Chapter Text
Hay demonios que nunca esperan encontrarse, como aquella vez en la que se toparon con aquel que fue el verdugo de su hermana mayor.
Giyuu lloró mientras alzaba la katana en contra de la bestia, preocupada en demasía porque frente suyo la masa deforme y viscosa, que recordaba con nitidez de sus pesadillas, se había separado en dos para llevarse a Sanemi a otra zona del bosque.
Inhumanos de dos cabezas son pocos pero se han visto, sin embargo, ninguno de los dos pilares estaba preparado para dar cara a uno tan grotesco. Cero cordura existía en la criatura que arrasaba con todo a su paso, trabajando con un instinto errático.
Horas pasaron antes de que comenzara a llover y el demonio encontrara en ese evento natural una debilidad. Finalmente se reencontraron el uno al otro y bastaron entonces de cansados quince minutos para que las cabezas fueran separadas del cuerpo irregular, volviéndose ceniza con una lentitud tortuosa.
Solo entonces la Tomioka fue consciente de los altos niveles de ansiedad y miedo en su cuerpo, se giró con brusquedad hacia el platinado y con fuerza lo abrazo.
Shinazugawa la recibió con los brazos abiertos, rodeándola con la misma desesperación. Realmente temió por la vida de su compañera, a la que vio alterada una vez reconoció al demonio como el que abrió sus ojos a la realidad de la noche.
Con sus corazones latiendo veloz, con sus respiraciones aún algo alteradas, se dejaron caer al suelo mientras el agua los cubría todavía más, lavando la sangre de sus heridas.
El usuario del viento reaccionó finalmente cuando escuchó a la chica quebrarse, doliendo en lo más profundo el oírla llorar con tanta desolación. Deslizó una mano por su espalda y otra por su cabeza, esperando dar algo de confort en lo que terminaba de procesar lo que había pasado.
Cerró los ojos soltando un suspiro, todo aquello realmente resaltó un miedo en su corazón que solo confirmaba lo obvio.
"Si algo le pasa, me muero"
Con tal reflexión, sostuvo el rostro mojado de la joven y limpio con toda delicadeza sus lágrimas.
— Tranquila, ya pasó.
— Me dio miedo. — Sollozó ella. — ¡Pudo haberte matado a ti también!
— Pero no lo hizo. — Canturreo acunando las mejillas de Giyuu con cariño. — Mírame, estoy aquí. No me iré nunca, ¿Me escuchaste? Me quedo contigo.
Gran parte del peso sobre sus hombros desapareció ante la seguridad que el pilar le estaba brindando, ella lo agradeció, y con una expresión que lo decía todo soltó una frase de lo más importante.
— Shinazugawa… Sane..mi… Te quiero…
El corazón del chico latió con una nueva fuerza, volviendo a suspirar preso de los nervios antes de reconocer también.
— Yo.. Yo también te quiero, Tomioka… Giyuu.
Siendo todo dicho, y bajo la lluvia que los empapó, se dieron el primer beso de muchos. Marcado por la inexperiencia pero sobrepasado de cariño y contención.
Esa noche, sus corazones terminaron de unirse.
