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Nunca había probado Ramune antes.
Eso en sí mismo era una sorpresa en la que Togame había estado pensando durante días luego de saber de ello.
¿Cómo, en sus quince años de vida, no había probado una bebida tan común que todos los niños de Japón habían saboreado durante el verano? Se podía encontrar en cada conbini y tienda de comestibles, y era también un protagonista frecuente de las máquinas expendedoras y restaurantes. ¿Cómo, cuando algo era tan común, no lo había probado nunca antes Sakura?
Sin embargo, eso era parte del camino con Sakura. Togame supo rápidamente, a medida que lo buscaba con mayor frecuencia, a cuán poco había estado expuesto Sakura durante su vida.
¿Se debía a la falta de dinero? Quizás… Sakura aún no se abría acerca de su vida más allá de lo básico. Togame no sabía dónde estaban sus padres, o si Sakura tenía amigos en su antigua ciudad que extrañara. Siendo sincero, Togame lo dudaba, porque algo que Sakura había dejado muy en claro era que a la mayoría de las personas de su ciudad natal él no les caía bien.
Algo que a Togame le parecía increíblemente difícil de creer. Sakura era fuerte, sí, y sin dudas tenía un temperamento similar, pero todo eso se suavizaba con su tendencia a sentirse abrumado y nervioso. Él crece al ayudar a otros, y, de hecho, Togame nunca hubiera sentido tanta curiosidad por él si Sakura no hubiera ido a buscarlo para ayudar a Bofurin…
Bueno, eso no era del todo cierto. Sakura había despertado su curiosidad desde el principio. El cambio total del joven enojado que conoció una semana al dedicado capitán de grado que se encontró luego solo aumentó su curiosidad por saber más…
¿Qué más no conocía Sakura?
Había sonreído como si nunca hubiera sido feliz antes.
Y tal vez no lo había sido.
La mayoría de sus sonrisas parecían forzadas, como si Sakura de hecho tuviera que pensar en cómo levantar las esquinas de la boca para formar esa sonrisita encantadora. Pero, por Dios, si esas sonrisas pensadas y forzadas no se comparaban con las que surgían de manera natural. Las que suavizaban todo su rostro y le daban calidez a los ojos, las que se fundían con su rostro como si de lo más normal del mundo se tratara; como si fuera instintivo y le resultara tan natural como un ceño fruncido o las mejillas sonrojadas.
Ah, qué hombre débil era. Lo único que hizo falta fue una conversación mientras compartían un par de Ramune y una sonrisa suave, y ahora… Ahora lo único que quería era ser el que le mostrara el camino a Sakura.
Quería ser cada primera vez que Sakura tuviera.
La primera vez que Togame tomó de la mano a Sakura, habían pasado la tarde juntos. Sakura a menudo fingía que no quería pasar el rato con él, y declinaba con el ceño fruncido y un resoplido, a la par de la respuesta “¿por qué querría hacer eso?”
Sin embargo, lo único que Togame tenía para decir era “porque Tomiyama no estará. Y, yo te invito si vienes.”
El gesto de Sakura rápidamente cambiaba a una mueca infantil que suavizaba su rostro, y aflojaba los hombros, lo que le hacía saber a Togame que Sakura ya no estaba a la defensiva, y que, en cambio, estaba bastante dispuesto a escuchar lo que Togame tenía que decir. Todavía solo un niño en el interior, y uno que vivía solo, Sakura era fácilmente influenciable con comida, y era más influenciable aun si dicha comida era gratis y dulce.
Togame decía que podían comer lo que quisieran, que su bolsillo no estaba limitado por ninguna comida en particular, y Sakura siempre aceptaba con un gruñido y una casi desafiante inclinación de la cabeza. Fingía que en realidad no quería ir, aunque, sin embargo, siempre lo hacía.
Togame sabía que cedía a los caprichos de Sakura con facilidad, y casi se sentía mal por ello, pero siempre apartaba el pensamiento con rapidez porque, incluso si era un tanto egoísta, lo único que quería era un poco del tiempo y la atención de Sakura. Su tiempo juntos era limitado, ya que Togame no asistía a Furin, y no podía molestarlo todo el día como lo hacían sus compañeros. Entonces, cuando tenía estas oportunidades para estar solo con Sakura, quería aprovechar cada momento.
Incluso si ello significaba extender su tiempo juntos al sobornar a Sakura con un helado en el parque.
—¿Puedo acompañarte a tu casa? —Togame preguntó, observando a Sakura de reojo. Sabía que su tiempo juntos se interrumpiría hoy, ya que Sakura tenía que patrullar la ciudad con su equipo, y primero debía pasar por su departamento para tomar su chaqueta.
Sakura, cuyos labios estaban rosas por el frío y húmedos de lamer helado de su boca, levantó una ceja y Togame tuvo que recurrir a la parte racional de su cerebro para evitar acercarse y darle un beso. Sinceramente, todo esto era una batalla para él, porque lo único que quería hacer era llevarse a Sakura a su hogar y besarlo hasta que se mareara y las rodillas se le debilitaran.
Sin embargo, como se trataba de Sakura, sabía que debía ir despacio y no apurar las cosas. Sakura probablemente ni siquiera entendería los sentimientos de Togame hacia él porque nunca los había experimentado antes. No obstante, era difícil controlarse, incluso considerando todo lo que sabía sobre su joven amigo.
—¿Por qué? —preguntó Sakura, la ceja aun levantada mientras sacaba la punta de la lengua para lamerse la parte trasera de los dedos y salvar el helado de chocolate, derretido bajo el sol de verano.
—Porque quiero. Y porque todavía no quiero irme a casa. —explicó Togame, mientras sacaba una servilleta del bolsillo para limpiar el chocolate de la mejilla de Sakura. Este último alejó la cabeza con un gesto de desagrado, tratando de evitar el contacto en un principio, pero al no querer parecer un niño pegajoso, permitió que Togame hiciera lo que gustara luego de un momento.
—Haz lo que quieras… —murmuró Sakura, antes de apurar el resto del helado y arrojar el palillo a un cesto de basura cercano. Luego de limpiarse las manos en los pantalones para deshacerse de algún resto pegajoso, Sakura se levantó del banco en el que habían estado sentados, y extendió la mano para ayudar a Togame a ponerse de pie. Togame sonrió, tomando la mano de Sakura, y se levantó, tras lo cual siguió a Sakura, quien comenzaba a dirigirse hacia su hogar.
Sakura tiró de su mano intentando que Togame lo soltara, pero este último se rehusó a aflojar su agarre, luciendo una sonrisa astuta como la de un zorro mientras Sakura se sonrojaba desde las mejillas hasta las orejas.
—¿Qué haces? —preguntó Sakura, mirando fijo hacia el suelo, habiendo desistido de liberarse. Se rehusó a concederle a Togame la satisfacción de devolverle la mirada, en especial cuando Togame frotó el pulgar sobre el de Sakura, lo que le provocó pequeños escalofríos y chispas por el cuerpo.
—¿De qué hablas? —Togame respondió de forma burlona, y apretó una vez los dedos de Sakura. Sakura pareció relajarse luego de esto, aunque sus mejillas permanecían intensamente sonrojadas, y sus labios, presionados con fuerza.
Togame no lo soltaba al acercarse a su hogar. La mano de Sakura se ajustaba a la perfección a la suya, y aunque cursi y desagradable de imaginar, era casi como si la mano de Sakura hubiera sido hecha para ocupar ese espacio; encajaban juntos como piezas de un rompecabezas. No quería que Sakura se fuera, incluso con sus propias responsabilidades y deberes acechándolo. Togame sabía que volvería a ver a Sakura, pero eso no importaba, no cuando se sentía tan desesperado. Con tanta necesidad de tener toda la atención de Sakura todo el tiempo. Ya no quería compartirla, aunque sabía que debía hacerlo, por lo que fue fácil tomar la decisión de hacer que cambiara la forma en la que Sakura le daba atención.
Porque solo una forma de atención podía ser suya y de nadie más, en tanto se animara y le pidiera a Sakura que se la concediera.
O exigiera, porque no tenía ganas de darle opciones a Sakura. Las opciones le permitirían a Sakura rechazarlo, decirle que no, y a Togame no le gustaba la idea.
—Te llevaré a una cita el próximo fin de semana.
—¿Qué? —Sakura casi gritó, e intentó una vez más liberar la mano de la de Togame, pero falló con creces. Togame sabía que, si Sakura en verdad quería hacerlo, podía, y le patearía el trasero de nuevo en el proceso. Quizás por eso no había necesidad de opciones, porque si Sakura en verdad no quería ir, simplemente no iría.
—¿Paso a buscarte a las 4:00? Algo sencillo como ¿ir a un arcade y a cenar? —Togame ofreció, de pie al final de las escaleras del complejo de departamentos de Sakura, un brazo estirado hacia él, sujetándolo con firmeza, hasta que Sakura relajó los hombros y asintió bruscamente.
—De acuerdo… Ahora suéltame… —murmuró Sakura, y Togame obedeció, una sonrisa desbordante de confianza su único mensaje de despedida al saludar con la mano mientras Sakura corría escaleras arriba.
¿Tomar de la mano a Sakura por primera vez? Hecho. Fue aún mejor de lo que había imaginado, e incluso si las manos de Sakura estaban un poco húmedas de los nervios, no podía esperar para verlo de nuevo.
Ni por la primerísima cita de Sakura.
Togame le había preguntado una vez si había salido con alguien alguna vez, o si estaba saliendo con alguien en ese momento. Sakura no había respondido precisamente, pero su reacción fue más que suficiente para Togame: Sakura no tenía experiencia en relaciones románticas ni platónicas, pero aun así sabía cuánto más aterradoras podían ser las relaciones románticas.
Quería hacerlo fácil para Sakura al igual que quería hacerlo feliz. Quería asegurarse de que disfrutara y se divirtiera, todo mientras también comprendiera completamente lo que Togame quería.
Jugaron algunos juegos, Togame dejó que Sakura ganara un par de veces solo para ver esa sonrisa orgullosa y alegre en su rostro. Togame hizo uso de su paciencia y precisión para ganarle a Sakura el muñeco más ostentoso posible de la máquina de peluches. Sakura cambió sus puntos por otra ronda de un juego de cartas, solo para que no tuvieran que dejar de jugar, y Togame rodeó el brazo de Sakura con el suyo al salir del arcade, mejillas cansadas y rosas por la calidez y emoción de su cita.
Una tenue sonrisa estuvo presente en el rostro de Sakura durante toda la noche; no se resistió cuando Togame quiso tomarlo de la mano nuevamente y entrelazó sus dedos al caminar hasta que encontraron un lugar barato para comer.
—¿Te has divertido? —Togame preguntó, al robar una papa frita de la bandeja de Sakura, en el restaurante de comida rápida que eligieron para la velada. Claro que ya sabía la respuesta, pero era muy lindo ver la forma en la que un mechón de cabello de Sakura se sacudía mientras asentía.
—¿Por qué me invitaste a una cita? —Sakura cuestionó, una pregunta que es probable haya estado rondando por su cabeza desde la última vez que se vieron. Podía solo haberle mandado un mensaje o llamado a Togame para preguntarle, pero aparentemente quería preguntarlo en persona, de igual forma que Togame quería dar su respuesta en persona.
—Me gustas —Togame respondió y encogió los hombros, como si fuera lo más obvio del mundo. Es que, en cierta forma, lo era. Todos sus amigos lo sabían, y habían estado molestándolo sin descanso al respecto desde que él y Sakura había comenzado a pasar tiempo juntos más seguido. Le gustaba tanto que no podía evitar hablarle de él a Tomiyama, y le importaba tan poco quién lo escuchara, que de hecho estaba sorprendido de que la noticia no llegara a los pasillos de Furin. O tal vez lo había hecho, y Sakura era demasiado distraído como para hacer la conexión y darse cuenta de que a Togame le gustaba.
Sakura se ahogó con su bebida, y roció refresco por toda la mesa mientras tocía. Togame consideró por un momento ir a sentarse a su lado para golpearle la espalda y asegurarse de que no muriera como resultado de una declaración (Qué historia hubiera sido, y una buena advertencia para el futuro. ¿Cuántas personas le habían declarado sus sentimientos a alguien y luego el objeto de sus afectos había muerto en frente de ellos? No muchas, pero Togame se alegraba de que no tuviera que ser parte de ese reducido grupo.).
Una vez que Sakura se hubiera aclarado la garganta, miró a Togame con lágrimas en los ojos, probablemente por ahogarse y no por la declaración (probablemente).
—¿Por qué?
¿Por qué? ¿No era esa una gran pregunta?
Extendiendo los dedos, Togame pensó en la respuesta que estaba por dar. Bajándolos de a uno, dio las primeras cinco razones que se le ocurrieron.
—Bueno, por empezar, eres lindo, y esa es una respuesta básica, pero es cierto. Y eres amable, y tienes un buen corazón. Estás abierto al cambio tanto en ti mismo como en otros—. Togame asintió, con cuatro o cinco razones enumeradas, y solo con el pulgar aun extendido. —Ah, y fuiste capaz de patearme el trasero. Eso es bastante sensual, no voy a mentir.
Sakura simplemente lo miró, los ojos fijos en la frente de Togame, como si estuviera tratando de leerle la mente y entender lo que le acababa de decir. Togame no continuó hablando, porque no quería interrumpir el hámster que corría en la rueda del cerebro de Sakura.
—¡¿Eres gay?!
Togame no pudo evitar dejar escapar una risita, preguntándose cómo, increíblemente, esto era lo único en lo que Sakura se centró. Cuando ni siquiera era algo que hubiera dicho en voz alta.
—¿Acaso importa? Acabas de pasar toda la tarde en una cita conmigo. —Es que, de verdad, ¿importaba? Togame había pensado en el pasado en la etiqueta que le quedara mejor, antes de que su mente se cansara y tan solo se decantara en que no importaba. Nunca importó.
Le gustaba Sakura. Eso era lo único que importaba.
—Ah, es cierto… —Los hombros de Sakura se hundieron mientras consideraba el hecho de que quizás él también fuera gay. Nunca habían hablado de eso hasta este momento, y Togame se preguntó si tal vez deberían haberlo hecho. Togame había preguntado por citas a las que había ido, pero no por con quién habían sido. Sin embargo, después de todo, Sakura había venido a esta cita con él. Togame había dejado muy en claro que esto era una cita, por lo que no había ningún malentendido.
En alguna parte de su interior, sabía que a Sakura también le gustaba él.
Tal como supo cuando Sakura quería que lo besara por primera vez, sin que las palabras salieran de la boca de Sakura.
No hacía falta que lo hicieran. A estas alturas, Togame conocía a Sakura mejor que la mayoría de los otros. Sabía cuándo estaba triste, cuándo estaba feliz y cuándo quería un abrazo, pero era demasiado tímido para pedirlo.
Sabía porque a Sakura le era imposible quedarse quieto durante la segunda mitad de la película que estaban viendo en el suelo de la habitación de Togame. Una noche tranquila sin salir, Togame casi seguro estaría de camino a casa caminando en la oscuridad porque Sakura todavía era muy asustadizo para pasar la noche con él, a pesar de que le había dejado perfectamente claro que no intentaría nada, aunque sí pensara en ello.
Sakura estaba sentado con la mano bajo la de Togame, las manos de ambos descansando sobre su regazo con una manta sobre las piernas. Togame estaba más que satisfecho así, disfrutando más y más de las veces en las que podían estar solos los dos, sin amigos que les dijeran “uy” y “ay” o se burlaran de su creciente cercanía. Para entonces, todos sabían, y había pasado un mes desde su primera cita. Sakura había pedido esto, una noche sin salir, en lugar de ir a la ciudad para su ahora cita semanal. Había una película nueva que quería ver por primera vez, y Togame no puedo evitar aceptar, la emoción de tener a Sakura acurrucado en su cama formaba una imagen demasiado buena para dejarla pasar y sugerir algo más.
Sakura se había comportado durante la mayoría de la noche, desde la cena que consistió en pedir comida por delivery hasta un par de videojuegos, a la película que sería la última actividad de la noche. Ahora, sin embargo, Togame estaba seguro de que tendría quemaduras al costado del rostro debido a la intensidad con la que Sakura lo observaba durante la película, moviendo el cuerpo y las manos. En un principio, Togame estaba preocupado por si Sakura se sentía mal y era demasiado tímido para decirlo, pero con un vistazo rápido a su novio (todavía no lo habían hecho “oficial” pero Togame no sabía de qué otra forma llamarlo a estas alturas) se dio cuenta de que ese no era el caso.
Sakura había estado mordiéndose el labio inferior, que estaba rojo e hinchado y rogaba por su atención. Sus mejillas estaban sonrojadas, pero no lo suficiente como para que fuera por vergüenza. No, sus mejillas se habían sonrojado por la emoción, por ideas traviesas que iban y venían por su mente mientras lo observaba. Y así continuó, mientras sus ojos se movían de los de Togame a sus propios labios, prácticamente pidiéndole a Togame que lo besara.
Y así lo hizo, sin pensarlo mucho más allá de satisfacer sus propias curiosidades. Sakura no se resistió, mejor dicho, se acercó, para que Togame supiera que esto era exactamente lo que quería, y más aún, lo que necesitaba.
Sakura suspiró contra su boca, feliz y satisfecho al acercarse al beso, sus manos dejaron las de Togame atrás para envolverlas alrededor de sus hombros. Se apoyó sobre las rodillas como si estuviera a punto subirse al regazo de Togame, si no hubiera sido porque Togame se alejó levemente para asegurarse de que todo estuviera bien en la mente de Sakura.
—¿Fue ese tu primer beso? —Togame susurró contra sus labios, sus ojos verdes brillando encantados mientras Sakura tomaba el frente de su camiseta, acercándolo y alejándolo al mismo tiempo.
—¡No! —Sakura exclamó en un principio, su mirada hacia un lado al absorber la mentira. —Bueno, tal vez. Sí, ¿y qué?
Ciertamente, ¿y qué?
A Togame no le importaba realmente. Sí, a muchos no les gustaba juguetear con personas así, que nunca han sentido el toque de la persona que les gusta, pero Togame lo estaba disfrutando. Le gustaba la forma en la que la boca sin experiencia de Sakura se sentía, llena de confusión y excitación, al besar su mejilla y sus dientes más de lo que besaba sus labios. Así, Togame podía enseñarle, mostrarle el ángulo correcto en el que debía inclinar la cabeza y el momento perfecto para acercarse para que no chocaran la frente y se dejaran inconsciente.
Togame podía aprender con Sakura en tiempo real todo lo que Sakura disfrutaba, cómo le gustaba que lo sujetaran y cómo le encantaba que lo besaran.
Ah, Togame estaba tan emocionado.
Volvió a besar a Sakura, su segundo beso, y se preguntó si sería capaz de llevar la cuenta de todos los besos que le diera. Se preguntó si podría llevar la cuenta el tiempo suficiente para celebrar el beso número cien de Sakura, o el número mil, y cuánto tiempo le tomaría llegar allí.
Se preguntó al separarse brevemente, antes de volver a acercarse para un tercer beso, si volverían a ser capaces de ver una película hasta el final antes de que Sakura exigiera con sutileza su atención, al lamerse los labios y acercarse a él.
En algún momento entre el quinto y décimo beso, Togame se dio cuenta de que, como con la mayoría de las cosas, el número no era importante, porque mientras Sakura fuera el único al que volviera a besar, nunca se quejaría si pasara una vez al día o un millón de veces, porque siempre tendría algo que nadie más podría siquiera comprender, porque a Sakura no le gustaba ninguna otra persona en el mundo como le gustaba él.
Togame siempre sería el primer beso de Sakura.
E incluso si algún día rompieran (aunque Togame no podía siquiera imaginar que eso pasara), siempre tendría aquello como un trofeo de su tiempo juntos.
Y tal vez, algunas primeras veces más al pasar el tiempo.
