Chapter Text
Marzo 19, en la mañana
De la brillante luna llena, la figura del licántropo corría por el bosque prohibido con la total libertad que el metamorfomago podría entregarle.
JiSung no había escogido su figura- si hubiese querido, tal vez habría hecho que sus sentimientos se apoderasen de él e hiciera una criatura capaz de imitar la fuerza y fortaleza que MinHo entregaba como lobo. Sin embargo, antes de poder pensar en algo menos doloroso, JiSung ya se había convertido en un ciervo.
Con astas. Grandes astas que emparejaban su humor.
A modo de juego JiSung lo golpeó con sus astas, y el lobo aulló de entretención. Estaban cerca de entrar a la primavera, y de los árboles floreciendo parecían encandilar un poco la belleza del lobo.
«Mierda —pensó JiSung con molestia, observando al licántropo rasguñar uno de los árboles para sacudir las hojas del árbol—. Él no tiene derecho de ser tierno.»
JiSung, de nuevo con sus astas, empujó la espalda del licántropo para llamar su atención. El lobo se giró para atacar a JiSung, jugando con el gran cuerpo del chico a tal punto de que JiSung traspilló con sus grandes patas antes de caer. Tal parece que eso emocionó al lobo, porque rápidamente empezó a perseguir a JiSung alrededor del bosque.
Llegaron a una laguna donde los centauros tendían a beber y a bañarse, y el lobo cayó en colilla como si su propio cuerpo ardiera. JiSung lo observó desde un lado, intentando recuperar un poco el aire perdido por la carrera empezó a restregar sus astas en la tierra, hasta llegar a observar una particular planta de color blanco que brillaba como diente de león junto a la laguna.
Una vez más, el lobo quiso jugar con JiSung. Una de sus patas agarró la asta de JiSung y, con un pequeño cosquilleo en su cabeza, JiSung vio su asta en la pata del licántropo.
«Ah —pensó JiSung—. ¿Qué?»
La sensación de peligro se apoderó de su cuerpo cuando no pudo ver en su ojo derecho a causa de la espontánea sangre que había brotado desde su cabeza. El lobo no pareció notar la caída de una de sus cornamentas, aunque JiSung tampoco esperaba ese lapsus de raciocinio al estar jugando con ella.
JiSung lanzó un gruñido de terror, sintiendo como poco a poco la asta de su lado izquierdo también se resbalaba por su cabeza hasta caer al suelo. De desespero, las plantas que JiSung estuvo viendo con anterioridad terminaron siendo su refugio, quien se puso a frotar su cabeza con ella para así detener un poco la hemorragia, ignorando por completo sus pensamientos de coherencia y de terror.
«Qué mierda. Qué mierda. Qué mierda. Qué mierda.»
Al notar que su cabeza seguía sangrando, emprendió una carrera rápida alejada del hombre lobo- asustado de que su sangre lo alterara. El aullido del lobo que resonó contra los troncos hizo que perdiera la coordinación cuerpo-mente y, para su mala suerte, su transformación terminara.
Cayó y rodó por el suelo. Al sentarse, posó una de sus manos en su cabeza para ver si la sangre seguía gorgoteando y- yep, ahora era sangre humana la que brotaba su cabeza.
—¡¿Pero qué mierda?! —chilló con horror JiSung.
De nuevo, el aullido de MinHo irrumpió con sus pensamientos.
Al modificar su oído para brindar uno con mejor audición, JiSung empezó con su transformación. Podía sentir tanto su latir como la palpitación del lobo aproximarse a él, asustando a JiSung cada vez más.
Cerca. Cerca. Cerca.
El lobo pudo apreciar la finalización de la transformación de JiSung en un gran perro gigante cuando lo atacó. La fuerte mordida se ocupó en el hombro del perro, pero este peleó de vuelta. Era la sangre de humano que le estaba volviendo loco.
«Cálmate. Cálmate. Cálmate», pidió JiSung mientras su perro se movía bruscamente para que el lobo lo soltara. Sabía que, si algo le llegaba a pasar a JiSung, MinHo jamás se lo perdonaría.
Con gracia el lobo lo hizo finalmente- soltándolo bruscamente que hizo al gran perro chocar con uno de los troncos y caer. El lobo aulló una vez más con más fuerza, y se rascó su oreja antes de emprender una carrera hacia el lado opuesto de JiSung.
«Ugh, esto dejará marca.»
JiSung se reincorporó con cuidado, y se sacudió. Pudo presumir que la sangre seguía saliendo de su cabeza por la fatiga que sintió como también la deshidratación y, con cuidado, empezó a trotar hacia donde MinHo se perdió.
Corrió con suerte al notar que las estrellas poco a poco desaparecían por la costa, lo que significaba que el amanecer estaba cerca. JiSung aumentó su velocidad hasta alcanzar al lobo, chocando bruscamente con su espalda y alentándolo a que lo siguiera hacia los limítrofes entre el Bosque Prohibido y los terrenos baldíos de Hogwarts, para regresar así al Sauce Boxeador.
Cuando notaron la forma del castillo y del sauce asomarse entre los troncos del bosque, el lobo cayó a bruces en el suelo para comenzar con su transformación.
—Te tengo —JiSung se aproximó rápidamente a MinHo para levantarlo por los brazos y hacer que rodearan sus hombros para arrastrarlo hacia el sauce. Sin embargo, MinHo lanzó un grito de dolor.
Lo sabía. Las heridas del lobo acompañaban a MinHo, y JiSung pudo ver sus omóplatos ensangrentados y los antebrazos temblando por las mordeduras que se había hecho. JiSung se sentía culpable por verlo en ese estado, haciendo que su cabello tomara un rosa pálido.
—Sigues sangrando —murmuró MinHo, antes de tomar aire—. Yo- acaso- ¿Yo…?
—No, no lo hiciste —negó rápidamente JiSung—. Fue…, algo caótico.
Cerca del Sauce, JiSung colectó su varita e inmovilizó sus ramas para poder entrar por el pasillo hacia la Casa de Los Gritos. En la segunda planta, JiSung ubicó a MinHo sobre el colchón roto y lo tapó con la sucia manta que se encontraba ahí, transformándose rápidamente en un pequeño ratón justo a tiempo para cuando Madame Pomfrey entró.
—Oh, hay demasiada sangre… —observó Madame Pomfrey—. ¿Por qué te hiciste tanto daño, cariño?
JiSung vio a la mujer sacar su varita y empezar a encantar los omóplatos y brazos adoloridos de MinHo. El fuerte nudo en su estómago se hizo presente, prefiriendo largarse de la casa para regresar al castillo.
Volvió a su dormitorio rápidamente, produciendo que JiSung se fatigara por la pérdida de sangre. Siguió corriendo como ratón por los pasillos del castillo y, en el hueco del viejo barril que indicaba la entrada a la sala común de Hufflepuff, JiSung se escabulló hacia el pasillo de los dormitorios de los estudiantes de quinto año.
Entró disimuladamente al dormitorio. Desde su pequeña estatura, JiSung podía asumir que sus amigos seguían dormidos al ser las seis de la mañana, por lo que intentó encaminarse con lentitud hacia el baño para poder solucionar su hemorragia.
No esperó que la lechuza pequeña de HyunJin: Kkami, apareciera con intenciones de atacarlo.
—¡Ah!, ¡Por la santa mierda! —gritó, transformándose en humano.
Sentado en el tapete amarillo, JiSung observó tanto a Felix sentado en su cama como a HyunJin saliendo del baño, ambos notoriamente asombrados por la repentina aparición de JiSung.
Pasaron cinco segundos en total silencio antes de que JiSung se sintiera desfallecer.
—Oh, no. —Rápidamente, HyunJin se aproximó hacia él para tomarlo de los brazos y levantarlo. —¡Ni se te ocurra morirte ahora!
HyunJin lo arrastró sin cuidado hacia el baño, mientras que Felix los seguía deprisa. Dejaron a JiSung en la bañera y, sin consideración alguna, lo empaparon entero con el fin de limpiar su rostro y hombros de sangre. Se detuvieron un momento, al no ver reacción por parte de JiSung; Felix tomó la cabeza del chico para revisar y, bufando de decepción, notó que había dos pequeños orificios en su cráneo que sangraban.
JiSung, por su parte, solamente sentía que su cuerpo se iba más, y más, y más…
¡SPLASH!, un nuevo chorro de agua: esta vez directamente a sus fosas nasales.
—Pudiste matarlo —regañó Felix.
—¿Pero se murió?
Entre tosidos, JiSung se tocó su cabeza hasta visualizar que la sangre seguía ahí. Solamente pudo suspirar con cansancio.
—Creo que necesito ayuda —expresó JiSung.
Tal pareciendo que ninguno de los dos chicos sabía cómo empezar con el tema, HyunJin se hincó junto a JiSung mientras que Felix tapaba la cabeza de JiSung con una toalla.
—Mira —sin delicadeza, HyunJin lo zarandeó—. Si no fuera porque SeungMin nos hizo un meticuloso método de estudio, ni siquiera nos habríamos dado cuenta. ¡¿Dónde demonios te fuiste?!
—Fui a las cocinas —respondió JiSung.
—¿Te llevamos donde Madame Pomfrey? —preguntó Felix, preocupado. El chico se levantó para salir—. Iré con ella y-
—¡No! —exclamó JiSung repentinamente, cambiando su color de pelo a un rubio cenizo—. ¡No!, ¡Yo estoy bien!, ¡En serio!
—Estás humanamente verde —apuntó HyunJin—. ¿Por qué demonios te sangra la cabeza?, ¿Dónde estuviste?
—Estuve…, estuve…
El mundo de JiSung seguía girando a su alrededor, fatigado. En su cabeza ni siquiera podía formar una excusa clara de lo sucedido, por lo que, en temor, terminó por transformarse en algo sutil.
El enorme ciervo que había perdido los cuernos.
—¡Carajo, JiSung! —gritaron ambos.
El baño era demasiado pequeño para un gran ciervo, pasando a llevar con el trasero los productos para el cabello y con su cabeza la cortina, haciendo que se enredara en su cabeza.
Entonces, Felix lo resolvió.
—¡Las cornamentas!
—¿Qué tiene que ver los cuernos? —cuestionó HyunJin, mirando a Felix—. O sea- sí, a JiSung le pusieron los cuernos, pero eso no es razón para que se le caigan-
—Idiota —Felix abofeteó su brazo—. Lo aprendí en Beastars: el personaje del ciervo rojo perdía los cuernos cerca de la primavera porque…, uh…, porque entraba en pubertad.
Con un simple contacto visual entre ellos y en el ciervo rojo, HyunJin y Felix estallaron en risas.
«Oh, lindo —pensó JiSung, intentando recostarse sobre sus patas en el pequeño baño—. Resulta que mi ciervo es puberto.»
Tuvieron que pasar otros tres minutos completos antes de que Felix y HyunJin pudieran calmarse. JiSung, cerrando sus ojos y apoyando su cabeza en los azulejos de las paredes del baño, esperó pacientemente a que ellos se callaran; sentía cómo poco a poco recuperaba la cordura y el ánimo, aunque seguía sangrando.
—Ya…, hombre —secándose una lágrima, HyunJin palmeó el lomo de JiSung—. Ahora en serio, ¿De dónde vienes y por qué tienes tu cabeza sangrando?
—¿Crees que pueda comunicarse como ciervo? —preguntó Felix, emocionado—. Nunca lo he visto hablar en su forma animal.
—Oh, tienes razón- ¿JiSung?, ¿Puedes comunicarte?
Sin embargo, él no contestó. Con lentitud, su propio cuerpo comenzó adaptarse hasta uno más humano, sintiendo los efectos colaterales de haberse transformado en distintos animales y de distintos tamaños en un lapsus muy corto de tiempo.
Eso hizo que JiSung vomitara en la ducha.
—¡Iugh! —chillaron los dos, tapándose los ojos.
JiSung ni siquiera quería formular algo. La noche había sido larga, los acontecimientos fueron demasiados, y JiSung sentía que ya nada valía la pena.
¿Por qué seguía acompañando a MinHo, durante cada luna llena, cuando él ya dejó en claro que no buscaba más allá que una agradable amistad con JiSung?
De nuevo, HyunJin encendió la rociadora de la ducha para empapar a JiSung, mientras que Felix corría hacia el dormitorio para buscarle un cambio de ropa a JiSung con Kkami sobrevolando su cabeza.
—Solamente fui a la cocina. —Apenas JiSung podía formular su mentira, desnudando primero la parte de debajo de su cuerpo. HyunJin, quien era para nada pudoroso, ni siquiera se giró; ayudó a JiSung a levantarse de la ducha y a cerrar el pantalón de buzo negro que reemplazaba el uniforme escolar. —Estaba jugando con los elfos y…, y mis cuernos se cayeron.
—¿Por qué demonios estabas en la cocina tan temprano? —preguntó, sin creerle.
—Estrés de los TIMOs.
HyunJin no despegó la mirada en JiSung, haciéndolo sentir un poco tímido; sabía que HyunJin podía leerlo con facilidad y que aquel era una mentira, pero el cabello negro del chico que delataba su agotamiento fue suficiente para que él dejara de insistir.
Empero, no fue suficiente. Cuando JiSung se sacó la parte superior de su prenda, tanto HyunJin como Felix jadearon de la impresión.
—¡Por la santa mierda! —chillaron.
JiSung, sin entender, intentó girarse para ver lo que sus dos amigos veían; Felix lo posicionó temerosamente frente el espejo, donde dos pequeñas puntitas con unas gotas de sangre estaban en su omóplato, mientras que, en sus costillas derechas, el rasguño de tres garras parecían ser un corte limpio y sin brotes de sangre.
«Oh.»
—¿Y esto? —Felix siguió sacudiéndolo sin cuidado. —HyunJin, hay que llevarlo con Madame Pomfrey. Tú lo cargas de los pies y yo veré en el mapa si es que hay alguien-
—Oigan, oiga, oigan, oigan —atajó JiSung a sus dos amigos que, convencidos, intentaron guiar a JiSung fuera del baño—. En serio no se preocupen- creo que esto debe ser efecto de todas las transformaciones que tuve esta mañana. Prometo que estoy bien.
—No lo estás —denunció Felix—. Leí tus cartas el lunes, ¿Lo recuerdas?, decían que estabas teniendo no solo algo entre manos, sino que eso te pasaría la cuenta. ¡Dinos ya qué sucede y por qué te escabulliste de la habitación!
—Realmente no es nada serio. —Empero, JiSung sintió una gota de vacile correr por sus venas al notar las heridas que MinHo le dejó en su cuerpo. «No entres en pánico. No entres en pánico. No entres en pánico…». —Por qué…, ¿Por qué no me dejan echar una meada y vamos a tomar desayuno?, me voy a morir de la fatiga.
—JiSung —HyunJin lo tomó de los hombros—, estás raro. ¿Esto tiene que ver con MinHo?
—¿Por qué creen que todo mi mundo gira en torno a MinHo?
—Porque lo hace —contestaron los otros dos sincronizadamente.
Bueno…, en parte era verdad, tanto en la realidad como de la forma que HyunJin y Felix eludían. JiSung no les dejaría ganar.
—Yo…, yo superé a MinHo —contestó JiSung, haciendo un solemne movimiento de manos para darle énfasis a sus palabras—. Ya no pienso más en MinHo. No he hablado con él ni nos hemos visto. Creo que esta es la parte de maduración que todo el mundo necesita.
HyunJin y Felix alzaron su mirada hacia el cabello de JiSung: la mezcla de la dolencia del gris y de la tristeza del azul hizo que los dos chicos no les creyera ni una palabra.
Pero JiSung estaba cansado. Sus ojos de súplica fueron suficiente para que los otros chicos dejaran de insistir y, por un momento, dejar a JiSung solo en el baño.
«Finalmente…, paz…»
Su cuerpo no lo reconocía, y así fue tras verse en el espejo. Las manchas amorfas de tintas que Seo ChangBin le había lanzado en febrero seguían sin irse y sin intenciones de querer hacerlo próximamente, pero eso ya no era llamativo para el resto de sus compañeros. Estaba igual de enfermo y delgado a causa del estrés por los TIMOs, y su llamativo cabello había perdido todas las propiedades mágicas que lo hacía encantador; ahora era solo un montón de paja con colorante.
Con cuidado, JiSung estiró su brazo derecho sobre su cabeza para ver las heridas que tenía. Eran solo rasguños de la garra lobezna de MinHo que ni siquiera había sacado sangre, pero los dos puntos de los colmillos en su omóplato le preocupaban. Le preguntaría al profesor Callaghan respecto a eso.
Notó que las heridas de su cabeza sanaron finalmente, por lo que se lavó toda la sangre que quedaba en su cabello y terminó por vestirse. Lo único bueno de ese día es que era sábado, pero la cantidad de deberes y estudios que tenían lo hacía casi imposible para disfrutar.
En especial cuando los cuatro chicos tenían una meta en común:
Vacaciones de primavera.
SeungMin, enfermo de los nervios, había dicho que la mejor forma de poder estudiar con intensidad para los TIMOs era tener un premio al final del camino, y como las vacaciones de verano seguían siendo un sueño muy lejano para ellos, propuso la meta de poder estar al día con todas sus asignaturas para así disfrutar de unas merecedoras vacaciones de primavera.
Era avaricia, la mayor parte del tiempo, pero una gran meta.
Al salir del dormitorio, los tres chicos rezaron para poder encontrarse con el desayuno servido en el Gran Comedor, aunque en verdad, más allá de las mesas vacías, varios estudiantes tanto de quinto como de séptimo año se encontraban estudiando.
Obviamente que SeungMin estaba presente en la mesa de Ravenclaw.
—¿Por qué JiSung parece un ciervo anémico? —cuestionó SeungMin sin apartar la vista de su libro de encantamientos.
—Porque es un ciervo anémico —respondió HyunJin, recostándose sobre la mesa. Felix y JiSung dejaron sincronizadamente sus cosas sobre la mesa antes de imitar a HyunJin.
—¿Me contarán o prefieren que me quede con la duda?
—Quédate con la duda —contestaron los otros tres.
SeungMin solamente le entregó una mirada de soslayo a JiSung antes de seguir con su estudio.
Sin ánimos de existir, JiSung decidió dormitar mientras sus otros tres amigos se dedicaban a estudiar. JiSung intentó manifestar algún tipo de buenos pensamientos para que el sueño los acompañara, pero los pequeños fragmentos proyectados de su inconsciente terminaron mostrando una pesadilla en donde MinHo versión hombre lobo lo comía vivo.
El problema no es que fuera una pesadilla de MinHo. El problema es que tenía tres rasguños en su costilla derecha.
El grito de un estudiante de primer año lo hizo saltar en sí mismo, viendo como el Gran Comedor se había llenado, SeungMin le estaba enseñando un encantamiento a un estudiante de segundo, y HyunJin despidiéndose porque tenía entrenamiento de Quidditch.
Miró hacia la mesa de los docentes, al frente del Gran Comedor: algunos se encontraban desayunando, mientras otros cuchicheaban respecto a la última edición de El Profeta. El profesor Dumbledore se encontraba mirando a todos los estudiantes con su clásico semblante de tranquilidad y orgullo que hacía a JiSung presentir admiración.
Y en una esquina, comiendo una ensalada de frutas, el profesor Callaghan se encontraba con normalidad mientras leía un libro.
—Regreso enseguida… —anunció JiSung—. Iré donde el profesor Callaghan.
Por supuesto que Felix estaba más concentrado en la lectura del manual de Adivinación y SeungMin en su enseñanza que ninguno se percató en JiSung levantándose para caminar hacia el profesor.
—Profesor Callaghan… —llamó JiSung con voz gangosa—. Necesito un favor.
—¿Algo particular de su condición, o su pasatiempo es buscarme un sábado en la mañana? —preguntó, humorista.
A JiSung le agradaba el profesor Callaghan. Era un viejo sabio que impartía Defensa Contra las Artes Oscuras, y consideraba increíble la capacidad que ese hombre tenía para controlar sus emociones para no ser manifestadas en su cabello (tal como JiSung).
Recordó la primera vez que lo conoció- el día en que le llegó su carta a Hogwarts. El profesor Callaghan había ido a buscarlo a la casa de su madrina para poder informarle la noticia, y de que ya no debería de esconder más su cabello.
Eso había emocionado mucho al JiSung de once años; fue de esperarse que, junto a tutorías de enseñanza, JiSung sintiera algún tipo de aprecio hacia él.
—Estaba leyendo para mi clase de Cuidado de Criaturas Mágicas y me surgió una duda —comenzó JiSung. «Vaya, me merezco un premio por mi gran habilidad para mentir»—. Si un… uh- licántropo, rasguña o ataca a alguno de nosotros…, ¿Qué nos pasa?
El profesor Callaghan alzó sutilmente su mirada de su libro, viéndolo bajo las gafas de medio cristal activando su complicidad.
—¿Preguntas si un metamorfomago puede verse infectado por el virus licántropo? —preguntó el hombre. JiSung asintió—. No lo sé, Han, ¿Qué crees?
—No toda mordedura del hombre lobo inyecta la enfermedad, pero sí puede dejar cicatrices a causa de la mutilación… —contestó JiSung como si estuviese en las clases del maestro—. Entonces…
—¿Su duda?
—Si un hombre lobo nos rasguña, ¿Tendremos su cicatriz?
Divertidamente, el profesor Callaghan sonrió. —¿Se metió en una pelea con un hombre lobo, Han?
—Eh-
—Escuché que hay uno por los terrenos baldíos de Hogwarts. —Sin embargo, con su expresivo rostro, este cambió de semblante a uno de total seriedad. —No has estado buscando peleas con los hombres lobos, ¿Cierto?, porque ellos son muy peligrosos.
—Sí, lo sé…
—Y que, a pesar de que puedas transformar tu cuerpo completo, aún corres peligro en exponerte a su enfermedad. Por ende, no debes estar cerca de ellos.
Una vez más, JiSung asintió. Pareció que su cabello tornándose negro le entregó la viabilidad suficiente al profesor que, colocándose recto mientras sonreía, volvió a mirar su libro. —Que bien que me entiendas, Han. Ya me había asustado- ¿Sabes?, preguntar eso después de una luna llena.
—Estamos llenos de coincidencias… —pudo murmurar el estudiante, antes de inclinarse y alejarse de la mesa de docentes.
Al ver la mesa de Hufflepuff, vio a SeungMin y a Felix levantándose de sus asientos con intenciones de ir hacia alguna parte. JiSung se les unió enseguida, omitiendo por completo las respuestas a las preguntas que los dos chicos hicieron.
Felix, como era un buen chismoso, le contó lo sucedido a SeungMin esa mañana. SeungMin, por su parte, ni siquiera parecía sorprendido de lo caótico de la situación.
Empero, todos quedaron en el silencio. JiSung no sabía si agradecía que sus amigos no cuestionaran por qué estaba vagando en las madrugadas por Hogwarts, o temer porque sus amigos lo eran por algo.
«No pienses en esto —se recriminó enseguida JiSung, al notar la corriente eléctrica de su cabeza que permitió que su cabello se tornara amarillo fuera visto por sus amigos—. Ya tienes por más cosas que preocuparte que por el secreto de MinHo: los TIMOs, las vacaciones de primavera, aún intentar conseguir el maldito libro de Quidditch de las tenebrosas manos del Diablo Rojo de Gryffindor...»
JiSung tenía una vida ocupada.
Una vida tan ocupada que, para un sábado en el cual estaba castigado con no salir a Hogsmeade, lo único que JiSung pudo maquinear en su cabeza era el ver la forma en la que el hombre lobo se atacaba tras oler la sangre humana que JiSung había emanado.
«Mierda.»
Para la hora de almuerzo, JiSung se escabulló. HyunJin seguía en entrenamientos, y SeungMin había desafiado a Felix a una ronda de ajedrez. JiSung encontró ese momento el perfecto para excusarse con intentar conseguir el libro milenario de Quidditch para escabullirse por los pasillos y llegar a la torre del hospital, primer piso.
—¡Ah!, ¡Han! —saludó Madame Pomfrey cuando JiSung entró a la enfermería. Ella se encontraba atendiendo a un estudiante de segundo año que estaba quejándose mientras se afirmaba su brazo. Madame Pomfrey, sin mucho cuidado, reacomodó el brazo con un pulcro movimiento de manos. —¿Qué te trae por acá?, ¿De nuevo generaste cosas pegajosas en tu cuerpo?, ¿O se te volvió a salir una costilla?
—De hecho, buscaba a MinHo… —murmuró JiSung bajo los llantos del chico que le habían reacomodado el brazo.
Madame Pomfrey, mirándolo de pies a cabeza, emitió un sonido afirmativo antes de apuntar hacia el final del ala del hospital, cubierto por una suave sábana blanca que usualmente separaba a MinHo de los demás enfermos.
JiSung lo sabía. Él había estado varias veces en ese lugar después de la luna llena solo para saber cómo se encontraba MinHo.
«Ridículo.»
Sin cuidado, él cruzó la cortina. JiSung se maldijo a sí mismo cuando su cabello negro de cansado cambió bruscamente a un tono amarillento chillón para manifestar su preocupación.
MinHo, tendido de lado, abrió los ojos bruscamente al sentir la cortina correrse. JiSung se mordió el labio al notar cómo los antebrazos del chico estaban con vendajes.
—Hola… —saludó MinHo con suavidad—. ¿Qué hora es?, ¿Qué…?
—Solo vine a ver si estabas vivo —contestó, pasando una mano por su propio cabello para intentar volver al negro natural, pero no, su cabello no parecía querer colaborar, en especial cuando el color jugó con el amarillo y con un rosa pálido de culpa—. Y…, uh, a pedirte perdón.
MinHo intentó incorporarse, y JiSung se forzó en no socorrerlo. Los brazos de MinHo temblaron a la presión, pero terminó por apoyar su espalda en el barandal de la camilla. —No entiendo…, ¿Qué pasó?
—Yo estaba de ciervo anoche, y se me cayeron los cuernos —contó con pena. No supo si fue por su tono al hablar o por los colores de su pelo, pero MinHo presionó sus labios para no soltar una risa—. No es gracioso.
—Tienes razón —intentó calmarse.
—Me confundí y me convertí en humano porque estaba asustado, y…, y tu lobo olió mi sangre —siguió contando—. Perdón. Fue desconsiderado haber hecho eso cerca de ti.
La gracia se fue por completo del pálido rostro de MinHo, que, asustado, miró de pies a cabeza a JiSung. —¿Estás seguro?, ¿No te hice daño?, ¿Cómo te cambiaste de forma en la mitad de la noche?, ¿Por qué sigues vivo?, oh- ¿No te mordí?, recuerdo que apareció un perro- ¿Eras el perro?
—Por supuesto que era el perro —dijo con obviedad—. ¿Quién más se escabullaría todas las lunas llenas para estar contigo?
No era la circunstancia para estar dolido, pero el pelo de JiSung se tornó en un total gris. MinHo, por supuesto, no esperó aquel tipo de respuesta voraz para su estado, quien pestañeó confundido un par de veces antes de poder aclarar su mente.
—Tienes razón… —coincidió con suavidad MinHo, desviando la mirada hacia sus brazos—. ¿Quién más si no tú?
JiSung no sabía si lo que decía MinHo era parte de su actuar de Slytherin, pero él no pudo tomarlo de mejor forma. Su cabello seguía estando gris, y MinHo no lo miraba. JiSung no podía tomarlo en serio.
—Entonces… —palmeando sus manos en su buzo, JiSung habló de nuevo—. Creo que me retiro.
Un pequeño rastro de JiSung quiso que MinHo le dijera que esperara junto con algún tipo de información relevante para ambos- algo que pudiese solucionar la tensión que había nacido en ambos en San Valentín.
Sin embargo, MinHo no lo llamó, y JiSung siguió maldiciéndose a sí mismo cuando una parte de él lo excuso. MinHo no lo llamó porque estaba cansado de su luna llena y herido, no queriendo lidiar con cosas tan burdas como esas. MinHo no lo llamó porque, para la realidad de las cosas, él no estaba interesado en JiSung.
«Bueno, nadie se muere de amor —intentó alzar sus ánimos mientras salía de la enfermería—. Vamos por ese libro.»
