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No te dije la verdad

Summary:

Colin Bridgerton y Penelope Featherington son dos completos desconocidos cuyas madres los empujan casarse entre ellos, Colin esta un poco más reacio a ello ya que hay una diferencia de edad entre ambos y tiene un motivo por el que no se ha casado aún, sus vidas cambian entre secretos, mentiras y verdades ¿Podrán estar en paz después de pasar por todo eso?

Notes:

Hola, antes de empezar, espero que está historia te guste y le tengas paciencia a los personajes, van a dar coraje, risa, tristeza asi que preparate, coméntame qué sientes hacia ellos durante todo el proceso y ayúdame a compartirlo 🫶🏻

Quiero que sepas que las personalidades de los personajes tienen una combinación de libros, serie y un toque personal, sus físicos tampoco son iguales a la serie en algunos casos.

Chapter 1: Encuentro Tormentoso

Chapter Text

La noche no comenzó con un simple contratiempo, no era una lluvia poética ni una llovizna romántica de las que se leen en las novelas; Era una tempestad colérica, el cielo sobre Mayfair parecía haber colapsado, el viento soplaba con una saña casi personal, castigando la estructura de madera del carruaje de las Featherington y que a su vez estaba exasperando a cierta dama.

​Dentro, Penelope Featherington permanecía envuelta en su capa de terciopelo verde musgo, observando cómo las gotas descendían por el cristal empañado, con una paciencia casi inexistente, justo cuando estaban a minutos de llegar a su nueva residencia, el destino había decidido que el eje de la rueda trasera debía suicidarse, el carruaje se detuvo con un crujido seco, inclinándose como un animal herido en mitad de la oscuridad.

​-Es el fin, señorita Penelope, moriremos aquí, congeladas y olvidadas, nadie nos encontrará hasta que seamos estatuas de hielo -sollozó Rae, su doncella, cuya voz temblaba con un pánico genuino mientras el frío empezaba a colarse por las rendijas como un invitado no deseado.

Penelope suspir, apretando la capa contra su pecho no queria parecer asustada frente a su doncella que de por si ya era un poco dramática -No digas eso Rae, siempre eres tan nerviosa, al menos el techo no gotea..... todavía.

​-¡Pero está oscuro! ¡Y hace frío! Su madre ya debe estar en la casa nueva preguntándose por qué tardamos tanto -Rae se asomó por la pequeña ventana, apartando la cortina con dedos temblorosos, de pronto, sus ojos se iluminaron bajo la luz de un relámpago -¡Señorita! ¡Fango! ¡Farolas! ¡Se acerca un carruaje!

Penélope se inclinó hacia adelante, dos luces parpadeantes cortaban la cortina de lluvia, a medida que el vehículo se acercaba, el resplandor de sus faroles de plata reveló un escudo de armas pintado con maestría; una "B" entrelazada con laureles y una abeja de oro.

​-¡Los Bridgerton! -gritó Rae con un júbilo casi religioso -¡Son los Bridgerton! Mi señora, su madre dijo que íbamos a vivir frente a ellos, son la familia más ilustre y amable de la ciudad ¡Estamos salvadas!

​Sin esperar órdenes, Rae abrió la puerta del carruaje averiado, desafiando la tempestad, el viento le arrebató el aliento, pero ella agitó los brazos con desesperación, el carruaje Bridgerton, una pieza de ingeniería perfecta que parecía flotar sobre el lodo, redujo la marcha con una elegancia insultante hasta detenerse por completo.

​Rae corrió hacia el cochero, quien la miró con una mezcla de lástima y asombro desde lo alto de su asiento empapado.

-¡Por favor! -suplicó la doncella -Mi señorita está varada, el eje se ha partido y el frío la está matando, vamos justo a la casa que está frente a la mansión Bridgerton ¡Somos sus nuevas vecinas!

​El coche avanzando con gravedad, se inclinó hacia la ventanilla trasera y susurró la situación, tras unos segundos de un silencio tenso, el coche le hizo una seña a Rae.

-Suban rápido -ordenó el hombre.

​Rae regresó al carruaje y cubrió a Penelope casi por completo con una capucha adicional del mismo color -Venga, milady, han aceptado llevarnos pero...... no baje la guardia por favor.

Penelope subió los escalones del carruaje Bridgerton con la cabeza gacha, al entrar, el cambio fue brusco; el aroma a lluvia y barro fue reemplazado por el perfume del lujo, una mezcla embriagadora de cuero viejo y papel de alta calidad, pero lo que realmente llenaba el espacio no era el aroma, sino la presencia del hombre sentado frente a ellas.

​Rae entró detrás de ella y al levantar la vista, su rostro pasó de la alegría al terror absoluto, se pegó a la portezuela como si quisiera fundirse con la madera, no sabia si debía sacar de ahí a Penélope, no sabia si era peor quedarse en el carruaje o estar bajo la fría lluvia, ella si conocía a cada Bridgerton, era parte de su trabajo saber por quienes estaba rodeado de su señorita.

«Oh, no»  pensó Rae con un nudo formándosele en el estómago  «de todos los Bridgerton que podía haber ocupado ese carruaje... tenía que ser él»

No era el caballeroso vizconde Anthony ni el encantador señor Benedict.

Era Colin Bridgerton.

Y hasta en los pasillos de servicio se hablaba en voz baja de él; se decía que años atrás había existido un compromiso roto del que nadie conocía realmente la historia, solo fragmentos incómodos, silencios repentinos y rumores que cambiaban según quién los contara, algunos aseguraban que tenía un temperamento terrible; otros, que simplemente había algo extraño en él.

Lo único que parecía saberse con certeza era que, a sus veintinueve años, Colin Bridgerton rara vez sonreía... y que detestaba la compañía femenina.

​Colin ni siquiera se movió, estaba sentado con los brazos cruzados y el ceño tan fruncido que parecía una cicatriz permanente, su mirada estaba fija en la ventana, ignorándolas como si fueran muebles incómodos, odiando ser ese tipo de héroe para las mujeres pero tampoco era tan cruel como para dejarlas en esa tempestuosa lluvia.

​-Buenas noches....... señor Bridgerton -saludó Rae con un hilo de voz.

​Él no respondió, el carruaje se puso en marcha y solo entonces, Colin giró la cabeza con una lentitud deliberada y entonces, el tiempo se detuvo.

Penélope levantó la mirada para reconocer a su salvador, en ese preciso instante, la luz de la luna barrió el interior del carruaje, iluminando su rostro.

Colin sintió que el mundo se inclinaba, sus ojos se clavaron en ella y por un segundo eterno, su mente se quedó en blanco, se quedó atónito, no era sorpresa; era impacto, observaba la piel de porcelana donde algunas gotas de lluvia brillaban como diamantes, los labios finos y apretados, unos ojos azules tan inmensos y lúcidos que parecieron desnudar su propia amargura, por ese segundo que parecía no terminar nunca, el hombre se quedó allí, abrumado por la visión de esa joven que parecía un ángel caído en desgracia, no era solo una mujer; Era una visión, su cabello rojo, apenas visible bajo la capucha, brillaba como brasas en la oscuridad, Colin, el hombre que se creía inmune a la belleza femenina se sentía perdido por una fuerza que no pudo nombrar.

​Pero entonces, el hechizo resistió lo que duraba un suspiro, su cinismo volvió como una armadura, su rostro se endureció, transformando su asombro en una mueca de irritación.

​-¿Qué fue lo que ocurrió exactamente? -preguntó Colin, su voz era aspera con falta de cualquier cortesía -es una imprudencia que raya en la estupidez que una dama esté sola en un camino así con este clima.

​Rae comenzó a balbucear siendo intimidada por aquel caballero pero Penélope, no bajó la cabeza.

​-¡Oh, muchas gracias por su bienvenida tan cálida, señor Bridgerton! -interrumpió Penélope con una elocuencia chispeante que hizo que Colin parpadeara incómodamente -realmente es usted un caballero muy oportuno, aunque veo que su hospitalidad incluye un manual de juicios morales. ¿Suele interrogar a todas las personas que rescata de morir congelados o solo a nosotras nos dio el privilegio?

Colin quería hablar pero la dama que tenía al frente y cuyo nombre no sabia no le daba ni la oportunidad de decir una vocal, ella continuo hablando -verá, mi madre se adelantó, el carruaje decidió que no quería seguir trabajando y yo no sabía que para ser salvada necesitaba una invitación firmada y un clima soleado, de haberlo conocido, habría preferido quedarme a discutir con la lluvia; al menos ella no me mira como si fuera un error de cálculo.

​Colin ahí se quedó mudo, la chica hablaba... demasiado, sus palabras fluían como un río desbordado, llenas de una energía que chocaba violentamente con su deseo de soledad además con su sonrisa de satisfacción lo estaba insultando sin decir ningún insulto en verdad.

​-Habla usted demasiado para ser una dama -sentenció Colin, clavando su mirada en ella con un recelo casi magnético -el silencio suele ser una virtud que se aprecia en su sexo.

​-Y la amabilidad debería ser una virtud en el suyo -replicó ella, arqueando una ceja -pero veo que ambos hemos decidido dejar nuestras virtudes de género el día de hoy ¿Es usted siempre así de alegre u otros días mira a las personas aún peor?

​-¡Milady, por favor! -susurró Rae, aterrada -Señor Bridgerton, perdone a mi señorita... es que tiene solo diecinueve años, es joven, está en plena juventud y los nervios la hacen...... elocuente.

​Colin se tensó -¿Diecinueve? -Repitió la palabra como si fuera un insulto, ​​la miró de nuevo, automáticamente, la admiración que sintió segundos antes, esa belleza que lo dejó sin hablar se transformó en un profundo desdén, no era una mujer; era una niña.

Una niña ruidosa y llena de una alegría infantil que le resultaba ahora irritante  «es una niña, una niña parlanchina, aniñada e impertinente»  pensó, el impacto de su rostro se desvaneció frente al fastidio de su personalidad.

​-Eso lo explica -dijo él, volviendo la vista a la ventana -es solo una niña que no sabe cuándo guardar silencio, un adulto deverdad....... -añadió, inventando una regla sobre la marcha -no debe sonreír sin un propósito serio, la risa constante es señal de una mente superficial uno debe ser más realista, supongo que a cierta edad aún no se aprende eso.

Penélope no estaba feliz, a ella le gustaba mucho su alegría no tenía que ver con su edad, ella era así; por más agradecida que estaba pensado  «¿porque tengo que aguantar que alguien y más un alma más vieja de la que aparente en verdad me diga cómo tengo que ser?»«este hombre ni tuvo los modales de decirme su nombre»

- Entonces usted debe de ser el hombre más profundo de Inglaterra -replicó Penélope -porque dudo que haya sonreído desde el siglo pasado, que triste debe ser su vida si necesita un motivo burocrático para no ser......así -respondió Penélope, mirándolo de arriba hacia abajo luego cruzo los brazos y miro hacia otro lado.

​El resto del viaje fue un duelo de silencios cargados de electricidad, Penélope pensaba que él era tan guapo con su cabello ondeado y sus ojos verdes pero eso contrastaba con lo que parecía ser un monumento a la arrogancia que él tenia; Colin estaba convencido de que acababa de subir a bordo de la criatura más irritante de todo Londres.


​Cuando el carruaje se detuvo frente a la nueva casa de los Featherington, la lluvia se había calmado un poco, pero el ambiente dentro seguía bajo cero, Colin cayó primero, por mera inercia social y educación de años, extendió su mano para ayudarla a descender.

Penélope lo miró, miró su mano -grande, fuerte y firme -y luego lo miró a los ojos, con un gesto de absoluta independencia, ignoró su ayuda y saltó del carruaje por su cuenta, manteniendo su capa bien cerrada.

​-Muchas gracias por el transporte, señor Bridgerton eso si se lo agradezco deverdad pero......-dijo ella con una cortesía afilada -espero que su próxima pasajera sea una estatua de mármol, para que así nadie interrumpa su preciado silencio y encaje en sus requisitos de dama -​Se dio la vuelta y caminó hacia su casa seguido por una Rae que hacía reverencias de disculpa en cada paso y decía que debía mandar otro carruaje a rescatar el malogrado en el camino.

​Colin se quedó de pie junto a la portezuela, viendo cómo esa figura envuelta en verde desaparecía tras la gran puerta principal de la casa de enfrente y luego se fue a pie a antigua casa.

​-Qué chica tan fastidiosa -murmuró para sí mismo, negando con la cabeza -gracias a Dios vivo en Bloomsbury y no en casa Bridgerton, con un poco de suerte, nunca más tendré que volver a toparme con esa niña ruidosa.

Pero el destino a veces es terco y nada amable por lo que en ese breve y desastroso encuentro, este se había reído de los planos de Colin, sus caminos no se habían cruzado por accidente; se habían anudado para siempre bajo la lluvia de Londres incluso antes de saber el nombre del otro.