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Se acercó al espejo que se encontraba en una esquina de la habitación. Miró su reflejo en él. Su rostro decaído y pálido, las ojeras que parecían marcarse cada vez más a pesar de estar durmiendo más de las horas a las que estaba acostumbrada. Su mirada bajó hacia su abdomen mientras empezaba a quitarse las prendas que tenía puesta, quedándose solo en ropa interior.
Con sus manos, levantó la parte superior de la prenda que cubría su vientre.
Es imposible…- dijo mientras observaba su imagen reflejada en el espejo.
Miró sus manos sobre tu abdomen. ¿Podría ser posible?
Técnicamente sí. Había tomado todas las precauciones: las fechas de menos riesgo, las hierbas, el té. Habían funcionado durante varios meses, pero ¿ahora?
Justo ahora…
Maomao miró el reflejo de su cuerpo en el espejo, volvió a mirar su abdomen y sin pensarlo sus manos se dirigieron nuevamente a ese lugar cubriéndolo. Nunca fue buena para denominar lo que sentía, pero si algo pudiese expresar con su rostro era una conmoción extrema. Debía hacer algo. La angustia se apoderó de ella. Impulsiva como siempre, sin pensarlo más, se vistió lo más rápido que pudo y corrió hacia su habitación.
Mientras corría por los pasillos del palacio interior en su mente resonaban las palabras que A-Duo alguna vez le había dicho.
“¿Comprendes lo que significa ir a su habitación?”, había preguntado A-Duo,
“Soy originaria del barrio rojo”, había respondido ella.
“No es simplemente un encuentro casual entre hombres y mujeres. Él tiene la sangre más noble del país”, advirtió A-Duo.
“Conozco bien los métodos anticonceptivos. Tengo la intención de evitar cualquier
complicación”
Debía evitar cualquier complicación antes de que fuese demasiado tarde.
Abrió la puerta de su habitación y la cerró de un solo golpe. Colocó el seguro y se dirigió a su escritorio, abrió un cuaderno. Si algo se podía decir de ella es que, como buena asistente médico y boticaria, tenía anotado a detalle los experimentos que realizaba sobre su cuerpo y sus reacciones, así como los cambios que surgían propiamente de forma natural. Entre ellos su ciclo lunar. Observó las fechas.
¡Mierda!
No había un registro hace 2 ciclos lunares aproximadamente.
Estaba embarazada.
“No tengo intenciones de convertirme en enemiga de la emperatriz Gyokuyou”
Sus palabras resonaban en su cabeza.
“No es mi deseo ser emperador” “Quiero salir de la línea de sucesión”.
Las palabras de Jinshi hicieron eco en su cabeza.
Una pesadez extraña invadió su pecho, sintió una presión en su corazón.
Sé exactamente qué hacer.
Con determinación se levantó de la silla en la que se encontraba, caminó hacia su cama. Bajo el mueble buscó un bolso, en su interior encontró lo que necesitaba. Iba a acabar con ese problema lo más pronto posible. Cogió la tela que contenía hierbas abortivas y la llevó consigo, escondiéndola entre su ropa.
En un recipiente colocó la mezcla de raíces de alquequenje, semillas de mirabilis y frutos. El agua caliente estaba lista. Dejó que reposara un momento.
Debía ser cuidadosa, si alguien descubría lo que tenía en sus manos podría recibir un castigo mortal. Probablemente ni Jinshi podría salvarla.
Jinshi...
¿Qué diría él de esto? No pensaría que él la mandaría castigar por usar las hierbas, conociéndolo, estaría más preocupado por ella. Pero él no sabía nada.
¿Debería decírselo?
Podríamos vivir en una villa fuera del palacio y podría mandar a construir un invernadero- le había dicho mientras entrelazaba sus manos.
Era de noche y ambos miraban la luna y las estrellas. Habían subido a uno de los muros del palacio para escapar de Basen y Chue.
¡Es verdad! – ella exclamó – Podría plantar hongos y hierbas que no crecen en el jardín de este palacio. Tendría muchas y podría preparar todo tipo de medicinas. - Ella giró sobre sí sin soltar la mano de él. Con la otra tocó el rostro de Jinshi y lo miró con ojos soñadores y una sonrisa- ¿lo prometes?
Sí, te lo prometo – dijo él sonriendo – Además – agregó- tendremos una gran casa y un gran invernadero para nuestra familia.
¿familia? - ella lo miró sorprendida.
Claro, tendremos hijos y un lugar donde criarlos… Espera, ¿No quieres?
Embarazarme es una experiencia que quisiera tener al menos una vez, maestro Jinshi. Podría comer mi placenta y probarla. Quizá incluso pueda preparar alguna medicina extraña si logro conservarla. - Sin darse cuenta había empezado a sonreír de forma exagerada.
Jinshi la miró preocupado más no extrañado. Eso era algo de esperarse.
Nunca cambiarás ¿verdad?
Solo espero que tenga buena puntería y así podamos cumplir lo que mencionas y yo pueda tener mi placenta.
¿no podías usar otras palabras?
Solo soy clara. Tantos años viviendo como un eunuco puede tener ciertos efectos ¿sabe?- soltó ella con una risa maliciosa.
Jinshi la miró aterrado. ¿Qué estás pensado?
Yo, nada.
El recuerdo de esa noche trajo una sonrisa débil en su rostro.
Necesitaba hablar con él.
Dirigió su mirada hacia la ventana. Estaba oscureciendo. Colocó el té en un recipiente y se dirigió al palacio interior. Debía hablar con él.
Miró la puerta de la habitación de Jinshi. No había tenido problemas en ingresar puesto que el círculo más cercano a Jinshi sabía que tenían una relación.
Suspiró. ¿Cómo lo tomaría? ¿Qué le diría?. Las preguntas bombardearon su mente. Sin respuesta, su mano tocó la puerta un par de veces de forma automática.
- Buenas noches, señor.
Jinshi la miró y sonrió acercándose a ella.
- Deja de llamarme así, por favor. – Dijo mientras colocaba un casto beso en sus labios.
- ¿Príncipe la luna entonces?
Él hizo un puchero en señal de desagrado.
- Jinshi solamente. Te lo dije varias veces.
- Lo siento, es la costumbre.
Jinshi sujetó su rostro con ambas manos. Se inclinó hacia ella y parpadeo varias veces.
- ¿Estás comiendo bien? – dijo preocupado.
- En lo posible.
Él la miró extrañado.
- ¿Es por las náuseas?
- Sí y no.
Ella caminó hacia la mesa que se encontraba en la habitación. Había una jarra con agua y un vaso. Maomao sacó de su ropa el recipiente que previamente había preparado y lo colocó sobre el mueble, vertió el contenido del recipiente en el vaso. Un suspiro profundo salió de su pecho.
- ¿Alguna medicina?
- Es un té abortivo - dijo sin más. No andaría con rodeos, debía ser directa y precisa. No había una expresión en su rostro.
Jinshi la miró desconcertado.
- Tengo casi dos ciclos lunares de retraso.
Con la boca abierta, el joven príncipe, parpadeó un par de veces antes de poder hablar.
- E… Estas embarazada.
- Sí, estoy casi segura.
Maomao sintió como unos fuertes brazos la cubrían por completo y la acogían contra la firmeza de su pecho. Por alguna razón sintió que se encontraba en un lugar seguro. La presión en su corazón que la había acompañado desde la mañana la hacía sentir que podía explotar en cualquier momento.
El abrazo se aflojó y él se separó. Miró el recipiente que contenía el té y la miró a ella: pálida, con la mirada fija en el mismo punto.
Jinshi tenía la capacidad de leer los pensamientos de Maomao con solo mirar su rostro. De alguna forma sabía cómo se sentía. Mas allá de la alegría que él sentía al saber que podría tener una familia junto a la mujer que amaba, estaban los sentimientos de ella. Pocas veces la había visto tan frágil. No quería obligarla a nada, simplemente quería estar junto a ella y asumir lo que ello conlleva.
- Estoy contigo en la decisión que tomes. Si decides continuar yo asumiré mi responsabilidad y juro por mi nombre que nadie podrá hacerte algún daño a ti o al niño. Si deseas tomar el té, también estaré aquí junto a ti, sé que no será fácil, pero aquí estaré. Es mi responsabilidad, yo…
Ella se sentó en la silla que se encontraba al lado de la mesa, sus manos se apoyaban y apretaban el borde del asiento. Su mirada bajó hacia su abdomen.
Él se arrodilló frente a ella y colocó sus grandes manos sobre las pequeñas. La miraba con devoción y ternura a la vez.
Alguna vez se dijo a sí misma que el amor se había quedado en el vientre de su madre. Sentía que era incapaz de experimentar un sentimiento así debido a sus propias vivencias. Sin embargo, Jinshi, había logrado despertar en ella sentimientos que creyó que no existían en sí misma. La necesidad de tenerlo al lado, sentirse segura cuando estaba junto a él, preocuparse por él más que por sí misma en muchas ocasiones. Sentir alegría cuando estaban juntos, a pesar de que a veces buscaba estar sola. Descubrir juntos su propia intimidad y compartir sueños. Y ahora compartían la responsabilidad de una vida que crecía dentro de ella. Una vida que, de alguna manera, formaba parte de esos sueños y que podía desaparecer fácilmente al ingerir el líquido que tenía frente de sí.
- Maestro Jinshi, ¿sabes? La persona que me trajo a este mundo pudo evitar que yo naciera, pero no lo hizo a pesar de sus circunstancias. En la casa Verdigris, desde una edad temprana, las cortesanas aprenden diferentes formas de interrumpir un posible embarazo. Sin embargo, aún teniendo conocimiento, ella nunca lo hizo. Eligió que yo naciera.
Claramente se refería a su madre.
- Mis circunstancias son distintas.
Maomao sintió que la presión en su pecho explotaba a través de su garganta en forma de un sollozo al decir esas palabras. Sentía sus mejillas húmedas y su visión se nublaba. Eran lágrimas.
Y es que, en este punto, Maomao, tenía razón. Las circunstancias de su nacimiento, en el barrio del placer fueron completamente distintas. Ella nació de una cortesana, sin un padre que pueda asumir su responsabilidad y con diversas carencias. Las condiciones de la nueva vida que crecía dentro de ella eran todo lo contrario. Era hijo de un príncipe, uno de los hombres más importantes de este imperio, con la sangre más noble de este país. Nunca tendría carencias de ningún tipo y por, sobre todo, Jinshi y ella estaban ahí juntos. Lo único que significaba un problema eran las circunstancias políticas en las que se encontraban.
En su mente resonaron las palabras que alguna vez mencionó con determinación a A-Duo.
“¿No piensas en ocultar y criar al hijo en caso de que surja algún problema?”
"¿No costaría eso fácilmente decenas o cientos de vidas?", había respondido ella con un matiz de preocupación por el estallido de conflictos políticos.
“En ese caso, sería mucho más sencillo apuñalar mi propio abdomen con una aguja larga”
No mentía; había dicho lo que pensaba en ese momento. Sin embargo, ahora que se encontraba en esa situación, le dolían esas mismas palabras.
Sentía que su respiración y los latidos de su corazón se aceleraban y las lágrimas no dejaban de caer. Una sensación que nunca había percibido en sí misma, ni en las circunstancias más difíciles.
Él nunca la había visto llorar de esa forma. Verla tan vulnerable, solo acrecentaba su necesidad de protegerla.
Con sus dedos limpió las lágrimas que caían de los ojos de ella y besó su frente.
- No sé si pueda ser una buena madre, pero tampoco puedo evitar que nazca. No quiero hacerlo. Es una parte de ti y de mi ¿Cómo podría? A pesar de todos los problemas que puedan surgir – dijo ella tocando su vientre – no tiene ninguna responsabilidad. Ni de la posición que tienes tú, ni de los sueños que tengo yo.
Jinshi sintió que el corazón se le estrujaba con cada palabra dicha por Maomao. Era cierto, esa nueva vida creciendo en ella no tenía ninguna responsabilidad sobre los planes de sus padres. Él la acurrucó contra su pecho.
- Perdóname. – Yo te expuse a esta situación. Si yo no…
Ella colocó un dedo sobre la boca de él.
- Cada decisión que tomamos nos llevó hasta este momento. No me arrepiento. – dijo con firmeza, mirándolo a los ojos.
Él la miró sorprendido. Esa era la firmeza característica de Maomao. Una de las cosas que más admiraba de ella era su capacidad para dar todo de sí cuando se comprometía con algo. Y esta vez no era para menos.
- ¿No te arrepientes de nada?- sonrió – Que así sea entonces. Tampoco me arrepiento. De hecho – se inclinó sobre ella apoyando su cabeza en el regazo de ella.- Me siento feliz.
Amor.
Muchas veces había admirado la determinación de las mujeres para cuidar de sus hijos, incluso en las concubinas de alto rango al protegerlos. Siempre había considerado que la determinación y el amor de una madre por su hijo era un lazo muy fuerte. Nunca lo había entendido por completo, pero respetaba ese vínculo. Sin embargo, al sentir a Jinshi abrazar su vientre y saber que había un ser creciendo dentro de ella que era parte de ambos, disipó la angustia que sentía, dando paso a un sentimiento muy fuerte, no solo de protección sino también de alegría. Sin darse cuenta las lágrimas dejaron de caer y sonrió ligeramente.
- Vamos a ser padres – dijo él sonriendo y escondiendo su rostro en el vientre de ella. Una lágrima cayó por su mejilla.
Maomao acarició el cabello de Jinshi. De alguna ambos estaban asumiendo una responsabilidad juntos. No había espacio para dudas ni arrepentimientos.
- Sí, vamos a ser padres.
Permanecieron así un largo rato.
Por la ventana, la luna llena brillaba en todo su esplendor iluminando la oscura noche.
