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Era una noche tranquila, perfecta para compartir una feliz noticia con amigos, Lizel estimaba mucho a los jóvenes que en este mundo le brindaban su amistad, así que deseaba compartir esta dicha con ellos por ese motivo los invitó a un restaurante para poder conversar. Gil no estuvo muy de acuerdo en hacer esta reunión al principio, pero nunca podía negarle nada a él, más si hacía esa mirada que parecía rogarle sin palabras, era inevitable no ser susceptible a su encanto natural.
—Tenemos una noticia importante que darles. —Advertía un muy sonriente Lizel, un claro contraste a los gestos serios de quienes estaban sentados frente a él en esa mesa del restaurante que habían reservado esa noche. Ese “tenemos” mientras Gil lo miraba de reojo en señal de complicidad no les hacía mucha gracia, tal vez sus sospechas sobre un romance entre ellos se aclararía finalmente, lo que les molestaba porque creían que nadie merecía el amor del dulce Lizel.
—Ya diles de una vez, esta tensión es molesta. —Le pedía Gil al formarse un muy incómodo silencio mientras Lizel bebía despreocupado un sorbo de su jugo de frutas, parecía que para su propio entretenimiento extendía a propósito esta tensión.
—Entonces, deberías decirlo tú.
—Acordamos que tú lo harías, además esta reunión fue idea tuya.
Era la discusión de la pareja ante la mirada expectante de los tres que aguardaban la noticia, que al notar su interacción podrían asegurar que era algo con respecto a su vida amorosa, y no sabían si estaban preparados para ello.
—Si, si, solo digan que tienen una relación. —Con mala cara Eleven decía al verlos, era el más cercano a ellos y había notado su peculiar interacción las últimas semanas, a pesar de que ellos eran bastante reservados al respecto. Lizel les dedicó otra cálida sonrisa a los tres al ver su evidente mal humor y las miradas siniestras que le dedicaban a Gil, quien con su seriedad característica pretendía ignorarlos.
—Supongo que fuimos un poco evidentes, es cierto que Gil y yo tenemos una relación del tipo romántica, pero esa no es la noticia que queremos darles.
—Entonces, ¿se van a casar? —Murmuró casi inentendible Stud mientras apretaba los dientes por el enojo.
—No está en nuestros planes todavía, pero tal vez lo hagamos en algún momento. —Respondió tranquilamente Lizel— En realidad es que tendré un bebé, y por supuesto Gil es el papá.
El silencio incómodo de antes adquiría una vibra un poco más siniestra, aún así Lizel no dejaba de sonreír emocionado, aun cuando no entendía cómo su cuerpo pudo concebir una pequeña vida, solo pensar que estaba dentro suyo creciendo le hacía feliz. Tomando la mano de Gil, entrelazaba los dedos a los suyos, mostrando a esos rostros molestos que este bebé fue hecho con amor, aunque Gil no expresara sus emociones tan abiertamente, estaba muy seguro de sus sentimientos.
— ¿Te atreviste a tocarlo? —Cuestionó Stud directamente a Gil con una furia que trataba de contener.
—Claro que sí, ¿cómo crees que se hacen los bebés?
—Bu-bueno tiene sentido… —Titubeante Judge acotaba, sonrojándose más al no poder evitar pensar en ellos en una situación comprometedora, sacudiendo la cabeza quería apartar esa imagen de su mente, aún si era el acto natural de dos personas al consumar su amor, era indecente pensarlo.
—Bueno, suele pasar en el desliz de una noche —Tratando de convencerse de que la pureza de Lizel no había sido toda arrebatada, decía Eleven con un ligero rubor en sus mejillas.
—Fueron algunas noches y días también.
—Oye, acordamos no hablar sobre los detalles de nuestra intimidad.
—Lo siento, pero es necesario aclarar que este bebé no fue un accidente.
— Entonces, ¿lo planearon? —Cuestionó Eleven un poco receloso, la pareja negó con un ligero movimiento de cabeza, realmente no era un embarazo planeado por el simple hecho de que ni siquiera sabían que había esa posibilidad.
—Queremos pensar que es una bonita sorpresa de la vida, no un accidente que supone un desastre.
Era el comentario animado de Lizel con una sonrisa, Gil solo daba un suspiro por su tan despreocupada forma de ser, siempre parecía tener la mejor respuesta para todo, incluso para este tipo de situaciones. Lizel notando su esquiva mirada le dedicaba ahora una sonrisa solo para él, no podía negar lo muy enamorado que estaba de ese hombre de estoica presencia, que en su relación podía ser más cálido de lo que aparentaba su frívola personalidad.
—Sé que no debería aclarar esto ante ustedes, pero cuidaré bien a Lizel y a nuestro bebé, si eso los tranquiliza.
Se animaba finalmente a aclarar Gil, más con el afán de darle tranquilidad a Lizel que a ellos, lo que funcionó porque el embarazado ante sus palabras se sonrojaba sutilmente por la alegría del compromiso que el padre de su bebé asumía frente a los demás. Los tres solían no ponerse de acuerdo en muchas cosas, pero parecían esa noche acordar fácilmente entre sí, por lo que tomaron esas palabras de Gil como una forma de presumir que le había hecho un bebé a un inocente Lizel, así que esa aclaración sólo aumentó su enojo contra él.
— ¿No van a felicitarme por mi bebé? Pensé que se pondrían felices por mí, desde la mañana que nos enteramos moría de ganas de contarles.
Con un gesto afligido Lizel hablaba, los tres al ver lo que provocaron se sintieron mal por su egoísta reacción, por dejarse llevar de su celos y no corresponder con la misma alegría que él mostró al dar la noticia. Suponían que si estaba así de feliz por su bebé, era porque fue concebido junto a quien amaba, se veía profundamente enamorado por su sonrisa al mantener sus manos entrelazadas. Resignados y no teniendo más opción decidieron dar su apoyo en esta que consideraban una nueva e importante etapa de su vida. Los tres al unísono le brindaron una sincera felicitación, fijando su mirada solo en Lizel, ignorando por completo la presencia del otro padre, a quien tampoco le importaba su inmadura reacción.
—Espero que el bebé se parezca mucho a ti. —Comentó Eleven ilusionado al imaginar un pequeño muy parecido a su padre, los demás al pensarlo también podían visualizarlo en su mente y esbozaban una sutil sonrisa, el mundo definitivamente necesitaba un pequeño Lizel.
—Yo quisiera que se pareciera a Gil, sobre todo por su hermoso cabello negro, imaginen que si el bebé hereda el color de mis ojos combinaría perfectamente, ¿no creen?
Los tres al verlo tan emocionado hablando de su bebé asintieron la cabeza con recelo porque no aceptaban que ese bebé se pareciera a su otro padre, que aunque atractivo a simple vista, no podía superar la belleza encantadora de Lizel. A pesar de que Gil era el padre de ese bebé, se sentía excluido de la charla animada del embarazo por esos tres, que parecían haber acordado ignorarlo, así que fue un alivio el despedirse de ellos minutos después cuando avanzó la noche.
—Eso fue muy incómodo. —Hablaba Gil caminando junto al feliz embarazado que no dejaba de acariciarse el vientre, parecía todavía no asimilar la idea de que un bebé crecía en la calidez de sus entrañas.
—Con el tiempo tendrán que aceptar que eres el padre de este bebé y te darán tu lugar.
—No necesito su aprobación, si tengo la tuya.
—Claro que si, tienes mucho más que mi aprobación, tienes todo de mi —Agarrándose de su brazo caminaba animado por esa calle iluminada por la luz de la luna que parecía brillar en todo su esplendor, sin duda era la noche perfecta, esto le hizo recordar aquella madrugada en que estuvieron juntos por primera vez, cuando entre besos cargados de deseo sus cuerpos se fundieron en este lazo de amor, un recuerdo muy vívido que teñía sus mejillas en un sutil rubor.
Gil de reojo notando su gesto podía intuir lo que pensaba, probablemente ninguno de sus admiradores imaginarían que tras esa aparente dulzura, Lizel era alguien bastante ardiente en la intimidad, información que tampoco pretendía revelar porque era mejor conservarla y disfrutarla solo para sí mismo. Mirándolo de reojo se daba cuenta de la conexión tan profunda que tenían, lo que nunca había sentido por nadie, Lizel se había convertido en su todo, mejor amigo, cómplice, amante y ahora quien le daría un hijo, serían una familia. Era una noche especial en que las emociones de forma discreta se desbordaban al terminar el día con esta maravillosa noticia, llegando a la posada se dirigían a sus respectivas habitaciones, una cerca de la otra, así frente a la puerta de la habitación de Lizel se despedían con un sutil beso en los labios.
— ¿Estás bien? —Cuestionó Gil al sentir el peso de su cuerpo recargarse al suyo.
—Me siento un poco mareado.
— ¿Y no te estabas jactando hace unos minutos de que no tenías malestares de embarazo?
—Bueno, entenderás que no quiero verme vulnerable frente a los demás.
— ¿Y conmigo sí?
—Por supuesto, solo tú conoces todas mis debilidades. —Diciendo aquello le dedicaba una traviesa sonrisa a la vez que enredaba sus brazos a su cintura. Un abrazo que Gil jamás rechazaría, así que entendiendo sus intenciones correspondía.
—Si solo quieres que pase la noche contigo, dilo… No tienes que fingir que te mareas.
—Vaya, me descubriste.
—Fue muy obvio. —Con una sutil sonrisa decía mientras Lizel abría la puerta de la habitación para seguir su charla dentro de ella.
—Es que alguien debe dar la iniciativa… Y no quiero parecer muy desesperado diciendo directamente que pases la noche conmigo.
—Lo dices como si yo nunca diera la iniciativa.
—Bueno, pero de las cincuenta y dos veces que hemos estado juntos yo soy quien más he dado el primer paso.
—No creí que era una competencia, digo, ¿realmente has contado las veces que hemos tenido sexo? —Un poco incómodo murmuró, tampoco le sorprendía su aclaración al saber lo meticuloso que era con algunas cosas. Notando su sonrisa junto a un sutil movimiento de cabeza afirmaba su duda, había contado cada una de las veces que tuvieron intimidad.
—Tendrás que igualar mi cifra a partir de ahora.
— ¿Qué clase de manipulación perversa es esa? Además si yo no doy la iniciativa muchas veces es porque no quiero presionarte.
— ¿Intentas decir que te presiono? —Cuestionó con fingida seriedad al sentarse en la cama, sintiendo que Gil empezaba a quitarle los zapatos y medias, como todo un caballero atento.
—Para nada, ¿y por qué discutimos por tonterías?
—Pensé que solo charlábamos, después de todo no te conviene discutir conmigo porque siempre sales perdiendo.
—Qué arrogante —Susurró cerca de sus labios al recostarlo en la cama— Eso es porque te dejo pensar que ganaste.
— ¿En serio?
En un susurro respondía en medio de esta coqueta y algo absurda charla, mirándose fijamente aumentaban la muy agradable tensión entre ellos, a la vez que sus alientos rozaban de forma erótica al provocarse, Lizel sentía estremecerse con el tacto firme de sus caricias, no podía evitarlo, era en extremo débil a su encanto seductor. Esa noche una calidez diferente desprendían entre sí, ambos estaban ilusionados por este bebé fruto de su efusivo amor que era expresado de diferentes formas.
Lizel jamás imaginó que su aventura en un mundo distinto al suyo tomaría este giro inesperado, pero era consciente que el destino era travieso y esta vez había hecho una jugada a su favor, conocer a Gil era lo mejor que pudo pasarle en la vida, aún si tuvo que caer en otro mundo para hallarlo. Sin embargo, cuanto más grande era su dicha, mayor era el temor de desaparecer de manera repentina tal como llegó a este mundo, un miedo compartido y podía notarlo en la mirada de Gil justo ahora.
—No iré a ningún lado, no voy a dejarte— Bastante seguro afirmaba Lizel con una sonrisa al notar algo de tristeza reflejarse inconscientemente en sus ojos, con el nivel que su relación había alcanzado le era muy fácil discernir sus emociones a través de su mirada.
—No sé de qué hablas…
—Bueno, solo quería aclararlo, por si acaso.
Susurró sobre sus labios y sin poder resistirlo más los unieron en un apasionado beso, sensación similar a aquel primer beso que se regalaron hace casi cuatro meses, el que desató toda esta locura, Lizel estremecido sentía sus firmes caricias, dejándose consentir en medio de su excitación le permitía tocar lo que él quisiera de su cuerpo, era suyo. No era momento de dejarse abrumar por pensamientos deprimentes de un futuro incierto, era una noche para celebrar la vida y lo harían a su manera, así el calor de sus cuerpos aumentaba con el pasar de los segundos.
—Quítame la ropa… —Jadeante Lizel rogaba a su oído, una vez que sus labios humedecidos se separaron, sabía que ordenarle este tipo de cosas calentaba aún más a Gil, su indecencia correspondía a la suya ya que ambos disfrutaban del roce de sus pieles desnudas en la intimidad— ¿Qué pasa?
Cuestionó al notar la duda en su gesto ante su sugerente petición, usualmente obedecía sin dudar el desnudar su cuerpo, sospechaba lo que pasaba, pero amaba fastidiarlo un poco a veces. — ¿Está bien que hagamos esto ahora? No quiero lastimar al bebé.
—El médico dijo que podemos mantener nuestra actividad sexual normal.
—Ni me recuerdes lo vergonzoso que fue que preguntaras de ese asunto primero.
—Es un asunto importante. —Con una pícara sonrisa decía, Gil podía intuir que solo preguntó aquello al médico para avergonzarlo y lo consiguió— Solo tendrás que bajar un poco tu intensidad a partir de ahora.
—Eso depende de tí.
— ¿En serio? Si es así, trataré de no provocarte demasiado.
Entre sonrisas hablaban antes de regalarse un nuevo beso, ambos amaban provocarse, pero ciertamente tendrían más cuidado en la intimidad, porque ninguno quería lastimar a su bebé. Besos y caricias mutuas los satisfacían mientras se quitaban la ropa en esta entrega especial, minutos después los gemidos de Lizel eran bastante perceptibles en la silenciosa noche, así que procuraba besar a Gil para callar los lascivos sonidos que de su boca se escapaban. Por su parte, Gil encima suyo y acomodado entre sus piernas con cada embestida trataba de mantener el autocontrol para no imponer toda su fuerza en este frenético vaivén de caderas, era difícil contenerse cuando el interior de Lizel ardía de esta manera.
— ¿Te duele? —Cuestionó al ver como los ojos de Lizel se llenaron de lágrimas, pues no era de los que lloraban por más placer que sintiera, así que se preocupó al pensar que a pesar de contenerse lo había lastimado de alguna forma.
—No, es solo que… —Murmuró tímidamente aún cuando estaba en una posición bastante comprometedora, ya que sentía la imponente virilidad de Gil palpitando en sus entrañas a punto de eyacular— Te amo tanto.
Una sincera declaración de amor que hizo estremecer a Gil, que creyéndose incapaz de responder de la misma manera, expresaba este amor besando sus labios y embistiéndolo con mayor intensidad, con un gruñido bañaba su interior con su semen, provocando así un orgasmo que consumía a ambos al instante. Temblando por este placer que recorría sus cuerpos jadeaban satisfechos, entre besos su respirar agitado se mezclaba, Lizel se aferraba a su cuerpo sin pretender soltarlo todavía, quería sentirlo dentro suyo lo más posible, cuánto amaba esta sensación de poseer todo de él.
— ¿Lo dijiste a propósito? —Gil reprochaba esas palabras de amor en medio de su delirio.
—No… Realmente lo siento así, aunque sé lo que te provoca cuando digo que te amo de esa manera… Es que pude notar que estabas un poco tenso.
—No lo estaba, solo trataba de no ser tan rudo.
—No debes preocuparte así, si me duele te lo diré —Le pedía sobre sus labios mientras los rozaba entre palabras, sin pretender dejarlo salir de su interior, lo mantenía obscenamente ligado a su estremecido cuerpo en un abrazo— Sígueme complaciendo como me gusta.
Lizel con una traviesa sonrisa pedía mientras sentía como su miembro se endurecía de nuevo dentro suyo, con un fogoso beso darían rienda suelta a otra entrega, dejandose llevar por la fuerza de este sentimiento compartido. Pocas horas avanzaron y la fresca mañana los sorprendía abrazados en la cama después de una celebración intensa, Lizel sintiendo la calidez de su regazo se acomodaba para seguir durmiendo, abriendo un poco los ojos notaba lo despierto que él estaba, no le sorprendía que estuviera contemplando embelesado su gesto al dormir.
—Tengo hambre… —Susurró Lizel justificando como el vergonzoso sonido de su estómago al rugir interrumpía el idílico momento de darse los buenos días con un cariñoso beso.
—Voy a darme un baño, tú deberías hacer lo mismo para bajar a desayunar.
— ...Deberíamos bañarnos juntos.
—Está bien, iré a buscar ropa limpia en mi habitación —Decía Gil con un bostezo mientras se disponía a ponerse algo de ropa para cruzar el pasillo hasta su habitación.
—Es absurdo que sigamos alquilando dos habitaciones cuando solo usamos una.
—Ya que lo mencionas, deberíamos pensar en alquilar una casa en las afueras para tener mayor privacidad.
—Ah, pero la señora aquí es tan amable y sé que me ayudará mucho con el embarazo. —Con una forzada sonrisa respondía a su sugerencia, la verdad era que no sabía si estaba listo para aceptar este tipo de compromiso, el despojarse de su último rastro de independencia al vivir juntos— Creo que podemos seguir pagando dos habitaciones.
Una sonrisa en los labios de Gil se dibujaron al percibir su cambio de opinión, tal vez todavía ninguno de los dos estaban listos para dar el siguiente paso en su relación, aún cuando había el compromiso de tener juntos un bebé. A media mañana se veía a la pareja encontrarse con Eleven en las instalaciones del gremio donde buscarían una misión que realizar ese día.
—Haremos esta misión, Stud-kun… ¡Buenos días! —Con la amabilidad de siempre Lizel le saludaba entregando su solicitud, este lo miró fijamente y después miró a Gil.
—No debería trabajar en su estado.
—No te preocupes, un embarazo no es una enfermedad, me siento muy bien… Además el trabajo duro lo harán estos dos, ¿verdad?
—Como siempre —Murmuró Gil con seriedad, no necesitaba que alguien más le recordara que debía procurar el bienestar de quienes más amaba en el mundo, sabía lo que hacía y poner límites al inquieto embarazado. Por otra parte, pensaba en la admirable capacidad de Lizel de no mostrar alguna vulnerabilidad frente a los demás, porque aún cuando aseguró estar muy bien, antes de llegar al gremio en un callejón vomitaba parte del desayuno que con tanto ánimo había comido antes. Sin embargo, si él quería mostrar ese tipo de rudeza frente a los demás y ser vulnerable solo con él, respetaría su decisión para su propia satisfacción.
Unas semanas transcurrieron y el vientre de Lizel se abultaba más, evidenciando lo sano que estaba creciendo el bebé, los ilusionados padres primerizos disfrutaban de esta etapa en sus vidas, pero su alegría se veía opacada por los rumores que se esparcieron en la ciudad sobre un hombre embarazado, un hecho bastante inusual que podía acaparar la atención de gente malintencionada. Por ese motivo ambos decidieron mudarse a una residencia fuera de la ciudad, demasiado cómoda para unos simples aventureros, Gil no estaba muy de acuerdo con la decisión de mudarse allí, pero Lizel estaba emocionado por pasar el resto de su embarazo en ese lugar, así que como siempre terminó cediendo.
—No debimos aceptar… —Murmuró malhumorado Gil cuando arreglaban sus pocas pertenencias en la habitación que usarían como suya en esa residencia.
—Ray-san tiene las mejores intenciones, hubiera sido descortés rechazar su insistente propuesta de que cuidáramos esta modesta propiedad suya.
—Para colmo nos va a pagar por vivir aquí.
—Gil, mi querido Gil, no seas celoso, solo tengo ojos para ti. —Cariñoso con una sonrisa afirmaba al notar su gesto malhumorado por aceptar la propuesta de ese aristócrata molesto, que aún sabiendo de su embarazo no parecía dejar de mostrar especial interés en él.
—Eso lo sé, pero él no parece saberlo.
—Tal vez se niega a aceptarlo…
—Oye, y tú no deberías darle falsas esperanzas.
A Lizel le parecía adorable sus celos, Gil usualmente no se inquietaba por las personas que quedaban fascinadas por su encantadora presencia, pero las últimas semanas parecía enojarse por las atenciones que recibía de sus cercanos, sospechaba que por el embarazo su semblante era diferente y parecía engatusarlos más. Los días que faltaban para que el bebé naciera eran pocos, el embarazado disfrutaba de los cambios propios de su estado mientras los detallaba en un diario, no quería olvidar nada.
— ¿Qué libro es ese? —Cuestionó Gil entrando a la habitación y viendo como Lizel sentado al respaldo de la cama leía en voz alta uno de sus libros, acercándose acomodaba la cabeza en sus piernas mientras se recostaba, quedando su rostro cerca del abultado vientre.
—Un libro de filosofía antigua.
—Debe ser aburrido para el bebé.
—No lo creo, está tranquilo.
—Porque se durmió de lo aburrido que es, ¿no hay cuentos infantiles o algo así?
—Debo darle variedad de lectura al bebé, mi padre decía que me leía diferentes libros también cuando estaba en el vientre de mi madre, y por eso nací tan brillante.
—Si tú lo dices.
—No dudes de mis palabras. —Sonriente decía al oír su tono burlón, parecía estar de buen ánimo— ¿Cómo estuvo tu día?
Cuestionó dejando el libro a un lado para acariciar su suave cabellera negra, al estar a punto de traer vida al mundo decidió dejar su trabajo como aventurero, de todas formas estaba viviendo una mayor aventura con este embarazo, así que Gil mantenía el trabajo por ambos mientras él en casa descansaba leyendo libros. Gil empezó contando cuán sencillas estuvieron sus misiones del día, después de todo debía rendir los informes correspondientes al líder del grupo, entonces la charla fue interrumpida por una fuerte patada del bebé, que parecía estirar la piel del vientre de Lizel que no dejaba de sonreír por la impetuosa e insolente reacción de su hijo al oír la voz de su padre.
—Vaya, sin duda heredó tus reflejos. —Emocionado comentaba al sentir a su vigoroso bebé moverse, ya podía imaginar lo listo y fuerte que sería, heredando lo mejor de sus dos padres.
—Falta una semana para que nazca, ¿te sientes nervioso? —Era la pregunta de Gil acariciando su vientre mientras disimulaba la emoción que provocaba percibir sus leves movimientos.
—Creo que es normal sentirse un poco nervioso cuando hay una intervención quirúrgica de por medio, nunca se sabe cómo reaccionará un cuerpo al final.
—Todo saldrá bien, te atiendes en uno de los mejores hospitales del país.
—Y el médico que me atiende es muy amable también.
—Todos son amables contigo. —Con fingida seriedad decía, era consciente del “efecto Lizel” en quienes apenas lo conocían, resignado pensaba que él mismo era uno que cayó en su encanto en mayor proporción— Mira nomás los regalos que tiene nuestro hijo, tenemos pañales hasta para cuando ya no use.
—Qué exagerado eres, aunque si, tiene muchos regalos… Hasta la señora de la posada envía ropa de bebé cada semana.
—Es un bebé afortunado.
Susurró dulcemente Gil sin dejar de acariciar su vientre, aunque no lo mostrara y tratara de animar a Lizel para disipar cualquier miedo, se sentía bastante nervioso por las posibilidades de que algo saliera mal en la cesárea, aunque ambos estaban sanos y había sido un embarazo tranquilo, no podía evitar angustiarse. La verdad era que no sabría qué hacer si una complicación surgiera y perdiera a uno de ellos o a los dos, preso de esta ansiedad era difícil no apartar esos escenarios negativos en su mente, no quería que esta calidez al abrazar a ambos como lo hacía ahora se le arrebatara para quedarse solo en el mundo.
—Estaremos bien, no tenemos intención de dejarte solo.
Con seguridad decía para reconfortarlo al sentir su abrazo tembloroso, suponía que era normal que también lo abrumara este temor por el amor que sentía por ambos, en un abrazo calmaba su inquieto corazón y mente. A la semana siguiente se veía a Lizel abrir los ojos lentamente en una de las habitaciones del hospital, estaba un poco confundido por el sueño al que fue inducido por la anestesia, parecía que había dormido por mucho tiempo aunque era un golpe a la realidad este dolor que su cuerpo sacudía. Cerrando los ojos de nuevo trataba de pensar en qué situación estaba ahora, podía ser que estuviera en la habitación que tenía en el mundo donde era mano derecha del Rey, o quizás…
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el llanto de un bebé, entonces recordó dónde estaba, abriendo los ojos veía a Gil cerca suyo sosteniendo en brazos algo envuelto en una cobija, era su bebé que con mucho amor concibió en sus entrañas y con ese mismo amor lo ayudó a crecer estos meses. —Gil, te dije que estaríamos bien…
—Lo sé, pero no trates de levantarte, tu herida está siendo tratada con medicinas de rápida cicatrización… Aún así debes quedarte quieto.
—Quiero verlo y abrazarlo.
—Si, siéntate un poco y lo pondré en tu regazo. —Era la orden de Gil que Lizel no dudó en obedecer, con dificultad se acomodaba, el dolor que sentía no se comparaba con esta sensación que su corazón inquietaba por este primer anhelado encuentro— Es un niño hermoso, se parece mucho a ti.
Un emocionado Gil decía acercándose, sin poder apartar la mirada del bebé que sollozaba en sus brazos después del llanto que obligó a su padre a despertarlo de una vez. Lizel con una sonrisa lo acogía en sus brazos que parecían temblar por la emoción, al verlo su mirada se iluminó, sin duda era el bebé más hermoso que había visto en su vida, era pequeño y en apariencia frágil así que en un abrazo sin palabras prometió protegerlo, este encuentro era más significativo de lo que imaginó al punto que de sus ojos unas lágrimas de alegría se escapaban.
—Eres un mentiroso, este bebé se parece a ti. —Decía un sollozante Lizel sin dejar de admirar cada rasgo de esa pequeña y dulce carita, un bebé que sonriendo se dejaba contemplar.
—Para ser justos, se parece a los dos.
—Está bien, no quiero discutir contigo ahora, aunque tal como dije heredaría tu cabello negro y mis ojos.
—Si, usualmente no te equivocas. —Acercándose a su rostro secaba las lágrimas que rodaban por sus mejillas sonrojadas, estaba realmente conmovido por su reacción— Gracias por darme un niño tan hermoso y sano, gracias por darme un hogar.
—Gil… Gracias por darme las mejores vacaciones de mi vida— En medio de este emotivo agradecimiento sus labios rozaron con firmeza, un beso lleno de amor que fue interrumpido por la visita de tres jóvenes que sonrojados veían como se besaban. Aun cuando sabían que en su relación había más que besos, era la primera vez que eran testigos de una muestra de afecto así.
—Oye, recién trae a tu bebé al mundo y ya le quieres hacer otro. —En tono burlón decía Eleven acercándose a la pareja, los otros dos los seguían con regalos en mano.
— ¿Ya lo conocen? —Preguntaba Lizel sintiendo como Gil se sentaba a su lado en la cama para seguir viendo a su bebé, parecía todavía no creer lo que su amor había creado.
—Si, lo vimos en el cunero hace un rato, es un bebé lindo como el señor Lizel. —Comentó Stud mirando embelesado el gesto lleno de felicidad del nuevo padre.
—Es muy lindo, su sonrisa se parece a la del señor Lizel. —Dijo Judge contemplando la bella escena frente a sus ojos, Lizel y su pequeño bebé, era una imagen que quería grabar en su memoria para siempre.
—Si, es un niño bonito, pero parece que también heredó el mal carácter de alguien por aquí.
— ¿Por qué dices eso? —Cuestionó curioso Lizel a Eleven con una sonrisa, apenas su niño nació y tenía cautivados a todos, se incluía también al no dejar de verlo, al parecer finalmente probaba de ese efecto que él provocaba en los demás.
—Cuando estaba en el cunero le hice una mueca, se le borró la sonrisa y frunció el ceño.
—Haz una mueca para ver su gesto serio, por favor —Pedía animado Lizel, mientras tanto Gil escuchando su tonta charla no dejaba de ver a su pequeño y a la vez a Lizel que lucía más hermoso con el bebé en brazos. Mirándolos solo deseaba que esta alegría no le fuera arrebatada de repente, y si en algún momento él era reclamado por su mundo se le permitiera acompañarlo junto a su hijo, lo seguiría donde fuera por este gran amor que los unía, para continuar esta aventura que empezaron en el preciso instante en que el destino les permitió conocerse.
