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La paliza había iniciado con una discusión, una discusión que sabía que no iba a ganar. Nunca nadie le creería que él no había matado a nadie los últimos tres meses, menos quien decía confiar en él.
Jason no sabía cómo darle a entender que el no había matado al pingüino, no sabía cómo decirle al hombre que alguna vez fue su padre que confiara en él y que por favor creyera que no lo había hecho. Se sentía patético rogándole al hombre que le creyera.
Pero Jason no quería ganar esa discusión o pelea, solo quería que su padre volviera a creer en él.
Por eso cuando Batman dio el primer golpe no contraatacó. Estaba cansado.
Jason apenas percibía lo que salía de su boca, solo sabía que decía algo de que al parecer Bruce lo odiaba.
Todo se volvió peor cuando Bruce soltó las palabras “No eres mi hijo, Jason jamás haría eso”
Una sonrisa venenosa se colocó en su cara y un sollozo quiso salir de su garganta.
El sollozo nunca salió.
No sabía cuando Batman lo había soltado ni cuando había dejado de golpearlo pero el sollozo que quería soltar se vio interrumpido por un dolor punzante en la garganta.
Sintió el cuerpo caer al suelo y líquido caliente filtrándose por su garganta y nariz. Luego unos pasos alejándose. Quiso reír, tal vez lo hizo.
Al parecer Batman tenía la regla de no matar a sus pícaros pero si tenía permitidos a sus hijos.
Oh espera, el ya no era su hijo.
No eres mi hijo. No eres mi hijo. No eres mi hijo. Resonó como un eco en su cabeza.
Era curioso como dolía más recordar las palabras de Bruce que el corte que lo estaba dejando sin sangre.
Sus ojos se cerraban y ya el aire no parecía adentrarse a los pulmones que ahora estaban llenos de sangre.
Que irónico. Jason Todd muerto otra vez, solo.
Jason ya moría, eso lo sentía. Entre todo eso y el eco de Bruce diciendo “No eres mi hijo” en algún lugar, escucho una voz muy bonita.
Quizás los demonios ya querían hechizarlo.
—¿Hola? —la voz sonaba baja o quizás era la pérdida de sangre en el cuerpo.
Escucho los pasos acercarse rápido y una mano cálida y muy suave en su cara.
Al principio su vista era un borrón, solo una mancha en su vista. Cuando enfocó sus ojos pensó que tal vez si iba al cielo.
—Estas bien, estarás bien. Solo respira por favor… —la voz del ángel sonaba melodiosa aún cuando estaba tensa.
Hizo lo que dijo. “Solo respira por favor”
Lo hizo, no fue una buena idea dado que la sangre calo aún más al fondo y tosió.
Un gran hilo de sangre corrió por su barbilla.
—Esta bien. Esta bien. —la voz del ángel decía con un eco.
Sintió como algo se pegaba a su cuello justo en el corte.
Su cuerpo quiso reaccionar, su cuerpo recordó las manos de Bruce en su garganta y luego el cuchillo en el mismo lugar.
—Lo siento, lo siento… —el Ángel hablo— te ayudaré, lo prometo.
Sintió otra vez las suaves y cálidas manos del ángel sobre su cara. Acariciándole con urgencia como si fuera a morir en cualquier momento.
En realidad lo estaba pero eso no era del todo el asunto.
El asunto era que Jason se inclinó hacia la mano y creyó oír su propia voz distorsionada.
—gracias, ángel… —lo último que vio fue la dulce sonrisa del ángel.
