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Compañero de vida

Summary:

Después de una cacería nocturna que salió mal, Jiang Cheng le entrega los ojos a Jin Ling. Lan XiChen navegará por el duelo, la pérdida y la esperanza para construir su final feliz.
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Jiang Cheng pierde sus ojos, Lan Huan se queda.

PD: Fic hermano de "El niño de mis ojos"

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Cap 01: Confío en tí / No pierdo la esperanza

Chapter Text

Sus manos están llenas. Tiene a Jin Ling en ellas, con su izquierda presionando la cabeza del líder Jin en su hombro, mientras su palma se posa sobre sus ojos cerrados transmitiendo energía espiritual, y su derecha debajo de sus rodillas, cargándolo. Detrás de él, las manos de Jiang Cheng arruga la túnica en su espalda y Lan Huan imagina la sangre.

Le arde los ojos, se sienten como dos carbones encendidos.

No llora, aún.

—Lan-zhongzhu, Jiang-zhonzhu, ¿qué ocurrió?

—Envíen una señal a Lanling Jin —ordena Jiang Cheng, como si no estuviera aferrado a su espalda, como si no caminara inseguro de a dónde dirigirse.

Lan Huan traga. No puede dejar de transmitir energía espiritual.

—¿Dónde está la bengala?

—Jin Ling.

—¡Ah! —Lan Huan se detiene cuando reconoce a Mu XiRen frente a él, el principal discípulo de Jiang Cheng. Primero hace una ligera reverencia, luego rebusca en las mangas del líder Jin hasta obtener la bengala.

—También envíen una señal a Gusu Lan —Lan Huan dice, con la voz contraída. Mueve su brazo derecho, como si indicara que se encuentra justo dentro de su manga.

Mu XiRen es diligente en encontrar la otra bengala y hace señales a dos discípulos de Yunmeng Jiang para arrojarla. Ambos salen a obedecer la orden.

—Jiang-zhongzhu, ¿usted…?

—XiRen, lleva a alguien contigo al fondo de la cueva y determina con qué carajo nos enfrentamos. Investiga lo ocurrido, qué es, cómo fue liberado, si esto fue una trampa en contra de Jin Rulan o en mi contra.

—Sí, Jiang-zhongzhu. Usted… necesita energía esp…

—Estoy bien. —Jiang Cheng insiste, aunque el temblor que siente Lan Huan en su espalda indica lo contrario—. Necesitamos saber si esto fue una trampa. Quienes más sabían que estaríamos en esta zona, si no fue solo una mala casualidad.

—A-Cheng —Su voz sale ronca, afectada. Se obliga a tragar una tonelada de piedras rojas de fuego—. Debo continuar caminando. Mu XiRen, por favor, dejamos a su cargo la investigación. Necesito salir de esta cueva, asegurarme del bien de Jin Rulan y de Jiang Wanyin.

—Lan-zhongzhu —El hombre da una reverencia—. Encargo a Jiang-zhongzhu y Jin-zhongzhu en sus manos.

El hombre desaparece en la oscuridad de la cueva con el otro discípulo que lo acompañaba. Lan Huan está rígido, su energía emerge con fuerza de su palma izquierda, pero se siente injusto saber que Jiang Cheng está sangrando en su espalda, está… está herido. Él… él está…

Quiere llorar. No, quiere gritar y maldecir.

—A-Huan, sigue… no dejes de enviarle energía a A-Ling.

Aunque tiene el corazón de Jiang Cheng en sus manos ahora (porque Jin Ling es lo que Jiang Cheng amará más que su propia vida), Lan Huan quisiera tener la posibilidad de también cubrir a Jiang Cheng en sus manos y protegerlo. Enviarle energía espiritual y curarlo, verificar el daño de sus heridas y asegurarse de que estará bien.

—A-Huan…

Se guarda todo y continua. Camina mirando como se acerca la entrada de la cueva y ve las túnicas moradas revoloteando después de que la señal de ambas sectas se dispersa en las nubes. Los rostros de los discípulos de Yunmeng que los esperaron allí se distorsiona apenas la visión de su líder es más clara, fuera de la oscuridad de la cueva. Lan Huan también se gira para confrontarlo, para ver lo que ha sucedido y sus ojos se horrorizan cuando nota la sangre que mancha su rostro, la forma en que la cinta morada ahora es rojiza y grandes surcos de sangre fresca y seca están en sus rostros. La forma en que cojea, como su cuerpo se ve magullado por los golpes y hay sangre por toda su túnica.

Casi se arrodilla de la impresión. Su corazón duele.

—¡Jiang-zhongzhu!

—¡Dejen el alboroto! —Jiang Cheng los calla, aferrándose aún a la manga de su túnica, pero sin saber en dónde enfocar la atención. Su voz suena más cansada ahora—. ¡No ha pasado nada! Cuando lleguen los discípulos de Lan Ling Jin, partiremos de inmediato a la torre.

—Wanyin. —Su paciencia está pendiendo de un hilo—. Necesitas recibir energía espiritual.

—Ahora no, Lan Huan.

—¡Wanyin!

—¡XiChen-ge! —grita Wei Wuxian. Lan Huan se gira cuando la voz del patriarca Yiling le sorprende y lo nota bajar de Bichen, justo al lado de su hermano Wangji—. Acabamos de ver la señal, ¡estábamos cerca y…!

Wei Wuxian se congela en el acto cuando ve la escena. Lan Huan no le da tampoco tiempo de reaccionar. Se aparta de Jiang Cheng, quien le suelta la túnica por lo rápido que avanzó.

—¡Maestro Wei! ¡Por favor, toma a Jin Rulan! Entrégale energía espiritual. ¡Debemos ir a la torre Jin con él, pero no podemos dejar de pasarle energía espiritual!

—¿Qué sucedió? —La voz temblorosa de Wei Wuxian apenas se eleva. Escucha el llamado de Jiang Cheng a su espalda, ese tono de advertencia, pero no le importa. ¡No le importa!

—¡Wanyin le entregó sus ojos! —Su voz se eleva más, alterada por la conmoción que ha estado guardando desde que la realización golpeó su núcleo y su alma. Wei Wuxian palidece—. ¡Tómalo! ¡Yo tengo que…!

—¡Zewu-jun! —Jiang Cheng grita. Lan Huan lo ignora.

—¡Yo tengo que pasarle energía a Jiang Cheng! ¡No ha recibido ninguna atención desde el ataque!

Wei Wuxian toma a Jin Ling en sus brazos e inmediatamente pasa su energía a los ojos de su sobrino, pero su rostro mira pasmado hasta donde está su hermano. Lan Huan tampoco presta mucha atención a eso, sus manos tiemblan al sentirlas libre, su corazón duele cuando sus ojos vuelven a ver a Jiang Cheng. Su alma grita cuando lo nota pérdida, inmóvil, como si temiera moverse de allí, como si temiera demostrar cuán vulnerable es ahora que ha sacrificado su vista, cuán desamparado se siente.

—Lan-zhongzhu, ¡tú…! —Jiang Cheng intenta reclamarle.

Sus manos lo alcanzan. Su boca lo calla. Lan Huan absorbe la voz de Jiang Cheng mientras toma su cabeza entre sus manos y enciende su energía espiritual para transmitirla en medio del beso y sus palmas. Jiang Cheng gime, pero él no da tregua. No la da. Su boca sabe a sangre y cenizas y ardor y él la besa, la besa, la besa.

No le importa nada más que sentirlo. No le interesa más que sentirlo, que saber que no está muerto, que sobrevivió, que puede curar a sus heridas ahora que lo tiene en sus manos. Que quizás es una pesadilla de la que va a despertar, y lo hará estando en la cama de Jiang Cheng, mirándolo dormir a su lado, protegido, a salvo, con sus ojos, él…

—¡Jiang Cheng! —Lan Huan grita. Sus brazos atajan a tiempo el cuerpo de Jiang Cheng antes de que caiga a causa del desmayo. Su corazón se paraliza, su pulso sube hasta la cabeza y el grito de Wei Wuxian no ayuda en nada. En nada—. ¡A-Cheng! No, no, no por favor. ¡No!

Busca su pulso. ¡Todavía está allí! ¡Está allí!

—¡A-Cheng!

—Xiongzhang.

La voz de Wangji se acerca para intentar calmarlo. Lan Huan apenas se percata que está de rodillas, con el cuerpo de Jiang Cheng aferrado en un abrazo, con su energía transmitiendo a todos lados sin tener idea de en donde empezar a curar, cuál es la herida más grave, donde atacar primero para asegurarse de que está bien.

—¿Por qué? ¿Por qué lo tuviste que hacer? —murmura contra su mejilla ensangrentada, contra su cinta ahora roja, contra las lágrimas de sangre que corren por su rostro. Lan Huan gime angustiado, cediendo por fin al dolor.

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Fue hace cinco años que Lan Huan salió de su reclusión. Duró tres años fuera del mundo del cultivo, meditando, reflexionando, observando cada error y juzgándose por ello. No puede decir que salió tras haberlos perdonado todos. Lo hizo porque era necesario y correcto, porque los ojos de su shufu llenos de tristeza le indicaron que ya no podía cargarlo más con un deber que solo le pertenecía a él.

La decisión resultó mejor de lo que esperaba. Justo lo que necesitaba era salir para empezar a tomar el control de su vida y de su secta. El progreso fue lento, era difícil acostumbrarse a estar frente a otros después de tres años de silencio. Gusu Lan apoyó mucho en el proceso de readaptación, su hermano y Wei Wuxian acompañándolo en sus primeras cacerías, los discípulos ayudando con cualquier percance, su shufu explicando con paciencia todos los cambios. Cuando estuvo en la torre Jin por primera vez después de tanto tiempo, el ardor estuvo allí, constante. Recorrió los pasillos de la torre Koi con nostalgia y vergüenza, memorando cosas, aplastando sentimientos, deslizando disculpas silenciosas al viento.

Entonces, por primera vez después de tres años, lo volvió a ver. Jiang Cheng caminaba con su séquito hacia sus habitaciones, ajeno a su presencia. Espalda erguida y mentón altivo, sus discípulos siguiendo el ritmo de su zancada como si todo el terreno que tocase le perteneciera por herencia. El mismo Sandu Shengshou que conoció en el pasado, intocable, inamovible…

Lan Huan lo recordaba antes de eso derrumbado en el templo, con una herida en su pecho sangrante, llorando y gimiendo por respuesta a preguntas que jamás se querrían responder. Frente a un Wei Wuxian incapaz de decir nada. Tan diferente al hombre que pasó sobre el puente de la torre.

Lo primero que pensó fue que no debería sorprenderle. Jiang Wanyin siempre fue así. Podías verlo en un momento de rodillas con el rostro humedecido de lágrimas y en otro imparable como un trueno atravesando las nubes y cortando el más grueso árbol. No importaba qué tan profundo lo golpearan, Wanyin volvería a levantarse y se convertiría en un río tempestuoso capaz de arrastrarlo a todo por su paso. Qué fuerte es, pensó. Una vieja admiración volvió a resurgir como el hielo que se derrite del pico de una montaña formando un pequeño e insignificante riachuelo.

Meses más tarde, en su segunda cacería juntos, Lan Huan comprendió que se sentía mejor estando con él. Las cacerías con su hermano y su esposo eran divertidas, pero se sentía mal terció y muchos comentarios imprudentes de Wei Wuxian terminaban clavando una astilla en su pecho. Lo intentó con sus propios discípulos mayores, quienes terminaban tratándolo con demasiado respeto o condescendencia y lo hicieron sentir completamente ajeno. Luego trató solo con los recientes seniors, pero andar con Lan Sizhui y Lan JingYi lo hizo sentir completamente anciano, más cuando Jin Rulan estaba con ellos. Jiang Wanyin hizo el equilibrio perfecto: no se sentía solo con los jóvenes, disfrutaba de sus comentarios mordaces, pero, sobre todo, disfrutaba de que no fuera tratado como una tetera frágil que podría romperse en el menor movimiento.

—Esta cacería fue asquerosa —escuchó la voz de Wanyin inclinado frente al río que encontraron en el bosque.

Lan Huan se sentía sucio: lleno de sangre y de vísceras después de atacar un enjambre de gouls que explotaban con las flechas y las espadas. Los jóvenes ya se habían lanzado al río abandonando todo decoro y ni siquiera Lan Sizhui se salvó de caer de lleno al agua.

Wanyin primero bebió agua, limpió su rostro y por último sus manos, pero definitivamente necesitaba un baño. Él mismo lo necesitaba. Con cuidado, se arrodilló a su lado para imitar el gesto de su compañero.

—¿Has considerado hacer lo que hacen nuestros jóvenes en este momento? —preguntó genuinamente intrigado. Wanyin, lejos de intimidarse, solo resopló y ahogó una risita divertida.

—¿Y arruinarles la diversión? —se quedó de rodillas, con sus palmas mojadas sobre su túnica mientras los miraba juguetear entre ellos. Sus ojos se suavizaron notablemente al enfocar los jugueteos de Jin Ling, golpeando a un JingYi que estaba intentando hacerlo caer en el agua—. Se intimidarán. Además, prefiero una bañera caliente, aceites y sales.

—Dudo que en la posada a la que lleguemos tengamos tantas comodidades.

—Yo traje mis aceites y sales. Regresar así a Muelle de loto está fuera de discusión.

—No pensé que Jiang-zhonzghu fuera tan cuidadoso con su apariencia —dice en tono divertido, aunque también hablaba con verdad. Solo en el templo lo vio tan fuera de sí, en cualquiera de los otros escenarios a lo largo de los años, no hubo un momento en que Jiang Wanyin se presentara de forma menos que decorosa.

—¿Acaso solo Gusu Lan tiene derecho a lucir impoluta a donde vaya? —El tono mordaz de Wanyin le hizo cosquillas en su estómago—. ¿Todas las demás sectas de cultivos somos salvajes que no conocemos el agua y la esponja?

—Definitivamente tendremos competencia si Yunmeng Jiang viaja a todas las cacerías con sales y aceites para mantener su apariencia impecable. Más cuando sus túnicas ocultan mejor la sangre que la nuestra.

—Deberías proponer entonces un cambio de color de secta. Siempre pensé que era sumamente masoquista salir a cacerías nocturnas vestidos de blancos.

Su respuesta quedó cortada cuando el agua cayó en su cara, aunque fue menos de la que recibió Jiang Wanyin. Este cerró los ojos, dobló la boca de una forma dolorosa y sus pestañas ahora quedaron más mojadas que antes. Luego la risa de Jin Rulan delató al delincuente.

—¡Jiujiu! ¡Debes estar apestando!

—¡Mocoso! —Y Wanyin arremetió con otra ola de agua que salpicó al chico, pero no hizo nada con lo mojado que estaba. Lan Huan decidió apartarse antes de recibir más agua en venganza—. ¿Ya terminaron aquí? ¡Debemos volver y buscar posada!

Jin Rulan torció la boca en desaprobación, pero algo debió convencerlo casi de inmediato. Los chicos salieron del agua y buscaron vestirse después de haber dejado que la luna los encontrara tal cual había llegado al mundo. Jiang Wanyin sacudió sus prendas, pasó sus manos por el rostro humedecido y lo secó. Luego esos tormentosos ojos le miraron como si le hiciera una pregunta y Lan Huan comprendió, en ese momento, que no había dejado de mirarlo.

Jiang Wanyin es un fenómeno natural que es digno de ser admirado, con los relámpagos de luz a lo lejos que suenan a una amenaza, o el golpe seco a tierra que enciende las ramas secas, su presencia es tan intimidante y envolvente como la energía de Zidian.

Le atrajo.

En la posada, comparten la habitación mientras los jóvenes tienen la suya, pero se quedan en el salón para compartir el vino. Lan Huan usa primero la bañera, luego le da espacio a Wanyin para usarla después de él y pronto ambos están en sus respectivas esteras, con un brazo de distancia. Lan Huan no deja de mirar de reojo los remolinos negros que caen sobre la almohada de Wanyin mientras le da la espalda, con la suave túnica oscura que usa para dormir. El aroma a jazmines lo envuelve, las sales y los aceites en su cabello casi lo seducen a acercarse. Lan Huan traga. Aprieta sus dedos en la colcha y se siente mareado. Él se conoce, sabe lo que siente.

No quiere negárselo.

—Jiang-zhongzhu, ¿está despierto? —Wanyin dio un sonido en su garganta como respuesta—. Me gustaría convidarlo a tener cacerías nocturnas con más frecuencia. No necesariamente con los seniors de mi secta y Jin Rulan.

—¿Más frecuencia?

—¿No sueles ir a cacerías nocturnas? ¿Que no sean para respaldar a tus discípulos?

—Ha pasado mucho tiempo desde entonces —dijo y Lan Huan sintió la oportunidad.

—Cuando estamos con los jóvenes, tenemos que permitirles actuar. Eso quita un poco la posibilidad de hacer una cacería en forma. Ha pasado muchos años ya desde mi última cacería y pensé…

—¿Por qué conmigo, Zewu-jun?

Wanyin se movió. Lan Huan escuchó el sonido de las telas al ser aplastada y deslizarse sobre la estera y su corazón dio un salto precipitado. Respiró hondo antes de enfrentarse a los ojos de Jiang Wanyin, feroces, desconfiados, entrecerrándolos para que solo una rendija le permitiera ver ese tormentoso gris. No se giró por completo como lo hizo él, aunque tuvo que hacer un esfuerzo para mantener su mirada en el rostro del líder Jiang y no vagar inapropiadamente por la bata que se abrió para exponer un poco más de piel sobre su pecho.

—¿Honestamente? —preguntó Lan Huan, aunque sabía que como Lan no tenía otra opción que esa—. Porque he disfrutado estas dos cacerías con su compañía. Estamos en un nivel cercano y podemos hacerlas más entretenidas. Necesito poner a prueba mi nivel de cultivo en serio.

—¿Un nivel similar? —Jiang Wanyin abrió mucho sus párpados, como si la sola idea de que pudiera compararse a su nivel de poder fuera un chiste—. Zewu-jun, dudo que alguien se acerqué a tu nivel.

—Me das demasiado crédito, Wanyin, y muy poco para ti, me temo. ¿Me concederías el honor de ser tu compañero de cacerías?

—Bueno… no es como si hubiera tenido a uno en mucho tiempo. —Wanyin se volvió a acostar en la estera, esta vez boca arriba, casi imitando su posición.

Ese brazo de distancia se sentía eléctrico, caliente, como si estuvieran casi rozándose y al mismo tiempo tuviera una hornilla entre ellos.

—¿Por qué no has tenido?

—Mi reputación me precede.

—Tu reputación no te hace justicia.

—¿No me consideras aterrador como dicen? ¿Malhumorado, con mal genio, un pésimo temperamento y una incapacidad para socializar? —Wanyin le dirigió una mirada comunicativa, con una ceja enarcada.

—Lo eres, pero eres más que eso.

Jiang Wanyin no dijo nada. Solo encogió sus hombros desde su posición acostada y dejó que el silencio los envolviera. Lan Huan durmió pronto en ese momento, con una sensación agradable abrazándolo, con las posibilidades sobrevolando como mariposas sobre sus ojos y las opciones disponibles en sus manos.

Después de esa cacería, acordaron comunicarse con misivas para las siguientes. Lan Huan no demoró en encontrar un espacio tres semanas después para encontrarse con Wanyin hacia el norte y cazar en medio del bosque. Después de limpiar los lugares de espíritus resentidos, intento de cultivo demoníaco que con la presencia de Wei Wuxian habían regresado o demonios alterados, buscaban un sitio en donde poner una fogata para no llamar la atención de los demás, comían las viandas que traían cada uno de sus sectas, bebían el té y luego tocaba su xiao mientras Wanyin bebía una jarra de licor de la zona que compraría antes de iniciar la cacería, como si aprovechara el momento para catar los sabores.

En las cartas entonces se agregaron además de referencias de posibles cacerías nocturnas, referencias a los temas de conversación que tenían en la intimidad: la lista de los licores favoritos de Wanyin cambiando el lugar conforme visitaban otra zona, pinturas de Lan Huan con las notas de atardeceres y amaneceres en zonas más allá de las que había explorado antes con sus hermanos jurados, anécdotas de sus discípulos y quejas propias de sus posiciones de liderazgo.

Meses después, derrumbados sobre la grama de una colina verde, viendo el paso de las estrellas sobre ellos, Lan Huan se encontró tan lleno de emoción que le picaban la punta de sus dedos, como si fuera una tetera aguantando mucho vapor dentro de él. Wanyin estaba derrumbado muy cerca, ya no era un brazo el que los separaba, sino apenas un par de palmos. La distancia derrumbándose ante sus ojos ansiosos y su corazón retumbando por la certeza de que algo estaba allí, cocinándose a fuego lento.

Wanyin se había quitado el guan solo para estar más cómodo acostado. Él hizo lo mismo. Sus espadas descansando a un lado, Liebing también en la grama. Solo el sonido del viento y la grama que susurraba con el paso de la brisa, alguna cigarra lejana y la visión de un pueblo en el fondo, con algunas luces de sus velas y lámparas. El cielo chispeado de estrellas y totalmente despejado. Se sentía, en ese momento, pequeño en el universo, grande en la cantidad de emociones hechas un carrete de hilo de color violeta en su pecho.

—No salía de Yunmeng —dijo repentinamente, Wanyin. Sus ojos estaban cerrados, pero los párpados temblaban suavemente y sus pestañas negras y largas se alzaban orgullosa junto a la punta de su nariz—. Todas las cacerías y todos mis negocios estaban allí al menos que tuviera que ir a Lanling Jin por Jin Ling o por conferencias.

—¿Por qué no lo hacías?

—No quería dejar a Muelle de loto indefenso. Durante años, mis discípulos carecían del suficiente poder para defenderlo en caso de algún ataque, de alguna invasión. Solía tener pesadillas con eso en la torre Koi cuando estaba en conferencia.

—Por eso no demorabas…

—No, odiaba estar allí, acostado, comiendo y bebiendo mientras ellos estaban allá sin mí.

—Wanyin…

—Mi padre no estaba cuando ocurrió la invasión. Él… estaba fuera. Llegó tarde, cuando había poco que salvar y…

—Lo lamento… —susurró—. Recuerdo que estaba con Meng Yao cuando supe la noticia. Estaba pasmado. —Los ojos de Wanyin se abrieron para prestarle atención. Lan Huan sintió un sobresalto dentro de su pecho cuando las estrellas se reflejaban en esos ojos—. Sí, estaba con él. Él me estaba escondiendo de los Wens mientras huía. Yo… por eso me costó tanto concebir lo que me decían de él con… con lo que fue conmigo. Le debía mi vida, la restructuración de mi secta y tantos momentos tan queridos que…

—El mismo que mató a tantos, que se convirtió en el enemigo del mundo del cultivo, fue el mismo con quien reías, salías y en quien confiabas. Era fácil justificar y creer en sus palabras si te decía tan confiado que todo estaba bien.

—Sí… ¿Es lo mismo que sientes con Wei Wuxian?

Él sabía que sí. Lan Huan pudo notarlo en la forma en que los ojos de Wanyin se humedecieron y como recogió el aire y lo soltó como si estuviera contando. Sus manos en el regazo se apretaron y su atención volvió al manto estelar sobre ellos.

—Con la diferencia, de que uno sí era inocente, el otro…

—Wei Wuxian sigue siendo culpable de muchos crímenes, XiChen. —Wanyin rascó una línea en su vientre—. No importa la excusa, él perdió el control.

—¿Has hablado con él después del templo?

—No. No hemos hablado. Él lo dejó claro, ¿no es así? ¿Qué dejáramos todo en el pasado? En ese momento todo lo que quería era dejarlo en el pasado. ¿Pero después? Es como si no hubiera regresado. Mi hermano continúa muerto, XiChen. En lo que a mí respecta y a él respecta, es así.

—Wanyin… ¿quieres un abrazo?

—No. No lo necesito —ladró, como si necesitara volver a subir sus barreras.

—Yo… quería pedirte uno —Lan Huan empujó—. También tengo dos hermanos muertos, que no podrán descansar, no podrán reencarnar, no…

Lan Huan aprendió esa noche que Wanyin jamás admitirá necesitar un abrazo, pero lo dará si quien quiere lo necesita. Lo dará, aunque sea torpe, incierto, aunque lo empuje casi sacándole el aire y luego lo apriete tan fuerte y se sienta tan ajeno y correcto al mismo tiempo. Wanyin no dirá que necesita el abrazo, pero sí se apresurará a darlo. Lan Huan jadeó por la sorpresa, pero ambos terminaron tumbados en la grama, con la brisa moviendo la hierba, con la cigarra cantando en la distancia y las estrellas titilando sobre sus cabezas. Wanyin apoyando la cabeza en su hombro, él apretando fuertemente su espalda, con sus dedos atrapados entre el cabello ondulado.

—¿Mejor, XiChen? —Ese fue su primer abrazo. XiChen estaba tan lleno, tan pleno.

—Lan Huan… —dijo y Wanyin soltó un murmullo en su garganta—. Dime Lan Huan…

—Lan Huan…

—¿Puedo decirte Jiang Cheng?

—Preferiría… —Y Wanyin se levantó, incómodo, con el cabello cayendo por sus mejillas mientras desviaba la mirada a un lado de su hombro—. Prefiero Wanyin. Jiang Cheng… solo Wei Wuxian me llama así y… lo detesto.

—Entonces Wanyin.

La intimidad se hizo cada vez más latente. Lan Huna supo que ya no tendría remedio, no desde el momento en que Wanyin le abrió sus puertas, no cuando él pudo mostrarle lo que había dentro… Su entendimiento, las experiencias compartidas, la comprensión en sus ojos tormentosos, la ferocidad de sus opiniones para defenderlo. Lan Huan supo que lo amaba, Lan Huan supo que era amado, por eso, en medio de ese bosque, en aquella cacería nocturna acompañada por los chicos, mientras se alejaban, mientras buscaban privacidad, mientras sentía su abrazo, supo que tendría que dar el paso.

«Jin Rulan dijo que no podrías reconocer el romance ni rozándote en la nariz».

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—Xiongzhang.

La voz de Wangji lo encuentra en el pasillo, de píe, con sus manos apretándose hasta doler. Apenas llegaron a la torre, los médicos tomaron al Jiang Cheng y Jin Ling de los respectivos brazos y corrieron a auxiliarlo. Wei Wuxian fue tras ellos, asegurándose de que siguieran transmitiéndole energía a Jin Ling. Parecía tan desesperado que no permitiría que duraran medio minuto sin la transferencia. Lan Huan se quedó en silencio, con sus manos vacías. Sin el peso de Jiang Cheng en sus brazos, tembloroso y aterradoramente vacío.

No sabe cuánto tiempo ha pasado. Las lágrimas ya se secaron de sus mejillas y ni siquiera puede saber en qué momento comenzó a llorar.

—Ya A-Yuan está aquí. —siguió Wangji, como si su silencio le diera permiso para avanzar—. Está con Jin Rulan. Consideró que debido a que la lesión de Jin-zhonzghu era desconocida, sería mejor que iniciara su evaluación allí.

—¿Wanyin…?

—Jiang-zhongzhu aún está con los médicos de la secta Jin. Su lesión es… tratable.

Tratable… Jiang Cheng se sacó los ojos. No tiene idea de cómo, de cómo fue su desesperación, si gritó, si ardió. Los sacó, los puso en las cuencas vacías de su sobrino, del niño de sus ojos, del corazón que lo ha mantenido vivo desde la muerte de su a-jie. Los cerró y selló emitiendo toda su energía espiritual para asegurarse de que funcionara. Descuidó sus propias heridas, su propio dolor.

Ya no verá esos ojos tormentosos. Ya no podrá ver el brillo de sus irises cuando le miran sobrecogido, ya no habrá esas notas iridiscentes cuando están juntos al amanecer, ya no se verá reflejado en ellos y…

—¿Funcionará?

—El único caso que conozco es el de Son Lang. Hubo una inmortal involucrada.

Lo dudo, hay entre líneas.

Lan Huan quiere gritar.

En cambio, sus ojos lloran.

—Xiongzhang… ¿desde cuándo?

El beso en el árbol que selló el inicio. Los muchos besos que vinieron después, los abrazos, las noches y los días en su cama, los abrazos pegajosos por el sudor y sus fluidos, por el amor y sus anhelos, por la seguridad y sus esperanzas.

—Lo amo, Wangji. —En cambio, dice—. Cuatro años amándolo.

Y debe tener esperanza. El sacrificio de Jiang Cheng debe funcionar… él no sobreviviría a ese fracaso.