Chapter Text
Aunque Orion no quisiera admitirlo, había generado una fijación por D-16.
Desde que el bot llegó junto al nuevo lote de mineros que se incorporaría al área de recolección, Orion se sintió atraído por la diferencia de ese bot entre todos. El color de sus ópticas, la forma en la que sonreía mientras hablaba con otros. Y lo mejor, lo tímido que era ante su presencia. Era como si esa efusividad de sonrisas y palabras amables tuvieran que ser dichas para él.
Con un par de interacciones en el que impuso un poco de su dominio sobre la conversación, descubrió lo rápido y fácil que era intimar al bot. La forma sutil en la que provocaba su nerviosismo. Y si sugería más de lo debido con una mirada o un toque, el temor que parecía desatar en su protoforma al hacerlo ruborizar o huir de miedo de su cercanía. Porque sí, encontró la forma de usar las palabras correctas y el trato adecuado para infundir el suficiente terror en D-16, que sus suplicas solo lo orillarían a cometer los actos más crueles y ruines, o a cimentar cierto control sobre el minero, que aún sufriendo a su maltrato, rogaría por más de sus violentos toques.
Bajó el datapad hacia sus muslos y cerró las ópticas, respirando hondo. Calmado la naciente emoción que tuvo de solo imaginar a D-16 llorando, rogando entre gemidos que le dolía y no se detuviera. Pidiéndole que lo lastimara solo como él podía hacerlo.
Soltó el aire caliente que tenía contenido y activó sus ventiladores. No era el momento ni el lugar para estar pensando de esa forma en D-16, y mucho menos cuando tenía una lectura pendiente sobre las formas curiosas que tenían los Prime para conseguir uniones sexuales. Esa caja de memorias que encontró al fondo de los archivadores tenía cosas mucho más interesantes que el sentido de su existencia o la forma en la que los Prime desaparecieron.
—¿Te encuentras bien, Orion?
Esa voz. Reconocería esa melodiosa voz donde fuera, ya que había fantaseado por días con escuchar ruegos y lloriqueos en vez de palabras tontas y sin sentido.
—Estoy bien, D-16 —mintió, alzando la mirada para toparse con su sorprendido amigo, que desvió la mirada apenas sus ópticas se toparon; ruborizando sus mejillas.
—Es que… como te ves acalorado, creí que te sentías indispuesto —contestó con voz temblorosa, meciéndose de un lado a otro. Parecía nervioso.
—No, estoy bien, solo me emocione con la lectura —volvió a mentir, alzándose de hombros, mostrando indiferencia. Anulando toda idea arriesgada que pudiera estropear sus futuros planes con el bot.
—¿Es algo relacionado con los Prime y la creación? —pregunto emocionado, sentándose a su lado, inclinándose con la intención de leer el datapad.
Orion frunció el ceño con fastidio y abrazó el datapad hacia su chasis, mirándolo con enojo.
—No. Es otra clase de información sin sentido —espeto con molestia, poniéndose de pie, comenzando a alejarse.
—Lo lamento —D-16 camino a su lado, acelerando el paso, tratando de seguir el ritmo—. No sabía que tu búsqueda te había llevado a otro callejón sin salida.
Orion se detuvo, girándose a verlo.
—Será mejor que no hablemos de eso en voz alta. Ya sabes, por si alguien nos escucha —le susurro, alternando la mirada de su derma a sus ópticas, tentado en arrinconarlo hacia una de las paredes más cercanas y hacer con él todo lo que tenía en mente.
—¿Crees que debamos hablarlo en privado? —susurro D-16, inclinándose hacia adelante, mirando con cierta desconfianza a los mineros que pasaban a su lado y los volteaban a ver con desprecio.
—Tal vez… —Orion aspiró hondo, llenando sus respiradores con el aroma de D-16 e imaginando como ese agradable olor se quedaría impregnado en él apenas ellos dos…
Cortó a su imaginación y retrocedió un paso, sonriendo de lado, apretando con fuerza sus muslos. Si continuaba así, dejaría un reguero de transfluido y todos se burlarían de él y su obvia debilidad por el bot amable.
—En otra ocasión. Ahora mismo llevo apuro y… —Alzó la vista hacia el confundido gesto que hacía D-16, y sus mejillas ardieron. Que Primus le continuará dando fuerzas, ya que no se haría responsable de las atrocidades que le haría si estas se iban de su lado—. Nos vemos después —soltó sin tanta gracia, y se alejó lo más rápido que pudo, empujando a sus compañeros, adentrándose en una de los almacenes de repuestos para los taladros de energon.
Dejo el datapad sobre una de los estantes y apoyo el timón en el borde del mueble, respirando hondo, activando todas las funciones que enfriaran su protoforma lo más rápido que pudiera e hiciera que sus partes sensibles dejarán de prepararse para una actividad que nunca ocurriría. Aunque, por las advertencia que se leía en su HUD, sabía que debía sobrecargarse si quería dejar de producir fluidos y calmar la calentura que lo tenía al máximo.
—¿Orion? ¿Qué haces aquí?
Y como si Primus le enviará una ayuda para aliviar sus dolencias, Jazz terminó de ordenar las cajas nuevas con repuestos que traía y se acercó a verlo. De seguro buscando alguna clase de motivo para luego hablar mal de él a sus espaldas y reírse de cosas que ni siquiera había hecho o pensaba hacer. Aunque si le daba verdaderos motivos para hablar a sus espaldas, no lo hacía. Es como si esos actos se los guardara solo para él: una parte poco conocida de Orion que solo él tenía el lujo de conocer.
—¿Te encuentras bien?
Y teniendo a Jazz a su disposición para calmar ese malestar, salvaguardando su secreto de la mejor manera, no podía desaprovechar la oportunidad que se le enviaba.
—Será mejor que guardes silencio —murmuró, enderezándose, dejando que el poco control que poseía, se fuera por completo.
—¿Por qué debería…
No terminó la frase, ya que su protoforma terminó aterrizando en medio de los estantes. Orion se subió a horcajadas sobre Jazz, buscando con su servo izquierdo retirar su placa de modestia.
—¿Qué es lo que haces?! —soltó con cierto timbre de desesperación, tratando de evitar que Orion continuará con su propósito.
—¿Acaso no quieres? —cuestionó con fastidio, dejando que el peso de su chasis cayera sobre Jazz, impidiendo que este continuara forcejeando con él para quitárselo de encima. El brazo izquierdo del confundido bot estaba sobre su cabeza, siendo sujetado con fuerza por el servo derecho de Orion, que solo sonrió de lado al ver la forma en la que las mejillas del minero se calentaron y sus ópticas se dilataron.
—Dijiste que no volveríamos a hacer esto otra vez —soltó con desconcierto, dejando que su protoforma se relajara bajo el peso de su captor. Apreciando con deleite la estructura que tenía delante.
—¿Acaso no quieres? —volvió a cuestionar con molestia, empezando a enderezarse, listo para alejarse apenas obtuviera una negativa.
—Sí, yo… sí quiero que hagamos esto. Es solo que como fuiste hiriente la última vez que yo te propuse… —El servo de Orion cubrió su boca por completo, pidiéndole que se callara.
—Si haces completo silencio, y me dejas continuar con lo mío, puede que esta vez si permita que te sobrecargues. Así que retiraré mi servo, y más vale que estés —Su servo se fue alejando despacio— en completo —su sonrisa se ensanchó al ver que Jazz no emitió ni un ruido cuando su servo se alejó por completo— silencio. Bien. Ahora quita esa placa de modestia y déjame continuar.
Cuando su servo volvió a bajar hacia la sensible zona, la púa de Jazz estaba lista para él, que sin esperar ningún tipo de advertencia o preparación, se volvieron uno.
Orion soltó un pequeño suspiro por la repentina intromisión, continuó con sus lentos movimientos, tratando de generar la suficiente fricción para que su válvula se estimulara lo suficiente y pudiera alcanzar la sobrecarga. Solo que no se sentía del todo bien: Jazz no se quejaba, ni siquiera emitía un ruido. Cerró las ópticas para dejar de ver su gesto serio y trató de imaginar a D-16 mirándolo con temor, llorando porque no le hiciera más daño. Rogando porque se detuviera.
Volvió a abrir las ópticas y contempló a Jazz con atención, la forma en la que lo veía con los ojos entrecerrados, aguantando cualquier tipo de cosa que quisiera decir. Con los servos quietos a cada lado de su protoforma, sin moverse. Parecía una cosa sin vida con la que solo estaba jugando.
No le agrado para nada. Al menos el Jazz del pasado era más entusiasta en las cosas que hacía. En cambio este…¿Acaso ese fue el motivo por el que lo dejo? No, claro que no. El tonto comenzó a pedir una unión mas formal, posible creación de chispas. Una clase de relación en la que el amor fuera su principal interés y no encuentros pasajeros y crueles en las que Orion lo dejaba sin llegar a la sobrecarga.
—Puedes gemir si quieres, pero no seas un escandaloso. Y también tócame, idiota —pidió con fastidio, llevando los servos de Jazz hacia su protoforma. Casi soltó un grito cuando uno de los servos se cerró con fuerza sobre su muslo izquierdo y otro sobre su placa pectoral derecha.
Cerró con fuerza las ópticas y trato de imaginar que era D-16 tratando de apartarlo, rogándole que parara; ya no quería continuar con eso. Las caricias se sentían bien, incluso el que Jazz lo estimulara masturbando su ignorada púa, se sentía en la gloria. Pero seguía sintiendo una falta. No era lo que pasaría si fuera D-16 bajo él. No era lo que el minero asustado haría por quererlo llevar a la sobrecarga.
Abrió las ópticas y vio con enojo a Jazz, ignorando la mirada satisfecha que le mostraba. Le gustase o no, ese bot le brindaría parte de su fantasía. No lo dejaría solo y necesitado en ese almacén, y aun así seguía sin ser suficiente. Con fastidio, cerró su servo izquierdo sobre la garganta del minero, haciendo presión de una forma peligrosa, esperando ver miedo y pánico en su mirada, una palabra de terror que le pidiera que se detuviera. Nunca llegó el gesto esperado. En su lugar obtuvo una sonrisa satisfactoria, un gesto complacido por obtener ese toque. Apretó con más fuerza, y Jazz, en vez de gritar, gimió de placer, pidiendo que apretara más fuerte.
Este no era D-16. Él nunca actuaría así. Él no disfrutaría con sus maltratos.
Fastidiado, se puso de pie de forma lenta, ignorando si aún no habían llegado a la sobrecarga o si el bot se quedaría igual de caliente que él. Tomó su púa en su servo e hizo lo que aprendió a fuerza para aliviar momentáneamente su excitación: se masturbo lo más rápido que pudo y dejó que su transfluido cayera sobre Jazz, que divertido, recogió un poco del pegajoso aceite entre sus dígitos y se lo llevó a la boca.
—¿Alguna vez te dije que sabes demasiado bien?
Orion arrugó el entrecejo, y cubriendo sus partes nobles de la vista de un confundido Jazz, tomó su datapad del estante y comenzó a alejarse hacia la salida.
—A pesar del esfuerzo, sigues sin ser suficiente —dijo antes de salir por completo del almacén y caminar despacio hacia los baños. Necesitaba lavarse y prepararse para su siguiente turno. Aunque si tenía que ser sincero, no se sentía preparado para ver a D-16 y volverse a excitar ante su presencia y las fantasiosas ideas que tenía para poseerlo como suyo.
Así que con toda la paciencia del mundo, se lavó lento y despacio, disfrutando del frío aceite que lavaba sus partes y lo calmaba. Aunque imaginar a D-16 a su lado, tocando con cierta calma su chasis y parte de su placa abdominal, ver como cambiaba su gesto antes su cercanía y la intención de que su servo continuará descendiendo hacia su placa de modestia, no estaba ayudando a calmar su sistema.
Rozando con sus dígitos la sensible área, insinuó con su mirada, llena de deseo, que retirara la obstrucción que le impedía darle la atención que se merecía.
—No hagas eso, Orion —rogaría D-16, apartando la mirada, tratando de alejarse de su toque.
—¿Por qué no? Va a gustarte —lo arrinconaría contra la pared, y frotando con demasiada intención su placa de modestia, haría que le enseñe lo que ocultaba dentro—. Vamos, ábrete para mi.
D-16 vacilaría, y con las ópticas llorosas, trataría de hacerlo a un lado, nervioso.
—No creo que debamos hacer eso. Alguien nos podría ver —volvería a excusarse, tomando su servo entre los suyos, tratando de apartarlo.
—¿Tienes vergüenza de que nos vean juntos? —fingiría estar dolido ante sus palabras, pegándose más hacia su protoforma. Buscando que sintiera lo caliente que lo tenía—. A mi no me importaría que me vieran bajo tuyo, gritando tu nombre —reconocería.
Y era cierto.
Otra de las cosas que no le importaría es que el resto de bots viera la forma que ambos compartían una conexión. Al contrario, demostraría al resto que D-16 se abrió para él y lo tomó como suyo. Que lo bañó con sus fluidos y que en su interior albergó todo su ser. Como si todo él estuviera hecho para D-16, y que ambos se complementaban con tanta naturalidad que sus protoformas, circuitos y chispas gritaban el uno por el otro, reclamando su unión. Y que el resto fuera un testigo de ese reclamo público, solo haría que su unión fuera mucho más real y verdadera para ambos; no pudiendo borrar de ningún modo ese acto impío y violento. Ya que D-16 lloraría y rogaría por ayuda a un grupo de crueles espectadores que solo estarían ahí para disfrutar del dolor que Orion le haría pasar.
—Orion.
El bot aceleró más rápido su servo, esperando que con esta segunda sobrecarga su sistema, circuitos y procesador pararan con la necesidad abrumadora de poseer a D-16 de todas las maneras posibles.
—¿Orion?
Su voz se escuchaba tan real que ya estaba a punto de… Esperen.
Abrió las ópticas y se giró a ver a un curioso D-16, que parado en la puerta de ingreso a los baños, aguardaba su respuesta.
—¡No deberías estar en tu turno! —le recrimino, soltando un suspiro, viendo la forma de guardar su púa presurizada e ignorar lo doloroso que se sentiría tenerla así.
—Sí, pero como no llegabas, me preocupé. Elita One no está de buen humor ahora mismo. Golpeó a Darkwing cuando éste trató de poner calma a sus gritos y amenazas. Si se puso así con el encargado por pedirle amablemente que no tratara de forma grosera al resto de mineros, imagina lo que hará cuando vea que nosotros no…
—¡¿Qué estás haciendo aquí, D-16?!
El bot dio un salto sorpresivo, mirando con temor a su jefa de área. Orion frunció el ceño ante la forma amenazante con la que Elita One se acercaba a D-16. Ella no podía ser la que lo aterrorizara, ese era su deber. Y no pensaba compartir a Su bot con una fembot loca y desquiciada que gozaba con golpear y arrancar miembros para su disfrute personal. Él dañaría al tímido minero a su manera, no mutilando ni lastimando su protoforma. No. Habían otras formas de causar daño permanente sin recurrir a ese tipo de violencias. Además, no iba a permitir que su atormentada jefa le quitará el placer de gozar con el miedo que produciría en D-16.
—No les había dicho que…
—¡Elita One! Puedes acercarte aquí, necesito de tu ayuda —gritó Orion, aun de espaldas, sabiendo cual sería la reacción de su jefa. Ni siquiera necesitaba verla para saber como actuaria.
Su mirada iría de él a un confundido D-16, meditando contra quien descargar su ira.
—No tengo todo el día, Elita One. Vendrás o es que acaso tengo que recurrir a un minero de nivel inferior para que me ayude.
Sabía lo que Elita diría para deshacerse de D-16.
—Largo de aquí, D-16. Ve y cumple con tu deber. Y más te vale recolectar el doble que la miserable cantidad de la vez anterior si no quieres que te relegue de tu posición. Y créeme, no quieres estar en un nivel más bajo.
No fueron las palabras que Orion esperaba escuchar, pero al girarse a ver a D-16, vio como este lo veía por última vez antes de alejarse corriendo.
—Se puede saber que carajos te pasa, Orion…
Sus palabras murieron cuando Orion volteo a encararla, mostrando el problemita con el que necesitaba ayuda. Elita One no reprimió la carcajada que resonó en las paredes de las duchas.
—Debe ser una jodida broma. ¿En serio? ¿Repetiremos esto otra vez? ¿Cuántas veces tengo que aliviar tus desenfrenadas calenturas, eh?
—¿Acaso debo recurrir a otro para esto? —cuestionó acercándose a paso lento hacia la fembot que, con una sonrisa divertida, lo recibió en sus brazos, tomando en su servo la púa que exigía atención.
—Será la última vez que te socorro en esto, Orion. Hay una bot que me interesa y pienso tener algo serio con ella.
—No te estoy pidiendo seas mi conjux, Elita, solo un poco de alivio —sonrió con sorna, pegando su protoforma al de la bot.
—Es bueno saberlo. Así rogaras por algo más, tampoco iba a dártelo.
Orion sonrió divertido. Por ese tipo de cosas le agradaba Elita One.
La forma en la que comenzaron sus encuentros sexuales fue tan divertida para ambos, que no dudaron en repetirlo cada vez que tenían la necesidad de aliviar sus calenturientas protoformas. Y justo había sido un arrebato de sus calenturientas estructuras que los llevó a tener su primera conexión.
Ya era muy común que ocurrieran accidentes en los túneles, lo que no se esperó es que justo Elita One y Orion Pax quedaran atrapados tras un derrumbe que, de no haber sido por las barras de contención, pudieron haber muerto aplastados. Y por mucho que no trataran de tocarse o que sus muslos hicieran fricción, conforme los escombros continuaron cediendo, sus estructuras quedaron mucho más juntas de lo deseado, imposibilitando el simple hecho de moverse sin rozar de forma vulgar y atrevida la protoforma ajena. Movimientos fueron yendo y viniendo, que en menos de lo que ambos pudieron reconocer, sus roces terminaron por despertar un deseo de urgencia, que sin diálogo alguno, hizo que revelaran sus púas necesitadas y ávidas de atención, iniciando un lento vaivén de movimientos limitados, en que los besos y caricias hicieron lo suyo.
Para cuando los encontraron sus molestos compañeros, ya todo había acabado, e hicieron de auriculares sordos a las amenazas de dejarlos atrapados bajo los escombros la próxima vez que se metieran en problemas, ya que se les hacía más fácil retirar pedazos de cadáveres en vez de organizar búsquedas de rescate. Así que para la siguiente ocasión que se quedaran prisioneros bajo bloques de energon inestable, tuvieran la decencia de dejarse morir antes de enviar avisos de ayuda.
Poco les importó las amenazas o castigos que se les impusieron por sobrevivir al derrumbe, solo querían terminar de quitarse las dudas de saber como se sentiría hacer más que solo masturbarse con molestia en un lugar cerrado. Así que en menos de dos días, ambos terminaron envueltos en un manojo de servos y pedales que no se sabía donde iniciaba uno y terminaba el otro, haciendo todo lo que no pudieron en ese claustrofóbico espacio, explorando y conociendo mas del otro de lo que les gustaría admitir a ambos. Y entre idas y venidas de encuentros pasajeros y fugaces en lugares menos esperados, Orion aprendió dos cosas: 1) que Elita One siempre tomaba el control, y 2) que no cualquier amante que tuviera en el pasado se le igualaría nunca.
Así que cuando lo llevo a rastras y empujones hacia el pequeño cuarto de recargas de Darkwing, no solo no puso resistencia a terminar de bruces en la cama de recarga, sino que no trato de pensar en la forma que Elita había conseguido los códigos de acceso ni a cuantos otros bot había llevado ahí. Porque sí, Elita One podría ser benévola al ceder un poco de su tiempo, solo que Orion Pax sabía que no era el único y mucho menos el más importante para la fembot. Por lo visto había encontrado un nuevo favorito a quien dar mucha más prioridad y atenciones. Pero mientras lo ayudará a terminar de aliviar la necesidad que tenía por poseer a D-16, le estaría mas que agradecido.
Claro, a su manera.
Se giró con cierta vacilación para observar lo que su jefa hacía, viéndola colocar unos códigos que bloquearon la puerta, impidiendo que alguien más ingresara y los interrumpiera. Cuando se giró a hacer lo suyo, Orion se abrió de piernas, mostrando lo ansioso que estaba y que no debía demorar demasiado para calmar esa necesidad enfermiza que lo tenía con la idea frecuente de lastimar a D-16 en distintas situaciones en las que lo hacía sufrir mientras gozaba de su miedo.
—Si que estas ansioso —sonrió de lado, acariciando con su servo izquierdo su muslo derecho, dirigiendo sus dígitos al único lugar que ahora reclamaba su total atención. No mostrando ningún tipo de molestia por su atrevimiento.
—Déjate de palabrerías e inicia de una vez —exigió, envalentonado por su necesidad, abrazándola con sus piernas, atrayendo su estructura hacia su centro. Elita One tomó entre su índice y el pulgar el pequeño y brillante nodo, que pellizco con gusto al entender lo que Orion quería que hiciera. El bot soltó un grito de dolor mezclado con placer.
—Dije que te ayudaría. Y lo haré a mi manera, no a la tuya. Así que más te vale soltarme si no quieres que te arranque el nodo de un tirón —amenazó. Orion soltó sus piernas y no opuso resistencia cuando su jefa lo volvió a regresar a su posición inicial, elevando sus caderas para tener una mejor visión de lo que deseaba poseer.
En el pasado pudo haberla amenazado, replicar que no quería estar en esa posición y que lo tomara de una vez por todas. Solo que pensaba continuar teniendo su estructura intacta y no provocar de tal manera a la fembot, que luego se arrepintiera. Ya en el pasado, luego de sus tranquilos primeros encuentros, trato de llevar la situación a su manera, poner a Elita en una pose que no solo no le agrado a la bot, sino que terminó por dejarlo inconsciente por su atrevimiento. Bloqueó de su procesador lo que sea que le hiciera y no pretendía recordar para no causarse algún malestar. Desde entonces solo hacia caso a lo que ella dijera, propusiera y quisiera, sin voz ni voto, deseando que le tuviera la suficiente consideración para llevarlo a la sobrecarga estando consciente y no desmayado como en sus últimos encuentros, antes de pensarse bien en si quería volver a repetir otro encuentro brutal con Elita One. Ahora que lo recapacitaba, debió buscar la ayuda de otro antes de ofrecerse en bandeja de plata ante su desquiciada jefa.
Tres dígitos ingresaron sin ningún tipo de advertencia en su válvula, arrancándole un grito de sorpresa y dolor, mientras sentía que de forma brusca expandían su interior.
—No necesitas prepararme —gimoteo tratando de ignorar el malestar, queriendo acabar cuanto antes con ese encuentro—, ya estoy listo —garantizo en un claro engaño hacia su procesador. En serio necesitando que Elita calme cuanto antes esa urgencia.
—Mi púa ya no es la misma con la que te divertiste en el pasado, Orion —dijo, ingresando más hondo, frotando de forma lenta su interior.
—¿Qué quieres decir con eso? —cuestionó asustado, tratando de ver la entrepierna de Elita, averiguar que tanto había podido cambiar algo que por meses se vio igual y su cuerpo aceptó sin ningún tipo de problema.
—Las fembots cambiamos, Orion. Y lo que menos quiero es verte cojeando o quejándote para no ir a trabajar con el resto de tus compañeros.
—No haré eso. —Los dígitos abandonaron su interior, y algo extremadamente grueso empezó a frotarse entre sus húmedos pliegues—. Sabes que soy bueno con los desafíos.
Una carcajada burlona se oyó a sus espaldas, y la punta de la cosa que se frotaba en él, empezó a empujar, buscando abrirse paso en su interior. Su cuerpo se tenso ante el dolor que le esperaba.
—Si ese es el caso, relájate. Que esto te gustara.
Y como si su protoforma nunca hubiese recibido esa clase de tortura o su válvula fuera tan pequeña y primeriza, la punzada de dolor agónico que lo atravesó, lo hizo gritar de tal forma que quien lo oyera, creería que estaba siendo asesinado.
—Vamos, no seas tímido. Relájate. Que no me dejas mover como quiero.
Orion apretó con fuerza sus dentas y trato de no quejarse por el dolor. Agarrando con fuerza las sábanas y ocultando su placa facial entre ellas, llorando.
—Vamos, relájate. Se que te gusta —murmuró Elita, empezando a reír mientras aumentaba el ritmo, haciendo que Orion se retorciera.
—Elita, por favor —rogó, armándose de valor para apoyarse en sus brazos con la intención de alzar el casco y poder contemplar a su jefa y la cosa que se hundía cada vez más en su interior.
El servo de Elita lo empujó hacia la cama, ejerciendo presión.
—Quédate ahí, si sabes lo que te conviene. Si tanto te duele, puedes tocarte a ti mismo y aliviar ese malestar —amenazó, tomándolo por las caderas y aumentando el ritmo de sus embestidas.
Su procesador, tratando de lidiar con el dolor, y la estimulación que empezó a darse para intentan disfrazar la incómoda intromisión, reprodujo imágenes aleatorias de D-16. Tanto las reales como las locas fantasías que tenía con el bot y las formas violentas en las que podría lastimarlo o hacerlo sufrir mientras él poseía la nerviosa estructura, cobijando en su interior la ansiosa púa, que lo abría como Primus mandaba. Preparándolo para recibir su espeso transfluido, que su matriz recibiría gustosa y lista para engendrar a una pequeña chispa que su tanque de gestión ansiaba llevar.
La forma tosca y descuidada de los movimientos, el agarre en sus caderas; la intensidad con la que se expandía su interior para amoldarse al tamaño: Prima, dame la fuerza para recibirlo como se merece, rezo entusiasmado, sintiéndose cada vez más cerca del clímax. Preparado para el exquisito llenado que tendría.
Hundió las garras, ignorando el dolor, en la dura superficie de la cama, apretando lo máximo que podía su interior para anticipar y sobreestimular la púa que continuaba abriéndolo sin ningún tipo de piedad o consideración.
—Dee, por favor —musito, apretando con más fuerza las dentas, haciendo una especie de almohada con las sábanas que tenía entre los brazos, buscando callar los ruidosos gemidos que estaba a punto de soltar ante su sobrecarga—. ¡Dee! —grito desesperado, sintiendo sus muslos cerrarse y su protoforma vibrar ante el inminente golpe de descarga que tuvo. Dejándose caer rendido sobre la desordenada superficie. Ansiando sentir al transfluido calentarlo y derramarse con cada última embestida que su amante daría
—¿Dee? ¿D-16? —rio divertida, saliendo del interior húmedo del bot, solo para ponerlo de cara a ella y penetrarlo inmediatamente—. ¿En serio estas así por él?
Orión quiso gritar, amenazar con golpearla si no paraba con su palabrería, pero la sobreestimulación que estaba sintiendo, y la forma en la que su interior latía con cada nueva embestida, más la sobrecarga reciente, hicieron que su procesador no supiera qué palabras decir o qué pensar. El estímulo se sentía tan extraño y placentero, que su procesador estaba registrando las sensaciones como algo agradable y delicioso de tener y repetir.
—Dee —volvió a gimotear, apretando sus muslos en torno a la protoforma que tenía entre las piernas, dejando que su cuerpo se calentara de nuevo, listo para la nueva sobrecarga.
—Si estás imaginando a D-16, haré que el encuentro sea inolvidable —advirtió, tomando la pierna derecha de Orion y llevándola hacia su hombro, profundizando sus embestidas, celebrando su descubrimiento y hazaña como una nueva actividad preferida que con gusto volvería a repetir. Claro, si eso le daba diversión y una válvula caliente que llenar con sus fluidos, con gusto volvería a tener este tipo de encuentros con el minero.
…
Orion terminó siendo internado en la enfermería.
Entre tanta estimulación y sobrecarga, su procesador no era consciente de muchas cosas y sus circuitos no hacían más que temblar entusiasmados por las recientes atenciones que le dieron. Atenciones que por lo visto fueron demasiadas para su precaria y limitada protoforma, que tuvieron que reprogramar varias de sus funciones básicas para que su procesador volviera a estar funcional otra vez.
Y pasó lo que tanto temía Orion: D-16 veló por su cuidado día y noche. No había hora en la que el minero no estuviera a su lado supervisando que le dieran la atención necesaria y lo alimentaran como era debido. En más de una ocasión peleó con el doctor para que no probara experimentos raros en su amigo, y terminó durmiendo frente al camastro para cerciorarse de que no le hicieran nada raro.
Desde que Orion Pax reaccionó y reconoció donde se encontraba, trató de espantar a su benévolo guardián, que cada día le traía raciones extra de energon que no le interesaba de dónde salían, pero lo agradeció con una gran sonrisa. Después fue su datapad con un nuevo grupo de memorias que no había visto antes. Cuando confrontó a D-16 sobre ellas, este le confesó que fue a meterse a los archivos para encontrarlas. Orion no pudo estar más que sorprendido por eso. Luego fueron los pequeños regalos que llegaron acompañando al energon: flores de cristal, pequeñas cantidades de dulces… No había día en el que D-16 no apareciera con algo como eso.
—¿Qué me traes esta vez? —pregunto apenas D-16 ingreso a su habitación asignada.
Darkwing había ordenado que mientras Orion Pax no mostrará signos de mejora, debía estar en completo reposo para que su recuperación no se viera afectada. Cada noche Orion se encargaba de alterar algo en su sistema para que cada mañana el doctor ordenará otro día de descanso. No había nada que hacer salvo avanzar con la lectura de su datapad, y no iba a perder la oportunidad que tenía libre como para no aprovecharla.
—Son tornillos de chocolate —dijo entregando la pequeña bolsita, sentándose en la silla que estaba a lado del camastro.
—Estas comienzan a volverse mis favoritas —confesó, comenzando a comerlas, saboreando con gusto el sabor dulce en su paladar.
—Entonces, empezaré a traerlas más seguido.
La forma emocionada con la que D-16 lo veía, le causaba mucho desagrado. Aunque no iba a negar que le agradaba que solo para él tuviera esos detalles y esa emoción para hacerlo. Su aspecto cansado y ojeroso le daba tanto placer que no pudo resistirse a tocarlo.
Las ópticas de D-16 se abrieron con sorpresa cuando el servo derecho de Orion acuñó su mejilla con cariño, y empezó a acariciarlo.
—Te ves cansado. ¿No has estado durmiendo bien?
Esperó estar sonando lo suficientemente convincente y preocupado, ya que en sí no le importaba en lo más mínimo si D-16 se enfermaba o moría. Con tal que no lo hiciera antes de que él pudiera gozar de su dolor y su sufrimiento tras reclamarlo suyo, no habría ningún problema.
—Acepte doble turno para juntar lo suficiente y poder comprar esos dulces —confesó, cerrando las ópticas, inclinándose al toque.
—Ay, D-16, no debiste hacerlo —murmuró acariciando con el pulgar parte de la delicada mejilla.
—No fue nada, yo estaba…
—No, en serio, no debiste hacerlo. Si vas a estarte quejando de esta manera, ten —le regreso sus dulces—, no los quiero. Y tampoco quiero que vuelvas a venir a verme. No quiero ser el culpable por el que no duermas como se debe. Así que ya vete. ¡Vamos fuera!
D-16 lo vio de forma tan confusa, que apenas se puso de pie, rompió a llorar, arrodillándose al lado del camastro, tomando los servos de Orion entre los suyos.
—No era mi intención hacerte sentir culpable. Y no me estoy quejando, a mi me gusta venir aquí a verte, traerte regalos, pasar el tiempo contigo. Por favor, Orion, no me niegues verte. No volveré a decir nada sobre el trabajo ni mis turnos. Ni siquiera hablaré, si con eso…
Orion cubrió con su servo la boca de D-16, callándolo.
—Solo bromeaba —sonrió de lado—. No lo decía en serio. ¿Cómo podría alejarte de esa manera de mi lado? —cuestiono, limpiando con sus dígitos el refrigerante que aún continuaba abandonando las cuencas de D-16. Calmando la emoción de haber sido responsable de ese pequeño arrebato de tristeza y miedo.
—¿No estás molesto conmigo?
Orion quiso reírse por esa ingenuidad. De lo fácil que era engañar a D-16. De lo divertido y sencillo que sería tenerlo a sus pies. De pronto una idea retorcida cruzó su mente. Si el tonto minero accedía, ya no habría vuelta atrás. Ya no encontraría forma de reprimir lo que por meses estuvo rondando su mente.
—¿Quieres recostarte a mi lado ha descansar? —palmó de forma sugerente su lado de la cama, haciéndole espacio a su invitado.
Una parte de él le decía que D-16 rechazaría su oferta, que su modestia y buen comportamiento le darían las gracias y volvería a sentarse en su silla. En la que en más de una ocasión lo encontró dormido. Pero otra parte rogaba por que aceptara y con sumo cuidado y deleite se recostara a su lado para permitirle continuar con su morbosa imaginación.
Y como si Primus continuará de su lado, D-16, con las mejillas rojas y la mirada gacha, murmuró:
—Si eso no va a incomodarte, me gustaría mucho.
Orion terminó de hacerle espacio y se recostó de lado, aguardando para ejecutar su siguiente movimiento.
La protoforma de D-16 encajó a la perfección a lado de Orion. Y por la forma tímida con la que volteo la mirada para verlo, le dio pie a continuar.
No espero ningún tipo de advertencia, señal ni diálogo por parte de D-16. De seguro el bot estaría pensando una forma ingeniosa de agradecer la consideración de dejarlo descansar en un lugar tan cómodo, que por la forma sorpresiva en la que Orion se lanzó a sus dermas, cualquier idea o diálogo murió mucho antes de ser pensado para decir.
No iba a negar que desde hace mucho soñaba con probar las dermas de D-16 de aquella manera. Explorar su glosa de esa forma hambrienta en la que se deleitaba con el sabor delicioso y dulce de una boca que lo aceptó con timidez y permitió que fuera cuan hondo quisiera. La torpeza con la que seguía sus movimientos solo le dieron hincapié a acercarse y profundizar aún más el beso; permitirse memorizar la agradable sensación de este bello momento.
—Gracias por el obsequio —murmuró al romper el beso, contemplando el gesto avergonzado con el que D-16 lo veía y se continuaba ruborizando.
—No fue nada. Es algo que tenía mucha emoción de hacer —contestó sonriendo, mirándolo con entusiasmo.
Orion hubiese querido ver temor y miedo en esa mirada, pero no iba a negar que no le incomodaba ver esa clase de reacciones provocadas por él y solo para él.
Ahora que lo notaba, amaba la forma en la que las ópticas de D-16 recorrían su protoforma y las sonrisas que le dedicaba. La forma tímida y pausada con la que solía acercarse y buscar cualquier tipo de conversación que los tuviera uno al lado del otro. Incluso las pequeñas actividades que compartían eran únicas, ya que nunca vio que el bot se esforzara tanto para hacer lo mismo por otro de sus compañeros. Era como si todo ese esfuerzo y tiempo invertido fueran solo para él. Todo por él.
Una sensación agradable se extendió por su chasis, haciendo vibrar su chispa. Volvió a acortar de nuevo la distancia y el beso que le dio fue mucho más lento y pausado, disfrutando de su cercanía y calor.
—¿Quieres que te continué besando? —pregunto subiéndose a horcajadas sobre la rígida protoforma, que con nerviosismo apartó la mirada, empezando a calentarse.
—No quiero parecer un aprovechado —murmuró, cerrando las ópticas, agarrando con fuerza las mantas bajo sus servos.
Orion sonrió, y tomando sus brazos, lo forzó a poner los servos sobre su casco, inclinándose hasta casi rozar sus dermas.
—Podrías dejarlas ahí para mí, por favor.
D-16 solo asintió antes de que su boca fuera nuevamente invadida por una glosa traviesa que se deleitó en recorrer cada centímetro de cálida abertura del mismo modo que su servo tocaba cada parte del chasis y placa abdominal del bot que tenía bajo suyo.
—¿Te abrirías para mí? —pregunto tocando sin ningún tipo de vergüenza la placa de modestia. D-16 lo miró más conflictuado que convencido, y asintió.
La púa que se liberó, ya mostraba transfluido en la punta. Irguiéndose sin mucho descaro ante su sorprendido espectador, sin ningún tipo de demora, lo tomó en su servo derecho, empezando a masturbarlo.
—Imaginaba que serías grande, pero nunca así —dijo con entusiasmo, acercándose con intención de volverlo a besar. D-16 se apartó del gesto.
—No digas eso. Solo, solo ve despacio, ¿si?
—¿Por qué? ¿Te duele?
—Es la primera vez que otro bot me toca así, y no sé cómo debería sentirse —contestó avergonzado, desviando la mirada.
La sensación agradable en el pecho de Orion se intensificó. Un sentido de pertenencia se instaló en su procesador. Si D-16 no había hecho eso con nadie más, eso significaba que…
—¿Es tu primera vez haciendo esto con otro bot?
—Solo me he tocado yo mismo, nunca permití que otro me tocara de esta manera. Solo tu. Tu eres especial para mi, Orion —confesó, mirándolo con las ópticas brillantes, transmitiendo más que lo que sus palabras acababan de decir.
Si Orion no se sobrecargo ahí mismo con esa confesión, fue porque cierta parte de él quería terminar de reclamar a D-16 como se correspondía: adjudicándose el título de ser el primero en corromper y tomar la inocencia de ese bot como siempre había deseado y soñado desde hace mucho. E incluso el saber que él sería el primero en estar haciendo ese tipo de cosas con el minero, hacían que su chispa retumbara de dicha y emoción.
—No te preocupes, seré gentil —mintió, aumentando el ritmo de su servo, apretando tan fuerte que sonrió con orgullo cuando D-16 gimoteo de dolor.
—Orion… despacio —murmuró apretando las dentas, dejando que refrigerante empezara a asomarse por sus cuencas—. Por favor —suplicó con la intención de enderezarse, bajando los servos para colocarlos sobre el de Orion—. Duele.
—No puedes moverte —dijo con fastidio, apartando los servos de D-16; cuyo refrigerante ya estaba bañando sus mejillas.
—Me duele. Dijiste que serías gentil.
Por la forma en la que se mordió la derma inferior, Orion supo que estaba callando sus gritos. Apretó con más fuerza la púa, haciendo que D-16 se arqueara, soltando un grito.
—¿Quieres que me detenga? —cuestiono, soltando un poco su agarre, empezando de nuevo a frotar con calma y delicadeza—. Si te duele, puedo detenerme.
La mirada que le dedico D-16 era de confusión total. Solo negó y se cubrió con el antebrazo las ópticas, dejando que su voz revelara lo emocionado y dispuesto que estaba para lo que Orion quisiera.
Pero para Orion no era suficiente.
Así que retirando su placa de modestia, dirigió la púa hacia su válvula, y con un certero movimiento, los volvió uno.
Por la forma asustada en la que D-16 volvió a gritar y retiró su brazo para verlo, fue algo que no esperaba y no parecía creer que entre ellos fuera a pasar.
—Relájate. Me va a costar acoplarme a ti como se debe —dijo con una pequeña sonrisa, aguantando el dolor y solo tratando de captar todas las sensaciones agradables que le provocaba sentir a D-16 en su interior, expandiéndolo de esa manera. Haciendo que sus paredes internas se amoldaran a su tamaño.
Debía agradecer a Elita One y la previa preparación para ese momento. Todo lo que había ansiado del auténtico D-16, ahora estaba ocurriendo, y no podía desaprovechar el momento.
—Orion.
El servo izquierdo de D-16 subió por su cintura, tocando con su pulgar la curvatura de su pectoral izquierdo. La sensación se sintió demasiado agradable.
Tomó su otro servo y lo puso sobre su bajo vientre.
—¿Lo sientes? Ese eres tú, abriéndome sin ningún tipo de consideración. ¿Te gusta?
Su sonrisa se ensanchó ante el gesto confuso del bot, que de forma tímida tomó su púa olvidada y se centró en estimular la punta.
—Si te duele, debemos parar —musito, acelerando su servo, acercando a Orion hacia su placa facial.
Fue el turno de Orion de retorcerse de placer, gozando con cada una de las agradables sensaciones y estímulos.
—No me duele. No quiero parar —murmuro, cada vez más cerca de las dermas de D-16.
—Yo tampoco.
El desesperado beso no hizo que Orion detuviera el lento vaivén con el que continuaba estimulando su interior, apretando lo más que podía esa púa invasora que continuaba yendo cada vez más hondo, conforme el servo de D-16 estimulaba su púa al mismo ritmo de sus movimientos, generando una sensación deliciosa que subía de su bajo vientre y se expandía por toda su protoforma, advirtiendo que estaría próximo a la sobrecarga.
Apoyó los servos sobre el chasis de D-16 e intensificó sus movimientos, preparándose para la sobrecarga, sonriendo al sentir que el agarre de su amante sobre sus caderas se hacían cada vez más fuertes, mientras se quejaba por pretender apartarlo.
—Orion, para, por favor —gimoteo tratando de sacárselo de encima—. Para, por favor.
Orion ensanchó su sonrisa, y poniendo todo el peso sobre sus muslos y servos, aceleró sus movimientos. Cuando sintió que D-16 se tensaba bajo su peso, supo que tendría que entrenar al minero para tener más soporte si querían continuar teniendo esos encuentros. Al sentir el caliente transfluido llenar su interior, no solo supo que sus sospechas eran ciertas, si no que tendría que empezar cuanto antes con ese entrenamiento si no quería quedarse sin sobrecargar.
—Dime que solo es un pequeño desfogue, y que puedes continuar con normalidad —cuestiono moviendo sus caderas de forma sugerente, sintiendo como empezaba a filtrarse el transfluido de su interior.
—Yo, lo siento, Orion. No creo poder seguir —contestó avergonzado, mirándolo con temor.
Orion solo ensanchó más su sonrisa.
—Si ese es el caso —Se puso de pie sin ninguna dificultad, mirando todo el desastre que se vertía entre sus muslos—, deberás hacerte cargo de mí de otra manera.
Separó con violencia las piernas de D-16 y se arrodilló entre estas, viendo como la válvula húmeda, hinchada y chorreante del minero pedía por su atención.
—¿Orion?
—Mírate como estas. —Dos de sus dígitos ingresaron en el interior húmedo y apretado sin ningún tipo de advertencia o cuidado. La forma en la que D-16 inclinó el casco hacia atrás y gimió, le dio una clara motivación a Orion de continuar con su exploración, tratando de ir más hondo—. Listo para mi.
Retiró sus dígitos, y alzando las caderas de D-16 a la altura de su placa facial, se atrevió a probar ese húmedo manjar, saboreando a conciencia la cálida válvula, que parecía vibrar ante sus curiosos toques.
Si Orion lo confesaba, nunca en su vida se había atrevido a tocar o probar una válvula de la manera en la que tenía a D-16 entre sus dermas, estimulando su interior, mordisqueando el brillante nodo con el que el minero se comenzó a retorcer pidiendo calma y cuidado. Y si continuaba así, sabía que podía hacerlo sobrecargar otra vez. Aunque en su procesador, otra idea retorcida se instaló sin ningún aviso o consideración por el asustado D-16, que se retorcía llorando porque se detuviera.
En uno de sus prometedores descubrimientos entre las memorias que encontró en los archivos, leyó que los Prime tenían una forma muy peculiar y única de tener uniones dobles y asegurarse de que uno de los dos, o los dos, pudieran quedar fecundados para la creación de pequeñas chispas que tenían que poblar cybertron. Entonces, en sus encuentros, mientras Megatronus Prime y Prima Prime serían los siguientes en realizar una unión, y viendo los otros que aún les faltaba por hacer, pensando en acelerar el proceso, Prima, en un intento de jugueteo, removió su púa y válvula y la cambió de lugar, incitando a que Megatronus se quedara quieto para probar su experimento. No solo funcionó de forma excelente, sino que los otros Prime empezaron a ponerlo en práctica, facilitando los encuentros, haciéndoles sentir de otra forma la unión y sobrecarga.
Orion, aburrido de estar en esa pequeña habitación, probó si los registros eran ciertos. Así que una de las noches, luego de despedirse de D-16, desmontó su púa con sumo cuidado y empezó a estimularse a sí mismo. Probar si todo lo que leyó era cierto, moviendo de lugar el orden de su creación natural; pretendiendo aguantar lo más que pudiera en el jugueteo candente con el que se estimuló hasta perder el conocimiento.
Pensando en comprobar lo descubierto con alguno de sus amantes apenas saliera de la enfermería, el mismísimo Primus le facilitaba las cosas al ponerlo en esta situación con el asustadizo D-16, que aun rogando porque se detuviera, parecía estar cerca de la sobrecarga. Así que volviendo a dejar al confundido minero sobre el camastro, se apartó lo suficiente para cambiar la posición de su púa y válvula y alinearlas con las correspondientes del sorprendido bot, que alzando el casco tras ver lo que hizo, empezó a cuestionar qué era lo que pretendía hacer.
—Relájate, esto será divertido.
Y empujo con fuerza y sin ningún tipo de remordimiento, soltando un grito cuando la doble sensación de placer y estimulación lo recorrió de pedales a casco, haciendo que su protoforma vibrará con demasiada intensidad.
—Primus —soltó viendo con atención como D-16 se arqueaba y gimoteaba de forma ahogada—. Esto se siente demasiado bien.
Temblando, dio la primera embestida, ahogando el grito que expresaría el agradable placer que nubló su procesador y estuvo a punto de hacerlo perder en las deliciosas sensaciones que sus circuitos y sistema estaban registrando. Forzando a sus ópticas a enfocarse en D-16, apreciando fascinado como el bot se retorcía de placer soltando pequeños gemidos ahogados.
—¿Te gusta? —pregunto, acariciando su muslo derecho, apretando su agarre cuando se balancea ligeramente hacia adelante, vibrando ante las placenteras sensaciones que lo recorrieron por completo—. Por Primus, no sé cuanto más pueda aguantar.
Y antes de perder el poco control que aún conservaba, dio un par de embates más, llegando al clímax más placentero que su procesador alguna vez llegó a registrar.
Adormecido por el deleite de tan satisfactorio momento, se dejó caer sobre la chasis de D-16, sintiendo al bot demasiado quieto para su gusto.
—¿Te gustó? —murmuró, alzando el casco para apreciar a su amante. Y a pesar de que no era el tipo de unión que quería tener con D-16, el encuentro que tuvieron no le pareció desagradable. Al contrario, al ver el refrigerante bañando sus mejillas, le agrado demasiado ser el causante de ese llanto.
—Sí, me gusto demasiado —confesó, desviando la mirada, llorando.
—Me alegro. Ya que apenas nos recuperemos, comenzaremos la siguiente ronda —dijo moviendo la pelvis de forma sugerente, enviando esa descarga agradable de placer a sus protoformas gracias a la conexión que aún mantenían.
No iba a negarlo, le agradaba estar dentro de D-16 y sentir al minero dentro suyo. La experiencia fue gratificante, y las sensaciones satisfactorias. Claro que continuaría haciendo ese tipo de uniones con el bot. Más al saber que era de su agrado. Y sin la necesidad de escuchar la respuesta y solo sentir sus brazos y piernas rodeándolo en un abrazo, supo que ese tipo de encuentros tendría más momentos como ese.
