No puede evitar verlo y sentir una pesada similitud que no sabe identificar y que le cierra la garganta en un sentimiento doloroso, puede verlo a el y a su vez reflejarse en el, la sonrisa radiante que le provoca el hombre a su lado, las bromas compartidas especiales a su propia manera y ese torpe intento de disimular cuando quieren tocar sus manos frente a los demás pero que aún están en esa etapa temprana donde se sienten más tímidos para mostrarlo abiertamente.
Ver eso solo provoca una sensación fantasma en su propia mano que le arde sin calor, tranquilo y devastador a pesar de no saber por que.
No lo entiende.
Lo ve probablemente por primera vez de forma real, puede ver al nuevo príncipe de la mansión, su nuevo hermano menor, un reflejo casi exacto de el en muchos aspectos, pero a su vez totalmente diferente.
Y es eso lo que simplemente no puede entender del todo.
Senpai es todo lo que alguna vez el fue, o eso es lo que cree y quiere creer con una desesperación que no demuestra de ninguna forma.
Joven, energético, valiente... Y enamorado a su propio estilo.
El mismo fue así alguna vez ¿no?
No lo recuerda, pero duele y eso le hace creer que el recuerdo existe en algún lugar y tiene miedo de eso, de la profundidad de algo que potencialmente podría destruirlo por completo.
Sonríe por qué le parece bonito, la forma en que interactúan, como fingen que su expresión no es la de alguien feliz y enamorado de la persona a su lado, el amor es bonito o eso es lo que cree.
No puede evitar bromear de la misma forma que un hermano mayor bromea con sus hermanos menores y las personas que le gustan, es puro instinto, la risa y las bromas siempre han sido un buen método de distracción y estabilidad.
Cuando Senpai y su ''amigo'' se van, Roier regresa a sus propios asuntos, el trabajo siempre ha sido una buena forma de perderse y no pensar pero incluso eso está fallando ahora después de presenciar algo muy similar a un deja vú, uno que cala hondo sin saber.
Sus manos trabajan los materiales pero la punzada de dolor en su sien lo mantienen inmerso en su mente revuelta, vacía y llena de una forma que le provoca náuseas.
No puede evitar superponer la imagen de Senpai en la suya propia, un rostro radiante, una expresión alegre y una mirada profunda y llena de sentimientos que son difíciles de decir que no fuese con una broma de doble intención, la cuestión es que la imagen que superpone a Ishan es borrosa, distorsionada y no logra ponerle nombre.
La fugaz sombra de manos entrelazadas, una figura distorsionada de lo que cree es una flor, tal vez más, eso es un peso que se instala en el y le hace doler más la cabeza como si su mente tratará de forzar algo que no tiene... ¿O si?
Por un momento le cuesta tragar saliva, como si el nudo que siente tuviese una justificación clara.
Deja las herramientas de lado sosteniéndose la cabeza, se agarra el cabello en puños que hacen arder su cuero cabelludo al tirar con fuerza, pero incluso ese dolor no se equipara al dolor interno y la confusión mental que azotan sus sentidos.
Golpea las palmas de las manos sobre la mesa y solo ahí se da cuenta de su respiración forzosa, el temblor en su cuerpo y el ardor ya conocido en sus ojos.
Se obliga a calmarse como tantas otras veces cuando eso pasaba sin provocación aparente.
Toma un gran respiro y después se fuerza a volver a trabajar para distraerse, la actividad repetitiva y el reto que supone lo distraen fácilmente por un buen tiempo.
Una vez más, por un momento olvida las corrientes salvajes de su subconsciente y los hilos enredados y perdidos de su memoria, se convence a sí mismo de que no necesita no quiere saber más allá de lo que hay en la actualidad, se dice que el pasado es irrelevante e innecesario para lo que acontece en su presente.
Vuelve a ser el despreocupado príncipe del norte, el feliz amigo de los demás, el que hace bromas y provoca a la gente para sacarles una sonrisa con sus ocurrencias.
La imagen de Senpai vuelve a ser la misma de siempre, la imagen de Ishan vuelve a ser la del ''amigo especial'' de su nuevo hermano hermano.
