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Cruzando una línea (Crossing a line)

Summary:

Mari no diría que estaba enamorada de Nozomi, pero definitivamente la quería más que como a una simple amiga. Si tenía la oportunidad de follarla, lo haría sin dudarlo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

La música retumbaba en las paredes del club nocturno, una mezcla de bajos pesados ​​y ritmos electrónicos que parecían vibrar en el aire mismo. Las luces de neón se reflejaban en las superficies pulidas del bar, bañando todo en tonos de azul y púrpura. A lo largo de la barra, las botellas de licor brillaban bajo la luz, sus contenidos invitando a la desinhibición y el olvido.

Mari Ohara, con su cabellera dorada perfectamente peinada, observaba su reflejo en el espejo detrás de la barra. A sus 38 años, seguía luciendo deslumbrante, como si los años apenas hubieran pasado para ella. Sin embargo, en ese momento, la belleza que tanto la había definido no era suficiente para apaciguar la tristeza que sentía en su interior. Había venido al club con la esperanza de olvidar, de ahogar sus penas en alcohol, pero hasta ahora, solo había conseguido sentirse más miserable.

—Me pregunto qué tan patética me veo, Nozomi —murmuró Mari mientras agitaba suavemente su vaso de whisky, observando cómo el líquido dorado giraba en espiral.

Nozomi Tojo, sentada a su lado, lanzó una mirada sarcástica hacia su amiga mientras tomaba un sorbo de su cóctel.

—Te ves como alguien que se ha dado cuenta demasiado tarde de que la juventud es efímera —respondió Nozomi con brutal honestidad, una que siempre había sido tanto una bendición como una maldición para Mari.

—Gracias por el cumplido —dijo Mari con un gruñido de resignación antes de darle un trago largo a su whisky, el calor del alcohol bajando por su garganta y nublando un poco más su mente.

Las dos amigas estaban “celebrando” el cumpleaños número 38 de Mari, aunque para ella, no había mucho que celebrar. Alrededor del club, las demás mujeres parecían estar en una liga completamente diferente. Jóvenes, vibrantes, llenas de energía y vida. Algunas de ellas no debían tener más de 20 años, lo que hacía que Mari se sintiera como una intrusa en un mundo que ya no le pertenece.

—¿Te arrepientes de haber venido? —preguntó Nozomi, notando el ceño fruncido de su amiga.

—No, no es eso… Es solo que… —Mari susspiró, buscando las palabras correctas—. Me siento como si ya no encajara aquí. Miralas, Nozomi. Son tan jóvenes. Algunas de ellas probablemente ni siquiera han salido de la universidad. Y aquí estoy yo, celebrando otro año de vida que me acerca más a los 40.

Nozomi se echó a reír, aunque su risa carecía de alegría.

—Vamos, Mari. Te ves mejor que la mayoría de ellas. Si alguna de ellas supiera cuántos años tienes realmente, se morirían de envidia.

—Talvez. Pero eso no cambia cómo me siento. Además, el hecho de que ninguna de nuestras viejas amigas esté aquí no ayuda.

Nozomi avanzaba lentamente, sabiendo exactamente a lo que Mari se refería. Con el paso de los años, muchas de las chicas con las que solían salir se habían distanciado. Algunas se casaron, otras tuvieron hijos, y otras simplemente se mudaron o encontraron nuevas amistades. El grupo que una vez fue inseparable ahora estaba disperso, y Mari, en su cumpleaños, se encontraba celebrando sola con la única amiga que le quedaba.

—Sabes porqué no están aquí, ¿verdad? —dijo Nozomi, sus ojos violetas brillando con una mezcla de lástima y exasperación—. Esto no es casualidad. Nadie quiere ser parte del desastre que causaste.

Mari apretó los dientes, sintiendo la punzada de las palabras de Nozomi.

—No tienes que grabarmelo, Nozomi.

—Alguien tiene que hacerlo. Eres una tonta, Mari. Te lo buscaste. Engañaste a Dia, y ahora no solo perdiste a tu esposa, sino que también perdiste a casi todas tus amigas en el proceso.

Mari sintió la sangre hervir en sus venas, pero se forzó a no responder. Sabía que discutir con Nozomi no llevaría a nada, y aunque le doliera, tenía que admitir que su amiga tenía razón. Había cometido un error imperdonable, y las consecuencias la perseguían todos los días. Pero había algo más detrás de las palabras de Nozomi, algo que Mari había notado durante los últimos meses. Nozomi estaba amargada, y aunque siempre había sido brutalmente honesta, ahora parecía disfrutar haciéndole daño a Mari.

—¿Por qué siempre tienes que ser tan cruel conmigo? —preguntó Mari con voz apagada, mirando a su amiga con ojos cansados.

Nozomi se encogió de hombros, tomando otro sorbo de su bebida.

—No es crueldad, Mari. Es la verdad. Y si yo no puedo decirte la verdad, ¿quién lo hará? Además, tú misma te lo buscaste. Y si crees que soy cruel, tal vez deberías considerar cómo se siente Eli cada vez que salgo contigo. No es fácil ser tu amiga.

Mari sintió un nudo en el estómago. Sabía que su amistad con Nozomi había estado causando problemas en el matrimonio de su amiga. Eli nunca había estado cómoda con la idea de que Nozomi y Mari siguieran siendo tan cercanos, especialmente después del escándalo de la infidelidad de Mari. Pero Nozomi se había mantenido firme, insistiendo en que Mari necesitaba a alguien a su lado, incluso si eso significaba arriesgar su propio matrimonio.

—No tienes que seguir siendo mi amiga si eso te causa tantos problemas —murmuró Mari, jugando con el borde de su vaso.

—No seas estúpida. Sabe que nunca te abandonaría. Pero eso no significa que no pueda decirte lo que pienso. Solo… —Nozomi hizo una pausa, suavizando su tono—. Solo quiero que dejes de autocompadecerte y empieces a hacer algo para mejorar tu vida. Es agotador verte así.

Mari avanzaba lentamente, sabiendo que Nozomi tenía razón, pero sin tener la fuerza para cambiar. Se había acostumbrado tanto a ser el saco de boxeo emocional de Nozomi que apenas se daba cuenta de cuánto la afectaba. A pesar de todo, Mari apreciaba la brutal honestidad de su amiga. Nozomi había sido la única constante en su vida, la única que estuvo ahí para consolarla cada vez que su madre destrozaba su autoestima, y ​​también la primera en apoyarla cuando salió del clóset como gay. Nozomi podía maltratarla verbalmente tanto como quisiera, y Mari lo soportaría, porque no podía permitirse perder a la única amiga real que le quedaba.

Mientras Mari se sumía en sus pensamientos, notó que algunas chicas en el club las estaban mirando con interés, sus ojos recorriendo sus cuerpos de manera descarada.

—Genial, justo lo que necesitaba —gruñó Mari, girándose hacia Nozomi—. Parece que tenemos compañía no deseada.

Nozomi siguió la mirada de Mari y soltó un suspiro.

— ¿Qué esperabas? Sigues siendo hermosa, Mari, y estamos en un club lleno de chicas jóvenes que probablemente están buscando algo de diversión.

—No estoy de humor para eso esta noche. —Mari frunció el ceño, sintiendo el peso de las miradas sobre ellas—. Nozomi, ¿podrías hacerme un favor?

— ¿Qué clase de favor? —preguntó Nozomi, arqueando una ceja.

—Finge que eres mi novia, como en la universidad. Solo por esta noche. No quiero tener que lidiar con ninguna de ellas.

Nozomi la miró fijamente durante unos segundos, considerando la propuesta. Finalmente, suspensó y ascendió.

—Está bien, pero solo porque estoy lo suficientemente borracha para no importarme.

Mari suena levemente, agradecida. Sin pensarlo dos veces, se acercó a Nozomi, invadiendo su espacio personal y deslizando una mano por su muslo.

—Gracias, Nozomi. Sabía que podía contar contigo.

Nozomi no respondió, simplemente se dejó llevar por el juego, aunque Mari notó que su amiga estaba más tensa de lo habitual. A pesar de su actitud relajada, era evidente que Nozomi no estaba del todo cómoda con la situación.

Mari, sin embargo, decidió aprovechar la oportunidad. Se inclinó hacia Nozomi, su rostro a solo centímetros de su amiga.

—Eres una novia increíblemente atractiva, ¿lo sabías? —susurró Mari, su aliento cálido rozando la piel de Nozomi.

—Mari, no te pases de la raya —advirtió Nozomi, aunque su voz sonaba más débil de lo que debería.

—Oh, vamos, Nozomi. Estamos finyendo, ¿recuerdas? —Mari suena, sus dedos trazando un camino lento y tentador por el muslo de Nozomi.

Nozomi resopló, pero no hizo nada por apartarse. El alcohol en su sistema había suavizado sus defensas, y aunque sabía que esto era una mala idea, no podía evitar dejarse llevar por el calor que empezaba a acumularse en su cuerpo.

—No te pongas tan cómoda —dijo Nozomi, intentando sonar firme, pero su tono la traicionó.

Mari rió suavemente y, con una audacia que solo el alcohol podía otorgar, acercó sus labios a la oreja de Nozomi.

— ¿Qué pasa? —susurró—. ¿Acaso te estás excitando?

—No digas tonterías… —respondió Nozomi, aunque un rubor evidente se extendió por sus mejillas.

—Vamos, Nozomi, relájate. Nadie va a juzgarnos. Es solo un juego, ¿verdad?

Mari deslizó su mano más arriba, acariciando suavemente la parte interna del muslo de Nozomi. El contacto hizo que Nozomi inhalara bruscamente, y Mari no pudo evitar sonreír con satisfacción. Era un juego peligroso, pero Mari estaba dispuesta a correr el riesgo. No solo para protegerse de las miradas lujuriosas de las chicas en el club, sino también para vengarse un poco de los constantes comentarios hirientes de Nozomi.

—Mari… —murmuró Nozomi, su voz apenas un susurro—. Bájale a tu juego. Estás… estás borracha.

—¿Y tú no? —Mari contraatacó, deslizándose aún más cerca, hasta que sus labios rozaron la mandíbula de Nozomi—. Relájate, Nozomi. Disfruta un poco.

Nozomi se giró para mirar a Mari, sus ojos llenos de un conflicto interno que ella misma no terminaba de comprender. Por un lado, sentí que estaba cruzando una línea peligrosa, especialmente considerando su relación con Eli. Por otro lado, el alcohol, combinado con el calor del cuerpo de Mari, la estaba llevando a un estado de vulnerabilidad que no había experimentado en mucho tiempo.

—No deberíamos… —empezó Nozomi, pero sus palabras se quedaron en el aire cuando Mari la interrumpió con un suave beso en la comisura de sus labios.

El beso fue breve, casi inocente, pero fue suficiente para encender una chispa dentro de Nozomi. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, Mari se apartó ligeramente y soltó una risita.

—Ves? No es tan malo. Además, parece que nuestras admiradoras ya perdieron el interés —dijo Mari, señalando con la cabeza a las chicas que ahora habían desviado su atención a otra parte del club.

Nozomi sospechó, tratando de recuperar la compostura. Ella no era gay, había experimentado en la universidad precisamente con Mari, pero decidió que probar el pene de otra alfa simplemente no era lo suyo. Aun así, decidió seguirle la corriente a su amiga, al menos por esta noche. Tal vez el alcohol podría ayudarla a olvidar lo que estaba sucediendo, al menos por un rato.

—Si sigues así, más te vale no tener una erección —dijo Nozomi en un intento de desviar la atención de sí misma.

—He estado rodeado de bellezas casi toda mi vida, ¿sabes? —Mari emocionada, divertida por el comentario—. Lo que me pides no es tan difícil.

Pero a medida que la noche avanzaba y el alcohol seguía fluyendo, ambas amigas comenzaron a dejar de lado cualquier precaución. Las risas se hicieron más frecuentes, los toques más atrevidos, y lo que comenzó como un simple juego entre dos amigas borrachas empezó a escalar de maneras que ninguna de las dos había anticipado.

Mari, cada vez más desinhibida, se atrevió a rodear la cintura de Nozomi con un brazo, atrayéndola hacia sí de manera posesiva.

—Debo admitir que eres una novia bastante caliente, Nozomi —susurró Mari, sus labios rozando la piel de Nozomi mientras hablaba.

—Mari, no… —Nozomi intentó protestar, pero sus palabras se desvanecieron cuando Mari le plantó un beso firme y apasionado en los labios.

Nozomi se quedó rígida al principio, sorprendida por la intensidad del beso, pero el calor y el deseo que había estado tratando de reprimir durante toda la noche finalmente explotaron dentro de ella. Sin pensarlo, correspondió al beso, su lengua encontrándose con la de Mari en un duelo feroz y lleno de necesidad. Cuando finalmente se separaron para tomar aire, ambas estaban jadeando, sus cuerpos presionados el uno contra el otro en una desesperada búsqueda de más contacto.

—Esto… esto está mal —murmuró Nozomi, aunque no hizo ningún intento por alejarse.

—Técnicamente, no es infidelidad si ambas somos alfas, así que no te preocupes—Mari bromeó, aunque en el fondo sabía que era un autoengaño—. ¿Quieres… quieres ir a un lugar más privado? —sugirió, su voz baja y ronca.

Nozomi dudó por un momento, pero finalmente ascendió. Sabía que lo que estaban a punto de hacer era un error, pero la tentación era demasiado grande, y el alcohol junto con la nostalgia de sus días universitarios habían nublado su juicio.

Sin decir nada más, ambos se levantaron de sus asientos y se dirigieron hacia el baño del club. Era un lugar pequeño y estrecho con iluminación tenue, pero en ese momento, a ninguna de las dos le importó. Entraron a uno de los dos únicos cubículos y Mari empujó a Nozomi contra la pared del interior, atrapándola entre sus brazos mientras volvía a besarla con una intensidad que bordeaba lo desesperado.

Nozomi gimió contra los labios de Mari, su cuerpo temblando por la mezcla de emociones y el alcohol. Cuando sintió la mano de Mari deslizándose hacia abajo, acariciando su abdomen hasta llegar a su entrepierna, Nozomi no pudo evitar gemir en voz alta al sentir a Mari palpando el creciente bulto en sus pantalones.

—Esto… esto es una locura —jadeó Nozomi, aunque no hizo nada por detener a Mari.

—Lo sé —susurró Mari—, pero no quiero detenerme.

Y con esas palabras, Mari comenzó a desabrochar los pantalones de Nozomi, sus dedos moviéndose con una precisión que sólo alguien experimentado podría tener. En cuestión de segundos, la parte inferior de Nozomi estaba expuesta, su miembro erecto y firme mostrándose ante Mari, quien sintiéndose con satisfacción al ver el estado de su amiga.

—Había olvidado lo hermosa que era tu polla. Ni muy grande ni muy pequeña—dijo Mari, mientras sus dedos envolvían la dureza de Nozomi, comenzando a acariciarla lentamente.

—Mari… —Nozomi apenas podía hablar, su mente nublada por el placer y la culpa—. Esto… ay, cielos…

—Veamos si esto sigue siendo tan delicioso como recuerdo —dijo Mari, poniéndose de rodillas frente a su amiga.

Antes de que Nozomi pudiera decir nada, Mari tomó su pene en la boca, sus labios cerrándose alrededor de la cabeza mientras su lengua trazaba círculos lentos y provocativos.

Nozomi soltó un gemido ahogado, su mano instintivamente yendo al cabello de Mari, aferrándose a los mechones dorados mientras su cuerpo se arqueaba hacia adelante. Eli no solía hacerle mamadas, y probablemente por eso el calor de la boca de Mari se sentía tan bien.

—Mari… no… no puedo… —Nozomi intentó advertir, pero su voz se quebró cuando Mari aumentó la intensidad de sus movimientos, succionando con más fuerza mientras su lengua trabajaba de manera experta para llevar a Nozomi al borde del clímax.

Pero antes de que pudiera llegar a ese punto, Mari se apartó abruptamente, dejando a Nozomi jadeando y temblando por la interrupción.

—¿Qué… por qué te detienes? —preguntó Nozomi, su voz llena de frustración.

—No voy a dejarte acabar tan fácilmente —respondió Mari con una sonrisa traviesa—. Aún no he terminado contigo.

Mari se levantó y, con un rápido movimiento, giró a Nozomi, apoyándola contra la pared del cubículo. Nozomi no tuvo tiempo de reaccionar antes de sentir las manos de Mari en sus caderas, acomodándolas para exponer mejor su trasero.

—Mari… espera… —Nozomi intentó protestar, pero su voz se perdió en un gemido cuando sintió las manos de Mari separando sus nalgas y exponiendo la entrada de su año.

—Relájate, Nozomi —susurró Mari, desabrochándose sus pantalones y bajándoselos junto con su ropa interior. Un par de dedos de Mari se deslizaron dentro de su amiga, tratando de abrir un poco su entrada trasera—. Solo déjate llevar. Como en la universidad.

Nozomi mordió su labio con fuerza, tratando de no soltar los gemidos que luchaban por escapar de su garganta. El placer y la culpa aún se mezclaban en su mente, creando una tormenta de emociones que no podía controlar. Los dedos de Mari se movían con una precisión experta, estirando y preparando el agujero fruncido de Nozomi.

—Mari… —gimió Nozomi, su voz rota por la necesidad.

—Shhh, tranquila, Nozomi. Te haré sentir muy bien —murmuró Mari, su voz cargada de una mezcla de deseo y ternura.

Sin previo aviso, Mari retiró sus dedos, provocando una queja de frustración de Nozomi. Pero antes de que pudiera protestar, sintió la presión del pene de Mari contra su entrada. Mari se inclinó hacia adelante, su cuerpo presionando contra el de Nozomi, mientras sus labios rozaban su oído.

— ¿Estás lista? —susurró Mari.

Nozomi se acercó débilmente, su mente nublada por el deseo. Sin más preámbulos, Mari empujó lentamente, penetrando a Nozomi con un gemido ahogado. Ambas mujeres jadeaban mientras Mari se deslizaba dentro, llenando el culo de Nozomi por completo. El calor y la estrechez que rodeaban su pene hicieron que Mari temblara, luchando por mantener el control.

—Mari… oh, cielos… —Nozomi gimió, su cuerpo temblando por la sensación de incomodidad, dolor y placer al mismo tiempo.

Mari se quedó quieta por un momento, disfrutando del calor y la sensación de estar tan profundamente “conectada” con su amiga. Pero el deseo pronto se volvió insoportable, y comenzó a moverse lentamente, sacando y metiendo su pene en el culo de Nozomi con movimientos medidos y deliberados.

Cada embestida arrancaba un gemido de los labios de Nozomi, quien se aferraba a la pared del cubículo en un intento de mantenerse en pie. Mari le había contado alguna vez sobre lo doloroso y placentero que era el sexo anal para una alfa por la estimulación de la próstata. Nozomi nunca le creyó, pero con cada empuje de Mari, el propio pene de Nozomi se estremecía sin necesidad de tocarlo, chorreando líquido preseminal como una manguera mal cerrara.

—Más… Mari… Más fuerte… —suplicó Nozomi, su voz entrecortada por los gemidos.

Mari obedeció, aumentando la velocidad y la fuerza de sus movimientos. Las embestidas se volvieron más rápidas, más desesperadas, mientras ambas mujeres perdían completamente el sentido del tiempo y el lugar. El ruido de sus cuerpos chocando y el sonido húmedo de la piel contra piel llenaban el pequeño cubículo, mezclándose con los gemidos y suspiros que escapaban de sus labios.

La sensación de ser llenada tan profundamente y con tanta fuerza llevó a Nozomi al borde del clímax en cuestión de minutos. Sus piernas temblaban, su respiración se volvía errática, y podía sentir la presión construyéndose en su interior, lista para explotar en cualquier momento.

—Mari… voy a… —Nozomi no pudo terminar la frase antes de que el orgasmo la golpeara con una fuerza abrumadora.

Su cuerpo se tensó, y un grito ahogado escapó de su garganta mientras su orgasmo la arrasaba, su semen saliendo en violentas oleadas, manchando la pared frente a ella. Mari continuó moviéndose, sus embestidas incesantes mientras Nozomi se estremecía y gemía, atrapada en la intensidad de su clímax.

El cuerpo de Nozomi temblaba incontrolablemente mientras el placer la invasión, su mente nublada por la mezcla de sensaciones. Sentía cada empuje de Mari como una descarga eléctrica que recorría todo su ser, prolongando su orgasmo hasta que se volvía más incómodo que placentero.

Mari no estaba muy lejos de su propio clímax. Al sentir el culo de Nozomi apretando alrededor de su pene, el placer que había estado reprimiendo finalmente la superó. Con un último empuje profundo, Mari se enterró hasta el fondo y dejó escapar un gemido gutural mientras liberaba su semen dentro de Nozomi.

El calor líquido y espeso llenó el recto de Nozomi, provocando un último gemido mientras ambas mujeres se relajaban contra la pared del cubículo, sus cuerpos agotados y temblorosos. Por un momento, ninguna de las dos se movió, ambas jadeando mientras intentaban recuperar el aliento y procesar lo que acababa de suceder.

Finalmente, Mari se separó de Nozomi, su respiración aún pesada mientras sacaba su pene del culo de su amiga. Ambas se miraron, sus rostros enrojecidos y sus cuerpos cubiertos de una ligera capa sudor, pero ninguna dijo nada. Nozomi se giró lentamente, sus piernas aún temblando, y se apoyó contra la pared, cerrando los ojos mientras intentaba ordenar sus pensamientos e ignorar la sensación del semen de Mari escurriendo de su culo.

—Esto… esto no debería haber pasado —murmuró Nozomi, su voz llena de culpa. Ahora que la emoción se había disipado, la realidad de que le había sido infiel a su esposa la golpe.

Mari suspir, su propia mente luchando por encontrar las palabras adecuadas. Sabía que lo que acababan de hacer estaba mal en muchos niveles, pero el alcohol y la soledad habían nublado su juicio.

—Lo sé… —admitió Mari en voz baja—. Pero no podemos deshacerlo ahora. Lo hecho, hecho está.

Nozomi se acercó débilmente, sintiendo el peso de la realidad volviendo a caer sobre ella. Todo su ser estaba inundado de remordimiento y confusión. Aunque había sido un momento de debilidad compartido entre dos amigas, sabía que las consecuencias de esa noche podrían ser devastadoras, especialmente si Eli llegaba a enterarse.

—Mari, esto no… no podemos repetir esto. No debe volver a suceder.

Mari ascendió, pero en el fondo sabía que, a pesar de sus palabras, había una parte de ella que realmente quería repetir lo que hicieron. Desde sus juguetes en la universidad, Mari siempre había querido tener sexo con Nozomi, y ahora que finalmente había probado el “fruto prohibido” que era su mejor amiga, Mari no quería que fuera algo de una sola vez.

—Lo prometo —dijo Mari, aunque no estaba segura de si realmente cumpliría esa promesa.

Finalmente, Nozomi se apartó de la pared y se subió la ropa interior junto con su pantalón, su rostro aún marcado por la fatiga y la vergüenza. Mari la imitó en silencio, y en cuestión de minutos, ambas estaban como si nada hubiera sucedido. Siempre y cuando ignoraras sus apariencias ligeramente desalineadas, claro.

—Vamos… mejor nos vamos antes de que alguien nos vea —dijo Nozomi, su voz algo ronca por haber gemido tanto.

Mari ascendió y, juntas, salieron del baño, caminando de regreso al bullicio del club. Mientras se dirigían a la salida, ambas sabían que, aunque no volverían a hablar de lo que había sucedido esa noche, las cosas nunca volverían a ser como antes.

Al salir al aire fresco de la noche, Nozomi tomó una respiración profunda, tratando de calmar el torbellino de emociones que la invadían. Mari, a su lado, estaba igual de silenciosa, su mente sumida en pensamientos oscuros y confusos.

—Te llevo a casa —dijo Mari finalmente, rompiendo el silencio.

Nozomi asintió, sin confiar en su voz para responder. Mientras caminaban hacia el auto de Mari, ambas se preguntaban en silencio cómo lidiarían con las consecuencias de sus acciones, y si su amistad podría sobrevivir a lo que hicieron en el baño.

 


 

El sonido de las llaves en el encendido del auto de Mari fue lo único que rompió el silencio entre ellas mientras se alejaban del club. Nozomi había esperado que, tras lo sucedido en el baño, la noche finalmente llegara a su fin, que Mari la llevaría de regreso a la casa que compartía con Eli. Al menos, ahí, podría enfrentarse a su esposa y tratar de enterrar la culpa que ya pesaba como una perdida en su pecho.

Sin embargo, cuando las luces de la ciudad comenzaron a desvanecerse y tomaron un camino distinto al habitual, Nozomi frunció el ceño. Volteó a mirar a Mari, quien mantenía la vista fija en la carretera, sus manos firmes sobre el volante.

—¿No ibas a llevarme a mi casa? —preguntó Nozomi.

Mari no apartó la vista del camino mientras respondía.

-No. Voy a llevarte a mi casa.

La respuesta fue fría, casi indiferente, como si fuera lo más natural del mundo. Nozomi sintió un nudo formarse en su estómago. Sabía que algo no estaba bien, pero no encontré las palabras para oponerse. Después de todo, ya habían cruzado una línea que no se podía deshacer. ¿Qué importaba si Mari la llevaba a su departamento?

Mientras el auto avanzaba, Nozomi se hundió en el asiento, su mente luchando por procesar lo que había pasado. Habían sido amigas durante tanto tiempo, y jamás había pensado en Mari de esa manera, incluso en la universidad cuando eran casi novias. Sentía que estaba traicionando a Eli de la peor forma posible, pero al mismo tiempo, el deseo que había sentido en el club seguía presente, como un fuego que no podía apagar.

Llegaron al edificio de Mari en cuestión de minutos. Nozomi reconoció el lujoso lugar de otras veces que había ido a visitarla, aunque en aquellas ocasiones, siempre había sido en un contexto completamente distinto. Esta vez, todo se sintió… extraño. Mari no dijo una palabra mientras salían del auto y se dirigían al ascensor.

Una vez dentro del departamento, Nozomi cruzó los brazos sobre su pecho, sintiéndose incómoda. El aroma a rosas y jazmín que siempre impregnaba el espacio parecía más fuerte de lo habitual, como si quisiera envolverla y sofocarla. Mari, por su parte, se movió con la naturalidad de quien conoce bien su entorno, cerrando la puerta detrás de ellas con un suave clic.

—Nozomi —dijo Mari, rompiendo finalmente el silencio—, hueles a mí.

Nozomi la miró confundida.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que cualquier omega que te huela ahora sabrá que te follé —respondió Mari, acercándose a ella—. Especialmente Eli.

Nozomi dio un paso atrás instintivamente, no había pensado en eso. Pasaba tanto tiempo con Mari que no era extraño que sus feromonas se le pegaran un poco, pero habían follado sin protección, y aunque Mari se corrió dentro de ella solo una vez, era más que suficiente para que su aroma en Nozomi fuera mucho más intenso de lo que un simple abrazo podría explicar. Eli lo notaría al instante.

—¿Qué hago? —preguntó Nozomi en voz baja, su tono desesperado.

Mari esbozó una pequeña sonrisa antes de hablar.

—Ven. Usa mi ducha. Puedes quitarte mi olor. Si Eli pregunta, puedes decirle que te vomité encima o algo así.

—Qué asco.

—Es mejor que decirle que eyaculé dentro de ti, ¿no?

Nozomi no pudo evitar sonrojarse un poco ante las palabras de Mari. Esperaba de todo corazón que su amiga no convirtiera su indiscreción en un chiste recurrente de ahora en adelante.

—Hablando de eso, sé que tienes una vida sexual bastante activa… ¿tengo que preocuparme por alguna enfer-…?

—No —interrumpió Mari a Nozomi, negando con la cabeza mientras hablaba con un tono serio y seguro—. Me hago chequeos regularmente, estoy limpia. Además, siempre use conservantes, considérate afortunada por ser una de las pocas mujeres que ha recibido mi semen.

—Mari, de verdad, no empieza a bromear sobre esto.

—Está bien, entiendo. Demasiado pronto.

Nozomi suspir, no sabiendo si debera estar enojada con Mari por tomar su situacin tan a la ligera o sentir envidia de ella por ser tan despreocupada. Decidiendo no pensar más, Nozomi se dirigió al baño para ducharse, esperando que la hiciera sentir un poco mejor.

Al entrar al espacioso baño, Nozomi se desvistió con rapidez, dejando su ropa tirada en el suelo sin preocuparse demasiado por ella. Abra el grifo de la ducha, dejando que el agua tibia comience a llenar el espacio con vapor. Apenas entró bajo el chorro de agua, sintió una momentánea sensación de alivio mientras el líquido caliente corría por su cuerpo. Sin embargo, la sensación de alivio se desvaneció rápidamente cuando escuchó que la puerta del baño se abría detrás de ella. Giró la cabeza justo un tiempo para ver a Mari desnudándose y entrando también en la ducha, sin una palabra de advertencia.

— ¿Qué estás haciendo? —preguntó Nozomi, sintiendo una pequeña punzada de dolor a en su trasero al ver el pene flácido de su amiga que rápidamente comenzaba a crecer.

—Bueno, ya que de todas formas más a quitarte mi olor… —respondió Mari con naturalidad, acercándose a Nozomi bajo el chorro de agua—. Podrías ensuciarte un poco más.

Mari empujó suavemente a Nozomi contra la pared de la ducha, dejando que el agua cayera sobre ambas. Sus labios se encontraron los de Nozomi en un beso suave y amoroso. Y antes de que Nozomi pudiera darse cuenta, las manos de Mari estaban en todas partes: acariciando su espalda, su cuello, bajando lentamente hacia su cintura.

—Mari… esto está mal… —susurró Nozomi, aunque su cuerpo decía lo contrario.

—Ya no podemos empeorar las cosas, Nozomi. Déjate llevar —murmuró Mari, su voz cargada de deseo.

Nozomi cerró los ojos, el alcohol se le había bajado hace tiempo, pero permitió que Mari tomara el control una vez más. Sus cuerpos se movían con una familiaridad que solo podía haber ganado después de lo que habían compartido esa noche en el club. No había vuelta atrás.

El agua caliente caía sobre ellas, envolviéndolas en una neblina de vapor mientras Mari bajaba sus manos entre las piernas de Nozomi, tocándola con una delicadeza que contrastaba con la intensidad del deseo que emanaba de ambas. Nozomi dejó escapar un gemido ahogado, su pene poniéndose erecto y frotándose contra el de Mari.

—Mari… —gimió Nozomi, sin saber si estaba suplicando que su amiga parara o que continuara.

Mari no respondió con palabras, sino con acciones. Con un movimiento ágil, giró a Nozomi, haciéndola quedar de espaldas a ella, con las manos apoyadas en la pared de azulejos. Nozomi sintió cómo el cuerpo de Mari se acercaba más, y en cuestión de segundos, la familiar sensación de ser penetrada volvió a inundar su cuerpo.

Cada embestida de Mari era firme. El agua seguía corriendo sobre sus cuerpos, pero ninguna de las dos prestaba atención. Estaban demasiado inmersas en el calor del momento, en la vorágine de placer que las envolvía.

Los gemidos de Nozomi se perdían en el sonido del agua al chocar contra el suelo de la ducha. La sensación era abrumadora, y antes de que pudiera controlarlo, el orgasmo la toque con una intensidad que hizo que su cuerpo se convulsionara. Se agarró a la pared con fuerza, temblando mientras con incluso más fuerza que en el baño del club, probablemente porque está vez estaba mucho más sobria.

Mari la siguió poco después, dejando escapar un jadeo ahogado mientras se corría dentro de Nozomi una vez más. Ambas quedaron inmóviles por unos instantes, sus cuerpos temblando bajo el agua caliente, hasta que finalmente, Mari se separó de Nozomi, tomándose un momento para vez como su semen se escurría del enrojecido año de su mejor amiga.

Sin decir una palabra, Mari tomó la mano de Nozomi y la guió fuera de la ducha, todavía con el agua goteando de sus cuerpos. No se molestaron en secarse. Mari la arrastró hacia el dormitorio, y antes de que Nozomi pudiera procesarlo, ya estaban sobre la cama, empapando las sábanas bajo ellas.

—Mari… esto es una locura —susurró Nozomi mientras sentía el colchón suave y ahora bajo húmedo su cuerpo.

—Nozomi, deja de pensar. Solo siente —respondió Mari, su voz baja, pero firme.

Nozomi se mordió el labio y finalmente decidió dejarse llevar. Se acomodó en la cama una posición que jamás pensó hacer durante el sexo. Se puso boca abajo y levantó el traseeo, su rostro presionado contra la almohada, sus manos aferrándose a las sábanas. Sabía lo que venía. Sabía que no podía seguir resistiéndose.

Mari se colocó detrás de ella, sus manos recorriendo la espalda mojada de Nozomi antes de bajar lentamente hacia sus caderas. Sin previo aviso, la penetró de nuevo, esta vez con más suavidad, pero sin perder la intensidad de las veces anteriores.

Cada embestida era más lenta, más medida, pero el placer era igual de devastador. Nozomi gimió contra la almohada, su cuerpo respondiendo de manera automática, moviéndose al compás de Mari.

—Eli… me va a matar —murmuró Nozomi entre jadeos, su mente dividida entre el placer y la culpa.

Mari no respondió, concentrada en sus propios movimientos, pero sabía que Nozomi tenía razón. Lo que estaban haciendo no solo era una traición física, sino también emocional. Esto era más que sexo en solitario.

Nozomi enterró su rostro en la almohada, mordiendo con fuerza el tejido suave de la funda mientras el pene de Mari continuaba entrando y saliendo de su trasero, golpeando su próstata. El placer que sentía se veía atenuado por la creciente culpa que la consumía. Eli siempre le había expresado a Nozomi lo mala influencia que era Mari, que algún día podría meterla en un problema, y ​​ahora... ahora Nozomi estaba en la cama de Mari, siendo tomada por ella como si fuera la cosa más natural del mundo.

—No puedo seguir así... —murmuró Nozomi, su voz ahogada por la almohada.

—Shh... —Mari la interrumpió suavemente, inclinándose sobre ella hasta que sus labios rozaron la oreja de Nozomi—. Solo disfruta, Nozomi. Ya no hay vuelta atrás.

Nozomi sintió un escalofrío recorrer su cuerpo ante las palabras de Mari. Tenía razón, claro. No había marchado atrás. Pero eso no significaba que la culpa desapareciera. Cada embestida, cada caricia, cada susurro de Mari la arrastraba más y más lejos de la persona que había sido antes de esa noche.

De repente, el celular de Nozomi comenzó a sonar desde la sala del departamento. Nozomi abrió los ojos, sintiendo una punzada en el pecho al saber que seguramente era Eli quien la estaba llamando.

— ¿Vas a contestar? —preguntó Mari en un tono burlón mientras se detenía por un breve momento, moviendo sus caderas un poco hacia los lados para que su amiga no se relajara demasiado.

Nozomi dudó. Una parte de ella quería contestar, quería decirle a Eli que todo estaba bien, que iba camino a casa. Pero, ¿cómo podría siquiera mentirle después de lo que había hecho? Después de lo que estaba haciendo.

—No puedo... —susurró Nozomi, bajando la mirada con el corazón hecho un nudo.

Mari suena levemente, se recostó sobre Nozomi y retomó el ritmo, siguiéndola con renovada intensidad. No había escapatoria. No había excusas. Nozomi ya estaba demasiado inmersa en este remolino de pasión y traición.

—Entonces deja de pensar en ella —le susurró Mari con una voz tan suave que era casi hipnótica—. Solo piensa en nosotras, en lo bien que se siente tener mi pene dentro de ti.

Las palabras de Mari resonaban en su cabeza, pero Nozomi no podía simplemente borrar a Eli de su mente. Incluso mientras su cuerpo respondía al toque de Mari, su mente seguía invadida por la imagen de su esposa: su risa, sus caricias, las veces que se quedaron juntas en la cama hablando hasta el amanecer. ¿Qué había pasado con esa felicidad? ¿En qué momento había permitido que todo se desmoronara?

—Mari... —Nozomi intentó hablar, pero su voz era apenas un gemido entrecortado.

Mari no respondió con palabras esta vez. En cambio, la tomó con más firmeza, empujando el cuerpo de Nozomi más hacia las sábanas húmedas. Nozomi apenas podía pensar, su mente era un caos de emociones, pero su cuerpo respondía a cada toque, cada embestida, como si estuviera en piloto automático. Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal. Sabía que esto podría destruir su relación con Eli para siempre, pero en ese momento, el deseo primitivo era demasiado fuerte, demasiado abrumador.

—Ya casi... —murmuró Mari, su respiración agitada contra la piel mojada de Nozomi.

Nozomi podía sentir cómo el placer crecía en su interior, incontrolable, mientras el peso de Mari la mantenía firmemente en su lugar. El calor de sus cuerpos unidos, el sonido del agua chapoteando cada vez que sus pieles se encontraban y el roce de las sábanas empapadas creaban una atmósfera cargada de una intensidad sofocante.

Finalmente, el clímax golpeó a Nozomi con una fuerza devastadora, arrancándole un grito que quedó atrapado en su garganta. Su cuerpo temblaba bajo el de Mari, sus manos aferrándose con fuerza a las sábanas mientras su pene expulsaba una gran cantidad de esperma que quedó atrapada entre su vientre y el colchón. Mari la siguió poco después, dejando escapar un jadeo ahogado mientras su propio orgasmo la sacudía, y esta vez su semen se desbordaba del culo de Nozomi con sj pene aún adentro.

Por un largo momento, el único sonido en la habitación fue el de sus respiraciones entrecortadas. Nozomi permaneció inmóvil, con el rostro enterrado en la almohada, demasiado exhausta y emocionalmente agotada para moverse.

Finalmente, Mari se apartó, sacando su pene del culo de Nozomi y dejando que el aire frío de la habitación envolviera a su amiga. El silencio que siguió fue aún más pesado que el que había existido antes de que todo comenzara.

—Mari... —empezó Nozomi, pero las palabras se quedaron atascadas en su garganta. No sabía qué decir. No sabía cómo explicar lo que sentía. Y la sensación del semen de Mari en su interior no hacía que fuera más fácil pensar.

Mari, por su parte, simplemente se dejó caer al lado de Nozomi en la cama, su respiración aún agitada.

—No pienses en ello ahora —dijo Mari en voz baja, girando la cabeza para mirarla—. Podemos lidiar con todo esto mañana.

Pero Nozomi sabía que el mañana traería consigo un nuevo conjunto de problemas. Sabía que tendría que enfrentarse a Eli, que tendría que explicar dónde había estado y por qué no había contestado sus llamadas. Sabía que lo que había hecho esa noche cambiaría todo para siempre.

Mari extendió una mano y acarició suavemente la espalda de Nozomi, trazando pequeños círculos con sus dedos. El gesto era tranquilizador, pero solo sirvió para aumentar la sensación de culpa que ya pesaba en el pecho de Nozomi.

—No te preocupes por Eli —susurró Mari, acercándose más—. Ella nunca tiene que enterarse.

Nozomi cerró los ojos, deseando poder creer en las palabras de Mari. Pero en el fondo, sabía que la verdad no podía permanecer oculta para siempre. Ella y Eli estaban casadas. Compartieron todo, desde sus vidas hasta sus más profundos secretos. ¿Cómo podía pensar siquiera en ocultar algo tan grave como esto? ¿Cómo iba a enfrentar a Eli después de todo lo que había sucedido esa noche?

El silencio en la habitación era abrumador. Nozomi sabía que había cometido un error terrible, pero ya no había vuelta atrás. Había cruzado una línea, y ahora tendría que vivir con las consecuencias.

El peso de la culpa era insoportable, pero también lo era el deseo que seguía ardiendo en su interior. A pesar de todo, una parte de Nozomi seguía anhelando a Mari, deseando más de lo que habían compartido esa noche.

Quizás eso era lo peor de todo.

Con un suspiro profundo, Nozomi finalmente se giró en la cama, mirando a Mari a los ojos. Sabía que el precio por lo que habían hecho sería alto, y quizás ya lo estaba pagando. Nozomi terminó tomándole gusto a tener el pene de otra alfa dentro de ella. Tal vez si se hubiera dejado follar por Mari en la universidad, nada de esto habría pasado… Bueno, la parte del sexo sí, posiblemente con mucha frecuencia, pero en mejores circunstancias.

Notes:

Me encontré una historia NTR bastante buena y decidí intentar escribir algo por el estilo con una de mis parejas favoritas de Love Live. No creo haber logrado plasmar bien el sentimiendo de infidelidad, pero ya mejoraré.