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Métodos Particulares de Mamá

Summary:

Lissa Aires, una atractiva y autoritaria madre de 42 años, descubre que su hijo (tú, el lector) ha estado espiándola. En lugar de castigarlo de forma tradicional, decide implementar un método "particular": cada error o desobediencia será castigado obligándote a ver cómo ella se entrega con pasión salvaje a hombres negros muy bien dotados.

Entre gemidos, humillación y placer prohibido, Lissa transforma la casa familiar en su escenario personal de dominación, mientras tú te hundes cada vez más en una mezcla de celos, excitación y sumisión.

Work Text:

**Capítulo 1: El Descubrimiento**  

Lucas llegó a casa más temprano de lo habitual. La universidad había cancelado la última clase por problemas técnicos y él, cansado de fingir atención, decidió volver al departamento de lujo donde vivía con su madre. El ascensor subió hasta el piso 18 mientras él revisaba su teléfono, ignorante de lo que le esperaba.

 

Al abrir la puerta principal, el silencio habitual del apartamento no estaba. En su lugar, un ritmo de gemidos ahogados y el sonido inconfundible de piel contra piel llenaban el pasillo. El corazón de Lucas se aceleró. ¿Su madre estaba viendo una película? No… esos gemidos eran demasiado reales.

 

Caminó sigilosamente por el corredor, con el pulso retumbando en sus oídos. La puerta del dormitorio principal estaba entreabierta, dejando escapar una franja de luz dorada. Lo que vio lo dejó congelado.

 

Allí estaba Lissa Aires, su madre. La mujer que lo había criado sola desde que su padre murió hacía cinco años. La misma que iba a reuniones de padres con tacones altos y blusas ajustadas, la que todos los amigos de Lucas envidiaban en secreto. Ahora estaba completamente desnuda, a horcajadas sobre un hombre de piel oscura y complexión atlética.

 

Lissa tenía el cabello rubio largo y ondulado cayendo por su espalda. Sus nalgas grandes, redondas y firmes subían y bajaban con fuerza, tragándose por completo una polla negra gruesa y venosa que brillaba con sus jugos. Sus pechos pesados rebotaban al ritmo salvaje, los pezones rosados endurecidos por el placer. Tenía la cabeza echada hacia atrás, la boca abierta en un gemido gutural.

 

— ¡Joder… sí! Más profundo, papi… — jadeaba Lissa con voz ronca.

 

El hombre negro debajo de ella sujetaba sus caderas con manos grandes, embistiéndola desde abajo con golpes potentes. Cada vez que bajaba, el sonido húmedo de su coño empapado resonaba en la habitación. Lucas no podía moverse. Sus pies parecían pegados al suelo.

 

Lissa giró ligeramente la cabeza y sus ojos azules se encontraron directamente con los de su hijo.

 

Por un segundo, el tiempo se detuvo. Lucas esperaba un grito, vergüenza, que ella se cubriera. En cambio, Lissa sonrió. Una sonrisa lenta, perversa, victoriosa. No detuvo su movimiento. Al contrario, empezó a cabalgar más fuerte, haciendo que sus nalgas chocaran ruidosamente contra los muslos del hombre.

 

— Mmm… mira quién llegó temprano — ronroneó sin dejar de follar—. Lucas, cariño… quédate ahí y mira cómo castiga mamá a los que se portan mal.

 

El joven abrió la boca pero no salió ninguna palabra. Su polla, traicionera, se endureció dolorosamente dentro de sus pantalones al ver el cuerpo de su madre en acción. Lissa tenía 42 años pero parecía una diosa: cintura estrecha, caderas anchas, culo enorme y jugoso que ahora rebotaba sin piedad. El contraste de su piel blanca contra el cuerpo negro del hombre era hipnótico.

 

— ¿Te gusta lo que ves, hijo? — preguntó Lissa entre gemidos, sin bajar el ritmo—. Este es Tyrone. Lo conocí en el gimnasio. Tiene exactamente lo que necesito… algo que tú nunca podrás darme.

 

Tyrone gruñó y dio una embestida especialmente fuerte que hizo gritar a Lissa. Ella se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en el pecho del hombre, ofreciéndole a su hijo una vista perfecta de cómo esa polla gruesa entraba y salía de su coño afeitado.

 

Lucas sintió que las piernas le temblaban. Quiso huir, pero sus ojos no se despegaban de la escena. Lissa empezó a hablarle directamente mientras follaba:

 

— Llevo meses haciendo esto, Lucas. Cada vez que llegas tarde, que sacas malas notas, que me desobedeces… mamá necesita desahogarse. Y este es mi método favorito. ¿Ves cómo me llena? Es mucho más grande que tu padre. Más grande de lo que tú jamás serás.

 

Tyrone rio por lo bajo y aceleró el ritmo, follándola con fuerza. Lissa empezó a temblar. Sus gemidos se volvieron más agudos.

 

— ¡Sí! ¡Me voy a correr! Mira, hijo… mira cómo mamá se corre con una polla de verdad.

 

El orgasmo de Lissa fue explosivo. Todo su cuerpo se tensó, sus nalgas se contrajeron y un chorro de jugos bajó por los huevos de Tyrone. Gritó tan fuerte que Lucas temió que los vecinos escucharan. Cuando bajó de la cima, ella se levantó lentamente, dejando que la polla negra saliera de su interior con un sonido obsceno. Un hilo de crema blanca mezclada con sus fluidos quedó colgando.

 

Lissa se giró hacia su hijo, completamente desnuda, con las mejillas sonrojadas y los muslos brillantes. Caminó hacia él con pasos seguros, sus tetas balanceándose.

 

— ¿Estás excitado? — preguntó, mirando el bulto en los pantalones de Lucas—. Normal. Pero hoy solo vas a mirar. Este es tu primer castigo por llegar sin avisar.

 

Se arrodilló frente a Tyrone, tomó esa polla enorme con ambas manos y empezó a chuparla con hambre, lamiendo sus propios jugos. Miraba a Lucas todo el tiempo, manteniendo contacto visual mientras su boca se estiraba alrededor del grosor.

 

— ¿Quieres tocarte? — le preguntó entre lamidas—. Puedes hacerlo. Pero no te corres hasta que yo lo diga.

 

Lucas, humillado y más excitado que nunca en su vida, metió la mano en sus pantalones y empezó a masturbarse lentamente mientras veía a su madre mamársela con devoción al hombre negro.

 

Lissa se subió de nuevo, esta vez de espaldas a Tyrone, en posición de vaquera inversa. Abrió bien las piernas para que Lucas tuviera una vista perfecta de cómo la polla desaparecía dentro de ella.

 

— Mira bien, mi amor — jadeó—. Esto es lo que pasa cuando desobedeces a mamá. Cada error… cada mala conducta… tendré una polla negra dentro de mí. Y tú vas a estar presente. Vas a aprender.

 

Empezó a rebotar de nuevo, más rápido. Sus nalgas perfectas se movían hipnóticamente. Tyrone le daba nalgadas fuertes que dejaban marcas rojas en su piel blanca.

 

Lucas se masturbaba cada vez más rápido, hipnotizado por la escena. Lissa no dejaba de hablarle:

 

— Dime, Lucas… ¿te gusta ver cómo me follan? ¿Te excita saber que tu mamá es una puta para pollas grandes?

 

— S-sí… — murmuró él, avergonzado.

 

— Más fuerte. Quiero oírlo.

 

— ¡Sí, mamá! Me gusta… me excita mucho…

 

Lissa sonrió satisfecha y aceleró hasta que Tyrone gruñó y la llenó por completo. Chorros espesos de semen negro salieron de su coño cuando ella se levantó. Lissa metió dos dedos dentro, los sacó cubiertos de crema y se los llevó a la boca, lamiéndolos mientras miraba a su hijo.

 

— Buen chico — susurró—. Este fue solo el comienzo. Mañana hablaremos de las nuevas reglas de la casa.

 

Se acercó a Lucas, todavía desnuda y goteando, y le dio un beso suave en la mejilla, dejando el olor a sexo impregnado en él.

 

— Ahora ve a tu habitación. Y piensa en lo que acabas de ver… porque cada vez que falles, mamá va a castigarte así.

 

Lucas caminó hacia su cuarto con las piernas temblando, la imagen de su madre cabalgando a ese hombre negro grabada para siempre en su mente.

 

Desde el pasillo aún podía oír la risa satisfecha de Lissa y el sonido de otra ronda que comenzaba.

 

El castigo apenas había empezado.