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Siete veces parió la puerca

Summary:

Después del torneo de Ashford, Maekar Targaryen, príncipe de Refugio Estival, se ve envuelto en el nacimiento de siete nuevos sobrinos.

Advertencia: la historia se centra en los sentimientos de Maekar en vez del Omegaverse en sí.

Notes:

¡Hola a todos! Esta cosa rara nació de mis sentimientos por ver poco y nada de Baelor x Dunk en español, tengo 4 fics sin terminar.

Repito que este fic se centra en el POV de Maekar, no en el Omegaverse, estan advertidos y ojalá les guste esta cosa rara.

Con el paso de los capítulos a lo mejor agregue más tags.

Chapter 1: Mariah

Chapter Text

El año 209 después de la Conquista de Aegon fue el peor año en la vida de Maekar Targaryen, príncipe de Refugio Estival, conocido como “El Yunque”, hijo menor del rey Daeron II Targaryen y la reina Myriah Nymeros Martell, viudo, Alfa, padre soltero de seis hijos.

O, como se refería a ellos desde el torneo de Vado Ceniza: seis mocosos de mierda.

En realidad tres; Aemon, Daella y Rhae no habían hecho nada malo, ni siquiera habían estado allí: Aemon por estar en la Ciudadela y las dos chicas porque Maekar había decidido dejarlas en casa para mantenerlas alejadas de nobles idiotas como Lannister o Baratheon.

Pero fueron sus dos hijos mayores y su hijo menor quienes arruinaron el año entero para él.

Daeron, su heredero y primogénito, el peor Alfa que había conocido en su vida, escapó con Aegon, el menor de sus hermanos y su escudero, para no participar en el torneo y luego mintió diciendo que lo habían secuestrado cuando no se dio cuenta que el chico se había escapado. Además de no contarle que le había cortado el pelo, lo que le complicó la tarea de encontrar al pequeño.

Además de que no le dijo que le había cortado el pelo, lo que le complicó la tarea de encontrar al pequeño.

Aerion, el segundo peor Alfa que conoció en su vida, un cobarde por no querer enfrentarse uno a uno con un caballero errante salido de quien sabía donde. Cuando se le fue la adrenalina del juicio, tuvo que admitir que su hijo se merecía la paliza que le habían dado.

Cuando se le fue la adrenalina del juicio, tuvo que admitir que su hijo se merecía la paliza que le habían dado.

Y Aegon…

No solo mintió y manipuló, sino que luego de que su caballero errante, el tal Ser Duncan el Alto (o el idiota, como a Maekar le gustaba llamarlo) atacó a su hermano, el mocoso se enfrentó a su familia e incluso ayudó al caballero errante a reunir hombres.

Cuando todo terminó, el niño se había parado en el lecho convaleciente de Aerion, gritando que no se arrepentía de nada y que se marcharía con el caballero errante.

Aunque aún no había llegado a la madurez, era obvio que sería un Alfa como los otros dos.

O eso le había dicho su hermano mayor.

Baelor, príncipe de Rocadragón, heredero del Trono de Hierro, Mano del Rey y Protector del Reino, su hermano mayor.

“El príncipe ideal, el heredero perfecto, el alma de la caballería, un Alfa de pies a cabeza”

Así lo había llamado el idiota de Duncan, porque su amo fallecido solía llamar a Baelor asi.

Y tenía que admitir que tenía razón.

Su hermano fue el único que notó lo que nadie más vio en ese tipo.

Después de que le dio ese fuerte golpe en la cabeza en medio de la refriega, de lo que todavía se arrepiente, insistió en ir a visitar al idiota, se arrodilló junto a su lecho, disculpándose, diciendo que un Omega jamás debía ser maltratado de esa manera.

Una parte de Maekar se sintió como un monstruo por golpear a un Omega, masculino o no, los Omegas eran tesoros, los únicos capaces de traer vida al mundo y él había encarcelado, maltratado y golpeado a uno de ellos.

Que el tipo fuera enorme y oliera a mugre y naturaleza no era excusa, aunque explicó que su antiguo amo le enseñó cómo camuflar su olor, lo que junto con su altura, le hacía fácil esconder su verdadera naturaleza.

Luego de esa explicación, Baelor insistió en llevarlo a casa, donde su padre los había citado a todos después de que me enviaran un cuervo contándole lo ocurrido.

Con tal de mantener a Aegon a su lado, podía tolerar al gigante idiota: la Fortaleza Roja era muy grande y no tendría que verlo más que en algunas ocasiones concretas.

Pero cuando su hermano dijo “casa” se había referido a Rocadragón, no a la Fortaleza Roja, aunque fuera por orden real o no.

¿Por qué Ser Duncan querría convivir contigo? - le preguntó Baelor cuando llegaron a las Tierras de la Corona con su enorme séquito- ¿O con Daeron? Y mucho menos con Aerion. Ni hablar, no quiero más problemas, Maekar, ustedes irán a Desembarco y nosotros a Rocadragón -

“Nosotros”

Él, Valarr, Aegon y el caballero errante, como un conjunto.

Y cuando él llegó a la Fortaleza Roja se encontró a su otro sobrino, Matarys, partiendo hacia la isla de su padre, al rey sacudiendo un pergamino con expresión angustiada y a la reina cruzada de brazos, con una sandalia en una mano.

Dicha sandalia golpeó dolorosamente su frente mientras su padre preguntaba entre sollozos dónde estaban su primogénito y sus nietos, ignorando completamente a Daeron y a Aerion.

Definitivamente su hermano mayor se estaba vengando por el golpe en la cabeza, dejándolo a merced de la familia.

Sus padres estaban enfadados con él, con Aerion (a quien felizmente metieron en un barco hacia Lys de una patada en el culo), con Daeron y hasta con Aegon, quien directamente no respondió a ninguna de sus cartas.

Aerys y Rhaegel solo se burlaron de él por todo lo ocurrido y no hicieron nada para ayudarlo a ganarse el perdón de sus padres o consolarlo en su soledad, al igual que sus esposas, así que sus días en la Fortaleza Roja eran bastante solitarios.

Y su padre se había negado a dejarlo volver a Refugio Estival, insistiendo en que quería a toda la familia cerca hasta que Baelor decidiera regresar.

Pero su hermano mayor no estaba a la labor: cumplia con sus obligaciones como Mano del Rey a la distancia, habiendo un silencio sepulcral hacia todos.

O así fue durante un par de meses.

Una mañana que parecía como todas las demás, el maestre Yormwell interrumpió el desayuno, acompañado por Ser Donnel del Valle Oscuro y un par de guardias de la casa de Baelor.

- Maestre, Ser Donnel - saludó su padre con amabilidad - ¿Baelor los envía? -
- Si, Majestad - el maestre lucía agotado y el caballero blanco también.
- ¿Todo está bien? - le preguntó su madre - ¿Ha pasado algo con Baelor o los niños? -
- Los príncipes se encuentran a salvo y con excelente salud, mi reina - contestó el maestre - Traigo un mensaje de la Mano del Rey para toda su familia -

Sus padres se miraron y Maekar empezó a preocuparse, aunque el maestre había asegurado que todos estaban bien.

El maestre Yormwell abrió el pergamino, se aclaró la garganta y leyó:

- Ser Baelor de la Casa Targaryen, príncipe de Rocadragón, heredero aparente del Trono de Hierro, Mano del Rey y Protector del Reino anuncia que ha contraído nupcias con Ser Duncan el Alto, caballero de los Siete Reinos y escudo juramentado del príncipe Aegon Targaryen, también conocido como ‘Egg’. También está feliz de anunciar que su nuevo cónyuge está esperando su primer hijo” -

Nadie dijo nada.

Por instinto, Maekar miró a su padre, el que lideraba la manada, pensando que él sabría que debería pensar o decir respecto a esa noticia.

El rey Daeron soltó una risita y cayó desmayado de su silla.

- ¡Padre! - chilló Rhaegel, corriendo hacia él junto a Ser Donnel.

Entonces miró a su madre, la madre de todos, de la manada: pero la reina Myriah se había sonrojado tanto que Aelor y Aelora sacudieron servilletas frente a su cara, ya que no reaccionaba.

Busco a la otra persona mayor, rogando internamente por ayuda: su hermano Beta Aerys, que soltó una risita divertida y su esposa Aelinor le dio un codazo.

Maekar se sintió horrible, sin guía alguna, solo pudo dejarse llevar por sus sentimientos sinceros: ahora debía compartir mesa con el tipo que golpeó a uno de sus hijos y secuestró a otro, además de llamarlo hermano.

El colmo: el tipo tiene un rango más alto que el suyo como esposo del príncipe de Rocadragón.

Y encima iba a tener un hijo.

Si Duncan no fuera tan idiota, pensaría que lo había hecho a propósito para ganar riqueza y estatus, pero un tipo cuya comida favorita eran las “tartas que Ser Lyonel tenía en su tienda” y amaba la cerveza de taberna barata no podía ser tan manipulador.

Finalmente su padre salió de su aturdimiento y lo primero que hizo fue dar órdenes: decidió que necesitaba ojos y oídos en Rocadragón que no fueran espías de Cuervo de Sangre.

Así fue como Aerys viajó a visitar a su hermano mayor, siendo el hijo más pragmático de los reyes, y el único Beta, podría ser neutral y llegar al meollo del asunto sin que Baelor sintiera que estaban invadiendo su espacio y el de su Omega embarazado.

A los pocos días, Aerys le había escrito, contándole que la servidumbre de Rocadragón prácticamente besaba los pies de Ser Duncan y que él mismo consideraba que era un hombre adorable al igual que Aelinor, quién pasó de llorar porque él no quería hijos a tratar al Omega gigante como si fuera suyo.

Ese caballero idiota ya le quitó a otro hermano y a su cuñada.

Por eso le sorprendió la carta de Baelor invitandolo a Rocadragón para acompañarlo en el inminente nacimiento de su tercer hijo, tendiendole una rama de olivo.

No quería ir.

Vio nacer a sus seis hijos y eso ya fue suficiente para él, gracias.

Así que retrasó su partida lo más que pudo hasta que su madre le mostró su sandalia y prácticamente lo obligó a irse.

Llegó justo en el día del alumbramiento: Ser Duncan, no, el príncipe consorte Duncan, había dado a luz a una niña.

- Hermano -

Baelor sonreía de oreja a oreja, como olvidando todo lo que había ocurrido entre ellos, y le dio un fuerte abrazo.

- Felicidades, hermano - lo felicitó, devolviendole el abrazo - Se que siempre quisiste una niña -

- Gracias, ven, los niños están con ella -

Baelor lo guió hacia la Torre del Dragón Marino, al cuarto que su madre también había usado como guardería.

Valarr y Matarys estaban allí, inclinados sobre una cuna junto con Aegon, quien lo miró sorprendido.

- Padre - saludó, incrédulo - Viniste -

- ¿Por qué te sorprende? - preguntó, levemente ofendido - ¿Y que manera es esa de saludar a tu padre? -

- Basta - los cortó Valarr - Es un acontecimiento feliz, vayan a pelear a otro sitio -

Aegon asintió y se dirigió hacia él, dándole un abrazo mientras Valarr sacó a la bebé de la cuna con cuidado, envuelta en una manta con el dragón tricéfalo de su familia.

Maekar se aferró a su hijo con fuerza, feliz por ser envuelto por el olor a leche y ceniza del bebé junto con el de su niño.

Baelor debió notar su buen humor porque tomó a la bebé de los brazos de su hijo mayor y se acercó a él, moviendo la manta para mostrarla: era como si su hermano hubiera tomado un papel y un carboncillo y hubiera dibujado un autorretrato en el vientre de su Omega.

La niña era bastante grande, de piel y cabello oscuro, con ojos marrones que miraban fijamente a Baelor.

- La he llamado Mariah - le comentó su hermano - Es igualita a madre, ¿no te parece? -

- Lo es - admitió. Baelor también era idéntico a su madre dorniense después de todo.

En ese momento, la puerta se abrió y un fuerte aroma a leche, aire fresco y hierbas llenó la habitación.

Al instante, la bebé empezó a retorcerse.

- Mi amor - saludó Baelor - ¿que hacés levantado? -

Maekar se volteó: allí estaba el idiota, Ser Duncan, usando una bata azul claro y pantalones de seda, con una expresión de preocupación.

- Me llegó un aroma extraño - se disculpó el gigante y miró hacia él - No sabía que había llegado, mi príncipe -

Así que él no era el único que no había dejado atrás lo ocurrido en Vado Ceniza.

- Ser - saludó en tono tenso - Felicidades por su bebé, espero que el parto haya sido fácil -

- Lo fue, gracias señor - asintió el otro, aún tenso.

Baelor fue hacia él y le dio a la bebé, lo que lo relajó al instante.

Aegon se soltó de su abrazo y también se acercó a su señor.

- Padre vino a conocer a Mariah - le explicó Aegon a su caballero.

- Ya veo - asintió el hombre, parándose derecho y frunciendo el ceño.

Maekar no se quedó mucho tiempo después de eso, siendo recibido en la Fortaleza Roja con la sandalia de su madre y un regaño por parte de su padre por alterar al Omega de su hermano.

Él no había hecho nada, no sabía que ambos compartían el mismo sentimiento de rechazo, así que no se le ocurrió que podría estar invadiendo el nido de un Omega que lo veía como una amenaza.

Solo pudo ponerse un paño mojado en el chichón que le salió en la frente mientras su madre lo regañaba por ser un idiota.