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My little quarantine

Summary:

Después de más de un año de cero contacto, Seokjin tiene que asegurarse de que Yoongi, su ex novio, se encuentre con vida. Ninguno de los dos esperaba tener que compartir el mismo techo por treinta días, tratando de convivir a pesar de los sentimientos reprimidos y la falta de comunicación desde su ruptura.

Notes:

Este es un trabajo que he publicado antes en otra plataforma, por lo que espero subirlo completo pronto. Estoy tratando de enmendar unos cuantos errores de redacción. Espero que les guste.

Playlist de Spotify: My little quarantine

Chapter 1

Notes:

Playlist en spotify:
My little quarantine

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Seokjin maneja sin pensar mucho en el número de carros que ha sobrepasado hasta ese momento. El GPS le indica que aún le faltan treinta minutos de recorrido para llegar a su destino, por lo que no le queda de otra que mantenerse al límite de velocidad permitido. No quiere terminar con una infracción, o peor, involucrado en un accidente.

 

Su nerviosismo hace que ponga su vista muchas veces en la pantalla del teléfono que le indica la ruta. Tratando de no ser muy imprudente, le habla al ayudante de su teléfono para no distraerse del camino. Un mal presentimiento le dice que no ha sido la mejor idea del mundo hacer este viaje sin compañía, pero de todas formas ignora la molestia en su estómago.

 

—Llamar a Min Yoongi.

 

llamando a Min Yoongi...

 

Dos, tres cuatro veces... ¿Cuántas fueron en total? Ha perdido la cuenta desde hace un rato, y entonces comienza a preocuparse aún más. En el fondo, sabe que podría arrepentirse mucho de conducir hasta la casa del hombre a esta hora del día. Pero no puede estar tranquilo ahora, mucho menos con la insistencia de sus amigos.

 

—¡Joder! —Maldice para sí mismo cuando una vez más su llamada es desviada al buzón de voz—. Espero que estés muriendo al menos, o juro que te termino de matar yo mismo.

 

Llega a la zona de los suburbios unos veinte minutos después, donde las calles se vuelven más estrechas y menos concurridas por automóviles. Aún le impresiona que Yoongi haya terminado viviendo en una zona de este tipo: tan hogareña, un lugar ideal para asentarse y formar una familia. Yoongi no es de ese tipo de persona, para nada, ¿o es que Seokjin nunca terminó de conocerlo realmente?

 

Al llegar a la supuesta dirección—la que Hoseok le había enviado más temprano—, el asistente de su celular se lo hace saber. Seokjin aparca el auto en la entrada, junto al auto que supone le pertenece a Yoongi. Le parece extraño que lo haya dejado afuera en pleno invierno. Había un garaje perfecto, y cree casi imposible que Yoongi tuviera más de un auto, y aunque así fuera, el garaje es grande, dos autos caben sin problema.

 

Camina hacia la entrada, un pequeño porche con macetas llenas de plantas artificiales. Por supuesto. Los vecinos de Yoongi tienen jardines delanteros preciosos, mientras que el suyo parece no recibir mucho mantenimiento. No pierde mucho tiempo y toca la puerta principal con sus nudillos. También toca el timbre y espía a través de las ventanas, pero no recibe respuesta alguna. No hay señales de Min Yoongi. Las luces adentro están apagadas y Seokjin comienza a desesperarse, porque sabe que sus amigos le van a hacer la vida imposible hasta no recibir una actualización del estado del hombre. 

 

—Deben estar por algún lado... —Seokjin piensa en voz alta mientras su mirada recorre el lugar analíticamente.

 

Finamente, alza su mano para revisar sobre el marco de la puerta. Voilá . Ahí está la bendita llave. Seokjin sonríe, pensando en lo estúpido que es Min Yoongi por ser tan predecible. Tiene mucha suerte de vivir en un barrio de gente acomodada y desinteresada de la vida de los demás, pero los niños igualmente pueden ser muy traviesos.

 

Sin perder el tiempo, Seokjin inserta la llave en la manija y celebra internamente al verla desbloquearse. Entonces se adentra a la casa, cerrando la puerta a sus espadas con más fuerza de la adecuada para avisar sobre su presencia. Sin embargo, todo el lugar permanece en silencio. Seokjin enciende las luces del pasillo principal, y el aspecto sombrío de la casa le da un escalofrío.

 

No es que hubiera algo aterrador, pero se siente tan vacía. Las paredes blancas no hacen más que darle un aspecto grande que ni siquiera necesita, cuando ni siquiera hay tantos muebles como se supone que deberían haber. Seokjin camina hasta la sala principal, encontrándose con los ventanales, que son prácticamente una pared de cristal, tapados por las grandes cortinas color crema. Hay un pequeño sofá. Una televisión que luce lamentable en el gran espacio sobre la chimenea decorativa. Lo que resalta es la sábana que cubre lo que sabe que es un piano de cola. Incluso el enorme instrumento se ve pequeño en la amplitud del espacio.

 

Trata de no perder más el tiempo, así que comienza a llamarlo en voz alta. Hoseok le aseguró que Yoongi no podía estar en otro lugar que no fuera este, y Seokjin se aferraba a eso. Sólo esperaba que no hubiese algún tipo de sistema de seguridad que lo tomara como un intruso, pues si era así tal vez sería un poco difícil explicarle a la policía por qué había invadido propiedad ajena. 

 

Después de revisar el piso superior, se sorprende al encontrar la habitación principal completamente vacía. No hay una cama. En su lugar sólo hay unas cuantas cajas apiladas en una esquina.

 

—¿Qué mierda? —Seokjin no maldice muy seguido, pero está molesto y preocupado. No hay rastro de Min Yoongi por ningún lado. ¿Acaso habría escapado del país antes de que la noticia de la epidemia se diera a conocer?

 

Busca en una segunda habitación, la cual también está vacía. Procede a abrir la última; la que siempre está para el segundo hijo y es considerablemente más pequeña, usualmente utilizada para las visitas. Se sorprende al encontrar una cama matrimonial que abarca gran parte del espacio. En una esquina hay un pequeño armario, junto a la única ventana con vista al patio trasero. La cama luce como si nadie hubiera dormido en ella nunca.

 

Seokjin baja las escaleras, y la última opción es el sótano, al nivel del garaje. Baja las escaleras y ve la puerta que tiene una placa de platino en la que se lee "Genius Lab".

 

La puerta tiene una contraseña, y Seokjin tiene miedo de poner la clave de números que se le viene primero a la cabeza. Una, porque podría ser correcta, y eso, wow, sería jodido. En segundo lugar, de estar correcta, también podría encontrarse con una escena que jamás se iría de su cabeza. El cadáver en descomposición de Min Yoongi. O tal vez en rigor mortis, si tenía suerte.

 

Suspira antes de marcar los números, tan rápido que se sorprende que no haya fallado ningún dígito. La puerta suelta un sonido, y entonces saca el valor de alguna parte para empujarla y abrir.

 

Al entrar, casi siente toda su sangre drenarse hasta sus pies. Ve la espalda de su ex novio, encorvada sobre la consola, apenas visible por el respaldo de su silla.

 

Seokjin tiembla, acercándose al cuerpo del otro casi sintiéndose morir. Yoongi está ahí. ¿Muerto? Ah... siente que va a desmayarse. Pero entonces se queda paralizado. Escucha un ruido que podría reconocer en cualquier momento.

 

Un ronquido.

 

Ah.

 

Los colores vuelven a su rostro, y de un segundo a otro está furioso. Furioso porque Yoongi está roncando, lo que significa que está respirando, y si está respirando significa que está vivo, lo que en resumen significa que Min Yoongi había ignorado todas sus llamadas a propósito.

 

Está colerizado, por lo que de manera instintiva su mano golpea la nuca del hombre de cabello decolorado y visiblemente descuidado.

 

—¡Ah! —el hombre salta en su silla. Acaricia el área del golpe, que poco a poco se torna roja en su piel pálida.

 

—¡No puedo creer que seas tan imbécil!

 

Yoongi lo mira parpadeando, las lagañas en sus ojos no le permiten ver correctamente hasta que las limpia con su puño. Entonces logra enfocar la figura del hombre que lo mira con ojos asesinos.

 

—¿Seokjin? —El hombre parpadea varias veces y luego se gira en su silla para verle mejor—. ¿Co-cómo...? ¿Qué haces aquí?, ¿Cómo entraste?

 

Seokjin jadea indignado, antes de agarrar a Yoongi del cuello de su suéter, haciendo que el otro pegue un brinco que casi lo bota de la silla.

 

—¡Eres un maldito idiota!

 

—Sí, joder. Creo que ya dejaste en claro eso, ¿no? —dijo con una sonrisa llena de sarcasmo—. ¿Puedes soltarme, por favor?

 

Seokjin lo mira con sus ojos oscurecidos y facciones tensas, hasta que decide soltarlo, sin privarse de empujarlo al hacerlo. Yoongi arregla el cuello de su ropa y suelta un enorme bostezo.

 

—No lo puedo creer... Soy incluso más estúpido por haber venido hasta aquí —Seokjin suelta una risa sin una pizca de gracia mientras habla consigo mismo—. Mierda, ¿acaso no tienes un jodido celular que contestar?

 

Yoongi se encoge de hombros como si nada.

 

—Seguramente está descargado. Tengo la semana libre, así que no quería que alguien me interrumpiera mientras trabajaba.

 

Seokjin pone los ojos en blanco mientras trata de calmarse a sí mismo para no asesinar a Min a sangre fría en ese mismo lugar. Comienza a pensar que el sitio es perfecto para eso; paredes blindadas para que ningún ruido entre ni salga, y nadie imaginaría que hay un estudio escondido tras esa puerta.

 

—Claro, disculpa. Había olvidado que tu maldito trabajo es primero para ti.

 

—¿Me lo estás echando en cara, Jin?, ¿reclamas que me dedique a mi trabajo? —ah, Yoongi comienza a retarlo y no pasará mucho para que Seokjin ceda—. Bueno, ¿pero quién eres tú para opinar de mi jodida vida?

 

Seokjin le sonríe con todo y dientes, fingiendo empatía.

 

—No soy nadie, es verdad. Mucho menos para ti.

 

Seokjin se da media vuelta y sale por la puerta del estudio, no sin antes arrojar la llave a la cara de su ex novio, quien no fue lo suficiente rápido para apartarse de la trayectoria.

 

—¡Auch! —sisea por el dolor. Su mejilla arde, pero eso no importa. Tampoco importa cuando siente la fresca y líquida escarlata brotar del rasguño. Sólo presiona la manga de su suéter contra su pómulo mientras camina tras él—. ¡Seokjin!

 

Seokjin no se detiene. Quiere salir de ahí, pues comienza a sentir que le falta el aire. La casa es enorme, pero es ridícula la forma en que los pasillos comienzan a causarle claustrofobia cuando los imagina cerrándose frente a él. No se detiene hasta estar en la entrada, dónde se coloca sus zapatos como puede, brincando sobre un pie.

 

—Jin... —la grave voz de Yoongi lo llama a sus espaldas.

 

—Vete a la mierda.

 

Yoongi observa al mayor, quien no quiere ni mirarlo. Sigue sosteniendo su pómulo mientras lo observa terminar de colocar sus zapatos y colocarse de nuevo su abrigo.

 

—Si te vas así como llegas, ¿por qué...? ¿Para qué viniste?

 

La mano de Seokjin está en la manija de la puerta. Se queda ahí sin abrirla, hasta que suelta un gruñido y pega su cabeza contra el cristal polarizado.

 

—¿Acaso no has visto las noticias?

 

—¿Quién ve las noticias?

 

Seokjin muerde su labio y se da media vuelta para volver a encarar a su ex novio. Sus ojos se suavizan por un momento con preocupación. Yoongi parece querer limpiar el rasguño que la llave dejó.

 

—¿Yo hice eso? —pregunta. Yoongi se encoge de hombros y el mayor traga la culpa en su garganta—. Debías quitarte.

 

—Ah, bueno. Me avisas para la próxima, ¿sí?

 

Seokjin rueda los ojos y se acerca cuidadosamente al menor, quien para su sorpresa se deja revisar sin renegar.

 

Cinco minutos más tarde, Yoongi está gimiendo y quejándose por lo bajo, sentado en un taburete de la cocina. Seokjin aplica yodo con un hisopo, tratando de limpiar sin que el otro se mueva demasiado.

 

—Quédate quieto.

 

—Arde...

 

—Ya sé que arde, idiota. Pero será peor si tu carita se infecta. Esa llave parecía estar sucia y oxidada —dice aquello como si Yoongi hubiese sido el responsable de todo. Luego de limpiar bien, coloca una pequeña curita con diseño de patitas de gato, y se mofa de aquello—. Sigues comprando de estas...

 

—Son lindas.

 

—Eres tan inmaduro...

 

—Lo sé.

 

Seokjin se da cuenta entonces que sus rostros están demasiado cerca, por lo que se aleja para después carraspear. Trata de hacer como si nada hubiese pasado mientras guarda las cosas de regreso en el botiquín de emergencia que Yoongi siempre tiene a la mano.

 

—¿Crees que deje marca? —pregunta Yoongi mientras toca con cuidado su pómulo. Seokjin tararea para negar mientras lava sus manos—. Qué lástima. Era la oportunidad perfecta para parecer rudo con una cicatriz.

 

Seokjin ríe genuinamente. Ambos lo hacen como si nada, como antes, como cuando las cosas eran más sencillas. Sin embargo, la realidad es otra y Seokjin debe recordárselo a sí mismo una vez más al terminar de ordenar.

 

—Debo irme.

 

Yoongi asiente. Seokjin se sirve un vaso de agua, sorprendiéndose de que no haya siquiera los suficientes platos para dos personas en la alacena. Está vacía, casi. No dice nada, pues la vida de Yoongi no le incumbe, ya no más.

 

—¿Por qué viniste?

 

Seokjin recuerda entonces la razón por la que condujo desde Seúl durante casi tres horas, y por la que se arriesgó a tener una multa de tránsito.

 

—Las noticias. ¿Escuchaste de la enfermedad?

 

Yoongi lo mira un poco confundido, inclinando su cabeza ligeramente. Seokjin aleja su mirada y trata de no reparar en los detalles.

 

—¿Enfermedad? ¿No es esa gripe?

 

—Similar a una gripe —aclara—. El punto es que la declararon una epidemia y, ya sabes... Jimin quería estar seguro de que estabas bien. Taehyung también. Se preocuparon porque no contestabas ninguna llamada desde hace mucho, ni siquiera los correos electrónicos.

 

—¿Por qué no vinieron ellos entonces?

 

Seokjin guarda silencio, fingiendo tener sed de nuevo para volver a llenar el vaso.

 

—Están ocupados. Joon fue elegido como parte de la brigada junto a Hobi. Jungkook está realmente muerto de la preocupación, pues han habido muchas muertes. Los más vulnerables son personas con problemas respiratorios, así que...

 

Yoongi lo miró, incredulidad mezclada con burla en sus ojos. Seokjin estaba convenciéndose a sí mismo no ahorcar hasta asfixiar a Yoongi si este decía una tontería.

 

—¿Y qué?, ¿acaso te preocupa que pueda morir?

 

Seokjin se queda unos segundo en silencio, sin saber cómo responder. Entonces niega repetidas veces con la cabeza, mintiendo.

 

—Es tu jodida vida, Min —tragó la molestia que comenzaba a acumularse en su garganta—. Jimin quería que...

 

—Si a Jimin le importaba, no tenías que venir tú.

 

Seokjin suspira. Demonios, sí. Tal vez sí le había dolido aquello, pero su orgullo. Su maldito orgullo que es más fuerte que su propia voluntad.

 

—Vete al diablo.

 

Seokjin deja el vaso de cristal en el fregadero, y sale de la cocina sin dejar que Yoongi diga una palabra más. Está decidido a irse y buscar un hotel donde pasar la noche, pero hay un sentimiento que lo detiene poco a poco, estando a la mitad de la sala para entonces.

 

Suspira, talla su rostro y se convence a sí mismo, una vez más, que es un completo imbécil. O tal vez no, pues ni siquiera tiene ropa para pasar la noche. Había conducido desde Seúl cuando acabó su última clase de día.

 

—¿Has cenado ya?

 

La voz de Yoongi suena despreocupada a su espalda. El pelinegro se da la vuelta y lo mira, el rubio de su cabello brillando por las luces amarillentas del pequeño candelabro en la sala.

 

Seokjin termina preparando los últimos paquetes de ramen que hay en la alacena. Los tres son de condimentos diferentes, pero no le importa. Está muriendo de hambre, pues ni siquiera ha almorzado antes de conducir hasta ahí.

 

—Te ves diferente.

 

—¿Más joven?

 

—El cabello largo te sienta bien —menciona con una sonrisa genuina—. Me hace olvidar lo horrible que te veías cuando saliste del servicio.

 

Yoongi está a la mitad de rebanar unos cebollines cuando es empapado por el agua de la llave. Seokjin había tenido una puntería perfecta para empapar gran parte del cuello de su suéter.

 

—Ni se te ocurra contraatacar, ya suficiente me has dañado con tus palabras.

 

Yoongi ríe en silencio mientras deja los vegetales de lado, para buscar una toalla y limpiar su cuello. Estuvo a punto de mencionar la herida en su pómulo, pero no quiere matar el ambiente de relativa paz. Seokjin parece sereno, su cabello recogido en una coleta y una vincha de Yoongi deteniendo los mechones más cortos, mientras termina de saltear el lomo de cerdo para luego agregarlo a los fideos.

 

Yoongi está por decir algo, pero es interrumpido. El celular de Seokjin comienza a sonar escandalosamente desde el comedor.

 

—¿Puedes traerlo?

 

Yoongi lee el nombre en la pantalla. Una sonrisa y ojos de medias lunas de un chico que era abrazado por otro de aspecto más serio.

 

—Es Jimin. —dice.

 

—Contesta, entonces.

 

Yoongi obedece, y dirige el aparato a su oído. Error, grave error. Un grito hace vibrar su tímpano de manera dolorosa.

 

—¡HYUNG! JODER, HYUNG, ¿ESTÁS CON YOONGI?

 

—Está cocinando.

 

—¡Yoongi, tú, hijo de…! —se escucha un suspiro exagerado al otro lado de la línea— joder, Hyung. Hola.

 

—¿Así te diriges a tu Hyung?

 

—¡Estaba aterrado por ti! Eres demasiado irresponsable. ¡Ni siquiera dabas señales de que siguieras vivo!

 

Yoongi suspira. Sus amigos eran demasiado exagerados.

 

—Seokjin ya se encargó de hacérmelo saber. Gracias —Yoongi ve a Seokjin, que escucha disimuladamente mientras sigue cocinando—. ¿Querías hablar con él?

 

Jimin vuelve a maldecir un par de veces y Yoongi comienza a desesperarse. No entiende nada de lo que el chico está diciendo, pues está maldiciendo en su estúpido dialecto. No es hasta que al parecer alguien le arrebata el celular, que Yoongi finalmente comienza a entender. Entonces escucha una voz gruesa, la cual contrasta mucho con la de Jimin.

 

—Hyung. ¿Están bien?

 

—Hola, Taehyung. Sí, estamos bien. ¿Por qué tanto alboroto?

 

Yoongi vuelve a escuchar la histérica voz de Jimin al fondo. Taehyung suspira a través de la línea y Yoongi comienza a sentir un poco de ansiedad. Su mano se dirige automáticamente a su boca, donde sus dientes buscan la piel alrededor de sus uñas, que ya luce bastante lastimada.

 

—Hyung. Esto es grave. ¿Podrías ponerlo en altavoz?

 

Yoongi obedece, y llama a Jin para que se acerque. El mayor apaga la estufa y deja los utensilios de lado para caminar hasta él.

 

—¿Qué pasa? —pregunta, Yoongi se encoge de hombros, sus dedos aún en su boca, sus dientes mordiendo la carne de estos.

 

Seokjin no dice nada, aunque realmente quiera detener a Yoongi y ponerle un bozal para que deje ese hábito. Pero la voz de Taehyung lo distrae antes de que pueda hacer algo al respecto.

 

—¿Jin hyung?

 

—Te escucho.

 

—Seguramente no has visto las noticias, pero acaban de declarar cuarentena obligatoria. El ministro de salud lo ha dictaminado hace una hora. Hace unos minutos el de seguridad ha dicho que ya han colocado un cordón sanitario entre las provincias.

 

Seokjin no entiende muy bien las palabras de Taehyung, o al menos no la gravedad de ellas, hasta que Yoongi enciende el televisor para poner las noticias.

 

—Hyung...

 

—Te llamo después, Tae.

 

Seokjin cuelga sin esperar a que el otro se despida. Entonces camina hasta estar junto a Yoongi en medio de la sala. Él lo observa por un par de segundos y luego regresa su mirada al televisor.

 

—Vaya mierda...

 

En la televisión se ven imágenes sobre la histeria colectiva que en esos precisos momentos se vive en Seúl. Seokjin siente un escalofrío recorrer su espalda al comenzar a procesar lo que eso significa para él, para ellos.

 

—Supongo que no hay de otra...

 

Seokjin voltea a ver a Yoongi, quien no ha dicho nada hasta el momento. En ese instante cae en cuenta de que ya no se trata sólo del problema sobre esa recién declarada pandemia. Eso ni siquiera es su principal preocupación.

 

Eso hubiera resultado algo parcialmente normal, de regreso en Seúl, dónde hubiera permanecido en su departamento por sí solo. Pero no, la vida lo odia, y se lo recuerda en cada oportunidad.

 

—Vaya mierda.

 

Yoongi vuelve a decir la expresión. Ninguno dice nada más, hasta que el mayor le arrebata el control y apaga el televisor, regresando a la cocina como si nada.

 

No quiere saber nada más. No quiere estar en ese lugar y el hambre se le ha ido de repente. No quiere estar cerca de el otro más de lo necesario. No puede. No quiere ver al rostro a su ex novio, a quien se había jurado a sí mismo no volver a ver más de lo estrictamente necesario.

 

No debía estar ahí, no era correcto. Ha sido un gravísimo error llegar hasta ese lugar.

 

Mientras tanto, Yoongi regresa a su estudio. Sabe que Seokjin necesitaba espacio, y se lo iba a dar. Siempre le daba su espacio. Siempre huía, nunca enfrentaba.

 

¿Treinta días encerrados en esa casa con el hombre que le rompió el corazón?

 

Ninguno la iba a pasar bien. Era un total desastre.

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