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Be my bf

Summary:

donde Oscar es un programador, Franco es un modelo en ascenso, y ambos viven juntos, enamorados del otro, sin confesarse hasta que Oscar empieza un proyecto: confesarse vía un programa

Notes:

esto originalmente es un mini au de Twitter! por si quieren el extra de los tweets pueden leerlo acá Be my bf.
los POVs van cambiando

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

¿Cómo habían terminado viviendo juntos?

Era algo que de vez en cuando se preguntaba, especialmente cuando el castaño se quedaba hasta altas horas de la noche con él, cebándole mates, sacándole charla, no parando ni un segundo incluso cuando empezaba a cabecear medio dormido y a bostezar.

Él había encontrado un departamento que se ajustaba a sus necesidades pero, cuando el alquiler empezó a subir, no le quedo de otra que buscar un compañero para dividir los costos, una cosa llevó a la otra, una recomendación de un amigo de un amigo después, y Franco terminó por quedarse con el puesto.

Era simple, una transacción, él necesitaba que lo ayuden a pagar y Franco necesitaba un departamento, era un beneficio mutuo.

Hasta que en algún punto dejo de serlo.

De a poco habían empezado a acercarse, a juntarse y orbitar alrededor del otro sin darse cuenta, tardes en las que pensaba que trabajar en el living con su laptop era mejor que en su pieza porque, por alguna razón, se concentraba mejor y no se ponía de malhumor tan rápido mientras que el argentino estaba dando vueltas, preparándose algo en la cocina o mirando la tele.

Fin de semanas donde el menor religiosamente le contaba lo que estaba pasando en la serie que estaba viendo después de que él mismo cometió el ‘error’ de preguntarle de qué se trataba y mostrarse al parecer lo suficientemente interesado para ahora tener reportes semanales.

Pequeñas iniciativas entre los dos terminaron por crear rutinas aunque la más conocida y usada hasta ahora era: desvelarse juntos en el living.

Él trabajaba en sus programas, Franco intentaba aprenderse las líneas de su nuevo guión.

Había veces donde el argentino ni siquiera traía algo para leer, simplemente se sentaba en frente de él con su equipo de mate y empezaba a hablar, a reírse de sus propias boludeces, a preguntar cosas de la nada, llenaba el silencio de una forma natural mientras que él abría su boca de vez en cuando para aportar algo y, entre descansos, pausaba su trabajo para mirarlo discretamente por encima de su laptop.

De vez en cuando, ya sea a causa de la hora o su propio cansancio, pensaba que, realmente no le importaría estar con un código que le de error veinte mil veces siempre y cuando pueda mantener al castaño en frente suyo, sonriéndole y hablándole de cualquier cosa que se le ocurra hasta que el sol empiece a asomarse por el balcón.

“Si seguís sin activar, otro te lo va a robar.”

Palabras que había escuchado más de una vez viniendo de Lando, quien no tardó en darse cuenta de los sentimientos que habían empezado a florecer dentro de él incluso cuando todavía no se había dado cuenta.

En parte tenía razón, su compañero de piso además de a veces agarrar papeles secundarios o de extra en publicidades y series también era modelo, sinceramente él no sabía mucho de esos mundos pero, si le era permitido tener una opinión a pesar de su falta de conocimiento, Franco estaba hecho para grandes cosas, muy probablemente el éxito iba a golpear en su puerta y si no era hoy, quizá mañana, pasado, en unas semanas pero lo iba a hacer, tenía cierta certeza de que iba a pasar.

Muy a su pesar Lando tenía razón, de por sí era un milagro que todavía este soltero.

. . .

El proyecto, tenía que apurarse con eso, con mucha suerte y concentración quizás podía llegar a terminarlo para hoy, en algún momento de la madrugada.

— ¿Te toca trabajar hasta tarde de vuelta? —Si Franco notó la forma en la que se sobresalto un poco al escucharlo, no comentó sobre ello y siguió comiendo lo que vendría siendo la cena que pidieron, pizza, porque ninguno de los dos tenía ganas de cocinar ni de bajar a comprar al supermercado de al lado.

Técnicamente, si todo iba bien con su proyecto, este sería el último día en el que tendría que desvelarse, al menos por un tiempo hasta que se llene de laburo de vuelta. Si bien todavía tenía algunos trabajos que no había terminado, podía hacerlo en el transcurso de estos días sin necesidad de quedarse hasta tarde.

Primero aclaro su garganta, después se estiró para agarrar la botella de Coca Cola y así servir lo que quedaba de esta en ambos vasos, hizo su mejor esfuerzo en ser equitativo aunque al final terminó dándole un poco de más al argentino.— Desgraciadamente sí, igual creo que es mi última noche de desvelo, por lo menos por unas semanas o meses con suerte.

Acto seguido tomó un trago de su vaso y se dispuso a comer de vuelta fallando en notar la forma en que a Franco se le borró la sonrisa.

( . . . )

— Oscar, ya te dije que no importa de dónde son, lo importante es que están ricos, ¿o no?

Hace más de una hora que estaban disfrutando los churros, Oscar había prendido su laptop pero después no volvió a tocarla por la simple razón de que no quería migas, dulce de leche ni azúcar en su teclado, había dicho algo sobre que si se le rompía la computadora se tiraba del balcón como mínimo.

— Sí pero necesito entender cómo– —Bien que esas dudas no lo detuvieron de ir por el tercer churro, hace más de una hora estaban disfrutando la comida y hace más de una hora Franco estaba siendo cuestionado sobre la procedencia de esta.

— Algunas cosas no tiene explicación, qué se le va a hacer, es como la luz mala y todo eso. —La realidad es que Franco estaba tirando cualquiera con tal de que el otro deje de insistir mientras se hacía el distraído con su celular, scrolleando en Twitter y tomando su mate tranquilo.

— Franco, son churros. —Pero como siempre Oscar quería respuestas, quería entender las cosas que no tenían sentido, cuando algo le parecía ridículo no lo podía dejar pasar.

Y la verdad era bastante lindo cuando se ponía de ese modo, siempre terminaba frunciendo su ceño y frustrándose o tirando alguna broma sarcástica, como cuando se enseñaba con alguna de las lagunas argumentales de las series que Franco le contaba que estaba viendo, aunque justo ahora Oscar no estaba siendo para nada lindo.

— Bueno, me los llevo si tanto los desprecias.

— No, no, no, quédate, ya dejo de preguntar.

Pillo, fue lo que el argentino pensó mientras sonreía victorioso para sí mismo y volvía a sentarse, vio de reojo como Oscar se comía un churro más, después como se limpiaba las manos y boca con una servilleta y por fin se ponía a trabajar.

(. . . )

Los primeros minutos siempre pasaban de forma silenciosa, cada uno enfocándose en lo suyo, sin molestarse ni distraerse, únicamente compartiendo el espacio y la comida. Lo único que se podía escuchar era el sonido que hacía el teclado de Oscar y el de la bombilla de Franco cada vez que tomaba su mate.

Y normalmente todo seguiría así de tranquilo hasta que Oscar comience a dar signos de frustración o cansancio donde era claro que necesitaba ser distraído con algo, ahí era cuando Franco entraba con sus boludeces y le sacaba al australiano una sonrisa, una risa o, en el mejor de los casos, una charla, haciendo que se despegue de la pantalla por un momento.

Pero esta noche no era como otras, era la última en mucho tiempo o por lo menos así lo sentía Franco y, a pesar de que iban a seguir viviendo en el mismo departamento, encontrar excusas para pasar más de dos horas juntos iba a ser complicado teniendo en cuenta los horarios cambiantes que tenían ambos por sus trabajos y el tiempo que debían dedicarle a estos si querían llegar a fin de mes.

Por lo tanto Franco tenía que ponerse las pilas y aprovechar cada minuto que pasaba para acercarse más, para sacarle más sonrisas y risas al otro, y así embotellar cada una para recordarlas. Okay, capaz estaba siendo un poco bastante dramático, Oscar iba a seguir siendo su compañero de departamento, iban a seguir compartiendo comidas juntos, charlas al pasar, de vez en cuando bajar al supermercado juntos.

Franco iba a seguir viendo esos ojos avellana todos los días, ese cabello desordenado de recién levantado, iba a seguir recibiendo los pequeños gestos que Oscar le dejaba en la mesa cuando no podía estar en el departamento para felicitarlo por una publicidad o un papel que le salió bien y en cambio le dejaba algún alfajor junto a una nota y otros caramelos.

Iban a seguir compartiendo espacio, iban a seguir hablando pero, ¿por qué se sentía cómo si esta fuese su última oportunidad para hacer algo? Quizá era por la rutina a la que se había acostumbrado, aunque tranquilamente podía agarrar papeles que lo hagan quedarse hasta tarde y pedirle a Oscar que lo acompañe pero.—Franco, hace media hora me estas mirando.

Oscar ni siquiera alzó la vista cuando soltó eso, es más el australiano siguió enfocado en su laptop y tecleando de forma rápida y concisa. La cabeza de Franco de repente era un caos intentando buscar una excusa mientras que cierto calor subía por sus mejillas, desesperado lo único que pudo decir fue un simple.— Y bueno, me aburro, ¿vos en qué estas trabajando? ¿puedo ver?

. . .

Silencio, una reacción bastante extraña y que Franco para nada esperaba teniendo en cuenta que, siempre que preguntaba, el australiano le sonreía cansado y, sin necesidad de hablar, daba vuelta la laptop para que pueda ver esas líneas infinitas de palabras y números que para él no significaban nada.

Afortunadamente, su confusión y extrañeza fue bastante notable porque, apenas sus miradas se encontraron, Oscar aclaró su garganta, se relamió los labios y soltó su defensa.— Fran, te juro que seguro te vas a aburrir más si ves esto… pero, eh, ¿no me querés contar Violetta de vuelta? ¿o 100 días para enamorarse? ¿algo de lo que andas viendo mientras?

Normalmente, al recibir tal invitación, haría caso a esta y en el apartamento que compartían empezaría a sintonizar la radio Franco Colapinto pero había algo raro en la forma en que Oscar estaba evitando mirarlo a los ojos.— ¿No me podes mostrar cómo va quedando? Tipo, que el programa procese lo que tenés hasta ahora.

— No. —Okay, Oscar lo había rechazado demasiado rápido lo cual solo lo hacía más sospechoso, por lo tanto Franco apoyó sus manos en la mesa listo para levantarse y rodear esta para chusmear pero antes de que pueda hacerlo escuchó un.— Es confidencial, por eso no te puedo mostrar, perdón.

. . .

Oscar Jack Piastri, australiano mentiroso, Franco no llevaba la cuenta pero seguro que habían sido miles los acuerdos de confidencialidad que el mayor rompió simplemente para mostrarle cómo iba quedando algo, en un intento de buscar aprobación para finalmente poder permitirse descansar.

Pero bueno, lentamente volvió a acomodarse en su lugar, por el momento lo iba a dejar pasar, si Oscar no le quería decir en qué estaba trabajando que no lo haga entonces.

De todas formas en algún momento el australiano iba a tener que ir al baño o a buscar algo.

( . . . )

Escribir, borrar, escribir, borrar.

Pasaban las horas y seguía repitiendo el mismo proceso, nada le convencía y tener a la persona que le gustaba en frente… la verdad todavía no sabía si le estaba ayudando o no, por un lado lo ponía nervioso pero por el otro también lo inspiraba.

Alzó ligeramente su vista para poder mirarlo por encima de su laptop, Franco estaba con su celular concentrado en un juego, justo en ese mismo momento pudo observar como este fruncía su ceño y chasqueaba su lengua pero aún así seguía jugando.

Los rulos que Franco poseía estaban desordenados, apuntando para cualquier lado, parecían casi un nido, probablemente gracias al mini descanso que se había tomado después de cenar a pesar de que varias veces le había insistido que siga de largo y que duerma, que no había necesidad de acompañarlo y desvelarse cuando no tenía que aprenderse un guión o algo referente a su trabajo.

Aprovechando que estaba distraído para verlo mejor uno pensaría que un modelo, lejos de las cámaras y del maquillaje que tenía que ponerse, se vería más natural y simple, y técnicamente Franco dominaba ese estilo por lo cómodo que se veía en el departamento sin necesidad de ocultarse o pretender.

Lo había visto con ojeras, lagañas, granos que de la noche a la mañana le habían salido y por los cuales había entrado en pánico, andando somnoliento por el departamento hasta el baño aún con baba en su mentón, desmayado en el sillón cuando estaba demasiado cansado para cambiarse y dormir en su habitación, aplicándose manteca de cacao cuando tenía los labios resecos.

Había notado los gestos que este hacía cuando no le gustaba algo, cuando estaba frustrado, emocionado e incluso había logrado descubrir una o dos formas de notar cuándo mentía. La costumbre que a veces tenía con hacer un ligero puchero cuando negaba con su cabeza o el piquito que mayormente tiraba cuando tenía que posar para alguna foto.

En estos meses conviviendo había visto un sin fin de facetas en el otro y lo había encontrado encantador en cada una de ellas, la cotidianidad del día a día, extrañamente, no se sentía repetitiva al lado del argentino quien siempre estaba empujándolo y convenciéndolo de intentar cosas nuevas.

Pensar que si se confesaba y se volvían pareja, pensar en que algún día el amor se desgaste y terminen por tomar caminos diferentes, era bastante apresurado pensar en el principio del fin sin haber disfrutado el desarrollo que hubo antes.

Sabía que estaba viendo todo esto desde el punto de vista analítico de su trabajo, como si fuese un programa que debía tener un principio y un final para funcionar bien, y darle un final significaba terminarlo pero él no quería eso, prefería que las líneas con códigos que capturaban cada instancia de su relación se sigan formando de manera infinita.— Oscar, voy a hacer café, ¿vos querés que te haga algo?

Parpadeó un par de veces en un intento de enfocar su vista en el castaño quien estaba parado esperando una respuesta.— Ah, sí dale, gracias. —Fue lo único que pudo decir a la par que asentía y su mirada bajaba nuevamente a la pantalla de su laptop, eran las cinco de la mañana, cada línea estaba perfectamente ordenada, había empezado el programa por lo menos cinco veces para asegurarse que andaba bien y que no haya ningún error inesperado, ahora solo le faltaba el texto, su confesión.

Escribir, borrar, escribir, borrar.

Un suspiro escapó por sus labios en un intento de hacer que su frustración se vaya, volvió a alzar su vista de nuevo y observó como Franco simplemente existía dentro del departamento, moviéndose por la cocina, preparando las tazas, una con café y otra con chocolatada. De vez en cuando podía ver el perfil de su rostro, su espalda, en cierto punto pudo ver cómo se estiraba alzando sus brazos hacía arriba y bostezaba para después frotar sus ojos en un intento para despabilarse.

Había sido tan simple y aún así de alguna forma lograba llenar su corazón con un cariño inexplicable, las comisuras de sus labios dibujaron una sonrisa en su rostro mientras seguía viéndolo por unos segundos más hasta que Franco al parecer lo notó y sus miradas se encontraron una vez más, el argentino simplemente sonrió mientras se apoyaba en el desayunador que separaba la cocina del living, alzó una de sus manos en forma de saludo.— ¿Venís por acá seguido, lindo? Siento que te conozco de algún lado. —Y eso solo dejaba saber que habían entrado en la hora de delirio donde Franco soltaba chamuyos boludos.

Aguanto sus ganas de rodear sus ojos y, a pesar de todo, decidió seguirle el juego al argentino mientras sus manos comenzaron a moverse sobre su teclado.— A ver qué vas a usar hoy, déjame adivinar, ¿nos conocimos en la escuela? ¿o en la facultad? ¿en el super? ¿o capaz un verano en la playa de Cariló? —Todas esas ya habían sido usadas pero Franco siempre saltaba con algo nuevo o lo modificaba lo suficiente para sorprenderlo de alguna manera.

— No, no, no y no, vos te me haces conocido de otra parte, lo tengo en la punta de la lengua. —Escuchó como los pasos de Franco se acercaban y una taza con chocolatada era dejada a su lado.— ¿No te acordás? Te hiciste pasar por mi novio en esa cafetería de mala muerte para que me dejen usar el baño de solo clientes, vos ya estabas en la fila y yo solo quería limpiar mi remera que estaba sucia.

Pausa, alzó su vista una vez más para tirarle una mirada inquisitiva al menor.— ¿…Ese no es el comienzo de la película que vimos el otro día? ¿‘Con todos menos contigo’? —La única respuesta que tuvo fue ver como el castaño se encogió de hombros y ocultó su clara sonrisa detrás de la taza con café que sostenía.

— Oscar, no te puedo creer… ¿le vendiste nuestra historia a Netflix? ¿sin consultarme? Estoy bastante seguro que te puedo denunciar por eso.

— Fran, no creo que funcione así…

(. . .)

— Entonces, después de dar tantas vueltas y andar boludeando con que si sí o si no, Amy y Jake se ponen de novios de esa forma. —Normalmente Franco conseguiría un simple ‘hum’ por parte de Oscar como indicación de que lo estaba escuchando mientras seguía trabajando pero esta vez el australiano detuvo sus movimientos sobre el teclado y alzó su vista para mirarlo directo a los ojos.

— ¿Es por eso que ante la mínima cosa decías que no quedaba otra y que teníamos que pretender ser novios o estar casados? —Automáticamente, como si fuera por inercia, Franco bajó su vista hacia el café que sostenía por unos segundos y soltó una risa que pretendía sonar ligera y natural, totalmente normal.

— Bien que dijiste que sí a ese kilo de helado con descuento de pareja por San Valentín. —Volviendo a la batalla con su confianza nuevamente reparada Franco alzó su vista, una sonrisa victoriosa dibujada en sus labios como si ya hubiese ganado la discusión con solo ese argumento.

Por el otro lado Oscar alzó una de sus cejas luciendo de cierta manera incrédulo ante esta información, mala señal, muy mala señal.— Dije que sí porque vos querías helado y las cucharitas con forma de corazón que daban. —Y para hacer las cosas peor, como si no fuera suficiente ya, Oscar inclinó su cabeza ligeramente para un lado, observándolo en silencio por unos largos y torturosos segundos.— Vos sabías que cuando te pones nervioso miras para abajo, ¿no?

Oscar Jack Piastri, australiano mentiroso y ahora además chamuyador, haciéndose siempre el que no sabe chamuyar y después va y tira de la nada eso para luego volver a ponerse a trabajar como si no hubiese pasado nada. Aunque bueno, Franco podía defenderse con el hecho de que eran las seis de la mañana, los rayos del sol estaban empezando a entrar por el balcón, estaba demasiado cansado como para poder pensar en un contraataque mientras que el australiano estaba más activo que nunca, tecleando con suma rapidez y sin siquiera parpadear.

Franco ya veía venir lo que iba a pasar, ni bien Oscar termine su trabajo iba a desmayarse del cansancio y dormir hasta las cinco de la tarde. Por esta razón el argentino decidió levantarse e ir directo al sillón para empezar a acomodar los almohadones para la caída inminente del australiano aunque, mientras lo hacía, su mente volvió a recordarle de ese momento al principio de la madrugada.

— Oscar.

— ¿Hm?

— ¿Vos sabías que sos muy malo mintiendo? —Ni siquiera tuvo que mirar atrás para saber que el australiano había parado de teclear, la falta de ese sonido constante fue prueba suficiente para darse cuenta, tenía su atención, bien, ahora tenía que ir por todo o nada.— ¿…Por qué no querés que vea–?

— Fran. —Raro, muy raro de parte de Oscar el interrumpirlo en medio de una oración, por esto mismo se dio la vuelta y se sentó en el sillón cruzado de brazos esperando a que siga hablando. Que bronca, la espalda de Oscar tapaba fácilmente la laptop por lo que no pudo chusmear a ver qué fueron esos últimos clicks.— Perdón, antes de que termines, ¿podés sentarte y ver algo? —Observó como el australiano desconectaba el cargador de su laptop y tomaba esta en sus manos para después levantarse y darse vuelta, una ligera sorpresa se notó en su rostro al ver que ya estaba sentado pero bueno, con algunos movimientos incómodos e inseguros, Oscar dejó la laptop en su regazo y se sentó al lado de él.— Decíme qué pensas.

En la pantalla de la laptop se mostraba una consola de videojuegos gris, el fondo era de color lila con pequeños pixeles que se movían, Oscar a su costado le explicó breve y sencillamente lo que tenía que tocar para avanzar, sin pensar mucho iba a empezar a hacerlo pero, antes de que eso sea posible, su mano fue agarrada.

— Pará, eh, ¿podes cambiarte de lugar? Es que no quiero ver. —El contraataque normal ante esto sería, si no querés ver, entonces voltea la cara y no veas, pero Oscar se veía bastante tenso y nervioso por lo que decidió hacer caso. La posición por la que optó fue apoyar su espalda en el apoyabrazos, subir sus piernas al sillón, cruzarlas y dejar la laptop ahí.

Ahora, más cómodo y siguiendo las instrucciones de Oscar, se dispuso a avanzar en este ‘juego’, mismo que al toque lo sorprendió con un pequeño bichito verde saltando en la pantalla con una burbuja de exclamación junto a una ventana de texto, inmediatamente se dio cuenta de que su nombre completo estaba escrito ahí, involuntariamente su corazón dio un brinco y sintió como el calor volvía a subir a sus mejillas, no podía ser que esto fuese… eso aunque al mismo tiempo tenía todo el sentido del mundo conociendo a Oscar.

En total silencio leyó cada texto que le aparecía, si bien intentó mantener una expresión neutral al principio a veces le era imposible no sonreír ya sea por las palabras que le eran dedicadas, los recuerdos que le venían a la mente al leerlas o el pequeño bichito con su burbujita que cambiaba. Dios, la sonrisa de boludo que debía tener en la cara, por las dudas prefirió no mirar a Oscar, sentía que si lo hacía iba a quedar en evidencia lo tonto y contento que se veía.

Un puchero involuntário se formo en sus labios al notar que no había más ventanas, que ahí terminaba la experiencia, había sido corta pero bastante linda igual, demasiado, tanto que, mientras intentaba controlar el caos interior que sentía, decidió extender la tortura por unos segundos más y aclarar su garganta, alzar su vista y fingir una expresión neutra.— Oscar, pregunta, ¿por qué están en la misma ventana el ‘pedirte que seas mi novio’ y ‘Dios, esto es una boludez’?

Lo que se encontró al mirar al frente fue un australiano rojo, literalmente, era normal verlo tornarse de ese color por cualquier cosa pero la imagen en frente suyo ya era otro extremo, cuando sus ojos se encontraron hasta parecía un gato asustado y acorralado. Después de unos intentos fallidos en encontrar su voz, Oscar finalmente habló de forma baja, casi como si fuera un murmullo.— Es porque me apuraste, se suponía que iba a ser más largo…

Luchar contra las ganas de sonreír era bastante difícil pero logró controlarse lo suficiente para poder devolverle al australiano la mirada incrédula de hace unos minutos junto a una ceja alzada copiando totalmente la expresión que había tenido.— Ah, ¿es mi culpa ahora?

Nunca en su vida había visto a Oscar abrir sus ojos tan grandes en puro pánico, además de negar con su cabeza sumó el movimiento de sus manos y finalizó agregando.— No, no, no–

Y eso fue lo que quebró su acto, una risa demasiado alta para la hora que era escapó de sus labios, parte de ella era felicidad mientras que la otra era puros nervios, pudo notar el evidente desconcierto del australiano lo cual solo hizo que riera más, sentía como retumbaba su corazón contra su pecho, como el calor se expandía por todo su rostro y nuca.— Te estoy jodiendo, Dios, obvio que quiero ser tu novio, si no me lo pedías vos iba a hacerlo yo aunque no hoy… quizás en la semana o algo, no sé, pero–

Mientras limpiaba las pequeñas lágrimas que se habían acumulado en sus ojos ya sea por la risa, la felicidad o la estimulación de tantas emociones a la vez pudo ver como el cuerpo del otro se relajaba al instante, como soltaba una risa cansada, totalmente derrotado, pero contento a la vez, también pudo notar como se tambaleó para un lado lo cual hizo que se ponga en alerta al instante, la caída inminente.

Afortunadamente fue rápido en agarrar la laptop y levantarla de su relación porque, inmediatamente después, Oscar cayó para adelante, claramente el cansancio, y probablemente el estrés, lo habían bajado de golpe, la cabeza del australiano se encontraba descansando en su regazo ahora, batallando con mantener sus ojos abiertos.— Gracias, que bueno que… dijiste que sí.

. . .

— ¿Oscar? —Con sumo cuidado dejó la laptop en el suelo y, suavemente, tomó el hombro del mayor y lo movió.— ¿Piastri? —Esta vez lo movió más fuerte, nada, con su otra mano decidió quitarle el pelo que estaba tapándole los ojos y, efectivamente, se había desmayado, la caída inminente.— La puta madre cómo puede ser que te duermas tan rápido, qué hago yo ahora con esto.

Notes:

espero que les haya gustado y que no hayan sido muy confusos los POVs!
este es el programa (carrd) que hice para este fic Be my bf card.
por si lo quieren leer