Work Text:
Cuando las personas tienden a desviarse del camino del orden moral, es habitual que, al menos aquellos que son capaces de reconocer que no pueden seguir así, busquen ayuda. Algunos optan por la terapia, otros buscan refugio en grupos de apoyo moral que protegen su anonimato… Mierda, incluso hay gente que acaba recurriendo al mismísimo Dios. Pero en el momento que uno de estos corazones depravados reconoce que está corrompido; cuando un hombre cuya brújula moral se ha hecho añicos por completo y, sin embargo, al mirarse al espejo, es capaz de darse cuenta de que se está corroyendo como el hierro viejo, y aún así decide seguir cediendo al asqueroso deseo que lo condena, ¿qué se supone que debe hacer? ¿Es posible la indulgencia plenaria para alguien así?
Para Frank Castle no había manera de volver atrás después de haberlo hecho una vez.
Luego otra,
y otra,
y otra.
La sensación se había vuelto adictiva, la adrenalina le corría por las venas cada vez que sus dedos se flexionaban sobre su verga, agarrándola con la fuerza suficiente como para dejarle ardiendo la piel después, con el ceño fruncido y el pecho agitado, comportándose como un jodido animal salvaje, mientras que con su mano izquierda sostenía una pequeña foto del hijo de su mejor amigo.
Frank sabía perfectamente que estaba mal, que lo que hacía era prácticamente un delito, pero aún así continuaba bombeando su polla hasta correrse sin dejar de mirar en ningún momento la dulce figura de Peter capturada en aquella fotografía arrugada. Incluso si su mujer estaba en la habitación de al lado, o si sus hijos jugaban en la sala, él encontraba la manera de dejarse consumir por ese deseo asqueroso que le parasitaba la carne.
No recordaba exactamente cuándo había empezado, cuándo había comenzado a ver al chico con otros ojos; quizá fuera porque la pubertad lo había convertido en un jóven precioso ante su percepción retorcida, o por lo voluptuoso que creyó que se había vuelto su cuerpo gracias a la terapia hormonal que había empezado a seguir; Frank pronto se encontró apretando la mandíbula y luchando contra la tentación con todas sus fuerzas para que la sangre no se le disparara a la polla cada vez que Peter se sentaba en su regazo en cuanto visitaba la casa de Richard, y ahí fue dónde supo que algo empezaba a ir mal; cuando el chico era más joven y jugueteaba sobre las piernas de Frank, eso no le habría provocado la misma reacción.
Fue empeorando con los meses, había domingos en los que visitaba a los Parker, dónde Frank tenía que forzarse a no despegar los ojos de los de Richard porque su hijo se paseaba por la sala luego de haberse despertado, vistiendo únicamente una camiseta holgada y unas pequeñas bragas, saludando a Frank con una sonrisa dulce en el rostro como si Castle no se hubiera imaginado mil maneras de follarlo contra su cama de la infancia.
Cuando llegó el verano a Nueva York, Peter solía ir a pasear a su casa los fines de semana para pasar el rato con sus hijos; Frank se sentaba en el porche observándolos mientras jugaban con agua, aunque su atención acababa inevitablemente centrada en el cuerpo del chico; la tentadora imagen de los muslos lechosos de Peter y la forma en que su camiseta blanca, completamente empapada, se ceñía a su cuerpo, dejando al descubierto sus pequeños pechos, se le quedó grabada en la mente, ocupando un lugar que ni siquiera la figura de su mujer podía llenar. Fue en ese momento dónde decidió entregarse a sus perversos deseos y terminó tomándole una fotografía a escondidas, la misma que usaba actualmente para alimentar su creciente e inmoral lujuria.
La primera vez que se masturbó con ella, juró que sería la última; la segunda vez, prometió lo mismo; y la tercera, y la cuarta… y al final, dejó de mentirse y admitió que ya no importaba, que si lo hacía solo tenía que asegurarse de que no lo descubrieran, y que mientras siguiera siendo su oscuro y desagradable secreto, todo iría bien, nadie debía enterarse, y él seguiría deleitándose en lanzar miradas furtivas a Peter cada vez que tuviera la oportunidad, pero se prometió a sí mismo que no haría nada más que eso.
Frank reconocía que era un jodido depravado, babeando por un mocoso que tenía la misma edad que su propio hijo, y además había aceptado que no tenía ni la mínima intención de cambiar.
La perversión es una condición del corazón humano, y algunos no están dispuestos a enmendarlo.
—
“No lo sé, creo que hace lucir mi culo demasiado grande.”
Peter hablaba al aire mientras se miraba de espaldas en el espejo que tenía delante; llevaba una camiseta sin mangas blanca y unos pantalones cortos vaqueros, completaba su atuendo con unas clásicas Converse rojas. Su móvil estaba en una esquina del colchón; en la pantalla se veía la foto de perfil de Ned Leeds, estaban en una llamada en altavoz.
“Pues eso es porque tienes un gran culo, hermano.” La voz del otro lado de la línea resonó en la habitación, “no importa lo que te pongas, seguirá estando ahí.”
Peter dejó escapar un gruñido de resignación.
“Bien, iré con esto, hace mucho calor como para usar otra cosa.”
“No te preocupes, se te ve genial, saliste increíble en la foto que me mandaste, podrías subirla a Instagram.”
“¿Crees que se nota mucho mi pecho?”
“Para nada amigo, ¿Estás usando el binder que te regalé?”
“Sí, es cómodo, supongo que tendré que acostumbrarme a él hasta el día de la operación.”
“No importa, de todos modos no tienes tanto pecho, creo que todo lo que te falta ahí se te fue al trasero.”
Peter soltó una risita.
“Son los genes de mi madre.”
“Uff, ¡y qué genes!”
“¡Oye!”
“Lo siento, tu madre es mi debilidad, ¿ya le has dicho lo de esta noche?”
“Sí, está de acuerdo, el único que no deja de molestarme es papá.”
El muchacho se alejó del espejo y caminó hasta su escritorio, tomó la mochila que reposaba en una silla y revisó su interior.
“Es lógico, hermano, es la primera fiesta a la que asistes.”
“Lo sé, pero ya no soy un niño pequeño, sé cuidarme.”
“Así son los padres, Pete, no le des muchas vueltas sólo dile que sí a todo y dejará de insistir. Oye, te aseguraste de guardar todo lo necesario ¿no es así?”
Peter rebuscó entre sus cosas, echando un vistazo a cada objeto que había metido en la mochila: dos botellas de vodka, un cartón de zumo de naranja, una mantita para amortiguar el tintineo de las botellas cuando se moviera y un mechero.
“Sí, está todo.”
“¿Eso también?”
Hubo un breve silencio, el muchacho palmó el bolsillo delantero de su pantalón, sintiendo el contorno de un condón sellado.
“Sí… eso también.” Peter respondió, cerrando la mochila para colgarla en su hombro, “aunque no veo el motivo por el cual llevarlo.”
Ned suspiró tan fuerte que hizo que Peter frunciera el ceño con confusión.
“Amigo, es necesario que te cuides, ya tuvimos esta charla.”
Peter volvió hasta su teléfono y lo agarró llevándolo hasta su oído.
“¡Lo sé! pero no tengo planeado follar con nadie, Ned, sabes que no soy ese tipo de persona.”
“Es por si acaso, tú no sabes lo que puede pasar en una fiesta, ¿verdad?”
Peter hizo silencio de nuevo, finalmente asintió.
“Supongo que tienes razón.”
“Siempre tengo razón, ahora mueve tu gran y jugoso culo que MJ y yo pasamos por tí en cinco minutos.”
“Está bien, te veo luego.”
El muchacho cortó la llamada y guardó su teléfono en el bolsillo pequeño de su mochila. Antes de salir por la puerta echó un último vistazo a su reflejo y afirmó para sí mismo:
“Te ves bien, Peter, luces como un chico, eres un chico.”
Sonrió satisfecho y se encaminó hacia la puerta, perdiéndose tras ella.
Bajó las escaleras a toda prisa y, al cruzar el salón, su padre lo detuvo en seco.
“Peter.”
Parker apretó los labios, temió que le preguntara por qué su mochila lucía tan abultada, pero Richard sólo se acercó hasta él y le entregó un billete de veinte dólares.
“Recuerda lo que te he dicho.”
Peter tomó el dinero y lo guardó.
“Lo sé, pa.”
“Y no bebas nada de alcohol, lo sabré si lo haces.”
“Entendido.”
El hombre mayor lo miró con cierta duda en el rostro, pero finalmente suspiró y le dió unas palmaditas en la espalda a su hijo.
“Diviértete.”
Peter asintió.
“Gracias, te avisaré cuando llegue.”
“Eso espero.”
Una serie de golpes en la puerta principal fue la señal para que Peter se despidiera de su padre y se marchara de casa.
Se encontró con Ned y MJ, les dió un abrazo a ambos y se subieron al auto que recientemente le habían regalado a Ned para su cumpleaños.
“¿Traes el dinero para comprarla no es así?”
“Sí, aunque no creo que alcance.” Respondió Peter, entregando el billete a su amigo.
“No te preocupes, es un amigo mío, además como la cultiva él no se abusará con el precio.”
MJ negó con la cabeza y los miró a ambos de reojo.
“Sigo creyendo que es una mala idea que compres eso.”
Ned se encogió de hombros mientras le abría la puerta trasera a la jovencita.
“Somos jóvenes, es bueno experimentar de vez en cuando, ¿no es así, Peter?”
El chico solo pudo asentir con la cabeza; él tampoco estaba seguro, pero algo en su interior le decía que no estaría de más probar algo diferente, aunque solo fuera una vez, ya había decidido asistir a esa fiesta en lugar de perderse en su tarea de física durante todo el fin de semana.
El trayecto hasta la casa de Flash, el anfitrión de la fiesta, se hizo un poco largo; estaba a unos 30 minutos de la casa de Peter, sin contar el tiempo que dedicaron a una parada rápida para comprarle marihuana al amigo de Ned. Cuando llegaron, ya había anochecido, pero el calor del verano no había remitido en absoluto, y Peter se alegró de haberse vestido con ropa tan ligera.
Había varios autos estacionados afuera, y ya se podía observar a los demás chicos dispersados en el patio delantero, algunos entrando y saliendo de la casa, todos con vasos en las manos.
“Muy bien.” Ned fue el primero en salir del auto, seguido de los otros dos muchachos. “Vamos a alcoholizarnos.”
—
“¿Verdad o reto?”
En algún punto de la noche los tres terminaron agotados de la gente y del ruido, se hicieron lugar en una de las habitaciones de la casa y continuaron bebiendo allí, Ned había encendido el porro y se lo pasaban entre ellos tomando turnos.
“Verdad.” Respondió Ned, bebiendo un sorbo de su vaso de vodka con zumo.
“¿Por qué no te quedaste con Betty allí abajo?” Preguntó MJ.
Ned se ahogó con la bebida, el color subió a sus mejillas rápidamente.
“N-no quería molestarla, además tendríamos que compartir esto con los demás.” Señaló el cigarro de marihuana, “aquí estamos más tranquilos.”
“Simplemente admite que somos unos rechazados sociales, y que te acobardaste, no tienes por qué poner excusas.” Contestó MJ, Peter se rió.
“En realidad yo también estoy bien aquí, me sentía demasiado observado ahí abajo.”
“Es obvio que más de uno te echó el ojo.” Ned respondió, pasándole el porro a Peter, “Deberías volver y enganchar a alguno, así aprovechas la fiesta al máximo, ya sabes…” Le guiñó un ojo al chico y esta vez fue a él a quién se le subió la sangre a las mejillas.
“Olvídalo Ned, ya te dije que no quiero meterme con cualquiera.” Peter le dió una calada al cigarrillo y exhaló el humo, habían empezado a fumar hace un rato y su cabeza comenzaba a sentirse ligera, eso y que el alcohol que consumió ya estaba haciendo efecto en su sangre.
“Bien, es tú decisión, no puedo hacer nada al respecto.” Se encogió de hombros, “entonces, ¿Verdad o reto?”
Peter tardó unos segundos en responder; los párpados le pesaban y sus pensamientos empezaban a ralentizarse. La sonrisa tonta que tenía en la cara no desaparecía; se sentía raro, pero no acababa de decidir si eso era algo bueno o malo.
“Verdad.” Finalmente contestó.
Ned lo miró con cierta picardía.
“¿Hay alguien que te guste actualmente?”
Peter ladeó la cabeza, MJ sólo lo observó atenta mientras bebía de su vaso.
“No lo sé.”
“Vamos amigo, sé honesto, ¿ni siquiera tienes un crush?”
El chico se tomó unos segundos para pensar; la verdad es que en el instituto no había nadie que le interesara en ese sentido, y tampoco es que a Peter le apeteciera salir con nadie que no fueran sus amigos. Justo cuando estaba a punto de abrir la boca para responder, una imagen le pasó por la mente.
Hombros anchos, bíceps fornidos y un porte militar que intimidaba a cualquiera.
¿Qué demonios?
Peter cerró los ojos con fuerza, como si un repentino dolor le llegara a la cabeza. ¿Estaba pensando en cosas que no debería a causa del alcohol? ¿o es que se le abrió el tercer ojo de la nada?
Desde luego, no había nadie en su colegio que le resultara atractivo, pero la cosa cambiaba cuando pensaba en otras personas cercanas a él; aunque nunca antes se lo había planteado, había alguien que reunía todas las características de su tipo ideal.
Los recuerdos empezaron a proyectarse frente a sus ojos como una película, y revivió todas las veces en las que estuvo junto a Frank Castle, el amigo de su padre.
El silencio del muchacho fue la respuesta que Ned estaba buscando.
“Ahhh… entonces sí lo hay.” Codeó a MJ, ella ladeó los labios en una mueca ante la actitud molesta de Ned.
Peter se alarmó e inmediatamente buscó justificarse.
“No, ¡no!” Agitó sus manos con desesperación, “no lo hay, quiero decir… no, ¡No lo sé!”
“¿No lo sabes?” Preguntó MJ, “¿O no lo quieres reconocer?”
Ned dejó escapar un gemido de emoción.
“¡Peter tiene un crush!” Canturreó.
Parker se mordió el labio; la situación le ponía nervioso, no porque sus amigos dieran por hecho que tenía un crush, sino porque él mismo acababa de darse cuenta de que así era.
Inclinó la cabeza hacia atrás y respiró hondo por la boca, intentando refrescarse un poco; empezaba a sentir cómo le subía el calor a la cara, y no sabía si era por la droga o porque recordaba los momentos en los que había estado con aquel hombre mayor. No se dio cuenta de que había grabado su peculiar aroma masculino en su memoria hasta el punto de sentirlo en ese momento como si estuviera justo delante de él. Apretó los muslos y se removió sobre su lugar, su cuerpo comenzaba a sentirse tremendamente extraño, un cosquilleo le recorrió el abdomen bajo y reconoció esa sensación perfectamente, era como cuando miraba esos vídeos de militares masturbandose durante noches en las que las hormonas se apoderaban de su cuerpo.
Oh, mierda, ¿Se estaba poniendo cachondo?
Dudó en contestarle a Ned, era problemática su respuesta, no podía decirle que sí, tenía un crush, y este era un hombre treinta años mayor que él y para colmo era el mejor amigo de su propio padre, que solía ver literalmente cada fin de semana y cuyos hijos consideraba prácticamente primos.
“Peter, está bien si lo tienes, no tienes porqué avergonzarte.” MJ trató de aliviar al muchacho.
“¿Quién es?” Cuestionó Ned, dándole una última calada al cigarro. “¿Es de nuestra clase?”
Peter suspiró, no, realmente no podía decir nada, era demasiado taboo y sus amigos no lo tomarían bien.
“No es nadie, lo prometo. Es sólo que el vodka me está haciendo actuar extraño.”
“Boo-hoo, no aguantaste nada.” Ned se burló, inclinando el pulgar hacia abajo.
“Yo creo que ya has bebido suficiente, nunca bebes como para poder aguantarlo.” MJ se estiró para tomar el vaso de Peter y hacerlo a un lado.
“Sí, lo siento chicos, creo que le diré a papá que venga por mí…”
Se dejó caer sobre la alfombra, buscando su teléfono en su bolsillo, prendió la pantalla y localizó el contacto de su padre en la bandeja de mensajes, vió la hora, eran las tres de la mañana; sabía que Richard se enfadaría con él por molestarlo a esa hora y que probablemente le cuestione dónde había gastado el dinero que le dió en lugar de haber pedido un jodido Uber, y lo peor: se daría cuenta que había tomado. Tragó en seco, no tenía más opciones, era hablarle a su padre o aguantar el incómodo calor que estaba creciendo entre sus piernas frente a sus dos mejores amigos.
Texteó un breve mensaje poniendo de excusa que tenía sueño y se había aburrido.
Cinco minutos después recibió respuesta.
“Espera afuera.”
Peter se incorporó y tomó sus cosas, dejando atrás las botellas, aunque una de ellas estaba vacía, y se dirigió a la puerta del cuarto.
“¿Estarán bien sin mí?” Preguntó, ambos chicos alzaron el pulgar y asintieron con una sonrisa en el rostro.
“Sí, trata de no vomitarle el auto a tu papá, seguramente nos echará la culpa a nosotros por haberte llevado por el mal camino.” Dijo Ned, Peter se rió como si eso no fuera literalmente la realidad y desapareció tras la puerta.
—
La luz del televisor comenzaba a cegarle, no había absolutamente nada interesante en ese jodido aparato que pudiera captar su atención; estaba a punto de perder la cabeza, no podía conciliar el sueño y su mente no paraba de maquinar, sentía que se volvería loco en cualquier momento.
Frank sabía que el silencio de la noche no era su aliado cuando deseaba con todas sus fuerzas acariciarse la polla viendo a su dulce niño en la fotografía que atesoraba más que cualquier cosa.
Ya había intentado varias cosas, flexiones en el suelo, leer un libro, beber el té de su esposa que supuestamente te induce a un estado de relajación natural.
Eso era pura mierda, Frank necesitaba desahogarse de la única forma que conocía, y no podía follar con su mujer porque temía que, mientras estuviera profundamente metido en su coño y fantaseando con que era el de Peter, pudiera soltar sin querer el nombre del chico, y eso le metería en un buen lío.
Era un martirio, soltó un gruñido de frustración, estaba a punto de golpear su cabeza contra la pared cuando el sonido de una notificación proveniente de su teléfono lo sacó de su trance.
¿Quién carajo podría joder a esa hora?
Sus ojos se abrieron como platos al divisar el nombre del contacto que le había escrito: era Richard.
“Frank, lamento molestarte tan tarde, sé que estás despierto amigo, ¿Podrías hacerme un favor?”
Frank no se molestó en absoluto, lo único que invadió su mente fue curiosidad, ¿Qué podría querer Richard que requiera su ayuda a esas horas de la madrugada?
“Es sobre Peter.”
Oh.
Su interés incrementó, rápidamente escribió y envió el mensaje.
“¿Le ha sucedido algo?”
Esperó unos segundos y recibió contestación.
“No, no te preocupes. Está en una fiesta ahora mismo y necesita que lo recoja, pero estoy jodidamente cansado amigo, ¿Podrías ir por él? Juro que te lo compensaré luego.”
Frank sonrió como un maldito enfermo, esto parecía una broma, ¿Era causa del destino que ocurriera semejante coincidencia? Justo cuando se encontraba luchando contra sus impulsos más depravados.
Negó con la cabeza, deshaciéndose de los pensamientos desagradables, no podía decirle que no, rápidamente le contestó.
“Está bien, envíame la ubicación e iré por él.”
Luego de unos segundos Richard le había mandado la localización exacta del lugar seguido de un ‘Gracias’. No estaba muy lejos de su hogar, al menos no lo era si ibas sobre cuatro ruedas. Frank tomó sus llaves y salió silenciosamente, se subió a su camioneta y partió en cuanto arrancó el motor.
—
Habían pasado quince minutos desde que su padre le dió la indicación de esperarlo afuera, el aire ardiente del verano no ayudó en absoluto a desvanecer el calor que sentía en el cuerpo; supo de inmediato que no tuvo que tomar ese último vaso que Ned le había servido, el alcohol le llegó tarde a la sangre y ahora no podría disimularlo ni aunque lo intentara con todas sus fuerzas.
Maldita sea, incluso sus hormonas se habían alborotado, sabía que la testosterona lo ponía cachondo la mayoría del tiempo pero el alcohol y la droga lo hacían tres veces peor, al menos ya reconocía que la próxima vez no debía de consumirlos como lo hizo esa noche.
Peter cruzó sus brazos y agachó la vista al suelo, todo a su alrededor se veía ligeramente difuso y la música que salía de la casa se escuchaba distorsionada, se perdió unos segundos en el reggaeton viejo que estaban reproduciendo, tanto que no notó el primer bocinazo que sonó frente suyo, hasta que el segundo lo hizo caer en cuenta y finalmente levantó la cabeza, encontrándose con una camioneta que reconocía perfectamente.
“¿Frank?”
El hombre dentro del vehículo lo saludó alzando la mano, haciéndole una seña de “ven aquí”, Peter pestañeó tres veces antes de caminar hasta él, con pasos torpes, Frank notó inmediatamente que el chico estaba ebrio.
“¿Qué haces aquí?” Preguntó el muchacho, dejando caer su cuerpo sobre la ventanilla de la camioneta.
“Tu padre me pidió que te recogiera.” Contestó el hombre mayor, desactivando el cerrojo de la puerta del copiloto. “Súbete o me largo, decide.”
Peter dudó unos segundos. Maldita sea, qué incómodo resultaba tenerlo justo delante de él… Hubiera preferido mil veces más enfrentarse a su padre en ese estado y recibir una reprimenda tras otra. Cruzó la mirada con Frank, se mordió el labio inferior y dio unos golpecitos nerviosos con el dedo en la puerta antes de tomar una decisión.
Terminó subiéndose, arrojó la mochila a los asientos traseros y se colocó el cinturón de seguridad.
Frank aprovechó la distracción del chico para ojearlo rápidamente, no pudo evitar saborear los deliciosos muslos que se asomaban tras esos shorts tan cortos.
“¿Te divertiste, niño?” Preguntó, devolviendo los ojos al frente para arrancar el vehículo.
A Peter se le puso la piel de gallina, no solo por ese maldito apodo que solía molestarle (y que, por alguna razón, ahora le despertaba algo), sino también porque su voz ronca le parecía tremendamente atractiva.
“Sí, fue divertido.” Respondió, evitando el contacto visual a toda costa, Frank lo notó y se rió.
“Y bebiste de más…”
“Quizá.”
“¿Tu padre te dijo que no lo hicieras?”
“Sí…”
“Y lo hiciste de todas formas.”
El chico observó la enorme mano de Frank mientras cambiaba de marcha; las venas marcadas le provocaron un escalofrío que le recorrió la espalda.
“Sí…” Volvió a repetir, jugando con sus dedos.
“Eres un niño malo.”
Peter apretó los labios, tragándose un suspiro. Maldición, esos treinta minutos de viaje serían jodidamente difíciles.
Para llegar a la casa de Parker debían pasar por una carretera desolada, el silencio allí fue más evidente que antes, Frank no pudo ignorar el nerviosismo de Peter y no se aguantó las ganas de persuadirlo.
“¿Qué te sucede? Estás inquieto desde que te subiste.”
El chico lo miró una vez antes de responder.
“Sólo estoy un poco ebrio, nada más.”
“No vayas a vomitar en mi camioneta, mocoso.”
Peter se ofendió y le dió un codazo en el brazo.
“No estoy tan ebrio.” Respondió, obviamente estaba mintiendo.
“¿Entonces por qué no paras de retorcerte como un gusano?”
El muchacho tragó en seco, no sabía qué responderle: “Oh, sí, lo que pasa es que estoy jodidamente cachondo y no puedo aguantarlo, ¿Qué harás al respecto?” Pensó, aunque la idea sonaba absurda no pudo evitar considerarlo, estaba lo suficientemente drogado y alcoholizado como para poder ser capaz de decir algo de lo que probablemente se avergonzaría si estuviera sobrio, se tomó su tiempo en responder, joder, ¿realmente lo estaba considerando?
¿Qué probabilidades había de que eso saliera bien?
¿Qué haría Frank ante esa situación? ¿Follárselo allí mismo?
Peter clavó sus uñas en la piel de sus piernas, mierda, la idea misma hizo que su coño palpitara.
Esto no iba nada bien, estuvo a punto de planificar una excusa cuando sintió la mano del hombre posarse exactamente sobre su rodilla, cerca del comienzo de su muslo, el calor le quemó la carne, y su respiración se cortó de repente.
“Hey, puedes contarme, sabes que entre nosotros hay confianza.”
Ah, el timbre de su voz lo mareó, su cabeza le daba vueltas y vueltas.
Su labio inferior probablemente se había hinchado para ese entonces de tantas veces que lo mordisqueó desde que se subió a esa camioneta.
“Es sólo que…”
Se detuvo, el pulgar de Frank masajeando su pierna en círculos lo hizo tragarse sus palabras.
¿Era normal que lo tocara de esa forma?
Peter podría tener los sentidos adormecidos por culpa del alcohol pero sabía reconocer perfectamente cuando se dirigían a él con segundas intenciones.
Frank jamás lo había hecho antes, ¿O sí?
Peter empezó a recordar todas sus interacciones con el hombre mayor; sin duda fue él quien usualmente se acercaba físicamente al de pelo oscuro, pero, por lo que a él respectaba, nunca recibió más que algunas miradas.
Miradas…
Sí, eso es lo único que recibía Peter de Frank, miradas.
Tragó saliva, jamás lo había notado antes.
La manera en la que Frank lo miraba no era normal, ¿O sí?
No, no lo era.
La verdad era que nunca se le habría pasado por la cabeza esa posibilidad, que un hombre de su edad lo observara de esa manera; debería haberse dado cuenta antes. Quizá fuera culpa suya: perdió la cuenta de todas las veces que se paseó frente a él en ropa interior. O quizá Peter debería haber sido más reservado y no haber depositado tanta confianza inocente en Frank, hasta el punto de que este haya visto partes de su cuerpo que nadie más podía.
Joder, la realidad le había golpeado de lleno como un relámpago y en lugar de asquearse se sintió aún más caliente, sus bragas comenzaron a mojarse dentro de sus ajustados shorts.
Frank deslizó sutilmente su mano unos centímetros más arriba, Peter se desesperó y finalmente decidió confesarse.
“Quiero que me folles, Frank.”
El hombre se detuvo en seco, se mantuvo callado durante unos segundos y antes de separar su mano de la pierna del muchacho le dió un leve apretón.
“No sabes lo que estás diciendo.”
Peter se volteó hacia él, sujetando su muñeca para evitar que se alejara.
“Por favor.” Suplicó, buscando la mirada del hombre mayor, Frank chasqueó la lengua cuando se encontró con esos enormes ojos marrones, con las pupilas completamente dilatadas y las pestañas humedecidas.
“No, Peter, no bromees con eso.” Exclamó, Peter apretó los labios.
“No es una broma.” Respondió, su voz salió de su boca en forma de un suspiro, “Vamos, hazlo conmigo.” Entrelazó sus pequeños dedos alrededor de la gruesa muñeca Frank y, poco a poco, le llevó la mano hacia sus piernas, cerca de la pelvis. El corazón le latió con fuerza, el hombre mayor lo acarició suavemente antes de intentar apartar la mano de nuevo.
Maldita sea, Frank sabía perfectamente lo que estaba haciendo; no tenía por qué ceder ante las provocaciones de ese mocoso ebrio y, sin embargo, ahí estaba, luchando contra el impulso de apretarle los muslos con tanta fuerza que le dejaría moretones por toda la piel. Aquello parecía una escena sacada directamente de sus fantasías más pervertidas; era como si el mismísimo Dios hubiera decidido ponerlo a prueba para ver hasta dónde era capaz de llegar.
Sacudió la cabeza; no podía hacerlo. Bajo ninguna circunstancia podría hacer lo que Peter le estaba pidiendo. Eso supondría romper todas y cada una de las promesas que se había hecho a sí mismo. Una cosa era masturbarse en secreto pensando en él, pero ¿tocarlo así? ¿aprovecharse de él mientras está ebrio? Imposible.
“¿Frank?”
Joder, Peter sonaba tan desesperado, su voz temblorosa arrastrando las vocales en pequeños suspiros hizo que su polla palpitara.
“Se supone que debes tener sexo con alguien en quien tengas confianza, ¿Verdad?”
Mierda, mierda, mierda.
“Yo confío en tí, nos conocemos hace mucho tiempo.”
¡Mierda!
“Por favor…”
Peter le apretó el brazo antes de mover sus caderas hacia delante, buscando sentir su mano más cerca. El ruido entrecortado que soltó, amortiguado entre sus labios fue lo único que necesitó Castle para quebrantar su juramento.
Al carajo, somos lo que somos, ¿no es eso lo que se suele decir?
Y Frank era eso: perversión encarnada.
Aparcó el coche a un lado de la carretera y apagó el motor; se encontraban en medio de un campo oscuro, y la única fuente de luz era una tenue farola naranja. A Peter lo ahogó una ola de emoción al ver cómo Frank se desabrochaba el cinturón de seguridad y echaba el asiento hacia atrás.
“Ven aquí.” Ordenó, palmando su propio muslo.
Peter también se quitó el cinto y con movimientos torpes se subió sobre el regazo de Frank, sentándose a horcajadas. Se sentía tan pequeño incluso estando arriba de él, Frank era el doble de su tamaño, quizá hasta un poco más.
Las enormes manos de Frank se posaron en las caderas de Peter, sujetándolo como si temiera que Peter pudiera escapársele en cualquier momento, lo agarró con una posesividad casi nauseabunda; solo él sabía cuánto había anhelado esto, cuánto había deseado tener a Peter solo para él y para nadie más, y se lo hizo saber al capturar sus labios en un beso apasionado.
Peter gimió y estiró sus brazos para enredarlos alrededor del cuello del hombre mayor, Frank se coló en la boca del chico sin ningún problema, moviendo sus labios con una experiencia aplastante que claramente Peter no podía imitar. Se sentía bien, Peter jamás había besado a nadie antes, Frank se aprovechó de esto, tomando el control; lamió con picardía, explorando partes de él que Peter no creía posibles. Su lengua, larga y gruesa, le obligó a mantener la boca abierta y a seguirle el ritmo.
Frank tenía un sabor delicioso, más embriagante que los estupefacientes que tomó esa noche, nunca pensó que su primer beso sería así de vulgar, caliente y desastroso, en una camioneta en medio de la nada con el hombre que lo vió crecer.
Peter jadeó cuando Frank le apretó el muslo con los dedos, su mano izquierda fue a parar a su espalda, la piel se le erizó en cuanto sintió las yemas ásperas colándose por debajo de la ropa, acariciando su carne suavemente. El muchacho intentó zafarse para tomar aire, pero Frank le apretó más fuerte la pierna, acercándolo a él y besándolo con más intensidad. Era demasiado abrumador; estímulo tras estímulo, a Peter se le escapaba saliva de la boca de una forma vergonzosa, pero al ex militar no pareció importarle en absoluto y continuó devorando sus dulces labios.
Frank giró la cabeza y le chupó la lengua; Peter encogió los dedos de los pies: se estaba asfixiando con el calor de la boca del hombre mayor. Frank sonrió durante el beso antes de separarse, permitiéndole por fin respirar.
Peter lo miró fijamente, sin aliento, mientras la pulsación en sus bragas era casi constante, sincronizada con el ritmo de los latidos de su corazón. Frank se lamió los labios y Peter siguió ese movimiento con la mirada, con los ojos rebosantes de una lujuria desenfrenada, suplicando en silencio por más.
Castle llevó nuevamente las manos a ambos lados de Peter y empezó a levantarle la camiseta con una delicadeza que le hizo suspirar; el chico alzó los brazos y dejó que el hombre le quite la prenda. Frank observó la escena durante unos segundos con ojos expectantes, hasta que Peter se dio cuenta de que todavía llevaba puesto el binder; le lanzó una mirada indecisa al hombre de pelo oscuro antes de empezar a desabrochárselo.
Frank se quedó sin aliento cuando Peter expuso sus pequeños pechos, levantó una mano para acariciar su rosado e hinchado pezón y el jovencito se estremeció bajo el toque.
“Eres precioso, bebé,” Susurró, acunando sus montículos con dulzura, Peter gimió despacio, “el niño más hermoso que he conocido.”
Oírle llamarle así con esa voz intoxicante le hizo retorcerse sobre sus gruesas piernas. Peter se tragó las palabras cuando Frank se inclinó para tomar uno de sus pezones entre sus labios, lamiendo y chupando aquella piel tan sensible como si estuviera saboreando el manjar más exquisito, mientras rozaba el otro con el pulgar.
La pálida piel del chico era tan jodidamente suave (no solo al tacto, sino también en la lengua) que le resultaría imposible volver a tocar a su mujer sin compararla con Peter; todo en aquel mocoso era exquisito: su sabor, su aroma (que Frank había reconocido como la fragancia que Peter llevaba desde los trece años y que él le había regalado cuando comenzó su tratamiento de bloqueo hormonal). Ah, Frank estaba tan duro. Mientras más se hundía en Peter, más crecía su adicción.
Parker se echó hacia atrás y se aferró a la nuca de Frank mientras él le devoraba el pecho; sentía un ardor en cada lugar donde lo tocaba aquella lengua caliente, y el contraste con la forma en la que lo raspaba su barba a medio crecer, era delicioso. Peter estaba seguro de que, para entonces, sus bragas estaban completamente empapadas; la tela empezaba a molestarle, así que comenzó a balancear las caderas de un lado a otro, buscando la manera de estimular su ansioso clítoris.
“Frank, hmm…”
“¿Se siente bien, angel?”
“Se siente muy bien,” suspiró el menor, “tócame más.”
Joder, Frank sintió su polla endurecerse aún más en sus pantalones, los pequeños gemidos de Peter lo volvían loco, quería arrancarle más de esos agradables sonidos, hacerlo ahogarse en placer y que repita su nombre una y otra vez.
Nada podría haber preparado a Peter para la descarada forma en que Frank le agarró las nalgas, apretándole la carne a través de la ropa y sujetando al chico para empezar a guiar sus movimientos; al poco rato, Peter se encontró meneandose arriba y abajo sobre la polla abultada del hombre mayor; incluso a través de su pantalón, Peter podía sentir lo enorme que era.
Tragó saliva, Parker había soñado a menudo con la primera vez que tendría una polla de verdad dentro de él, no sólo el pequeño juguete que usaba cuando sus dedos no eran suficientes, la ansiedad comenzó a invadirlo y gimió una súplica, haciendo reír a Frank.
“Qué niño tan impaciente.”
Peter se removió con timidez.
“Lo siento, es la primera vez que hago esto con alguien.”
Frank se detuvo y lo miró con una expresión perpleja. Él daba por hecho que Peter no tenía mucha experiencia, pero no pensó que no tuviera ninguna en absoluto; es decir, Parker era un muchachito guapo; podía estar con cualquier chico o chica que quisiera, y no es que Frank se hubiera atrevido jamás a indagar en su vida sexual, eso lo dejaría en evidencia, pero esto lo tomó por sorpresa.
Joder.
El mocoso era virgen.
“Mierda, Peter.”
Gruñó, mordiéndose el labio con tanta fuerza que no le sorprendería si comenzara a sangrar en algún momento.
Peter lo obligó a enlazar miradas sosteniendo sus mejillas con ambas manos.
“Está bien, Frank.” Susurró, “Quiero que mi primera vez sea contigo.”
La polla de Frank palpitó con interés. Oh, era un maldito enfermo de mierda.
Peter se agachó para depositar un beso tierno sobre los labios maltratados de Frank, la acción fue tan inocente, tan dulce que el ex militar sintió sus tripas revolviéndose en su estómago.
“Ten.”
El muchacho le colocó algo en la mano, Frank lo tomó y tardó unos segundos en darse cuenta de qué se trataba.
Un condón.
Oh, oh, lo que eso le hizo… Su cerebro le envió señales de advertencia, pero todo su ser lo deseaba; apartó de su mente cualquier pensamiento de que aquello estuviera mal, ignorando por completo las voces en su interior que no paraban de repetirle una y otra vez que no debía hacerlo, que debía pensar en lo que diría Richard si se enterara… que sería quien le había arruinado a Peter su primera vez y la ilusión de que su virginidad debería haberse perdido de una forma más romántica, y no a manos de un pervertido como él.
Sostuvo una de las manos de Peter, depositando un tierno beso sobre ella.
“Está bien, angelito”, le susurró, “quítate esto”. Frank señaló sus pantalones cortos, los sujetó con delicadeza por los bordes y le ayudó a bajárselos junto con la ropa interior hasta que se los quitó por completo; los arrojó en el asiento vacío.
El gruñido animal que soltó al presenciar el coño brillante de Peter lo sorprendió incluso a él mismo.
Peter se mordió el interior de la mejilla, se sentía tan jodidamente expuesto, pero eso sólo sirvió para ponerlo aún más caliente. Sus labios se partieron en dos y un gemido salió desde lo más profundo de su garganta cuando dos dedos del ex militar rozaron su clítoris hinchado, podría llegar al clímax con tan solo eso. Quiso perseguir el tacto, así que empujó su cuerpo hacia delante, Frank curvó los dedos y masajeó el manojo de nervios, aplicando una presión exquisita que lo hizo vibrar de emoción.
“Tan lindo.” Canturreó el hombre, Peter solo pudo sonrojarse, no supo qué responder. “Que coño tan bonito.”
Mierda, la forma en la que lo pronunció hizo pulsar su agujero con desesperación. Intentó reprimir un gemido lastimero. A pesar de ello, se le escapó, un sonido largo y prolongado que incentivó a Frank para que continuara masturbandolo.
El ruido húmedo que producía la fricción de sus dedos contra el coño mojado del chico resonó por todo el vehículo, llenando los oídos de Frank; mataría por volver a oírlo una y otra vez siempre que quisiera, pero Castle estaba seguro de que eso solo ocurriría esta vez, así que se aseguraría de disfrutarlo y de memorizar cada reacción, cada sonido que emitiera Peter, hasta que quedara grabado a fuego en su cerebro.
Parker se sobresaltó cuando el dedo corazón de Frank acarició el contorno de su agujero.
“¿Te has tocado aquí antes?” Preguntó, acercándose al oído del muchacho, “No quiero lastimarte.”
Peter asintió.
“¿De verdad?” Susurró, sus labios rozaron el lóbulo de Peter, haciéndolo temblar.
“Sí.”
Joder, la polla de Frank goteó ante la idea de Peter follandose él solito con sus pequeños dedos sobre su cama.
“Puedes meterlo.”
Frank obedeció y deslizó lentamente el dedo en su interior; el estrecho coño de Peter se cerró a su alrededor: estaba caliente y resbaladizo. Castle contuvo un gemido antes de empezar a penetrarlo, atrayéndolo hacia sí para presionar ese punto que sabía que lo volvería loco.
El chico se aferró a su cuello y clavó sus uñas en la ropa, se sentía tan bien, el grueso dedo de Frank lo follaba a un ritmo delicioso, rozando lugares a los que él no podía llegar ni con sus juguetes.
“Por favor, no pares.” Lloriqueó, “Dios…”
Sus ojos se pusieron en blanco cuando un segundo dedo se filtró en su interior, era abrumador, pero en el mejor sentido posible. Peter no supo si era demasiado o insuficiente, Frank jugueteó con su clítoris, la mano de Parker voló a la cabeza del hombre mayor y se aferró a su pelo, tirando de él, lloriqueó cuando él gruñó en su oído.
Peter echó la cabeza hacia atrás y tiró con más fuerza del pelo de Frank, ya que este empezó a meterle los dedos con ganas. Daban vueltas y se adentraban cada vez más, haciendo ruidos fuertes y chapoteantes. Los gemidos del muchacho eran frenéticos, con la respiración entrecortada y agitada.
“Por favor, ¡Frank!” Peter no supo por lo que estaba rogando, pero Castle pareció que sí.
A Peter se le aflojó la mandíbula, con la barbilla apoyada en el pecho y los ojos cerrados en éxtasis, su orgasmo estaba burbujeando en su abdomen, estaba a punto de correrse.
“Vamos, bebé. Házlo en mis dedos”. Frank lo sostuvo cuando el niño se dejó caer hacia atrás y tembló mientras el clímax lo inundaba por completo.
Le tomó unos minutos recuperar el aliento, luego de que los espasmos desaparecieran Peter abrió los ojos y se encontró con que Frank lo miraba fijamente con una expresión acalorada.
La vista era erótica, la piel del chico estaba cubierta por una ligera capa de sudor y el cabello se le pegaba a la frente, sus mejillas teñidas de rosa; era irresistible.
“Joder.” Jadeó el hombre, inclinándose para atrapar los labios de Parker en otro beso desprolijo.
Frank mentiría si dijera que no se volvió adicto a esa pequeña boca tan deliciosa, Peter pareció aprender a seguirle el ritmo y ahora se movía con seguridad.
El sonido de la cremallera de Frank lo hizo gemir sobre sus labios, Peter se separó y lo miró con determinación.
“Dime que estás preparado, angelito.”
El tono de voz de Frank era desesperado, deslizó su ropa interior y liberó su enorme erección, Peter se estremeció cuando sintió la piel caliente rozando sus nalgas, tenía la cabeza hecha un lío, la excitación mezclada con la sensación de la droga y el alcohol lo tenían tambaleándose en un limbo entre la realidad y la lujuria, pero se sentía tan bien.
“Estoy listo, muy listo.”
Frank le dió un golpe con la polla en el coño, se frota unas cuantas veces entre sus labios húmedos, probando un poco de ese calor que le derretía la carne.
Pero sabía que no podía ir más allá sin ponerse el maldito condón. Así que lo abrió rápidamente y se lo colocó despacio, Peter solo lo observó con detenimiento.
Castle le dió un dulce beso en los labios, y el tiempo se detuvo cuando la punta llegó a su entrada.
“Mírame.” Frank demandó, Peter obedeció y clavó sus ojos en los del pelinegro, “Quiero que memorices este momento, nadie más podrá reclamarte como yo lo haré, bebé.”
“Soy sólo tuyo.” Peter asintió, jadeando cuando la polla de Frank se deslizó hacia adentro.
“Eso es, cariño.”
Las lágrimas le picaron en los ojos al aceptar aquel grosor; Castle lo estiró más allá de lo que jamás había sentido.
Los dedos de sus pies se curvaron, joder, el ex marino era jodidamente enorme.
“Respira, dulzura,” susurró, depositando un tierno beso en sus labios, “relájate y soportalo.”
Peter inhaló aire y clavó sus uñas en el cuello de Frank, el hombre pausó unos segundos para dejar que el muchacho se ajustara a su tamaño, Parker agitó su cabeza para demostrar que estaba listo, aunque realmente no lo estaba. Frank metió los últimos centímetros y el chico gritó, la polla gruesa del ex militar lo llenó por completo.
“Es muy grande.” Lloriqueó, Frank lo calmó dejando besitos en su mejilla y la comisura de su boca.
Estableció un ritmo lento, sosteniendo las nalgas de Peter para guiar sus movimientos, el muchacho rebotaba sobre sus piernas y sus pequeños pechos se meneaban sobre su cara, no habría una vista mejor que esa.
Frank sacó su verga para volver a hundirla de nuevo, Peter suspiró, el ardor de Castle estirando sus paredes vírgenes, el placer de ser follado por primera vez por una polla real, se sentía maravilloso.
“Eres tan bonito.” Alagó el hombre mayor. “Mírate, bebé, tomándola entera.”
Peter no supo cómo era que podía tomarla entera, su cordura estaba pendiendo de un hilo, el ruido de pieles chocando acompañaban sus lindos gemidos, no podía pensar en nada más que la polla de Frank follandolo con tanto entusiasmo, se olvidó de sus amigos, de su padre y de que estaba ebrio hasta el culo, todo esto era una locura, Peter sintió que caería en la locura, no podía dejar de arañar la espalda de Frank, pero no quería que se detuviera de ninguna manera.
“Mnhh, ¡Frank!”
El hombre mayor estaba prácticamente salivando, no había mejor sensación en el mundo que follarse un coño virgen, las paredes ajustadas del mocoso se cerraban alrededor de su longitud, apretándolo de una forma exquisita.
Las manos enormes de Frank le rodearon la cintura y lo empujaron con fuerza hacia su polla. Peter arqueó la espalda, estaba agotado, incapaz de pensar en nada más que en la sensación de Castle embistiendo cada vez que le arrastraba hacia abajo, llevando al chico a un estado que nunca creyó que existiera cuando le puso el pulgar sobre el clítoris y lo frotó en círculos, joder, era como estar parado justo en frente de las malditas puertas del cielo.
“Estás hecho para mí.” Gimió Frank, Peter solo pudo asentir, con la mirada perdida, mientras el pelinegro seguía frotando lenta y profundamente.
La voz de Peter no se parecía en nada a la suya habitual: era aguda y suplicante, como si pidiera más, y Frank se lo garantizaba, se lo tragó de un bocado, el muchachito tenía todo el cuerpo envuelto en el calor del ex marino, nunca pensó que fuera posible sentir un placer así, y Frank se aseguraría de que Peter sepa que nadie más le hará sentir esto. Que nadie lo follaría así jamás. Ningún estupido noviecito que consiga en la secundaria, ni él mismo cuando juegue consigo en noches solitarias, nada se comparará jamás con la sensación embriagante de la polla de Frank enterrándose profundo en su interior.
Peter estaba al borde del abismo, tan al límite que era inevitable que se derrumbara en cualquier momento. Frank lo rodeó con los brazos y lo apretó bruscamente, elevándolo en el aire unos centímetros para empezar a mover sus caderas a una velocidad primitiva, sus bolas chocaban incesantemente contra sus blanquecinas nalgas, el ruido obsceno ruborizó al chico, pero se mantuvo quieto, recibiendo la verga de Frank cómo podía, tratando de no desarmarse sobre el regazo del mayor.
“E-es demasiado, nnhh, ¡F-Frank, muy rápido!”
Castle no le hizo caso, oírlo lloriquear de esa manera alimentó la oscura perversión que se estaba tragando desde hace rato, Peter pudo sentir cómo crecía su polla, esa sensación de náuseas que le produjo la punta de Frank abultandose en su vientre lo enloqueció, casi pudo saborearlo en la garganta.
“Joder”, gritó Peter, ese nuevo ángulo lo penetró aún más profundamente, “oh, joder, joder”
Frank jadeó bruscamente en su oído, Peter se mordió el labio con fuerza, el clítoris le palpitó al sentir cómo lo balanceaba sin esfuerzo sobre su grueso miembro, ese cosquilleo tan familiar comenzó a recorrerle la espina dorsal y Frank supo inmediatamente que estaba cerca por la forma en la que su coño lo apretaba.
“No te resistas, dulzura, déjalo salir.”
A Peter no le dió vergüenza correrse a chorros, el placer que sintió iba más allá de la comprensión humana. Apretó los ojos con fuerza y se desplomó sobre los brazos de Frank, mientras éste lo follaba a través de su orgasmo.
Frank se corrió en cuanto notó cómo el líquido caliente le resbalaba por las piernas; el condón recogió todo su espeso semen, y deseó que no estuviera allí: le habría encantado llenar al chico con su esperma.
El cuerpo de Peter se relajó después, saciado, y la forma gentil en la que Frank lo sostuvo no hizo más que elevarlo a un estado superior.
Frank lo separó de él unos centímetros para poder verlo cara a cara, aún sin salir de su interior. Peter lo miró con los párpados caídos y los labios abiertos, suspirando pesadamente. Castle levantó su mano derecha y rozó sus mejillas con dos dedos, le acomodó el pelo detrás de la oreja y se inclinó para besar dulcemente su boca.
“Mí bebé precioso, lo hiciste muy bien, Pete.”
Peter se tragó un gemido, el elogio lo llenó de alegría, lo hizo sonrojar hasta la punta de los pies. Había algo en la manera en la que Frank le hablaba, era adictivo, se sentía como un insecto alado yendo directamente a una pira funeraria, y en su pequeña mente de adolescente no sabía discernir si eso era algo malo o bueno.
“Esto será nuestro secreto, ¿Está bien?”
Peter asintió, estaba al borde del desmayo.
“Sí, Frank…”
El hombre mayor volvió a unir sus labios, sellando la promesa con un beso que Peter recordaría como tierno, aunque Frank sabía que lo único que encieraba era una lujuria depravada que, tarde o temprano, acabaría por ser su perdición.
