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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-12-17
Updated:
2025-12-22
Words:
43,464
Chapters:
3/?
Comments:
2
Kudos:
7
Hits:
227

Las que no iban a salir

Summary:

Porque sí iban a salir, pero de otra forma no veía pa' cuando.

Historias cortas ubicadas en el universo de "La vida moral de la pareja ideal", o como se le conoce en el bajo mundo, "El Viejo lesbiano".

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Cosas que los mandaron a terapia

Chapter Text







Antara, JiYong amaba Antara, porque a pesar que desde que se casó y se lo llevaron a vivir Coyoacán, ya no iba tanto como le gustaría, la verdad es que tenía mucho bonito recuerdo de ese centro comercial, ya que era donde iba con sus amigas preparatorianas a echar desmadre y despilfarrar el dinero de sus respectivas familias de alcurnia. Y aunque había decenas de otros lugares en los que se podían reunir para tirar chismecito con su respectiva taza de café, les gustaba ese mall en Polanco porque tenían infinidad de anécdotas, y no había nada más que les gustara a las cuarentonas con hijos, que revivir sus años de gloria, aunque eso las pusiera a lloriquear por culpa de la nostalgia.

Pero ese domingo, JiYong no estaba yendo con sus "perdidas", sino con su numerosa familia. Era la primera vez que todos juntos saldrían a un lugar público con los nuevos integrantes de la dinastía Choi, y la verdad es que se la estaba pasando bomba. Su Gordo no había escatimado en nada, los había invitado a desayunar -aunque lo vio cerrar los ojitos como Cheems, seguramente pensando un "no puemde serm" cuando vio los precios del menú-, ya habían ido a varias tiendas, y en todas salieron con varias bolsas, en fin, estaba de espléndido dejándolos acabarse la quincena sin remordimientos.

Podría tratarse de algo muy banal, pero la verdad es que no sabía que necesitaba un domingo así, hasta que lo estaba viviendo; todo eran risas, iba de la mano de su esposo que se inclinaba de vez en cuando para besarlo brevemente, y por primera vez desde hace más de un año, estaban pasando un momento normal. Parecían una típica familia mexicana de clase media, con sus hijos adolescentes y los dos bebecitos de seis meses. A pesar de todo el desmadre, bien dicen que las criaturas vienen con torta bajo el brazo, y sus cuatitos, no habían sido sino bendiciones para ellos.

Miró a su Gatito, que llevaba la cangurera rosita con JiSoo, la "mayor" de los mellizos por sólo ocho minutos, sonrió enternecido al ver al más arisco de sus criaturas haciéndole caras y llenando de besitos las mejillas de la risueña bebé. Luego miró a su primogénito, que estaba sentado a un lado de él, y al contrario de TaeHyun, este estaba peleando con su hermanito, SangWon.

-Wey, pilón, ya, ¡mami!- Gritaba pidiendo auxilio, porque el niño estiraba sus gorditos brazos para tomar el teléfono de su Lobito, que seguramente intentaba hablar con Wohno.

JiYong sólo se carcajeó, tomando a su hermosa criatura, tan idéntica a su marido, que aunque ahora estaba sobre sus piernas, seguía haciendo esfuerzo por quitarle el iphone a Mino.

-Ya, ma', calma a tu bestia.- El adolescente de dieciséis años hizo un puchero, y mejor se levantó de la banquita, llevándose el celular a la oreja, alejándose un poco para poder tener "privacidad".

Suspiró, contra todo pronóstico, Lobito era el que más se notaba afectado por el nacimiento de los bebés, y aunque parecía quererlos a ambos, por alguna extraña razón, él y su piloncito no terminaban de encajar. Era raro, él habría jurado que el que no estaría cómodo con la noticia sería su Gatito, pero al contrario, fue el que estuvo más al pendiente durante el embarazo -una vez pasó el shock inicial- y una vez nacieron, se había enamorado por completo de sus hermanitos. Adoraba a JiSoo, tal vez por ser niña le gustaba vestirla y peinarla como si fuera su muñequita, pero también jugaba mucho SangWon. Era bastante común encontrarlo en la sala viendo videos de YouTube en la enorme pantalla, con un bebé a cada lado, de lo más agusto. Pero lo más sorprendente, es que no sólo para las cosas "chidas" estaba al pie del cañón, no, también les cambiaba los pañales, les daba su biberón, los bañaba y siempre que le pedían que los cuidara, aceptaba sin ningún reproche. Ahora sí que como diría su Gordo, sustos que dan gusto.

Y hablando del padre de sus criaturas, lo vio a la lejanía, con ese caminadito ranchero tan característico de él, era imposible confundirlo. Como habían comprado muchas cosas, lo mandó a la camioneta para que las dejara ahí, ya que en un rato más entrarían al cine, y ni de pedo las dejaba en la paquetería, como alguien muy sabio dijo "Confiar está bien, pero no confiar esta mejor". Sí, sus bebés estaban muy pequeños para el ruido de una sala normal, por eso entrarían en esas fancyspara niños, con volumen bajo y jueguitos, no verían ni madres, pero SeungHyun había insistido con que hicieran la prueba. Por su parte, los adolescentes entrarían a ver otra, que era unos veinte minutos después, vendría el novio de Mino, y luego se reunirían con TaeHyun para irse a cenar a algún restaurante mientras su primogénito tenía su cita.

-¡Hola, mi amor¡ ¿Me e'trañate, ñeñé?- Dijo su marido, agachándose frente a él, apretando los cachetes del bebé, mientras seguía balbuceando cosas inentendibles con esa voz aniñada y cursi, y su Pilón sólo reía, feliz de volver a ver a su progenitor.

Oh sí, SeungHyun estaba vuelto loco con SangWon, y JiYong también, para qué se hacían pendejos, pero al menos él trataba de disimularlo -aunque fuera inútil-, a diferencia de su esposo que era una cosa bárbara. Desde que lo vieron juntos por primera vez en incubadora, no había dejado de repetir lo mucho que se parecía a él. Esta tanda de bebés habían agarrado toda la carga de genes Choi que no le habían tocado a sus primeros dos hijos, eran la sensación con la familia en el norte, eso sí, su pilón se había pasado de ve copiándole la jeta a su marido.

Su Gordo se sentó a un lado suyo, rodeándole los hombros con su brazo, y sólo dejó un besito en su mejilla, antes de volver a molestar a su criatura, picándole su cachetito izquierdo, provocándole más carcajadas, que era feliz con la atención que su padre le daba.

Choi SangWon no sólo parecía ser una copia casi exacta de su padre físicamente -a excepción de los carnosos labios heredados de su madre-, sino en su persona, a pesar de su corta edad, era bien cura el nene, lo mataba de la risa con sus expresiones, y ahora que hacia sus intentos por hablar, podría jurar que iba a ser bien cagado, se le notaba.

-Me cae de madre que aunque tú lo pariste, yo lo cagué.

Escuchó la voz seria, pero con un tinte de orgullo, que le sacó una risa.- Ay, no me digas.

-Chaparro, la neta, te la bañaste con este chiquitín.- El regio dejó besitos en su hombro, al tiempo que soltaba un suspiro enamorado.

-Eres un pinche narcisista.

-Mira quién lo dice, como ya no eres el único con mini me ya no te sientes única y detergente ¿verdad?.- Atacó, y pues sí, tal vez tenía un poquito de razón.- Aunque ni tan mini, pinche Lobito si sigue así hasta a mí me va a pasar.

-¿Sí, verdad?- Ignoró el tono de burla con el que venía cargado el comentario.- Aunque he visto que como que se encorva un poco.

-Ah pss sí, es por el enano del Mono.- Levantó los hombros con desinterés, picándole la naricita a SangWon, que arrugó su carita en señal de inconformidad.

JiYong soltó una carcajada, tanto por su hijo como por su esposo baboso.- ¿Crees?

-A westin, chula, se nota.- SeungHyun apretó los cachetes de su bendi dejándole la boquita como pez, e hizo una cara chistosa, que regresó la alegría a su carita.- Por eso ya le dije que mejor se consiga uno más alto, y menos mamado, porque así se ven enanos.- A pesar de la saña con la que iban cargadas sus palabras, podía ver de reojo los hoyuelos del mayor, provocada por su vástago menor.

-¿No será que te da miedo que te parta tu eme?

-¿Ese chamaco pendego?- Preguntó con indignación.- Nombre chaparro, esto.- Levantó su brazo derecho, flexionándolo para mostrar su fuerte bíceps.- Es natural, de puro levantar chamacos y a ti, esas mamadas de gym están infladas, no sirven, son de puro aire.

Aunque JiYong quiso protestar, su marido tenía -nuevamente- un poco de razón. Cuando nacieron los pilones, pesaba unos nada despreciables setenta y cuatro kilos, según la última consulta a la que fue una semana antes de que se le adelantara el parto, y esto no le había impedido, aún a sus cuarenta y siete años, cargarlo hasta la camioneta para llevarlo al hospital.

-Pues sí, tienes razón.- Fue todo lo que dijo, levantándose, no sin antes dejarle a SangWon para que lo cargara, tomando la cangurera azul que estaba a un lado.

-¿Cómo así, no te vas a burlar de mí, por ser un viejito amargado y celoso?- SeungHyun sostenía al bebé que parecía ya no querer estar sentado, y movía sus piecitos sobre las rodillas del ranchero.

Los últimos días bromeaban con que en cualquier momento su hijo iba a salir corriendo, aunque apenas y se sostenía sentado por unos segundos sin ayuda, pero se quejaba si lo dejabas "mucho tiempo" en un solo lugar, y exigía que caminaras con él, que lo "movieras". Era bien inquieto la verdad, a diferencia de su hermana.

-Oh, que la, si me ataco te molestas y si no me ataco, y te doy la razón también.- Pasó las correas por sus brazos, girándose para que su marido le abrochara el accesorio que rompía totalmente su outfit, pero era el único que no había cargado a ninguna de las bendiciones, y no le vendría mal un poco de ejercicio, todavía tenían tiempo antes de la película.

La verdad es que en ninguno de sus embarazos anteriores había hecho tanta panza, y lo máximo que había llegado era a los sesenta y cuatro. Y por obvias razones, al ser un embarazo múltiple, este había sido totalmente diferente, llegando casi a duplicar el peso extra que ganó de sus gestaciones pasadas. Lo quisiera reconocer o no, esos diez kilos extras le habían pegado a su autoestima, sobre todo porque en estos meses no había bajado de los sesenta y siete, se la pasaba oscilando ente eso y los setenta, sin saber muy bien la razón. Se sentía terriblemente acomplejado, por eso no quería desaprovechar la oportunidad de dar una caminata antes de irse a aplastar otra hora y media frente a una pantalla, ya necesitaba dejar de hacerse tonto y ponerle seriedad al asunto, hasta estaba tentado de acompañar a su Lobito que iba a entrenar con Wohno, solo que el sí iría diario.

-Gordo, abróchame--.- Se cortó, cuando vio a su hijo sentadito a un lado de su marido sonriéndole, mientras este sostenía su bolsa, abrazándola a su regazo.- ¿Qué?

-N-nada.

Inmediatamente levantó una ceja, porque ¿qué rayos había...? Notó cómo se lamía los labios, y por las forma en que tragó, algo vino a su mente, pero lo dudaba.- ¿Qué te pasa, Gordo?- Éste sólo negó, pero cuando lo vio mover sus piernas, terminó por aceptar lo evidente.- ¿Es neta, SeungHyun, aquí?- Lo regañó en voz baja, aunque no había gente cerca.

-No te preocupes, chaparro, es que...

JiYong se sentó, no sin antes tomar a la bendición, abrazándola para alejarla del enfermo y caliente de su padre.

-Amor, no chingues, qué te pasa, literal vengo cubierto, estoy todo gordo--

-Estás hermoso.- Lo cortó, moviendo un poco la bolsa sobre su muy probablemente dura verga.- Es que... en que te giraste...- Tomaba su tiempo para hablar, era obvio que le costaba formular lo que quería decir.- Ese pantalón te aprieta bien rico el culo, Chaparro.

JiYong se sonrojó peor que quinceañera, porque sonó demasiado serio, y excitado. Sabía que con todo y sus inseguridades, SeungHyun seguía deseándolo, eso no cambiaba aunque se sintiera un rotoplás. Lo único bueno de todo esto, es que nuevamente tenía un culazo de alto impacto, aunque ya le había advertido a su marido que no se encariñara otra vez con él, porque estaría con ellos sólo en lo que regresaba a su peso regular.

Pero al paso que iba, se preguntaba si alguna vez iba a ser esbelta de nuevo. Cada día que pasaba, algo dentro de él lo hacía pensar que no, y que ya se quedaría como beluga por el resto de su vida.

Aunque su marido no se veía para nada preocupado de que no fuera a servir twink realness nunca más.  

Su verga ni qué se diga, estaba más que encantada.

-Chaparro.- Le susurró en el oído, por andar en sus pensamientos no notó en qué momento se pegó tanto a él.- Ayúdame.- Sabía que si no fuera por el pequeño SangWon, ajeno a las porquerías de su padre, éste le habría tomado alguna de sus manos, para llevarlo directo a su rigidez, para acentuar la fuerza de su mensaje.

Aunque no había necesidad, la neta, la forma tan necesitada en que le suplicó, fue suficiente para que lo captara perfectamente, porque sintió como le erizó cada poro de su piel... Pero la risa del bebé en su regazo lo regresó a la realidad.- SeungHyun no mames, tengo a tu hijo y estamos en público.

-¡Lobito!- Gritó, y el muchacho se giró, aún con el teléfono en la oreja. El infeliz de su ranchero le hizo un gesto con la mano para que se acercara, y pudo ver cómo temblaba un poco.

Sin ser llamado, TaeHyun igual llegó frente a ellos.- ¿Qué pasó, papi?- Preguntó, y JiSoo estiró sus manitas, porque también quería ir con su papá, que sólo le tronó un besito, para que viera que no era ignorada.

-Vayan a comprar un helado, chequen a sus hermanitos en lo que mamá y yo vamos a ver una tienda aquí cerquita.- Siempre le sorprendía para qué usaba el desgraciado el talento que diosito le había dado para la actuación, aunque con él no hubiera funcionado, los adolescentes no parecieron notar que había toda una segunda intención en esa petición.

-Pero no quiero helado, pa', y ya viene Wohno.- Respondió Mino, que aunque trataba de disimular, se notó que estaba irritado.

-Bueno, compren lo que quieran, sólo hágannos el paro, ¿Va? No tardamos.- Sacó de su pantalón un billete de doscientos pesos, y a sus hijos mayores les brillaron los ojos. Pobres, si supieran lo caliente que estaba su papá, podrían sacarle hasta quinientos, pero algo es algo. Además que en la mente de su Gordo, los estaba mandando por conos de quince pesos al McDonanld's, y lo demás era su soborno.

Uno bastante generoso, tratándose del regiomontano.

Mino hizo un puchero tomando con resignación el dinero, al igual que la cangurera que JiYong le extendía, poniéndosela de mala gana y girándose para que Gatito lo ayudara a abrocharse las correas de atrás. JiYong se levantó con el bebé en brazos, ayudando a su primogénito a acomodar SangWon en la acolchada tela, pero apenas se sintió "atrapado", la criatura comenzó a estirar sus bracitos y quejarse, queriendo regresar con su mamá. Lobito sólo blanqueó los ojos, seguramente pensando que mejor le hubieran dado a la JiSoo, pero no tenían tiempo que perder.

Además que con suerte volverían pronto.

-Ahorita regresamos, mi amor.- Se inclinó y besó la naricita del piloncito enojado, girándose a su nena para hacer lo mismo.- Pórtense bien con sus hermanos, ¿ok?- Sintió la mano de su esposo en la cintura, y las mariposas que llevaban revoloteando en su estómago desde la propuesta indecorosa, se intensificaron.

Su descarado esposo sólo les hizo la típica señal de "los estoy observando", haciendo una "V" con los dedos, señalándolos, y regresándolo a sus ojos, así un par de veces, hasta que su rostro cambió de uno serio a otro sonriente, acompañado de besitos tronados para todos. Sin más, fue arrastrándolo justo por donde había venido el regio minutos atrás.

Por su parte, JiYong sólo le sonrió nervioso a sus criaturas, sintiendo culpainstantánea, tanto por engañar a los mayores, como por abandonar a los bebecitos, todo por ser horny.

Eso sí, flojito y cooperando se fue dejando guiar...

-Pinche chaparro, te dije que aunque sea me dieras una mamadita en la mañana.- Susurró, y aunque intentaba sonar molesto, podía notar que estaba chingándolo nomás.- Ve cómo me tienes, todo abandonado.- SeungHyun lo pegó más a su costado, caminando más rápido. Si su intuición no le fallaba, iban al estacionamiento, el lugar más "seguro" para un rapidín. No por nada la nueva camioneta también tenía los vidrios polarizados, además de ser lo suficientemente amplia para sus fechorías, con todo y los asientitos de los mellizos.

Pero cuando fue arrastrado al baño que estaba justo a la salida, se sacó de onda, ¿En serio pensaba este imbécil, que iban a hacerlo ahí? Digo, no sería ni la primera, ni la última vez, estaba seguro, pero sintió mucha pena de golpe, es decir, ya eran un par de cuarentones, a nada de ser "cincuentones", como para que siguieran exhibiéndose así.

No es como si hacerlo en un carro fuera menos peor, pero al menos era propiedad privada.

-Gordo, no, vamos al carro.- Susurró bajito, mirando con paranoia el lujoso lugar, se veía diferente a cómo lo recordaba.

Ahí le cayó el veinte.

No por favor, no otra vez...

-Gordo... Anda, vamos, ¿Qué te cuesta?- Suplicó, sintiendo cómo su corazón latía con más fuerza, además del morbo y la adrenalina que creía en su interior.

Una vez, hace muchos años, leyó algo muy sabio, "Las mariposas que sientes en tu estómago cuando te estás enamorando, es el sentido común saliendo de tu cuerpo", y sí, totalmente, confirmaba al mil por ciento.

Desde los diecisiete su sentido común se había ido a la chingada.

SeungHyun lo soltó, ignorando olímpicamente las dos peticiones anteriores, y se puso a inspeccionar todos los cubículos, que al ser de hombres, no habían tantos como los mingitorios. Abrió una a una las puertas, para asegurarse que estaban completamente solos, hasta que llegó a la del final, el que estaba designado para personas con discapacidad.

-Ven, ven, ven.- El regio le hizo señas con la mano para que se acercara, dejando la bolsa, que todo el tiempo había usado para tapar su pene parado, colgando del gancho que tenía el interior de la puerta.- Anda chaparrito, rápido antes que nos vean.- Hablaba bajito, a pesar de que no había gente, a parte de ellos.

Estuvo a nada de darse la media vuelta, la virgencita era testigo, pero por primera vez bajó la mirada al pantalón negro de su esposo, en donde pudo ver con claridad la enorme erección que se asomaba.

JiYong era madre de cuatro hijos, un diseñador con su propia marca sustentable que estaba poco a poco ganando reconocimiento, una señora católica de Las Lomas, un amigo incondicional, un esposo fiel -aunque fuera de este tarado-, y así una infinidad más de títulos bastante pomposos para su persona, pero si había uno que se anteponía a todos ellos, era ser una perra caliente, para qué se hacía pendejo, esto no era culpa cien por ciento de SeungHyun.

Es más, si no fuera porque su marido era igual de lujurioso, quien sabe, tal vez todos sus hijos tendrían padre distinto.

Quiso reírse por lo pendejo que había sonado, sabía que eso ni en sueños pasaría, pero se le secó la garganta de golpe.

Porque sí, ver a su Gordo abrir la horrorosa hebilla de gallo, para desabrocharse el pantalón, y sacar su inigualable verga, fue todo lo que necesitó para lanzarse a los brazos de su ranchero, que lo besó con la misma intensidad que él. Escuchó la puerta cerrándose, seguro incluido, pero cuando sintió el pene desnudo restregándose contra su pancita cubierta, no dudó en darle las caricias que sabía tanto necesitaba.

SeungHyun gimió contra sus labios, antes de sentir como su lengua entraba a su boca, jugando con la suya, al tiempo que agarraba con gula su trasero, masajeándolo y sacándole gemidos bajitos. Aunque pareciera que no, JiYong seguía teniendo muy presente en dónde se encontraban.

-¿Sí te vas a bajar por los chescos, chaparro?- Le susurró al separarse del beso, y aunque estuvo a nada de carcajearse, se mordió el labio inferior, no necesitaban llamar la atención ni por un segundo.

-Chingadamadre contigo, es un rapidín, baboso.

-Pero mami...- SeungHyun se quejó, poniendo sus legendarios ojitos de cachorro.

-Gordo, llegando a la casa te hago lo que quieras, pero ya cógeme si me vas a coger, nos van a agarrar.- "Gritaba bajito", y cuando intentó girarse, porque se le antojaba que le diera de espaldas, su marido lo besó. Pinche wey que con los años besaba más y más rico, porque ese maldito beso lo apendejó tanto, que cuando se dio cuenta, ya estaba de rodillas frente a la verga rosada.

-Anda, precioso, una chupadita y ya.- El ranchero le sonrió, y nada más porque esos putos hoyuelos lo tenían dominado, y el hecho de que el piso se veía impecable, es que no le arrancó de un mordisco los huevos, que estaban indefensos a su merced.

Aunque JiYong siempre le encantaba mamarlo, no iba a dárselo tan fácil, así que haciéndose al de la boca chiquita, dejó un besito, y una lamida, pero se reusó a hacer lo que el mayor necesitaba.

-Chaparrito hermoso, ándale, porfa, trágate mi verga.- Suplicó acariciando con ternura su largo cabello negro. Pero al ver que no se movía, hizo un dramático lloriqueo como si se tratara de un perrito sufriendo, pero para JiYong no quedaba duda que era un zorro, como si no supiera que si no se la fuera a mamar, ya se habría levantado del piso.

-¿Cómo se dice?- Fue todo lo que dijo, dejando caer el pantalón con todo y su bóxer, acariciando los testículos, pero sin mover un centímetro su boca a donde debía.

-Si sí te dije, mi vida, por favor, anda--.- SeungHyun reprimió el fuerte gemido que en otro lugar habrían escuchado hasta sus vecinos, pero aquí había resultado en un simple suspiro.

Sintió la mano de su marido sujetarle, ahora sí con fuerza, el cabello, y en contraste con el agarre, comenzó a embestir con suavidad su boca. JiYong sólo hacía lo suyo, abriendo tanto como podía y relajando la garganta para tragarse todos los centímetros del pene de SeungHyun, que se sabía no eran pocos, al tiempo que acariciaba las bolas, sabiendo perfectamente cuánto le encantaba al mayor que hiciera eso cuando se la mamaba.

Sonrió un momento, recordando que de hecho hace muchos ayeres, justo en estaposición, logró meterle un dedo a su esposo. Fue algo que simplemente pasó, no era como si él lo hubiera planeado maquiavélicamente, sólo estaban calientes, y su mano hizo el resto. De haber sabido lo loco que se pondría su macho jotrón, jamás lo hubiera hecho, más porque ni él mismo se dio cuenta cómo llegó a ese lugar tan prohibido, hasta que el grito espantado del ranchero -junto a su orgasmo- lo sacó del trance.

-Ahora sí, véngase mi reina.- Los labios del regio volvieron a atacar su boquita, que debía tener todo el sabor de su pene, y se sorprendió. En serio creyó que iba a cogérselo por la boca hasta que se viniera, pero para variar, SeungHyun le cumplió y no tendrían dos round. Increíble.

Sintió cómo su marido prácticamente lo levantaba del suelo, y un dolor le atravesó las rodillas cuando asentó los pies, la edad aunado a su peso actual, le pasaron factura bien rápido. Se rió, porque pues tal vez era su castigo, por actuar como pubertos calenturientos, cogiendo en un baño público, como si no tuvieran casa o incluso dinero para un hotel, eran padres, por dios, ¿cuál era la necesidad?

El aire frío del lugar le dio de golpe en las nalgas, porque sin previo aviso el regio le bajó el pantalón, y se arrepintió de no llevar falda, porque batallaron para sacarle los zapatos y quedar totalmente desnudo de la parte inferior. Se rieron bajito de lo desesperados que se veían, y más risa les daba que no podían carcajearse a sus anchas, por miedo a ser descubiertos. La adrenalina, combinada con la excitación, estaban a nada de explotarle la cabeza a JiYong, y por la forma tan hambrienta en la que su esposo volvió a besarlo, sabía que no era el único.

Dieron un par de pasos, y se separó bruscamente del beso, sólo para ver a SeungHyun sentado en el inodoro, obvio con la tapa abajo, aún así no supo porqué su lado hipócrita pensó "iugh", cuando él mismo había estado segundos antes arrodillado mamando verga en el blanco piso bien agusto, pero en fin, nada de eso importó cuando vio la sonrisa perversa de su ranchero, que se masajeaba con suavidad su dura erección. 

No necesitaban más, las miradas de ambos lo decían todo, caminó la corta distancia que lo separaba del amor de su vida, y mordiéndose el labio inferior, se fue dejando caer lentamente sobre su pene, sintiendo centímetro a centímetro cómo se enterraba en su interior. A pesar de que se suponía que sería un rapidín, una vez lo tuvo por completo dentro de sí, no quiso, tomó el rostro perfecto de su Gordo, antes de besarlo lentamente, a la vez que comenzaba a dar pequeños saltos sobre su regazo.

SeungHyun entendió al instante, y lo acarició con ternura, apretando un poco sus nalgas, subiendo por su espalda, y bajando a su cintura, que aunque ya estaba libre de ropa, seguían formándose unas lonjitas, que aunque él detestaba al punto de no querer ni verlas, su esposo era el único que tenía permitido tocarlas sin triggerearlo, porque sabía que él era el único que amaba su cuerpo sin importar qué, incluso cuando el mismo JiYong sentía que no podía hacerlo.

Lo agradecía, porque aunque jamás cambiaría a sus piloncitos por nada del mundo, este embarazo y las consecuencias en su cuerpo le habían afectado como ningún otro, por obvias razones, y pues sí, sentirse así de deseado en esta etapa de su vida, lo quisiera aceptar o no, era el principal motivo de que no había tenido un colapso total en su autoestima. También ayudaba que todos a su alrededor le demostraban -foto en mano- que se seguía viendo bien potra, kilitos de más incluidos, y por muy acomplejado que estuviera, reconocía que tenían razón, y la queso.

Aunque su mente le hiciera la gatada luego por no soportar.

Una fuerte mordida en su cuello lo regresó al momento, y bajó la mirada, donde su camisa ancha de seda negra era abierta con lentitud. Sonrió, dejando besitos en el cabello platinado, antes de aferrarse mejor al cuello de SeungHyun, regresando a los sentones suaves, que por estar metido en sus pensamientos, habían parado.

Rió de nuevo, porque su marido era tan predecible a veces, ya que apenas la boca se alejó de su cuello, rápidamente sintió su irritado y oscurecido pezón ser lamido con gula, mientras su otra bubi, era masajeada con firmeza. Él sólo se abrazó más al mayor y apretó con fuerza el rubio cabello de su nuca, intentando no gritar como desquiciado, porque la succión, más las embestidas que aumentaban de velocidad -cortesía del mismo JiYong-, estaban terminando con el poco autocontrol que le quedaba.

Con el miedo latente de ser descubiertos, y sabiéndose muy capaz de pegar el grito de su vida, su cuerpo le indicó que estaba en las puertas del orgasmo, así que era momento de hacer algo para garantizar la seguridad de ambos. Por lo que despegó al ranchero de su pezón, para poder besarlo con todo el hambre que tenía por él, al menos así creía que no se escucharía tanto cuando se vinieran.

Saboreó algo dulce en su lengua, y rió contra los labios ajenos, maldito anciano enfermo, siempre que tenía la oportunidad, SeungHyun se tomaba la leche que le tocaba a sus pobres criaturas, de por sí ya no estaba produciendo tanta como le gustaría, teniendo que complementarles con fórmula, y para acabarla de chingar, su padre también les hacía la gatada, acaparándoles la comida.

O sea, no es como si tuviera a su esposo mamando todo el día, pero tenía una pinche suerte que cuando él chupaba, le salía. Eso sí, sus chistecitos de tomarse la leche, le estaban saliendo carísimos, porque ni soñando les iba a dar fórmula equis, no señor, era la mejor ynimodo.  

Ya lo regañaría después, ahora, lo único que quería era tener ese orgasmo que minutos atrás no sabía que necesitaba tanto, así que usó sus piernas para dar los sentones bruscos que le suplicaba su cuerpo, y gimió con fuerza cuando la mano fría de su esposo rodeó su pene, masturbándolo con rapidez.

-Shh, chaparrito, nos van a oír.- Susurró entre risitas la grave voz, y cuando quiso reclamarle que todo esto era su culpa, volvió a devorar su boca.  

No fue necesario más que unas cuantas embestidas, y se vino, importándole poco que seguramente habría manchado la camisa de cuadros rosas, con la que había vestido ese día a SeungHyun. Por su parte, el regio lo sostuvo de las nalgas, enterrándose una vez más, y también hizo lo propio, llenándole su interior con su semen, que ahora sí no podría embarazarlo aunque quisiera.

Lentamente se fue relajando, al igual que el pene dentro de él, aún así, siguieron abrazados, sin importarles que estuvieran en un baño público de un lujoso centro comercial, y que sus criaturas esperaban por ellos para ir al cine.

Oh, no, pensó JiYong, porque ahora iba a oler a recién cogido, y además tenían que esperar a que todos los mecos de su esposo salieran, porque se negaba a andar por la plaza caminando como patito, incómodo y chorreado por dentro.

Real que uno cuando anda horny no piensa en nada, o bueno, al menos ellos, porque se sabía que la mayoría después de los hijos, se les iba el libido a niveles muy bajos, toda una tragedia, si se lo preguntaban. Por su parte, por muy "padres" que fueran, ellos no le habían bajado a la intensidad, eso sí, sus cuerpos ya no eran los mismos, pero estaba seguro que no tenían nada qué envidiarles a los jóvenes.

A veces, a JiYong le gustaría que la calentura no les ganara tan gacho, porque ahora sí que la mayoría de las veces, sus pobres hijos terminaban pagando las consecuencias, a forma de burlas por parte de sus amigos y familia, o siendo hermanos nuevamente en la adolescencia, sólo por poner ejemplos.

Una lamida desde su pancita hasta su pezón, lo sacó bruscamente de sus reflexiones, riéndose bajito cuando el padre de sus bendiciones, se relamió los labios coquetamente. La mirada profunda le cortó la risita, sabiendo perfectamente que no iban a terminar esto así.

Justo cuando iba a besar sus irritados labios, una pregunta vino a su cabeza, ¿Cuánto tiempo llevaban aquí? La verdad es que sintió como si tuvieran horas ahí dentro, pero--

Toc, toc, toc, toc.

Esos cuatro golpes en la puerta fue todo lo que ambos necesitaron para quedar como helados de vainilla.

Ahora el que vio a su propio Cheems en su cabeza fue él, pero no era cualquier Cheems, no, era ese que hacían con moñito rosa, su fav.

"No puemde serm", fue lo último que pensó antes de cerrar los ojos con angustia.

-

Choi Minho, miró por enésima vez su teléfono, esperando recibir el mensaje de su novio, que se suponía iba "llegando" desde hace una hora. No es como si no se la estuviera pasando chido con su familia, pero últimamente sentía ansiedad, tenía un mal presentimiento y Wohno no ayudaba en mucho a calmar esos sentimientos. Algo dentro de él le decía que lo estaba engañando, y aunque no quería creerlo, la forma tan esquiva con la que lo trataba las últimas semanas, sólo aumentaban ese malestar constante en su estómago, que le revolvía todo por dentro y no lo dejaban descansar.

"Ya déjalo". Escuchó en su mente la voz de su mamá, con quien había hablado hace poco sobre su relación. Siempre había sentido la confianza suficiente con su mami para contarle cómo se sentía, y pedirle concejos. Sin embargo, desde que comenzó a andar con Wohno, no habían conversado tanto sobre ellos, más cuando el mayor dejó muy en claro lo que opinaba con respecto a su nueva relación. Si bien no estaba en contra del musculoso chico, e incluso al principio lo apoyó, conforme pasaron los meses, pudo notar que cada vez regañaba menos a su papá por ser arisco con su novio, como si ahora estuviera del lado del patriarca Choi.

Una carcajada a su lado lo sacó de sus pensamientos, y giró para ver a TaeHyun, que intentaba comer su helado sin que su hermanita se lo quitara, ambos reían, porque cada vez que Gatito se acercaba el cono para darle una mordida, JiSoo estiraba tanto como le permitían sus bracitos y balbuceaba pidiendo por una probadita. Sonrió ligeramente, no debía pensar en cosas tristes, menos cuando había tanta alegría a su alrededor, pero era inevitable para él sentirse una mierda cada vez que se sumergía en su mente.

-¡Lobito!- TaeHyun gritó, estirando una mano hacia él, pero lo que realmente hizo fue sujetar la manita del infante sobre su pecho, que en su descuido, se la había embarrado totalmente de su helado de kiwi. Por suerte lo había detenido antes de que se la llevara a su pequeña boca.- Wey si mamá lo ve así nos mata.

Mino estiró su brazo, alejando su cono de la bestia, como apodaba al Pilón, y dejando su teléfono a un lado, hizo malabares con la mano libre para buscar en la pañalera las toallitas húmedas.

-A ver, aguántalo tantito.- Le pidió a su hermano, que hacía lo propio para alejar su cono de chocolate de JiSoo, que al igual que Pilón, hacían todo lo que estaba en su limitado poder, para probar el delicioso manjar.

Ay no, esto de tener hermanitos bebés a su edad, más bien parecía como si los que hubiera parido fueran él o Gatito. No iba a quitarle mérito a sus papás, pero la verdad es que ellos dos terminaban cuidando de las criaturas en más ocasiones de las que el DIF permitiría. Escuchó su iPhone vibrar a su lado y supo que su mamado novio ya debía haber llegado, o al menos eso esperaba, porque al paso que iban igual y hasta lo plantaba.

-A ver pinche Pilón.- Limpió a duras penas la mano embarrada además de la ropita que también se había manchado, y apuró a su hermano.- Wey, vamos, tengo que ir por Wohno a la entrada.

-¿Porqué no lo esperamos aquí?- Respondió el menor, arrugando la nariz, por un olor raro que le llegó.- No wey, se cancela, vamos al baño, esta vieja ya se cagó.- TaeHyun acercó un poco su nariz a la menor que no se quedaba quieta.- Sí, es eso o ya se está pudriendo, a la verga.- A pesar del asco, el adolescente le dio una lamida al helado que gracias al clima templado, no se estaba derritiendo.

-Wey, cómo chingados sigues comiendo esa madre, hasta a mí me dio asco.- Lobito no sólo lo dijo por el olor, que igual le llegó, sino porque el helado era de chocolate.

-Equis, además están bien caros, te dije que mejor nos quedáramos el dinero.- Le pegó una mordida al cono, y rápidamente lo alejó entre risas, porque la depredadora seguía al acecho.

Escuchó nuevamente el teléfono vibrar, y le dio ansiedad.- Vamos, te acompaño al baño, le digo que estamos en el del estacionamiento.

-No creas que Pilón no necesita cambio, seguro está todo meado igual.

-Ahorita veo, pero vamos.- Tomó su teléfono y marcó, haciéndole con la mirada a su hermano para que tomara la pañalera, y este lo hizo, sin reclamar, pero dándole duro a su heladito.

Comenzaron a caminar, no estaban lejos del baño, y con suerte se encontrarían a sus padres de regreso, ya que por aquí los había visto irse. Giraron por un pasillo, y justo en la entrada del baño, obstruyendo el paso al estacionamiento, estaba una bolita de gente, había un desmadre porque pudo ver a algunos grabando con sus teléfonos, sin dejar de hacer bulla, burlándose, pero no se entendía buen por qué.

Caminó un poco, acercándose pues sí, para averiguar chisme, y justo cuando su novio le contestó, vio algo que lo dejó totalmente helado.

Unos guardias de seguridad se abrieron paso entre la multitud, revelando lo últimoque se imaginó que vería, de haberlo sabido, jamás hubiera despertado ese día, vaya, ni nunca. Como si esto se tratara de una pesadilla digna de Stephen King, los uniformados llevaban a los tarados de sus padres...

Esposados.

Deseó con todas sus fuerzas que se lo tragara la tierra, porque más bien, parecía obra de Stephen Chow.

-¡Señor, oiga, no estábamos haciendo nada!- Escuchó a su mamá, que no sólo se veía molesto, sino que estaba sudado pero resplandeciente.- ¡Suéltennos!

Él conocía perfectamente esa imagen, además que sus dos padres tenían la ropa desalineada, los labios rojos, y casi sintió ese olor tan característico del cuarto que compartían.

Era más que obvio que habían cogido.

Eso sólo le hizo hervir la sangre.

-¿Es neta?- Casi gritó, y a pesar de la distancia y el relajo, la gente se giró para verlo, que aunque estaba muerto de la pena, igual estaba furioso.- ¿Es neta, papás?- Preguntó más fuerte, al tiempo que sus progenitores se ponían rojos, y balbuceaban, intentando defenderse.- Un día, un cochino día es todo lo que pido para que se comporten como padres normales, ¿Es neta que no se pudieron aguantar?- Ante sus palabras, el improvisado público comenzó a carcajearse, pero ya le valía tres pesos.- Wey, qué chingones, nosotros cuidando a sus hijos como pendejos, y ustedes a toda madre, bien agusto cogiendo en el baño.- Sus gritos estaban atrayendo la atención de más raza que se aglomeraba, pero ahora detrás de ellos.- ¡Me lleva la verga, ya párenle, están viejos!

-¡'Ora, mijo, no es cierto!- Respondió apenas pudo salir del scok de ver a todas sus criaturas. -¡No estábamos haciendo nada!- SeungHyun intentaba defenderse y tal vez pudiera engañar a los incautos con la seguridad de su voz, pero a él ni madres, ya los había cachado demasiadas veces, y en demasiados lugares como para caer en sus mentiras.

-¿Me crees pendejo?- Mino sabía que lo mejor para su familia era fingir, apoyar la mentira, porque seguramente se los iban a querer llevar al bote por indecentes, pero estaba tan molesto, no solo por esto, también por lo de Wohno, por la escuela, por su nueva vida, consigo mismo... Al chile que ya no le importaba nada, y si tenían que pagar las consecuencias de sus actos, que las pagaran.

Además que muy probablemente sólo los multarían, ¿no? Algo sí había visto en un Tiktok.

-Oficial no mame, ¿cómo cree que vamos a estar cogiendo? ¡Somos padres, 'ire!- El ranchero señaló con la cabeza hacia ellos, y los guardias nomás pusieron cara de "¿Y?".- ¡Por dios, tenemos hijos!

-¡Pero vergüenza es lo que deberías tener!- Habló por primera vez TaeHyun, provocando la carcajada colectiva.- ¡No nos vengas a usar de excusa! ¡No le crea señor, sí estaban!

-Na, na, na, 'pérese.- Sí, su papá no iba a dejarse vencer, sin dar batalla hasta el final, eso era más que claro.- Es que están molestos, oiga, uno porque no aprobamos a su pinche chango con el que anda y el otro porque lo agarramos de niñera, pero le juro compa, no estábamos haciendo nada.

Cuando Lobito quiso intervenir, JiYong le ganó la palabra.

-Además, señor.- Su mami se veía un poco más calmado, pero ahora era más que evidente la angustia, mezclada con pena. Debía estarse muriendo del perro oso, y estuvo a nada de conmoverse, cuando el matriarca Choi añadió.- No invente, mi esposo y yo necesitamos viagra para el delicioso, al pobre ya no se le para.

Al igual que todos los presentes, Minho se carcajeó. Uy no, era más que obvio que esos señores no se tragarían ni de pedo la historia del hijo resentido, pero chance los dejaban ir, sólo por el lamentable cuento que se había echado su mamá.

Aunque conociendo al pinche macho reproductor de su padre, eso sólo acababa de sellar su destino.

-Ah, no.- Justo, ahí estaba.- Me perdonas chaparro, pero eso sí que no, ¿Qué no se me para? ¡JA!- Soltó una risa sarcástica, sí, su papá iba a terminar de cargarla.- ¡Ya quisieran los pinches chamacos pendejos que se les pare como a mí!- Renegó SeungHyun, con las manos esposadas detrás de él.- ¿Ve esos chamaquitos? ¡'Ire, los huerquillos! ¡Yo los hice! 'Ire hasta dos por uno me salieron, y sí, sí, sé que me veo juvenil, pero tengo cuarenta y siete, eh, quisieran a mi edad coger como yo lo hago.- Se giró a toda la multitud, que le había comenzado a chiflar.- ¿Se acuerdan de ese pinche viejo cachondo hijo de puta que coge como un toro y sin usar pastillas? Pues soy yo, chingadamadre.- Dijo con orgullo, totalmente cegado por su pito.- Y sí, sí me estaba culeando a mi vieja en el baño, ¿algún puto problema?

Y ahí lo tienen damas y caballeros, la confesión de su padre.

-Gracias por la honestidad señor.- Uno de los guardias le dio una palmadita en la espalda, de forma muy paternalista.- Pero no era necesario, alguien nos reportó que había ruidos extraños en el baño, y cuando vinimos, escuchamos unos "aplausos".- El hombre de uniforme azul marino, hizo comillas con la última palabra.- Y pues no eran precisamente aplausos, ¿verdad?- El sarcasmo en su voz, provocó otra ola de risas, sujetándolo con fuerza del brazo, era gracioso porque su papá le sacaba casi una cabeza.- No se lo tome a mal, señor, sólo hago mi chamba.- Hizo una pausa, dándole algo parecido a una risa.- Tiene una bonita familia, y lo felicito por sus criaturas, pero para la próxima, no haga sus cochinadas en público y menos en el baño de discapacitados ¿sí? Piense en sus hijos.

Pudo ver a JiYong que levantó la mirada hacia ellos, estaba mudo y rojo, toda la confianza que tuvo cuando "habló en su defensa" se había esfumado tras el discurso de su marido. Podía ver la culpa en sus castaños ojos, al igual que en su padre, también los miraba avergonzado.

El que se notaba que era el jefe, porque fue el único de los guardias que habló hasta ahora, le hizo una señal a sus compañeros que sujetaban a JiYong, para que lo siguieran, al tiempo que le pedían a la multitud que dejaran de grabar y se despejaran, porque no había nada más que ver ahí.

Así fue como vio a esos cuatro hombres uniformados, escoltando a sus esposados padres, Dios sabrá a donde.

Pero ya había tanta raza aglomerada, que no quiso acompañarlos en el walk of shame.

-Amor, ¿Estás bien?- Escuchó la suave voz de Wohno y levantó la mirada para ver a su novio.- Tardé porque afuera hay como tres patrullas, ¿Pasó algo? ¿Qué están regalando o qué?

Verga ¿patrullas?

-Wey, Mino, ¿qué hacemos? ¡Sí se los van a llevar a la cárcel!- Gatito lo sacudió para sacarlo del trance, porque ahora sí que después del coraje, le cayó el veinte de todo.

Ellos eran menores así que no había mucho que pudieran hacer si había policías de verdad involucrados. Tuvo la idea de hablarle a su padrino, aunque era el único hombre que sabía que no iba a cagotear a sus papás, por lo que también pensó en su tío YoungBae, que ese sí los iba a sermonear hasta el cansancio, y la verdad es que se lo merecían, hoy sí se habían pasado de verdura.

Sin embargo, marcó el número de la persona más influyente que conocía, aunque sintiera el corazón latir a mil por hora.

-¿Jinu? Hola...

Porque pues sí, su ex era hijo de un importante político, además que estaba seguro que él lo ayudaría sin preguntarle a detalle. A pesar de todo lo que habían vivido el año pasado, seguían siendo algo parecido a amigos, y conociendo su buen corazón, sabía que siempre podía contar con él.

-Puta, y luego dicen que soy un exagerado, porque como ellos no se van a divorciar, no voy a necesitar ir a terapia, pinches papás culeros.- Refunfuñaba Gatito a su lado, acariciando la cabecita de la norteada JiSoo, y apretando los cachetitos de Pilón para hacerlo reír. Como buenos bebés, no entendían ni madres de lo que pasaba a su alrededor, pero aún así estaban extrañamente calmados, como si sí supieran de la seriedad de todo.- Esto ya me jodió la vida, hermano.

Y no solo a él, a todos.

Esto definitivamente sí los iba a mandar a terapia.




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