Chapter Text
Es una noche de primavera cuando lo dice.
Los jóvenes se detienen a mitad del camino a la posada. Lan Huan lo hace simplemente porque le llama la atención la misma actividad. Un grupo de actores ambulantes realizan una sensible obra de teatro y todos alrededor parecen disfrutarla. Ha pasado mucho tiempo desde que disfrutó de un acto callejero de esa índole y su corazón se estremece ante la posibilidad de retomarlo. Es agradable, la música acompaña el drama y los actores se esfuerzan en sus maquillajes y atuendos. Se detiene complacido admirándola.
Wanyin se encuentra a su lado, distante y serio con sus brazos cruzados. Esta cacería nocturna se ha alargado más de lo previsto por la poca información que recibieron de antemano. Pero Wanyin no está enojado, su ceño fruncido es el habitual, el que usa para mostrar desinterés fingido. Lan Huan ha empezado a notar cada diferencia en ellos, siendo capaz de interpretarlos como con los gestos de Wangji.
Los actores continúan con la presentación y los jóvenes cultivadores siguen prendidos en la escena. Cuatro años atrás, Lan Huan no hubiera imaginado estar en una situación así. Sumido en la desesperación de su reclusión, llegó a creer que no volvería a hacer él mismo. Que afortunado darse cuenta de que el ser humano puede salir del hoyo más profundo cuando ha llegado al final del abismo y conseguir las fuerzas para reconstruir en medio de las cenizas. Tres años le tomó rearmarse y sentirse de nuevo sobre sus pies, un año más conseguir el espacio en este nuevo mundo. No es el mismo Zewu-jun, eso lo sabe, pero empieza a sentirse cómodo bajo su nueva piel.
—¿Deberíamos decirles que continuemos? —De todos modos, recomienda. A pesar de haber caminado durante horas, Wanyin solo necesita ver los ojos entusiasmados de su sobrino, el actual líder de secta Jin, alto como su padre, para llegar a una respuesta.
—Esperemos. Esos mocosos parecen que no han visto nunca una caravana de actores ambulantes.
—¿Cuándo fue la última vez que viste una?
—Ya ni recuerdo.
—¿Y la obra que representaron?
—No preste atención. —Wanyin arruga su ceño. Lan Huan le sonríe—. Estaba ocupado entrevistando a los aldeanos para saber el lugar exacto donde los ghouls de agua atacaron las embarcaciones con las cosechas de arroz.
Lan Huan tararea en reconocimiento y vuelve su atención a la obra. Oh, qué dramático, la doncella se arroja sobre su amado, quien ha perdido los ojos debido al malvado cultivador demoníaco. Escucha de lejos al heredero de Baling Ouyan suspirar, sin embargo, permanecen para ver el final del drama y se sorprende cuando ve que la doncella entrega sus ojos a su amado y luego, ciega, escapa para vagar por el mundo. Finalmente, el malvado cultivador la engaña y todo termina en tragedia.
La gente tiene una fascinación particular por la tristeza, Lan Huan mismo se reconoce como parte de ella. Es agradable cuando sus sentimientos son tocados por ficciones tan entregadas, dramáticas e intensas que le permiten llorar. Sentir el ardor de la traición, del miedo, de la rabia a través de personajes es embriagante y su extensa biblioteca de poemas y cuentos dramáticos es fe de su fascinación. No es como el dolor real: no es como la piedra ardiente que estuvo en su corazón durante años, o el vacío que queda, tan lacerante y desolador, que tuvo después. Es quizás el regalo de la tragedia: que puedes desconectarte con solo volver tu mirada. Lan Huan no puede hacer eso con el dolor real.
Hay jóvenes llorando y Wanyin rueda los ojos hasta lo imposible, antes de dar un paso al lado y ordenar que todos continúen con él. Lan Huan escucha la discusión de los chicos a sus espaldas, asegurando que la obra era una interpretación de la vida de los dos cultivadores errantes que conocieron en la ciudad Yi y fueron víctimas de Xue Yang.
Los chicos discuten aún dentro de la posada, donde los cuatros toman asiento en una de las mesas del lugar. Jiang Wanyin toma asiento lejos de ellos, hacia la ventana, y se contenta con simplemente saborear el vino mientras llega la comida.
—Pensé que te sentarías con ellos a alabar la obra —dice cuando lo ve sentarse frente a él. Lan Huan pide té al cantinero.
—Me siento más anciano cuando estoy con ellos. —La respuesta vale un pequeño gesto en los labios de Wanyin, una torcida boca que parece empujarse más del lado derecho para medio parecer una sonrisa.
Ah… ama ese gesto. Ama lo seguido que aparecen cuando está con él. Y ante esa revelación, Lan Huan sabe que ama a Wanyin.
—Son mocosos.
—Bueno, es refrescante la ingenuidad e inocencia que aún exudan sus conversaciones. Es agradable pensar que en nuestros tiempos y con sus edades nuestras preocupaciones eran otras.
Si algo debe felicitarse Lan Huan, es por preservar la paz. Que los niños que han crecido no hayan conocido de la guerra ni tengan que preocuparse por ellas. Wanyin admite eso con un ligero asentimiento.
—Y la obra estuvo interesante.
Los chicos siguen discutiendo eso. Ouyang ZiZhen asevera que el romance es trágico, pero el sacrificio de la doncella fue hermoso y el hecho de que lo haya hecho una mujer lo hace más bonito ante sus ojos. Jin Ling reniega diciendo que cambiaron toda la historia, que originalmente esa doncella era Xiao Xingchen y lo hicieron una doncella débil. JinYi ante eso reclama que le hubiera gustado ver lo del cadáver de Son Lang porque es lo más dramático de todo, el momento en que se entera que mató a su amigo. Aunque Sizhui no agrega nada a la conversación, contento con escuchar, todos los demás tienen un punto de acuerdo: Xiao Xingchen debió haber amado a Son Lang para sacrificarse y darle sus ojos. Partir debió ser lo más duro para ambos.
—Estúpido —escupe Wanyin, deteniendo la conversación allí.
—¿Qué es estúpido? —De inmediato, el temperamento de Jin Ling estalla al confrontar a su tío.
—Todo este relato del amor y el sacrificio. Es estúpido —repite sin titubear—. Xiao XingCheng fue estúpido en su decisión.
—¿¡Cómo puede decir eso cuando le entregó sus propios ojos y se condenó a una vida de oscuridad!? —Zizhen casi chilla al decirlo y Lan Huan decide no intervenir.
—¡Bah! ¡Jiujiu no podría reconocer el romance ni teniéndolo pegado a la nariz!
—Si esa es su definición de romance, es estúpido —Wanyin dispara y vuelve sus ojos a la ventana—. Darle los ojos y luego irse sin explicaciones, para que durara buscándolo durante años. ¿Es esa tu definición de romance, mocoso?
—¡Él fue el que le pidió que se fuera! —JingYi defiende la historia, por supuesto, casi como la hubiera vivido él—. ¡Si Son Lang no le hubiera dicho que se fuera…!
—Acababa de perderlo todo, incluso su vista, ¿y esperaba que se comportara de otra manera? —El rayo en la voz de Wanyin los detiene a todos. Alza una ceja a modo de pregunta—. ¿Qué tan pocas luces puede tener alguien como para solo pensar en sí mismo cuando el que perdió es el que supuestamente ama? ¿Cómo puede ser tan mezquino? —replica con acidez.
—Parece que shufu está hablando según su propia experiencia.
Sabiamente, Sizhui habla y todos deciden callar. Wanyin hace un resoplido impenitente antes de volver la atención a la ventana, su ceño fruncido que ahora dice «estoy harto de esto» y Lan Huan tiene deseos de tomarle la mano, acariciar sus nudillos y decirle que está bien sentirse así.
—Estoy de acuerdo con Wanyin —decide intervenir—. En medio del dolor y de la pérdida, es difícil que se pueda decir las palabras correctas. Muchas veces se tiene tanto miedo de perder, que preferimos alejar, cuando todo lo que de verdad deseamos decir es «quédate». Y eso puedo decirlo a través de mi propia experiencia.
—Pero su sacrificio no fue estúpido —replica Jin Ling, con el mismo tono arrogante de su jiujiu—. Hablas como si fuera estúpido darle lo que tienes a quien amas.
—Nunca dije que el sacrificio fuera estúpido, mocoso —Wanyin lo mira de reojo—. Dije que su decisión fue estúpida. Irse fue estúpido. Toda esta tontería se hubiera evitado si Xiao Xingchen se hubiera quedado a su lado. No hubiera oportunidad para que Xue Yang lo engañara y para que la tragedia ocurriera si se hubieran quedado juntos.
Wanyin tiene un punto y hasta JingYi que suele buscar siempre cómo responder debe darle la razón. Arrastra su boca hasta que no puede articular nada y se cruza de brazos, enojado por no tener un argumento convincente.
—Wei-qianbe dijo que se sentía identificado con Xiao Xingchen y que su historia pudo ser así —Ouyang Zizhen agrega con timidez. Wanyin rueda los ojos de nuevo y hay una mueca en su boca que indica que ya no quiere continuar—. Dijo que pudo ser la vida de él y de Hanguang-jun
—Por supuesto. —Hay sarcasmo en el tono de Wanyin.
—Pero estoy de acuerdo —Lan Huan decide intervenir una vez más—. Aunque la historia me conmueva, es inevitable pensar que todo hubiera sido evitado si los dos amigos se hubieran quedado juntos. Mentir, ocultar o esconderse, aunque se hagan como una forma de proteger al otro de la verdad, puede ser el acto más miserable. Te deja ciego e impotente para ayudar hasta que sea demasiado tarde. Y luego solo queda el lamento y la sensación de que nunca fuiste suficiente.
De nuevo, es su experiencia. Los chicos se miran unos a otros como si buscaran llegar a un consenso, pero Wanyin le dirige una mirada diferente, casi tímida, con la que parece agradecerle o quizás decir: «me entiendes». Ah… no sabe cuánto lo hace.
—Jin Rulan —Wanyin usa ese tono cuando quiere dar una lección a su sobrino. Jin Ling se endereza y lo mira de reojo con la misma petulancia de su jiujiu—. Imagina que soy yo, que soy quien te da mis ojos y luego desaparezco. Tú estarás buscándome sin saber qué pasó, por qué me fui, cómo estoy. Yo lo hago porque quiero “protegerte” y pienso que con darte mis ojos es suficiente, con eso compenso la “ausencia”.
—Tienes razón, es estúpido —La respuesta de Jin Ling no se hace esperar y JingYi se mueve como si lo hubieran ofendido.
—¡Hace unos minutos estabas de nuestro lado!
—¡Pero jiujiu tiene razón! Es estúpido que se hubiera ido, ¡debió haberse quedado! ¿Para qué sirven los ojos si él no está?
—¡Pero ese es el punto de la tragedia! —Chilla Ouyan Zizhen y Lan Huan también le da la razón.
—¡Sí, pero esta tragedia está basada en un hecho real!
—La mayoría lo están —admite Lan Huan y observa como Wanyin se levanta de su asiento—. Reflexionar en ella nos ayudará a tomar mejores decisiones cuando estemos en una situación similar.
—Deja a los mocosos con sus historias de fantasía —Wanyin descarta, acercándose a la puerta—. Revisaré el lugar. Pueden quedarse.
Lan Huan decide seguirlo tras despedirse de los chicos. Ellos han crecido, son jóvenes adultos, uno un líder de secta demasiado joven que ha sabido sobrellevar la carga con el orgullo de los Jin y la entereza de los Jiang. Pero, es cierto, son demasiados ingenuos y les falta mucho por vivir. Quisiera Lan Huan que recibieran las lecciones de vida con la observación de sus mayores, pero sabe por experiencia propia que no es así.
Avanza en el camino hasta volver a estar hombro a hombro con Wanyin. Sus pasos son relajados, aunque su ceño indica que está al pendiente de cualquier movimiento mientras atraviesa las calles cada vez más solitarias del pueblo.
—Debo admitir —se anima a conversar—, que también me dejé llevar y conmover por la tragedia expuesta en la obra, Wanyin.
—Eres demasiado bueno para este mundo, Lan Huan. —Le gusta la forma en que su nombre suena en la voz de Wanyin, la candencia suave e íntima que conlleva—. Y mucho más inteligente. Sé que no harías una estupidez así.
—Y, sin embargo, fui víctima de una estupidez similar.
—No tienes la culpa de que haya gente con complejos de héroes o de víctimas. Dos vasijas del mismo río.
Pronto dejan el pueblo atrás, junto con los sonidos apagados de la civilización y entran al borde del bosque donde los cantos de insectos y algunas aves en las copas de los árboles les dan la bienvenida. Lan Huan sonríe al acercarse más hasta rozar sus nudillos con los de Wanyin. Entonces sus manos se toman, ninguno puede decir quien lo inicia, pero sabe que es Wanyin quien lo jala contra el tronco de un árbol y él quien recibe el cuerpo del líder Jiang en un apretado abrazo.
Los abrazos de Wanyin son maravillosos. Apretados, intensos, su forma de fundirse, la manera de rodear su espalda y presionar sus brazos, todo es increíble de sentir. Le sorprende recordar que en algún momento había dejado de darlos. Que le confesó que sus últimos abrazos fueron para Wei Wuxian, y luego Wei Wuxian se fue y le costó tanto abrazar incluso a su propio sobrino a pesar de que lo ama como si lo hubiera llevado él en su cuerpo.
—¿Te sientes mejor? —pregunta Wanyin, como si no fuera él quien necesitó más de ese abrazo. Lan Huan sonríe.
—Sí, mucho mejor.
—Deberíamos volver, no confío en las capacidades de obediencias de esos mocosos.
—Vamos, pero antes, necesito hacer una pregunta. —Lan Huan se animó, sin soltar el agarre del Wanyin, pero acariciando suavemente su nariz sobre la de él, hasta hacerlo tensar—. Jin Rulan dijo que no podrías reconocer el romance ni rozándote en la nariz.
Su tono es íntimo, la voz bajando una octava. El sonido suave brota para besar su boca, aun sin tocarla. Wanyin lo mira con sus ojos tormentosos y hay un brillo divertido bajo ellos. No retrocede, no impone distancia, en cambio achica sus párpados, tuerce una sonrisa.
Lo besa.
Lan Huan esperó esa respuesta, por supuesto. Wanyin nunca ha retrocedido a un desafío y este no sería el primero en hacerlo. Aprieta su cintura mientras besa suavemente los labios ajenos, levemente resecos, pero él se encargará de humedecerlos de ahora en adelante. Un chasqueo más y dejan de besarse, pero permanecen sumergidos en el momento, en la forma en que ambos aprietan el otro por la espalda y sus respiraciones humedecen los labios ajenos. En la manera en que se sienten electrificados y tan cómodos en el espacio diminuto que separa sus bocas.
Al abrir los ojos, Wanyin tiene aún sus párpados cerrados y temblorosos. Sus cejas siguen estrujadas en concentración, su mandíbula dura tentándolo a besarla.
—Ya tienes tu respuesta —muerde Wanyin con sus palabras, pero su sonrisa se tuerce más, esa curva que empuja su pómulo derecho hacia sus ojos—. ¿Qué harás con ella? ¿Me incluirás también en la lista negra de los casamenteros?
—Debería asegurarme de que permanezca así por varias décadas más.
Wanyin suelta una carcajada incrédula. Lan Huan quiere escucharlo reír así mucho más.
—Hablemos de eso después de la cacería, no quiero mocosos merodeando.
La cacería se realiza sin inconvenientes. Cuando los chicos se despiden, Lan Huan inventa una excusa bastante escueta para justificar que su camino se dirigirá a Muelle de loto y no de regreso a Gusu Lan. Nadie parece sospecharlo, al menos nadie aparte de Jin Ling que los mira como si fuera demasiado raro. No dice nada y Lan Huan lo agradece, aunque sabe que después tendrá que hablar con él.
Lo que ocurre en Muelle de loto, bueno, ¿cómo podría juzgarlo? Despertar con el aroma de Wanyin a su lado se vuelve una de sus escenas favoritas.
Por eso la repite tanto como puede durante los siguientes cuatro años.
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Estar con Wanyin es caminar bajo la lluvia o hundirse en el río con la frescura de la corriente y la increíble vitalidad bajo las aguas. Mantienen la discreción tanto como es posible, si es que sus ojos no lo delatan, porque hay un brillo diferente cuando Wanyin mira hacia él o mira hacia Jin Ling que él se ha encargado de memorizar. Le gusta la manera en que esos ojos lo buscan en la distancia y cómo se apartan indiferente, como si tratara de pescar el hilo de la conversación antes de distraerse y fingir que no lo está buscando. Lan Huan ama a Wanyin porque sus intentos de mentir son esos, intentos. Pequeños momentos en que la vergüenza lo ahoga y trata de no parecer demasiado emocionado por tenerlo en el mismo lugar.
En todo lo demás, Wanyin es honesto, terriblemente leal. Tan feroz para defender a los suyos que cada vez que responde con sarcasmo al líder de secta Yao cuando intenta desenterrar, otra vez, el incidente con el anterior líder de secta Jin, no puede evitar sentir esa cálida nube que le envuelve el esternón.
Jiang Wanyin nunca ha admitido medias tintas, porque no las permite con él. Es tan perfeccionista y exigente consigo mismo que no espera menos de los demás. Es de los que exigen, a gritos, a golpes, con mordidas si hacen falta. Él que empuja, el que golpea, el que muestra su ira si con eso no dejan de mirarlo. Es quizás, eso lo que ama, su transparencia. Jiang Wanyin pide porque lo anhela con una necesidad hambrienta. Él puede dejar que pida lo que sea, está dispuesto a darle hasta que sus meridianos estén rebosando de energía, su boca roja de besos y su mirada vidriosa y cansada. Está dispuesto a entregarle hasta abrazar todas las partes de él y vaciarlo dentro.
Está dispuesto a amarlo con la misma ferocidad con la que lo ama y darle paz.
Wanyin puede descansar en sus brazos porque sabe que no va a abandonarlo, del mismo modo que Lan Huan sabe que Wanyin no va a mentirle.
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—¿Sacrificios?
Están balanceándose en la barca sobre el río. La noche de verano es fresca sin nubes que aparten las estrellas. Sus cuerpos desnudos y sudados se refrescan después de hacer el amor. Lan Huan jamás pensó estar así, abierto como una estrella de mar en la orilla, dejando que el cielo y los dioses lo vieran tal cual llegó al mundo, sin una pizca de vergüenza ante las reglas y las limitaciones.
Wanyin está a su lado, igual. Piernas largas, torso duro, brazos fuertes, cicatrices expuestas con las marcas de sus besos y su sexo flácido tras haberlo gastado. Mira con ambas manos sobre su estómago a la luna, mientras algunos insectos sobrevuelan por la superficie del río.
—He hecho varios. Nada importante.
—¿Cómo no va a serlo? —Lan Huan se mueve de costado, a pesar de la incomodidad de la madera y las mantas que echaron encima de ella para hacerlo más agradable. Posa su rostro sobre la mano para no dejar de observar la maravilla de su compañero de cultivo—. Hablo de sacrificios personales… los de la secta no cuentan. Ambos sabemos que nos pasamos la vida poniéndola primero.
Wanyin repasa la cicatriz más grande de su pecho, creada por el látigo disciplinario. Una vez preguntó por ella, no obtuvo mucha información al respecto.
—El día que perdí mi núcleo, no fue porque volví a Muelle de loto. —La voz de Wanyin es serena, como si contara algún relato antiquísimo que no trataba de él. Lan Huan se ha quedado atorado con aquella ligera mención—. Eso es lo que Wei Wuxian cree. Ese día, había una patrulla de los Wens detrás de él y yo salí para despistarlos. Dejé que me atraparan.
—Wanyin…
—No importa. Él me dio su núcleo dorado, la deuda está saldada, él ya vive su vida fuera de mí.
—¿Él lo sabe? —Desliza una caricia en su mandíbula afilada, antes de inclinarse y dejarle un suave beso. Wanyin sonríe bajo su toque.
—No… después de eso no recuerdo mucho de mí antes de que me convenciera para hacer el traspaso del núcleo. Luego él desapareció, reapareció, teníamos la guerra y luego… simplemente no importó. —La última vocal muere en su boca. Lo besa, lo besa duro, le toma la nuca para profundizar más y más.
Está temblando de miedo.
—Lan Huan…
—Pensé que era estúpido sacrificarse. Pudiste haber muerto y tú…—Muerde su labio, como si acabara de verlo justo ahora arrojándose a sus enemigos y dejándolo de lado—. Pensé que…
—Nunca dije que sacrificarse fuera estúpido, lo entiendo. —Logra hablar entre sus tantos besos. Una hazaña, sin duda—. Ey…
—No… por favor, no vuelvas a intentar hacer algo así.
Y luego recuerda el relato de su shufu diciéndole que Wanyin se puso frente al cuerpo de Jin Ling cuando fue el segundo asedio y recuerda también que lo hizo en el templo, antes de que recibiera una estocada en el pecho gracias a la distracción de Jin Guangyao. Olvidando protegerse en pro de defender lo que ama. El miedo se atasca en sus intestinos.
—No puedo prometerte eso —dice y Lan Huan intenta hablar. Wanyin lo sujeta de su mandíbula, firme, mientras lo observa con una ceja enarcada—. ¿Crees que me quedaré quieto mientras tú o A-Ling estén en peligro?
—Wanyin…
—Si no quieres que haga algo estúpido, procura no hacer algo estúpido como poner tu vida en peligro. —Deja un beso en el filo de su mandíbula, luego muerde su mentón.
—No intentes distraerme.
—¿Quién dijo que lo estoy haciendo? Solo quiero chupártela.
—¡Wanyin!
Le toma del cabello de la nuca, más brusco de lo que le gustaría. Wanyin lo mira con esos ojos tormentosos, tan hermosos, tan ardientes, y en respuesta le sonríe después de lamer sus labios hinchados de besos y mordidas.
—No voy a prometer algo que no voy a poder cumplir, A-Huan. No pienso, solo actúo.
—No quiero perderte.
—¿Quién habla de eso? —enarca una ceja—. Yunmeng Jiang aún me necesita, no son capaces de completar las formas de espadas sin caerse como patos recién nacidos. Jin Ling sigue siendo un niño insolente con dos dedos más de altura que yo y tú… ¿quién va a follarte si no estoy aquí?
Lan Huan no sonríe, no cae en el juego. Está tan enojado con su propia angustia, cuando no hay indicios de que Wanyin haga algo en ese justo instante que pudiera ponerlo en peligro. Entonces, Wanyin se aparta de él. Se sienta en la barca, con sus piernas abiertas y flexionadas, posando su codo en la rodilla para sostener su mejilla. Desnudo y así se ve tentador, pero Lan Huan no aparta el dedo de la línea de Wanyin sacrificándose. No puede distraerse por la desnudez que se ofrece.
—Siempre será mi última opción. —Tuerce una sonrisa—. Aunque el mundo se burle, me gusta vivir.
—Creo que estoy siendo ridículo.
—Sí, estás armando un drama ridículo —Wanyin suelta sin suavidad. Lan Huan le sonríe con molestía.
—Pero lo hago porque me importas.
Wanyin acepta eso, lo mira con entendimiento y se sienta sobre sus talones para ofrecerle los brazos. Lan Huan necesita el contacto, necesita su presencia, necesita ese abrazo con el que puede fingir que nada de lo que hablaron se va a convertir en realidad y que Wanyin no va a desaparecer como humo entre sus dedos. Se sienta sobre los muslos fuertes de él y besa de nuevo su boca, sus pómulos, sus párpados cerrados, el entrecejo siempre arrugado, las líneas de expresión de su frente. Su espalda está soportada por los brazos duros de Wanyin, y desnudos, a pesar de la brisa nocturna, puede sentir la calidez del contacto.
—Confía en mi sentido de preservación —susurra Wanyin contra su boca, con su pelo suelto, con las dos trenzas desechas, tan él y tan transparente que su honestidad lo ahoga.
—Quédate conmigo, Wanyin.
Sí. Se queda. Cada vez que salen a cazas nocturnas, se cuidan el uno al otro. Siempre que hay una conferencia de cultivo y se encuentran en los pasillos o en el salón. Las visitas constantes a Recesos de las Nubes o a Muelle de Loto, cada encuentro en sus camas prestadas. Wanyin se queda, él quiere que sea para siempre.
Así que cuando recibe la señal de Loto en el cielo, mientras estaba esperando por él en el muelle, no lo piensa. Cuando toma a Shouyue y vuela, con los discípulos de Yunmeng Jiang siguiendo su paso, no lo reflexiona. Recuerda que Jin Ling llamó a Jiang Wanyin para que lo acompañara a una cacería nocturna. Solo los dos, fue su pedido, porque el joven ya es un adulto y quería pasar tiempo con su tío. Wanyin estuvo divertido ante la perspectiva de que su sobrino lo buscara cuando ya había dejado de seguirlo celosamente a sus cacerías nocturnas. Lan Huan recuerda el brillo de orgullo y cariño que hubo en esos ojos al relatar el plan.
Iban a pasar juntos en una posada, como antes de que las responsabilidades los ahogaran. Beberían seguramente hasta emborracharse, hablarían del pasado, del presente, del futuro. Wanyin no se atreve a llamarlo «su hijo», pero A-Ling es eso.
—Me mantendré a distancia para no quitarle su presa —dijo, jugando con su taza de vino con un brillo encantador en sus ojos grises—. Más vale que no me haga perder el tiempo.
Lan Huan avanza a toda velocidad. Atraviesa el bosque. Cae sobre sus pies y Shuoyue vuelve a su mano mientras revisa el lugar. Los árboles están arrancados desde sus raíces, ramas destrozadas cubriendo todo el terreno. Muestras de que una masa de huesos, carnes y sangre estuvo arrastrándose a través de ellos y el olor a humo le avisa que Zidian también estuvo allí. Corre desesperado, en busca de una mayor señal. Encuentra el rastro de un pedazo de tela dorada, eso viene de la túnica de Jin Ling.
El corazón de Lan Huan golpea como un cuchillo en su esternón y costillas. Apresura el paso hasta conseguir las huellas de aquella bestia en una cueva oscura. Escoltado por los discípulos, avanza por la oscuridad y utiliza un talismán de fuego para iluminar los alrededores. No deja su búsqueda incansable, aunque se meta en recovecos más oscuros. Sigue las huellas dejadas en la piedra con la espada y con las garras, anhelando encontrar el final.
Deseando verlos a ambos.
Atraviesa un conjunto de cuevas más hasta que puede verlo. La energía espiritual emerge con tanta intensidad que golpea a sus ojos, pero Lan XiChen avanza sin titubear. Nota las túnicas moradas y el brillo que iluminan las túnicas doradas a sus pies. Una enorme sombra de bestia yace en el fondo de la cueva, sangre y carne quemada a su paso.
—Jin Ling, ya pronto… ya pronto.
—¡Wanyin!
—¡A-Huan! —El grito de Wanyin lo apresura hasta sentarse a su lado. Todo es muy oscuro, apenas puede ver—. A-Huan, por favor, tus manos, transmite energía a A-Ling. ¡Sus ojos!
—¿Pero tú…?
—¡Yo estoy bien, A-Huan! ¡A-Ling es lo que importa ahora!
Las manos de Wanyin se mueven temblorosa tratando de tomarlo de sus muñecas para llevarlo al rostro de Jin Ling. Puede sentir la humedad de la sangre en los párpados y todo se congela dentro de él. Pero hace lo que Wanyin pide, empuja su energía espiritual y trata de revisar desde donde están sus palmas si hay alguna otra herida de gravedad.
Puede que sea una herida demasiado escandalosa en la cara. Puede que se trate solo de un párpado abierto. Puede que…
—¿Wanyin? —Lan Huan calla cuando escucha el sonido del cabello de Wanyin cayendo por su espalda. Se ahoga cuando la cinta violeta que lo sujetaba junto a su guan empieza a envolver a su rostro—. ¡Wanyin! ¿¡Qué ocurre!?
La luz se acerca. Los discípulos de Yunmeng Jiang llegan con talismanes de fuego y antorchas.
El aire se congela en su tráquea.
—¡A-Huan! ¡No dejes de pasarle energía a Jin Ling! —Las manos de Jiang Cheng sobrevuelan a las sienes del chico, a su cabello, a su cuello y su pecho. Torpe, inseguro…
Los ojos de Lan Huan se humedecen.
Jin Ling siempre fue el niño de sus ojos. Por supuesto, Jiang Wanyin lo haría.
