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Qué más podria enamorar a Boruto de Sarada

Summary:

Ese momento justo donde la mente no le da para nada más que pensar en esa pelinegra que camina por ahí sabiendo que aun siendo un sujeto popular entre cierto sector femenino sus pensamientos estan llenos de ella y sus cualidades.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Boruto está enamorado de Sarada.

Hay muchas cosas en ella que le hacen perder los estribos, aumentar su ritmo cardíaco y perder su habitual compostura.

Comenzando por su cabello. Solía tenerlo un poco más largo, casi rozando sus hombros, siempre destacando lo muy bien peinado que lo llevaba. Era imposible ver un solo cabello suyo fuera de lugar y, aunque era atrayente para él cuando tenía 13 años, lo atribuía a su notable brillo.

Llegó a preguntarle muchas veces a Mitsuki si era normal que un cabello pudiera brillar así. Siempre obteniendo la misma respuesta.

—Le preguntaré a mi padre.

Y sí que le preguntaba.

Hasta que una vez, antes de todo aquel desastre, recibió la respuesta, aunque no era precisamente la que esperaba.

—Mi padre dice que te gusta Sarada.

Así sin más.

Su expresión debió ser de un horror total como para provocar el cuestionamiento inmediato de Mitsuki sobre si se encontraba bien.

Se encontraba bien.

Después de aquello, decidió nunca más indagar nada cerca de Mitsuki. No porque se equivocará, eso lo sabía ahora, sino porque para un niño era demasiado raro el cómo se agitó su corazón con aquella suposición. Desde entonces se dedicó a admirar las cualidades de Sarada en silencio y sin preguntar, porque todo en ella era admirable.

Su cabello en la actualidad sigue siendo hermoso porque es parte de ella.

Si había alguna otra cosa que le gustara de la pelinegra, era su musculatura. La forma en que se contraía la masa muscular con la presión necesaria ejercida para cualquier tarea: ayudar o romper huesos. En el mundo ninja, la musculatura no lo era todo si no conseguías usarla de forma adecuada; sin embargo, ese no es precisamente un problema en Sarada. Su talento para controlar su propio sistema muscular y ejercer la presión adecuada hacia esa musculatura digna de ser catalogada como un talento exclusivo para ella.

O quizás era solo su tonto corazón enamorado enalteciendo los talentos de la chica que le gusta.

Esa fuerza heredada de su madre, quien fue parte del trío heroico de la gran última guerra, podría ponerlo a dormir de un solo golpe. Conoce su propia fuerza porque es un Otsutsuki, pero incluso siendo poseído es incapaz de permitirse hacerle daño a la persona que ha estado para él desde el principio.

Y sí, desde el principio.

Sarada nunca fue de cuerpo menudo, siempre saliendo a relucir esa fuerte musculatura perfeccionada con entrenamiento. Fue casi hipnótico verla aquella vez entrenar con sus padres cuando destrozó un árbol el doble de su tamaño y, sin embargo, no le fue de problema hacerle grandes grietas solo con el golpe de aire previo al puñetazo físico que instaló en el centro rompiéndolo en mil pedazos mientras los músculos de su brazo derecho se contraían haciendo más notoria la musculatura.

Se asustó. No por admirar sus brazos acumulando fuerza para destrozar ese ser vivo incapaz de moverse por sí mismo. Se asustó porque ese sentimiento difícil de identificar se agitó en su pecho, aumentando su ritmo cardíaco, acelerando su respiración y coloreando sus mejillas de un lindo rosado.

Ahora ese sentimiento tiene nombre y esas reacciones siguen vigentes, pero ya no le asustan, mucho menos lo esconde. Es de satisfacción propia admirar de cerca cuando puede verla romper las costillas a otros porque sus manos son tan hermosas y delicadas, pero letales.

Un poco parecido a lo que es el golpe de sus piernas. Lo comprobó de primera mano.

Pese a su entrenamiento como ninja y su fuerza sobrehumana, es bastante silenciosa con sus pasos y a él le gusta ese sonido. Sabe que no debería enfocarse mucho en ello, pero ¿quién puede culpar a un adolescente enamorado?

La primera vez que la vio después de 3 años no se fijó demasiado en su vestimenta. En ese momento lo único que le preocupaba era verla a salvo, lejos de Code y sus comentarios tan asquerosos. Si de por sí el saber que ese pusilánime fue tras ella como cebo para atraerlo; el estar presente en ese momento cuando sugirió tal aberración como ser su compañía le hizo hervir la sangre.

Celos, si lo piensa detenidamente, ahora.

Entre sus prioridades por cumplir estaba velar por ella, por lo que mantener cerca de su persona un comunicador fue algo en lo que no pensó que fuese invasivo. Se trataba de su promesa a ella y su padre. El mismo que también es su maestro, Sasuke Uchiha.

No le era difícil conocer su ubicación; por tanto, llegar a ella era cuestión de moverse a la velocidad del rayo amarillo. Le avergüenza un poco lo ridículo que fue abrir un botón más de su camisa antes de ir a verla, buscando exponer su vulnerabilidad con la única persona con la que podía ser él mismo.

Y estaba ella allí en compañía de la delegada. Tenía menos de 2 minutos de haberse plantado detrás de ambas, tiempo suficiente para admirar lo fuerte que se veían sus hombros expuestos, lo grande que se notaban sus músculos y lo majestuosamente largas que se veían sus piernas.

Sarada seguía siendo igual de rápida y silenciosa porque ni siquiera lo notó cuando ella se abalanzó a sus brazos para apretarlo con una fuerte caricia que gritaba: ¡Te extrañé, idiota!

Seguía siendo esa chica de fuertes músculos y él, un chico débil consciente de lo que su cercanía le producía a su corazón. Nada se comparaba con aquel gesto; por tanto, nada importaba más en ese instante.

Ver sus ojos, su mayor debilidad, llenos de ternura y cariño, lo hicieron añicos.

Esos ojos negros, capaces de convertir en una partícula cualquier objeto o ser vivo, lo miraban a él de forma diferente. Lo confundió con el cariño entre dos amigos que se extrañaron porque el destino es cruel. En estos momentos puede reírse de lo tonto que fue porque en serio, le era difícil verse a sí mismo como alguien digno de Sarada. Ahora sabía que es un amor distinto al que pensó, ese que se cultivó de forma dulce, tierna y sin prisa dentro de ambos. Ese mismo que los mantiene en pie.

Podrían preguntarle: ¿Qué más podría enamorar a Boruto de Sarada?

Aún está eso de sus piernas largas y brillosas que se ven como el mismísimo paraíso cuando se eleva a sí misma usando el Mangekyou. Es una total plenitud verla volar, siendo rodeada por materia que solo ella puede manipular. Sí, no es precisamente el momento más adecuado para admirar su poder, su cabello corto siendo ondeado por el viento, sus músculos o sus piernas. Pero sigue siendo un adolescente al que no se le puede culpar por admirar a la chica que le gusta.

Un niño no podría pensar de esa forma, mucho menos un niño en el camino ninja.

Un niño de 13 años se enamora de su intelecto, su veracidad y su confianza.

Sus intelectos rivalizaban, pero incluso dentro de su ignorancia con sus sentimientos, no era capaz de hacerlo evidente frente a ella. El intelecto de esa chica pelinegra que aceleraba su corazón era genial en ella. En él era una parte más heredada de su madre.

No era menosprecio, era admiración. Por esa misma razón intentaba siempre tener un poco de esa genialidad para ganar algunos halagos de su parte. Casi siempre hacía el ridículo frente a ella, pero la hacía reír y eso valía cada segundo.

La veracidad en ella era lo que más solía odiar porque conocía ese punto sensible en él y cómo tocarlo para hacerle reaccionar usando la verdad, aunque jamás siendo cruel. Siempre siguiendo los ideales de su padre, Naruto Uzumaki, a pesar de no entender la razón, no le importaba. Siendo fiel a su propio camino, le hizo ver dónde erraba y cómo corregirlo; gracias a ello pudo ser capaz de vencer al inepto de Momoshiki. Gracias a su veracidad, incluso aunque lo detestara en su momento, pudo ver sus propios errores en el campo de batalla y ser parte indispensable de la fuerza de su equipo.

Ella seguía siendo admirable aun cuando se equivocaba y no es que ahora no lo haga, pero es tan menos frecuente que, incluso cuando es él el que erra por sus propias ansias de hacerlo todo solo, ella es capaz de corregir ese error e idear todavía un plan mejor porque confía en él y en sus propios instintos.

Ella confió en él cuando nadie más lo hizo, creyó en su progreso cuando hizo trampa, en sus palabras aun cuando les era imposible estar de acuerdo. Creyó en él cuando el destino decidió quitarle todo.

Pero el destino no ganó. El destino no se la pudo arrebatar.

El destino y nadie ha podido con ella porque ella es más fuerte. Ella puede por sí sola y él ama tanto eso que es imposible que no sonría cuando la ve ganar. Sarada es la persona que más admira porque nadie, ni siquiera él, tiene esa voluntad y esa valentía para ser tan determinante cuando todos están contra la corriente.

Pero, ¿hay algo más que pueda hacer a Boruto enamorarse de Sarada?

Sí.

Cuando no lo juzgó por haber dejado casi ciego a su padre. Confío en él sabiendo que no lo hizo a propósito.

Cuando en su afán de no perder su cercanía pese a la distancia, se vistió con una chaqueta de su marca favorita porque le recordaba a él y su vínculo. Un vínculo que trasciende el destino.

Cuando envío a su propio padre a protegerlo de la crueldad del mundo. De la injusticia. Ella es su superheroína, su salvavidas, la persona que no dudó en arriesgarlo todo por él.

Ella era su ancla y lo seguirá siendo porque, incluso con todo en su contra, él iría hasta el fin del mundo por ella.

Code la llamó su debilidad y Momoshiki la que agita su corazón, haciéndole perder la compostura.

Quizás 17 años es muy temprano para enmarcar la vida con el amor por Sarada, pero eso jamás la detuvo a ella para luchar por su bienestar.

Habrá muchas cosas más por las que probablemente se enamore todos los días de ella, pero en este momento disfruta amar su ceño fruncido, su mirada tierna dirigida a él, la mirada gélida hacia su hermano mayor, Kawaki, y su tenacidad para enfrentarse a los altos mandos.

De todas formas, prometió estar para ella cuando el cargo de Hokage este sobre sus hombros y esa es una promesa que no está dispuesto a romper ni por el destino ni por la terquedad de su hermano.

Notes:

Estoy publicando esto mientras escucho diva virtual porque en efecto, es una canción que Boruto le dedicaria a Sarada.