curiosidad inusual, llegó a la oficina privada donde All Might lo había citado.
Al tocar la puerta y entrar, Mirio, siempre rebosante de energía y con su característica sonrisa de "¡Todo está bien!", se detuvo en seco. La atmósfera en la habitación era pesada, casi asfixiante. All Might estaba sentado frente a su escritorio, bañado por la luz del atardecer que acentuaba las líneas de cansancio en su rostro. Se veía más serio de lo que Mirio recordaba haberlo visto jamás.
—Togata-shonen... gracias por venir —dijo el Símbolo de la Paz con una voz que carecía de su habitual vigor.
Mirio, que inicialmente quería parlotear entusiasmado sobre cómo su entrenamiento con Gran Torino le estaba permitiendo controlar mejor el flujo del One For All, decidió que no era el momento. La tensión era tal que guardó silencio y se sentó donde se le indicó.
—Siento no haber estado lo suficientemente cerca para supervisar tu progreso —comenzó All Might, bajando la vista—. Como tu mentor, debería haber hecho más.
—¡Oh, no, All Might! —se apresuró a decir Mirio, agitando las manos—. ¡No tiene por qué disculparse! Entiendo que usted también tuvo sus dificultades cuando recibió este poder. ¡Es una carga enorme, pero estoy dando lo mejor de mí!
All Might suspiró y lo miró fijamente. —Tenemos que hablar sobre la verdadera naturaleza del One For All.
Mirio ladeó la cabeza, confundido. —¿A qué se refiere?
—¿Recuerdas lo que te dije cuando te entregué el don? —preguntó el héroe.
Mirio se rascó la nuca, tratando de citar de memoria con una sonrisa nerviosa. —"Tu cuerpo tiene que asimilarlo. La digestión tarda un par de horas, y la integración de la energía puede tomar tiempo. Solo espera hasta que sientas que hay 'más' dentro de ti"... Eso, o lo de "¡Cómelo!" —añadió soltando una pequeña risita para romper el hielo.
All Might no se rió, pero hizo un gesto restándole importancia al asunto del ADN. —Me refiero a la transferencia. Como sabes, el One For All solo se puede heredar si el poseedor lo desea de corazón. No se puede robar, pero sí se puede transferir por la fuerza a alguien que no lo quiere, como un regalo obligatorio. Sin embargo, su origen es mucho más oscuro de lo que los libros de historia cuentan.
Mirio se inclinó hacia adelante, intrigado. All Might comenzó a relatar la historia de un hombre del pasado, un individuo que poseía un don llamado All For One.
—Él podía robar los dones de los demás para sí mismo o para dárselos a otros —explicó All Might.
—¿All For One? —murmuró Mirio—. El nombre suena a alguien que lo quería "todo" para él solo.
—Exactamente. Apareció en el caos del surgimiento de las peculiaridades, cuando la sociedad se derrumbaba. Mientras el mundo perdía el sentido de la ley, él aprovechó para unificar a la gente a través del miedo y la deuda. Robaba poderes para fortalecerse y regalaba otros para crear seguidores leales, convirtiendo a las personas en piezas de su tablero. En poco tiempo, gobernó Japón desde las sombras.
Mirio abrió los ojos de par en par. —Había oído rumores en internet sobre un dictador así en los inicios de la era de los dones, pero pensé que eran solo leyendas urbanas... los libros de texto no mencionan nada de eso.
—No se ponen tratos secretos y oscuros en los libros de texto, Shonen —sentenció All Might—. Pero hubo algo peor. Muchas personas a las que se les dieron dones por la fuerza no pudieron soportar la carga. Sus mentes se quebraron y se convirtieron en cáscaras vacías... muñecos vivientes, justo como los Nomus que viste en la USJ y Hosu.
Mirio sintió un escalofrío. La conexión entre los experimentos actuales y ese villano antiguo empezaba a cobrar sentido.
—Ese hombre tenía un hermano menor —continuó All Might—. Un hombre pequeño, enfermizo y aparentemente sin don, pero con un sentido de la justicia inquebrantable. Odiaba lo que su hermano hacía. Por malicia o por un retorcido intento de amabilidad, el hermano mayor le obligó a aceptar un don: el poder de acumular energía.
Mirio contuvo el aliento. Algo hizo clic en su mente.
—Se pensaba que el hermano menor no tenía don —confirmó All Might—, pero resultó que tenía uno que antes no servía para nada: la capacidad de transmitir dones. Ese poder se fusionó con el de la acumulación de energía. ¡Así nació el One For All! Es la ironía más grande del mundo: la justicia más pura nació de la semilla del mal absoluto.
—Entonces... ¿el One For All fue creado para detenerlo? —preguntó Mirio con voz solemne.
—Así es. Pero All For One es prácticamente inmortal. Probablemente robó un don de longevidad hace siglos. El primer poseedor, el hermano menor, fue derrotado, pero antes confió el poder a una nueva generación, esperando que algún día fuera lo suficientemente fuerte para ganar. Yo pensé que lo había logrado... pensé que lo había derrotado en nuestra última pelea. Pero sobrevivió. Él es el hombre detrás de la Liga de Villanos.
All Might miró a Mirio con una tristeza profunda que el chico no alcanzó a comprender del todo.
—Togata-shonen, es duro de mi parte pedirte esto, pero... algún día, puede que tengas que enfrentarte a este gran mal. Es el destino del One For All.
Mirio no lo dejó terminar. Se puso de pie, con esa determinación inamovible que lo convertía en el candidato número uno para ser el próximo Símbolo de la Paz. Sus ojos brillaban con una resolución que habría conmovido a cualquiera.
—¡Lo haré, All Might! —exclamó Mirio con firmeza—. ¡Haré lo que me pidas! No importa cuán grande sea ese mal, si tú estás conmigo, ¡siento que puedo hacer cualquier cosa! ¡Seré el héroe que traiga la paz definitiva!
All Might no sonrió. Al contrario, una sombra de pesadumbre cruzó su rostro. Quiso decirle algo más; quiso confesarle que su tiempo se estaba agotando mucho más rápido de lo que admitía, que para cuando llegara ese enfrentamiento final, él probablemente ya no estaría allí para apoyarlo o verlo triunfar.
—No es eso... —murmuró All Might, pero las palabras se le atascaron en la garganta al ver la esperanza en el rostro de su sucesor—. Gracias, Togata-shonen. De verdad, gracias.
Mirio se despidió con un saludo enérgico y salió de la oficina, sintiéndose más motivado que nunca. Mientras sus pasos se alejaban por el pasillo, All Might se quedó solo, mirando hacia el horizonte donde el sol terminaba de ocultarse.
—Lo siento, Mirio... —susurró el héroe, sintiendo el peso de un secreto que aún no podía compartir—. Cuando llegue ese momento... probablemente tendré que dejarte caminar solo.
