Chapter Text
Estación espacial Autobot Ark #13. Hace veinte años terrestres.
«Solo pido un milagro para escapar, solo un milagro. Oh Primus, Primus, Primus...»
Aquel llamado desesperado de ayuda a su creador, su dios, no paraba de repetirse en bucle en el procesador de Starscream, buscando algún milagro inmerecido. No era para menos, siendo que tanto él como Megatron (su comandante/amica/hermano de armas) fueron encerrados en una estación espacial de propiedad Autobot hacía varios ciclos, y ahora, se encontraban en pleno escape.
—¡Malditos herejes! ¡Los haré desear jamás haber emergido! —Un furioso grito del líder de los Wreckers, el poderoso y brutal Ultra Magnus, se escuchaba desde el extremo opuesto del pasillo, generando una sensación desagradable en la chispa del comandante seeker. Acompañando a este, se encontraba un pequeño grupo de Autotroopers recién salidos del área de ensamblaje, los cuales ya se encontraban disparándoles con todo lo que tenían.
—¿¡Está muy cerca de nosotros!? —Preguntó al mech más alto, quien hasta ese momento se había limitado a seguir corriendo por su vida. Él volteó, encontrándose con la iracunda mirada de Ultra Magnus intensificarse mientras se acercaba cada vez más a ellos. Volviendo su mirada a Starscream, Megatron sonrió un tanto nervioso. —¡Me temo que sí, Stars!
—Chatarra... —El mencionado maldijo en voz baja, pero ninguno dejó de correr. Tras pasar un par de pasillos, la mirada de Starscream fue captada por un enorme letrero metálico que decía "Sala de cápsulas" por lo que miró a Megatron y le hizo una seña para doblar hacia la derecha. —¡Es por aquí!
Cuando giraron, tres Troopers ya los estaban esperando y no tardaron mucho en comenzar a dispararles. El líder Decepticon transformó su prótesis en un cañón para terminar con las vidas de los bots, no obstante, su segundo al mando se interpuso.
—Yo me encargo. —El primero que se lanzó en una embestida contra su oponente terminó partido en dos gracias a un corte en línea diagonal que este ejecutó con una de sus espadas, para el segundo, su cabeza fue separada del cuerpo con otro corte limpio y el tercero, al encontrarse más cerca, fue derribado de un puñetazo antes de que su chispa fuese atravesada por la misma hoja que arrebató la vida a sus dos compañeros. Por unos segundos asfixiantes, aún con los gritos de Ultra Magnus en el fondo, ambos Decepticons miraron a los Autotroopers recién masacrados que yacían en el suelo, sintiendo ese desagradable escalofrío que siempre los recorría de pedales a casco cada que finalizaban esas trágicas existencias.
Resultaba extraño, ya que los sujetos del tanto famoso como atroz proyecto Autotrooper se encontraban en una extraña área gris entre la maquinaria industrial y lo que se consideraría un Transformer con consciencia propiamente dicha: tenían chispas, experimentaban un limitado rango de emociones, tomaban decisiones por su cuenta e incluso, en algunos casos raros, daban vagas señales de tener personalidad; no obstante, nunca podrían considerarse del todo individuos debido a las limitaciones impuestas en sus procesadores y las terribles implicaciones detrás de su aborrecible creación, sobre todo con lo que respecta a sus chispas, las cuales provenían de...
No, ni ellos ni nadie mencionará esa parte. Jamás.
De los dos, Megatron fue el primero en reaccionar, tomando el ligero y pequeño cuerpo de Starscream apenas usando uno de sus servos; a lo que este último se dejó cargar durante el agonizante último tramo hacia la sala donde se resguardaban múltiples cápsulas de escape. Una vez ahí, mientras Starscream comprobó el número de cápsulas restantes, Megatron arrancó las placas de metal que funcionaban como reforzamientos de una columna para bloquear la puerta de acceso, la cual por protocolo no se podía sellar.
Un grito agudo (de frustración, por lo que dedujo el mech plateado), se escuchó poco después de que él colocara la última placa de metal que pudo en la manija de la enorme puerta. En el área de almacenamiento y despegue de las cápsulas, mientras tanto, el seeker sentía que perdía los estribos rápidamente.
—Solo queda una... ¿¡Por qué solo queda una!? —Starscream clavó los dígitos en su casco con desesperación, sus ópticos azules contemplando horrorizados la única cápsula que aún quedaba, así como los espacios vacíos donde anteriormente se encontraban las demás. Megatron contempló por algunos nanokliks la inmensidad de los espacios vacíos, y luego dio un vistazo a la terrible angustia de su segundo al mando, solo para después mirar hacia la puerta bloqueada.
Ahí fue cuando tomó su decisión.
—Starscream. —Megatron colocó ambos servos sobre los tensos hombros del contrario. Tras pronunciar únicamente la primera palabra, se detuvo, teniendo la sensación de que algo se había atorado en su módulo de voz, algo que le impedía terminar de dar la siguiente orden. —Revisa el estado de la cápsula, por favor.
—¿Qué? —Primero se mostró confundido; no obstante, una vez comprendió esas palabras, la implicación de estas lo golpeó con fuerza y empezó a negar; lentamente al principio, con vehemencia después. —No... no, ¡no! ¡No, no, no! ¡Si usted cree que yo-! ¡Que lo voy a-! ¡NO! ¡USTED ESTÁ LOCO SI CREE QUE LO DEJARÉ AQUÍ! ¡ANTES MUERTO!
—¿¡DÓNDE ESTÁN!? —La voz del temible Autobot sirvió como recordatorio de la razón por la que estaban en esa sala. Starscream seguía renuente a dejar a Megatron a su suerte para escapar, pero este último no deseaba ver al seeker siendo ejecutado de alguna forma horrible por lo que, sin más opción, usó su servo para tomarlo como si de un juguete se tratara y se dirigió a la consola para abrir y activar la cápsula. —No me dejas otra opción...
—¡Suélteme! Si hace esto, jamás se lo voy a perdonar. ¿¡Me oyó!? ¡JAMÁS! —Los gritos de Starscream se volvían más desesperados, y no sabe si fue una ilusión suya, pero Megatron casi pudo percibir cómo se le quebró la voz al pronunciar esa última palabra. —Bien. No me perdones, igual lo haré.
Gracias a un rechinido metálico ambos Decepticons supieron que la cápsula ya estaba lista para ser abordada. Starscream seguía retorciéndose, soltando maldiciones e insultando a su superior de todas las formas posibles en un vano intento de hacerlo cambiar de opinión. Ni siquiera cuando fue lanzado al interior de la estrecha cápsula dejó de soltar los insultos, ahora mezclados con un agudo y desagradable llanto, el cual contradecía sus palabras hirientes.
—¡Derriben la maldita puerta! ¡No los dejaremos escapar! —La orden de Ultra Magnus resonó con fuerza dentro de los receptores auditivos del líder Decepticon, quien ahora escuchaba además el constante golpeteo que intentaba con insistencia el llegar hasta ellos. Errático, comenzó a teclear en la consola para ejecutar la secuencia de lanzamiento, en contra de los mejores deseos de Starscream, quien seguía insistiendo en quedarse a pelear junto a él.
—Por favor, por favor no... —Para este punto, los golpes del seeker eran suaves, silenciosos, como si cediera a la resignación. —No quiero dejarte, no me hagas dejarte aquí.
—Nos volveremos a ver. —Megatron dijo esto como una garantía, sin un "tal vez" o un "intentaré hacerlo", pura decisión a cumplir con esa promesa. Starscream recobró la fuerza de hace rato, como si esas palabras solo alimentaran su indignación. —¡Ellos te matarán, imbécil!
—Ja… hablas como si los fuera a dejar. —Con esas palabras, el mech plateado usó su servo protésico para golpear el botón rojo e iniciar la secuencia.
—Eres un- ¡déjame salir, Megatron! ¿¡Se te quemó el procesador o qué!? —Una vez más, los golpes al pequeño cristal de la puerta de la cápsula se escucharon con insistencia, pero no había vuelta atrás.
Cuenta regresiva para lanzamiento de cápsula de emergencia.
10...
—Sácame de aquí, ¡no puedes hacerme esto!
9... 8... 7...
—¡GOLPEEN MÁS FUERTE!
6... 5...
—Estaré bien. Cuando salga de aquí, lo sabrás.
4... 3... 2...
—¡Cancela el lanzamiento!
1...
—No.
Iniciando lanzamiento...
Megatron hizo una seña con dos de sus dígitos hacia Starscream, a forma de despedida. No mucho después, la puerta finalmente fue derribada, y el mech plateado dio la espalda para enfrentar a las tropas que lo acorralaron en apenas unos nanokliks. El Seeker seguía gritando conforme la cápsula se alejaba a toda velocidad, hasta que de la estación espacial no quedó ni rastro.
Al terminar de alejarse y ponerse en curso hacia el próximo planeta, la cápsula activó el piloto automático. En el suelo, Starscream sollozaba, rodeando con los brazos su propio cuerpo.
¿Por qué? Ellos habían estado juntos los últimos milenios tras la guerra, ¿por qué abandonarlo ahora? ¿¡Por qué!? En ese momento sentía que iba a explotar, todas sus emociones se acumulaban y emergían con violencia hasta desbordarse.
—¿¡Por qué no me resistí más!? —Dio una patada a la desgastada puerta, luego otra y otra. —¿¡Por qué no me dejó quedarme!? ¿¡Por qué se quedó él!? ¿¡Por qué!? —Los furiosos cuestionamientos ni siquiera tenían sentido. Él sabía las respuestas, las sabía muy bien, pero se veía incapaz de pensar con claridad en esos momentos. —No quiero estar solo de nuevo...
(...)
Colonia Autobot "Nebulos". Cinco años después...
Tras la destrucción de Cybertron, y la dispersión de todos los activos de ambos bandos por la galaxia, una batalla a mayor escala comenzó: los Autobots, valiéndose de su legitimidad al ser liderados por un Prime, pronto se apoderaron de muchas de las antiguas colonias que databan de la ya mítica Era Dorada. Si al llegar los habitantes se resistían, serían sometidos; si los que se resistían eran Cybertronianos, directamente se les ejecutaría por traidores. Fácil y rápido, cualquier cosa que involucre crueldad extrema se resumía así para los terribles Bots.
Nebulos, específicamente, era un caso particular. Como uno de los primeros planetas que formaron parte del brutal proyecto colonial Cybertroniano, los habitantes originales fueron masacrados hasta el exterminio, un suceso ocurrido hace tanto tiempo que solo quedaba constancia de aquel genocidio gracias a algunos registros históricos escondidos en el archivo del planeta el cual, al igual que su homólogo Iaconiano, tenía el acceso fuertemente restringido.
Ahora que lo veía de esa forma, a Starscream no le resultaba para nada extraño que las demás especies les hayan tenido tanto miedo cuando se las encontraron por primera vez al huir de Cybertron; “La plaga robótica” así es como les llamaban.
Pero bueno, dejando eso de lado, tras el desastroso escape de la estación espacial, él llevaba un tiempo habitando uno de los barrios bajos de la capital de Nebulos, ganándose la vida gracias a un pequeño taller donde ofrecía sus servicios de reparación y reprogramación de distintos aparatos. El pequeño departamento donde vivía era, por mucho, más incómodo que su antiguo y algo lujoso hogar en Vos, pero muchísimo mejor que el asfixiante hacinamiento de los campos de refugiados en Kaon o Tarn, así que no tenía muchas quejas al respecto.
Claro que, al estar en un planeta repleto de Autobots, un Decepticon como él debía ocultar cualquier señal de que lo era, lo cual incluía la insignia de su pecho. Jamás se la quitaría, siendo que el mismo Megatron en persona se la había conferido cuando se unió a su causa, pero debía esconderla bien por su propia seguridad. Si es que Primus no lo odiaba aún, fue su obra y gracia lo que le ha permitido pasar desapercibido en este pozo de muerte.
—¡Ya está! Bienvenido de vuelta eh... ¿AA-Tron? ¿En serio? Los Autobots no tienen nada de creatividad. —Uno de sus más complicados proyectos se trataba de la reprogramación de un Autotrooper que algunos mechas de dudosa reputación le habían regalado como un “agradecimiento” por sus servicios. Starscream pasó vorns enteros tratando de aplicar ingeniería inversa al dichoso código, hasta que al fin lo consiguió y el renovado bot entró en línea, listo para una existencia un poco menos violenta (o, al menos, esas eran las intenciones del Decepticon).
Dando un par de vueltas alrededor de la camilla, él contempló su trabajo con orgullo. No era lo mejor, y un programador más experimentado pudo haber completado esto en cuestión de meros ciclos solares; sin embargo, para alguien que aprendió sobre ese tipo de código a través de métodos poco ortodoxos mientras peleaba una guerra, el resultado lo dejó bastante satisfecho. El otro lo miraba con aparente curiosidad, sin moverse, entonces fue ahí que Starscream notó que seguía atado a la camilla y rápidamente se le acercó para liberarlo.
—¡Ups! Olvidé eso, ah… ¿AA-Tron? ¡Agh! Ese nombre es de verdad estúpido. Sin ofender. —El Trooper no le respondió, simplemente ladeó su casco sin entender mucho de lo que él decía. —¿Sabes? Tal vez deberíamos darte un nuevo nombre, uno digno de un Decepticon. Te pondría también nuestra insignia, pero no creo que eso sea conveniente por ahora.
—¿Se me proporcionará una nueva designación? —Las emociones en la voz del otro resultaban ser inexistentes, pero Starscream se mantuvo positivo y asintió animado. —¡Claro! Aunque no tengo muchas ideas… ¿de casualidad puedes transformarte?
Él procesó por algunos nanokliks la pregunta de Starscream, y fue ahí cuando lo hizo: una hermosa avioneta se desplegó ante sus ópticos, no tenía colores más allá del típico púrpura y verde que caracterizaba a todos los bots como él (¿era un “él” siquiera? Tal vez debería preguntarle y no asumir). Tras observarlo durante una cantidad de tiempo sin especificar, Starscream notó cómo en su procesador se escribía el nombre perfecto para el Autotrooper.
—Aileron. —Dijo, recordando así a la vivaz y alegre novata a quien instruyó durante su formación en la Academia de Vuelo de Vos, hace mucho tiempo, cuando aún era el honorable comandante de la Fuerza Aérea Cybertroniana. Grande fue su desilusión cuando se la encontró por primera vez tras iniciar la guerra: ella, con su característica jovialidad, estaba peleando junto a los Aerialbots; los temibles seekers afiliados a los Autobots, mientras atacaba sin piedad a los que alguna vez fueron sus compañeros de tríada, jurando completa lealtad y obediencia a Optimus Prime.
El nombre, ahora manchado por ese amargo recuerdo, le causó una sensación desagradable. Conteniendo el llanto que amenazaba con salir, desvió la mirada.
—Oh Primus…
—¿Pasa algo, señor? —Starscream volvió a ver al bot, quien se había transformado de vuelta a su forma principal, sintió ese bloqueo en su módulo de voz mientras intentaba explicarse. —Y-yo… recordé… recordé algo, pero no te preocupes, no es importante.
—Si la designación le causa estrés emocional, puedo intentar proponer una por mi cuenta. —Sugirió el bot, sus palabras saliendo en la misma voz monótona que había utilizado anteriormente. —No obstante, el conocimiento al cual tengo acceso es limitado y mis archivos de memoria están corruptos.
—¿Qué…? —Starscream reaccionó confundido, para luego dibujar una sonrisa tensa, sacudiendo las manos a manera de negación. —¡N-no! Se trata de tu nombre, que mi eh… “estrés emocional” no influya en tu decisión. Después de todo, intenté quitar todos los bloqueos de tu código para que tengas tanto libre albedrío como sea posible.
—Hmmm… —Si en el diseño de este se hubiera considerado ponerle un rostro, Starscream podría ver una expresión pensativa. Al no ser este el caso, simplemente ladeó el casco antes de responder. —En ese caso, considero adecuada su propuesta para mi nueva designación, señor.
—¡Perfecto! Entonces tu nuevo nombre es Aileron, ¿ok? —Antes de que Aileron pudiera responderle, un fuerte sonido de estática interrumpió la conversación. Apenas se recuperó del sobresalto que el ruido le causó, dirigió su mirada hacia la fuente.
—La radio… —Starscream se acercó al aparato lentamente, intrigado. Recuerda haber robado esta radio de los objetos confiscados a Decepticons que se habían logrado esconder en Nebulos; Decepticons quienes, si no habían escapado apenas pudieron, fueron ejecutados, probablemente mucho antes de que él siquiera aterrizara.
Negó con su casco varias veces, intentando ahuyentar esos pensamientos para concentrarse en la estática de la radio. «Esto, esto es imposible. Debo estar soñando…» pensó, pero eso era posible, y no estaba soñando. Eso significaba que Megatron estaba…
—¿Sucede algo, señor? —Hizo caso omiso a las palabras de Aileron cuando empezó a ajustar las perillas del aparato para recibir la transmisión, una esperanza que había muerto antes de emerger, solo para volver a inundar su chispa. Megatron estaba vivo, él cumplió su promesa y sobrevivió.
[Bzzzt] … Llamando… Decepticons… [Bzzzt] … Planeta… Sistema…
Starscream comenzó a desesperarse cuando la estática no terminaba de desvanecerse. ¡Había reparado esta cosa hace menos de dos ciclos!
—Maldito aparato… ¡funciona de una vez! —Gracias al cuestionable pero casi infalible método de golpear la radio, esta comenzó a funcionar nuevamente, y el mensaje completo, enunciado en un marcado acento Kaoniano, se escuchó.
[Llamando a todos los activos. Oficial de Telecomunicaciones Soundwave reportándose por el canal seguro de la Radio Decepticon. El comandante Megatron solicita encarecidamente a todos los Decepticons que puedan escuchar este mensaje dirigirse al planeta Tierra, tercer planeta perteneciente al sistema solar #546 ubicado en el brazo de Orión. Repito, llamando a todos los activos…]
Pronto, este comenzó a repetirse en bucle, probablemente para que llegara al mayor número de aliados posible; sin embargo, no era eso en lo que el seeker estaba pensando.
—El brazo de Orión… eso suena bastante lejos. —La astronavegación nunca ha sido el fuerte de Starscream. Desde que perdieron a Trypticon por culpa de los Autobots, él tuvo que aprender lo básico sobre pilotear una nave junto a Megatron, cometiendo muchos errores en el proceso; ahora estaba solo, y jamás lo diría en voz alta, pero sentía una profunda vergüenza al considerar sus habilidades insuficientes para llegar a la Tierra.
¿Y ahora qué?
—¡Señor Starjet! ¡Vine por mi pedido! —Aileron miró a Starscream cuando la voz de una cliente se escuchó del otro lado de la puerta metálica, y el posterior pánico de este último para apagar la radio y colocarse su capa corta, cuya tela le cubría la insignia del pecho. —Ah… d-deslice su número de pedido por la ranura del correo. En un momento la atiendo.
De inmediato, una tarjeta con el número 564 fue deslizada por la susodicha ranura. El Seeker la observó por algunos segundos y luego volteó hacia una mesa llena de artefactos ya reparados, todos junto a una tarjeta con un número escrito.
—Aquí está. —Murmuró cuando un objeto cúbico, un refinador portátil de energon, captó su vista. De forma algo mecánica, colocó el refinador en una caja, la cual luego cerró y deslizó por una ventanilla sin cristal, solo para después recibir una notificación en el monitor de su computadora:
“Has recibido una transferencia de 4500 créditos”
—¡Gracias, señor! —Escuchó la voz de la mech, para luego escuchar el sonido de pasos alejándose a paso firme, mirando la pantalla con cierta desilusión. Si ella supiera, si todos supieran, quién era él ¿seguirían tratándolo con ese respeto? Starscream dudaba de ello, dudaba de que le dirigieran la palabra siquiera; se quedarían sin palabras del profundo asco y desprecio que sentirían. Entre tanto, Aileron se acercó cuidadosamente al que veía como su guardián y le tocó el hombro, haciéndolo sobresaltar. —¿Qué sucede?
—¿Se encuentra bien? Lo veo… perturbado. —El Seeker sintió esa ola de completa desesperanza que lo azotaba cada tanto. —Estoy bien, Aileron, no te preocupes.
—Sabe, señor, he estado pensando… —El Autotrooper comenzó a hablar, jugando con sus dígitos nerviosamente. Starscream lo miró por algunos nanokliks, sintiendo la anticipación de lo que estaba por decir; Aileron se acercó y le dirigió una mirada analítica, como si intentara decirle algo. —Usted es un Decepticon, ¿verdad?
En ese momento, fue como si el mundo se detuviera para ambos. Starscream sabía que eventualmente el bot se daría cuenta de ese hecho, la insignia roja en sus placas pectorales ya era lo suficientemente reveladora, pero eso no diluyó el sentimiento de preocupación y angustia en su chispa.
—Logré acceder a algunos archivos de mi memoria. —Aileron caminó alrededor del Seeker, observando detenidamente, sus manos de tres dedos entrelazándose. Cada detalle del otro fue captado por la curiosa mirada del bot, quien continuó con su relato conforme los archivos se descomprimían para luego reproducirse en su procesador. —Mi antigua programación identificó que usted es la mano derecha del mech conocido como “Megatron” y por ende, un peligroso enemigo para quienes me construyeron.
—Ah… ¿e-en serio? —Starscream se alejó del otro lentamente, dirigiendo uno de sus servos hacia su espalda, donde se encontraba un par de espadas montadas en forma de equis. Aileron se dio cuenta de esto, por lo que no intentó volver a acercarse, y en su lugar miró hacia otro lado. —No obstante…
Por unos momentos, él no dijo nada, como si analizara sus siguientes palabras con extremo cuidado. Ya no estaba limitado por las líneas de código Autobot asediando su módulo cerebral, pero la información sobre Starscream que ahora fluía libremente en su procesador resultaba, cuanto menos, intrigante.
Comandante aéreo y Segundo al mando de la armada Decepticon. Un mech clasificado por los Autobots como “peligroso e impredecible” y reconocido por su lealtad, tan absurda como absoluta, hacia el comandante supremo de los Decepticons, nadie más que el mismísimo Megatron. De acuerdo a los pocos registros a los cuales Aileron podía acceder, Starscream carecía de la fuerza presente en otros miembros de su facción; sin embargo, esto se compensaba con su velocidad, agilidad y baja tendencia a tener piedad con sus enemigos, al punto que muchos Autobots preferían encontrarse con Megatron en su lugar.
No obstante, estos registros parecían conflictuar con los archivos de memoria que ahora se encontraban presentes en el procesador de Aileron. En estos nuevos archivos, aparecía la imagen de un seeker nervioso, algo impaciente pero amigable, alguien que lo reparó y removió el código dañino de sus sistemas.
Alguien que lo salvó.
—Usted no me considera un enemigo, ¿verdad? —Starscream lo miró por algunos nanokliks, su rostro reflejaba desconcierto. Aileron, por su lado, sintió angustia. —¿Me considera un enemigo?
—¿Por qué lo haría? Tú no me has hecho nada. —Aileron sintió una calidez inundar su chispa. Si pudiera sonreír, sin duda lo estaría haciendo. —B-bueno, yo solo pensé que…
—Aunque odie a los Autobots y tú seas una creación suya, Megatron siempre me ha dicho que el prejuicio envenena. —Inevitablemente, la imagen del líder Decepticon se dibujó en el procesador de Starscream, haciéndolo sonreír. Primus, realmente lo extrañaba. —Cualquier Decepticon puede dar fe del rechazo que muchos hemos sufrido durante milenios por culpa de ideas promovidas tanto por nuestros enemigos jurados, como por las otras especies que consideran a todos los Cybertronianos una plaga. Pero… no podemos dejar que eso nos envenene a nosotros también, ¿o sí?
—Supongo que no. —Aileron no terminaba de entenderlo, pero algo en el enternecedor discurso del seeker le generaba confianza y seguridad, además de esa sensación de familiaridad, como si ya hubiera escuchado discursos así antes. —¿Quieres un poco?
—¿Eh? —El Autotrooper reaccionó confundido, antes de ver el cubo de energon que Starscream le estaba ofreciendo. Energon puro, brillando en un hermoso tono azulado, energon que no podía rechazar. —Oh, claro. Gracias.
Starscream sonrió, algo que no había hecho en tanto tiempo…
—Quería preguntarte algo.
—¿Qué sucede, señor?
—No me digas señor, es raro. Solo dime Starscream. —Aileron ladeó el casco nuevamente, sin entender mucho el porqué llamar “señor” a Starscream sería inapropiado. Iba a preguntar algo al respecto, pero no tardó en descartar dicha opción y volvió a beber de su energon. —Perdón, eh, Starscream.
—No importa. Quería preguntarte si es que me acompañarías en… una misión.
—¿De qué se trata? —Starscream tomó la radio de la mesa cercana, acercándose a Alieron mientras la sostenía. —Quiero que me acompañes a la Tierra.
El Autotrooper reaccionó con sorpresa. Su lógica le dictaba que Starscream lo veía como sus mismos creadores: un objeto, una propiedad desechable y fácilmente reemplazable con un mejor modelo; uno más fuerte, moderno, uno que no pudiera fallar. En lo más profundo de su minúscula chispa, se alegraba de estar equivocado.
—Starscream, yo… —Empezó, su voz sonando dubitativa, el mencionado de inmediato soltó una risilla nerviosa y negó con su casco varias veces. —¡L-lo entiendo! Eres uno de ellos, ¿en qué estaba pensando? Seguro estás abrumado por todo esto, o piensas que eres un prisionero o algo así. No lo eres, por si no quedó claro hace rato-
—Nunca dije que no. —La contundente respuesta de Aileron dejó mudo a Starscream, quien se quedó paralizado en su sitio mientras asimilaba lo dicho por el otro. —Yo… yo sí quiero ir…
—Oh… —Ambos permanecieron en silencio antes de soltar una incómoda carcajada, una que se desvaneció para volver al ambiente tenso de antes. —Supongo que debemos prepararnos para partir, entonces.
Aileron ladeó su casco una vez más, confundido con las extrañas reacciones de Starscream.
