Chapter Text
Que Tanjiro le atinara un cabezazo a Sanemi, fue un buen mérito del pelirrojo; eso pensaron algunos de los pilares, porque el grito de Giyuu realmente no debería haber sido un distractor demasiado importante.
Cuando en realidad sí lo fue.
El pilar del viento quiso gritar y reclamar cual niño malcriado al delatarse una actitud nueva en la portadora de la respiración del agua. La azabache no tardó en pararse frente al cazador novato, que a su vez protegía la caja donde yacía su hermana. Por tanto, fue ella la que obligó al Kamado a agachar la cabeza en el momento de la llegada del patrón.
Lo demás transcurrió relativamente normal, con la Tomioka entregando a regañadientes la caja de Nezuko para que el platinado probara su resistencia a la sangre. Luego la mayor tomando la muñeca de Iguro, para que dejara de lastimar al chico de los aretes hanafuda.
Todo mundo debió de admitirse ligeramente sorprendido por la motivación de la pilar del agua, claramente defendiendo con sus acciones a los hermanos en juicio. A pesar de ello, está iniciativa se opacó cuando la niña demonio probó su punto, negándose a la sangre de Sanemi.
Luego, fueron llevados los menores a la finca Mariposa por ayuda médica y la reunión continuó con el nuevo tópico. Para el cual Murata apareció en escena, el pobre muchacho completamente asustado a pesar de agradecer su supervivencia a la misión en la montaña Natagumo.
— ¿Y bien, qué pasó?
— Ara ara, eres el chico al que salvé.
— No eres extravagante.
— Pobre alma desdichada.
— ¡Responde por favor!
— ¡Habla de una vez mocoso!
Ah, se queria morir. Los pilares imponían miedo gracias a sus auras y actitudes poderosas. El azabache temblaba tratando de encontrar las palabras para responder, pero los nervios le jugaban una muy mala pasada. Entonces el patrón volvió a callar a sus hijos y, oh, sorpresa otra vez… Giyuu fue la que se acercó al cazador y posó la mano en su hombro. Murata la miró y abrió un poco más los ojos al reconocerla de inmediato.
— Ah.. eres, eres tú…
La joven asintió, luego dio un suave apretón ahí donde estaba su mano. — Respira. — Le dijo. — No importa lo que digan, ninguno te va a morder.
Tengen soltó un jadeo ofendido, los demás permanecieron sorprendidos. Sanemi gruñendo de sobremanera y Shinobu soltando su conocido "Ara ara". Ignorando las muecas, el chico se apoyó en las palabras de la joven de mirada inexpresiva y habló sobre la misión, relatando su experiencia. Luego se fue y ya todos volvieron a hablar reclamando el poco talento de las últimas generaciones de cazadores.
Cuando todo acabó, Giyuu trato de irse con rapidez.
— Nee nee, Tomioka-san, ¿Dónde vas? — Por supuesto, la pilar insecto intervino, logrando que todos los ojos cayeran sobre la azabache. Ella quería irse, una mirada en específico la estaba taladrando y no le gustó para nada.
— Tu finca. — Respondió cortante, y entonces sí desapareció.
— Oh, bueno. — Rió la Kocho. — Supongo que va a ver a Kamado-kun. En ese caso, también me voy. — Sonriente se despidió. — Shinazugawa-san, por favor ve a mi finca también, estoy segura de que mi hermana te ayudará con ese corte.
Ya desde ahí, cada quien se fue por su camino. Sanemi por su parte hizo caso y se dirigió al hogar de las hermanas Kocho, allí busco a Kanae.
La joven, es una adorable chica de voz suave e intenciones bondadosas. Fue pilar hasta que, por un duro enfrentamiento contra la luna superior dos, sus pulmones sufrieron daño permanente, obligándola a retirarse. Su cabello negro, liso y brillante, se movió con el viento ante la rapidez con la que ella se giró al escuchar la voz del chico de cicatrices. — ¡Sanemi! — Ella es importante para el joven de ojos violáceos, una amiga especial, a ella le puede hablar y pedir consejo. — ¿Tú te hiciste ese corte? Ay, ven aquí, Shinobu no quiso decirme qué pasó en la reunión.
— La tonta de Tomioka defendió a un mocoso imbécil, eso pasó.
...
La noche reinaba cuando Kanae acabó sus labores, paseaba por los pasillos de su finca. En aquel momento vio a Nezuko por primera vez, la pequeña demonio caminaba con un destino fijo. Algo nerviosa, la ex pilar de las flores, la siguió, presenciando cómo la muchacha llegó a la habitación donde su hermano dormía.
Como si nada, la Kamado menor se metió entre las sábanas y abrazó al pelirrojo, sin dormir, solo velando el descanso de su mayor. La cazadora observó gratamente sorprendida. Luego recordó el discurso de Sanemi, en el que reclamó por la actitud de Giyuu…
"Ahora que lo pienso, últimamente me habla mucho de ella…" Un sabor amargo se asentó, prefirió ignorarlo. Es decir, el platinado solo suelta quejas de la ojiazul, no tiene que haber ningún problema en eso.
— ¿Nee-san por qué no le dices? — Temprano en la mañana, Shinobu preguntó. — Te gusta, y todo parece indicar que tú le gustas a él.
— No estoy segura. — Kanae llevaba un tiempo sintiendo mariposas en el estómago al interactuar con el Shinazugawa, después de que la rescató en la batalla contra Douma. Aún recuerda cómo latió su corazón cuando despertó en los brazos de aquel pilar, escuchando sus gritos llenos de preocupación. Bueno, podría decirse que estaba en pie para enamorarse…
— Tú misma has dicho que él está bien guapo y todo, no debes de ser la única mujer que piense así. Yo que tú, mejor ser la primera en pescarlo.
— Ay, Shinobu.
Pero decidió hacerle caso. Así que esa misma tarde fue al mejor puesto de comida por ohagis. Con los dulces en las manos, se encaminó a la finca del viento. Y todo bien hasta ahí, sentía la emoción y los nervios cada vez que se acercaba más a la entrada del lugar. Sin embargo, toda esa energía menguó rápido, porque visualizó fácilmente la puerta abrirse y a Giyuu salir.
"¿Tomioka? ¿Qué hace en la finca de Sanemi?"
…
— No puedo creerlo, parece que cada día eres más idiota. — Gruñó el portador de la respiración del viento.
— Deja de decirme idiota. Pedazo de bruto, loco, salvaje. — La azabache le gruñó de vuelta, abriendo la puerta de la finca.
— Uy, ¿Te enojaste?
— Vete al demonio, Sanemi.
El platinado se rió, deteniendo de un tirón a la chica.
— Tú, pequeño arashinoumi, deberías responder así de fiera siempre. — Con el dedo índice la hizo alzar el rostro, sin pudor se le acercó hasta rozar las narices. — No solo cuando estamos a solas.
Tomioka mantuvo la mirada, sin inmutarse ante la cercanía. — No quiero darle a Iguro más razones por las cuales seguir llamándome "cara de rata", gracias.
— Ah, pero si mostraras un poco esa personalidad de mierda quizá hasta le caigas bien.
— No hago milagros, y no soy yo la que tiene mierda en su personalidad.
— Auch, yo al menos me expreso. — Ya en ese momento la chica giró la cara. — Bueno, ya me callo.
— Tanjiro, Inosuke, Zenitsu y Nezuko se quedarán en mi finca. — Afirmó ella. — No importa lo mucho que te quejes, es mi decisión.
Shinazugawa suspiró, bastante molesto aún con la situación de la demonio, pero resignado.
— Entonces te quiero aquí más seguido, este también es tú hogar.
— ¿Cuándo?
— Mañana mismo, en la noche. Quiero ohagis.
— A mano serán, te veo entonces. — Comenzó a irse la pilar del agua, cabe destacar, en dirección contraria a la de Kanae. Por tanto, no la vió.
— Oye, pequeña engreída… te quiero.
— Yo también te quiero… enojón.
¿Cómo llegaron a eso? No sabemos. Kanae, por cierto, tampoco lo sabía. La ex pilar no fue capaz de escuchar las palabras que aquel par compartió, se quedó estática ante la familiaridad de las acciones entre los dos pilares. La amargura regresó, asentándose en su estómago. A pesar de los nuevos pero crecientes e inesperados celos… ella volvió a moverse; sonriente avanzó hasta llegar a la vista de Sanemi. Él la saludó, aparentemente tranquilo, y le permitió pasar a la finca.
Durante las dos horas que ella permaneció ahí, trató de sacarle algún dato que le explique lo que vio, pero no pudo. Desde entonces, comenzó a prestar más atención a la forma en la que el pilar del viento se quejaba de la actitud de Giyuu, así mismo en sus interacciones, roces y miradas. La amable muchacha sólo consiguió confundirse. Entre que Shinobu le relataba las cosas nuevas que descubría de la Tomioka gracias a su forma de tratar al Kamaboko Squad, y el constante parloteo de su amor platónico sobre la inexpresiva mujer… ah, no daba más.
— Nee-san… ¿Me estás escuchando?
— Ajá.
Shinobu alzó una ceja ante la vaga respuesta. — Shinazugawa está allá afuera sin camisa, y pronto se quitará los pantalones.
— Si.
— … ¡Kocho Kanae!
— Ah, ay.. Shinobu, ¿Qué pasa?
— ¿Cómo qué "qué pasa"? Te estaba contando sobre algo de Kamado-kun que me llamó la atención y no escuchas.
— Perdona, solo estaba preocupada.
— ¿Por qué? — Rengoku llevaba días con una misión en las estaciones de tren, hace uno que Tanjiro y su grupo fueron a apoyarlo. Quizá es eso lo que a su hermana le preocupaba.
— … es Sanemi. — Ah, bueno. No le atinó. Pero la Kocho menor no se detuvo a pensar en ello y dejó los frascos con químicos que estaba manipulando para prestar completa atención a la mayor. — Lo vi con Tomioka-san hace algunas semanas y… parecían cercanos. — Con la mano derecha Kanae se tocó el pecho, haciendo una mueca. — Me sentí mal.
— Oh.. nee-san, no sabía que tú podías sentir celos.
— No creo que sean-
— ¡Maestras! — Aoi, una de las principales ayudantes en la finca, irrumpió cortando la plática de las mayores. — ¡Son Rengoku-sama y Tomioka-sama! ¡Se enfrentaron a la superior tres!
...
Salvarle la vida a Kyojuro fue prioridad, estaba molido, por así decirlo, gracias al enfrentamiento contra aquel demonio de cabello rosáceo. Fue una batalla dura, que se balanceo cuando la pilar del agua llegó, interponiéndose con su onceava postura y evitando que Akasa diera un golpe fatal en el joven de ojos bicolor. El demonio expresó de inmediato su nulo interés por pelear contra una mujer, por lo que los golpes que ella recibió fueron solo dados a su terquedad y determinación por ser de ayuda para el pilar de la flama. Lamentablemente, el amanecer llegó y la superior huyó sin ser derrotada…
Tomioka fue atendida por Aoi, de cinco a siete costillas rotas y un hombro dislocado, feos moretones a lo largo de su abdomen y un corte algo profundo en la mejilla izquierda. Aguantó firme el dolor, sabiendo que su compañero se encontraba incluso en peor estado.
Cuanto todo se calmó, los dos pilares recibieron visitas de sus camaradas. Con cierto favoritismo hacia el Rengoku, hay que admitirse. Pero Giyuu no se quejó, ella tuvo la compañía constante de la pequeña Nezuko antes de que Tanjiro pudiera levantarse de la cama y decidiera pegarsele también. Todo ya estaba en orden, por lo que en la oficina de Kanae, ella se dio un tiempo para suspirar y hundirse momentáneamente en sus preocupaciones. Interrumpida fue por su hermana, la de ojos morados la arrastró por la finca…
— Como no le quieres preguntar a Shinazugawa-san qué onda, vamos a hablar con Tomioka-san.
— Shinobu, no creo que sea buena idea…
No lo era.
Se encontraron a los hermanos Kamado en el camino, suponiendo entonces que la silente pilar estaría sola siguieron avanzando. Solo para presenciar el momento justo en el que el usuario de la respiración del viento ingresaba a la habitación. Las Kocho quedaron en shock, confundidas y de pronto ambas con fuertes sospechas… Shinobu hizo señas para que se acercarán con cuidado a espiar. Y así hicieron.
— Oi, pequeño arashinoumi, ¿Estás despierta? — Él joven tomó asiento sobre la cama.
— ¿Te parece que duermo? — La azabache abrió los ojos, miró inexpresiva al visitante.
— Tienes cara de que te dieron una paliza.
— Nada que no soporte.
— Hablé con Rengoku. — Sanemi gruñó. — Me dijo que lo salvaste de varias recibiendo golpes por él. — Ella volvió a cerrar los ojos. — ¿Tú pretendías morirte o qué mierda?
— Pretendía salvar la vida de Rengoku.
— ¿Sacrificándote?
— Él tiene que vivir.
— ¿Y tú no?
— Él es más fuerte.
— Y dale con esa basura. — Por las fuertes ganas de gritar, mejor se calló y suspiro frustrado. La chica dejó ir un suave murmullo. — ¿Qué?
— No tienes que preocuparte. — Se miraron. — Solo soy yo siendo tonta.
Él platinado hizo una mueca.
— Cada día lo eres más. — Giyuu alzó una mano, Sanemi no tardó en sujetarla. — Una tonta.
— Tú tonta después de todo.
— Y a mí me gustaría que mi tonta deje de menospreciarse.
— También te gustaría que eche a Tanjiro de mi finca, pero ya ves que no.
— Ja-ja. — Su expresión molesta regresó, abandonando la forzada calma que segundos antes tenía, aunque ahora sonriendo genuinamente. — Pequeña testaruda estúpida, no tienes remedio.
— Gran imbécil histérico, tú menos lo tienes. — Sorprendentemente, la ojiazul sonrió también. — Más te vale venir a verme mañana.
— Solo si tú te vas conmigo en cuanto te recuperes.
— ¿Cuánto tiempo?
— Una semana.
— Trato. Pero vienes, o me escapo.
— Si te escapas te traigo de vuelta a rastras. — Con cuidado soltó la mano de la chica. — Tienes que cuidarte, o lo haré yo por ti. — Se levantó, no sin acercarse a dejar un casto beso sobre los labios de la Tomioka. — Y sabes que soy todo menos delicado.
— Bruto, bestia. Ya lo sé. — Afirmó ella, suspirando ante el gesto ciertamente romántico del platinado. — Te estaré esperando.
— Pequeña engreída, te quiero.
— Yo también te quiero, enojón.
…
Si, bueno. Sorpresa. Para Kanae, Shinobu… y Sanemi junto a Giyuu también, porque cuando él salió se encontró a las chicas mariposa sentadas en el suelo en plena crisis existencial. Terrible.
Las lágrimas corrieron por las mejillas de la Kocho mayor.
