Chapter Text
___
Risas, gritos, pisadas, latidos, disparos, susurros y... ¿Un rugido? Tal vez lo último lo imaginó.
Peter lo asimiló todo al recuperar la consciencia. Sus sentidos se habían agudizado enormemente, pudiendo oír incluso los susurros de los niños que se escondían en un callejón al otro lado de la ciudad. Estaba atónito ante tanta vida (era más ruidoso que Queens), y sin embargo reaccionó al instante, esquivando los bumeranes que se clavaban profundamente en las bolsas de basura donde había permanecido inconsciente hace un momento.
Un escalofrío le recorrió la espalda y un sudor frío le invadió al pensar en haber estado a punto de convertirse en el blanco de esas armas que, a simple vista, parecían tan afiladas como la hoja de un cuchillo... Espera un momento...
"¿Tienen forma de murciélago?"
El balbuceo desconcertado de Peter quedó ahogado por un rugido furioso (al parecer, no se lo había imaginado) de un lagarto gigante que parecía ignorar su miserable existencia (¡oye!), concentrado únicamente en el chico al que sujetaba con una mano, clavándole las garras en la cara. El chico vestía colores tan llamativos que Peter pensó que debía de ser ilegal, sobre todo porque llevaba pantalones cortos con este frío que hacía, lo que seguramente era una de las razones por las que temblaba. Otra de las razones era por ese dolor agudo en la nuca que intentaba alejarlo de toda esta escena que le gritaba en la cara “problemas”.
Pero él permaneció inmóvil, incapaz de apartar la mirada, y está seguro que contuvo la respiración al oír la risa escalofriante del lagarto gigante después de que se escuchara el crujido del hueso rompiéndose de la mandíbula del chico, que ya pataleaba débilmente en el aire.
Esto no pinta para nada bien.
La primera reacción de cualquier persona normal con claros instintos de supervivencia es correr sin mirar atrás. No importa quién sea, uno siempre se prioriza a sí mismo, pero por suerte para el chico, Peter fue criado y educado por sus tíos, quienes siempre le dijeron que ayudará a quien más lo necesitara si era posible. Así que sí, Peter no lo pensó dos veces antes de levantar un pesado contenedor de basura y arrojarlo a la cara escamosa del villano, quien, debido al impacto repentino, soltó al chico semáforo (como Peter decidió apodarlo), quien cayó rodando por el suelo y rápidamente se alejó del lagarto humanoide. Apoyándose apenas en una pared y tosiendo con fuerza.
El lagarton gigante se recuperó rápidamente y miró con ira a Peter. Y Peter solamente se encogió de hombros, levantando las manos arriba.
«Bueno, allá voy», pensó.
"Che, lagarto oversize, ¿te molesta si te pido un autógrafo antes de que me conviertas en sushi? Es que nunca había visto un Godzilla de bolsillo tan enfadado y soy fan de Godzilla".
Peter le guiñó un ojo descaradamente al hombre lagarto, lo que provocó que este rugiera aún más fuerte y se lanzará hacia él con las garras por delante.
El lagarto de dos metros era rápido para su tamaño. Peter apenas tuvo tiempo de saltar hacia un lado cuando una garra enorme pasó silbando junto a su oreja. El golpe destrozó la pared de ladrillos detrás de él como si fuera cartón. «¡Mierda!», pensó Peter mientras rodaba por el suelo mojado. Este tipo no se parecía en nada a los que había enfrentado en peleas callejeras. Obviamente estaba en un nivel que hacía dudar a Peter de que saldría de está con vida. «¡Ya morí una vez, y eso no significa que no le tenga miedo a la muerte!»
"¡No huyas, maldito insecto! Ven aquí y pelea!", rugió el lagarto con voz ronca y llena de baba. Volvió a lanzarse sobre Peter, pero fue nuevamente esquivado y chocó de cabeza con otros contenedores de basura.
“Intentando imitar a Vegeta eh? Para ser honesto, eres demasiado..." Peter le hizo un gesto con la mano, señalandolo por completo. "¿Grande para el papel? Ay, hombre, no quiero sonar racista".
"¡Callate!"
Peter se agachó, esquivando el zarpazo dirigido a su rostro, y se deslizó bajo el brazo del lagarto. Detrás de él, sin dudarlo, le propinó una patada en la espalda con todas sus fuerzas. Esto lanzó a la criatura por los aires fuera del callejón y, tal vez porque la lagartija mutante parecía estar teniendo una racha de mala suerte, fue atropellado por un coche negro con picos que justo había llegado, los picos le recordaban a las orejas de los gatos.
"Al parecer hoy no fue su día", murmuró Peter con una mueca viendo como el lagarto trató de levantarse, pero cayó inconsciente al suelo.
"¿Eres un meta?", la voz del chico semáforo sobresaltó a Peter.
Aunque el chico solo murmuró con voz ahogada, Peter lo oyó con claridad y se apresuró a acercarse al muchacho, que apenas podía mantenerse en pie, sujetándose la mandíbula rota con una mano. Al acercarse, el chico se tensó, pero al ver que Peter no tenía malas intenciones, lo dejó acercarse. Lo que no esperaba era ser alzado en brazos por Peter como una princesa.
"¡¿Qué estás haciendo?!", gritó, pero al instante se arrepintió por el dolor que le había causado en su ya delicada mandíbula.
" Pues, alzandote? ¿no lo ves?" , Peter ladeó ligeramente la cabeza, mirando con ojos inocentes al chico.
"No te hagas el listo" murmuró entre dientes, frunciendo el ceño.
Peter resopló divertido antes de girar a una dirección al azar. No tenía ni idea de dónde estaba, pero decidió fingir que sí lo sabía. "Obviamente, es hora de largarnos de aquí antes de que eso", señaló con la cabeza el peligroso criminal desmayado en la ruta. Que se extendía como un tapete de escamas. "Se levante e intente cazarnos de nuevo. Y no sé tú, pero a mí no me apetece nada ser la cena de un lagarto de dos metros". Le sonrió al chico con diversión, y este no volvió a protestar. Y al ver que había ganado la discusión, Peter emprendió su camino hacia cualquier lugar que no estuviera cerca del lagarto devorador de hombres.
Sin embargo, no logró caminar ni dos metros cuando la punzada en su nuca se intensificó y al mismo tiempo una gran sombra con cuernos los cubrió por completo. Peter tragó saliva antes de girar lentamente su cabeza para ver lo que había detrás.
Los ojos blancos del hombre enmascarado con cuernos, que estaba parado en la entrada del callejón, le hicieron sentir como si pudieran leerle el alma.
Peter se quedó congelado. Ese traje… negro, blindado, con esa capa que parecía absorber toda la luz de la noche. El símbolo en el pecho. Un murciélago. Exactamente igual a los bumeranes que casi lo habían atravesado hace ya un rato.
«Espera… espera un segundo.»
Su cerebro empezó a trabajar a toda velocidad. Los bumeranes con forma de murciélago. El lagarto gigante. Y...
Peter miró al chico con antifaz negro vestido con los colores del semáforo que todavía sostenía en brazos. El traje era ridículo y a la vez… conocido. Rojo brillante en el pecho con chaleco blindado, verde en las mangas y piernas, rodilleras verdes en codos y rodillas, una capa corta amarilla. Un cinturón de herramientas amarillo en la cintura y, finalmente, esa “R” grande en el pecho.
Peter sintió que se le olvidaba cómo respirar.
Esto tenía que ser una broma. O un mal sueño. Pero para su desgracia era su dura realidad… ¿por qué no lo vio antes? ¿Un lagarto gigante en medio de un callejón oscuro? Un chico semáforo lanzando bumeranes con filo como frisbee? Sí, estaba en Gotham.
«Mierda. Mierda. Mierda.»
De alguna forma no solo revivió, también terminó en Gotham City, la ciudad de los cómics favoritos de su mejor amigo Ned.
Peter sintió que el corazón le latía en los oídos. Estaba en Gotham. Con un Robin herido en brazos. Y frente a Batman. El mismo Batman del que Ned hablaba como si fuera una leyenda urbana y no un personaje de cómics de los 90. Estaba allí, en carne y hueso, con una seriedad que hizo dudar a Peter de si realmente era un héroe, pero recordando todo lo que Ned le había contado sobre Batman, era normal que le asustara, porque ese era su propósito: infundir miedo.
“¿Estás bien?” Su voz era grave y profunda, con un tono que indicaba genuina preocupación, lo que sorprendió a Peter. También notó que Batman se había acercado sigilosamente, cargando ya a Robin en brazos.
“Estoy bien, B”. Logró escuchar de Robin (¿Cuál versión será?) que se dejó envolver tranquilamente por las sombras de la capa negra de Batman. Fue entonces cuando el justiciero de la justicia y la oscuridad centró toda su atención en él. “Tú…” empezó, y Peter no pudo evitar temblar como una ramita seca al viento.
Dando un paso atrás, no dejó que el murciélago hablara. “Eh… creo que me llama mi mamá, así que tengan una linda noche señor?” Y sin esperar respuesta, se dio la vuelta y echó a correr.
¡Al diablo con esta ciudad, al diablo con Batman! ¡No se va a meter en esto nunca más!
____
