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El tiempo transcurría en la gran mansión de Phantomhive, dónde dos pequeños jugaban y reían en el gran y vistoso jardín, las flores decoraban el precioso pasto verde, los arbustos se removian levemente ante la suave brisa fresca.
Rachel, Vincent, y Frances tomaban el té en la pequeña mesa mientras admiraban a sus retoños. Un cuervo negro se posaba al lado de la pareja y aquella mujer, acechando que todo estuviera correcto.
Uno de los pequeños se dirigió con su madre, entregándole una preciosa rosa blanca, tras de él, iba una adorable niña de dorados rizos.
—Oh, mi lindo Sirius. Gracias. — Tomo la flor, su otra mano se posó en la cabeza de su hijo, acariciando sus cabellos con delicadeza. — ¿No son adorables? — Menciono Rachel con una sonrisa en su rostro.
Sirius tomó de la mano a Elizabeth, yendo ambos corriendo y perdiéndose tras los frondosos arbustos, un gran can de oscuro pelaje los perseguía mientras agitaba su cola, los niños soltaban escandalosas risas.
—¿El niño está enfermo?— Cuestiono Frances, su mirada fue hacia el enorme ventanal de la mansión que apuntaba al jardín, volvió a mirar a Vincent en busca de una respuesta.
—Esta presentando alergia, no queremos arriesgarnos a que salga. — Soltó el hombre, un suspiro salió de sus labios.
El mayordomo levanto su mirada hasta el ventanal, observando al pequeño ser que se encontraba mirando a través del enorme cristal. No podía apartar su vista de aquel delicado humano, lucia como un pequeño ángel, tan curioso y puro. Desde tan apartada distancia, podía percatarse como el niño tosía y sorbía su nariz, notando los preciosos zafiros brillosos y llenos de lágrimas. Los labios de Sebastian se curvearon en una fina línea, por alguna razón el ver a aquel pequeño ente le causaba cierta satisfacción.
—Mayordomo. —Llamo Frances.
—Marquesa, dígame ¿En qué puedo servirle?
—¿Qué hora es?
Ante el cuestionamiento, Sebastian saco del bolsillo de su frac un reloj plateado, observando la hora. — Son las 4 en punto, mi marquesa. — Respondió con una sutil sonrisa en su rostro.
—Tenemos que irnos, Elizabeth y Edward tienen clases de esgrima en una hora. — Se levantó del banco de madera. — ¡Elizabeth!, Despídete.
La pequeña niña abrazo a su lindo primo, para posteriormente despedirse de sus tíos e ir junto a su madre.
—Sebastian, por favor escóltalas hasta el carruaje. — Ordenó Vincent.
—Como ordene, mi señor. — Reverencio para acompañar a Frances y Lizzy.
Los tres caminaban por el camino de piedras hasta entrar a la mansión y finalmente salir hasta el carruaje que se encontraba en la entrada de la mansión. El mayordomo le brindo su mano a la dama para ayudarle a subir, su ofrecimiento fue ignorado y rechazado, la mujer miro a otro lugar mientras subía a su pequeña hija. Sebastian cerro la puerta del coche.
—Dile a Vincent y Rachel que los esperamos en la reunión de Claus, será está noche. Puede llevar a los niños. —Dijo antes de dar un par de toquidos al techo del carruaje, indicándole al chófer que avanzarán.
Al haberse retirado el carruaje, dirigió su andar hacia la mansión, encontrando a la familia en el salón principal. Noto a ambos gemelos juntos de nuevo y la pequeña sonrisa dibujada sobre el rostro de Ciel.
—Mis señores, la marquesa Midford mencionó que espera su asistencia en la reunión de Lord Claus, dicho evento será realizado esta noche. He de agregar que comento que podían llevar a los niños. — Dijo mientras se acercaba al par de nobles. —Paso a retirarme para comenzar con la cena. —Hizo una reverencia antes de dar la vuelta y perderse entre los pasillos de la mansión.
En tanto, Vincent y Rachel observaban a sus hijos jugar entre ellos. Las risas inocentes formaban un eco en el salón, llenándolo con la tierna alegría que solo un infante podia conceder.
—Hermanito, ¿Te sientes mejor? — Pregunto el gemelo mayor, colocando su pequeña mano en la frente del niño, removiendo levemente sus cabellos.
Ciel asintió, con un atisbo de inseguridad en su respuesta. —Lo estoy, Sirius. No tienes que preocuparte.
—¿Entonces iremos a visitar al tío Claus?
—Pregúntale a madre y padre. —Mencionó con una pequeña sonrisa.
Sirius llevó su mirada azulina a los padres de ambos, esperando una respuesta.
—Si Ciel se siente bien, no veo alguna razón para no ir.— Agrego Vincent mientras colocaba su palma sobre la cabeza de su hijo menor, quien cerro los ojos al sentir la calidez de la mano sobre él. —Su madre y yo tenemos que arreglar algunos asuntos, iremos al estudio, ¿De acuerdo? —Agrego al levantarse del asiento junto a su esposa.
Ambos infantes asintieron para proseguir con sus juegos una vez que se hubiesen retirado sus padres.
El día transcurrió rápido mientras esperaban dicha reunión; Sebastian pasaba por la habitación donde jugaban el par de hermanos para revisar que todo estaba bien, aunque, en realidad pasaba únicamente para ver a aquel pequeño encantador que al pasar de los años, se habia convertido en su deleite.
—La cena ya se encuentra lista, pequeños amos. — Dijo el mayordomo al unisono de un toquido a la puerta de madera. —Sus progenitores los esperan abajo. — Brindo una encantadora sonrisa y mirada al más joven antes de irse.
—¡Vamos, Ciel! —Exclamo mientras tendía su mano a su hermano menor. —¿Ciel? ¿Estás bien? —Su tono denotaba preocupación, se acercó más al rostro contrario para revisar su temperatura con su pequeña palma.— Estás todo rojo, y tu cara está ardiendo…
Las mejillas de Ciel brillaban en un escandaloso carmín, su rostro se sentía caliente, y en sus ojos se veía un destello de adoracion. —Y-yo… ¡Estoy bien! — Posó su mano sobre la de Sirius, tomándola para emprender camino hasta el comedor. —Vamos, se hará tarde.
El menor de los Phantomhive recibió una mirada de confusión por parte del gemelo mayor. — Pareciera que estás enamorado del señor Sebastian, ¡Iugh! — Dijo entre risas, recibiendo un reproche del más joven.
Ambos comenzaron a caminar y a bajar las escaleras para llegar al comedor y encontrarse con su madre y padre. Los niños tomaron asiento juntos.
Sirius tomo el tenedor de plata entre sus dedos para tomar un bocado de la comida y llevarla a su boca, al terminar de masticar, comenzó a hablar.
—Madre, padre, Ciel se siente mal. Hay que decirle al tío Claus que no podemos ir.
—¡Me siento bien! Sirius, no mientas. —Refuto. — Podría ser importante el ir, no hagan caso a Sirius.
La pareja de adultos le observaron con preocupación, notando el rojo que aún decoraba las regordetas mejillas. El niño había estado presentando una fuerte alergia durante el último mes, sus síntomas iban de una simple fiebre hasta graves ataques provocados por el asma por lo que, ver el suave carmín tiñendo su rostro no era buen preludio.
Un espeso suspiro salió de los labios de Vincent mientras sus párpados caían momentáneamente.
— Querido mío, la reunión puede posponerse, la salud de Ciel no. — Menciono la mujer con un dejo de preocupación en cada palabra. — Hijo, sé cuánto deseas visitar a tu tio, pero esperemos a que te recuperes por completo.
El entrecejo del conde se arrugó levemente, permanecio largos segundos en silencio. — Le enviare una carta. — Comentó. No era una simple reunión de la nobleza, había asuntos de los que encargarse, gente con la que encontrarse; pero era cierto, había que priorizar la salud de su hijo.
— Padre, madre. Me siento bien, no cancelen esto por mi culpa.
— Quizá podríamos contactar a Madame…
Rachel fue interrumpida por el cuervo que siempre habia permanecido en la esquina hasta ahora; Sebastian habia estado prestando atencion a la conversacion de la familia desde el inicio. — ¿Desea un poco más de vino, mi señora? — Cuestiono con gracia mientras llevaba la botella de vino hasta la mesa, vertiendo sobre la copa. — Disculpen mi atrevimiento pero, ¿no es esa la reunión en la que atendería ‘ese’ urgente asunto de su alteza conjunto a lord Claus y sir Diederich?; si es así no debería de postergarlo más, mi señor. ⎯ Las manos enguantadas formaban un par de ademanes mientras hablaba.
⎯⎯ Es así, Sebastian. Pero dime, ¿cuál es tu sugerencia?
Los labios del mayordomo se curvaron ligeramente. ⎯⎯ Si no es atrevimiento de mi parte, yo podría hacerme cargo del joven amo Ciel. A mi consideración es un asunto de suma urgencia, no sabemos cuánto tiempo se quedará en Inglaterra sir Diederich.
La mirada de Rachel viajó hacia Vincent, buscando respuesta. ⎯ Podría quedarse en casa con Sebastian, le entrego mi confianza absoluta al ver cómo se ha hecho cargo de la mansión. ⎯ Dijo ella.
⎯⎯ Bien, entonces no retrasaremos más esto. Sebastian, te quedas a cargo de Ciel, Tanaka nos acompañará. — Sus ojos se desviaron al menor de sus hijos. ⎯ Lo siento, Ciel, no podemos arriesgar a llevarte.
El niño, al escuchar su nombre, guardó un silencio sepulcral. Su mirada descendió hasta el plato que reposaba frente a él, incapaz de sostener la ajena. Sus ojos, cristalizados por un llanto contenido, permanecieron fijos sobre la comida, mientras sus pequeñas manos descansaban inmóviles a ambos lados de la mesa. Se limitó a asentir con lentitud, Sirius acaricio su mano y la tomó.
⎯⎯ A la próxima iremos juntos, hermanito. — Intentó consolar.
Una débil sonrisa se formó entre los abultados labios de Ciel, formando un puchero inconsciente. Tan inocente. Las pupilas bermejas destellaron.
Al terminar la cena, comenzaron los preparativos para dirigirse a la propiedad de lord Claus. Los sirvientes ayudaban con los últimos detalles de las vestimentas, mientras que Tanaka preparaba el carruaje.
Un sedoso conejo de peluche yacía entre los brazos del gemelo menor, estrechado contra su pecho. Desde el umbral, contemplaba en silencio a su familia prepararse para partir. En su faz se dibujaba un abatimiento imposible de disimular. No era la primera vez que ocurría; de una forma u otra, siempre acababa relegado a un segundo plano, convertido en un espectador de aquello que anhelaba compartir. Aquella punzada silenciosa resultaba más lacerante que los malestares que, de cuando en cuando, aquejan su frágil cuerpo.
Una mano enguantada se posó sobre su hombro con extrema cautela, pero aún así, logrando sobresaltar al infante.
⎯⎯ Mi pequeño amo, ¿hay algo que lo aflige? no debe temer, está en buenas manos. ⎯ agregó Sebastian con suavidad y un toque de dulzura en su tono, una curvilínea se dibujó en sus labios.
Los brillantes zafiros se abrieron al dirigirse hasta el rostro del mayordomo, instantáneamente las mejillas del niño comenzaron a colorearse. Rápidamente sacudió su cabeza, negando.
Una delicada y corta risa escapó de Sebastian.
La voz de Vincent resonó. ⎯⎯ Quizá lleguemos un poco tarde, confío plenamente en ti, Sebastian. Ciel, sé que eres un buen chico, él estará al tanto de ti.
⎯⎯ ¡Ciel! nos veremos en la mañana posiblemente, portate bien. ⎯⎯ Exclamo el hermano mayor a la vez que abrazaba al mencionado, al decir lo último guiño su ojo.
⎯⎯ ¡S- sirius!⎯⎯ Reprochó.
⎯⎯ Hijo mío, ya nos tenemos que ir, te queremos. ⎯⎯ La mujer dejo un beso sobre la frente del menor para al fin retirarse.
Nuevamente, la expresión taciturna predominó el rostro del menor. Sebastian lo notó.
⎯⎯ Mi pequeño señor, ¿hay algo que desee realizar?
Solo obtuvo una pequeña cabeza yendo de derecha a izquierda de manera lenta como respuesta. Cabizbajo, el niño miraba el piso.
⎯⎯ ¿Quizá desea una taza con leche tibia y miel, mi joven señor?
Los ojos se iluminaron mientras alzaba su rostro al mayordomo. Un escalofrío placentero se presentó en el cuerpo del demonio. Tan malditamente puro.
⎯⎯ U- uh… por favor.
⎯⎯ Entonces mi pequeño señor, ¿podría esperarme en su habitación?
Ciel asintió con timidez. Cada que compartía espacio con Sebastian su corazón latía rápido y el calor subía a sus mejillas, aun así, le gustaba estar con él. Le gustaba que él siempre cumpliera sus caprichos infantiles sin siquiera expresarlo, cuando le sonríe cada vez que está cerca, el cómo le pone principal atención y cuidado a él. Con Sebastian, Ciel por fin se siente notado. Al fin es prioridad.
Los pequeños pies subieron las escaleras para llegar al piso donde se sitúa la habitación que suele compartir con su gemelo, se sentó sobre las sábanas blancas de la cama; quizá ya sería enviado a descansar teniendo en cuenta que yacía con sus ropas de dormir.
Perdido en sus propios pensamientos no se dio cuenta cuando Sebastian apareció frente a él con un carrito donde estaba la taza de leche junto a un pequeño aperitivo.
⎯⎯ Mi joven señor, no respondió a mis llamados por lo que tuve que entrar. Mis disculpas.
⎯⎯ Estaba distraído, lo siento.
⎯⎯ Un simple mayordomo como yo no merece sus disculpas, mi pequeño amo. ⎯⎯ Entre sus manos tomó la tasa, tendiendo al infante, quien la tomó entre las pequeñas manos. ⎯⎯ También le traje un diminuto bocadillo nocturno, si gusta probarlo.
De nuevo, el azul destello. Ciel dio un sorbo a la leche cual ya había sido preparada justamente a su preferencia y dio un vistazo al plato que contenía dos galletas recién hechas. Su corazón se sentía tan cálido como su bebida.
La imagen del niño era lo único que contemplaba el demonio, luciendo tan puro, tan etéreo. Los rubíes titilaban al perderse en los delicados detalles del rostro joven; mejillas sonrosadas, largas pestañas, ojos grandes y brillantes, labios cerezos y por supuesto, esa expresión tan adorable con la típica ingenuidad infantil.
Los trastes quedaron vacios sobre la bandeja. ⎯⎯ ¿Quisiera algo mas, mi señorito?
Subió y bajó la mirada, con timidez. ⎯⎯ ¿Podrías… leerme un cuento? ⎯⎯ La voz era tan baja como un susurro.
Sebastian sonrió delicadamente. Qué alma tan incorrupta.
⎯⎯ Por supuesto. ⎯⎯ Sus pasos fueron a la estantería por donde pasó su mano por los libros hasta tomar uno adecuado, lo abrió y ojeo hasta parar en uno: Den grimme ælling.
⎯⎯ Sientate a mi lado.
La orden dicha con una pizca de vergüenza logró sorprender al mayordomo.
⎯⎯ Oh, mi. Un simple sirviente no tiene tales privilegios, mi señorito.
⎯⎯ Por favor…
La pureza del par de zafiros le suplicaba, y él, una entidad bestial y frívola, cedió. Fue a la cama, sentándose a un lado del menor, el cual le otorgó el más bello de los gestos, una cálida sonrisa. Algo se removió en él.
⎯⎯ Érase una bella patita que se casó y al poco tiempo puso muchos huevos. Casi todos eran blancos y perfectos pero uno de ellos era completamente distin… ⎯⎯ Ciel se había subido a sus piernas. ⎯⎯ ¿Señorito? ⎯⎯ Un dejo de curiosidad y gracia estaban presentes en su tono.
Ciel, momentáneamente confundido por la interrupción, al darse cuenta de lo que había hecho intentó bajarse, pero una mano enguantada lo detuvo. Su rostro hervía en el escarlata, su padre les inculcó una mala costumbre al subirlos a su regazo.
⎯⎯ Si usted está cómodo, no tiene porque quitarse o avergonzarse, mi pequeño amo.
Sebastian acomodo de mejor manera al niño sobre sus piernas, que de manera instintiva, subió sus brazos a los hombros del demonio. Los labios de Sebastian formaron una sonrisa.
⎯⎯ Poco a poco los cascarones se fueron rompiendo, y el último en salir fue el del huevo distinto… ⎯⎯ Prosiguió.
Un bostezo se hizo presente y el pequeño cuerpo se removió dejando las delgadas piernas a los laterales del regazo del hombre.
Sebastian le miró de reojo, una mezcla de diversión y picardía se asomó en su mirada cual fue llamada por los diamantes inocentes.
⎯⎯ Tus ojos son muy lindos, Sebastian. ⎯⎯ Soltó en un hálito de voz.
Oh. El libro fue dejado sobre la cama.
⎯⎯ Mi pequeño amo, es halagador escuchar sus palabras.
⎯⎯ Me gusta tu rostro… cuando crezca quisiera ser un hombre tan atractivo como tú.
⎯⎯ Estoy seguro que usted será un hombre hermoso, señorito.
⎯⎯ ¿H-hermoso? ⎯⎯ En las mejillas se inyectó el carmin.
⎯⎯ Asi es, mi pequeño señor. Siempre ha sido precioso, usted tiene el rostro más bello que jamás haya podido presenciar, es tan lindo que podría comerlo.⎯⎯ Bromeo.
Una risa suave escapó de los labios de Ciel. ⎯⎯ ¿Comerme? Dices cosas muy dulces, Sebastian… Me mimas mucho.
⎯⎯ ¿Es así?, bueno, usted es un buen chico, mi señorito. Los niños buenos merecen ser premiados.
⎯⎯ Heheh, pero tu lo haces demasiado.
⎯⎯ Entonces supongo que me reservare la recompensa que tenía para usted.
Los ojos de Ciel brillaron, curioso, preguntó: ⎯⎯ ¿Qué es, Sebastian?
⎯⎯ Mh, sera un secreto entre usted y yo.
El niño asintió rápidamente antes de sentir sobre su frente el frío tacto de los labios de aquel demonio. Su rostro se calentó, en contraste.
⎯⎯ U-uh…
⎯⎯ ¿Le ha gustado?
⎯⎯ Si… ¿Podrías hacerlo de nuevo?
⎯⎯ Sus deseos son ordenes, mi pequeño amo.
Los labios regresaron a la frente cubierta por los sedosos hilares azulinos, bajaron a la mejilla, besándola también. Múltiples besos fueron dejados sobre el rostro delicado, tan calido.
Los párpados del niño cayeron tranquilamente ante aquella sensación. El ritmo de su corazón era acelerado, en su pecho retumbaba, quizá su hermano tenía razón.
⎯⎯ Te daré uno yo tambien.
⎯⎯ ¿Oh?, mi señorito, no tiene porque hace–
Los labios de Ciel fueron a los de Sebastian en un gentil e inocente roce. El demonio fue tomado por sorpresa, una acción tan inesperada y tan fácil de corromper. Sonrio.
Las orejas del pequeño ardían y su mirada vagó por la habitación.
⎯⎯ Vaya, mi señor, pocos me toman por sorpresa como usted lo hizo y eso, es merecedor de otro premio.
El menton infantil fue tomado entre la diestra enguantada, admiro el rostro, cada facción, antes de finalmente colisionar nuevamente sus labios ahora queriendo profundizar sin forzar.
Los belfos cerezos aterciopelados con un toque de dulzor gracias a previo aperitivo fueron saboreados gustosamente, con parsimonia los contrarios se removieron en busca de nuevas texturas, nuevos sabores, una pequeña probada de esa alma.
Un fino gemido fue ensordecido y la mano de Sebastian abrazó la estrecha cintura del niño. Ciel se aferró al mayordomo. Un hilo de saliva conecto los pares de labios.
⎯⎯ S-Sebastian…
⎯⎯ Disculpe mi indulgencia, pequeño amo–
⎯⎯ Puedes hacerlo…
En la mente de Ciel, esto era lo más cercano al amor puro; un par de ocasiones Sirius quiso besarle en los labios, pero por más que lo quiera, no es de la misma manera. Diariamente sus padres dejan ver estas escenas, en los cuentos de hadas también se presentan cuando el príncipe besa a la princesa y luego se casan viviendo felices, y Ciel quiere eso con Sebastian, en algún futuro, también quiere casarse con él.
Los zafiros estaban clavados en el mayordomo, una mirada tan inocente, sincera e ingenua; Una invitación, y Sebastian no sería descortés.
Sin decir palabra alguna, Sebastian volvió a besarlo, de a poco comenzando a intensificar, pasó su lengua por los pequeños labios pidiendo permiso para introducirla y un jadeo fue enmudecido mientras la boquita se abría. El hombre introdujo el músculo explorando la cavidad, su lengua saboreaba cada rincón de la cálida y húmeda boca; Ciel intentó replicarlo con movimientos torpes.
Chupaba y remolineaba sobre la lengua más pequeña mientras sus largos falanges proporcionaban caricias desde la espalda hasta los glúteos del más joven de los Phantomhive, el cual de manera inconsciente removía sus caderas sobre el regazo del mayordomo y, ante el contacto, la excitación del demonio se hacía prominente.
Las bocas se separaron dejando a un menor con respiración agitada y un cúmulo de lágrimas en la esquina de sus ojos, su adorable rostro impregnado con un fuerte carmín.
⎯⎯ Mi señorito, ¿se encuentra bien? ⎯⎯ Un lento asentimiento fue otorgado. ⎯⎯ Deberia de ir a dormir.
⎯⎯ No, por favor… sigue, Sebastian.
⎯⎯ ¿Quiere más, mi señor?, temo que no pueda soportarlo.
⎯⎯ ¡No! ⎯⎯ Nego con voz exaltada, llamando la atención de Sebastian. ⎯⎯ Si quiero y puedo soportarlo.
⎯⎯ Oh, mi… entonces recuerde lo que le dije al principio; este es un secreto entre usted y yo.
Los pozos azules titilaban al escuchar las palabras de Sebastian, él cual mantenía una curvatura aún dibujada. Los dedos cálidos del niño viajaron hasta el rostro frío, acercandolo al propio para besarlo nuevamente. Ciel lo beso suave y delicado, con un tinte de vergüenza mientras sus ojos se mantenían cerrados.
El bermejo del iris demoníaco centelleó como el fuego ardiente, bosquejando en la mirada un fulgor tan complejo de descifrar, una mezcla de fascinación y una curiosidad que aumentaba cada instante ante el niño que ya comenzaba a tenerlo cautivo bajo sus encantos.
Escasas eran las veces –por no decir nunca– que algo lograba despertar tal interés en un ser bestial como él, pero ahora, justo sobre él, tenía contra sus labios aquello que los humanos persiguen con tanta vehemencia: su musa que consiguió despertar su placer.
Sebastian corrompía al inocente profundizando la unión de las bocas, animándose ahora a tomar con gentileza entre sus dientes el labio inferior del alma pura, jalando suavemente logrando obtener un gemido como respuesta. El beso se había convertido tan húmedo y obsceno que hilos de saliva escurría de la pequeña boquita.
El pantalón que ya yacía húmedo en la parte de la cremallera, empezaba a apretar la creciente virilidad cual ya había comenzado a endurecerse desde el primer segundo en que Phantomhive se montó sobre su regazo; y al parecer había provocado una reacción similar en el cuerpo más pequeño puesto que algo endurecido y mojado se empujaba contra el torso del mayordomo. Ciel se separó del beso para respirar.
⎯⎯ S-Sebastian, me siento extraño… algo sale de ahí y duele un poco.
⎯⎯ Señorito, no es nada por lo que alarmarse, solo es su cuerpo reaccionando a esto. Si usted lo desea, puedo hacer algo para que deje de “doler”.
La cabeza de Ciel fue de arriba a abajo con lentitud, asintiendo. La mano enguantada se deslizó hasta la nivea pierna acariciando y levantando la camisa lo suficiente para dejar a la vista la pequeña polla dura e hinchada, cual destilaba líquido pre-seminal. Ciel se puso tímido, tratando de cerrar sus piernas –que por la posición no era posible– mientras que Sebastian tocaba la punta ruborizada, un plácido gemido salió de la garganta del niño.
El sexo era tomado entre dos dedos bajandolos y subiendolos, masturbandolo. El jovencito se retorcia, curvando los dedos de sus pies y aferrándose al frac del hombre, haciendo más presión con sus caderas en la hombría erecta.
⎯⎯ Mhhg, Se– ¡Sebastian…! voy… ¡voy a orinarme!
⎯⎯ Déjese llevar, mi pequeño amo.
El mar de gemidos fue ahogado con los labios del demonio, devorando completamente la boquita en un obsceno beso. Phantomhive era un total desastre, escabrosos sonidos, entrepierna viscosa, pero aun así, deseoso por más inmoralidad. La mano aumentó la velocidad y, no pudo evitar apretar entre sus dientes el labio de Michaelis cuando finalmente llego al orgasmo.
⎯⎯ Me orine… lo siento…
Sebastian subio la palma libre de fluidos al rostro que ardia en pena, otorgo un par de caricias sobre la mejilla. ⎯⎯ Mi señorito, esto salió porque se sintió bien, observe. ⎯⎯ Mostró la contraria que llevaba la tela del guante con líquido blanquecino. ⎯⎯ No es orina, mi pequeño amo.
Ciel lo miró con curiosidad, y con bochorno hablo: ⎯⎯ Ensucie tus guantes…
⎯⎯ No se preocupe por esta trivialidad, me disculpo por no haberlos retirado antes, señorito.
Sebastian tomó la punta del guante entre sus dientes jalando lentamente mostrando la desnudez de su mano, repitió la acción con el otro; poco importó dejar al descubierto la marca de su dorso.
⎯⎯ Sebastian, yo tambien quiero hacerte sentir así de bien…
⎯⎯ Mh, ¿me concedera tal placer?
⎯⎯ S–solo dime como hacerlo. ⎯⎯ Titubeo.
Los labios de Sebastian se curvaron. ⎯⎯ Bien, colóquese de rodillas en medio de mis piernas.
Ciel bajó del regazo de Sebastian con paso tembloroso debido al reciente orgasmo. Se hincó sobre el suelo posicionándose como fue indicado. Observó la vistosa entrepierna que formaba una tienda de acampar para subir su mirada al rostro del demonio, expectante.
⎯⎯ ¿Esto era lo duro en lo que estaba sentado?
El mencionado solto una risa suave. ⎯⎯ Oh, mi. ¿Lo habia notado?
⎯⎯ No al principio… Uh, ¿que hago ahora?
⎯⎯ Permitame ayudarle.
Los falanges de Sebastian fueron hasta su bragueta bajando el cierre, liberó su polla erecta. En los zafiros se reflejó sorpresa ante el tamaño. Las pequeñas manos fueron hasta la hombría, intentando replicar lo que había hecho Sebastian con él.
⎯⎯ También puede usar su boca, señorito.
Vacilante, Phantomhive humedecio sus labios clavando el azul profundo en el glande goteante, acerco de a poco los belfos a la punta, dejando un beso sobre ella. Pausadamente saco su lengua, saboreando el líquido salado; trato de lamer como si se tratase de una piruleta.
Los ojos de Sebastian ardían en fuego intenso, el carmín observó hacia abajo, se deleito con tal pecaminosa y corrupta vista: los labios cerezos alrededor de su pene, las mejillas enrojecidas y las espesas pestañas cubriendo el par de diamantes. La sola excitación por la imagen le robó un grave jadeo.
Los esbeltos dedos frotaban la polla mientras intentaba meterla a su boca, no sabía si lo hacía bien o no, sus movimientos eran –evidentemente– inexpertos. Trazó con su lengua las venas desde la base a la punta, donde se encargó de sorber, tragando el pre-semen.
Gemidos eran cada vez más frecuentes conforme a la celeridad de la torpe actividad del niño, el mayordomo llevó su mano a la cabeza de Ciel, enterrando los dedos entre los sedosos hilares y tomando un mechón, guiando los movimientos, follando la boquita.
Algunos jadeos fueron amordazados, la mirada cristalizada de Ciel subió al rostro de Sebastian, quien, al ver tal retrato, terminó por soltar su espesa semilla en la garganta del menor. Retiro el miembro de la cavidad y noto como el semen caía por el borde de los labios brillosos, bastó para que la sangre regresará a su polla, endureciendo nuevamente.
Sebastian alzó al niño, volviendo a sentarlo sobre su regazo, notó que su pene también había vuelto a despertar. ⎯⎯ Oh, mi, ¿se encuentra bien?
El chico, agitado, asintió. Trago los fluidos que tenía sobre su boca. ⎯⎯ S–si… pero otra vez duele acá.⎯⎯ Levantó el camisón, dejando el genital a la vista. ⎯⎯ También lo tienes duro de nuevo…
Sebastian pasó la lengua por sus labios, relamiendolos. ⎯⎯ Señorito, conozco el método ideal para aliviarnos mutuamente, pero será un poco incómodo al inicio.
⎯⎯ No importa, estoy bien con eso pero… ¿puedes besarme de nuevo?
Del demonio salio una risa discreta. ⎯⎯ Por supuesto, mi joven señor. Oh, le retiraré el camisón, ¿está bien?
⎯⎯ Si.
Nuevamente los labios se unieron en una danza de perversión, mezclando sus salivas con el resto de semen de la boca de Ciel. Sebastian desabotono la camisa del pijama y lo deslizó, dejando desnudo al Phantomhive. La frialdad de los dedos exploró el pálido torso, deteniéndose en los rosados pezones, acariciando y apretandolos, los falanges bajaron al inmaduro miembro, estimulando.
La diestra desocupada bajaba por el confin de la cintura palpando las suaves mejillas, luego separándolas para tantear la calidez. Con parsimonia, el índice comenzaba a invadir el agujero estrecho y los gemidos ahogados no tardaron en hacer presencia.
Las bocas se distanciaron, permitiendo al joven noble el poder respirar, calmando la agitacion. El húmedo músculo bajo al cuello delgado, trazando cada fragmento del lienzo, Ciel jadeo bajo. El dedo comenzó a moverse circularmente y en respuesta, el niño empuño con fuerza el frac del mayordomo.
⎯⎯ Nghh, S–sebastian… Es raro. ⎯⎯ Sollozo.
Los incisivos se clavaron en la carne blanca, logrando mancillar la finura de la piel. El bermejo se encontró con los llorosos azulados.
⎯⎯ Mi señorito, le suplico paciencia, que despues sera mas placentero.
Un roce de los labios se hizo presente sobre la pequeña marca recién dejada.
Un segundo dígito se presentó en la estrecha cavidad, invadiendo tortuosamente, provocando que Phantomhive muerda su propio labio inferior. Los dedos se movieron a la par, estirando el ojal con movimientos de tijera.
⎯⎯ ¡Agh, Sebastian!⎯⎯ Arrastro con un gemido agudo.
El mencionado regresó la atención a la polla hinchada, masturbando a la vez que comenzaba a penetrar al menor con ambos dígitos, sacando un lánguido suspiro tibio, cual fue callado al tener de nueva instancia la otra boca devorando con ímpetu. La lengua demoníaca se enredó con la más joven, profundizando el impuro beso.
Los dedos aceleraron el ritmo de la penetración, abriendo y cerrando cada vez. Los gemidos eran asfixiados con más frecuencia y en compás, las caderas se movían en busca de mayor contacto al haber tocado el dulzor.
⎯⎯ Ma–¡Más~!
⎯⎯ Mi codicioso pequeño amo, le daré más, aunque dolerá momentáneamente, sé que usted lo podrá soportar.
Las caderas se frotaban cada vez más en busca de algo más grande, y cuando los dedos fueron retirados, un quejido se escuchó.
Sebastian bajo su diestra hasta su propio pene, tomándolo y posicionándolo en la entrada dilatada.
⎯⎯ Respire y relajese, señorito. ⎯⎯ Aconsejó.
De a poco empezó a introducir el glande hasta meter la mitad de la polla. El niño sollozó, sus ojos estaban cristalizados y con sus mejillas húmedas por las lágrimas que recién brotaban. Sebastian se quedó inmóvil esperando que se acostumbrara al tamaño. La estrechez apretaba con exquisitez, complicando la inactividad. Soltó un jadeo grave.
⎯⎯ M—me duele…
⎯⎯ Paciencia, señorito. ⎯⎯ Acortó la distancia de los rostros, dejando un pico en los labios del joven noble.
Al cabo de unos minutos la actividad reanudó, terminando por introducir la verga entera, el niño chilló. La pelvis del mayordomo se meció hacia adelante y atrás, iniciando un suave vaivén.
⎯⎯ S—sebastian…
Paulatinamente, los movimientos pasaron a ser estocadas poco profundas. Sebastian tomó de la cintura a Phantomhive para guiar el ritmo que aceleraba cada segundo, empezando a embestir, haciendo que los sonidos de chapoteo resonaran.
⎯⎯ ¡Uh~!
El dolor comenzaba a transformarse en placer, y Ciel se removía en busca de más, levantando y bajando el trasero.
Los labios volvieron a encontrarse y fue el niño quien los unió, los pequeños dedos se enterraron en la oscura cabellera del sirviente buscando mayor apego en las bocas, siendo él quien ahora buscaba con su pequeña lengua a la opuesta. Sebastian no podía estar más satisfecho.
Las embestidas aceleraron, eran más fuertes y rápidas. En la habitación resonó el eco de los testículos chocando contra el culo del chico. Michaelis sacó su polla y la volvió a meter de una sola estocada, un grito fue ahogado.
El mayordomo bajo sus manos a las posaderas del niño, amasando y apretandolas. Ciel se separó del beso.
⎯⎯ ¡S—Sebas… Sebastian! ¡Más, por favor!
Gimió alto y Sebastian cumplió la petición, follando brutalmente con su polla ese punto sensible. Ciel tiro la cabeza hacia atrás con la boquita levemente abierta, con los labios cerezos hinchados por los besos anteriores. La vista del rostro era tan erótica de contemplar, el rubor esparcido y las espesas pestañas húmedas. Era hermoso y ahora totalmente corrompido por él. Que satisfacción.
Sebastian rodeo la punta de la polla goteante de Ciel, acariciándola antes de volver a la labor de masturbar. Empujó sus caderas con más fuerza mientras sostenía firme al cuerpo pequeño que se retorcía por el placer.
⎯⎯ Otra vez va a salir… ¡Nghh!
Balbuceó en aviso antes de contraer sus paredes interiores y apretar la verga del demonio. Terminó por correrse por segunda vez, ensuciando parte de su abdomen y el contrario. Michaelis aumentó el ritmo de las embestidas, follando profundamente antes de terminar por soltar su semen dentro de Ciel. Retiro la longitud de la profundidad, robando en suave reclamo quejumbroso por parte del menor.
⎯⎯ Mhh, S–sebastian…
⎯⎯ ¿Si, mi señorito?
⎯⎯ Se sintió bien… me gusto.
Los labios se curvaron en una sonrisa. ⎯⎯ Es un placer escucharlo, mi pequeño amo.
La cabeza del niño se recargo sobre el hombro, cayendo de a poco en los brazos de morfeo gracias al cansancio. Sebastian lo notó y abrazó el cuerpo infantil, dejando un beso sobre la cabellera azulina.
⎯⎯ Bien, mi señorito, es hora de dormir.
