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Bienvenido extraño

Summary:

Shun se siente excluido de su propia familia.
Tras la guerra Santa los caballeros de Athena intentan reconstruir sus vidas en el santuario o reincorporándose a la sociedad como civiles.

Shun se queda atrás. No puede avanzar y sus compañeros no son de ayuda.

No obstante, el mayor problema es el pequeño secreto que esconde en las profundidades de su alma y es que, tras un momento de duda al final de su batalla en los campos Elíseos, decidió brindarle refugio al alma del dios Hades.

¿Podrá contenerlo exitosamente o se verá envuelto en una nueva guerra Santa?

Notes:

Si. En efecto, si tienes tiempo buscando historias de Hades/Shun te habrás encontrado con esa historia (El frío no existe solo es ausencia de calor) de @postredeluna, bueno, pues este es un tributo a su idea.

No soy buena escribiendo finales felices, no soy buena escribiendo una mierda pero aquí estamos y no hay vuelta atrás.

Chapter 1: Pequeño secreto

Chapter Text

Shun no recuerda desmayarse. Tampoco lo último que digirió su estómago. El bucle constante oscila en el limbo de la inconsciencia, cuando no se sueña pero tampoco se puede despertar, y la absoluta noción de sí mismo atrapado en una parálisis fantasmal. 

Sabe que no es un sueño, algo en su interior distingue sensaciones que van más allá de incoherentes narrativas, difíciles de comprender y más aún de interpretar, que licuan momentos de felicidad y tristeza en un extraño batido de elefantes coloridos. Sus pupilas se dilatan. Confundido, intenta moverse sólo para descubrirse sometido bajo el yugo de su debilidad, apenas capaz de levantar sus párpados. Sin embargo se deja estar, inerte, rodeado de figuras borrosas que tiñen su visión de manchas negruzcas. 

¿Por qué no puedo moverme? ¿Es una clase de parálisis del sueño?

Observa, porque es lo único que puede hacer, aquellos campos verdes repletos de flores, calidez y vida, que fueron destruidos en el camino de salvar el planeta Tierra. El agua chocando contra las rocas en riachuelos, árboles cargados de frutos que nunca se pudren, un clima perfecto todo el año… ¿Acaso los campos Elíseos siempre fueron tan perfectos? ¿Si hubiese tenido la oportunidad de explorarlo, habría encontrado una flor de cada tipo y especie? 

El templo del dios Hades se derrumbó en pedazos cada vez más pequeños hasta quedar reducido a arena y polvo fino que desaparece con el soplar del viento. Shun había observado la destrucción en primera fila, sintió el retumbar de la tierra y las corrientes heladas de muerte recordarle la crueldad escondida en cada corazón humano, en ocasiones disfrazada de ingenuidad e inocencia. Si, Hades era el responsable de ocasionar el eclipse y, en sus planes, la extinción de la humanidad era un deber. Pero…

¿Acaso no estamos repitiendo el mismo patrón de destrucción absoluta, sin contemplar otras formas de vida? En estos campos Elíseos solo habitan las almas nobles, sirven con felicidad al amo del lugar. Disfrutan de la vida después de la muerte, en un paraíso sin tristeza ni sufrimiento. 

La imagen impresa en su alma de mujeres y hombres jóvenes sonriendo, cantando y jugando; viviendo inocentes y ajenos a las calamidades del mundo. Ahora, esa imagen se reduce a una borrosa foto vieja, el después de un desastre. A pesar de no existir lugar para el arrepentimiento, Shun decide que todavía puede remediar la situación. Tal vez lo hace por egoísmo, tal vez por apego. Los campos Elíseos fueron destruidos, y en lo que respecta a Seiya y compañía, el dios Hades sufrió el mismo destino. La situación actual es por desgracia completamente diferente. 

Ven

Su pecho latió en añoranza e incertidumbre. Shun se negó a eliminar por completo una parte suya, la parte más cruel incrustada en las profundidades de su alma. Aquella que estaba unida a otro ser. Un vínculo indiscutible trenzado con las hebras del pesado destino y sellado en cada gota de sangre que recorre sus venas.

Hades

Antes de partir, se detuvo un momento en el umbral del altar. Sus finos labios trazaron, silaba por silaba, la certeza de sus deseos. Un sentimiento imposible de rechazar o negar, despertaba la urgencia de hacer algo. La decisión de sellar el alma de Hades dentro de su cuerpo llenó cada espacio de su pequeña mente. Las manos le temblaron. 

Sin un poder inmenso como el del señor Hades, es probable que las almas atrapadas en las prisiones escapen y lleguen a la tierra. En el peor de los casos, sería el inicio de época tan letal como el gran elipse. Fui espectador del control permanente sobre cada rincón del inframundo. Puedo soportarlo, contenerlo dentro mío. No dejaré que me gobierne por segunda vez. 

En un murmullo, suave y delicado, llamó al dios despiadado. Una invitación, orden y deseo. Y el cosmos de Hades, disuelto en polvo de estrellas se dejó guiar por las corrientes de aire y el cosmos del caballero de Andrómeda. A espaldas de los demás, como un acto de traición, tomo la forma de una canica envuelta en llamas, apenas del tamaño de una abeja. Shun la observó, con cautela, desaparecer en su pecho, silenciosa e imperceptible. El acto de rebelión apenas duró un suspiro y pronto, sus pasos se incorporaron al andar de los caballeros de bronce y su diosa Athena. Juntos emprendieron el camino de regreso a casa. 

Bienvenido

A diferencia de la primera vez que ocupó su cuerpo, nunca le llegó la punzada de dolor ni perdió el conocimiento. Suponía, Hades se encontraba bastante debilitado. La victoria fue amarga. Seiya, el caballero de Pegaso se desvaneció en el aire, sus piernas fallaron y el cuerpo estoico cedió a la presión de la gravedad. Saori intentó sanarlo y él permaneció catatónico. 

Seiya tenía la espada de Hades clavada en el pecho. Estoy seguro de haberla visto.

No obstante, es imposible confirmarlo. Su mente sigue atrapada en los campos Elíseos desbordantes de vida. No logra sentir o captar ruido ni movimiento alguno, se encuentra desolado en el vacío. Recuerda que, al estar bajo el control de Hades, su visión se reducía a los interminables prados repletos de flores y rayos cálidos.

Estoy seguro, aún tengo el control. Esto debe ser una parálisis temporal. 

– Shun - la voz severa y autoritaria le llama. 

Vértigo. El mudo da vueltas. Tal vez carecía de cierto control. 

– Prepárate - indiferente, el eco de su orden resonó directamente en la cabeza de Andrómeda. Shun reconoce la omnipotente voz. El mareo lo distrae y le impide formular pensamientos lineales. 

¿Puede una voz hacer eco en campo abierto?

¿Qué ocurre? 

¿Es un sueño?

Sus preguntas se ven ahogadas por el característico sonido de huesos quebrándose. 

CRACK

El trauma de sentir el resonar de cada hueso, uno tras otro, quebrarse mientras desgarran el tejido es apenas comparable con la sensación de ser perforado desde dentro. Su mente se queda en blanco, cuando la curiosidad termina y la agonía lo envuelve Shun busca refugio en gritar, no puede retorcerse cuando sus costillas astillan su interior. No puede huir de su propia piel que arde como el hierro vivo sobre su pecho. 

Yace recostado en tierra fértil bajo el cielo del paraíso. Lágrimas se filtran bajo el pasto y el olor de las flores.

– Está por terminar, debes soportarlo, Shun - consuelo. Palabras de ánimo se escurren en sus oídos. 

La piel adherida a las costillas lo sofoca e impide respirar correctamente. Los segundos se alargan. ¿Cuánto más puede soportar? Piensa que la muerte sería más piadosa. Cuando el dolor supera su límite escucha un zumbido perseguir los latidos de su corazón. Salvaje, caótico. Y luego silencio. 

Una caricia revuelve su cabello, casi con aprecio. Le recuerda que sigue vivo, el dolor lo hace sentir vivo. 

– Bien hecho, Shun. 

Ahora somos uno de nuevo

Jadea en busca de aire, quiere respirar de nuevo, como si volviera a nacer. Sábanas suaves le traen de vuelta a la realidad de estar vivo. Una decoración familiar le recibe y cierta calidez ilumina su rostro. Su pecho se mueve agitado, no siente dolor. Debe detenerse un momento, su cerebro sigue desconectado de la realidad, el vértigo persiste. 

- Hace frío.

Se encuentra solo en una de las recámaras dentro de la mansión Kido. Una intravenosa perfora su brazo izquierdo. Shun recarga su cuerpo en la cabecera de la cama y observa su pecho. Una marca del tamaño de una huella digital sobresale a la altura de su corazón. Abultada, como una cicatriz provocada por la quemadura de un cigarro, encierra la forma simplificada de su colgante. Una estrella de cinco puntas rodeada por un halo. El recordatorio constante de su pasado, egoísmo y una parte suya que no puede negar. Una marca de propiedad grabada en su carne a base de dolor intenso. 

Sin embargo, no hay tiempo para sentirse culpable. Necesita conocer la situación actual, el estado de sus amigos y hermano, las consecuencias de la guerra santa… quedarse estancado nunca fue una opción viable. 

La aguja cae al suelo, un hilo de sangre recorre su brazo. Shun explora la mansión de la señorita Kido, no hay rastro de vida, incluso la despensa está vacía. Las yemas de sus dedos recorren las repisas y el polvo apenas se ha acumulado. Las cortinas abiertas permiten ver el segundo crepúsculo del día. 

¿Lo abandonaron a su suerte en la mansión? ¿Quién fue el responsable de colocar la intravenosa y mantener la bolsa de líquido llena? 

Decide seguir su camino por los pasillos y salas finamente acondicionadas. Todo sigue igual. Los libros, las vasijas y los cojines. Arrastra los pies mientras avanza con cansancio. 

– ¿Hermano? ¿Seiya? 

Silencio. 

– ¿Hay alguien aquí? 

Escucha su propia voz regresar. 

–¿Hades? 

Murmura inquieto, temeroso y al mismo tiempo ansioso por recibir una respuesta. Sus manos tiemblan ligeramente con anticipación. Uno, dos, tres, cuatro… no hay respuesta. Los latidos llegan directamente a sus oídos y su estómago se hunde. 

Se muere de hambre, probablemente su presión bajará pronto. Shun regresa a la habitación en que se despertó y busca algo de ropa. El frío de la mansión hace que le duelan los huesos así que busca algo abrigador. Con prisa se alista y sale a los jardines, donde las farolas se encienden y las flores se cierran. 

Anteponiendo lo importante sobre lo urgente, enciende su cosmos para llamar a su armadura. Ondas negras sobre rosas, sobre rojas. Ya no es el mismo que antes, la calidez y pureza que caracterizaba a su cosmos ha desaparecido, mezclados con la inmortalidad y el rencor de alguien que lo hace sentir completo, libre. Experimenta la abrumadora sensación de anhelo profundo y nostalgia por aquello a lo que estuvo conectado por un periodo muy breve de tiempo. El inframundo. El territorio de Hades. Giudecca y el trono de piedra. 

Entiende la fuerza detrás de su malestar. Hades desequilibra sus muros y lo llama, como una ninfa, a obedecer y regresar al Inframundo. Su cosmos es prueba suficiente de ello: se arremolina en varios puntos, le muestra el camino, sus ondas lo hipnotizan con el bello color obsidiana y el rojo sangre. 

Los latidos hacen eco dentro de su pecho. ¿Es realmente su corazón el que se inquieta o el dios Hades lo obliga a entrar en crisis? Shun continúa su camino hacia la salida de los jardines y la residencia. ¿Por qué su armadura no aparece? 

La señorita Saori nunca dejaría la mansión deshabitada. 

Al menos logró calentar su helada piel. 

Cuando sale se siente perdido. Ha pasado tanto tiempo viajando y con niveles de estrés más allá de la ponderación que, en estos momentos de presunta tranquilidad ha olvidado cómo recuperar la acelerada vida citadina. Las calles son iguales a sus recuerdos, el transporte público realiza el mismo recorrido y el aire arrastra las sales del mar. 

Su corazón se siente abandonado, nostálgico. Por más que intenta concentrarse no logra detectar la presencia de su hermano Ikki o alguno de sus amigos. Está completamente solo. La noche ha caído y la vida nocturna comienza. El mundo sigue girando. Shun gira entorno al mundo. La abrumadora carga emocional le pesa en los hombros, la ansiedad le impide ver con claridad el camino que tiene por delante y aquello que está olvidando. 

Shun no se desanima. Aún hay muchas cosas que debe investigar. Corre por las calles concurridas, los barrios, bosque y la costa, necesita hallar una pista que le indique el paradero de sus amigos y hermano. Necesita encontrarlos para sentirse seguro. Enciende su cosmos cargado de emociones esperando que alguien lo encuentre, no importa quien. Tropieza muchas veces. Su estómago ruge y se retuerce. El dolor de cabeza le provoca migraña. Shun, sin prestar atención a su estado físico, sigue corriendo, agitado, jadeando, alerta y lleno de esperanza. 

– ¡Ikki! Hermano, ¿en dónde estás? 

Cuando la desesperación pesa más que sus piernas, grita. Repite los nombres grabados en su corazón con cada fuerza restante de su cuerpo. A su paso, una estela rosada y oscura como el vacío del universo se extiende a sus espaldas, causa furor en las calles, atrayendo la mirada de transeúntes curiosos por el extraño fenómeno de circo. El caballero de Andrómeda ignora por completo la transformación de su cosmos. 

– ¡Ikki! ¡Ikki! – grita desde el fondo de su ronco pecho. – ¡Hermano! ¡HERMANO!

¿Acaso su hermano no le dijo alguna vez, si lo llamaba con suficiente fuerza, él aparecería listo para ayudarlo? ¿En dónde estaba? El amanecer deja entrever la calidez del día. Perlas escapan de sus ojos hinchados. Malgastó su tiempo corriendo por las calles y prados. Debió ir directo al santuario en su lugar. Las aves cantan las primeras melodías del día y el océano le recibe con una suave corriente. 

Ya no puedo mantener el ritmo. 

Siente los finos granos de arena tocar su cuerpo. Su visión baja al nivel del mar. Un zumbido molesto atraviesa sus tímpanos. 

¿Cuándo me caí?

El oleaje casi puede mojar su cabello esmeralda.

No puedo detenerme a descansar, necesito saber que ha pasado con Seiya y los demás. No puedo. No ahora. No…

Y a menos de un día de haber despertado, vuelve a caer en el mundo de los sueños. El agua alcanza su cabello, la marea avanza sobre la costa y acaricia su rostro cansado. Shun no despierta. 

El cosmos tan intenso y agresivo que evoca su cuerpo se apaga lentamente, en silencio.