Chapter Text
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— Esto es incómodo. — Nirei murmura en voz baja, mientras intenta mezclarse entre la gente que hay a su alrededor.
— Se fuerte Nirei-kun, esto es parte del trabajo. — Suo, quien se encuentra al lado del Beta responde con el mismo tono, sonriendo falsamente cuando un posible comprador pasa al lado de ellos. — Tuvimos que trabajar muy duro para llegar hasta aquí, así que debemos dar lo mejor de nosotros. — comenta, sonriéndole con una naturalidad encantadora a un par de Alphas que cuchillean entre si desde una esquina, las cuales no hacen más que chillar emocionadas por lo que acaba de hacer.
— Suo-san parece bastante acostumbrado a este tipo de reuniones. — el rubio responde, admirando el buen trabajo que su compañero estaba haciendo.
“Ya cierren la maldita boca y concéntrense en la misión.” Ambos escuchan decir fuertemente en sus oídos, pero hacen el esfuerzo de mantenerse tranquilos y serenos.
— Lo sentimos mucho, Hiragi-san. — Nirei se disculpa por ambos, mientras Suo se encarga de evaluar a cada uno de los presentes.
— Acabo de identificar por lo menos a otros cinco funcionarios públicos, es realmente asqueroso pensar que tipos como estos se encargan de tomar decisiones importantes en nombre de varias personas. — la sonrisa falsa de Suo aún permanece en su rostro, a pesar lo asqueroso que todo esto le está resultando.
“No hagan nada imprudente, después haremos que esos bastardos sean expuestos por apoyar la trata de personas.” Con aquel simple mensaje la conversación termina, lo que sucede justo a tiempo debido a que el anfitrión de la velada golpea suavemente su copa para llamar la atención de todos los presentes quienes dejan de hablar al instante.
— Mis queridos invitados, bienvenidos sean a nuestro modesto sitio. — comienza a decir sonriendo retorcidamente como si no tuviera una pizca de alma. — La noche de hoy podrán adquirir a nuestras más hermosas muñecas si están dispuestos a pagar el precio necesario por ellas. — su último comentario lo hizo emitiendo una risa traviesa, provocando que casi todos a su alrededor se rieran también. — Además, de que les tenemos una gran sorpresa para el final, así que por favor, todos tomen sus respectivos asientos para empezar.
Tras decir aquello se retira del lugar, dejando que su gente se encargue de guiar al resto de sus invitados a sus respectivos lugares.
— Nirei-kun. — Suo llama suavemente al Beta, quien simplemente asiente antes de seguirlo en total silencio.
El salón está siendo iluminado por una suave luz blanca, el escenario también está muy bien decorado, lo que la da la impresión de que están a punto de ver una obra de teatro y no una retorcida “diversión”.
El anfitrión vuelve aparecer cuando todos ya se encuentran sentados, pero está vez en el centro del escenario. El tipo es recibido por cientos de aplausos y gritos, lo que parece ser más que suficiente para aumentar el orgullo de ese maldito, quien no hace más que sonreír.
— Muy buenas noches a todos ustedes, queridos invitados. Espero que la velada esté siendo de su agrado y que nuestros productos sean capaces de complacerlos. — escuchar al anfitrión dirigirse a los Omegas que tienen secuestrados como simples objetos provoca que Nirei y Suo se sientan bastante incómodos, mientras ruegan en silencio que esta noche termine lo más rápido posible.
— Sin más preámbulos, que empiece la subasta…
El primero de los “productos” que le es mostrado a los espectadores es un adolescente Omega, que, según el anfitrión, no tiene mucho tiempo de haberse presentado. El joven apenas puede mantener la mirada al frente, ya que sus ojos están clavados en el suelo.
El anfitrión habla un poco sobre el Omega, describiendo sus características físicas y habilidades. Luego, realiza una demostración de lo bien educado que está el menor.
Con un solo movimiento de la mano, logra que el pobre muchacho se arrodille de inmediato, lo que deja a varios sorprendidos. Sin embargo, lo más denigrante ocurre cuando aquel despreciable sujeto le ordena al Omega que lama la punta de sus zapatos, y este lo hace sin vacilar.
Las ofertas no se hacen esperar ante tal demostración de obediencia, y Nirei siente que en cualquier momento romperá en llanto al ver cómo varios adultos intentan comprar a un adolescente que no debería estar en un lugar como este.
— Calma, Nirei-kun. Te prometo que vamos a ayudarlo. — las palabras de Suo son lo único de lo que Nirei quiere aferrarse para sobrevivir a esta pesada velada.
Porque, a medida que transcurre el tiempo, más Omegas pasan al escenario para ser vendidos al mejor postor. Todos ellos son obedientes y manipulables, sin tener siquiera la opción de negarse a cumplir con lo que se les pide, sin importar lo despiadada o vergonzosa que sea dicha petición.
Como si hubieran dejado de ser seres humanos desde hace mucho tiempo.
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La noche avanza más lentamente de lo que Nirei y Suo desean; pero todo parece llegar a su fin cuando el anfitrión, quien ya se ha presentado a sí mismo como Natori, parece estar listo para dar un anuncio importante.
— Damas y caballeros, es un placer poder mostrarles a nuestro producto más importante de la noche. — anuncia, lo que provoca que todos se remuevan ansiosos en sus asientos por lo que fuera hacer aquella sorpresa. — Este Omega ha sido un caso difícil de educar; fue bastante luchador al principio. — comienza, paseándose libremente por el escenario. — En más de una ocasión llegué a creer que habíamos traído por error a un Alpha, pero con el tiempo y la dedicación adecuada, nuestro adorable gato salvaje se ha convertido en un hermoso y educado gatito doméstico. — continúa antes de dar la orden para que traigan al producto estrella de aquella noche.
La respiración de todos se entrecorta al ver a un Omega caminar hacia el centro del escenario, vistiendo un hermoso traje tradicional. La prenda se ajusta perfectamente a su cuerpo, y el color de su yukata combina a la perfección con su apariencia general. El Omega se posiciona obedientemente al lado de Natori, quien parece a punto de saltar de felicidad por la reacción que acaba de provocar en su público.
— Es… muy hermoso. — Nirei no puede evitar hacer aquel comentario, no cuando le resulta difícil apartar la mirada del frente. — Suo-san, ¿verdad que es bastante hermoso? — pregunta, sin recibir respuesta alguna por parte del castaño, quien tiene una expresión de desconcierto en el rostro.
Algo que nunca pensó que iba a presenciar.
— ¿Suo-san? — el Beta vuelve a llamarlo, pero el Alpha de cabello castaño no parece estarlo escuchando.
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Se supone que Suo está en ese maldito lugar para ayudar a desmantelar una horrible red criminal dedicada a secuestrar Omegas y "reeducarlos" para convertirlos en los compañeros perfectos para aquellos Alphas sin moral que no parecen tener problemas alguno en comprar como si nada a un ser humano.
Él estaba preparado mentalmente para presenciar cualquier tipo de denigración hacia aquellas inocentes personas que no pidieron ser Omegas, pero esto va más allá de lo que esperaba.
— No. — murmura, sin poder apartar la mirada del frente, llamando la atención de sus compañeros de equipo, quienes no entienden nada de lo que pasa.
No es común ni lógico que se comporte de esta manera, pero mantiene la mirada fija en aquel Omega de aspecto inigualable.
Dicho Omega tiene el cabello dividido en dos tonalidades: negro, con un mechón blanco. El color de sus ojos sigue siendo tan hermoso como los recuerda, como un atardecer en la playa, pero ya no queda en ellos ni una pizca de vida, ni el más mínimo rastro de la fuerza que Suo alguna vez recuerda.
— No puede ser… — repite Suo, con la voz más baja, como si cada palabra pronunciada le costara el alma. Su semblante antes sereno se descompone en cuestión de segundos, lo que provoca que Nirei lo mire alarmado.
— ¿Suo-san? ¿Lo conoces? — pregunta en un susurro apenas audible, sin quitar la vista del escenario.
Suo no responde.
No puede hacerlo.
No mientras su corazón retumba con fuerza, negándose a aceptar la realidad frente a sus ojos.
«Ese no puede ser él.
No puede ser verdad. »
Pero lo es.
Incluso con su expresión vacía, incluso con el paso del tiempo que ha cambiado considerablemente su cuerpo, Suo reconocería a ese Omega en cualquier parte del mundo.
Porque alguna vez fue su amigo.
Porque alguna vez fue suyo.
“ ¿Qué demonios está pasando?” Murmura Hiragi en sus comunicadores, al notar el repentino cambio de comportamiento en uno de sus agentes. “Suo, ¿acaso conoces al Omega que están subastando?”
Suo traga saliva, sintiendo cómo la ira que había sido acumulada por años por fin sale a la superficie.
— Si… Él es un viejo amigo de la infancia. — confiesa, finalmente, siendo una sorpresa para todos, debido a que no suele hablar mucho de su pasado. — Su nombre es Sakura Haruka y desapareció después de haberse presentado como Omega.
La línea queda en silencio durante varios segundos tras lo último dijo el Alpha de cabello rojizo.
“¿Pero qué has dicho?” Pregunta Hiragi, más serio que nunca.
— Él… desapareció hace años. Lo buscaron, yo… yo lo busqué, maldita sea. — Suo aprieta los puños, forzando su expresión a mantenerse lo más neutral posible, aunque por dentro una tormenta amenaza con consumirlo. — Dijeron que había muerto… Que él se había suicidado, pero nunca pudieron encontrar su cuerpo.
Nirei se queda inmóvil, incapaz de procesar completamente lo que está escuchando. Mira a Suo con incredulidad, mientras que sus propios ojos comienzan a llenarse de lágrimas.
El ambiente en el salón continúa animado, completamente ajeno a lo que está sucediendo con ellos.
“Mierda, esto no puede ser verdad.” Responde Hiragi por el comunicador. “Suo, necesito que te controles. No podemos permitirnos errores esta noche.”
— ¿Controlarme? — murmura Suo entre dientes, apenas moviendo los labios para no llamar la atención. — Están vendiéndolo, Hiragi-san. Como si fuera un maldito objeto.
“Lo sé.” La respuesta de Hiragi llegó más rápido de lo que Suo esperaba. “ Pero si pierdes la cabeza, no podrás ayudarlo. Y si tú caes, todos caemos contigo; y eso lo incluye a él.”
Suo cierra su único ojo por al menos un segundo, obligándose a sí mismo a respirar hondo para calmarse. Siente como una repentina náusea le revuelve el estómago, al igual que el sabor amargo de la bilis que sube rápidamente por garganta.
Pero Hiragi tiene razón, no puede permitirse fallar.
No esta vez.
El anfitrión continúa con su discurso como si estuviera mostrando un descubrimiento único en el mundo. Toca el cuerpo de Sakura con una familiaridad repugnante, levantando su rostro para que todos puedan verlo mejor.
Y peor aún, Sakura no se resiste.
Ni siquiera parpadea.
El Sakura de antes ya lo habría mandado al demonio por estar tan cerca de él.
— Como pueden ver. — continúa Natori con voz empalagosa, pareciendo que tiene mucho por decir de su producto estrella de la noche. — Su entrenamiento ha sido un éxito absoluto. Es obediente, silencioso, refinado; y está completamente disponible para ser reclamado por quien desee adquirirlo.
Los aplausos inundan el salón como un fuerte estruendo. Algunos asistentes ya empiezan a levantar sus carteles, ansiosos por ser los dueños de un Omega tan único como el bicolor.
Sakura apenas reacciona al ruido, simplemente se limita a inclinarse en una reverencia perfecta, como si estuviera totalmente de acuerdo con ser vendido y humillado de esta manera.
— Los voy a matar a todos. — Suo susurra, pero esta vez su voz tiembla un poco, provocando que Nirei lo sujete del brazo con fuerza.
— No, no puedes hacer algo como eso. — le advierte en voz baja. — Si Suo-san actúa de manera precipitada podrá perder definitivamente a Sakura-san.
El castaño apenas logra asentir, necesita un plan urgentemente. Algo rápido que lo ayude a cuidar de su amigo, porque Sakura no puede caer en manos de cualquiera de esos malditos pervertidos.
— Hiragi-san. — llama, con la voz tensa. — ¿Podemos intervenir antes de que sea vendido?
“Negativo. Si intervenimos ahora, podremos perder al resto de los compradores; y la operación será un fracaso. Necesito que se mantengan en sus posiciones hasta que se active el protocolo de extracción, tienes que esperar quince minutos más.”
— Quince minutos me parece demasiado. — Suo vuelve a apretar los dientes, la mandíbula empieza a dolerle por lo rígida que está. — En quince minutos, alguien puede llevárselo.
“Escúchame bien, Suo. Si lo compras, puedes mantenerlo cerca. Solo hasta que estemos listos para actuar. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo?”
La idea golpea a Suo como una fuerte bofetada.
“Comprar” a Sakura, fingir que es uno de ellos y pretender que participa en esa asquerosa subasta como un degenerado más, lo hace sentir enfermo.
Todo su ser se niega, su moral no se lo permitiría, pero si es la única forma para salvar a su amigo entonces no tiene una mejor opción.
— Muy bien, la oferta inicial es de Veinticinco millones. — Natori anuncia con entusiasmo, mientras Sakura permanece inmóvil, con la mirada perdida en los asistentes.
— ¡Treinta millones! — grita uno de los primeros interesados, quien se encuentra desde las primeras filas.
— Setenta millones. — añade una mujer Alpha con voz ronca, quién se relame ansiosa los labios, como si ya pudiera verse poseyendo el delicado cuerpo del bicolor.
Nirei se remueve en su asiento, incómodo, mirando de reojo a Suo, que no parece reaccionar. Su semblante sigue rígido, con la mirada fija en Sakura, como si el mundo alrededor se desvaneciera.
“¿Pero qué esperas, Suo?” Pregunta Hiragi por el comunicador. “¡No dejes que se lo lleven!”
Como si esa voz fuera el detonante que necesitará, Suo alza la mano dónde sostiene su cartel, llamando la atención de todos a su alrededor, no solo por su imponente apariencia sino también por la cantidad que sale de sus labios.
— Quinientos millones. — su voz resuena con una firmeza y seguridad casi escalofriantes.
Un murmullo recorre la sala de inmediato y el anfitrión parpadea, momentáneamente desconcertado por lo que acaba de escuchar.
— ¡¿Quinientos millones?! ¡¿Alguien ofrece más?! — pregunta, sin poder ocultar lo emocionado que se siente por la venta.
Silencio total en la sala.
Suo ni siquiera parpadea, su mirada está fija en Sakura, como si aún dudara de que sea real.
— Quinientos millones a la una… — anuncia Natori, su sonrisa victoriosa se extiende por todo su rostro, en lo que él cree que es el mejor trato de toda su vida. — A las dos… a las tres… ¡Vendido al caballero del asiento veintitrés!
El corazón de Suo golpea su pecho como si quisiera escapar, y antes que pueda recomponerse, Natori lo señala manteniendo aún aquella sonrisa retorcida en el rostro.
— Señor, por favor, acompáñenos a uno de nuestros asistentes. Él lo guiará detrás del escenario para que pueda conocer a su preciosa muñeca y, después, pagar por ella. — señala, antes de dirigirse a los demás. — Para el resto, muchas gracias por asistir esta noche. Realmente ha sido un placer atenderlos; así que pueden pasar a la antesala a disfrutar de unos bocadillos antes de marcharse.
La bilis vuelve a subir por la garganta de Suo ante la sola mención de la palabra “muñeca”. Quería gritar, quería correr al escenario y llevarse a toda prisa a Sakura de ese lugar con sus propias manos.
Pero no podía desobedecer una orden directa de uno de sus superiores.
— Nirei-kun, sigue a los demás. — dice en voz baja, sin mirar a su compañero, dirigiéndose sin pensar hacia dónde se encuentra el asistente que lo llevará junto con Sakura.
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Caminan a través de un pasillo estrecho, adornado como si fuera parte de una obra de teatro, pero lo único que siente es que está entrando a una prisión disfrazada de espectáculo.
El empleado lo guía en silencio, hasta que llegan a una de las tantas salas privadas que hay. Al entrar se encuentran el lugar con una iluminación tenue, con varios muebles de terciopelo, una alfombra peluda de color rojo y pinturas que le dan un aire más sofisticado al sitio.
Y también, ahí estaba él.
Sentado en un sofá, exactamente como estaba en el escenario; con la cabeza gacha, las manos juntas sobre el regazo, sin expresión alguna en su rostro.
Suo se detiene a varios pasos de distancia.
No puede hablar, siente que va a dejar de respirar en cualquier momento.
Todo a su alrededor se pierde hasta que el empleado habla.
— Aquí está su adquisición, señor. — le dice con total calma. — Si desea solicitar algún tipo de entrenamiento adicional para fortalecer la obediencia, nosotros podemos ayudarlo con gusto. Además…
— Vete. — Suo lo interrumpe, con una voz que haría temblar a cualquiera.
— Pero, señor, antes debe de pagar por él si quiere to…
— ¡He dicho que te largues! — gruñe, pareciendo bastante dispuesto golpear al sujeto si no hace lo que se le pide.
Algo en su tono hace que el tipo se congele por un instante, y luego salga rápidamente, cerrando la puerta tras él. El silencio y la desesperación vuelven al mundo de Suo, quien no sabe como debe de proceder, pero al final se atreve a dar un paso más al frente.
— Sakura-kun.. Haruka-kun… — murmuró con la voz quebrándose de la emoción.
Pero no sucede nada.
Suo se termina de acercar y se arrodilla frente a él, con el cuerpo temblando ligeramente por aquellas emociones que están a punto de volverlo loco, pero el Omega ni siquiera se inmuta por lo que hace.
— Soy yo. Soy Suo… Suo Hayato… ¿Acaso no me recuerdas?
Finalmente, aquellos hermosos ojos lo miran, aunque sin emoción alguna. Y es en ese entonces, que con una voz suave, casi robótica, Sakura responde por fin.
— Buenas noches, amo. — lo saluda obedientemente con una sonrisa ligera apareciendo en su rostro y una ligera inclinación de cabeza. — ¿Cuál será su primera orden?
Suo traga saliva con dificultad al escucharlo, como si intentara deshacer el nudo que se le forma en la garganta. Extiende una mano con lentitud hacia el rostro de su amigo, temeroso de que cualquier movimiento brusco pueda asustarlo.
Pero eso no sucede, en cambio; el bicolor reacciona felizmente a su tacto.
— No… no me llames así. — dice con voz ahogada. — No soy tu amo. Soy Hayato, ¿acaso no te acuerdas de mí?
Sakura parpadeó una vez, luego otra y otra. Sus pestañas tiemblan, pero no hay nada en su mirada que le haga comprender a Suo que él lo reconozca.
— Lo siento mucho, amo, no tengo recuerdos previos a mi entrenamiento. — responde, aún con tono suave. — Fui educado para cumplir eficientemente con las necesidades de mi propietario. — dice con total tranquilidad, como si no fuera capaz de entender lo que estaba mal con todo esto. — ¿Desea determinar alguna palabra o señal clave con la que quiere que lo obedezca al instante?
Suo aprieta los puños al escuchar lo que Sakura dice, las palabras entrenamiento y educado lo queman por dentro como si fuera ácido. Porque sabe perfectamente lo que eso significa; las investigaciones de este tipo de sitios revelaron que los Omegas secuestrados son sometidos a un proceso en el que se ven obligados a suprimir sus recuerdos, su identidad y hasta su voluntad a base de maltratos constantes y drogas.
Es por eso que su Sakura, su dulce, testarudo y nervioso Sakura ha sido reducido a algo que no es capaz de reconocer.
— No… — susurra, con la voz rota, deseando que esté infierno se acabe pronto. — No eres una máquina, Sakura, tú eres una persona.
El silencio que se hace presente sigue siendo incómodo y pesado, pero Sakura no parece entender de una vez lo que está mal con todo lo que sucede.
— Lo siento mucho, amor. Pero no logro entenderlo. ¿Acaso desea que me desnude para usted? ¿O prefiere que le haga sexo oral? — aquellas palabras resuenan con fuerza en el pecho de Suo, quien anhela con todas sus fuerzas que su amigo despierte de su trance.
— ¡No! ¡Por supuesto que no! — Suo se pone de pie de golpe, con el rostro enrojecido por la furia y el llanto que intenta contener desesperadamente.
El Alpha comienza a caminar de un lado a otro de la sala, respirando como si cada bocanada de aire le doliera.
— Esto está mal… esto está tan jodidamente mal… — murmura, pasando nerviosamente sus manos por su cabello.
Haruka permanece en el mismo sitio, obediente e inexpresivo. Su postura sigue siendo perfecta; la forma en que no reacciona a los gritos, ni siquiera a la manera tan desesperada en la que Suo lo llama.
— Amo. — pronuncia Sakura, lo que provoca que Suo deje de caminar de un lado a otro como si estuviera loco. — Por favor, discúlpeme por no entenderlo; los buenos Omegas deberían saber complacer y entender a sus Alphas en todos los aspectos posibles. — mientras dice esto, se pone de rodillas, colocando su cabeza en el piso, en espera de que su amo le diga algo.
La imagen paraliza de pies a cabeza a Suo.
Sakura se postra ante él, reducido a un tipo de sumisión que nunca antes pensó presenciar en su amigo, a quien no recordaba como una persona que bajara tan fácilmente la cabeza ante nadie.
— Levántate. — Suo dice, casi sin voz, pues se está conteniendo demasiado para no perder los estribos y acabar con todos a su alrededor. — Te lo estoy ordenando, levántate. — insiste seriamente, al ver como su tono inseguro no es suficiente para que el bicolor reaccione.
Entonces, lentamente, el Omega obedece.
Se arrodilló otra vez, pero está vez mantiene la cabeza baja. Solo lo suficiente para que Suo pueda ver su rostro, aunque su expresión siga careciendo de vida alguna.
Suo se deja caer frente a él una vez más; sus rodillas se hunden contra la alfombra con un golpe seco y doloroso.
— ¿Qué fue lo que te hicieron? — pregunta, aunque ya conoce la respuesta.
Haruka no responde.
Solo lo observa en silencio, sus pensamientos son totalmente desconocidos para el Alpha, quien lo único que quiere es abrazarlo hasta que vuelva a ser el mismo de siempre.
Entonces, un estruendo sordo, casi imperceptible para quien no lo espera, interrumpe por todo el lugar. El comunicador oculto de Suo emite un leve zumbido, apenas audible, pero suficiente para que entienda lo que sucede.
Es la señal, la redada por fin había empezado.
— Pronto todo esto terminará… — murmura el Alpha, acariciando una vez más el rostro del Omega, quien se relaja casi al instante en que lo toca. — No permitiré que nadie vuelva a hacerte daño.
Y es en ese preciso momento, que el caos estalla.
Se empiezan a escuchar gritos desde el pasillo, al igual que órdenes tajantes y rápidas. Las puertas de las demás habitaciones se abren con violencia, lo que provoca aún más conmoción de la que se siente.
El lugar se transforma en una sinfonía de caos y terror, allí donde antes reinaban la lujuria y el deseo.
La puerta de la habitación en donde ambos están se abre de golpe, y dos agentes armados apuntan al interior, pero bajan sus armas al instante al reconocer que Suo es quien está dentro del lugar.
— ¡Detective Suo! ¡Zona asegurada! ¡Ya hemos detenido a todos y es hora de evacuar! — grita uno de ellos, con voz fuerte.
Suo alza la mirada solo para después verlos por un par de segundos, luego mira a Haruka, quien no se ha inmutado ni siquiera por el bullicio. El Omega aún lo observa con esa sonrisa ligera, que ha sido perfectamente entrenada, dando la impresión que no escucha nada de lo que está pasando allá afuera.
— Perfecto, hicieron un gran trabajo. — les dice al ponerse de pie. — Sigan asegurando a los demás Omegas, yo me encargaré de escoltarlo a él. — ordena sin dar lugares a discusiones.
Los agentes asienten, comprendiendo al instante lo que sucede, así que marchan para cumplir con la orden que se les ha dado. Cuando vuelven a estar solos, Suo le extiende una mano a Sakura para que esté se ponga de pie, pero el bicolor lo observa sin saber qué hacer.
— Toma mi mano, es hora de irnos. — dice firmemente, teniendo un efecto inmediato en el Omega, quien después de pararse arregla un poco su ropa, que vuelve a ser tan pulcra y perfecta como antes.
— Los buenos Omegas siempre deben de verse perfectos para sus Alphas. — le dice tranquilamente al castaño, quien forzó una sonrisa en su rostro al escucharlo decir aquello.
Suo es incapaz de responderle algo sobre lo que acaba de decir, su garganta está cerrada por la ira y la impotencia. Al intentar seguir aparentando ser fuerte; decide sujetar con firmeza la mano de Sakura, sintiendo lo frágil que se ha vuelto durante estos últimos años.
Con cuidado, lo guía fuera de la habitación, sabiendo que esa mano que ahora sostiene con tanto cuidado, fue alguna vez la que alguna vez sostuvo alegremente mientras disfrutaba de la expresión avergonzada y nervios de Sakura.
Pero ahora, todo lo que le queda de él es un cascarón vacío y obediente.
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El pasillo por el que entraron ya no es silencioso.
Las luces parpadean incómodamente sobre sus cabezas, la música que antes se colaba de fondo ha cesado por completo, sustituida por el sonido de las puertas siendo derribadas y distintas personas gritando.
Algunos de los empleados intentan escapar, así que se ven reducidos a la fuerza, pero es algo casi seguro de que nadie va a escapar esa noche del lugar.
Suo avanza con determinación, sujetando a Sakura fuertemente, como si temiera que él fuera a desaparecer en cuanto lo soltara.
— Permanezcan juntos, no se separen por ningún motivo. — una agente pide al pasar junto a ellos, mientras lleva con ella a un par de Omegas que parecen bastante aterrorizados.
Sakura, en cambio, observa todo con una serenidad perturbadora, es como si nada de lo que ocurre a su alrededor le afectara. Ni siquiera cuando ve como alguien quiere escapar, solo para después ser derribado violentamente por varios agentes.
— Amo. — pronuncia, escuchando un suave murmullo por parte del castaño, lo cual toma como una autorización para seguir hablando. — ¿Por qué está pasando esto? ¿Acaso ellos han desobedecido a sus dueños? — pregunta de pronto, y su voz suena como la de un niño confundido.
Suo lo mira de reojo, con el corazón hecho pedazos y la furia aún corriendo con fuerza por sus venas.
— No, lo que sucede es algo más grave que desobedecer a alguien. — Suo responde seriamente, sin saber cómo explicarle la situación a su amigo para que por fin pueda comprender lo que sucede.
El bicolor simplemente lo escucha con atención, pero su expresión sigue sin cambiar. Es como si aquellas palabras no tuvieran significado alguno para él; Suo casi espera que niegue con la cabeza, que diga algo más, algo que indique que al menos entiende parte de lo que pasa, pero él solo sigue caminando a su lado de manera obediente.
Cuando llegan al escenario, el panorama es más desgarrador de lo imaginado.
Varios Omegas están sentados en el mismo lugar en que horas antes fueron expuestos como si fueran ganado, cubiertos con sábanas que los mantienen calientes. Algunos están temblando, otros llorando, y unos más como Sakura, tienen la mirada vacía y sonríen falsamente.
— Suo-san. — Nirei se acerca rápidamente a su compañero, una vez que lo ve aparecer en el lugar. — Todos han sido detenidos, tanto como los compradores como la gente detrás de todo esto. — anuncia, y le es casi inevitable no sonar alegre por este hecho. — Hemos sacado a todos los Omegas y pronto serán puestos bajo custodia para empezar a recibir ayuda. — continúa, luciendo mucho más tranquilo a como se encontraba antes.
— Bien, me alegra oír eso. — el castaño pronuncia, aparentando ligeramente la mano de Sakura, quien entiende aquel gesto como algun tipo de señal.
— ¿Desea que haga algo por usted, amo? — la forma tan natural con la que hace aquella pregunta toma por sorpresa a Nirei, quien observa rápidamente al castaño.
— No, muchas gracias. — Suo responde al instante, percibiendo la mirada triste que Nirei le dedica.
— Debería llevarlo a que uno de los paramédicos lo revise. — Nirei señala, tratando de ordenar sus palabras, debido a que no quiere decir nada fuera de lugar. — Aunque no parezca herido, podría estar en estado de shock. — señala, con la esperanza de que el singular comportamiento del Omega se deba a eso y no a todo el daño que seguramente le han provocado.
Suo asiente al escucharlo, pero sus ojos siguen fijos en Sakura. El bicolor no parece comprender nada de lo que se dice, su expresión sigue igual de tranquila, sus labios se encuentran ligeramente curvados hacia arriba en una sonrisa claramente forzada.
— Sakura-kun. — Suo lo llama suavemente, soltando finalmente su mano para poder verlo de frente. — ¿Podrías acompañarme a que te revisen? Te prometo que solo tomará un momento.
— Si es lo que el amo desea, entonces haré lo que se me pida. — Sakura asiente con esa misma sonrisa ligera, su voz sigue sin transmitir emoción alguna, dando la impresión que repite una frase que ha memorizado desde mucho antes.
A Suo le es inevitable no sentir un escalofrío tras escuchar a su amigo, no es la obediencia absoluta de su amigo lo que lo inquieta, sino la forma tan drástica en que han borrado cualquier rastro de voluntad en él.
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Mientras caminan hacia los paramédicos, Sakura no presta demasiada atención a su entorno. No parece notar ni a los Omegas que sollozan a su alrededor, ni a los agentes que se mueven de un lado a otro.
Su mirada permanece fija únicamente en Suo, quien, a diferencia de él, sí se mantiene alerta, aunque ya no exista ningún peligro del cual preocuparse.
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— Por aquí, por favor. — dice uno de los paramédicos, indicandole a Sakura donde sentarse, una vez que han llegado a las ambulancias instaladas en el exterior del sitio.
Suo debe pedirle amablemente que se siente, debido a que Sakura no parece dispuesto a realizar lo que alguien más le pida sin el permiso de su dueño.
— ¿Te duele algo, muchacho? — pregunta el paramédico mientras comienza a revisarlo.
— No lo sé. — responde con una calma tan extraña que el paramédico Beta se detiene por un instante. — ¿Qué se supone que deba de dolerme?
El hombre intercambia una mirada incómoda con Suo, quien solo aprieta los labios, pues no hay una respuesta sencilla para explicar lo que están presenciando.
— ¿Sabrías decirme cómo te llamas? — insiste el Beta, con la esperanza de que el Omega pueda responder adecuadamente a lo que le está diciendo.
— El amo me llama Sakura Haruka, así que supongo que ese es mi nombre ahora. — dice sin dejar de sonreír, provocando que Suo y el paramédico se miren con visible preocupación.
— ¿Crees que podrías contarme lo que ocurrió esta noche, Sakura? — pregunta, intentando encontrar alguna señal de que aún queda algo del bicolor ahí dentro.
— Antes de salir me dijeron que debía de comportarme adecuadamente, porque si lo hacía, iba a ser recompensado. — contesta con voz monótona. — Todo era muy ruidoso, pero luego eso terminó cuando menos me di cuenta, después me llevaron a una habitación donde iba a conocer a mi amo. — continua, deteniéndose un instante para mirar detenidamente al castaño. — Fui muy afortunado porque él sigue aquí conmigo, los otros Omegas no dejan de llorar, supongo porque sus amos ya no los necesitan.
El paramédico se detiene por completo, para después anotar algo en una hoja mientras su rostro pierde color. Suo permanece en silencio, escuchando con creciente impotencia todo lo que Sakura dice.
— ¿Y cómo te sientes ahora? — el paramédico intenta de nuevo obtener algo que no sea una respuesta pregrabada en su cabeza.
Sakura gira lentamente el rostro hacia él, sus ojos no enfocan del todo al Beta, es como si lo observará a través de una neblina espesa.
— No tengo permitido sentirme mal, no puedo sentir nada que el amo no me autorice. — su voz serena y tranquila contrasta bastante con lo alarmante que son sus palabras.
— Sakura-kun. — Suo lo llama sin poder seguir callado por más tiempo. — ¿Y si yo te dijera que ahora puedes sentir lo que quieras? — le pregunta, esperando por fin una respuesta sincera por parte de su amigo.
— No, eso no sería correcto. — murmuró Sakura sin borrar aquella maldita sonrisa que está empezando a volver loco a Suo. — Sería egoísta de mi parte, y los Omegas egoístas deben de ser castigados.
El silencio que sigue a aquella declaración de Sakura provoca que el paramédico haga a un lado a Suo, quien se mueve sin realmente ser consciente de que lo hizo.
— Él está mostrando síntomas claros de despersonalización. Posiblemente disociación crónica, su mente ha sido forzada a separarse de la realidad para sobrevivir. — escuchar aquel diagnóstico solo hace sentir peor a Suo, quien decide seguir escuchando en silencio. — Así que prácticamente está funcionando como una máquina, repitiendo frases, roles, instrucciones que ya le han dicho antes.
— ¿Y cree que pueda recuperarse? — la voz de Suo tiembla tras hacer aquella pregunta, no siendo más el Alpha fuerte que todos creen que es.
— No lo sé, eso tendría que decírselo algún psiquiatra, lo único que puedo asegurarle es que va a necesitar ayuda, mucha ayuda y tiempo para tratar de volver a ser el de antes. — el paramédico luce bastante apenado con tener que darle aquella trágica noticia al Alpha.
Suo asiente lentamente, su vista se dirige de inmediato a Sakura, que lo observa con la misma expresión serena de siempre, como si estuviera esperando alguna instrucción de su parte. Y entonces, como si algo dentro de él simplemente no pudiera más, se termina acercando con lentitud hacia el Omega, a quien abraza sin decir palabra alguna.
— ¿Amo? — Sakura pronuncia sin entender muy bien a qué se debe tal muestra de afecto. — ¿Me he comportado bien? ¿He hecho un buen trabajo? — pregunta, desatando el llanto en el Alpha, quien no deja de pedirle perdón incontables veces.
Dejando salir toda la frustración y preocupación que llegó a sentir al ser solo un adolescente preocupado por saber dónde es que estaba.
