Work Text:
La espera había sido larga. Hermione aún sentía en la boca el sabor de la hoja de mandrágora que había llevado bajo la lengua por todo un mes. Después de eso no había sido problemático recitar el hechizo diariamente. Lo fastidioso había sido la espera para que por fin esta noche de tormenta eléctrica llegara.
Salió con cuidado de su habitación y fue al único lugar que le parecía seguro para lo que estaba por hacer. El baño de prefectos.
Respirando profundo, recitó el familiar hechizo, mientras sentía el pequeño latido al lado del sonido de su propio corazón.
- Amato Animo Animato Animagus
El dolor que sintió la llevó a caer al piso de rodillas. Cerró los ojos y apretó los dientes, intentando no gritar. Sintió que sus huesos se derretían y reformaban. El frio del ambiente la estremecía y, cuando no pudo resistir y se permitió gritar, el sonido que escuchó fue un agudo y peculiar aullido.
Estaba mareada pero el dolor ya había reducido, sólo le quedaban pequeños temblores recorriendo su cuerpo. Al abrir los ojos, el mundo era el doble de grande. Podía sentir el aroma del agua, del jabón residual, incluso el aroma metálico de las tuberías. Pesé a la obscuridad, podía ver todo con una claridad impresionante y abrumadora.
Hermione Granger había desaparecido y en su lugar estaba una criatura con orejas copetudas y una cola con mechón, similar a la de los leones: Un Kneazle. Su pelaje era liso, color marrón rojizo y sus ojos color ámbar, una pequeña criatura que en este momento parecía cargada de pánico y energía.
Hermione trataba de visualizar su forma humana, sabía que eso era fundamental en las primeras horas de la transformación, pero la sobrecarga sensorial no le permitía calmarse. Quería identificar la corriente mágica y revertirla, pero un pensamiento instintivo sobresalía a su pensamiento racional, escóndete. El castillo era enorme, ruidoso con demasiados olores. Finalmente, no pudo resistir más el impulso y saltó por el hueco agrietado de la ventana. Corrió por el costado de la pared de piedra para luego aterrizar sobre los fríos terrenos del colegio, alejándose ciegamente de la imponente figura del castillo. Comenzó a calmarse cuando la sensación limpia del aire frio de los jardines apaciguo sus saturados sentidos. Supo donde se encontraba cuando delante de ella reconoció la silueta del carruaje de Beauxbatons. Notó el aroma de los abraxans y maderas exóticas, ligeramente oculto bajo esos aromas, identificó un aroma más sutil y dulce que llamó su atención.
Una figura estaba sentada en los escalones del carruaje, la luz de la luna apenas y la iluminaba, pero esa cabellera platinada era inconfundible, era Fleur Delacour. Hermione se congeló, las veces que había visto a Fleur en el Gran Comedor, siempre la veía con ese aire de superioridad, emitiendo un aura intimidante. Siempre viendo con desdén todo lo que el antiguo colegio tenía para ofrecer. Sin embargo, en estos momentos, Fleur estaba simplemente envuelta en un grueso echarpe, mientras abrazaba sus rodillas y lloraba silenciosamente. Se veía tan triste y vulnerable que Hermione sintió como su corazón se encogía por ella.
Hermione sabía que debía regresar al castillo, averiguar como volver a la normalidad, pero por otro lado no podía dejar de ver la tristeza de la joven frente a ella. Inconscientemente se había ido acercando a la joven durante su observación. Fleur levanto su rostro rápidamente, levantando su varita y apuntando en su dirección, con los dignos reflejos de una campeona. Sin embargo, la hostilidad duró poco, cuando notó a la pequeña Kneazle.
- Oh. Solo es un petit chaton. - su voz sonaba más suave de lo usual.
Con el susto Hermione se había agazapado, lista para huir, pero Fleur no la ahuyentó de ningún modo, por el contrario, la chica francesa extendió su mano con la palma hacia arriba en su dirección, en un gesto universal. “No te acerque, vuelve al castillo” Hermione se repetía, pero su curiosidad felina fue superior a su razonamiento y se acercó. Fleur olía a mezcla de flores y a algo cálido que Hermione no podía identificar pero que le pareció un aroma supremamente relajante y atractivo.
- Doux minou, te estas congelando- Murmuró Fleur mientras la cargaba. El movimiento súbito, provocó que Hermione, por instinto, se afianzara contra la tela del echarpe que cubría a la chica.
Hermione se recriminaba mentalmente, “Que estoy haciendo? Esto es una falta de respeto, estoy violando su privacidad … ¡Y estoy rompiendo como cincuenta reglas de la escuela!” pensamientos que se vieron interrumpidos cuando, para su gran vergüenza y mortificación, empezó a ronronear. Fleur la acariciaba la cabeza entre las largas orejas, con un toque suave y gentil.
- ¿Tu también estás perdida? – Murmuró Fleur mientras veía la superficie brillante del lago negro – Este lugar es demasiado frío … demasiado obscuro – Su voz se quebró y Hermione levanto la cabeza para observarla. Había una lagrima corriendo por el perfecto rostro de Fleur. – Extraño mi hogar… no debí venir aquí. Extraño a maman… en el verano apenas y pude estar unos días con ella por culpa de los entrenamientos para venir a esta compétition stupide. Pensé que sería emocionante, conocer nuevas países y gente nueva, pero aquí todas las personas han sido frías como este castillo, crueles o chicos tontos que me ven como un objeto de deseo o una curiosidad de zoológico. – las lágrimas ahora corrían más libremente, y Fleur abrazó con fuerza al pequeño Kneazle mientras enterraba su rostro en el pelaje rojizo – Extraño a Gabrielle. Seguramente ella ya te habría adoptado – mencionó entre risitas quebradas por el llanto – Siempre esta recogiendo cuanto animalito cae en sus pequeñas manos.
Un pinchazo de empatía se clavó en el corazón de Hermione. Había juzgado a Fleur por las apariencias y los rumores. Ella había sido una de esas personas crueles que apreciaban a Fleur como una chica vana y vacía. No se le había ocurrido el aislamiento que podía sentir Fleur estando en un país extraño, siendo observada y criticada por desconocidos. Cargando con las expectativas de todo su colegio e incluso su país, dado que esta era una competencia con repercusiones diplomáticas.
- Quiero ir a casa – Volvió a murmurar Fleur, con las lágrimas negándose a detenerse.
Hermione sabía que no tenía derecho a contemplar un momento de tanta vulnerabilidad, pero no tenía el valor de quitarle a Fleur el único consuelo que podía ofrecerle en estas circunstancias. Así que presiono su felina cabeza contra el cuello de la chica mientras en su ronroneo trataba de trasmitirle que todo estaría bien.
Fleur soltó una risita.
- Gracias – Levantó su rostro y secó sus lágrimas, observando los ojos ámbar de su pañuelo de lágrimas – Eres una pequeña muy inteligente ¿verdad? Eres muy buena escuchando- Le sonrió dulcemente y a Hermione agradeció que no hubiera ninguno de esos “chicos tontos” alrededor ya que Fleur nunca se había visto más hermosa.
Después de un último abrazo, Fleur se puso de pie y la depositó en el piso.
- Será mejor que te vayas antes de que ese horrible Filch te vea. - Hermione no necesito escucharlo dos veces, inmediatamente salió disparada hacia el castillo.
Sentía corazón latiendo desbocado dentro de su pequeño pecho y no era precisamente por correr, era porque ahora sabía que la máscara de arrogancia era una protección que la campeona de Beauxbatons usaba para protegerse, y ahora que ella había visto detrás de esa máscara, sentía una desesperada necesidad de conocer más sobre ella.
……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………..
La biblioteca siempre ha sido el santuario personal de Hermione, el único lugar pacífico dónde no sólo podía estudiar, si no que podía organizar sus pensamientos en calma. El día de hoy, sin embargo, el silencio y la paz estaban notoriamente roto por las risillas molestas de un nutrido grupo alumnos de Ravenclaw que obviamente no estaban ahí para estudiar dado que su atención no estaba en la columna de libros detrás de la cuál pretendían esconderse, si no en la solitaria figura sentada en una mesa cercana a la sección prohibida.
Fleur Delacour estaba leyendo un pesado tomo de encantamientos avanzados, o intentaba hacerlo, pero su postura rígida, la manera en que dejaba caer la cortina de cabello rubio platino como un escudo visual entre ella y los molestos chicos y la presión con la cuál sujetaba el libro, manifiesta en lo blanco de sus nudillos, eran evidente señal de que ella tampoco podía concentrarse en sus estudios.
Los murmullos de los chicos iban en aumento hasta que empezaron a apostar entre sí para ver quién de ellos conseguía que la Veela volteara a verlo. Hermione cerró con fuerza su libro reglamentario de encantamientos, haciendo que el ruido corriera como un disparo por la biblioteca y los chicos la voltearan a ver sobresaltados. Fulminándolos con la mirada.
Hermione se acercó a ellos.
- Disculpen. A menos que estén hacen un estudio práctico sobre los efectos del idiotismo en el desempeño académico, les sugiero que se larguen. Lo único que hacen es molestar a todos”
Los chicos enrojecieron y salieron a tropezones. Con la mirada que Hermione les lanzaba, no querían quedarse a averiguar que tan ciertos eran los rumores acerca de los particularmente horribles maleficios que ella conocía.
Por fin el silencio volvió a esa esquina y Hermione suspiró aliviada. Mientras se disponía a volver a abrir su libro, una melodiosa voz la detuvo.
- Gracias - Dijo Fleur. Además del obvio acento, su voz sonaba cansada – Son bastante… persistant-
- No, son insufriblemente groseros – Corrigió Hermione. - Me disculpo. La mayoría del alumnado no es tan horrible. -
Fleur sonrió con tristeza.
- ¿No lo es? – Extendió elegantemente su palma señalando la silla delante de ella. – Siéntate por favor. Creo que eres la primera persona con la que he podido hablar mas de dos palabras sin querer salir corriendo. – Hermione se sentó, sintiéndose súbitamente nerviosa. Mientras más cerca estabas, la belleza de Fleur resultaba distractora, pero eran la intensidad de su mirada la que desbalanceaba a Hermione. Desvió su mirada hacia el libro que Fleur leía. Numerología teórica y gramática
- Esa es lectura avanzada de aritmancia – Dejo salir Hermione – El capítulo sobre los teoremas del caos de Bridget Wenlock es fascinante-
Fleur alzó una ceja sorprendida. Un destello de genuino interés se manifestó en su mirada.
- Así que has leído a Wenlock. Muchas personas encuentran sus teorías demasiado entreveradas, pero la simetría matemática que aplica a sus formulas me parece hermosa en su aplicación. –
- ¡Es hermosa! Permite un balance perfecto entre la intensión y el resultado, prácticamente no da lugar a variables de desastre. Especialmente su aplicación de la regla del siete invertido. - Hermione hablaba con apasionamiento acercándose a señalar los temas en el libro, mientras en el rostro de Fleur se dibujaba una verdadera sonrisa.
Durante las siguientes dos horas mantuvieron una larga conversación sobre aritmancia, las diferencias sutiles pero primordiales en los encantamientos británicos y franceses. Hermione pudo descubrir que Fleur poseía un ingenio agudo y hambre de conocimiento que podía rivalizar con la suya. Era brillante y con opiniones firmes y educadas.
- Ere una persona sumamente interesante Hermione Granger. - Dijo Fleur mientras recolectaban sus cosas, expulsadas por Madame Pince, ya que era hora de apagar las luces. El tiempo había pasado sin sentir para ambas – No había tenida una conversación tan interesante, creo que ni siquiera en Beauxbatons. -
- También lo disfruté – Respondió Hermione con un ligero tinte rosado en sus mejillas.
- ¿Tal vez podríamos reunirnos mañana? para estudiar juntas. - Preguntó Fleur en tono esperanzado
- Claro… eso me gustaría. - Respondió sonriendo Hermione y sintió como su corazón aleteaba cuando vio la sonrisa sincera en el rostro de Fleur.
Hermione salió de la biblioteca caminando sobre nubes, no podía contener su emoción al pensar en mañana.
Cuando ya estaba por llegar a la entrada de Gryffindor, sintió el palpitar aumentado del pequeño corazón junto al suyo y la sensación de calor discurriendo por sus venas. La magia, no autorizada, por cierto, que había hecho aún era caprichosa y parecía estar reaccionando a su estado emocional.
- No, no, por favor… ahora no. - A trompicones logró entrar al pasadizo derrumbado detrás de un tapiz cercano.
El cambio fue mucho menos dolorosa y tardado que la noche anterior y cuestión de segundos, el pequeño Kneazle se asomaba cautelosamente detrás del tapiz. Sabía que, si se quedaba ahí, Filch o cualquier profesor la encontrarían y estaría en serios problemas. Así que, sumo sigilo, camino por los corredores hasta el patio del reloj, sólo necesitaba calmarse y podría revertir a su estado humano.
Escuchó voces que venían desde su lugar de destino.
- Por favor, sólo es un paseo – Decía una voz masculina, arrastrando un poco las palabras. Sus orejas giraron en dirección al sonido, y asomó la cabeza con cuidado desde detrás de una columna para ver quienes estaban ahí.
Un Slytherin de sexto año estaba delante de Fleur que se encontraba arrinconada contra la pared cerca de la fuente. Se veía cansada y molesta y, la manera en que su mano lado estaba posicionada indicaba que la única razón por la que este chico no estaba empotrado del otro extremo del patio como resultado de un hechizo, era porque Fleur quería evitar ser responsable de un conflicto diplomático.
- Dije que no. - Respondí gélidamente. - Hazte a un lado – El chico rodó los ojos y bufó
- Para que hacerte la difícil. Todos sabemos que las criaturas como tu solo quieren atraer la atención. – El chico se dispuso a tomarla del brazo, pero un gruñido grave lo detuvo.
La furia qué Hermione había sentido contra los chicos de la biblioteca era nimia en comparación a la furia salvaje que sentía en este momento, la necesidad de proteger la impulso a moverse antes que el pensamiento terminara de formarse en su cabeza así que, con un aullido de furia, se lanzó desde las sombras contra el Slytherin. Era un borroso torbellino de pelaje marrón rojizo y garras. Ninguna parte del chico estaba a salvo, la túnica ya estaba hecha jirones, las rasgaduras en sus manos y rostro eran profundas y el no podía mas que tratar de cubrirse desde el piso.
- ¡Quítenmelo! ¡ayuda! - Cuando Hermione por fin se retiró del chico caído fue sólo para posicionarse enfrente de Fleur, con la espalda arqueada y bufando amenazante
El chico se fue corriendo, decidiendo que su dignidad no merecía exponerse a la ira del demoniaco Kneazle
Fleur dejo escapar una exhalación temblorosa y se dejó caer con pesadez en el borde de la fuente
- Tu otra vez – Susurró contemplando al animalito Ya no quedaba ni huella del agresivo Kneazle de antes, ahora solo estaba una criaturita sumamente dócil que se acerco a ella y dio un golpecito cariñoso contra su rodilla. – Mi pequeña guardiana. - Levantó a Hermione acomodándola en su regazo mientras apoyaba su rostro sobre el suave pelaje e inhalaba el aroma a pino y lluvia que emitía. - ¿Por qué todos aquí son tan complicados?... Bueno, no todos. ¿Sabes pequeñita? Hoy conocí a alguien – Fleur bajó el tono como si fuera una confesión que no quería que nadie más escuchara – Es una chica que conocí en la biblioteca. Ella me ayudó… igual que tú. – dijo dándole un besito entre las orejas. Hermione agradeció como nunca que no había manera de que Fleur notara su sonrojo. – Me parece que es bastarte amable pero también feroz. Y es increíblemente inteligente, podría haber pasado toda la noche hablando con ella sin cansarme. Me hizo sentir que me veía de verdad, que no soy algo bonito que contemplar si no ALGUIEN que merecía su atención, que merecía ser escuchada… Hermione… - Escuchar su propio nombre dicho de una manera tan tierna, hizo que el corazón de Hermione diera maromas. Se sentía muy culpable, eso era cierto. Pero quien podía pensar en eso cuando los brazos de Fleur eran tan cálidos y la envolvía su aroma tan acogedor- Saber cero que ella me agrada… y bastante. Me recuerda que hay bondad, sólo hay que buscarla. .-
Se quedaron así un rato, haciéndose compañía. Fleur acariciaba el pelaje de Hermione, y esta ronroneaba complacida. Eventualmente, con un último beso a su cabeza, Fleur la bajó al pis.
- Es hora de irse mon petit. Mantente a salvo. –
Hermione corrió hasta el baño del segundo piso. Los huesos tronaban mientras la transformación se revertía. Se acercó al lavabo para mojar su rostro y contemplo su rostro enrojecido y su cabello despeinado, pero, más importante aún, su expresión perpleja. Había buscado ser una buena amiga para Fleur, ayudarla como una amiga lo haría, pero, mientras recordaba su aroma y la suavidad de su voz, Hermione tuvo que aceptar para si misma que ya no era amistad lo que anhelaba recibir de Fleur Delacour.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………
Los adoquines de Hogsmeade estaban resbalosos con nieve recién caída, reflejando el brillo ambarino de las tiendas. Para el observador casual, la villa era la imagen misma de un invierno idílico. Para Hermione era como ir caminando por una cuerda floja, simplemente porque a su lado iba Fleur Delacour envuelta en un abrigo azul cielo que parecía conseguir que las corrientes de aguanieve la enmarcaran en la imagen perfeta para una postal, mientras el resto del mundo resbalaba y se enlodaba el dobladillo.
No había nada de raro que dos amigas fueran juntas a Hogsmeade, fue lo que se dijo Hermione para atreverse a preguntarle a la campeona, entre titubeos y un gran sonrojo, si quería acompañarla a la próxima salida al pueblo. Fleur había aceptado con una esplendida sonrisa en su rostro que sólo había servido para que Hermione se sonrojara aún más.
Los susurros empezaron desde el momento en que dejar juntas el castillo. Es decir ¿Quién podía esperar ver a una Gryffindor de cuarto, más aún la mejor amiga de Harry Potter, caminado lado a lado de la campeona de Beauxbatons?
Cuando Hermione vio al grupo de Draco Malfoy acercarse por el camino, gruño por lo bajo y apoyo su mano en el brazo de Fleur, con el pretexto de mostrarle la tienda de ropa, ya que Fleur había mencionado de camino que necesitaba con urgencia una bufanda. Mientras observaban las bufandas de seda del escaparate, Hermione volteaba para todos lados ante el más mínimo sonido. Fleur la observó de lado.
- Estas demasiado tensa Hermione. Pareces mi guardaespaldas en lugar de mi cita. – Dijo con una risita y continuo mirando el escaparate, sin notar el efecto de que sus palabras habían tenido en la petrificada Gryffindor, que ahora hacia honor a los colores de su casa luciéndolos en el rostro.
Durante la siguiente hora, Hermione fue una fuerza de la naturaleza. Totalmente revitalizada y reenfocada, navego por entre la gran cantidad de paseante con agresiva eficiencia, asegurándose que Fleur nunca tuviera que esperar turnos en filas o que alguien la empujara accidentalmente con cualquier pretexto. Le compró a Fleur una bolsa de plumas de azúcar, y escucho con inmutable atención lo que ella le describió sobre los dulces de París.
Claro que, entre charlas y bromas, Fleur también observaba con atención y empezó a notar ciertos detalles en Hermione, como la manera en que pareció contraer ligeramente la nariz cada que alguna corriente de aire le llegaba, permitiendo incluso que en un momento cambiaran la dirección en que caminaban, ya que Hermione milagrosamente sabía dónde estaba el carrito de castañas asadas. También notó las motas color ámbar en los ojos de la chica, que parecían expandirse cuando la luz le daba de frente, haciendo incluso que sus ojos parecieran brillar por momentos.
Cuando finalmente buscaron refugio dentro de las tres escobas, Fleur externó sus pensamientos con cautela.
- Tienes unos ojos… únicos, peculiares. – Hermione ladeo la cabeza, sin comprender, mientras ponía las cervezas de mantequilla en la mesa.
- ¿Te parece? ¿Qué tienen de peculiar? - Tras sentarse y volver su atención hacia su interlocutora, casi se cae de la silla cuando Fleur acerco su rostro, observando a detalle sus ojos.
- Me recuerdan a … - Agito la cabeza, negando, y sonrió. - Es algo tonto. Es sólo que … ¿Alguna vez te han dicho qué hueles como el bosque? A pino y a lluvia, es un aroma bastante reconfortante-
El corazón de Hermione golpeaba desbocado contra sus costillas, podía ver los puntos que la chica francesa pronto uniría. Abrió la boca pensando que decir, cuando una aguda voz la interrumpió. -
- ¡Vaya, Vaya! ¿Una alianza solidaria entre escuelas o algo más escandaloso? – Rita Skeeter ya estaba al lado de su mesa con su pluma de citas rápidas flotando a la expectativa sobre el pergamino.
- Vete de aquí Rita- Dijo Hermione, su voz más grave de lo habitual, y con una tensión palpable, casi ocultando un gruñido.
- Alguien está un poco quisquillosa – contestó Rita con una sonrisa y voz cantarina- Dígame señorita Delacour, ¿Acaso está buscando consuelo en los brazos de la competencia para compensar su soledad? ¿Es una estrategia de seducción el acaparar la atención de la intelectual Srita Granger para quitarle fuerza al señor Potter en la competencia? ¿O es una táctica de espionaje para conocer los secretos de Hogwarts? Se han escuchado rumores de una bestia peligrosa rondando el carruaje de su colegio, ¿Acaso Beauxbatons trajo criaturas peligrosas para decimar a la competencia y asegurar su triunfo? .- Hermione no pudo controlas por mas tiempo su temperamento y reaccione. Golpeo con fuerza la mesa levantándose velozmente, con tal fuerza que la silla callo de espaldas. Si alguien se acercaba lo suficiente podría escuchar reverberar en su pecho el gruñido propio de un animal amenazante.
- Dije. Que. Te. Fueras – gruño Hermione por lo bajo con las pupilas dilatadas.
Rita palideció. Pareció sentir el peligro y reaccionar con el instinto de preservación de un insecto que puede ser pisado por un león y optó por retirarse velozmente.
Las tres escobas regresaron a su ruido usual, pero en su mesa el silencio era pesado. Hermione, aun de pie, temblaba ligeramente, tratando de controlar su lado animal. No podía ver a Fleur a la cara y el instinto de salir corriendo por la puerta era abrumador, hasta que sintió una fría y delicada mano, sujetando su muñeca.
- Hermione – Hablo Fleur con firmeza – Siéntate.
Hermione se sentó nerviosamente estrujando sus manos. Fleur la observaba fijamente, no con ira o disgusto, si no con expresión de análisis y paulatina realización.
- El Kneazle. – murmuró finalmente – El que me consoló cuando estaba llorando por mi familia, y me dejó abrazarla hasta que me calmé. – Hermione apretó los ojos avergonzada.
- Nunca fue mi intención engañarte. La primera noche fue un accidente. Era mi primera transformación y no podía regresar a la normalidad. Se que debí irme, pero… estabas tan triste y, tal vez no era la gran cosa, pero como un gato, podía ayudar. Podía ofrecerte consuelo y desahogo. -
- Escuchaste todo. Cosas que no le hubiese dicho a nadie. Mis inseguridades. – La voz de Fleur temblaba ahora
- Si, escuché. Y guardé cada palabra con seguridad, jamás diría ninguno de tus pensamientos, bajo ninguna circunstancia. - Se defendió Hermione, esperando que sus ojos le dijeran a Fleur que no mentía. -Quería decírtelo, pero después me aterro que me odiaras si pensabas que te estaba espiando o que era una burla. –
El silencio volvió a hacerse presente. Fleur tenía la vista fija en la helada ventana de la calle. Hermione ya podía sentir el excruciante peso del rechazo. Había roto la confianza de la chica y no sabía que decir para recuperarla.
- Tal vez deba irme – Dijo Hermione con voz ahogada, decidiendo que nunca más molestaría a la campeona francesa.
. Te quedaste – Dijo Fleur volviendo a verla. Sus ojos estaban húmedos, pero no había rastro de la ira que Hermione esperaba ver. – La noche junto a la fuente. Atacaste a ese chico como si hubiese sido un dragón en lugar de una criaturita que no pesa mas que un par de libros. - Hermione estaba confundida, casi juraría que eso sonaba a un regaño.
- Te estaba molestando, y te iba a tocar sin tu permiso. – Hermione cruzo lo brazos y frunció un poco el ceño, ligeramente ofendida del comentario de su tamaño – Lo haría de nuevo, como humana o como kneazle.- Alzando la barbilla con un poco de soberbia añadió – Además, mi peso y mi tamaño no impidieron que su uniforme quedara hecho trizas y le quedaran bastantes cicatrices como recordatorio..-
Fleur la estudiaba con la mirada. El engaño dolía, no podía negarlo, pero la intención, la protección y el consuelo, eso hablaba de una gentileza y calidez que conmovían su corazón abrumadoramente.
- Eres una tonta Hermione Granger .- Dijo suavemente mientras una lágrima corría, en discrepancia a la suave sonrisa que adornaba su rostro. Hermione no sabia si ofenderse o no, pero dejó de preguntárselo cuando Fleur tomo la mano de Hermione y la entrelazó con la propia.
- ¿Así que decides hacer magia peligrosa y transformaciones sin supervisión simplemente para consolar a una rival nostálgica? - Dijo en un tono ligeramente burlón, pero sobre todo cargado de cariño.
- No eres mi rival – Contestó tímidamente con una sonrisa – y me gusta más verte feliz.
- Oh vraiment? Entonces tal vez. - murmuró Fleur, levantando las manos entrelazadas y dando un sabe beso a la mano de Hermione. – me puedas compensar con unas cuantas citas más. – Hermione estaba sonrojada hasta las orejas, pero respondió.
- ¿C- cuántas? – Fleur sonrió de manera resplandeciente.
- No lo sé Mon cher… Yo te avisaré cuando sean suficientes. – Fleur le lanzó un guiño y Hermione, no pudo más que ronronear.
……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………
La nieve en torno al carruaje de Beauxbatons estaba incólume, excepto por un pequeño camino de huellas que habían dejado el patrullaje de cuatro pequeñas patas. Diciembre había traído una escarcha mordaz a los terrenos de Hogwarts pero el frío no era impedimento para los esperanzados pretendientes que intentaban solicitar a la campeona francesa que fuera su cita para el baile de invierno. Sin embargo, todos se encontraban con una barrera insuperable.
Michael, un Ravenclaw de sexto, ajustaba su bufanda mientras se acercaba al carruaje con un ramo de violetas en mano. Apenas había logrado llegar a un metro de los escalones cuando un vibrante y grave gruñido lo detuvo. Michael apenas tuvo tiempo de identificar la dirección del sonido cuando un manchón rojizo salió dispara de entre las sobras bajo el carruaje. El Kneazle, mas largo que un gato común aterrizó colocándose entre la puerta y el chico, mientras lo vería amenazador con esos inteligentes ojos ambarinos. Michael palideció, tirando el ramo de violetas. La creatura se lanzó hacia el, más parecía una finta, como si el animal estuviera jugando cn el. El chico se tropezó con su propia túnica antes de salir corriendo hacia la seguridad del castillo.
Desde la ventana escarchada de la puerta del carruaje sonó una risa musical. Fleur Delacour abrió la puerta, ajustando su abrigo mientras contemplaba a la bestia erizada.
- Eres terrible ma petite lionne
Fleur murmuró con un dejo de ternura y los ojos brillando de alegría. El terror que sus compañeros sentían hacia el 'Gato Demonio del Terreno' era para ella una fuente de diversión sin fin. Ella conocía la verdad que los demás ignoraban: la bestia era simplemente una bruja muy celosa y demasiado brillante.
Hermione, se sentó sobre sus patas traseras y miró a Fleur con una expresión de satisfacción engreída. Empujó las violetas olvidadas sobre la nieve con un gesto lleno de desprecio y se retiró con un andar satisfecho, incluso para un gato.
Había pasado la última semana interfiriendo, impulsada por una posesividad primitiva que le resultaba difícil de reprimir incluso cuando era humana. Se acercaba el Baile de Navidad, y la idea de que alguien más llevara a Fleur le hacía cosquillas en las garras. Pero ahuyentar a los pretendientes no era suficiente, aunque Fleur parecía divertirse mucho con ello. Hermione sabía que tenía que actuar. Caminó rápidamente hacia el Bosque Prohibido, encontrando un bosquecillo aislado de árboles para transformarse de nuevo. El crujido de los huesos acomodándose ya le resultaba familiar, una incomodidad necesaria. Cuando Hermione Granger salió de entre los árboles unos momentos después, enderezándose la corbata de Gryffindor, ya no era la guardiana salvaje, era una chica con un plan.
El Patio de la Torre del Reloj estaba lleno de estudiantes disfrutando de la pausa en la nevada. Fleur y unas cuantas de sus amigas estaban sentadas al filo de la fuente. Fleur lucía aburrida mientras un chico de Durmstrang intentaba impresionarla con un encantamiento de levitación.
De repente, el ruido ambiental del patio se apagó. Las expresiones de sorpresa corrieron entre la multitud. Fleur se giró y su aburrimiento desapareciendo al instante.
Un chorro de llamas azules avanzaba en su dirección, provocando que los alumnos se apartaran sobresaltados, pero en cuanto llegó hasta ella, se detuvo y en lugar de quemar, se transformó en cientos de mariposas translúcidas y brillantes que revoloteaban por el aire, pasando por alto a la multitud atónita, y giraban alrededor de Fleur, calentando el aire sin quemar ni un solo hilo de su ropa. Las mariposas comenzaron a danzar juntas en el aire sobre la fuente formando un mensaje brillante: “¿Quieres ir al baile conmigo?”
Hermione estaba en la entrada del patio. No se escondía detrás de un libro ni se apresuraba a clase. Estaba de pie, erguida, con la varita levantada. La Gryffindor avanzó, y la multitud se abrió a su paso. Su corazón latía con fuerza contra sus costillas, sus palmas sudaban, pero sus ojos estaban fijos en los de Fleur. Las motas ámbar en sus iris brillaban, delatando la agitación del Kneazle. Se detuvo a pocos centímetros de Fleur, con la respiración entrecortada.
Fleur miró el mensaje ardiente, luego a la chica feroz y brillante que estaba frente a ella. Vio la tensión en los hombros de Hermione, la manera en que sus dedos temblaban. Parecía lista para lanzar un hechizo a cualquiera que se riera o lista para huir.
- Oui- dijo Fleur, con la voz clara que se oía por todo el silencioso patio.
Un jadeo colectivo recorrió a los observadores. ¿Una estudiante de cuarto año de Gryffindor y la inalcanzable campeona Veela?
Hermione soltó un suspiro, con las rodillas débiles de alivio, pero el instinto posesivo volvió a encenderse al escuchar a un Ravenclaw murmurar algo cerca. Un gruñido bajo y gutural comenzó a subir por su garganta.
Fleur vio el cambio. Vio a la bestia levantarse para defender su territorio. Con una sonrisa, decidió que era momento de calmar a la criatura salvaje.
Antes de que Hermione pudiera lanzar su mirada fulminante a la multitud, Fleur se acercó, colocó sus manos en el rostro de Hermione y estampó sus labios sobre los de ella. No fue un beso cortés ni tímido. Fue un beso ardiente, de posesión, lleno de intención. Un beso que indicaba sin lugar a dudas que ambas chicas estaban reclamadas y fuera del alcance de los presentes.
Hermione se paralizó, con los ojos abiertos de par en par, antes de entregarse por completo al beso, sus manos aferrándose a la seda de la cintura de Fleur, el gruñido muriéndose en su garganta, reemplazado por un ronroneo aturdido.
Cuando Fleur finalmente se apartó, dejando a Hermione sonrojada y sin aliento, pasó un pulgar sobre el labio inferior de Hermione. Las estudiantes de Beauxbatons que estaban sentadas en la fuente soltaban risillas cómplices, mientras que los estudiantes de Hogwarts quedaron mudos de la impresión
- Buena chica. - susurró Fleur, con los ojos brillando y una sonrisa de victoria.
No le quedaba ninguna duda; había domesticado por completo al pequeño Kneazle.
