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Las patas de una mentira son muy cortas, esa es una lección que se nos enseña desde la más tierna infancia. Los niños lo saben, los adultos lo saben, y Min Yoongi también...
Y aun así, se había permitido creer que su pequeña mentira del día de los Inocentes no tendría consecuencias.
Sin embargo, estaba equivocado, porque con esas patas supuestamente cortas que tenía, la mentirijilla que Yoongi le había contado a su compañero de cuarto había recorrido medio campus en un tiempo récord como una atleta profesional.
Y encima había dado varias vueltas; la primera, en forma de rumor fresco y jugoso; el resto, en forma de chisme exagerado y tergiversado, como en aquel juego infantil del teléfono escacharrado.
Jungkook, el compañero de habitación de Yoongi, solía reírse de él por su pobre vida sexual. Como estaba un poco harto de ser objeto de burlas, sólo para fastidiarle los chistes estúpidos a su amigo, en vísperas del día de las bromas a Yoongi se le ocurrió decirle que la sequía sexual que había estado atravesando por fin había topado con un oasis.
Kook a menudo se quejaba de que su novio Jimin no quería chuparle la polla, por lo que Yoongi decidió atacarlo justo ahí sabiendo que eso le molestaría.
"Adivina a quién le comieron la polla anoche... la mejor mamada de mi vida" se había jactado Yoon con orgullo.
Tal como Yoongi había previsto que pasaría, Jungkook disfrazó su envidia de curiosidad y le interrogó acerca de con quién, dónde y cuándo se había producido el milagro. Yoongi no se había molestado en preparar una gran historia, eso suponía complicarse innecesariamente la vida puesto que se arriesgaba a olvidar los detalles y acabar enredado en sus propias mentiras, de modo que dio una única respuesta, un nombre: Jung Hoseok.
¿Por qué Jung? Fácil: porque ese era el chico que le gustaba a Yoongi; el que le aceleraba el pulso y disparaba la temperatura en su pantalón; el chico que le hubiera gustado que le hiciera esa felación que nunca existió. Su crush, en otras palabras. Ese era Jung Hoseok.
Yoongi se había quedado a gusto después de gastarle esa broma a su amigo a modo de venganza... No obstante, había olvidado un detalle bastante significativo, y es que Jungkook y su novio se contaban absolutamente todo, y que Jimin, a pesar de tener un corazón de oro, también tenía un pico de loro ya que no sabía guardar secretos ni aunque su vida dependiera de ello.
En Jimin no había ni una pizca de maldad, él simplemente hablaba hasta por los codos de cualquier cosa que llegaba a su conocimiento, y para cuando se daba cuenta, ya había aireado a los cuatro vientos los trapos sucios de media facultad.
De este modo, el embuste que Yoongi le había contado a Jungkook circuló de boca en boca como una gran bola de nieve rodando cuesta abajo por la montaña.
Fue uno de los temas más comentados de la semana, sólo por detrás de una huelga de estudiantes y el inexplicable robo de la escultura posmoderna que adornaba la entrada del edificio principal de la Universidad; inexplicable porque hacía falta una grúa para moverla, no por lo fea que era (que también, y es que aquel esperpéntico monumento a la mediocridad y el mal gusto solamente había logrado posicionarse allí gracias a que su artista creador era el cuñado del Alcalde).
Al final, después de viajar por incontables bocas y oídos, la supuesta mamada que Yoon había recibido por parte de Jung Hoseok evolucionó hasta convertirse en una compleja historia con múltiples versiones, la más popular de las cuales decía que se lo habían montado en la azotea de la Facultad de Letras, a plena luz del día, y que había testigos que habían escuchado los gemidos por las ventanas de las aulas del último piso.
Unos gemidos tan escandalosos que habían obligado a un anciano profesor de filosofía a interrumpir la lección para santiguarse, horrorizado, antes de proceder a cerrar las ventanas y salir a ver quién armaba tanto jaleo.
Y como dicho docente arrastraba varios días de baja laboral, algunos bromeaban diciendo que le había dado un soponcio al descubrir a los estudiantes follando en la azotea y habían tenido que ingresarlo de urgencia en el hospital.
Pero ahí no acababa la cosa. Al parecer, varias personas aseguraban haber visto el condón que presuntamente habían usado Min y Jung.
La gomita habría sido arrojada desde la azotea y habría caído en el batido de un pobre estudiante de primer año, que en ese momento almorzaba en uno de los banquillos de madera que rodeaban el edificio.
El rumor corrió como la pólvora. En realidad, nadie había visto ni oído nada, pero todos parecían tener algo que decir al respecto.
Los únicos que no se habían pronunciado eran los protagonistas de aquella rocambolesca leyenda sexual, a la cual al tercer día ya se le atribuían elementos fantásticos como sonidos dignos de animales en celo, condones voladores y profesores traumatizados al borde de la muerte.
Yoongi se enteró de todo, mas no se molestó en negar lo que contaban sobre él y Hoseok, ni siquiera cuando las personas que aún mascaban el chisme empezaron a referirse a ellos como novios. Sus amigos le preguntaron qué había de cierto en todo aquello, pero Yoon se limitó a encogerse de hombros y dejó que asumieran que lo que decían por ahí no distaba mucho de la realidad.
Aunque no le gustaba ser el centro de las miradas, sí le gustó que pensaran que había estado con Jung Hoseok.
Hoseok era un chico muy guapo que se robaba muchas miradas y suspiros a su paso (sobre todo los de Yoon, que estaba colado por él), por lo que para Yoongi era un honor y una alegría que la gente creyera que él había tenido la fortuna de follárselo...
Incluso pensaban que era su pareja, cosa que Yoon – muy ilusamente – creía que sucedería tarde o temprano, a pesar de que sólo de cruzarse con Hoseok por algún pasillo se le subían los colores y no se atrevía a mirar en su dirección, ni mucho menos dirigirle la palabra.
Pero Yoongi tenía posibilidades. ¡Oh, sí! Hoseok sin duda saldría con él. Algún día ocurriría, sólo tenía que llenarse de valor para pedírselo... Sí, algún día.
En varias ocasiones pensó que sería prudente hablar con Jung antes de que los chismorreos llegasen a sus oídos, pero como a los seis días ya casi nadie mencionaba el tema, Yoongi decidió que no era necesario hurgar en la mierda seca. A lo mejor Hoseok nunca llegaba a enterarse, lo más sensato era mantener la boca cerrada por si acaso.
Al fin y al cabo, se hablaba de mucha gente a diario, no sólo de ellos. Actualmente había noticias más relevantes, como aquel alumno con problemas de ira que se había enzarzado en una violenta pelea con un docente, o la indignante subida de precios de las clases de repaso.
Dos semanas más tarde, todo el mundo parecía haber olvidado los rumores y Yoon dio por hecho que nadie volvería a hablar de ese asunto jamás. Todo había regresado a la normalidad aburrida de siempre... al menos por ahora.
Una tarde mientras dormitaba tranquilamente en su cuarto, unos golpes en la puerta obligaron a Yoongi a salir de la cama. Se levantó pensando que Jungkook había vuelto a perder la llave, por lo que se quedó pasmado al abrir y ver a Jung Hoseok en el pasillo. ¡¿Qué demonios hacía allí?! Si su dormitorio estaba en la otra punta de la residencia de estudiantes.
Antes de entrar sin esperar invitación, Hoseok echó un vistazo alrededor para asegurarse de que no había nadie más. Sólo entonces empujó a Yoongi y entró en su cuarto dando zancadas furiosas, con los brazos cruzados y un tenso puchero triangular en sus labios teñidos de un labial rosado y brillante.
— Hola — Yoongi se rascó la nuca, visiblemente nervioso, se atusó un poco el cabello despeinado con los dedos y habló tan flojito que Hoseok ni siquiera alcanzó a escucharlo —. Disculpa el desorden, no esperaba visit...
— ¡Min Yoongi! — Hoseok puso el grito en el cielo —. ¿Te importaría decirme cuándo se supone que tú y yo nos hemos acostado, desde cuándo somos novios y por qué yo soy el último en enterarse? — exigió saber.
Un virulento ramalazo de vergüenza pintó las mejillas de Yoongi de rojo y el susodicho apartó inmediatamente los ojos de la mirada fulminante de Hoseok. Deseó que se lo tragara la tierra en aquel instante, sin necesidad de escupirlo en otra parte del planeta, pues allá donde fuera le perseguiría el bochorno que le estaba azotando mientras Seok golpeaba el suelo con la punta de su zapatilla deportiva a la espera de una respuesta.
— Yo... No tengo ni idea de qué me estás hablando — mintió Yoon, haciéndose el loco.
— ¿De verdad? — la ceja derecha de Jung dibujó un arco bajo las hebras rojizas de su flequillo —. Ayer el profesor Chang me vio por el pasillo y me preguntó si mi novio estaba vivo porque llevaba tres días faltando a sus clases. ¿A que no sabes qué nombre me dijo cuando le pregunté a qué novio se refería?
— A ver, el hombre tiene casi setenta años y diez dioptrías en cada ojo, se habrá confundido.
— Por favor, que no soy estúpido — le cortó Hoseok —. Por lo que pude averiguar, toda esta mierda la empezaste tú. ¿Sabes cómo descubrí el origen del chisme? Tu amigo Jeon Jungkook vino esta mañana con total confianza para pedirme consejos para convencer a su novio de que le haga sexo oral. Claro, como yo soy un experto comiendo pollas y al parecer te he dado la mejor mamada de tu vida...
Yoongi se masajeó el puente de la nariz y aprovechó para cubrirse la cara con la mano ya que se estaba muriendo de vergüenza.
— Jungkook... voy a matar a ese idiota — masculló Yoon —. Vale, lo admito, yo le dije eso. ¡Pero era una broma! — agregó en su defensa —. Quería fastidiarle porque siempre se está mofando de mi vida sexual, no imaginé que mi mentira alcanzaría estas dimensiones.
— Pues ha pasado — señaló Seok, por si no había quedado claro aún —. Y ahora un montón de gente cree que hemos tenido sexo — continuó, frustrado —. Podrías haber dicho cualquier otro nombre. ¡¿Por qué tenía que ser el mío?!
En realidad, no; Yoon no podría haber dicho ningún otro nombre... Debía ser el suyo. Yoongi no se lo pensó mucho antes de responder, las palabras simplemente salieron de su boca de forma automática, concisa y honesta. ¿Qué tenía que perder llegados a ese punto?
— Porque esperaba que lo que dije sucediese de verdad en algún momento... contigo.
El rostro de Hoseok, aparte de bonito, era sumamente expresivo, por lo que el asombro que le causó aquella contestación tan directa se manifestó enseguida con la apertura de sus labios y el ensanchamiento de sus párpados, al tiempo que sus cejas se disparaban hacia arriba.
Un silencio incómodo y tenso dominó el ambiente durante unos instantes, hasta que Seok soltó una sonora risa nasal y miró al mayor con un apunte de mofa e incredulidad.
Aquella risita burlesca por parte de Hoseok apuñaló sin piedad el orgullo de Yoongi. Pero el pelirrojo no se estaba riendo de él, sencillamente no daba crédito a sus oídos.
— Yoongi, no me has hablado en todo el curso, con suerte me saludabas el año pasado cuando compartíamos algunas clases. ¿En serio creíste que algo así podía pasar? ¿Cómo?
— Planeaba invitarte a salir...
— ¿¡Cuándo!?
— ¡Pronto! Joder, no me presiones, ¿no ves que soy tímido? — replicó Yoon, hecho un manojo de nervios y rubor.
— ¿Tímido tú? — Seok volvió a reírse con ironía y rodó los ojos —. No me jodas, si fueras tímido no irías por ahí diciendo que eres el gran semental que me puso en cuatro en la azotea.
— ¡Eso no lo dije yo!
— Tampoco lo desmentiste — repuso Hobi, señalándolo con un dedo acusador —, así que sigues siendo culpable.
Derrotado, Yoongi se frotó las sienes y exhaló un suspiro de cansancio. Ya no tenía nada más que añadir, salvo ofrecer una disculpa por lo sucedido.
— Hoseok, de verdad lamento haberte metido en esto — dijo a media voz —. ¿Hay algo que pueda hacer para compensarte?
— Sí. No vuelvas a hablar de mí, o te buscaré para darte una patada en los huevos — antes de cerrar la puerta por fuera, Hobi se tomó un momento para lanzarle una última mirada desaprobatoria a Yoon —. Y la próxima vez, al menos ponte unos pantalones antes de abrir.
El fuerte portazo que dio Seok al salir, aunque no fue inesperado, hizo que Yoongi pegara un respingo y cerrara los ojos un segundo como si le hubiesen abofeteado. Sintiéndose humillado y dolido tras la conversación con su amor platónico, Yoon miró hacia abajo y sonrió con pesar para sus adentros mientras asimilaba que todo lo que podía salir mal, había salido, en efecto, fatal.
— Pues nada — susurró mirando al techo —, se acabó lo que nunca había empezado.
Las semanas siguientes transcurrieron en un efímero abrir y cerrar de ojos. Entre exámenes, un viaje exprés a casa por el cumpleaños de su abuelo y alguna que otra fiesta para despejarse de los estudios, Yoongi apenas percibió el paso del tiempo.
No así las noches en que se quedaba a solas con sus pensamientos, y su cerebro, en vez de dejar que se relajase y conciliase el sueño, se empeñaba en torturarlo recordando la discusión con Jung Hoseok. Esos ratos eran literalmente interminables.
El tiempo pasaba más lento cuando Yoon se quedaba triste y amargado pensando en cómo había jodido cualquier oportunidad que pudiese tener con Jung Hoseok.
Oficialmente, el rumor del coito en la azotea ya era cosa del pasado, pero no para Yoongi. Y es que las palabras que Hoseok le había dicho a tenor de aquel malentendido le habían dejado una herida lacerante que aún no podía superar. Sabía que se merecía la bronca por desatar las habladurías, pero el rechazo y la risa socarrona de Hoseok cuando Yoon le dijo que esperaba que todo lo que decían pasase de verdad entre ellos... Mierda, eso dolía mucho.
Ya nunca saldría con el chico de sus sueños, estaba condenado a admirar su belleza desde lejos en los años que les quedaban de carrera y recordarlo con nostalgia una vez que sus caminos se separasen tras la Universidad.
Yoongi ya se imaginaba en su vejez, con el pelo blanco cual algodón de azúcar y la piel arrugada como una uva pasa, sentado en una mecedora fingiendo que veía la televisión mientras su mente vagaba por el pasado, extrañando todavía a Hoseok y pensando en lo maravillosa que habría sido la vida si tan sólo no le hubiese gastado esa estúpida broma a Jungkook.
Mientras se dirigía a su dormitorio después de la última y agotadora clase del día, Yoongi tuvo que detenerse y aguzar el oído ya que le pareció oír su nombre.
Psst, Min Yoongi, psst. Pssst. Yoongi, pss...
El mencionado arrugó el entrecejo y la nariz, extrañado. ¿Por qué sonaba como si estuviesen llamando a un gato? Miró para todos lados pensando que alguien le estaba tomando el pelo; sin embargo, el semblante de desconcierto que tenía desapareció y sus ojos se abrieron de par en par al ver a Jung Hoseok de pie detrás de él, con los brazos cerrados sobre el pecho y las cejas levemente fruncidas.
La poca saliva que Yoongi tragó descendió con dificultad por su garganta, seca al igual que su boca. Ni que decir tenía que su estómago se agitó como si lo hubiesen empujado desde el punto más alto de la montaña rusa...
Menudo viaje, y todo por la bella e intensa mirada de Hobi sobre él.
— Ven conmigo, tenemos que hablar — Hoseok dio la orden y echó a andar delante de un confundido y nervioso Yoongi. ¿Ir a dónde para hablar de qué? No se atrevió a preguntar.
Yoon miró de refilón al chico más joven mientras caminaban a paso rápido por los pasillos. Hoseok lucía realmente enfadado, y para ser honesto, el mayor sintió un poco de miedo. Conjeturó que probablemente alguien había vuelto a mencionar el cotilleo sobre ellos, Seok debió de escucharlo y ahora venía a reprenderlo de nuevo pensando que era culpa suya.
Seguro que le iba a golpear y a gritarle y a humillarlo públicamente; quizás no en ese orden, pero Yoongi estaba convencido de que todo aquello iba a suceder.
Dedicó el rato que tardaron en llegar hasta el dormitorio de Hoseok a preparar su defensa, tenía que convencerle de que esta vez no había hecho nada malo, pero pronto descubriría que no hacía falta.
No hubo gritos, ni golpes, ni insultos. Yoon solamente se llevó algún que otro empujón cuando se cruzaban con gente por el pasillo, era el método que empleaba Seok para alejarlo y hacer ver que no iban juntos.
Igual que el día que había visitado a Yoongi en su cuarto, Hoseok revisó concienzudamente el pasillo y, habiéndose cerciorado de que estaban solos, abrió la puerta de su habitación y entró tirando del brazo del rubio para que lo siguiera.
Sin levantar mucho la voz, en un tono sosegado y paciente, el más joven le hizo a Yoon una pregunta simple a la par que inesperada...
¿Sabes qué día es hoy, Yoongi?
— ¿Sabes qué día es hoy, Yoongi? — preguntó Hoseok.
— Uh... viernes — balbuceó Yoon.
— Hablo de la fecha, tarugo.
— ¡Ah! Dos de mayo. Escuché por ahí que es el día de la lucha contra el bullying — añadió atropelladamente a modo de distracción para retrasar la pelea que creía que se avecinaba.
— ¿Y del ghosting no dices nada?
— No estoy muy seguro de lo que significa eso. ¿Ghost no es fantasma en inglés? — cuestionó en voz alta, sólo para responderse a sí mismo dos segundos después —. Sí, eso es, es, pero aún falta mucho para Halloween...
— ¡Tú sí que eres un fantasma! — le espetó Seok —. Dijiste que pensabas invitarme a salir, pero ya estamos en mayo y aún nada. Llevo semanas esperando y lo único que has hecho es ignorarme. No había sufrido un desplante igual en toda mi vida ¡Eres un mentiroso compulsivo, Min Yoongi!
— ¡Pe-pero yo pensaba que no querías nada conmigo! — se justificó el mayor.
— ¿Qué diablos te hizo pensar eso?
— Estabas enojado por lo de mi broma y me amenazaste con patearme las pelotas si volvía a nombrarte siquiera. ¿O lo has olvidado?
— Dije eso para hacerme el difícil y plantearte el reto de conquistarme, no imaginé que te lo tomarías al pie de la letra y harías como si no existiera.
— Joder, Hoseok, ni que fuera adivino para leerte la mente — resopló Yoon —. Perseguirte después de esa amenaza me habría hecho parecer un acosador.
— Yo no lo veo así. Lo que veo es un cobarde que habla, pero luego no hace nada — escupió con decepción —. No te preocupes, no te patearé los huevos porque está claro que no tienes de eso. Seguro que también la tienes pequeña, así que no me pierdo nada...
De todas las cosas que Seok podría haber dicho, sin saberlo eligió la que más iba a molestar a Yoongi. La indignación de Yoon fue tan grande su boca se apretó en un mohín de enojo y sus orejas enrojecieron, mas esta vez no fue de vergüenza, sino de rabia.
— ¿Que la tengo pequeñ...? Mira, puedo tolerar muchos insultos, ¡pero ese nunca! — dicho aquello, el mayor hizo lo último que Hoseok hubiera esperado que hiciera.
Ofuscado y echando humo por la ofensa, Yoongi se desabrochó el pantalón y, de un solo jalón, se lo bajó hasta las pantorrillas para exhibir con furioso orgullo su miembro viril.
Buscó la mirada de Seok para ver su reacción, pero el susodicho se había colocado una mano delante de los ojos a modo de visera para no ver a Yoongi desnudo de cintura para abajo.
— ¿Q-qué mierda haces? — exclamó Hoseok —. ¡Súbete los pantalones ahora mismo, Min Yoongi!
— ¡No! — el rubio renegó sacudiendo la cabeza de lado a lado —. Quiero que te disculpes y que retires lo que acabas de decir.
— No pienso retractarme hasta que me demuestres que estoy equivocado.
— ¿Quieres ver que no soy un cobarde? Vale. Me gustas... ¡Me gustas, Jung Hoseok! — voceó a todo pulmón —. Me gustas tanto que cuando te veo tengo que esquivarte para que no veas lo rojo que me pongo y cómo me tiemblan las manos. Eres la persona por la que mi corazón late como loco. Sinceramente, disfruté que la gente comentara que éramos novios y que nos habíamos acostado. Aunque era mentira, que tantas personas lo creyeran casi hacía que se sintiera real, y eso me bastaba, porque no me atrevía ni a saludarte. Pero se acabó el tener miedo al rechazo... Jung Hoseok, ¿quieres salir conmigo?
Después de la confesión de amor de Yoongi, en el cuarto se produjo un clima de tensión; no por la falta de respuesta, sino porque Seok abultó las mejillas antes de soltar todo el aire en unas cuantas carcajadas frente a la cara confundida del mayor.
— ¿Pero qué carajo pasa contigo? — Yoongi se indignó ante la reacción del contrario —. ¡¿Te hablo de amor con el corazón en la mano y tu respuesta es burlarte de mí?!
— Perdón, hyung — Hoseok se cubrió la boca con la mano para intentar retener la risa —, es muy lindo todo lo que has dicho, pero... pierde seriedad si lo dices sin pantalones.
— Ugh, mierda, los pantalones — Yoon había olvidado por completo que los tenía bajados.
De pronto, la seguridad que cargaba unos segundos antes se desvaneció y le abofeteó una potente oleada de bochorno. Se agachó para subirse el pantalón, pero notó de reojo que Hoseok hacia el amago de acercarse a él e instintivamente intentó dar un paso atrás, lo que sólo empeoró su situación...
Preso de los nervios, Yoongi tropezó con sus propios pies ya que sus tobillos se habían enredado en el pantalón y la ropa interior y perdió cualquier vestigio de estabilidad, y de paso, de dignidad. El joven se sintió terriblemente patético cuando se golpeó el trasero contra el suelo al caer y se quedó ahí tirado, con los pantalones bajados y las mejillas al rojo vivo. Sin duda, el momento más embarazoso de su vida.
Hubiera preferido que Hobi no corriera a su lado para socorrerlo tras la caída, pero no pudo hacer nada por detenerlo. El pelirrojo se plantó delante de él con cara de preocupación, un gesto que hizo que Yoongi se sintiera todavía más humillado y avergonzado.
— ¿Estás bien? — Hoseok le ofreció su mano para ayudarle a levantarse.
Vaciló unos instantes antes de aceptar la mano de Hobi, y en cuanto lo hizo, descubrió que su intención no era sólo ayudarle. Seok le brindó apoyo para que se pusiera de pie, pero una vez que Yoon se hubo levantado, el pelirrojo lo empujó con fuerza contra el armario.
Yoongi se estaba llevando un palizón aquel día; jalones, caídas, empujones... Si la cosa seguía así, tenía la ligera sospecha de que al final saldría del dormitorio de Hoseok en ambulancia.
No obstante, no tenía de qué preocuparse, porque ahora venían las cosas buenas... Tan pronto como el más joven le soltó, Yoongi se percató de que el susodicho había depositado algo en su mano: un preservativo.
Ver el condón provocó que el color rojo en los pómulos de Yoon se tornara de un tono más oscuro, y luego se intensificó aún más cuando Seok le aprisionó con su cuerpo contra la puerta del armario.
No hubo beso – no todavía – pero sus narices chocaron superficialmente en el mismo instante en que Yoongi jadeó porque Seok, sin ningún pudor y con su ropa de por medio, se frotó un poco contra el pene desnudo y sensible de Yoon.
Sus gemidos se sincronizaron un instante antes de que sus alientos se mezclaran y, posteriormente, sus bocas y su saliva hicieron lo propio. Hoseok fue quien llevó la voz cantante al principio, marcando el inicio y el ritmo del beso, pero quien determinó la intensidad y contraatacó los labios ajenos con desesperación y lujuria fue Yoon.
Los ásperos roces ahí abajo, combinados con los ricos y lascivos besos de Hoseok, estaban poniendo a Yoon cada vez más duro. Algo ahogados, pero perfectamente audibles, los gemidos guturales de Yoongi se resonaban entre los labios traviesos y demandantes de Hobi, quien jadeaba también mientras presionaba la bragueta abultada de su pantalón contra la erección firme y desnuda del mayor.
— Hoseok-ah... — Yoongi se despegó con pesar de la boca ajena para poder hablar —. ¿Está pasando lo que creo que está pasando?
— Sí — confirmó el otro, con la respiración acelerada y las mejillas completamente recubiertas de rubor —. Y habría pasado antes si hubieses sido más avispado — le dijo con una sonrisa coqueta —, y atrevido. Ahora que somos novios, vamos a hacer eso que hacen los novios.
— ¿Y si viene tu compañero de cuarto?
— Está en casa de su novia, casi nunca le veo. No preocupes, nadie entrará.
— Entonces desnúdate de una vez — refunfuñó el mayor —. Tu pantalón es peor que el papel de lija, si sigues frotándote así me dejarás la polla en carne viva.
Seok chasqueó la lengua diciendo silenciosamente que no. Acto seguido, tomó las manos de Yoongi y, tras guiarlas hasta el botón de su pantalón, Hobi las soltó y le dedicó otra sonrisilla pícara.
— Quiero que tú me desnudes — solicitó en un susurro que recayó sobre la comisura de los labios Yoongi —. No me invitaste a salir, no me dijiste que te gustaba hasta que te lo pregunté, no me besaste hasta que yo lo hice... Al menos quítame la ropa, hyung.
Lo hizo tan rápido como pudo. Aun con las manos algo trémulas por los nervios y la ansiedad, Yoon logró deshacerse en pocos segundos de ese molesto pantalón. Por fortuna, Seok no llevaba cinturón y fue suficiente con soltar el botón y abrir el cierre para poder bajar fácilmente esa dichosa prenda. Luego llegó el turno del bóxer negro y Yoongi lo retiró con premura, impaciente por ver más del voluptuoso y sexy cuerpo que se revelaba ante él.
Planeaba deshacerse de la camiseta de Hoseok también, pero el chico no lo estimó necesario ya que le detuvo en el acto y, a cambio, fue él quien le sacó la camiseta a Yoongi.
Los pezones rosados creaban un contraste visualmente placentero con la piel extremadamente pálida del mayor, y Seok no pudo resistirse a probar uno con la punta de la lengua.
— Ho-hoseok... ah... — los jadeos rasposos de Yoongi le arrancaron una sonrisita llena de satisfacción a Seok, eran la prueba de que estaba disfrutando lo que le hacía.
Hobi miró hacia arriba sin dejar de jugar con el puntito rosado y, aparte de las intensas punzadas de ardor que experimentaba entre las piernas al ver las muecas de placer de Yoon, también sintió una oleada de calidez más arriba, donde el revuelo de las mariposas en su estómago y los martillazos de su corazón formaban un caos cosquilleante y abrumador cada vez que miraba a Min Yoongi. Era tan guapo, tan caliente, tan grande ahí abajo...
Hoseok estaba completamente embelesado.
El pelirrojo estaba llevando la excitación de Yoon un nivel más allá lamiendo y chupeteando su pezón, pero escuchar los gemidos roncos del mayor y notar cómo el pequeño botón reaccionaba poniéndose duro en contacto con su lengua también aumentaba las sofocantes palpitaciones en la entrepierna de Seok.
Tras deslizar varias veces más sus labios suaves y húmedos sobre el erecto y ahora enrojecido pezón de Yoongi, la boca de Hobi se separó del botoncito y se dirigió al cuello contrario para iniciar una apasionada exploración a base de besos mojados, mordiscos superficiales y chupetones que le robaron más gruñidos guturales a Yoongi; sonidos exquisitos y graves que vibraron directamente contra los ávidos labios de Seok, que no se despegaban de la piel ajena ni por un segundo.
De repente, las salivosas y excitantes caricias en su cuello se detuvieron abruptamente y Yoon se crispó por la frustración, pues quería que Seok siguiera besándole... Lo hacía endemoniadamente bien y aún no quería que parara. No obstante, decidió que los besos en el cuello podían esperar en caunto vio los dedos de Hoseok apuntando a su boca.
— No tengo lubricante, Yoon... — Hobi se relamió los labios al decir aquello —. Vas a tener que ayudarme.
Dispuesto a todo por complacerlo, Yoongi no dudó ni un segundo en tomar los dedos de Hoseok en su cavidad bucal. La idea de que Seok usase su saliva como lubricante para prepararse le pareció de lo más caliente y fascinante, no sólo de hacer, sino también de ver.
Otra retahíla de gemidos profundos y roncos resonó entre su pecho y su garganta, y es que los pinchazos de quemazón que recorrían su entrepierna se intensificaron mientras chupaba obscenamente los dedos de Seok en su boca, imitando una felación y mojándolos hasta los nudillos.
Cuando consideró que era suficiente, Hoseok extrajo sus delgados dedos de entre los labios de Yoongi, empapados y brillantes por la baba de este, y le sonrió con picardía y diversión. Una sonrisa a la que Yoon respondió con otra igual, pero que se esfumó en una fracción de segundo...
— Perfecto. Ahora date la vuelta y ponte en cuatro para mí, hyung.
— ¿¡Qué, qué, cómo!? — exclamó el rubio.
Cundió el pánico y Yoon palideció ante aquella repentina petición. Estaba a punto de abrir las puertas del armario para atrincherarse dentro y tratar de dialogar con Hobi, pero no hizo falta llegar a eso. Seok no lo había dicho en serio y ahora se estaba desternillando de risa.
— ¿Qué mierda fue eso, Hoseok?
— Un chiste — se carcajeó el otro —. ¿Ya no te gustan las bromas, eh?
— Me gustan, pero tu sentido del humor es una mierda.
Hoseok se encogió de hombros y, a continuación, tras poner cara de no haber roto un plato en la vida, se disculpó dándole un piquito fugaz a Yoon. Su rostro dulce y el besito le quitaron el enfado, pero Seok estaba decidido a desarmarlo por completo.
— ¿Sabes que te pones muy guapo cuando te enfadas, hyung? — inquirió, coqueto.
— ¿Ah, sí? — en un primer instante, a Yoongi se le escapó aquella sonrisa bobalicona que delataba a todos los enamorados, pero enseguida se dio cuenta que Hoseok pretendía despistarlo con aquel inesperado cumplido y esbozó un puchero de consternación —. ¡Espera, no cambies de tema!
— Olvídalo, hyung. Usa esa energía para ponerte el condón.
Yoon seguía un poco indignado, mas el breve enojo causado por la broma se le pasó en un suspiro cuando vio a Hobi llevarse a la boca los mismos dedos que antes le había hecho chupar.
Todavía los tenía húmedos por la saliva de Yoongi, pero ya fuera para asegurarse de tenerlos bien mojados, o simplemente por el placer de mezclar su saliva con la de Yoon antes de aplicar ese improvisado lubricante a su entrada, Seok los introdujo en su propia boca y los ensalivó bien, tal como había hecho el mayor previamente.
Mientras Yoon se ponía el condón, Hoseok le dio la espalda, apoyó el antebrazo en la puerta del armario y, como el dorso de su mano quedaba a la altura de su rostro, recargó su frente ahí en lo que su otra mano iba en busca la pequeña apertura oculta entre sus nalgas.
La sensación no le era desconocida ni la encontraba vergonzante, por lo que no tuvo ningún reparo con que Yoon le viera meterse los dedos ahí atrás. Es más, lo encontró muy excitante.
El sonidito húmedo y obsceno que desencadenó el movimiento penetrante de los dedos de Seok en su propio ano envió más pinchazos hormigueantes y calurosos a la erección de Yoongi, que latía con fuerza dentro del preservativo.
Oír y ver cómo Hoseok se follaba a sí mismo con los dedos era tan erótico, tan tentador...
Yoongi estaba deseando quitar la mano de Hobi de ahí para poder llenar ese pequeño, goloso y rosado agujerito con su polla.
Delante de él, el pelirrojo voceaba gimoteos bajitos sin parar y resultaba difícil no fijarse en el sutil temblor de su cuerpo. Si dos dedos lo tenían así, Yoon no veía la hora de enseñarle lo bien que le haría sentir su miembro cuando estuviera dentro.
Era evidente que Hoseok estaba disfrutando del proceso de preparación, pero Yoongi – por narcisista que sonara – tenía la certeza de que su verga, con su prominente tamaño y grosor, abriría mucho más a Seok que los delicados y finos dedos del mencionado; estaba seguro también de que le daría mucho más placer, y que esos gemiditos flojos se transformarían en gritos y chillidos una vez que tuviese ese enorme falo enterrado en su culo.
En lo que esperaba que Hoseok acabara de prepararse, Yoongi lo abrazó desde atrás para besar su cuello y seguir explorando el resto de su sensual cuerpo con las manos.
Los dos gimieron de forma entrecortada entonces, uno porque su dura erección presa en el condón ahora palpitaba pegada a las nalgas de Hoseok, y el otro por el placer de sentir la boca y la lengua caliente de Yoongi acariciando la piel de la curva de su cuello.
Las manos de Yoon comenzaron un lento paseo por debajo de la camiseta de Seok, quien de pronto se arrepintió de no habérsela quitado. Ahora por culpa de esa maldita prenda, a pesar de sentirlo y gemir agudamente por ello, no podía ver cómo los pálidos dedos de Yoon torturaban de forma deliciosa sus sensibles y endurecidos pezones debajo de la tela.
— Y-yoongi, agh... — la voz de Seok se escuchó trémula y se entremezcló con más jadeos pesados —. Me voy a correr si sigues pellizcándolos así... Para, ah...
— Está bien, pero apresúrate — murmuró en el oído de Hobi —. Te necesito, Hoseok-ah.
Las manos de Yoongi liberaron los pezones de Seok, pero el pelirrojo continuó profiriendo gemidos y suspiros airados incluso cuando el mayor ya se había apartado de él por completo. ¿Pero cómo iba a contenerse? Si estaba disfrutando del hábil y excitante movimiento de sus propios dedos jugueteando con su agujero, dilatando el terreno para Yoon.
Aunque, por otro lado, no estaba seguro de si lo que hacía que aquella experiencia fuera tan gratificante era la sensación física de placer, o el hecho de que Yoongi estaba detrás de él, viendo cómo lo hacía mientras esperaba con la verga dura en la mano su turno para entrar.
— A-ah... ¿Ah? — de repente Seok vociferó un par de gimoteos confusos cuando Yoongi, sin preaviso, le agarró la mano cuyos dedos estaban usurpando el lugar que le correspondía a su polla y los sacó de ahí sin más demora. Tras apartar la mano de Hobi, Yoongi alineó su miembro dolorosamente erecto con el culo del otro chico y emitió un sonoro gruñido nada más presionar la cabeza de su pene contra la entrada de Hoseok —. ¿Hyung, qué estás...?
— No puedo esperar más, Hoseok — le advirtió, aunque un poco tarde —. Voy a meterla ya...
Aquel aviso salió de la boca de Yoon prácticamente al mismo tiempo que su polla entraba por fin en el diminuto agujero de Hoseok, sorteando la barrera del esfínter y haciendo que el más joven soltara varios grititos involuntarios al sentir dentro ese candente y voluminoso trozo de carne.
Pese al rato que había dedicado a prepararse, Yoongi encontró el interior del redondo culo de Seok increíblemente apretado y la sensación le fascinó; la forma en que ese estrecho canal apretujaba su verga era sencillamente espectacular.
Pasados unos largos segundos, Yoongi comenzó a moverse paulatinamente y sonrió, satisfecho, al ver que Hoseok se apoyaba en el armario con ambas manos y empinaba su bonito y pecaminoso trasero para él, instándole a entrar más profundo.
Los rugidos de placer de Yoon retumbaban al unísono junto con los gemidos agitados de Seok cada vez que esa polla gorda e imposiblemente dura se deslizaba dentro y fuera del tenso agujero del joven de cabello rojo, invadiéndolo con su latiente longitud una y otra vez en un vaivén lento, pero sumamente intenso.
Era más que placentero: era... indescriptible. Bueno, se podría haber descrito, pero la mente de Yoongi no estaba por la labor de ponerle un nombre poético a lo que Hoseok le estaba haciendo sentir.
Pero en resumidas cuentas, Yoongi estaba perdido en aquellas agradables sensaciones y perdidamente enamorado de Hoseok.
Sus manos pálidas, codiciosas e inquietas, se deslizaron despacio por los muslos de Hoseok hasta que agarró los mofletes bronceados de su trasero y comenzó a amasarlos con fuerza mientras su polla era engullida por el apretado y ardiente hoyito que se abría en el centro.
— Seok-ah, joder, sí... ¿Te gusta? ¿Te sientes bien?
— Mgh... no esperaba que me llenases de esta forma — Hoseok volteó el rostro tanto como pudo, y entre sus sonrosadas mejillas se extendió una sonrisa que el propio Seok hizo desaparecer al morderse provocativamente el labio inferior —. Agh... me encantas, hyung...
El sudor empezaba a manifestarse en ambos cuerpos, incluidas las palmas de sus manos. Hoseok tenía las suyas apoyadas en la puerta derecha del armario, en tanto que una de las manos de Yoongi se recargó en la izquierda.
La otra mano del mayor abandonó las nalgas de Hobi y se sumergió de nuevo por debajo de su camiseta, repartiendo caricias estremecedoras con sus cortísimas uñas, cuando no con las yemas calientes de sus dedos, logrando así que a Seok se le pusieran los vellitos de punta mientras el resto de su cuerpo se sacudía y temblaba febrilmente por las continuas embestidas de Yoongi.
Hoseok cerró los ojos, ligeramente emborronados por el rocío de lágrimas que se estaba formando en las pestañas de su párpado inferior, y cuando los abrió de nuevo, vio a contraluz las manchas que dejaban los dedos sudados en la superficie de madera.
A pesar de que odiaba la suciedad en todas sus formas, esta vez no le disgustó ni le molestó aquel pequeño desastre. Hasta que las limpiara, esas marcas de dedos le recordarían el rato de placer que había tenido con Yoongi.
Con un poco de suerte, también quedaría alguna huella violácea o rojiza de aquello en su piel...
Y hablando de "violencia", Seok dejó salir un quejido de dolor justo cuando soñaba despierto con las marcas que dejaría Yoon en su cuerpo. Hasta ahora se había sentido increíble, pero de golpe Yoongi había comenzado a embestirlo con mucha más rudeza y velocidad, lo que ya no le gustó tanto.
— Yoongi, ah... ¡Ah! Frena un poco — protestó frunciendo el ceño —, mi trasero no es de goma.
— L-lo siento, pensé que te estaba gustando — se excusó el rubio —. ¿Te duele mucho?
— No, pero... — Seok se relamió los labios ante la idea que cruzó su mente —. ¿Te importa que lo haga yo, a mi ritmo?
— Lo que necesites, bebé.
Dicho eso, Yoongi se quedó quieto y dejó que fuera Hoseok quien se moviera como y cuanto quisiera. Sentía la tentación de moverse también, mas se contuvo y permitió que Seok siguiera usando su verga a su antojo para darse placer.
No sólo la sensación era deliciosa, sino también la imagen. Yoon estaba hipnotizado viendo cómo Hoseok se empujaba hacia atrás contra su polla, tomando hasta el fondo toda la extensión del falo venoso y gordo en su dilatado agujero y exhalando gemidos y lloriqueos cada vez más agudos y caóticos.
Ambos sentían cerca el orgasmo, sobre todo Seok, que de un momento a otro atrapó la cabeza enrojecida de su propio pene y la frotó antes de descender por el tronco, donde sus dedos se cerraron con más firmeza y empezó a masturbarse con celeridad sin dejar de empalarse con vergonzosa necesidad en la verga de Yoongi.
El mayor alcanzó el punto de no retorno cuando Hoseok llegó también a su límite, y entre gruñidos desprolijos y murmullos incomprensibles, Yoongi presenció con fascinación cómo Seok hacía un sucio desastre al correrse en el suelo.
Un primer hilo de semen salió disparado con la primera espasmódica oleada de calor que estalló en su bajo vientre; luego eyectó otro, y el resto de la densa esencia brotó con menos fuerza, como la lava emergente de un volcán, mientras Seok temblaba y chillaba por el placer del clímax sin dejar de mover erráticamente las caderas con la verga de Yoongi todavía presa en sus entrañas.
Yoongi creía que no podía estar más apretado dentro del culo de Seok, pero la presión se hizo aún más intensa y dulce cuando el susodicho llegó al éxtasis y sintió la contracción involuntaria de los músculos ajenos, recibiendo todavía más de ese asfixiante placer que llevaba rato haciéndole delirar y gruñir sin ningún control.
El esperma de Hoseok ya había chorreado hasta sus testículos y goteaba sobre el suelo cuando Yoongi liberó el suyo dentro del condón. Entre sus incontenibles gemidos guturales y los desordenados rugidos de placer que emanaban de su garganta se coló también el nombre de Seok.
Hoseok, Hoseok-ah, Seok-ah... ¿Existía otro nombre en el mundo? En aquel instante, Yoongi no recordaba ninguno más.
La separación no iba a ser tan agradable como lo había sido la unión de sus cuerpos, pero no quedaba de otra. Eso sí, antes de salirse del interior de Hobi, Yoongi lo abrazó fuerte contra su pecho y trastabillaron juntos hasta la cama.
El mayor se dejó caer de espaldas sobre el colchón y arrastró a Seok consigo, manteniéndolo pegado a su torso, como si tuviera miedo de que se evaporase si lo soltaba. Los ojos de ambos jóvenes pasearon por el techo en tanto que sus cuerpos yacían en la cama; uno directamente sobre las frazadas, y el otro encima del primero, con la cabeza descansando en su pecho pálido.
Cuando sus respiraciones por fin se hubieron calmado, un jadeo repentino y ahogado afloró desde las cuerdas vocales de Hoseok: fue el momento en que Yoongi salió de él. Sin embargo, sus brazos no soltaron al pelirrojo.
Estaban muy bien así, no había necesidad de romper el abrazo.
— Mm, Yoongi... — las manos de Hoseok acariciaron las del mayor, que se encontraban posadas a altura de su ombligo —. Antes ya me gustabas, pero después de esto, ya puedo decir que te amo.
— Yo antes ya te amaba — repuso Yoon —, ahora... Ahora ya puedo decir que quiero instalarme indefinidamente en tu dormitorio para follarte cada día.
— Puedes — el más joven lo alentó y soltó una pequeña risa —. Mi compañero de cuarto está desaparecido en combate. Apenas le he visto dos o tres veces en todo el curso, he oído rumores de que su novia le tiene secuestrado y sólo le deja venir para los exámenes.
Esta vez fue Yoongi quien se rio. Efectivamente, tarde o temprano todos acababan siendo protagonistas de algún chisme o rumor, no sólo ellos dos.
— Hablando de cotilleos... ¿Sabes que han pillado a dos profes comiéndose las bocas en el almacén detrás de la cafetería?
— ¿Las bocas? No, yo escuché que uno le estaba comiendo el culo al otro — contestó Hobi —. Pero no me lo creo. No se atreverían a tanto, ¿o sí?
— Ni idea, quizás les dé morbo la posibilidad de que los descubran. ¿A ti no te da curiosidad saber qué se siente hacerlo en público? — curioseó Yoon.
— Define público.
Yoongi lo meditó unos instantes.
— En la azotea, como decían los rumores. ¿Te animas?
Hoseok sonrió y se volteó para darle un beso dulce a la par que fogoso a Yoon. No dijo nada respecto al sexo en la azotea, pero su sonrisa juguetona, enmarcada entre sus preciosos hoyuelos, respondió sin palabras a la propuesta de Yoongi.
Yoongi no esperaba que su mentira del día de los Inocentes llegara tan lejos, pero estaba encantado con el rumbo que habían tomado los acontecimientos.
Gracias a esa broma, ahora tenía de novio al chico de sus sueños: Jung Hoseok.
