Chapter Text
El xiao suena sobre el lago, pero no se escucha como cuando lo toca su esposo. Hay sonidos que se mantienen y otros que desentonan, lo que demuestra una falta de práctica, pero sí mucho corazón en el proceso. Jiang Cheng se remueve inquieto en las sábanas cuando ya el sueño se ha despejado por completo. Una de sus manos choca con la cabeza de Yang-er en su costado derecho, peinada con una trenza que ya se deshace por sus constantes movimientos y la otra toca la pierna de ChenChen sobre su estómago. Debe estar abierto en la cama como una estrella de mar, durmiendo con profundidad.
Arrastra su mano más, pero no nota a A-Xu en la cama. Entonces él debe estar con Lan Huan en el muelle tocando el xiao. Suspira. Inhala y exhala, se queda tendido en el borde de la pereza hasta que su perro Heian empieza a lamerle los pies.
Bien, es hora de levantarse.
Jiang Cheng se arrastra con cuidado de no despertar a los dos chiquillos de su descanso. Tiene muchas cosas que hacer, empezando con evaluar los daños de la tormenta a la estructura y cuantificar si son necesarios arreglos, también enviar y preparar equipos de búsqueda porque después de tormentas así, es común que los ghouls empiezan a asomarse en la superficie y ataque a las embarcaciones que comercia en los ríos y lagos de Yunmeng.
Se da un estirón largo y amplio cuando por fin está sobre sus pies, mueve su cuello de un lado a otro y, finalmente, decide iniciar su día.
Su rutina empieza como está acostumbrado desde que se casó con Lan Huan, aún cuando su cama está invadida por dos cuerpos más. Se lava la cara y las manos con el agua del cuenco y se seca con un palo al lado. Luego toma su peine para desenredar su cabello y formar las trenzas de su peinado. Cuando está a punto de amarrar su cabello con las trenzas, un par de manos pequeñas y dedos ansiosos lo detienen de su empresa. Sonríe de medio lado, seguro de quién es la que lo ha distraído.
—Yang-er, más vale que quede derecho o te romperé las piernas —En respuesta a su amenaza, la chiquilla solo ríe entre dientes mientras peina su cabello con sus adorable manos.
—Cheng-zufu siempre dice eso y nunca me parte las piernas.
—Mocosa, no deberías tentar a tu suerte.
Pero se relaja. Sentado en la cómoda, deja sus manos cómodas entre sus muslos mientras la niña peina sus cabellos y lo ajusta en una cola alta. Está acostumbrada a peinar a sus hermanos menores, así que la chiquilla hace un buen trabajo pese a lo mucho que demora.
Heian ladra. ChenChen está corriendo de repente mientras él se pone de pie y pasa una mano para evaluar el peinado que hizo su nieta. Yang-er ríe
—¿Qué hacen, mocosos? ¿Piensan quedarse todo el día de vagos en la cama? ¡Levántense y arreglense!
—Chen-zufu, quiero seguir practicando arco hoy —dijo la princesa de Lanling Jin y Yunmeng Jiang—. Ayer logré derribar cuatro cometas.
—¡Tramposa! ¡Obviamente hiciste trampa! —reclama ChenChen, todavía dolido en el ego porque solo pudo derribar a una.
—¡No le hables así a tu hermana, ChenChen! ¡Ella es mayor, ha tenido más tiempo para practicar! ¡Si sigues practicando también podrás hacerlo! —El chico deja de correr y Jiang Cheng ya puede imaginarse el puchero de A-Ling en su rostro, aunque haya pasado varias décadas de aquello—. ¡Prepárate para entrenar, ChenChen! Yang-er, tú lo ayudarás hoy.
—¡Pero Cheng-zufu! ¡Yo quiero practicar sola!
—Eres su hermana mayor. ¡Ayuda a tu hermano y podrán competir juntos después!
Yang-er debe estar poniendo la expresión de A-Ling: qué aburrido esto. Y ChenChen la expresión de A-Ling de: ves que tengo razón. Así es como Jiang Cheng se imagina a sus nietos, aunque les haya tocado el rostro y su esposo le haya descrito los diferentes rasgos que comparten, para Jiang Cheng son mini A-Ling que están correteando a su alrededor, con sus mismas expresiones. Y es feliz con eso en su cabeza.
—A-Cheng, Yang-er, ChenChen, buenos días. —Saluda a su esposo al volver del muelle.
—¿Tienes a A-Xu contigo?
—¡Sí, Cheng-zufu! ¡A-Xu está aquí! —Y escucha un par de nuevos pasos en la madera, correteando hacia la cama—. Cheng-zugu. ¿Hoy A-Xu aprenderá a volar espadas?
—¡No si te sigues demorando mocoso! ¡Ya yo estoy listo!
—Ya me visto, ¡ya me visto!
Hay una revolución de tres personas llamando por toda su atención. Jiang Cheng no necesita decirle a su esposo nada para que empiecen a trabajar en conjunto y apresurarse a iniciar sus labores. Jiang Cheng toma a Yang-er en brazos para llevarla a la cama y vestirla. La niña aparta los brazos y luego le está tocando la cara mientras él se mueve para colocar el cinturón de su vestido violeta y asegurarse de que todo está en orden. La pasa a brazos de Lan Huan para que él se encargue de peinarla mientras atrapa en las carreras a ChenChen, el niño patalea divertido, dándole una patada en el costado, pero solo basta una mueca de su boca para que se enderece y se deje vestir. A él sí lo peina, recogiendo su cabello en una cola de caballo mientras el niño movía los pies, evidentemente impacientado por salir.
Por último, recibe a A-Xu de Lan Huan quien ya lo ha vestido, y amarra la misma cola de caballo que amarró miles de veces en su A-Ling, replicando el mismo peinado. A-Xu se queda quieto, como si no quisiera hacer otra cosa más que enorgullecerlo.
A-Xu no necesita hacer nada para eso, lo ama desde el día que supo que existía en el vientre de su madre.
—¿Estás listo? —pregunta Jiang Cheng al soltar a su tercer nieto. Lan Huan está a su lado.
—Sí, desde temprano.
—Bueno. Iniciemos el día.
Deja un beso pequeño en los labios de su esposo, siente a Lan Huan sonreír contra su boca, mientras las risitas ahogadas de sus niños resuenan en las paredes de su habitación. Sin más, se da la vuelta, abre la puerta. Yang-er avanza como una princesita, ChenChen quiere correr seguro para hacerle una travesura a su hermana pero lo agarra de la túnica y lo alza para apoyarlo en su costado derecho. Luego baja para tomar a A-Xu y acomodarlo en su costado izquierdo.
Así van a los campos de entrenamientos, donde él empezará a revisar los avances de sus discípulos y los niños mientras Lan Huan se encarga de las misivas.
Ambos llegaron a un equilibrio después de seis meses tormentosos de peleas, desacuerdos y suspiros anejados. Cuando la fiebre del enamoramiento bajo con la cotidianeidad y Jiang Cheng empezó a notar las muchas cosas que ya no podría hacer por sus propia cuenta, fue fácil que las peleas estallaban cuando sentía que Lan Huan quería meterse en los asuntos de su secta y proponía cosas que él jamás había pensado antes. Era cierto lo que dijo su esposo en ese entonces: Jiang Cheng seguía trabajando como si Yunmeng Jiang estuviera en reconstrucción aún. Minimizando los gastos considerando que solo lo importante merecía su atención y cerrándose a apoyar a la gente que estaba bajo su jurisdicción por los asuntos que él consideraba pequeños.
Cada vez que una noticia de algún espíritu a su ver demasiado benigno estaba aterrorizando a una población pequeña, su respuesta era la misma: no tengo tiempo ni gente para eso. Pero la realidad es que Yunmeng Jiang si tenía gente, y sí podía atenderlos, solo que su mente seguía trabajando como si una desgracia estuviera en cierne.
La situación no mejoró tras su sacrificio. Estuvo mucho más alerta que nunca después de que una secta se levantara en su contra antes de su boda. Esa situación pudo haberla manejado, ¿pero qué si se unen varias? ¿Qué si intentaran atacar a Yunmeng Jiang porque su líder ahora era visiblemente menos capaz? Eso ameritó acciones precipitadas de su parte: ladrar más, amenazar más y poner el 700% de su parte para poder cubrir lo que él consideraba ahora una debilidad. Porque aunque Lan Huan le dijeran que lo tenía a él para defender también a su secta, la certeza del apoyo de Gusu Lan por matrimonio y Lanling Jin por filialidad; Jiang Cheng no quería que la seguridad de Yunmeng Jiang dependiera de terceros.
Fue terco e intransigente en ese espacio. Entrenó mucho más, consiguió que su Qi le ayudara a amplificar sus otros sentidos para tener un combate de cuerpo a cuerpo o con su espada y látigo, y participar de nuevo en cacerías nocturnas. Lo hizo más irascible y cuando Lan Huan le cuestionaba porque no escuchaba a la gente de los pueblos que pedía ayuda, entonces volvía a sentirse cuestionado y juzgado, como si cada falla que Lan Huan encontrara ahora que estaba por siempre a su lado fuera una espina que quebraría su relación.
Jiang Cheng ya no pudo decirle a Lan Huan que no eran sus asuntos: se casó con él y se casó con su secta. Lo que ocurriera en Yunmeng Jiang también era importante para él. Como le dijo Lan Huan alguna vez, cuando fue tras él en el muelle para aplacarlo tras una discusión especialmente difícil: «no busco evaluar tu desempeño como líder, Wanyin, solo quiero apoyarte. Ya no estás solo, dame la oportunidad de también atender esos asuntos y juntos podemos hacer a Yunmeng Jiang incluso más grande». Después de discusiones abiertas con su pareja, algunas que terminaron con él furibundo saliendo de la habitación antes de poner en palabras sus inseguridades nuevamente, lograron llegar a un consenso mutuo.
Uno de los puntos vitales de la disputa fue que no iba a perder poder, sus discípulos no iban a disminuir sus entrenamientos. Jiang Cheng se juró que jamás encontrarían a Yunmeng Jiang indefenso. Había formado un ejercicio de cultivadores preparados para purificar territorios o matar a otros si otra guerra en el mundo del cultivo iniciara. Con simulacros de ataques, con planes de evacuación ante una tormenta, una inundación, el ataque de un enemigo. Con pasadizos secretos para resguardar a los civiles que cuidaban de ellos, con trampas de talismanes en caso de que alguien quisiera invadirlos.
Pero Lan Huan propuso una forma de poder atender ambos frentes aprovechando que la secta estaba mucho más sólida que antes: envíar un par de cultivadores: un junior y un senior para que sirviera de práctica, a los rincones más alejados de Yunmeng para atender los problemas menores de los aldeanos. Sirvió también como una forma de asegurarse de que la comida se distribuyera uniformemente en los mercados y poner un alto a los precios si algún proveedor era particularmente usurero. Algo tan sencillo como eso, en programadas salidas que Lan Huan organizó durante el año, respetando los eventos importantes de la secta que impediría que se movieran del lugar por el cultivo de los lotos, fue suficiente para que la mirada a Yunmeng Jiang cambiara.
También abrió las puertas de Yunmeng Jiang una vez al mes para atender directamente a la gente común que quisiera pedir ayuda y a la que los jóvenes cultivadores no llegaron. El primer año, apenas se acercaron personas a buscarlo, pero después de eso, se hicieron filas y tuvieron que hacer un sistema de organización para poderlos atender a todos.
Jiang Cheng enarcó una ceja cuando notó de un día se tuvo que convertir en dos y ya tuvieron que aceptar las reuniones con previa cita, después de que el número aumentó. «Eres imbécil si pensaste que no se te saldría de las manos. Hasta la abuela más lejana de Yunmeng quiere un minuto con el gran Zewu-jun». Bromeó, mientras escuchaba las quejas de su esposo sobre lo cansado que estaba de escuchar a tantas personas. Pero verlo tan inmerso en los asuntos de Yunmeng calentó su corazón y, por primeras vez en décadas, sintió que ya no estaba completamente solo.
Los muelles de Yunmeng Jiang se habían convertido por fin en un hogar.
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Jiang Cheng estaba nervioso. No había estado tan nervioso en años, ninguna de las peleas, ninguno de los conflictos a los que se enfrentó como líder de secta, nada había superado los nervios que sintió décadas atrás y los que estaba sintiendo de nuevo mientras esperaba en la misma situación.
Los partos eran más aterradores que los Wens, que la guerra, que las reuniones con prestamistas.
Volvió a rodar sus pasos de un lado a otro atravesando toda la habitación. Solo se detuvo cuando el grito de Madam Jin azotaba las paredes de la torre y su espalda volvía a afilarse como si fuera Sandu. En el fondo de la habitación, escuchaba el constante tac de las botas de Jin Ling, esperando sentado por la noticia. Lan Huan parecía una columna inamovible, como si lo que estuviera pasando no lo alterara.
Jiang Cheng estaba helado, pero su espalda completamente sudada. Movía sus manos con ansiedad, apretando sus dedos uno con el otro.
—¡Jiujiu! ¡Deja de caminar por todo el salón!
—¡Y tú deja de patear el piso! ¡Me tienes cansado!
—¡Eres tú el que va a abrir una maldita zanja en medio de la sala!
—¿Quieren que toque algo?
—¡NO! —La voz de su sobrino y la de él se unieron en ese exabrupto del que luego se arrepintió. Imaginaba la sonrisa calmada de Lan Huan dejando el asunto de lado, como si no fuera de importancia. Él soltó el aire agotado.
—Yo… solo —intentó explicarse, pero Jin Ling le quitó la oportunidad.
—¿Por qué no puedo estar adentro con mi mujer? ¿Qué pretende que haga aquí esperando afuera mientras ella hace todo el trabajo? ¡Cómo voy a quedarme tranquilo! ¡Estoy tan nervioso que podría destruir un ejercido de ghouls!
—¡Respeta a A-Huan, mocoso!
—Jin Rulan, las normas son estas. No puede estar el marido en los aposentos donde su esposa da a luz, ella debe estar acompañadas de sus siervas curanderas, las matronas y nodrizas. —Lan Huan explicó con la infinita paciencia que posee.
—Además, ¡tu padre también tuvo que esperar aquí mientras A-jie estaba pariendo! ¡Él no se puso con tonterías!
Claro, estaban bebiendo los dos. El recuerdo de aquel entonces volvió como un golpe sordo y Jiang Cheng pudo recrear de nuevo la escena. Madam Jin, la amiga de su madre, estaba con su a-jie dentro de la habitación. Él estaba dando vueltas y Jin Zixuan sentado en el borde como si el mínimo movimiento arruinaría todo. Luego Jin Guangyao les llevó licor a ambos, y solo a través de él fue que lograron relajarse. Terminaron sentados uno al lado del otro, mencionando lo que cada uno haría por el bien del niño por nacer.
De nuevo tuvo ganas de llorar… solo se queda estático.
—A-Cheng.
—A-Huan, necesitamos licor.
—Bien, iré a pedirle a la servidumbre.
Jiang Cheng se relajó un poco y al escuchar la salida de su esposo, se sentó al lado de Jin Ling intentando mantenerse quieto. Su sobrino era mayor, ya un hombre casado, a punto de iniciar su nueva familia. Ya habían pasado tantos años desde esa vez que estuvo hablando alegremente con el esposo de su hermana y hasta pensó que podrían hacerse amigos.
—¿Qué recordaste? —cuestionó Jin Ling, incómodo. Se sentía en el tono de su voz—. Mencionaste a a-die…
—Sí. Estaba recordando cuando naciste.
—¿Cómo fue? —Jin Ling presionó. Jiang Cheng sintió el nudo en su estómago, pero una sonrisa se formó en sus labios.
—A-Jie tuvo varios inciensos en parto. Veíamos cómo entraban y salían las doncellas, también como traían más paños.
—¿Por eso dijiste que pusieran todo adentro?
—Sí, era demasiado estresante ver a la gente entrar y salir buscando más implementos. Tu padre estaba sentado como tú, yo… estaba haciendo justo lo que estaba haciendo hace unos momentos. Luego tu xiao shushu nos trajo para beber y bebimos y nos relajamos. —La sonrisa se volvió triste, él lo sabe—. Tu padre dijo que te enseñaría el arco y la espada. Yo le dije que te enseñaría a nadar porque no había mejor nadador que yo. Él dijo que te enseñaría a volar en la espada y yo que te enseñaría a navegar en botes. Y cazar faisanes, a lo que él dijo que te enseñaría a tener mascotas y allí no pude decirle nada porque en Muelle de loto seguían prohibidos los perros.
—¿Qué más dijo a-die?
—¿Qué más dijo? —preguntó cuando el peso de Jin Ling se posó sobre sus hombros y él sonrió en respuesta. La sensación de su sobrino allí apoyado hacía difícil pensar que ya era un adulto que dejó depender de él hacía tanto tiempo atrás—. Dijo que te cuidaría con celo, a tí y a tu madre. Que no le sería infiel nunca y que tú tendrías muchos hermanos como él no los tuvo. Para ese momento ya estaba más borracho. Luego nos quedamos dormidos uno al lado del otro, hasta que anunciaron que ya habías nacido.
—Nunca me contaste eso…—y la voz de A-Ling sonó afectada. Jiang Cheng sintió los dedos largos de Jin Ling tomando su mano y uniéndolos, apretándolas en una sola unidad.
—Dolía recordar, A-Ling —mordió la voz estrangulada. Jin Ling tragó fuerte. Imaginó su rostro ligeramente húmedo.
Hubo silencio entre ellos. Pero su manos seguían tomadas y Jiang Cheng no recordaba un instante donde se hubiera sentido tan cerca de Jin Ling sin que ambos estuvieran en peligro. Estaban sentados allí por la esperanza, pero también por los anhelos y los sueños sin cumplir. Estaban allí esperando una nueva vida y recordando las que se fueron demasiado pronto.
—¿Qué pasó cuando nací? —preguntó tras un buen espacio de meditación y Jiang Cheng resopló su tristeza.
—Hiciste un escándalo —Jiang Cheng dijo con una risa ahogada—. Gritaste tan fuerte que nadie podía calmarte. Tu padre estaba llorando de la felicidad y yo estaba ansioso por acercarme, pero sabía que no podía hacerlo. La cara de tu padre fue… divertida. Como si no decidiera si reír o llorar.
—Oh…
—Luego tu madre, a-jie, me llamó y te puso en mis brazos. Tu padre estaba sosteniendo la mano de tu madre y besándola hasta el hartazgo. Yo no podía dejar de verte. Ya estabas dormido y eras tan pequeño. Los brazos de un asesino cargando a una criatura tan pura.
—Jiujiu…
—Por un momento sentí que no merecía esto, pero fue solo eso… Luego supe que no importaba si lo merecía o no. Cuidaría de tí y tu vida aunque tuviera que matar a mil cultivadores más por ello.
Un carraspeó los distrajo de su íntima conversación. Jin Ling se separó un poco, sin soltarle la mano y le pidió a la criada que se acercara. Ella sirvió entonces una bandeja con licor y algunos aperitivos para probar. También dejó una tetera, hierba y además agua pura. Lan Huan agradeció el servicio y la mujer se despidió cerrando de nuevo las puertas de la habitación. Había pasado el tiempo y no se había escuchado otro grito, pero suponía que en cualquier momento eso podría ocurrir.
Si Lan Huan notó las lágrimas de su sobrino y sus manos tomadas, no lo mencionó. Solo sirvió el licor para ellos, luego el té para él y se sentó en silencio a su lado.
—¿Has estado en un parto, Huan-ge? —preguntó Jin Ling, tras beber un trago.
—Cercano, solo el de A-Song. —Jiang Cheng sintió su sangre enfriarse—. Tu xiao-shushu estaba muy nervioso, así que lo acompañé a un partido weiki, y allí nos demoramos hasta que anunciaron su nacimiento.
Jiang Cheng tuvo que beber todo el trago para no soltar algún comentario hostil. Más bien, quería desviar la atención a otro punto, pero Jin Ling estaba inquieto a su lado, seguramente pensando en lo mismo.
—Pero Tang-er estará bien, Jin Ling, es una mujer fuerte, una cultivadora que se ha desarrollado. Estoy seguro de que no hay nada de qué preocuparse.
—Eso espero… Jiujiu me estaba contando de mi nacimiento.
—Oh, yo quiero escuchar sobre eso.
Allí se demoraron, Jiang Cheng prefirió hablar del nacimiento de Jin Ling aunque abriera viejas heridas, que seguir explorando otros terrenos como lo ocurrido con A-Song. Se sintió un poco mejor tras hablarlo, tras soltar todo lo que recordaba y echar memoria de otros que no había prestado del todo atención. Así otro incienso se consumió y, repentinamente, las puertas fueron abiertas. Apenas Jiang Cheng escuchó la puerta abrirse, el llanto poderoso de un bebé lo sacudió por completo.
Había nacido… estaba bien.
—Felicidades, Jin-zhongzhu —anunció la partera solemnemente—. Ha nacido una niña.
Todo lo que ocurrió tras esa revelación, Jiang Cheng no puede recordarlo bien. Solo memoraba el agarre de Lan Huan, como si fuera a caerse en cualquier momento y el resoplido húmedo de Jin Ling cuando, seguramente, tuvo a su bebé en brazos. El aire estaba cargado de sangre y hierbas, pero Jin Ling entró a la habitación y ellos se quedaron en el borde de la puerta, esperando. Jiang Cheng estaba temblando, estaba tan emocionado y tan asustado. Estaba tan feliz y tan temeroso. Se sentía como aquella vez que Jin Ling nació, pero con la certeza de todas las promesas que Jin Zixuan dijo y no cumplió. No pudo cumplir. No…
—A-Cheng. —La voz de su esposo lo trajo de vuelta a su presente. Lo ancló a la posibilidad del futuro—, Jin Ling tiene a su bebé en brazos. Es una pequeña bola de carne pálida, con los cachetes rojos y tiene una pequeña mata de pelo castaña en su cabeza.
—¿Sus ojos…?
—Están cerrados. Supongo que demoramos en saber de quien los heredó —Después sabría que fue de su abuelo. Yang-er heredó los ojos de su abuelo Zixuan—. Ya Jin Ling pudo acercarse a su esposa. Tang-er está cansada, pero luce feliz. Está tan tranquila recibiendo a su esposo y su hija. Todos en la habitación están felices, pese a todo el cansancio que hay en sus rostros. Es maravilloso.
—Lan Huan…
—Hada está en los pies de la cama de Tang-er, vigilando ansiosa a su nueva ama. Seguro será su compañera número uno. Ha sido tan buena chica, obedeció a Jin Ling y protegió a Tang-er como toda una guerrera.
—Estás endulzandolo todo —soltó, no como un reclamo. Lan Huan sonrió contra su mejilla.
—No, A-Cheng. Estoy viéndolo a través de los ojos del amor. Ha nacido tu primera nieta.
—Nuestra primera nieta.
Jiang Cheng todavía no se acostumbraba a ser abuelo. Cuando Jin Ling dijo, después de la séptima luna llena de Tang-er y su embarazo, que él sería abuelo algo en él se congeló y floreció. Por un lado se sintió indigno, como si le estuviera robando algo que por derecho le pertenecía a A-jie y a Jin Zixuan. Pero luego se prometió que daría todo para ser el mejor abuelo que sea posible, con todas sus limitaciones y falencias, para darle un poco del mucho amor que seguro le hubiera dado los padres de A-Ling.
Tuvo que tragar de nuevo. Realmente ya estaba llorando aunque no pudiera lagrimar. Lan Huan lo sostenía firmemente, tomándolo de sus hombros desde la espalda, para estabilizarlo, pero sin mostrarse demasiados íntimos por el bien del decoro.
Entonces, sintió los pasos acercarse a ellos. Jiang Cheng apretó el aire y su estómago empequeñeció.
—Jiujiu —susurró A-Ling y Jiang Cheng no supo qué hacer con sus manos. Si extenderla o esconderla, si buscar cargarla o solo conformarse con tocarla a través de los brazos de Jin Ling.
La risa ahogada de Jin Ling sonó como la de Jin Zixuan y Jiang Cheng casi desfallece bombardeado por los recuerdos y la esperanza.
—Jiujiu, quiero que conozcas a Yang-er. ¿Puedes cargarla?
—S-sí… —posicionó sus brazos para hacerlo y todo su cuerpo tembló cuando sintió el peso pequeño de la bebé en sus brazos, con las mantas cubriéndola. Sus dedos estaban en caos cuando la sujetaron con dulzura, casi temiendo mancharla con todo lo que estaba mal en él, pero con el sentimiento feroz de defenderla con su vida.
Pronto, la fuerza de una costumbre dormida volvió y Jiang Cheng acomodó perfectamente a la bebé con su izquierda, pegada a su pecho, mientras su derecha se movía para tocar sus manitos, su rostro suave, su mentón y su frente. Lan Huan exhaló como si hubiera perdido el aire.
—Es hermosa, A-Ling. Felicidades a ti y a Tang-er —susurró Lan Huan, con un hilo de voz. Jiang Cheng estuvo seguro de que, de poder llorar, ya hubiera derramado el lago a sus píes.
Los dedos de Lan Huan se unieron a los suyos en la exploración. Empezó a decir que los labios de la bebe eran rosas y sus párpados pequeños y no tenía pestañas aún, pero había una pelusa de pelo en su cabeza, del color del cabello de su madre y Jiang Cheng la amó, la amó desde siempre. La amó. La acercó a sus labios y besó suavemente su frente rogando a los dioses que le diera la oportunidad de disfrutar de sus padres, de sus hermanos, de su vida. Que si querían algo a cambio, él daría su propia vida, sin dudar.
Por favor, por favor, por favor, que A-Ling cumpla todas sus promesas.
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La llegada de Jin Ling crea la revolución habitual, la misma que llegaba con cada una de sus anteriores visitas, desde que era un niño. Todos en la secta se preparaba para recibirlo, preparan sus habitaciones habituales para que yazca con su esposa, preparan los platillos favoritos, limpian todos a los alrededores y esperan ansiosos la llegada de quien ha sido su sol en vida. Y luego del sacrificio los cuidados aumentaron más. Como si todos hubieran llegado a la misma conclusión que Lan Sizhui dijo en las puertas de las habitaciones de la torre Koi: Jin Ling ahora parecía más su hijo.
Como la llegada de Jin Ling y su familia estaba atada al festival en Muelle de loto, después de que llegaran de viaje, se prepararon para salir. Jiang Cheng imagina que las calles están decoradas como antes, con montones de lámparas en las cuerdas, moviéndose al son del viento del lago. Recuerda todas las veces que llevó a Jin Ling cargado, de la mano o tras su espalda cuando era un niño y él gritaba para agarrar todo lo que aparecía en los puestos, chillando por cada decoración, por cada dulce o comida salada que encontraba. Diciendo, esto para xiao-shushu, y esto para nainai Jin, esto para shenshen Su y esto para tang di Song. Sacaba su bolsita de dinero de oro de su cinturón y la ponía en sus manos como si él no pudiera pagar por todo lo que él quisiera. y él, por supuesto, lo complacía.
«Mocoso, ¿te vas a gastar todo el dinero en una sola compra?»
«Mocoso, si te pierdes y te encuentro, ¡voy a partir tus piernas!»
«¿Crees que puedes ir por allí con tu bolsa de dinero a que todo te complazcan?»
A veces, Jin Ling pondría un puchero adorable y haría brillar más sus ojos, como si se hubiera ofendido por sus palabras y él se vería obligado a reconsiderar su tono, a resoplar y ceder. Ahora puede entender que solo estaba siendo manipulado por los ojos preciosos de su hermana en el rostro de un pequeño Jin Zixuan, a los que extrañaba tan ferozmente como amaba a su pequeño sobrino.
Y allí están, caminando entre el mercado decorado, escuchando a decenas de personas presentando sus productos y a la música que recorre el camino. Heian se quedó en el muelle, así que los niños corren entre ellos, gritando y pidiendo más, y saben que Jin Ling no les va a negar nada y ya les dejó bolsitas de dinero para que cada uno compre lo que quiera. Él carga al pequeño XianXian en sus brazos porque se cansó de comer y correr y ahora duerme contra su hombro izquierdo. Su mano derecha reposa con la de Lan Huan, quien camina a su lado.
—¿Dónde están los demás? ¿Yang-er, ChenChen, A-Xu?
—Jiujiu —Y hay un tono exasperado en su sobrino—. A-Xu está durmiendo en brazos de Huang-ge, Yang-er y ChenChen siguen revisando los puestos.
—No le quites los ojos de encima. Pueden perderse, caerse en el muelle o lastimarse si saltan.
—Claro, como si no supiera cuidar a mis propios hijos. ¡Auch! ¡Tang-er! — La risita de su esposa llena el ambiente y por el sonido del abanico, debe estar haciendo ese gesto similar de Nie Huaisang. Desde que supo que era prima de él, muy parecida a su madre, fue inevitable imaginarse una versión femenina y tener escalofríos por ello, aunque Lan Huan insista que es mucho más bonita.
—No seas grosero con tu jiujiu, solo está preocupado.
—¿Y cuántos hijos piensas tener? ¿Acaso hablabas en serio al decir que iba a llenar a toda la torre de tus hijos? ¿Acaso no piensas en la pobre Tang-er?
—¡Voy a tener todos los hijos que quiera! ¡En la torre hay suficientes habitaciones para todos ellos!
Tang-er ríe. Lan Huan aprieta su mano.
—Tang-er, si el idiota de mi waisheng sigue insistiendo y ya no quieres parir, ¡solo dime y le partiré las piernas! ¡Ni siquiera te deja descansar dos años!
—Bueno, digamos que tampoco es que me haya negado mucho —dice con un tono coqueto y el chillido que hace Jin Ling lo enrojece.
—Bueno, está bien, ¡llenen la maldita torre de mocosos! ¡Pero Muelle de loto no tiene tantas habitaciones para todos!
—Ah, A-Cheng, vamos a tener que construir una cama más grande por cómo vamos. En la que tenemos a duras penas cabemos los cinco. —Lan Huan decide comentar y él se sonroja más—. Y todavía falta que XianXian pase el verano aquí.
—Y nuestro nuevo bebé —comentó Tang-er. Jiang Cheng se la puede imaginar acariciando su barriga como lo hacía su hermana, con una sonrisa de ilusión—. Que debe nacer a inicios de Invierno.
—¡Ah! Lan Huan, nada de organizar las sesiones de puertas abiertas durante esa temporada.
—Ya está planificado y organizado —dice firmemente, apretando su mano—. No te preocupes, A-Cheng, estaremos allí para su nacimiento como con todos los demás.
—De hecho, le decía a Ling-er que me gustaría dar a luz aquí. —Tang-er comenta, con el mismo tono coqueto—. Me gustaría un cambio de clima.
—¿Y qué te hace pensar que es buena idea viajar de Lanling Jin hasta acá a parir? —Lan Huan le suelta la mano para pasarla más bien por su cintura y apretarlo contra él. Entiende el gesto: es un controlate, escucha, no te pongas en modo sobreprotector y paranoico de nuevo—. ¿Están seguros?
—Sí —Dice Jin Ling, y su voz tiene la entonación de no estar tan de acuerdo pero ceder a causa de su mujer—. Vendríamos unas semanas antes de la fecha. ¿Tienes algún problema con ello? Así también podemos pasar el año nuevo aquí…
Jiang Cheng lo piensa. Tener una temporada larga con Jin Ling y sus hijos, disfrutar del invierno donde las tareas están cediendo un poco para compartir con su familia, vivir el primer año nuevo en Yunmeng Jiang todos juntos…
—Sí, claro.
—Organizaremos todo para que Muelle de Loto los reciba y celebremos juntos el año nuevo —dice Lan Huan, con esa fluctuación de su voz que suena tan feliz.
—Eso nos complace, muchas gracias, Jiang-zhongzhu, Jiang-xiansheng. —Madam Jin hace una reverencia ante ambos, aunque imagina que no tan inclinada por su barriga.
—Solo piensen en lo de tener más hijos. ¿Ya no es suficiente con los que tienen?
—Oh, es que es difícil contenerse cuando vemos a unos abuelos tan bien parecidos con bebés en brazos. —De nuevo esa risita, de nuevo el abanico, de nuevo imagina a Nie Huaisang moviendo su cabeza de un lado a otro diciendo: no sé, no sé.
—Lo importante es que sean hijos esperados y amados. Así que les deseo toda la prosperidad para que tengan la familia grande que deseen.
Jin Ling resopla. Lo puede imaginar con sus brazos cruzados, rodando los ojos a un lado y moviendo su cabeza como si estuviera cansado de tantas payasadas. Su corazón está tan cálido con cada imagen, mientras el peso de XianXian se remueve contra su pecho y las risa de sus nietos mayores recorren los mercados. Pronto Tang-er se lleva a Jin Ling, diciéndole que tiene antojos de tanghulu y los deja a ambos solos, con dos bebés durmiendo en sus brazos.
Jiang Cheng ahora exhala. El brazo protector de Lan Huan pegándolo a su cuerpo, como si no pretendiera caminar más.
—Sé que estás preocupado por la salud de Tang-er, pero es una cultivadora, entrenada en Meishan Yu e iba a ser la heredera de Qinghe Nie.
—Ese zorro de Nie Huaisang, todavía no me creo que la haya mantenido oculta durante tanto tiempo. Pero eso no importa, Lan Huan, esos partos son la mierda más peligrosa que hay.
—Es una cultivadora, estoy seguro que estará bien. Además está el dinero de los Jins pagando a las mejores matronas y nodrizas y toda la atención de Yunmeng sobre ella.
—Hablando de Nie Huaisang, ¿le enviamos regalo por el nacimiento de su tercer hijo?
—Hace tres semanas, A-Cheng —Ante el sonido suave de la voz de Lan Huan, Jiang Cheng asiente. Se aparta y vuelve a tomarle las manos—. ¿Deberíamos volver a casa para dejar dormir a estos pequeños?
—Me leíste la mente. —Le da un codazo, luego alza su rostro y le sonríe con picardía—. Quizás tengamos medio incienso para los dos a solas.
—Oh… A-Cheng —Lan Huan lo empuja suavemente de la mano para devolver sus pasos del mercado—. Eso me gustaría.
Siente el roce de la punta de la nariz de Lan Huan sobre su mejilla, él lo devuelve con una sonrisa. Un aviso. Jin Ling grita que está bien. Se quedarán con sus hijos mayores que siguen disfrutando del mercado y con su esposa que está queriendo probar de nuevo los dulces. Ellos, agarrados de manos, vuelven a Muelle de loto con sus espadas con ambos pequeños en sus brazos, durmiendo completamente a salvo.
Vuelven a su anhelado hogar.
Y si al volver Jin Ling y Tang-er, los encuentran sonrientes y un poco despeinados, pues, nadie lo comenta.
