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Lecciones bajo el agua

Summary:

Aquella mañana, Otoya entró al departamento de su novio como siempre hacía cada vez que tenía en mente una idea que seguramente iba a ponerle los nervios en punta al cuervo. Y justo como Karasu lo imaginó, no se equivocó en lo más mínimo.

—¡Cuervo! ¡Tabito! ¡Tabi! —Lo llamó Otoya, con ese tono que intentó que sonara desinteresado, pero fallando miserablemente pues el sonido de su voz resonó por todo el departamento. —Ya sé que podemos hacer juntos esta semana que tienes libre de ensayos y exámenes, tomaremos clases de natación en pareja.

—No. —Karasu ni siquiera levantó la vista del libro que estaba leyendo en esos momentos, ni un solo musculo de su rostro cambió de expresión...

Notes:

Nadar no es precisamente la actividad favorita de Karasu

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Aquella mañana, Otoya entró al departamento de su novio como siempre hacía cada vez que tenía en mente una idea que seguramente iba a ponerle los nervios en punta al cuervo. Y justo como Karasu lo imaginó, no se equivocó en lo más mínimo.

—¡Cuervo! ¡Tabito! ¡Tabi! —Lo llamó Otoya, con ese tono que intentó que sonara desinteresado, pero fallando miserablemente pues el sonido de su voz resonó por todo el departamento. —Ya sé que podemos hacer juntos esta semana que tienes libre de ensayos y exámenes, tomaremos clases de natación en pareja.

—No. —Karasu ni siquiera levantó la vista del libro que estaba leyendo en esos momentos, ni un solo musculo de su rostro cambió de expresión.

—No seas amargado, mira aquí dice que es super divertido, además dicen que la profesora esta buenísima… —Karasu lo miró mal y Otoya carraspeó un poco, retomando el tema principal. —Bueno, eso último no importa por supuesto, pero lo que sí importa es que hay descuento si vas con tu novio y yo de verdad quiero aprender a nadar en estilo mariposa, ándale, vamos.

—No. —Repitió Karasu, más seco y cortante que al principio.

—¡Tabito! —Se quejó el albino, prácticamente subiéndose encima del cuervo como si fuera un gato en busca de atención. —¿Por qué no quieres? Tú siempre has podido con todo, además seguro te ves tan sexy en traje de baño.

—Ya te dije que no, Eita, y ya no me insistas. —Karasu cerró el libro de golpe, con los nudillos blancos por estar ejerciendo demasiada fuerza y por un segundo Otoya se sorprendió pues conocía perfectamente esa mirada, era la mirada de “estoy a cinco segundos de perder la paciencia, Eita”.

Sin embargo, Otoya era terco, sobre todo cuando se trataba de algo que quería y le llamaba la atención, por lo que empezó su plan B, intentar convencerlo con palabras dulces y ojos de gatito abandonado bajo la lluvia, poniendo una mano sobre el pecho del cuervo y suavizando la voz lo más posible.

—Pero yo quiero ir contigo… es una actividad bonita y después podríamos ir a desayunar… Además, quiero que seas tú el que me enseñe, seguramente eres bueno nadando porque siempre eres tan bueno en todo… Dime que sí, anda…

Y ahí sí Karasu explotó, no de forma violenta por supuesto, pero sí con esa intensidad contenida que solo mostraba cuando algo realmente le estaba tocando una fibra muy sensible dentro de su mente.

—¡Ya te dije que no, Otoya! —Su voz tembló un poco, apenas ligeramente perceptible, pero lo suficiente para que Otoya se quedara pasmado viéndolo. —Ya no me pidas eso, a mí no me gusta nada, ni las piscinas ni el mar, ni nada que tenga que ver con estar dentro del agua profunda.

El silencio cayó de golpe entre ambos, demasiado denso que podía cortarse con un cuchillo. Otoya se quedó ahí sin decir nada, simplemente mirando a su novio y con la boca ligeramente entreabierta, genuinamente sorprendido por la reacción del azabache, porque no era normal que Karasu hablara así, menos cuando se trataba de Otoya.

—¿Tabito…? —Habló finalmente el albino, suavizando la mirada.

—No es que no quiera hacer esto contigo… —Comenzó el cuervo con voz tan baja que parecía un susurro, teniendo que tragar saliva antes de continuar, con la mirada clavada en su regazo. —Cuando era niño… casi me ahogo en una piscina… Nadie se dio cuenta en un principio y yo me quedé ahí abajo, viendo cómo el agua se oscurecía encima de mi… Después de eso no recuerdo mucho más, solo el miedo y el peso asfixiante del agua en mi pecho y, Eita, no tienes idea de lo mucho que odié sentirme así y de lo mucho que no quiero volver a sentirme así, mucho menos si es contigo teniendo que verme así de vulnerable…

El nuevo silencio que cayó entre ambos fue completamente diferente al primero, esta vez era más suave, con un poquito de tristeza en el fondo. Otoya se quedó sentado encima del cuervo, sin decir nada más, simplemente quedándose ahí en silencio, abrazando a su novio y entrelazando sus dedos de forma cariñosa, pero sin apretar, solo sosteniendo con suavidad.

—Perdóname Tabito. —Murmuró el albino finalmente, mirándolo a los ojos con cierta culpa. —Yo no sabía… Sabes que nunca te voy a obligar a hacer algo que no quieras, te lo juro, pero gracias por decírmelo.

—Mejor busca otra cosa para hacer en pareja, amor. —Respondió Karasu, soltando un suspiro lento y dejando caer su cabeza en el respaldo del sofá. —Algo que no implique tener que mojarse.

—¿Qué te parece cocinar juntos? De todos modos, creo que también hay descuento en las clases de cocina. —Sonrió Otoya, apoyando la cabeza en el hombro de su cuervo.

Karasu no pudo evitar sonreír también, sintiéndose más aliviado y sobre todo, sintiendo por primera vez que a veces el amor era precisamente eso, confiar lo suficiente en alguien como para compartir hasta los miedos más profundos y sobre todo, y lo más importante, saber que esa persona, sin importar lo que pase, nunca te va a soltar ni te va a dejar solo.

Notes:

Gracias por leer!

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