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Cordero en colmillo

Summary:

En una hacienda donde se ve rodeada de tantos seres vivos, Caitlyn aprenderá a sobrevivir entre ellos, y al mismo tiempo hará lo posible por no caer ante Vi.

Chapter Text

El bosque cuando el sol estaba en su punto más alto no representaba riesgo de extravío. Sin embargo, ser un joven de las afueras con tiempo contado para regresar al hostal, sí era un problema. 

Los pinos llegaban a una altura imposible de trepar, estaba seguro de que en un par de horas el sol estaría oculto solo por la flora de este bosque. 

Aún así, siguió caminando. No podía quedarse ahí. 

Miraba atentamente a cualquier punto, y mientras más se ocultaba el sol, su sentido más agudo pasó a ser su audición. Escuchaba ramas quebrarse bajo sus botas y hojas moverse entre los arbustos. 

Se forzó a mantener la frente en alto y continuar. 

Percibió un olor fuerte y nauseabundo que parecía seguir una corriente de aire en su dirección. No se trataba de un animal en descomposición, este era distinto. No podía ver el animal que lo provocaba. Al menos no cerca, pues al continuar caminando, pudo reconocer dos figuras. 

La primer figura notable, era la de una persona de pie frente a la segunda, que yacía en el suelo. 

Se acercó, lento. Luego la primera figura volteó hacia él. Se trataba de una jovencita, que a la distancia pareció notar su presencia. 

Saludó de manera cordial a la chica y ella le dedicó una sonrisa. 

De cerca, su belleza lo deslumbró. Tanto como para olvidar lo que estaba pasando a sus pies. El azúl de sus ojos lo distraía del resto de sus rasgos.

—¿Te encuentras extraviado? 

—Así es, señorita. Soy de noreste del país, y vine aquí acompañando a mi familia.

El chico le sonrió a ella, siendo correspondido con una sonrisa más amplia y pura. Eso hizo que sus mejillas se sonrojaran. 

—Tenía entendido que cazaría aquí junto a un conocido. Pero veo que ha fallado a su palabra. 

La chica posó su mano sobre su pecho en dirección al corazón. 

—Es una pena faltar así al honor. Espero que su conocido se disculpe como es apropiado. 

—Yo también lo espero. 

Ella se dió la vuelta y comenzó a avanzar en dirección en la que él llegó. Saliendo de la burbuja, él se cubrió la nariz mirando al venado desmembrado a sus pies, sintiendo su vista ponerse acuosa.

—Señorita. ¿Me permite su nombre? 

—Kate

—Es todo un placer conocerla, señorita Kate. Disculpe el atrevimiento, ¿por qué se encontraba frente a ese venado? 

La chica detuvo su andar, luego se dio la vuelta para mirar al chico a los ojos. Él sintió un escalofrío completo recorrer su cuerpo. Su rostro parecía afligido y temeroso, pero el azúl estaba fijo sobre sus ojos. 

—Llegué muy tarde, no pude acompañarlo.

Su pecho se apretó al ver esa expresión en un rostro que parecía tan puro, pero sus ojos seguían siendo un tema de inquietud. Se forzó a creer que estaba siendo paranoico y que debía estar muy atraído como para estar tranquilo.

—No se preocupe, señorita. Al menos usted se encuentra bien. 

Ella asintió, limpiando sus lagrimales. Pero él no vió ninguna gota. 

—Oh, entonces se encuentra extraviado, es cierto. ¿Recuerda el hostal? ¿Está en el pueblo? 

—No recuerdo siquiera la dirección al pueblo.

—Es una lástima. 

Dijo ella sonando como tal, acomodando su cabello y mirando bajo el mentón del chico. Este no se dio cuenta, pues él también se enfocó en otra parte. 

—¿Le gustaría ir a mi residencia? Mis padres harán una celebración por mi cumpleaños, seguro lo pasarás bien. 

Él aceptó sin pensarlo mucho. Sin notar que cuando la chica se dio la vuelta se relamió los labios. 


El ser vampírico tiene la ventaja de la vida eterna a comparación del humano, ellos creen que la inmortalidad se consigue después de morir. 

No están del todo equivocados. 

Cuando el sol apenas se ocultaba fue recibida por su madre, quién ya estaba glamurosa e impaciente por qué comenzara la reunión. 

—Que imprudente haz sido, estuviste a punto de llegar tarde. 

—Lo siento mucho, madre. Tuve un contratiempo. 

Miró hacia atrás para indicarle al chico que se acercara. 

—Hice un nuevo amigo en el bosque, quiero darle hospitalidad, ya que no recuerda como volver. 

La señora Kiramman volteó hacia el chico, con mirada indiferente, luego a su hija y ambas mantuvieron el contacto por unos segundos. Los suficientes para alterar al desconocido. 

—Ve a prepararte, hija. 

Luego de que la mujer se retiró, la chica se dirigió al chico con una pequeña sonrisa. 

—¿Usted preferiría quedarse aquí o buscará el salón de eventos por su cuenta? 

—Trataré de hacer eso, tranquila. 

El chico se arrepintió de tratar de ganar puntos de esa manera. Pues entre los pasillos, terminó perdiéndose.

No tuvo que esperar mucho para que la noche cayera. La mansión se puso silenciosa, haciéndole sentir más impaciente. 

Para su buena suerte, escuchó distintas voces cerca, lo cuál parecía ser la reunión. Se dirigió ahí con prisa. 

El salón era amplio. Mucho más refinado de lo que él estaba acostumbrado a ver. Todos ahí parecían ser gente extranjera e importante. 

Tenían vestimentas particulares. Muy tradicionales o muy sofisticados. 

Se sentía muy fuera de lugar. Tanto como para decidir faltar a su palabra con Kate e irse de ahí. 

Sin embargo, un señor de barba larga lo vio y le sonrió, le pidió que se acercara con un gesto, así que no le quedó de otra más que avanzar. 

—Tú debes ser el invitado especial, ¿verdad? 

—No estoy seguro de eso, mi señor. 

—Oh, claro que sí, puedo ver porque la pequeña Caity te eligió. 

El hombre soltó una carcajada al decir eso y posó su mano sobre el hombro del chico. Él se sintió apenado por las palabras y lo que implicaban, se rió de manera modesta encogiéndose de hombros. 

Pero también se sintió incómodo. La mano del hombre era pesada y parecía que ni siquiera hacía presión sobre él. Pero lo que más le pareció inquietante, era la temperatura de su piel. No hacía frío para justificarlo, ¿por qué su mano estaba tan helada? 

Todo eso pasó a segundo plano cuando su chica entró al salón. 

Vestía una túnica de color morado, que cubría cada parte de su cuerpo, incluso su cuello. Su cabello estaba recogido y portaba múltiples joyas de oro. 

Caitlyn llegó saludando sus invitados. Todos la felicitaban por su cumpleaños. Solo eso. 

La sonrisa de la pequeña Kiramman era la más resplandeciente y no dejó de serlo hasta que llegó el gran momento. 

Por parte del invitado, él no entendía porque de pronto, tras el llamado de una copa de cristal, todos hacieron un círculo frente a un altar de piedra, pero los siguió. 

Todos le hicieron espacio para dejarlo pasar al frente. 

Caitlyn estaba frente al altar, aún sonriendo. Luego se aclaró la garganta. 

—Muchas gracias a todos ustedes por arribar en mi morada para presenciar este momento. El cuál es tan trascendental para mí y mi familia. 

La chica posó sus manos sobre su pecho para visualizar sus palabras. 

—Me muestra vulnerable ante todos ustedes, recordarles mis orígenes. Caí en el seno de los señores Kiramman cuando era indefensa, una pequeña bolita humana que no podía defenderse. Mis padres de sangre me dejaron una herencia que poco ha de servirme. Sin embargo, gracias a su abandono, fui adoptada por los mejores. 

Ella volteó a ver a sus padres, quienes también la observaban, no sonrientes pero se les notaba cautivados. 

—Hoy me abro paso hacia donde siempre estuve destinada. 

Los vítores no se hicieron esperar. Hizo un par de reverencias hacia su audiencia y luego le dio la espalda al altar. 

La luz artificial fue apagada por los sirvientes, dejando que iluminara la luz de la luna por la ventana junto a las velas al rededor del altar. 

Los señores Kiramman ayudaron a su hija a acostarse ahí. 

En ese momento Caitlyn pudo sentir las manos temblando, lo atribuye a lo frío que era el altar, mas era evidente que no se trataba de eso. Inhaló unos segundos para reponerse y luego asentir hacia sus padres.

La madre le descubrió el antebrazo para clavar sus colmillos y extraer sangre. 

Ver eso y sentirlo provocó en Caitlyn un malestar en la cabeza, pero no quiso apartar la mirada en cada parte del proceso.

La madre Kiramman lo mantuvo en su boca para luego verter el líquido en una copa, en la que en seguida el padre añadió de su sangre tras cortarse la palma de la mano con una daga. Después ayudaron Caitlyn a sostener su cabeza para tomarse esa mezcla.

El corazón de ambos jóvenes palpitaba con fuerza dentro de sus pechos. 

Luego hubo silencio, uno donde no corría viento y la poca luz parecía lastimar los ojos. 

El chico se safó del agarre para avanzar un par de pasos, preocupado al no ver a Caitlyn moverse. 

Su cuerpo estaba inerte sobre la piedra, y dudó en sí debía acercarse.

Pronto se movió. El grito proveniente de ella fue devastador. 

La chica cayó del altar debido al dolor. Todo su cuerpo parecía estarse ahogando. Asfixiándose en basta cantidad de oxígeno. 

Sus colmillos surgieron a los segundos, así como sus demás dientes también obtuvieron más filo. 

Los gritos terminaron de manera abrupta. Pues el corazón de la chica se detuvo. Todos se mantuvieron en silencio por un minuto sólido. 

Luego ella se puso de pie. 

Sus ojos, los que eran azules, brillaban en rojo. Irradiaban luz propia. 

Pero la mejor característica que tenían, era que no dejaban de enfocarse en el único humano del salón. 

El chico retrocedió. Su respiración le fallaba y sus piernas temblaban. 

Al darse la vuelta para irse, se dio cuenta que no podría salir. 

Todos los presentes estaban bloqueando la puerta. El salón estaba vacío, y solo él estaba en el centro. 

No entendía lo que sucedía, pero su instinto debía estar correcto al hacerle sentir impotencia. Su cuerpo debía estar en lo correcto al hacer que sus ojos soltaran lágrimas. 

Volteó de nuevo hacia el altar. 

Retrocedió con urgencia al ver a Caitlyn acercarse. 

Intentó correr, pero al segundo de impulsarse la chica se lanzó sobre su espalda, haciéndolo caer. 

Las nuevas garras en sus manos desgarraron la nuca del humano. 

Los gritos no se hicieron esperar. 

Ella no se detuvo hasta que consiguió lo que quería. Pero no fue suficiente. 

Todos a su alrededor celebraban.

Ella continuó masticando la carne fresca, mientras el débil chico trataba moverse. 

Hasta que su cuerpo dejó de responder.