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Naruto: One-Shot's

Summary:

Esta colección es un homenaje al amor en todas sus formas. Cada historia captura la esencia de los personajes de Naruto y los coloca en situaciones donde sus corazones pueden florecer. Sumérgete en este mundo de romance y déjate llevar por la magia del amor ninja.

¡Espero que disfrutes de esta colección de historias románticas! Adéntrate en cada One-Shot y descubre la belleza del amor en el mundo de Naruto.

*Se aceptan ideas para escribir más historias y sobre más parejas.
*Historias originales.
*Los personajes son creaciones de Masashi Kishimoto.
*Prohibida su copia.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Conquista °MadaMina°

Chapter Text

Fue difícil tener que dejar su mundo atrás, pero tampoco encontró la forma de poder regresar a su tiempo. Aún así, Minato estaría eternamente agradecido con el par de hermanos que lo adoptó como un hermano menor... Aún si en realidad era más de cien años menor que ellos.

Los Senju le ofrecieron un techo, comida y una cama cómoda donde descansar por las noches sin pedirle nada a cambio más que historias sobre su verdadero tiempo, donde veía los ojos iluminados de Hashirama por saber sobre el avance que tuvo la aldea a lo largo de los años, como también, presenció su emoción ante la idea de su futura nieta.

Por otro lado, Minato tuvo la atención de Tobirama mientras contaba sobre como había perfeccionado su Jutsu de velocidad, ayudándolo a adaptarlo en la actualidad y corregir las pequeñas fallas que tenía el mismo.

Y cuando Minato creyó que nada podía ser más perfecto para él al haber obtenido una familia a la cual acudir ante cualquier problema, Madara Uchiha se presentó con su típico porte orgulloso que había fascinado al joven rubio.
Aquel sujeto de mirada oscura y retadora que solía discutir constantemente con Tobirama por cualquier tontería solo para terminar con ambos enfurecidos, había llenado sus pensamientos desde el primer momento y Minato se había decidido a enamorarlo.

Si le preguntaban a Hashirama, la idea de su hermanito era maravillosa y romántica, argumentando que era fascinante como el amor florecería en la villa en poco tiempo. Tobirama, por otro lado, no podía creer que alguien tan despreciable podría haber enamorado al ser bondadoso que era su nuevo hermano, pero no se negaba mientras él fuera feliz. Sin embargo, eso no libró a Minato de recibir la advertencia en lugar de Madara, indicando que se encargaría de eliminarlo si llegaba a ver una sola lágrima derramarse de los ojos azules del más joven.

Solo exageran.Le había comentado Minato a Izuna.

Izuna era el hermano menor de Madara, mejor dicho el único hermano que le quedaba con vida luego de haber perdido a los otros tres en batalla.
Con una personalidad tan similar, siendo ambos amables y compartiendo el mismo sentido del humor, habían conectado casi al instante, siendo Izuna quien solía buscar a Minato para tener largas charlas con él.

El rubio no estaba seguro sobre que fue lo que cambió con su regreso, o quizás en el futuro, porque en su tiempo se conocía la historia de la muerte de Izuna a manos de Tobirama. Sin embargo, Minato le agradecía a los dioses por permitirle tenerlo como un gran amigo que lo molestaba con el apodo de futuro cuñado.

—En realidad, yo le advertí lo mismo a mi hermano.—Habló Izuna con total tranquilidad sin voltear a ver el pánico en el rostro de Minato.

—¿A qué te refieres? No quiero que lo espanten antes de conseguir algo.

Izuna elevó sus hombros restando importancia al asunto. Para él, era válida la amenaza porque después de tantos años viviendo solo entre la gente de su clan y teniendo como mejor amigo a su hermano mayor, no quería que su actual mejor amigo saliera herido en el proceso de enamorar a Madara.
Izuna era consciente de lo cruel que podía llegar a ser su hermano y justamente, era esa razón el motivo por el cual no le había contado a Minato sobre la respuesta que su hermano menor le dio a su advertencia el mismo día en que el rubio le entregó el primer obsequio.

—No hace falta que me adviertas porque no puedes evitar que una persona salga herida, hermano.—Había dicho Madara hacía tiempo.

—¿Ni siquiera lo piensas intentar?

—No tengo por qué hacerlo. Minato no me interesa en lo más mínimo.

Solo esperaba que su hermano no se arrepintiera de sus palabras en un futuro.

Izuna viró su mirada observando la rosa roja que Minato sostenía entre sus manos.

—¿Es para Madara?—Preguntó casi en un susurro.

—Solo si logro encontrarlo.—Comentó el joven con una suave sonrisa.

Y no es que Minato se encontrara verdaderamente feliz o esperanzado con la pequeña flor, porque aún cuando no le había contado a nadie, sabía que Madara intentaba no gritar en su rostro que lo dejara en paz de una vez por todas.

Sí podía asegurar que aceptaba los obsequios en su momento, pero no sabía que hacía con ellos una vez que los ojos azules no lo veían. Aún así, el ceño fruncido y las torceduras de labios que solía hacer al recibirlos, solo se encargaban de que Minato pensara en preparar un último regalo en un intento por conquistar aquel duro y despiadado corazón.

°

°

°

¿Acaso lo estaba evitando? Lo había estado buscando por toda la aldea, siendo consciente de que no le tocaban misiones ese día.

¿Quizás había sido demasiado intenso?

Minato sabía que no tenían las mismas costumbres que existían en su tiempo. Una de ellas era, claramente, el cortejo hacia un mayor. Algo de ser vergonzoso y que le quitaba honor al otro o una tontería de esas había dicho el mayor de sus hermanos, aún cuando luego le comentó que debía continuar con ello para hacer comprender correctamente sus sentimientos.

Se había acostumbrado al ver a su madre entregarle obsequios a su padre, siendo este mayor que ella. Minato lo veía adorable y una muestra de amor cuando eran detalles que sabía que su padre realmente deseaba, porque se trataba de poner atención a lo que decía la persona que amaba y recordar sus gustos.

Había estado vagando por la aldea durante horas, pasando incluso por los campos de entrenamiento para saber si Uchiha se encontraba en aquellos lugares, viéndose rodeado por la espesa vegetación.

Minato soltó un suspiro cuando observó la rosa, ahora siendo más pequeña que antes por la pérdida de los pétalos que se volaban con el viento al ser arrancada.

¿Cuánto más debía esforzarse? Quizás era mejor darse por vencido. Había estado buscando a Madara durante bastante tiempo, intentando conquistarlo con obsequios que le gustarían luego de quitarle información a su mejor amigo y a Hashirama. Las únicas dos personas que conocían lo suficiente a Uchiha Madara como para ayudarlo.

Minato, tomando asiento debajo de la sombra de un árbol y hundiéndose en su autocompasión, ni siquiera fue consciente de los pasos que se acercaban a él y solo puso atención cuando un manto de tela suave y afelpada se posicionó con cuidado sobre su regazo.

Elevó su mirada confundido, observando desde su posición el ceño fruncido que aquel a quien había estado buscando las últimas horas, le dedicaba.

—Es para ti.—Habló Minato extendiendo la rosa algo decaída, quizás representando su sentir en ese momento.— Necesita agua.—Dijo jugueteando con la tela.

Al igual que las veces anteriores, el azabache tomó el obsequio con sus manos enguantadas y el ceño fruncido, seguido de un sonido afirmativo que hizo con su garganta.

—Supe que te gustan y los anteriores que tenías creo que estaban algo viejos.—Habló entonces.

Minato observó con cuidado la tela comenzando a abrirla, encontrándose dentro diez kunais pulidos con su mango forrado por papel de pergamino. Junto a ellos se encontraba un pequeño frasco de tinta con un pincel para colocar el sello del Hiraishin.

Madara no esperó que Minato dejara de lado la manta antes de levantarse e impulsarse hacia adelante para pegar sus labios a los contrarios, frenando en el momento justo para que no se convirtiera en un cabezazo. Aún así, fue Madara quien inclinó un poco la cabeza y abrió poco a poco su boca para besarlo correctamente como deseaba.

Minato podía sentir el calor que recorría su cuerpo mientras sus manos se aferraban sin fuerza a los hombros del contrario, quizás demasiado emocionado por sentir que aquel que hacía latir su corazón con demasiada fuerza, finalmente le correspondía.

El menor se alejó apenas unos centímetros, sintiendo el último y corto beso que Madara le dio en un intento por obtener más.

—Creí que no te interesaba.—Dijo mirándolo a los ojos.— Es decir, ya pensaba en rendirme contigo.

—¿A qué se debe eso?

El rubio lo observó como si le hubiera crecido una segunda cabeza. ¿Acaso era tonto o nunca notó la forma en la que lo observaba cuando Minato le entregaba los obsequios?
Namikaze puso especial atención en las cejas fruncidas del contrario, elevando una de sus manos y presionando el centro con suavidad haciendo que Uchiha finalmente relajara el ceño.

—Por esa razón.—Explicó.— Siempre que te daba un regalo solías recibirlo de la misma manera y aunque continué cortejándote, en cierto punto comencé a sentir que de verdad te molestaba.

—No lo hacías.—Madara habló con rapidez para evitar confusiones.— En realidad me avergonzaba. No es común un cortejo como el que haz hecho tú y no voy a negar que al inicio me sentía algo incómodo, pero... Realmente me gustaron los regalos.—Afirmó con una suave sonrisa.

Los brazos de Minato rodearon la cintura del contrario cuando sintió el suave beso en su frente, ocultando en el cuello del mayor la sonrisa de emoción que amenazaba con romperle las mejillas.

°

°

°

Era agradable sentir la cálida brisa de la primavera. El aroma de las flores llegaba a su nariz provocando que inhalara profundamente.

Observando la rosa con varios pétalos caídos alrededor de la misma, Madara acarició con suavidad el rubio cabello de su acompañante, sintiendo su tranquila respiración al dormir. No habría querido desperdiciar aquel bonito regalo de Minato, pero tampoco deseaba regresar a su hogar para colocar la rosa en agua. De todos modos, Minato le había prometido regalarle más porque sabía cuanto le gustaban. Un secreto que solo podría haber revelado su hermano, siendo el único que tenía conocimiento sobre ello.

Un suspiro de satisfacción escapó de su boca cuando el brazo del menor cruzó su abdomen, apegándose un poco más a su cuerpo si era posible y Madara solo sintió el suyo actuar de forma automática cuando elevó su mano para acariciar la suave mejilla del muchacho, antes de depositar un nuevo y corto beso en los labios del mismo. No podría recibir quejas, porque ahora Minato le pertenecía y lo besaría las veces que quisiera.

Él no debía saber la discusión que tuvo con Izuna ese día, recordándole las palabras que había dicho con respecto a Minato hacía tiempo atrás. Y luego de prometerle que se comportaría como un hombre y lo amaría tanto como el mismo Minato se lo permitiera, su hermano menor finalmente le dijo la ubicación de la persona que había estado conquistándolo con sus bonitos obsequios.

Armas, las comidas que más le gustaban, libros de estrategias junto a novelas escritas, pinturas de los viajeros e incluso su flor favorita. Minato se había encargado de ser verdaderamente detallista con él y ahora era el turno de Madara de devolverle cada uno de esos bonitos detalles.

Le contaría a Minato con todo el detalle que su hermosa pareja le pidiera, el momento exacto en el que se enamoró de él y entonces, le mostraría como conservaba cada regalo en el interior de su cuarto porque simplemente no le agradaba la idea de que Izuna toqueteara aquello que le pertenecía. Aquello que Minato tanto se había esforzado en conseguir para su conquista.

 

¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

Chapter 2: Encuentro °NaruIta°

Chapter Text

Dedicado a Lady_Evelin que pidió a la pareja y recomendó la idea.

 

Le había costado dejar atrás a Sakura, sobre todo porque su amiga había insistido en que la ayudara a probar algunas inyecciones de venenos para los Jinchurikis en un intento por conseguir la cura por si lo necesitaba o algo por el estilo, Naruto no está seguro de haber entendido bien, pero poco le importaba cuando debía salir de la aldea. No le agradaba la idea porque odiaba las agujas, pero prefería someterse a ser el experimento médico de su amiga antes de tener que soportar sus puños cargados de chakra. Era una verdadera pena no poder utilizar a Sai para ese propósito.

Observó el ramo de flores que llevaba en su mano, inspeccionando que cada bonita flor se encontrara prolijamente atada dentro del envoltorio.
Ajustó el chaleco verde que le habían entregado apenas el día anterior con la misma emoción con la que un niño abre un regalo que se le ha otorgado.

Finalmente, comenzó su carrera hacia los límites de los frondosos bosques que ocultaban toda Konohagakure. Sabía que la persona que amaba lo esperaría allí como tantas veces lo había hecho a la espera de sus encuentros.

Teniendo el mayor cuidado de que no lo siguieran, Naruto corrió utilizando la copa de los árboles por si acaso, intentando no encontrarse con algún grupo de ninjas que volviera de misión. No quería que descubrieran su secreto antes de tiempo y mucho menos, arriesgar la vida de su pareja porque no pensaba permitir que le hicieran daño a la única persona por la que entregaría su vida.

Le había costado perder a Sakura, pero había sido mucho peor el haber conseguido que su abuela le diera el permiso para salir de la aldea por sí solo. Inventando excusas de querer conseguir algunos medicamentos de los viajeros que encontraría en el camino, Tsunade le había permitido salir con la condición de que debía ir acompañado. Claro que esperaba esa respuesta y lo único que se le ocurrió fue el tonto argumento de que no podría pelear con todas sus fuerzas si debía estar cuidando de sus escoltas.
La mirada de ojos entrecerrados que le dedicó la dama le había dejado en claro que no le creía ni una sola palabra. Sin embargo, luego de haberse puesto lo suficientemente insoportable como para que Tsunade quisiera lanzarlo por la ventana de la torre, la rubia había aceptado la patética excusa y eso había sido suficiente para Naruto. De todas formas podía comprar su perdón con la buena botella de Sake que le llevaría.

Simplemente tenía que buscar excusas para salir solo de la aldea unas dos o tres veces al mes, porque sabía que si aquellos días aumentaban, simplemente irían en su búsqueda. Además, tampoco podía escapar sin permiso porque se encargarían de encontrarlo y encerrarlo durante tiempo indefinido, algo que no permitiría a menos que su amado se encuentre a su lado, dificultando así su oportunidad de ver a su persona amada, por no mencionar que aquella persona también corría riesgo de muerte ante la sospecha de traición.

Estaba cansado de los escapes, pero sabía que valían la pena los encuentros. A pesar de lo molesta que podría ser la situación, Naruto no podía ni quería negarse. No cuando el deseo de ser Hokage había desaparecido de su cabeza para ser reemplazado por el deseo de tener un hogar y despertar cada día junto a quien consideraba el amor de su vida.

Su cuerpo vibró cuando sintió la leve presencia del joven que lo esperaba y fue esa suave corriente la que lo impulsó a correr más rápido hasta llegar al final del bosque.

Allí lo vio de pie observando el horizonte. Su capa negra se movía suavemente con el viento al igual que su largo cabello negro atado en una coleta y, a pesar de estar dándole la espalda, Naruto sabía que nunca bajaba la guardia. El contrario se encontraba relajado porque lo había sentido llegar, en caso contrario, Naruto ya hubiera visto pasar algún arma de filo en dirección a su cabeza.

Se acercó con la sonrisa que lo caracterizaba, posicionándose detrás de él para poder depositar un suave beso en una de las mejillas del contrario, mientras extendía el ramo de flores desde un costado.

—Finalmente vuelvo a verte, Itachi.—Susurró con dulzura, encontrándose completamente hipnotizado por el sonrojo que se apoderaba de las mejillas del azabache al tomar el ramo de flores.

Naruto no perdió más tiempo, girándolo para apoderarse de la boca del contrario como si su vida dependiera de ello.

—Lo mismo digo.—Respondió el Shinobi una vez que se alejó con la respiración agitada.

Naruto no se lo iba a decir porque sabía que recalcar aquello sería generarle vergüenza a su amado, pero le encantaba el desastre de suspiros en el que se convertía cuando el rubio lo besaba con hambre.

>>Te conseguí tu Sake aunque apenas descubro que bebes.—Habló con tono peligroso, marcando en su mirada el regaño que duró solo un segundo.

—Es para la abuela.—Respondió el más joven con una sonrisa.— Tengo que comprar su perdón y el Sake siempre funciona, pero no tuve tiempo de buscarlo.

Sujetándolo con fuerza de la cintura, Naruto tomó asiento en la verde hierba que se movía ante las suaves corrientes de aire mientras que el aroma de las flores que ahora permanecían cerca de la nariz de Itachi, ingresaban por la suya propia, sintiendo la calidez de la espalda del contrario justo en su pecho.

—¿Cómo se encuentran tus ojos? ¿Y tus pulmones? ¿Ha habido algún avance?—Preguntó queriendo sonar tranquilo.

Sin embargo, Itachi reconocía el firme agarre que se mantenía en su cintura. Reconocía el temblor que apenas se presentó en la voz de su pareja, como también, reconocía la manía que Naruto tenía al enterrar su rostro en su cuello. Cada una de esas costumbres era por el miedo a las palabras que el azabache soltara, porque no era la primera vez que Naruto hacía las mismas preguntas.
Naruto lo sostenía con fuerza porque temía perderlo en un segundo, como si el cuerpo de Itachi fuera a desvanecerse en el aire. Su voz temblaba apenas en un intento por ser fuerte y ocultaba su rostro en la curvatura del cuello del azabache para que no lo viera llorar por las mismas palabras de siempre: "No ha habido avances positivos".

Sin embargo, aquella fue la primera vez en que, mientras Naruto concluía su ritual, Itachi elevó una de sus manos para acariciar el rubio cabello del contrario.

—El médico que haz encontrado me ha ayudado mucho.—Susurró entonces ocultando su emoción al sentir como el menor se separaba unos centímetros para verlo con los ojos nublados por las lágrimas.— La enfermedad en mis pulmones ha retrocedido aunque continúa investigando para frenarla de una vez por todas.—Sonrió contento cuando Naruto besó su mejilla múltiples veces.— Con respecto a mis ojos, puedo ver mucho mejor que antes, al menos de cerca.—Aclaró.— Veo un poco borroso si te alejas unos centímetros de mi, pero me ha confirmado que se soluciona con lentes y el uso del Sharingan ya no me lastima.

—¿Entonces me puedes ver claramente ahora?

Itachi asintió inclinándose hacia adelante antes de voltearse para sentarse sobre el regazo de Naruto. Era la posición que más le gustaba a ambos, porque Itachi podía derretirse en los labios del más joven, mientras que Naruto lo apretaba hacia su cuerpo con fuerza. Era agradable porque el rubio podía acariciar tanto del otro como le fuera posible.

—Oh, definitivamente te veo bien ahora.—Aseguró con una suave sonrisa de lado.— ¿Siempre haz sido igual de atractivo?

El rubio soltó una carcajada que demostraba la alegría por las palabras que había recibido. Desde el halago, hasta la maravillosa noticia de que su amado estaba comenzando a curarse.

—No tanto como tú, te lo aseguro.—Respondió escondiendo el rostro en el pecho de Itachi.

Uchiha solo pudo hundir sus dedos en la melena dorada del joven con una suave sonrisa surcando sus labios.

—Felicidades por tu ascenso, Jounin.—Sonrió apretujando el chaleco verde entre sus dedos. Naruto sonrió con emoción, agitando a Uchiha con suavidad de un lado al otro haciéndolo reír.

—¿Puedes creerlo? Finalmente me convertí en uno.

—Y estoy muy orgulloso de eso.—Aseguró el azabache abrazándolo con fuerza.

Había sido extraño para él los primeros encuentros que habían tenido, sobre todo porque Itachi debía fingir que quería capturar al Jinchuriki, mientras que Naruto intentaba hablarle como si su vida no corriera riesgo de muerte.

¿Acaso sabía desde el inicio la misión que se le fue otorgada?

La respuesta a esa pregunta llegó poco tiempo después, cuando Uzumaki le afirmó que sabía que no peleaba enserio, pero nunca habló sobre su misión dentro de Akatsuki, por lo que fue el mismo Itachi quien le comentó sobre ello cuando notó que el joven bajaba cada vez más la guardia al estar con él a solas.
Aquello no lo libró a Naruto del regaño por ser tan confiado, pero poco le importó cuando el rubio lo derribó procurando no lastimar su cabeza al tirarlo, antes de besarlo como hacía tiempo deseaba.

Luego de ello, vinieron los encuentros secretos y vergonzosos por no saber como actuar frente al joven que comenzaba a gustarle. Siempre había sido él quien tomaba la iniciativa, por lo que no sabía que hacer realmente ante los actos impulsivos del más joven.

Y a pesar de querer frenar todo aquello que comenzaba a suceder al punto de llegar a donde estaban actualmente, no se vio capaz de hacerlo.
Porque Itachi solo estaba soportando su enfermedad a la espera de que su hermano menor llegara por su venganza, por lo que no le veía mucho sentido a encontrarse una vez más con Naruto solo porque se sentía bien. O al menos eso era lo que creía.

Desde que ingresó a la organización, siempre tuvo en claro su misión y vivía solo para ella. No tenía pensado el aferrarse a la vida para vivir una segunda oportunidad hasta la llegada de Naruto y entonces, solo una pregunta llegó a su mente: "¿Por qué no intentarlo?"

¿Por qué no intentar tener una relación con la persona de la que se había enamorado? ¿Por qué no intentar detener a su hermano cuando se presentara frente a él? ¿Por qué no aferrarse a la vida cuando la misma le estaba dando una segunda oportunidad con el nuevo médico que Uzumaki le había conseguido?
Porque Itachi notaba los intentos de Naruto por convencerlo de mejorar y amaba el amor que el joven le profesaba. ¿Por qué no darse la oportunidad de vivir de nuevo?

—No quiero irme.—El susurro cargado de tristeza llegó a los oídos de Itachi, quien con un beso en la frente le indicó que no tenía nada de qué preocuparse.— Por favor, continúa mejorando ¿Si?—Pidió en un ruego. Como si aquello no fuera suficiente, soltó las mismas palabras y la misma amenaza que le decía siempre que debía volver a su hogar.— No bajes la guardia en Akatsuki y no pienses en rendirte ante Sasuke, porque si llega a hacerte daño, yo mismo me ocuparé de él.

Itachi lo sabía. Desde que habían comenzado su relación meses atrás, Naruto había dejado de pensar en su hermano menor de una vez por todas.
Aquella promesa que le había hecho a su amiga en un inicio, ahora solo era un "No puedo obligarlo a volver si él no quiere, lo siento", solo para ocultar el hecho de que no solo ya no lo consideraba un amigo y compañero Shinobi, sino que poco le importarían los lazos que pudieran quedar entre ellos si llegaba a dañar a la persona que amaba. Naruto estaba completamente decidido a proteger a su amado, tal como Itachi lo hacía desde la organización.

—Te lo prometo. Me cuidaré bien y Sasuke no podrá pelear contra mi.

Aquellas palabras fueron una promesa que Naruto agradeció en su interior. Itachi por fin estaba decidido a luchar por permanecer a su lado. Estaba decidido a no dejarse vencer con tal de estar junto a él.

—Me alegra oírlo.—Dijo antes de besar los labios del contrario. Ambos se pusieron de pie sabiendo que llegaba el momento de la despedida.— Cuando nos reencontremos, será el momento de hablar sobre el lugar en el que viviremos.

Naruto se agachó para tomar el ramo de flores que había quedado sobre la hierba, sin ser consciente de la mirada de sorpresa que su acompañante tenía.

—¿Qué...? ¿Acaso...? ¿Tú y...?

—Si, tú y yo hablaremos en nuestro próximo encuentro sobre a donde nos mudaremos.—Aseguró con calma entregándole el ramo, como si aquello fuera algo posible para ambos. Como si fuera el sueño de ambos jóvenes que pronto se volvería realidad.— No me interesa cómo, pero buscaré la manera de hacer que la abuela Tsunade te acepte o simplemente me iré contigo lejos de una vez por todas. Lo mejor será hacer las cosas por las buenas, porque tampoco quiero estar huyendo contigo por todos lados, pero si no lo acepta... Supongo que sabes cual será nuestro destino.

—He estado huyendo durante años, Naruto.—Respondió Uchiha.— Siempre ha sido en completa soledad. ¿Realmente crees que me negaré a huir contigo si puedo hacerlo? Te estoy entregando absolutamente todo, cariño.

Ante aquellas palabras, el rubio solo pudo abrazarlo con fuerza mientras que sus labios se encontraban una última vez en ese día antes de tener que separarse finalmente.

—Me alegra oírlo.—Habló Uzumaki, inclinándose un poco para poder apoyar su frente en la del contrario.— Te amo, bonito.

—Y yo a ti.—Susurró Itachi, sintiendo que la calidez se perdía cuando Naruto se alejó comenzando a caminar de regreso al bosque con la botella de alcohol en una de sus manos.

Itachi estaba completamente seguro de que en su siguiente encuentro, Naruto ya tendría varios lugares posibles en los cuales instalarse definitivamente o a los cuales huir para poder estar juntos e Itachi estaba completamente decidido a acompañarlo lo que le restara de vida.

Sinceramente, me encantó poder crear este One-Shot. Estoy fascinada con mis niños.
¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

Chapter 3: Bestia °MadaMina°

Chapter Text

Minato no solía darle su atención a las habladurías de los aldeanos. En diversas ocasiones había escuchado como las personas hablaban de mala manera de otros con los que luego los veía abrazados caminando por las calles.

Desde que se mudó al clan Uchiha por petición de su padre, principalmente cuando el anterior líder pidió su mano en matrimonio para su hijo mayor, Minato fue testigo de todas las víboras que existían allí. Palabras propias que Minato había dicho cuando habló con su marido tiempo atrás.

Y es que Namikaze, a pesar de no quererlo, siempre solía oír cuando hablaban de las personas. O de él, mejor dicho.

"Pobrecito, tan joven y casado con esa bestia loca".

"Hace años que no sale de su hogar. Ese hombre no es normal".

"Desde que perdió a sus hermanos, Madara-San se ha aislado del mundo".

"No dudo en que lo lastime. La bestia no ha tenido contacto con el mundo exterior, mucho menos con personas que no pertenecen a su familia".

"¿Ese joven está preso en un matrimonio con esa bestia? ¿Qué clase de padres permitirían algo como eso?"

Días tras día, los comentarios llegaban a los oídos de Minato. Comentarios que aumentaban cuando los aldeanos, aquellos pertenecientes al clan Uchiha, lo veían comprar la despensa en los puestos del barrio.

Mikoto, la esposa de su cuñado y su gran amiga desde que llegó, le había repetido incontables veces que no les hiciera caso. Algo sencillo de decir cuando no están hablando sobre su persona o sobre su matrimonio.
Y aún cuando deseaba ignorarlos al conocer a las personas que allí habitaban, más le molestaba porque Minato sabía que no conocían a su esposo como él lo hacía.

¿Después de un año de casado, debía seguir soportando todo eso? 

El apodo que tenían para su marido era el de "bestia". Lo llamaban de aquella forma con una naturalidad tal que a Minato lo hacía enfermar, porque luego de encontrarse en ese matrimonio por un año, Minato supo que todo lo que había escuchado de Madara solo la mitad era cierto.

Era real que Madara se había recluido en el interior de su hogar luego de haber perdido a sus tres hermanos, aferrándose durante mucho tiempo a Izuna y a Fugaku, los únicos dos que aún se mantenían con vida.
Era real que Madara no socializaba con personas que no pertenecieran a su familia y era real que no solía salir al mundo exterior. Al menos, no fuera del terreno donde se encontraba su hogar.

Al propio Minato le había costado acostumbrarse al inicio. Tener que casarse con un hombre que estaba acostumbrado a vivir solo y que apenas le hablaba al inicio, no había sido fácil para él. Incluso, fue difícil la primera vez que compartieron lecho.

Sin embargo, todo había sido cuestión de tiempo para que aquel sujeto de mirada intimidante comenzara a verlo como a su familia. Después de todo, Minato se había convertido en su esposo, cuidando de él y confiando en lo que las personas nunca aceptarían. Minato confiaba en que Madara no le haría daño como los miembros de su propio clan aseguraban sin prueba alguna.

Namikaze sabía como era Madara.
A pesar de ser un hombre fuerte e imponente, que aún con sus traumas continuaba luchando para proteger a los suyos, Madara era amable y comprensivo, arrogante de vez en cuando, pero muy cariñoso cuando se encontraba junto a él.

—Es agradable verte por aquí.—Minato le sonrió a Izuna cuando lo encontró en los puestos.

—Igualmente.—Respondió el rubio, haciendo crecer su sonrisa cuando vio a los pequeños que se aferraban a las manos del azabache.—¿Cómo están, pequeños?—Preguntó con amabilidad, recibiendo un suave asentimiento de los infantes.— Estábamos pensando en hacer una cena esta noche, ¿Te sumas? Aún debo decirles a Fugaku y a Mikoto. Tus padres ya fueron avisados.

Izuna asintió con un suave cabeceo y observó a los pequeños que lo miraban con los ojos brillantes a la espera de ser invitados.

—Si mi hermano se niega, me presentaré con los niños.—Habló Izuna dedicándoles una sonrisa a sus sobrinos, Itachi y Sasuke.

Tanto Izuna como Minato sabían lo agradable que era para los infantes el asistir a su nuevo hogar. Principalmente, porque ambos se divertían cuando Madara jugaba a las luchas con ellos o les enseñaba técnicas de combates para el futuro.

Fijando el horario para la cena, Izuna se alejó caminando de la mano con los niños en busca de aquel helado que el joven les había prometido tiempo antes. Era divertido como, a pesar de la seriedad de los pequeños, solían emberrincharse con el hombre para conseguir lo que querían del tío que complacía sus pedidos.

—No pueden decirle a sus papás que les compré cosas dulces, ¿De acuerdo?—Aquella frase fue lo último que Minato escuchó con una sonrisa divertida cuando recibió sus compras.

—Aquí tiene. Espero que tenga una buena tarde.—Habló el hombre que lo atendía.

Un suspiro escapó de la boca del rubio. La sonrisa que había mostrado momentos antes, fue convirtiéndose en una mueca cuando notó la mirada de pena que le dedicaba el vendedor.

¿Por qué carajos le mostraban aquella emoción? Todos decían que lo lastimaba, pero Minato no se había presentado ni siquiera con una sola marca que pudiera alimentar los rumores, ¿Entonces?

Sin querer seguir escuchando el palabrerío de los aldeanos ni presenciando las miradas de lástima, el rubio se dirigió nuevamente a su casa donde sabía que lo esperaban.

°

°

°

—Estoy en casa.—Dijo lo suficientemente alto como para que su esposo pudiera escucharlo.

No pasó ni siquiera un minuto cuando sintió como dos brazos pertenecientes a un cuerpo fuerte lo envolvieron, elevándolo del suelo como si no pesara nada.

—Te extrañé.—El rubio sonrió al oír el susurro, llevando sus manos hacia la cabeza de su marido para acariciar su cabello con calma.

—Y yo a ti, pero solo salí por poco tiempo.

No dijo nada más cuando Madara intentó pegar su cuerpo al contrario un poco más, como si aquello fuera posible.
No dijo nada cuando Madara lo besó con posesividad, haciéndole notar que le pertenecía solo a él.

Porque Minato sabía sobre las inseguridades de su esposo.
Lo amaba, eso era un hecho, pero Madara en más de una ocasión le había comentado sobre su conocimiento con respecto a los rumores sobre él. Le había comentado sobre su miedo ante la situación en la que Minato fuera capaz de creer lo que todos decían y sobre su miedo a perderlo por alguien que realmente valga la pena, por alguien que pudiera darle una vida normal y llena de felicidad como Minato merecía.

>>No me excites.—Pidió Minato cuando se separó del beso, sintiendo las manos de su esposo masajear sus muslos como se le daba la gana.— No hoy porque tenemos mucho por hacer. Debes entrenar y luego debemos cocinar. Vendrán los niños también y es probable que pasen la noche aquí, así que no puedes empezar nada hoy.

Madara sonrió de lado antes de lanzarse a mordisquear el cuello de su pareja.

—¿Crees que no puedo empezar nada?—Preguntó en un susurro.— Me saltaré el entrenamiento esta tarde, vayamos al cuarto.

Las bolsas de las compras quedaron allí olvidadas. Después las acomodarían con tiempo, luego de que Madara amara a su esposo en el interior de su habitación.

—Te amo.—Susurró el rubio con una seguridad que consiguió que los ojos de Madara brillaran en felicidad y satisfacción.

—Tanto como yo a ti.—Respondió el contrario antes de fundirse en los labios de su amado.

¿Cómo ese hombre podía ser llamado "bestia", si Minato era testigo de su personalidad, de sus sentimientos y sus acciones?

Aquel mismo que lo amaba con locura. Aquel que lo hacía enamorarse cada día más. Aquel que parecía no poder sobrevivir sin un abrazo suyo o sin sentir su perfume. ¿Cómo podría ser una "bestia" el mismo sujeto que le hacía el amor de la manera más dulce posible?

Hacía tiempo que a Minato le había dejado de importar lo que dijeran los ignorantes, porque en ese preciso momento, lo único que necesitaba Madara era que la persona que se había convertido en su mundo, lo amara y lo viera como a un ser humano que daría (sin dudar) su vida por la de él.

 

Ya saben, mis pequeñ@s, si tienen alguna idea o les gustaría leer sobre algún shipp en particular, sus comentarios serán bien recibidos.
¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

Chapter 4: Despierta °SasuNaru°

Chapter Text

—¡Si realmente quieres terminar, entonces hagámoslo! Solo... No quiero seguir soportando esto. No lo merezco.—La voz de Naruto pareció hacer eco en la habitación, y aún cuando Sasuke sintió el temblor en su cuerpo, no quiso demostrar ninguna debilidad.

—Ni siquiera tenemos algo que terminar.—Mencionó con frialdad saliendo del cuarto.

La escena se repetía una y otra vez en su cabeza sin darle un solo minuto de paz.

Hacía poco más de una semana que había discutido con Naruto y no habían vuelto a dirigirse la palabra. No es tampoco como que haya quedado algo que decir, después de todo, él mismo se había encargado de arruinar todo lo que tenía con su compañero.

No demostró sentimiento alguno cuando habló de terminar. No quería mostrarse débil y mucho menos quería demostrar lo doloroso que le resultaba el hecho de que Naruto continuara comportándose con él como siempre lo hacía frente a los demás. Utilizando el mismo apodo de siempre, colgándose de su hombro siempre que fingía molestarlo y compartiendo charlas como si nada hubiera ocurrido. Como si fuera capaz de esconder la incomodidad y tristeza que lo invadía con cada cruce de miradas.

Naruto se comportaba como un buen amigo cuando estaban con los demás, pero en el momento en el que alguien se alejaba, el rubio mostraba una expresión extrañamente seria y procuraba tomar distancia de Sasuke de manera "disimulada".

Extrañaba a Naruto y negarlo sería mentirse a sí mismo, pero prefería callar antes que darles de qué hablar a sus amigos.
Y no es que Sasuke se molestara en caerle bien a los demás o siquiera, pensaba en la opinión que aquellos a quienes ni siquiera consideraba amigos, podrían tener.
Pero Sasuke conocía el esfuerzo de Naruto por encajar entre aquellos que habían sido sus compañeros de academia y, aunque Naruto haya conseguido el cariño de todos, Sasuke no se veía capaz de arruinar todo aquello con el anuncio de su relación.

Ni siquiera estaba seguro de poder llamarlo de tal forma. Solían pasar sus noches juntos, encontrarse para pasar sus tardes en la tranquilidad del hogar del otro o simplemente cenar entre charlas tranquilas. Sin embargo, nunca hubo una petición de noviazgo o algo similar, por lo que solo podría considerarse que se había convertido en compañeros sexuales.

Al menos hasta que Naruto había gritado en su cara el no soportar la situación. Y es que, según Naruto, Sasuke solo se había limitado a esconder que estaban juntos porque se avergonzaba de él. ¿Cómo demonios eso era una probabilidad?

Sasuke no quería destrozar lo que tantos años le llevó construir.
No todos verían bien su relación. Por un lado, porque Sasuke sabe que la aldea lo odia por haberlo herido múltiples veces, pero principalmente, porque ambos eran hombres.

—¿Te encuentras bien?—Sasuke volteó a mirar a su compañera por unos segundos antes de asentir.— Ya, solo dime que tienes.

La joven frenó de golpe, acuclillándose junto a una de las plantas medicinales que podría recorger para surtir sus frascos.
Sasuke la observó, esperando con paciencia junto a ella mientras presenciaba el cuidado con el que sacaba la planta.

—No es nada.—Murmuró.

Sakura giró su cabeza, observándolo desde su lugar con una clara mirada de hartazgo.

—¿Te encuentras mal por tu rompimiento?—Preguntó Sakura, sonriendo cuando Sasuke presionó sus puños por la mención.

—No sé de qué hablas.

—¡Ay, por favor! Creí que te habías dado cuenta. Digo, no eran muy discretos cuando estaban juntos.—Explicó cerrando la pequeña bolsa con el contenido medicinal y guardandolo en su cartuchera.— Y los vi besándose cuando Naruto tenía que irse a la aldea de Gaara.

Sasuke frunció el ceño con molestia. Bien, en primer lugar, realmente creyó que tenían cuidado. Aquel beso fue un pequeño descuido, pero Naruto no quería irse sin una linda despedida y a Sasuke no le había parecido suficiente la noche que pasaron juntos.
En segundo lugar, se sorprendió ante la buena reacción de Sakura, aunque hubiera esperado que su amiga lo acosara para saber toda la historia de lo que había sucedido.

—Esperaba verte más sorprendida.—Admitió.

—Oh, sabía que tú no me contarías nada, así que no tuve más opción que molestar a Naruto.—Habló, bajando la voz para decir lo siguiente.— O quizás lo amenacé.—Murmuró.— Pero como sea, él me lo contó y fue tan lindo...—Dijo con los ojos brillantes.— ¡Oh, pero tenías que arruinarlo! Gaara está furioso contigo.—Comentó fingiendo que las amenazas de aquel chico que había destrozado los huesos de Rock Lee hacía años, eran como las amenazas de un niño molesto.

Sasuke parpadeó, como si le costara trabajo asimilar las palabras de su compañera.

—¿Gaara? No me interesa el odio de tu novio sin cejas.—Se burló recibiéndo un suave golpe de la joven.— Pero no sabía que también sabía sobre esto. ¿Fuiste tú?

—¿Por quién me tomas?—Suspiró ofendida antes de continuar su camino. La brisa del bosque se sentía cálida esa tarde.— No soy chismosa, Sasuke. El chismoso fue Naruto que le contó cuando Gaara le confesó que comenzamos a salir. Al parecer le pareció entregar un "secreto" a cambio de otro.

"Aunque lo tuyo no sea secreto"—Pensó Sasuke mordisqueando su labio.

¿Por qué Naruto era tan descuidado? ¿Por qué, si Naruto andaba contando todo por allí, él se preocupaba por ocultarlo para que el rubio no perdiera a sus amigos?

Sasuke abrió su boca como si quisiera comentar algo al respecto, pero se quedó callado cuando la alarma de la aldea sonó, provocando que ambos comenzara a correr hacia el interior de Konoha de regreso.

>>¡No es posible que haya ingresado un enemigo!—Gritó por encima de la alarma.—¡La aldea está protegida!

El Hokage había pedido colocar una alarma en la torre con altavoces repartidos en puntos estratégicos de Konoha. Después del ataque de Pain, no querían volver a ser sorprendidos.

—¿Naruto?—Sasuke se preguntó a sí mismo, abriendo sus ojos con sorpresa cuando la claridad llegó a su cabeza.— ¡Mierda!—Rugió, sintiendo su cuerpo tensarse por la probabilidad.— Sakura, es Naruto.—La joven lo vio confundida.— Si la alarma sonó, significa que no tienen la protección de Naruto para combatirlo.

El problema real no era que Naruto no estuviera, porque había ninjas que podrían ganar tiempo hasta la llegada de Sasuke y Sakura. El problema, era que Naruto se encontraba en la aldea y había una gran probabilidad de que la alarma hubiera sonado por haber sido herido.

Fueron ambos compañeros quienes se presentaron detrás de Kakashi, quien le hacía frente al imbécil que utilizaba una habilidad similar a la de Yamato. Y Sasuke solo necesitó de su katana para cortar la cabeza a uno de los diez sujetos que habían ingresado a la aldea.

Junto a los demás Shinobis, logró vencerlos uno a uno, intentando desesperadamente apresurarse para poder saber donde se encontraba Naruto.

—Ese fue el último.—Afirmó Kakashi con cansancio.— Envíenlos con Lady Tsunade para que investigue el jutsu de estos sujetos. Es similar al del primer Hokage.—Ordenó.

Sasuke se volteó hacia él, acercándose con pasos acelerados, captando su atención al instante.

—¿Dónde está Naruto?

—En el hospital.—Habló el mayor frotando su rostro con sus manos.— Lo acorralaron y no vio venir la jodida estaca que le atravesó el pecho...

Sasuke no se quedó para escuchar mucho más cuando su antiguo sensei se quedó hablando con Sakura.
Corrió hacia el hospital ignorando el ardor en sus pulmones por no detenerse a descansar luego de la batalla, pero necesitaba saber como se encontraba el joven.

Al llegar al lugar, se dirigió con rapidez hacia la habitación privada de Naruto. Aquella misma que le habían asignado desde niño por los múltiples maltratos.

Abrió la puerta corrediza de golpe, sintiendo su mundo desmoronarse al verlo vendado, ensangrentado y con cables conectados a su pecho.

Sasuke se acercó con cuidado, como si cada paso le pesara toda una vida.
No podía creerlo. Naruto no solía enfermar o lastimarse, al menos no duraba herido por demasiado tiempo, gracias al chakra del Zorro. ¿Entonces, por qué demonios no abría sus ojos de una maldita vez?

—Hay que tenerlo vigilado.—La voz de Tsunade le hizo poner atención.— Esperemos a que su chakra se estabilice. Necesito que su pecho comience a regenerarse en este momento.—Shizune asintió con seriedad

—¿Cuánto tardará?—Preguntó sorprendiendo a la rubia.

Tsunade suspiró. Observó al muchacho en la cama y acarició su cabello por unos segundos.

—No lo sabemos.—Aseguró.— Su chakra fue bloqueado, pero el zorro no parece querer cooperar. No sabemos si fue una droga lista para Jinchurikis o si solo afecta al humano y el zorro es tema aparte. Estamos trabajando a ciegas.—Dijo con un nudo en la garganta, antes de salir del cuarto junto a su alumna.

Sasuke asintió tomando asiento junto a Naruto. El saber sobre su estado y observar las heridas que tenía, le llenaban su cabeza de recuerdos de la pelea que tuvo con Naruto cuando apenas estaban entrando en la adolescencia. Aquella donde su poder atravesó el corazón de Naruto, dejándolo tirado en el lago sin importarle nada más.

—Vamos, cariño, tienes que despertar.—Susurró, sabiendo que si hablaba con normalidad, su voz se quebraría.— Prometo arreglar todo. Prometo que estaremos juntos y me esforzaré por hacerte feliz, solo... Solo despierta.

Ni siquiera notó cuando comenzó a llorar. Las gotas caían sobre la mano del muchacho que sostenía entre las suyas.
¿Realmente estaba en peligro de muerte? Por favor, ya de por sí era un milagro que siguiera vivo con semejante herida en su pecho, pero Sasuke se negaba a dejarlo ir.
Lo tendría a su lado, aún si debía traerlo de entre los muertos con algun Jutsu.

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Las siguientes dos semanas, Sasuke se mantuvo en el hospital junto a Naruto. Había discutido con Sakura por no querer marcharse para descansar en la comodidad de su cama, pero no quería que la persona que amaba se despertara y él no estar para Naruto en ese momento.
También discutió con Kakashi cuando se negó a las misiones que su Hokage le encomendaba, prometiendo trabajar con mayor eficacia una vez que Naruto se recuperara.

Era doloroso de ver, porque aunque la herida en el pecho de su rubio había sanado casi por completo cuando su chakra se estabilizó, ni siquiera Tsunade podía comprender la razón por la que Uzumaki aún no despertaba.
Y Sasuke, quien aún decía mantener la esperanza, sus ojos hablaban por sí mismos para indicar lo contrario. Estaba cansado y triste por no tener algún avance con el muchacho.

—¿Hasta cuándo seguirás así?—Preguntó un día cuando se encontraba a solas. Ya era una costumbre hablar con Naruto, aún cuando no recibía contestación.— Tengo que verte sonreír una vez más. ¿Me vas a negar eso?—Sasuke se quedó en silencio unos segundos antes de continuar.— Sé que no, porque eres una gran persona que no le niega sus sonrisas a nadie.—Susurró.

Y como si aquella naturalidad con la que hablaba se hubiera esfumado, recostó su cabeza sobre el colchón comenzando a llorar.

>>Dije cosas muy hirientes cuando terminamos.—Habló en voz baja.— No somos simples compañeros que comparten cama, mucho menos somos solo amigos. Estábamos en una relación sin título, pero una relación al fin y al cabo. Quiero tenerte a mi lado nuevamente, pero te estás tardando y no me gusta que te tomes todo tu tiempo en esta situación.—Su mano se entrelazó con suavidad sobre la de Uzumaki, sintiendo lo fría que se encontraba su piel.

>> No me avergüenza estar contigo. ¿Cómo podría? Estoy junto a la persona que amo y que, justamente, es el héroe de la aldea. Creí que haría que tus amigos te despreciaran por estar conmigo y no quería que salieras herido por ello.—Sasuke limpió sus lágrimas con velocidad y se levantó de su lugar.— Volveré en un rato. Quiero bañarme y traerme ropa limpia.—Se despidió como si el rubio fuera a despertar para responderle que lo esperaría.

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La suave caricia en su cabello, lo hizo parpadear despacio mientras sentía el ardor en sus ojos por querer continuar durmiendo. La habitación era iluminada por la lámpara de pie de luz ámbar, mientras que el cielo nocturno se veía y los grillos se oían fuera de la ventana.

Tardó unos segundos en notar correctamente el toque en su cabello y aún cuando su espalda se encontraba adolorida por la posición, sus brazos dormidos por haber descansado su cabeza sobre ellos y sus piernas de igual forma al mantenerse sentado junto a la cama, se irguió en su lugar para presenciar la cálida sonrisa y los ojos vivaces del muchacho que amaba.

Naruto ni siquiera pudo saludarlo cuando Sasuke se le lanzó encima con un abrazo apretado.

—Perdón.—Susurró entonces.— No me avergüenzo de estar contigo, te lo juro. Eres la persona que amo, Naruto, pero creí que arruinaría tu vida si los demás sabían que nos encontrábamos juntos.—Naruto acarició una vez más su cabello en completo silencio, sintiendo las lágrimas de Sasuke humedecer su hombro.— Tenía tanto miedo de que algo te ocurriera y que aquellas palabras tan horribles fueran las últimas que te dirigiría.—Confesó.— Quiero tenerte conmigo, quiero volver a dormir contigo, pasar el tiempo juntos, cenar juntos. Quiero una vida contigo, Naruto.

Con temor ante el silencio del muchacho, Sasuke se alejó con lentitud. Quizás, temiendo que todo aquello fuera producto de su desesperada mente o que el joven rubio no aceptara sus disculpas.

—¿Y mi beso?—Preguntó Naruto, haciendo que Sasuke lo vea confundido y algo sorprendido.— No esperabas que aceptara todo lo que me dijiste sin un beso, ¿Verdad?

No fue muy cuidadoso cuando se acercó para capturar los labios del contrario en un beso necesitado que expresaban alivio, felicidad y el fin de la tristeza de aquellas semanas.

—Te extrañé, cariño.—Naruto sonrió, conteniéndose de gritar por aquel apodo. Hacía tiempo que no lo escuchaba llamarlo así.— Estuviste dormido mucho tiempo.—Y como si apenas se hubiera dado cuenta, se levantó con rapidez haciendo sobresaltar a Naruto.— Acabas de despertar, iré por una enfermera para que llame a Lady Tsunade.—Dijo caminando hacia la puerta.

—Te amo, Sasuke.—Afirmó Naruto. Sus manos apretaban la manta de su cama con un nerviosismo desconocido para él. Nunca le había confesado aquello.

Sasuke se acercó de inmediado, besando al rubio con una tranquilidad que no indicaba más que felicidad por oírlo.

—Te amo, cariño.—Dijo entonces Sasuke, depositando un nuevo beso en la punta de su nariz.— Iré a llamar a Lady Tsunade y cuando indique que todo está bien, hablaremos sobre nuestra relación.

Naruto quiso decirle que se sentía bien, que podían hacerlo en ese momento. En cambio, solo sonrió decidido a esperarlo.
Había querido escuchar sus sentimientos desde hacía demasiado tiempo, ¿Qué eran unos cuántos minutos más?

 

¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

 

Chapter 5: Celos °MadaMina°

Chapter Text

A pedido de @annie-lz que propuso la pareja y la temática.

 

Izuna observaba a su hermano caminar en círculos. Parecía un maldito tigre enjaulado que estaba esperando a ser liberado para matar a quien se le cruzara al frente.
A ninguno de los dos hermanos le agradaba la situación, porque el joven no solo se encontraba acompañando a Madara en el hospital, sino que se había autoasignado la tarea de vigilarlo y detenerlo ante cualquier altercado.

De todas formas, solo era para evitar que el mayor pudiera tener algún problema con el Hokage. Izuna no podía pedirle que se tranquilizara, porque sabía que si fuera él quien se encontraba en esa misma situación, ya hubiera derribado puertas y paredes para llegar hacia su pareja. Al menos Madara se estaba conteniendo lo suficientemente bien.

O quizás no tanto.

Las feromonas de su hermano flotaban en el ambiente impregnando todo el lugar, e Izuna tuvo que morder su antebrazo para evitar lanzarse hacia el mayor.
No es que buscara una pelea, Izuna lo sabía, pero su hermano no se encontraba completamente bien y aquellas feromonas amenazantes que el alfa soltaba solo conseguían que los colmillos de Izuna salieran a la vista, completamente listo para enfrentar a su hermano en una pelea a muerte.

No era bueno que otro alfa se encontrara en esa sala de espera, pero tampoco podía pedirle a algún omega que se presentara porque Madara solo lo sometería. Después de todo, su hermano solo estaba siendo territorial y protector cuando sabía que su esposo se encontraba dentro de la habitación.

—Entraré.

Izuna fue rápido en la llave que le aplicó. Sus brazos pasaron por debajo de los de Madara y sus manos se juntaron detrás de la nuca del mayor, permitiéndole a Izuna sentir la fuerza que Madara implementaba para soltarse.

—Debes tranquilizarte.—Pidió Izuna. Sus dientes se apretaron aún más cuando sintió una fuerte oleada de feromonas ingresar por sus fosas nazales. Oh, Madara advertía de forma silenciosa que si no lo soltaba, su cabeza rodaría.— Si entras, no podrán ayudar a Minato. No se los permitirás.

Cuando un grito pareció hacer eco en la sala de espera, Izuna pudo sentir como sus manos se iban abriendo poco a poco por la fuerza que Madara implementaba para liberarse.

Izuna solo pudo hacer lo único que estaba a su alcance antes de que sus manos se soltaran y Madara arremetiera contra los médicos en menos de un minuto. Pateó la parte trasera de la rodillas de Madara obligándolo a permanecer de rodillas. Fue entonces que pudo ver sus colmillos fuera de sus labios, sus ojos brillando en un color tan rojo como la sangre y el sudor que perlaba su frente.

La respiración de Madara se había vuelto pesada y eso solo le informó que todo su autocontrol se había ido al carajo cuando escuchó a Minato gritar.

Y esa era justamente la razón por la que Izuna debía vigirlarlo, como también, era la razón por la que no le permitían el ingreso a los alfas dentro de las habitaciones donde se encontraban sus parejas cuando debían dar a luz.

Los alfas y los omegas se marcaban una vez que estaban en pareja. Y teniendo en cuenta que los alfas eran seres protectores con su propia gente, aquel instinto de protección aumentaba cuando conseguían un omega con el cual vincularse, llegando a su punto máximo cuando formaban su propia familia. Tal como sucedía con Madara.

Los vínculos podían sentirse. Madara podía sentir el dolor que atravesaba Minato y viceversa, por lo que el omega pedía por su alfa para sentir mayor seguridad, pero Izuna sabía que si Madara ingresaba a la sala de partos, iría en contra de todos los médicos que se encontraban atendiendo a Minato.

Apenas pasaron unos minutos cuando un nuevo grito de Minato se escuchó y luego de unos segundos, el llanto casi ahogado de un bebé.

—Felicitaciones, papá.—Izuna felicitó cansado, pero emocionado por el reciente nacimiento, rogando porque el pequeño fuera un alfa fuerte y saludable como su hermano para que no tuviera que lidiar con su sobreprotección.

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Bueno, sus ruegos fueron escuchados a medias. El pequeño era un bebé fuerte y saludable de nombre Naruto, pero había nacido como un omega.
Claro que aquello no le molestaba en absoluto. Izuna pasaba la mayoría de sus tardes consintiendo a su único sobrino, mordisqueando y besando las mejillas regordetas del pequeño solo porque lo tentaban, mientras escuchaba las quejas de Madara porque luego sus cachetes quedaban colorados.

—Mientras Naruto no llore, seguiré haciéndolo.—Fue lo único que le dijo a su hermano, quien fue detenido por su esposo antes de que le arrebatara al niño que jugueteaba con su largo y negro cabello.

Sentía pena por el futuro de ese niño con un padre tan protector y celoso.

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Los años pasaron con tranquilidad e Izuna presenció como el enamoramiento de su hermano y su omega crecía con el tiempo, como también, estuvo presente en los cambios de su hermoso y único sobrino.

Naruto contaba con la belleza de Minato. Su cabello era rubio y difícil de peinar, tal como el de su cuñado y sus ojos eran de un hermoso color azul vibrante. Lo único que había heredado de su padre alfa era el temperamento fuerte, el no dejarse de nadie y la forma despreocupada de hablar.

Desde que Naruto había ingresado a la academia, la familia sabía que dentro de su equipo se encontraba un pequeño alfa que pertenecía a su mismo clan.
Según las propias palabras del niño, era un imbécil con el ego por los cielos y el orgullo con el que los Uchiha nacían.

Sin embargo, con el paso del tiempo, Naruto había comenzado a comentar sobre la fuerza que tenía el pequeño alfa o las estrategias que entre ambos creaban. Y no es que aquello fuera algo que molestara a Madara, sino que no le agradaba la admiración con la que su pequeño y amado hijo, hablaba con respecto a su compañero.

—No lo quiero cerca de él.—Habló Madara cuando se encontraba en la cama junto a su pareja.

La voz de Madara había salido baja, casi amortiguada al mantener su rostro oculto en la curvatura del cuello de Minato.

El omega resopló con una suave sonrisa en sus labios. Conocía a la perfección los celos de su esposo, pero aún así no podía negar que le causaba gracia la manera en la que se expresaba.

—No puedes limitarlo tanto, Madara.—Susurró mientras acariciaba el cabello del contrario.— Es un niño que está comenzando a conocer el mundo y que...

Minato se interrumpió a sí mismo, pensando seriamente en si decirle lo siguiente o solo mantenerse en silencio.

—¿Y qué...?

El omega soltó un suspiro.

—Y que comienza a interesarse por otras personas.—El rubio besó los labios de su marido cuando Madara se alejó un poco para verlo con el ceño fruncido.— Está creciendo, ya es un adolescente.

—Se compensa si el que deja de crecer es el otro mocoso.—Gruñó con molestia.

Madara no se quejó cuando Minato tironeó un poco de su cabello. En cambió, se apretujó contra el cuerpo de su omega acomodando correctamente la manta que cubría ambos cuerpos.

Y quizás, Madara se hubiera quedado tranquilo si su pequeño no hubiera cumplido quince años y no hubiera revelado sus intenciones en la cena el día de su cumpleaños.

—¿Creen que está bien que un omega corteje a un alfa?—Preguntó inocentemente sin darle atención al cambio en la respiración de su padre.

Minato e Izuna, quien se encontraba allí para festejar a su sobrino, se miraron en silencio unos segundos antes de observar fijamente a Madara.

—¿Por qué preguntas?

Naruto se removió incómodo ante la pregunta de su padre. Su mirada parecía que quería matar a alguien y el menor no estaba seguro de si la amenaza era para él.

—Bueno...—Dudó unos segundos antes de continuar.— Hay alguien que me gusta, pero no sé si sea recíproco y tampoco quiero arruinar ese intento de amistad que tengo con él.

Los dedos de Madara comenzaron a tamborilear sobre la superficie de la mesa. Si debía ser sincero, preferiría decirle que se mantuviera como su amigo, que aquella relación nunca iba a funcionar y que era mejor que se metiera en un convento.
Sin embargo, y jura que no tiene nada que ver con la mirada amenazante que su esposo le lanzaba, decidió mantenerse tranquilo.

—El destino es incierto.—Comentó entonces, recibiendo una mirada algo decepcionada de su hijo.

—Lo que tu padre quiere decir, es que deberías poner atención a las acciones que tiene contigo.—Minato intentó ignorar la molestia en las feromonas que su esposo liberaba. Ya lo conocía por completo como para que su omega, aún con la amenaza latente en el aire, se sintiera seguro de todas formas.

—Estoy seguro de que no quise decir eso.—Contradijo el hombre, sin notar la sonrisa divertida que su hermano menor tenía en su rostro mientras miraba de Madara a Minato una y otra vez.

—Entonces...—Continuó el omega ignorándolo.— Cuando puedas notar si el alfa te trata de forma especial o no, será cuando puedas sentirte seguro de comenzar a cortejarlo, porque no tiene nada de malo que un omega corteje a un alfa.

—¿De verdad?—Naruto preguntó con un brillo de ilusión en sus ojos.

—Por supuesto.—Izuna tomó la palabra. Sabía que probablemente Madara no tendría la misma amabilidad que tenía con Minato, pero se arriesgaría.— Después de todo, fue Minato quien conquistó a Madara.

Madara, para ese punto, ya sentía como su ojo palpitaba por el estrés.
Su hijo era un niño aún. Un pequeño que no debía estar sintiendo atracción por otro alfa, porque seguía siendo su pequeño bebé.

Sabía que no era capaz de lastimar a Minato, después de todo, Madara estaba dispuesto a entregar su vida por la de su omega si era necesario. Lo amaba profundamente.
Sin embargo, aquello cambiaba con Izuna, porque a pesar de adorarlo siendo su hermano, no pensaba dejar pasar el hecho de que haya incentivado a su hijo a conquistar a ese mocoso alfa.

—Veremos que pasa.—Susurró, mientras planificaba en su mente las distintas maneras en que podría vengarse del desconocido mocoso que comenzaba a ser un problema para él.— Aunque sabes bien las reglas del clan.

—Yo no soy un Uchiha y aún así te casaste conmigo.—Contrarrestó su omega.

—Y yo soy el líder del clan, debo tener ciertos privilegios.

Naruto asintió con una sonrisa.

—No te preocupes, papá, él también es un Uchiha.

Y con las palabras de su hijo, Madara sintió que su presión se desplomaba.

°

°

°

El patriarca aún no estaba listo para lo que presenció.
Su hijo. Su único hijo, su preciosa adoración, la luz de sus ojos, caminaba sonriente junto a un chiquillo de cabello azabache y mirada de que mataría a cualquiera que le hablase.

Si era sincero, no era muy diferente a como se veían él y Minato, pero no estaba listo para dejar ir a su pequeño ángel.

Naruto lo saludó a la distancia con una sonrisa que parecía iluminar a kilómetros. Su ropa estaba sucia al igual que su rostro, pero aquello no quitaba el encanto del pequeño omega que parecía desbordar felicidad.

Se acercó con pasos que fingían ser tranquilos, obligándose a mantener a raya a su alfa que le gritaba que corriera hacia ellos para alejar de una vez por todas al mocoso que quería separar a su niño de sus padres.

—Buenas tardes. Mi nombre es Sasuke.—El chico de cabello azabache habló con seriedad mientras se inclinaba frente al mayor.

Sasuke lo conocía, por supuesto. Aquel que tenía frente a él era el líder del clan y padre del rubio omega que se encontraba a su lado.
Y a pesar de considerarse un joven serio y orgulloso, no se creía capaz de actuar como siempre cuando aquel sujeto que parecía gigante a simple vista, le dedicaban una mirada asesina. Porque si había alguien a quien Sasuke respetaba a parte de su hermano y su padre, era al líder que había ganado incontables batallas.

Madara lo observó por unos momentos, notano la flor blanca que se encontraba en su mano. Parecía recién arrancada.
Fijó su mirada en su pequeño.

—¿Nos vamos? Minato nos debe estar esperando con la comida lista.

Si a Naruto le molestó la manera en la que ignoró a Sasuke, no dijo nada. La mirada de Madara no auguraba nada bueno y prefería dejar todo por la paz, por lo que se limitó a asentir antes de posicionarse a su lado.

Antes de que se marcharan, Sasuke habló.

—Paso por ti esta tarde.—Dijo el chico fingiendo indiferencia.

—¿Saldrán?—Madara preguntó apretando sus manos en un puño.

—Oh, si. Nos juntaremos con otros compañeros de la academia en el restaurante de los padres de Choji.

—¿Pasarán por sus demás compañeros?

Naruto negó, afirmando que solo se encontrarían en el lugar acordado.

¿Acaso esa era la forma especial de tratar a su pequeño de la que había hablado Minato?
Quería creer que no, que solo lo haría porque vivían dentro del mismo clan, aún cuando Madara ya había conocido al niño del que gustaba su pequeño.

No fue algo agradable de ver. Le encantaba que su niño tuviera sus ojos brillantes de felicidad, pero no si eso era por aquel mocoso que ya le resultaba una molestia. Hablaría con Minato.

°

—No hay mucho que yo pueda hacer.—Oh, debió saber que aquella charla no iba a funcionar.

Minato limpiaba los platos utilizados mientras que Madara los iba secando. Un momento un tanto común, pero que se había convertido en una costumbre donde el alfa aprovechaba para poder tener a su omega.

—Pero no es bueno para él.—Dijo Madara. Su ceño ya se encontraba fruncido por la molestia.

—No lo conoces, amor, no puedes asegurar que lo sea y tampoco puedes limitar a Naruto a estar solo toda su vida. Debes controlar un poco más tus celos.

El rubio cerró la llave del grifo y apoyó su cadera sobre la mesada, observando la paciencia con la que Madara se encargaba de que todo quede perfecto antes de guardar los trastes.

Conocía perfectamente a su esposo. Sabía de sus celos, porque los había vivido en su momento y su hijo, a pesar de no darle mucha atención, los experimentaba también.
A él nunca le molestaron. Por muchos años amó a la misma persona hasta que decidió que era momento de comenzar su cortejo, aún si Madara ni siquiera volteaba a verlo, porque para Minato no había nada que perder. Y aún así, fue testigo de aquellos celos que afirmaba que le encantaban, aún cuando no había mucho con lo que celarlo porque para sus ojos azules solo el alfa existía.

Sin embargo, era un problema en ese momento, porque Minato quería que su hijo obtuviera toda la experiencia que la vida pudiera darle. Ya sea, terminar con un corazón roto o con la persona que amaba.

>>He estado pensado...—El omega se abrazó a la cintura de su esposo mientras apoyaba su rostro contra la espalda del azabache.— Hace tiempo que no hemos hablado mucho sobre la familia.

—¿No lo hacemos?—Madara elevó una ceja mientras continuaba tallando el cuenco en su mano.

—Bueno, lo hacemos todo el tiempo, pero no me refiero a eso. ¿No ha pasado por tu cabeza que sería lindo volver a tener un bebé?

Minato se alejó cuando Madara se quedó quieto, y antes de pensar en que su pregunta podría haberlo sorprendido, su cabeza pensó en todas las posibles negativas que Madara podría decir.

>>Quiero decir, Naruto ya es un adolescente y... Y he pensado mucho en lo lindo que sería poder agrandar nuestra familia.—Carraspeó cuando sintió que su voz se estropearía por los nervios.— N-no es tampoco como que sea algo necesario o una obligación, pero pensé en que quizás...

Ni siquiera lo había visto voltear cuando sintió como Madara se aferraba a él con fuerza, besando sus labios con un hambre voráz.
Sus dedos se enterraron en el cabello azabache mientras intentaba poder continuar el ritmo del beso que su marido guiaba. Ya casi sentía que sus piernas se rendirían.

—¿De verdad quieres que tengamos otro hijo?—Preguntó cuando se separó, acariciando la espalda de Minato cuando el omega se abanicaba con su mano. Sus ojos se movían con velocidad, como si no quisiera perderse de ninguna parte de su rostro.— Eso me encantaría, cariño, me encantaría.—Repitió besando los labios de su esposo, ahora con tranquilidad.

—¡Son tan románticos!—Ambos se separaron con una sonrisa antes de darse un último beso y observar al recién llegado. Su hijo se encontraba en la entrada de la cocina con una sonrisa brillante.— Los amo y me encantan, de verdad, pero no es momento para eso. Papá, suelta a papi que me tiene que ayudar con mi ropa. No sé que ponerme y Sasuke no tarda en llegar.

Y aquellas palabras lo sacaron de la hermosa burbuja en la que Madara se encontraba soñando con sus dos pequeños junto a ellos.

¿Acaso el beso que Minato le había dado antes de marcharse fue para que no le diera atención a ello? Oh, pero por supuesto que eso no iba a funcionar.
Mucho menos cuando escuchó el sonido de la puerta al ser golpeada sutilmente cuando sus dos amores se encontraban en la habitación de Naruto.

Abrió la puerta de un tirón, notando que el chiquillo que apenas había conocido, se sobresaltó cuando él apareció en la entrada.

—Buenas tardes.—Sasuke una vez más, se inclinó a modo de respeto.— Vengo por Naruto.

¡Vaya! Aquello debía ser la pesadilla de todo padre de un omega y mujer.
¿Por qué sonaba tanto a una cita?

—Está terminando de prepararse.—Habló, nuevamente sin devolver el saludo.

Quizás Sasuke esperaba que le permitiera ingresar para esperar adentro.
Sin embargo, Madara se recostó contra el marco de la puerta sin dejarle ver el interior de su hogar, escudriñándolo como si fuera un simple insecto.

>>¿Qué demonios te ve?

Sasuke bajó la cabeza fingiendo que no lo había escuchado, porque aquello había sonado a que el hombre solo estaba pensando en voz alta.

—¡Hola Sasuke!—Naruto llegó como un rayo, luciendo tan sonriente como siempre. Observó por entre los lugares que su padre dejaba apenas libre al no moverse de su lugar.— Papá, ya debo irme. ¿Me dejas?

NO.

Aquella palabra resonó en su cabeza, y de verdad le hubiera encantado poder decírselas. En cambio, soltó un suspiro y se alejó un poco posicionandose junto a su esposo que acarició su brazo consolándolo.

Los padres salieron fuera de su hogar (Minato fue arrastrado por Madara que quiso ir tras su hijo para traerlo de regreso) cuando apenas los chicos se alejaban de la entrada.

—¡Oye, tú!—Los menores se sobresaltaron por el grito de Madara, volteando a verlo para notar que apuntaba a un joven azabache de cabello ondulado.— ¿Cómo te llamas?

—Soy Shisui, señor.—Dijo el menor parándose derecho e inclinandose a modo de respeto.

— Cuidarás a mi hijo.

—¡Papá!

—¡Madara!

Ambos rubios gritaron a la par, completamente indignados.

—Es el hijo del líder y debe tener guardias.

—¿Siendo ahora un ninja?—Minato preguntó observándolo como si lo que hubiera dicho fuera una tontería.

—No me contradigas, amor, irá acompañado.

Luego de aquellas palabras, Madara ingresó nuevamente a su hogar con Minato reprochándole su comportamiento.

Fuera de la casa, Naruto pensaba en como quitarse a Shisui de encima para poder tener solo la agradable compañía del chico que le gustaba.

—¿Cuánto por irte y dejarnos tranquilos?—Preguntó el rubio.

Shisui lo miró ofendido.

—¿Acaso crees que me vendo? Prefiero no comer por una semana, antes que someterme a la ira de tu padre. Morir de inanición es más amable.

Sasuke soltó un suspiro cansino.

—¿Y si te consigo una cita con mi hermano?—Esperó en silencio la respuesta del chico sabiendo lo que respondería. Entre alfas se entendían.

Shisui cruzó sus manos con una agradable sonrisa.

—Los acompañaré hasta la entrada y luego me desapareceré. Solo infórmenme su horario de salida para volver juntos o Madara-San me romperá las piernas.

"Es tan obvio."—Pensaron ambos jóvenes.

Hicieron lo planeado. Shisui se alejó de ambos luego de acordar el horario y recordarle a Sasuke sobre la cita que le prometió.

Madara no debía saber que a pesar de que en el restaurante se encontraban todos los compañeros de su hijo, Sasuke y Naruto se encontraban en su burbuja hablando entre ellos.
No debía saber que Naruto había hecho lo mismo que Minato con Madara, arriesgándose a todo sin tener nada que perder, antes de proponerle aquella salida. Quizás, la aceptación era lo que Naruto podía considerar lo suficientemente especial, debido a que no solía juntarse con sus compañeros.
No debía saber que ese mismo día, mientras volvían luego de su entrenamiento, Naruto le había entregado la flor blanca que se encontraba en su mano.
No debía saber que, en aquel restaurante donde se encontraban los amigos, Sasuke le pidió tener una cita oficial a Naruto.

No debía saber y no lo sabría, al menos no de parte de Shisui y Sasuke. Si Naruto decidía contarlo, era su problema, pero Shisui prometía que si él se hundía, Naruto iría con él aunque se enfrente a la ira de Madara.

Madara, por otro lado, solo se dedicaría a brindarle amor a la persona que estuvo junto a él por tanto años y a procurar que su esposo quedara embarazado cuanto antes. 

 

¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

 

Chapter 6: Prometidos °ShisuSasu°

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Era agradable poder estar solo por un momento. Sentir la fría brisa que golpeaba contra su rostro, el sonido del agua fluir de aquel cristalino río y el cantar de las aves era verdaderamente relajante. O al menos, así lo había tomado durante los últimos cinco años.

 

Necesitaba mantener su cabeza tranquila para no caer en la jodida locura. Y es que encontrarse dentro de una organización criminal como lo era Akatsuki, no era fácil para nadie. Mucho menos si debían tomar la vida de personas inocentes para mantener su credibilidad.

Lo único que consideraba bueno, era que su primo se encontraba con él soportando el dolor juntos como lo hacían de niños. Itachi meditaba a su lado intentando el mismo objetivo que el joven de cabellos ondulados, mantenerse tranquilo e intentando no sentir culpa por las obligaciones que tuvieron dentro de la organización.

—Pronto terminaremos con Akatsuki y podremos volver a casa.—Habló su primo. La voz de Itachi sonó tranquila, como si finalmente pudiera sentir un gran alivio.

—Lo recuerdo.—Aseguró Shisui.— He contado los días desde que llegamos. No puedo creer que hayamos soportado cinco años de toda esta mierda.

Itachi asintió con sus ojos cerrados, completamente de acuerdo con las palabras de su primo.

Había sido una misión difícil, por supuesto, pero por fin podrían regresar a la aldea y ver a su familia nuevamente.
Sin embargo, las palabras de su tío llegaron a su cabeza de inmediato sentenciando su destino.

—Esta es una responsabilidad que solo tú puedes cumplir, Shisui. No confío en nadie más para que cuide a mi hijo.

—¿Crees que deba presentarme con un obsequio para Sasuke?—Preguntó fijando su mirada en el corto césped. Sus manos temblorosas comenzaron a arrancarlo sin querer observar la reacción del contrario.— Es decir, no sé si sea la clase de doncel que le gusten esas cosas, pero...

Shisui sabía perfectamente que a Itachi no le hacía ninguna gracia el hecho de que se casara con su hermano menor. No lo culpaba, porque sabía que había sido una decisión del consejo y de su padre como líder del clan, pero si quería vengarse de su padre por haber comprometido a Sasuke a la corta edad de trece años, porque era algo que no le iba a perdonar tan fácil.

El suspiro que escapó de los labios de Itachi, le dieron a entender a Shisui que no estaba muy a gusto al recordar la situación.

—Quizás sea una buena forma de hacerles creer que pensaste en él durante este tiempo.—Dijo con molestia.

—¿Y si fue así?—Itachi lo vio sorprendido.— ¿Y si realmente pensé en él durante este tiempo? Quiero decir, antes de comenzar con esta misión, tu padre me dijo que debía comprometerme con Sasuke y todo se fue a la mierda.

Itachi lo escuchó en silencio sin negar la realidad.

Luego de que Fugaku informara que Sasuke y Shisui se comprometerían antes de que el mayor se fuera a la misión, Sasuke había comenzado a actuar algo... Distante con el chico.
Itachi sabía que no lo odiaba. Incontables veces había oído de su hermanito lo increíble que era Shisui y cuanto los admiraba al par al punto de querer convertirse en un ninja como ellos. Pero el chico comenzó a evitarlo de un momento al otro e Itachi sabía que era por pena y porque...

—Creía que por su culpa te habían obligado a hacer algo que no querías hacer.—Habló Itachi para aclarar las dudas que rondaban en la cabeza de Shisui.

Shisui mordió el interior de su mejilla y frunció el ceño pensando en la frase que había soltado su primo.

—Nunca lo culparía. A él también lo obligaron a hacer algo que no quería hacer. Incluso tuvo que tener un prometido cuando aún era un niño.—Suspiró con cansancio.— Las reglas del clan son una mierda. De todas formas, realmente he pensado en él en todo este tiempo.—Habló mirando a su amigo a los ojos. De alguna forma, buscaba que le creyera.— No se como luce ahora ni como vamos a reaccionar cuando nos veamos, pero no puedo negar el hecho de que ha permanecido en mi cabeza todo este tiempo. Después de todo, debía acostumbrarme a la situación.—Finalizó rodando los ojos.

Itachi asintió, no muy seguro de poder sentirse tranquilo con las palabras de Shisui.
Claro que debía acostumbrarse si no tenía más alternativa, pero Sasuke había crecido en esos cinco años. Había dejado de ser un niño con el sueño de ser un ninja a convertirse en un joven doncel que ya aceptaba las misiones ninjas fuera de la aldea.

—Quizás un colgante es una buena idea.—Opinó Itachi intentando ser de ayuda.

Shisui asintió, recostándose en el césped y calculando los días que faltaban para el momento de acabar con la organización. Ya una vez que se encuentre en la aldea, pensará en su futuro.

°

°

°

Era lindo volver a la aldea que, si a Shisui le preguntaban, había cambiado demasiado aún cuando apenas habían abierto algunos puestos más en esos cinco años. Pocos cambios, todo parecía igual, pero a la vez diferente.

La llegada de ambos chicos al barrio Uchiha fue completamente distinta.

—Me siento como un héroe.—Bromeó Shisui.

—Supongo que lo somos.—Itachi sonrió ante los cálidos saludos que le daba su gente.

La familia del jefe del clan los esperaba unos pasos más alejados.
Itachi fue el primero en llegar a ellos, abrazando a sus padres con un brazo a cada uno. Detrás del él, Shisui esperaba su turno para poder recibir la bienvenida de sus tíos.

—¿Y este hermoso doncel?—La voz de Itachi llamó la atención de Shisui que apenas estaba por llegar a sus tíos.— Estoy seguro de que no lo vi cuando me fui.—Dijo acercándose a alguien.— Es tan fuerte y parece tan rudo, pero... ¡Oh, pero si es mi hermoso hermanito!—Dijo elevándolo en el aire.

La suave risa pareció silenciar todas las demás voces. Quizás, porque era extraño verlo sonreír, mucho menos carcajearse, o solo porque a los aldeanos del clan les resultaba emocionantemente tierno ver el reencuentro del par de hermanos.

—Para ya, tonto, que no soy un niño.—Itachi lo ignoró apretando con fuerza el pequeño y delicado cuerpo de su hermano menor.

Y en cuanto Itachi lo liberó luego de besar su mejilla múltiples veces y caminar hacia sus padres, llegó el turno de Shisui.

Hubiera esperado volver a ver al pequeño berrinchudo que solía halar de su cabello cuando le robaba la atención de su hermano, pero no al jovencito que evitaba su mirada con las mejillas sonrojadas.

Sasuke era una preciosura desde que era un bebé. Siempre fue un niño bonito, incluso cuando apenas le habían salido los primeros dos dientes inferiores con los que había marcado el brazo de Shisui mientras jugaban. Definitivamente, Shisui recordaba a la perfección el dolor y, según sus palabras, "el mocosito casi le había arrancado un pedazo."

Esperaba que no cambiara, al menos no tanto. ¿Pero que se podía esperar de un chiquillo que siempre fue lindo? Por supuesto, mayor lindura cuando creciera y mucho más si era un doncel como Sasuke.

—Hola Sasuke.

Su voz tembló un poco cuando habló.

No sabía si mirarlo o evitarlo. No sabía si abrazarlo, saludarlo despeinando un poco su cabello o solo tomar su mano.
Cerró sus manos sin ser capaz de tomar una decisión. Prefería quedarse como una estatua antes de abrazarlo mientras era consciente de la delgada y marcada cintura del doncel. Y su relación tampoco había quedado en buenos términos como para despeinar su cabello como si solo fuera un pequeño que lo consideraba su amigo.

—Bienvenido, Shisui.—Respondió entonces con una suave sonrisa. Y por primera vez, Shisui podía sentir su pecho ardiendo como unas brazas que se avivan.

Quizás no era la forma en la que esperaba que se reencontraran, porque si todo hubiera quedado bien, tranquilamente podría haber abrazado a su primo como Itachi lo había hecho.
En cambio, incluso una palabra de bienvenida ya sonaba demasiado personal cuando la situación de su futuro había sido aceptada.

—Vayamos a casa.—Fugaku habló con una sonrisa poco antes vista.— Deben descansar.

°

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Todo era TAN extraño.

Se había cruzado con Sasuke múltiples veces desde que había vuelto a su hogar, y no era de extrañar teniendo en cuenta que vivían juntos. Pero la situación que le molestaba a Shisui, era no poder sentir la misma comodidad que sentía con Sasuke cuando era un niño, o al menos, antes de saber que se casarían cuando Sasuke fuese mayor.

Había intentado hablarle. Claro está que el "intento" fue un par de balbuceos que salieron en un susurro y que Sasuke no fue capaz de entender, pero Shisui lo había intentado. En cambio, solo recibía miradas apenadas de parte de Sasuke y no podía ver la oportunidad de tener un avance con él.

Quería hablarle. Quería que Sasuke le contara como le había ido en esos cinco años que no pudieron tener comunicación, pero no quería presionarlo cuando notaba que el menor no tenía ninguna intención de dirigirle la palabra.

¿Y si se arriesgaba?
Tenía claro que no podía evitar su destino, entonces no perdía nada si la situación no salía como esperaba. Después de todo, ese mismo chico compartiría una vida con él. Era mejor dejar la incomodidad de lado.

Caminó hacia la habitación de Sasuke y golpeó la puerta con suavidad.
Apenas unos segundos después, el jovencito abrió la puerta con un trozo de tela en una de sus manos y un kunai en la otra.

—P-puedes pasar.—Dijo Sasuke, regañándose a si mismo en su propia mente cuando tartamudeó.

Shisui ingresó notando el pequeño avance que tanto había esperado.

La habitación de Sasuke había cambiado tanto como él.
Ya no contaba con las fotografías pegadas en las paredes y jueguetes regados por todos lados con paredes de color azul vibrante que llegaban a lastimar los ojos. Ahora, algunas fotografías se encontraban en marcos apoyadas sobre una repisa que se mantenía en el aire sujeta a la pared. La cama para dos personas se encontraba en el centro del cuarto perfectamente acomodada, las paredes se convirtieron en un gris claro y varias plantas se ubicaban en una de las esquinas de la habitación.

—¿Te gustan?—Preguntó acariciando con suavidad las hojas de una de ellas.

—Bueno, si... Mamá dice que tengo buena mano para la jardinería.—Explicó, quizás algo avergonzado por tener un hobbie que no sea relacionado a las batallas ninjas.

—Entonces debo conseguir una casa con un gran jardín.

Sasuke no respondió nada. Tal vez porque no tenía nada que decir o porque sentía como su garganta se cerraba por aquel comentario.
De todas formas, Shisui admiraba las plantas como si aquello hubiera sido dicho dentro de su cabeza y no lo suficientemente alto como para que el doncel lo escuchara.

—No quiero sonar grosero, lo pregunto con total curiosidad.—El mayor volteó a verlo a la espera de que continuara.— Pero... ¿Qué haces aquí?

—E-En realidad quería invitarte a ir por un helado.—Respondió fingiendo que admiraba las fotografías. Podía sentir sus manos sudar por la propuesta.— Itachi no está y estoy algo aburrido, pero si dices que no, está bien también. E incluso puedo traerte el helado si así lo deseas porque quizás no quieras...

—Quiero ir contigo.—Interrumpió Sasuke deteniendo el palabrerío del contrario. Caminó hacia su escritorio y acomodó correctamente el arma que había estado puliendo previamente.— Si me permites, me prepararé para salir.

Shisui boqueó por unos segundos antes de tener la vista de Sasuke en su persona. Entonces, solo pudo asentir repetidas veces mientras caminaba hacia la puerta.

—Te espero en la sala.—Avisó antes de marcharse.

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°

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No estaba seguro de lo que buscaba realmente. Sabía que la relación entre ambos no iba a ser igual que antes, porque ahora los dos sabían lo que el destino les depararía.
Aún así, Shisui esperaba poder charlar con él sin tener que sentir la tensión que había entre ambos.

Se esforzó por comenzar nuevamente una amistad. Si bien pronto se convertirían en esposos, la realidad era que Sasuke había cambiado más de lo que Shisui hubiera imaginado y no veía mal comenzar a conocer a ese "nuevo" doncel que caminaba a su lado.

Sasuke le contó como fue su camino por la academia. Le contó como se sintió cuando comenzó con su equipo y sobre las misiones que había considerado más difíciles. También conoció un poco más sobre sus amigos, una jovencita llamada Sakura que solía querer arrastrarlo a todas las tiendas que encontraba y un muchacho llamado Naruto que solía obligarlo a convivir con el resto de sus compañeros. Y aún cuando Sasuke se quejaba inconscientemente de ambos, Shisui supo que realmente le agradaban.

—Ahora solo me queda disfrutar de las misiones antes de retirarme.

—Apenas cumpliste dieciocho años.—Dijo Shisui y fue entonces cuando se dio cuenta de que aún no le entregaba el obsequio que había conseguido para él.— Falta demasiado tiempo para ello.

Sasuke lo miró confundido por un momento.

—Creí que lo sabías.—Habló el doncel.— Padre ya me dijo que en cuanto me casara, debía dejar mi carrera como Shinobi.—Explicó.— Según dice, debo dedicarme a cuidar de mi nuevo hogar y los... hijos que tendremos.—Finalizó girando su cabeza al lado contrario de Shisui con sus mejillas sonrojadas.— Tal como madre lo hizo.

Shisui jugueteó con el borde de su camiseta sin saber como responder.

Sabía por Itachi lo mucho que a Sasuke le gustaba ser un ninja, las misiones en equipo que completaba y lo emocionante que le resultaba el salir de la aldea.

—¿Tienes deseos de abandonarlo?—Preguntó con cautela.

—Debo hacerlo.

Shisui negó con su cabeza. Se detuvo en su lugar obligando a Sasuke a detenerse también y lo observó a los ojos.

—No es lo que te pregunté.—El mayor soltó un suspiro. Había tenido un buen avance con Sasuke, quien se había abierto con él para contarle sobre su vida como no lo había hecho desde su regreso. No quería arruinarlo.— Escucha, si deseas continuar con tu carrera, puedes y debes hacerlo. No le des mucha importancia a lo que tío Fugaku opine, solo disfruta de lo que te gusta hacer. Tendremos... Demasiado tiempo para pensar en tener hijos y luego veremos como lo compensamos entre ambos, pero ser un ninja fue tu decisión, no la dejes en manos de tu padre.

¡Oh! Quizás Shisui debería haber estado mejor preparado para recibir la sonrisa de Sasuke. Era extraño que sonriera, pero cuando lo hacía, su mirada se volvía más dulce y brillante de lo que ya era con su familia.
Si ya consideraba suerte que no lo vea con ganas de asesinar a alguien como ocurría cuando Sasuke se encontraba lejos de su gente, el hecho de verlo sonreír era una completa locura que comenzaba a encantarle.

—Gracias por el consejo, Shisui.

Y el muchacho solo se vio obligado a carraspear y continuar su camino sin querer exponer su sonrojado rostro a Sasuke. Aún no era el momento de que notara lo que provocaba en él.

°

°

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No podía quitar sus ojos de la pequeña joya. Era la medida perfecta para Sasuke, eso lo sabía porque se había encargado de comprar a Itachi para que lo ayudara. Bastante caro le salió la información cuando su primo llegó pidiendo distintos postres. ¿A dónde demonios se le iba todo lo que comía?

El rubí brillaba en el centro del fino anillo de plata. Lo había elegido con especíal cuidado en cuanto al color.
Si bien Itachi le había recomendado un collar, aún cuando ya estaban comprometidos, Shisui nunca le entregó el anillo a Sasuke. Claro que todo era una orden de Fugaku, pero ya había sido dada y no iba a permitir que el recuerdo de Sasuke de su compromiso y de su boda, sean una basura que quiera olvidar.

—¿Aún no se lo has dado?—La caja saltó en su mano cuando su cuerpo se agitó por el susto.— Hace tiempo que hemos regresado y lo tienes desde entonces.—Itachi parecía... Verdaderamente enojado.

—Cállate. Encontraré el momento, no quiero espantarlo.—Shisui cerró la caja y la guardó con cuidado en el cajón de su mesa de luz.— Y anunciate antes de entrar al cuarto de alguien más.

—Apresúrate porque hay problemas.—Itachi se sentó en la cama. Sus piernas comenzaron a sacudirse hacia arriba y hacia abajo con nerviosismo.— Padre tuvo una reunión hoy. Un Shinobi de nuestro clan vino a pedir la mano de Sasuke.—Shisui se quedó anclado en su sitió con sus extremidades completamente tensas.— El maldito anciano tiene la edad de padre, ¿Entiendes eso? Le ofreció una dote de su parte solo para la familia. ¿Acaso mi hermanito es una puta moneda de cambio?

Shisui podía sentir en sus propios oídos el chirrido de sus dientes. Su mandíbula se encontraba tensa y sus manos se cerraban en un puño que resaltaban sus venas.

—¿Qué dijo tío Fugaku?—Preguntó cuando pudo ordenar sus pensamientos correctamente.— ¿Le dijo que ya tenía prometido?

Itachi negó lentamente.

—Dijo que... Lo pensaría.

¿Tenía siquiera algún derecho de reclamar en contra de la decisión del líder del clan? Sasuke aún no estaba casado con él y eso significaba que debía seguir la palabra de su padre.
¿Por qué siquiera lo haría? Él no quería comprometerse con Sasuke después de todo. ¿No se supone que debería sentir alivio?

Realmente le gustaría poder consolar a su primo y hacer de cuenta que nada pasaba mientras esperaba pacientemente a liberarse de aquel matrimonio. Pero no puede.
No puede dejar pasar el hecho de que su tío los había obligado a comprometerse. No puede dejar pasar el hecho de que fue Fugaku quien consiguió que la relación entre él y Sasuke se fuera al carajo desde antes.
No quiere dejar pasar esta situación donde quiere entregar a Sasuke para que se case con alguien más luego de haber estado comprometido cinco años con él.

Tampoco quería que el doncel supiera sobre lo ocurrido, pero Shisui no tuvo la suerte de conseguir protegerlo de ello.

Fugaku había anunciado su decisión esa misma noche en la cena.

—El señor Tsubaya te va a tratar bien, Sasuke, sabrá como protegerte.—Fugaku observaba a su hijo menor. No comprendía como con dieciocho años continuaba enfurruñándose por tonterías.

Sasuke mantuvo su cabeza inclinada, fijando su mirada en sus pies. No tenía apetito luego de haber recibido aquella noticia.

Había estado comprometido por cinco largos años. Había retomado su relación con Shisui que cada vez se volvía más cómoda, más natural. Se había acostumbrado a su presencia una vez más. ¿Y todo para qué? ¿Para que su padre haga y deshaga a su antojo toda su vida?

¿Qué caso tenía continuar esforzándose por alguien a quien no podía tener?

—¿Acaso cambió su opinión de mi, tío?—La mirada de la familia, incluída la mirada borrosa por las lágrimas de Sasuke, se enfocaron en Shisui.— Usted había dicho que no confiaba en nadie más además de mi para cuidarlo. Había dicho que solo yo podía cumplir con esa responsabilidad. ¿Cómo es que entonces le quiere confiar su hijo a un hombre que lo único que sabemos de él es que porta nuestro apellido?

Sasuke parpadeó tardando en comprender las palabras de Shisui. Sus ojos ya iban derramando las nuevas lágrimas ante cada parpadeo y la imagen de su primo se veía nublada.

¿No era que Shisui no quería casarse con él?
Si Sasuke se casaba con Tsubaya, Shisui sería completamente libre de aquel matrimonio. Para él debería ser un alivio, pero entonces ¿Por qué se ve tan enojado? ¿Por qué sus palabras parecen defenderlo tanto?

>>Nos comprometimos hace años.—Continuó Shisui.— Nos casaríamos cuando Sasuke cumpliera sus dieciocho años y ya los tiene. He pensado en comprar una casa con un gran jardín porque le gusta la jardinería. Hemos hablado sobre como será nuestra vida cuando tengamos hijos. Tienen la seguridad de que no lo voy a lastimar y de que no le va a faltar absolutamente nada, ni a él ni a nuestros hijos, entonces... ¿Por qué ese sujeto parece ser mejor que yo a ojos suyos, tío?

Fugaku parpadeó varias veces, como si no pudiera comprender correctamente las palabras de su sobrino.
¿Acaso se estaba revelando?

—Mi opinión sobre tí no ha cambiado, Shisui.—Explicó con poca paciencia.— Pero la familia tendrá un gran beneficio de esta unión.

Los ojos negros de Shisui se dirigieron a Sasuke, quien observaba sus propias manos moverse con nerviosismo.

Su primo no tenía la culpa de nada. Él mucho menos. Ambos fueron obligados a comprometerse por ordenes de Fugaku, pero ya se habían hecho a la idea y si Shisui era sincero, no le complacía el entregar a Sasuke a un sujeto que ni siquiera habían investigado. Y no era solo por el hecho de ser su prometido, sino porque aunque no lo fuera, lucharía para que el doncel obtuviera un buen esposo.

—¿Podríamos hablarlo, tío?—Preguntó entonces sin tener intenciones de rendirse.

Fugaku exhaló aire y agitó una de sus manos en una clara señal de que su esposa y sus dos hijos se marcharan del comedor.

—¿Qué quieres?—Fugaku habló cuando vio a su familia desaparecer en sus respectivas habitaciones, notando como Itachi se quedaba junto a Sasuke, posiblemente, para consolarlo.

—No voy a renunciar a Sasuke.—Respondió el ninja con total decisión.— Ambos nos hemos hecho a la idea. Hemos hablado sobre un futuro juntos porque hace años nos comprometió usted, tío.—Lanzó la mentira a medias. Sí habían hablado sobre el futuro, pero no como lo haría realmente una pareja.

Fugaku levantó su mano silenciando a su sobrino.

—¿Estás diciendo que vas en contra de mi decisión?—Preguntó entonces. Su mandíbula se encontraba tensa ante tal humillación.— ¿Crees que estás en posición de decidir?

—Solo estoy diciendo que usted ya me eligió a mi para cuidar de Sasuke.—Shisui continuó hablando con total calma.— Soy un hombre de honor. Puedo proteger a Sasuke de cualquiera que pudiera lastimarlo, puedo cuidarlo. Sé que conoce mis habilidades en el campo de batalla, porque sé que continuó informándose sobre nosotros cuando nos encontrábamos en Akatsuki.—Se puso de pie dispuesto a darle fin a la conversación.— Y si tuviera que deshacerme del señor Tsubaya, bueno... Eso sería una pena.

En su camino hacia la habitación de Sasuke, Shisui ni siquiera quiso pensar en las reglas que hizo a un lado cuando se enfrentó a su tío. Quizás no servía de nada el habérselo puesto en contra, pero tenía a Itachi de su lado, quien entregaría su vida si con ello su hermanito era feliz.

Pasó por su habitación para recoger el obsequio y continuó su camino hacia el cuarto de su prometido.

Soltó un suspiro intentando relajarse, no queriendo verse tan desesperado por hablar con el doncel, y golpeó con suaves toques a la espera de que le abrieran.

—¿Qué sucedió? ¿Qué te dijo mi padre?—Shisui supo que debía tener cuidado con sus palabras, porque incluso si daba a entender que Fugaku se había negado, aquella fiera frente a él lo movería como si no pesara nada con tal de lanzarse hacia su padre.

—Debes calmarte, Itachi.—Habló el mayor con voz suave.— ¿Puedo ver a Sasuke?

Itachi asintió.

—Supongo que deben hablar, solo avísame si ocurre algo.

Shisui esperó a que el muchacho se marchara a su cuarto para poder ver al doncel.
Sasuke se encontraba recostado dándole la espalda sin tener intención de mirar al recién llegado. Movía uno de sus brazos como si acariciara la manta.

—¿Por qué quisiste hablarlo con mi padre?—La voz de Sasuke sonó extraña. Rota y nazal porque apenas había dejado de llorar. Sonaba completamente rendido y resignado a lo que su padre haya decidido.— Le pregunté a Itachi, pero me dijo que te lo preguntara a tí. Por más que intento entenderlo, no puedo hacerlo. ¿Por qué no mantenerte callado?—Preguntó levantándose poco a poco para enfrentar al mayor.— ¿Por qué no solo aceptarlo? En ese caso solo hubiera sido mi problema. Tú te encontrarías libre con la oportunidad de buscar a una mujer o doncel que ames sinceramente.

Para este punto, Shisui no está seguro del por qué continúa defendiendo un futuro matrimonio que ellos no eligieron. No sabe si es por haber estado dentro de él durante muchos años, si es porque Sasuke es su primo o si lo hubiera hecho por alguien más. 

No sabe si lo que hace arder su pecho ante la inocente y llorosa mirada de Sasuke es amor o no, pero le agrada. No, es más que eso, le encanta sentir aquel calor en su corazón y no quiere perderlo.

—¿Qué es lo que tú deseas hacer?—Preguntó Shisui.— ¿Quieres formar un futuro junto a mi?—Sacó de su bolsillo la cajita, abriéndola y enseñando aquel bonito anillo con rubí que brillaba ante la luz.

Sasuke tomó la pequeña caja en sus manos y por un momento, su cabeza volvió a los primeros meses en los que era un chiquillo a la espera del regreso de su hermano y Shisui.

Solía imaginar como sería el día en que recibiera un anillo de compromiso. Creía que sería en una cena frente a sus padres, porque era una forma de demostrar respeto y confianza, aún si Sasuke deseaba que se lo entregaran a solas para sentirse libre de demostrar alguna emoción.

Solía imaginar el momento en el que Shisui se arrodillaría frente a él, colocando el anillo en su dedo mientras mostraba una brillante sonrisa.
Luego vendría el momento del beso en sus labios, porque Sasuke era lo suficientemente valiente de demostrarle sus verdaderos sentimientos en ese momento.

Y es que Shisui le gustaba. Desde siempre.

¿Cuántas veces había hecho escenas de celos por su hermano? Solía halar el cabello ondulado de Shisui cuando notaba que toda su atención estaba puesta en Itachi. Lo entendía, eran primos y mejores amigos, pero era a él a quien le gustaba.

Cuando llegó el momento de que su padre decidiera prometerlo a Shisui, las cosas no acabaron bien.

Aún cuando Sasuke intentaba no demostrar la felicidad que sentía por saber que aquel que siempre le gustó se había convertido en su futuro esposo, notaba la seriedad, e incluso molestia, en el rostro del mayor.
Shisui no era así. Shisui era alguien sonriente. Shisui comenzaba a cambiar por su culpa.

Era una lástima que ni siquiera siendo el hijo del jefe del clan, pudiera negarse a ese matrimonio. Pero podía relajar un poco la vida de Shisui si tomaba su distancia.

Y así sucedió hasta que su hermano y su primo debieron marchar a su misión. Apenas se saludaron. Ya no existía la cercanía que antes se encontraba allí. Ya no sentían tanta confianza y hasta un cruce de miradas terminaba siendo incómodo.

Pero tuvo que adaptarse y no pudo evitar ilusionarse con que quizás al volver, su prometido le daba con gusto su anillo.

Y en cuanto la primera de las pocas cartas de Shisui llegó, donde ni siquiera era capaz de preguntar por el doncel, el sueño de la entrega del anillo comenzó a quedar atrás.

Ya no conseguía imaginar que Shisui le daba el anillo con una sonrisa. La seriedad marcaría su rostro mientras sus padres observaban la escena y le daba un frío beso en la mejilla.
Era realmente una propuesta obligatoria que Shisui no pudo rechazar.

—No habrá marcha atrás.—Sasuke habló con lentitud, como si quisiera que Shisui comprendiera lo que sus decisiones significaban.

—Y no quiero que la haya.—Aseguró el mayor.— Puedo enfrentar a mi tío por ambos, pero quiero saber si deseas esto o si solo quieres que continuemos siendo familia y ya.

Sasuke negó. No, no querían que solo fueran familia. No quería casarse con alguien más, pero tampoco quería que el muchacho sintiera que no tenía más opciones.

—Q-Quiero estar contigo, pero...

Sasuke no tenía por qué agregar más. Shisui tampoco se lo permitiría.

Sintió su corazón bombear con fuerza ante la afirmación del doncel y, queriendo sentir como el calor en su pecho se intensificaba, se lanzó hacia los labios del chico en un beso casi desesperado.

Labios delgados, pero demasiado suaves. Mejillas suaves al tacto de su dedo pulgar y una cintura que hacía que su mano hormigueara por tocarla a su gusto.

No pudo ni quiso evitarlo más. El calor de su pecho comenzó a extenderse por todo su cuerpo cuando sintió los brazos de Sasuke rodear su cuello para acercarlo.
No pudo evitar dirigir sus besos hacia el cuello del doncel, procurando no dejar marcas visibles.

Las manos cálidas de Sasuke ingresaron por el cuello de su camiseta, acariciando su espalda tanto como podía mientras intentaba regular su respiración. No lo conseguía del todo, porque mientras Shisui se ocupaba de su cuello, los suspiros no le permitían regular correctamente su aire.

Y eso empeoró cuando lo recostó sobre su futón.

La rodilla de Shisui se apoyó con suavidad en el futón y se presionó suavemente hacia la entrepierna del doncel, quien soltó un suave gemido en el oído del varón.

Ni siquiera fue capaz de ver en donde había quedado la caja con el anillo. Tampoco le importaba mucho, porque solo pasaba en su cabeza el deseo de levantar a Sasuke, acomodarlo correctamente debajo de él y jugar con su cuerpo tanto como deseara, si con ello conseguía volver a oír aquel maravilloso sonido que escapó de los labios del doncel.

No tardó mucho en cumplirlo. Podía sentir como Sasuke movía su cadera de arriba hacia abajo contra su pierna, intentando conseguir una mayor fricción.

Shisui elevó la camiseta del doncel, acariciando la cintura de Sasuke y acercándose a su pecho.
Sintió las manos del chico enredarse en su cabello cuando su boca succionó uno de sus rosados botones, mordiendo suavemente antes de pasar su lengua.

Con paciencia, el muchacho comenzó a bajar con sus besos hacia aquella zona que buscaba ser atendida con urgencia, y en cuanto intentó bajar el pantalón de Sasuke, éste lo detuvo.

—Esto es... Demasiado.—Habló un poco aturdido por las sensaciones.

—No llegaremos hasta el final hoy.—Aseguró antes de besar su boca nuevamente y volver a la misma posición en la que se encontraba.

Sasuke era hermoso, pero verlo sonrojado y desde aquella posición consiguiendo notar como su pecho subía y bajaba con velocidad, solo hacía que se excitara mucho más.

No lo pensó por más tiempo. Su lengua se deslizó por el miembro del doncel, besando y succionando cuanto deseaba mientras oía los gemidos que Sasuke intentaba ocultar contra la almohada.

Y no pasó mucho tiempo para que Sasuke elevara su cadera, sujetara el cabello de Shisui con fuerza y mordiera sus labios ante la corriente de placer que invadía su cuerpo.

—Conseguiré una casa cuanto antes.—Comentó Shisui acariciando suavemente el rostro del joven. Besó un par de veces sus labios antes de dejarlo descansar de una vez por todas.— Quiero asegurarme de que en cuanto nos casemos, no tengas que ocultar tus gemidos mientras te hago mío.

No podía asegurar si el sonrojo en el rostro de Sasuke era por lo que habían hecho o porque se había avergonzado de sus palabras.

—¿Realmente deseas casarte conmigo?

Shisui resopló divertido y al instante, ubicó la cajita con el anillo al otro lado de Sasuke. Se estiró hasta tomarla y sacó la delicada joya del estuche.

—Realmente deseo casarme contigo.—Afirmó colocando el anillo en el dedo anular de Sasuke antes de depositar un beso tranquilo en sus labios.— Iré a buscar a Itachi. ¿Necesitas que te ayude a vestirte?

Sasuke negó, bajando disimuladamente su mirada.

—Aún estás duro.

—Si, aún lo estoy.—Admitió algo avergonzado mientras acomodaba su pantalón.— Pero no debes preocuparte.

—¿No... Puedo ayudarte?

Quizás fue por la propuesta o la pena con la que Sasuke lo observaba, pero las mejillas de Shisui obtuvieron un color rojo intenso y el muchacho se vio obligado a tragar saliva para calmarse.

—¿De verdad quieres hacerlo?

—Oh, bueno, dijiste que no llegaríamos hasta el final hoy, pero...—Shisui, como si se le hubiera vuelto una costumbre, besó sus labios con total naturalidad.— No te acostumbres a hacerme callar de esa manera.

—Me funciona por el momento.—Habló con burla antes de ayudar a Sasuke a colocarse apoyado sobre sus manos y rodillas.— Solo junta tus muslos, cariño. Disfrutemos ambos.

¿Aquella era la manera en la que Shisui demostraría cuanto le gustaba?
Sasuke definitivamente no se quejaba, porque podía sentir los sentimientos del contrario en cada caricia delicada, en cada beso que dejaba por sus hombros y en los brazos que lo rodeaban para mantenerlo pegado a su pecho.

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El primero en salir fue Shisui. No había querido ser estúpido y se cambió a su habitación. Necesitaba higienizarse una vez más.
Prefería que Itachi pensara en que se había olvidado de avisarle cuando terminaron, antes de que descubriera que había... Probado a su hermano menor antes de su matrimonio.

Se sentó en la mesa donde su tía tomaba el té y esperó pacientemente la llegada de Sasuke.

Fugaku e Itachi llegaron a la vez desde diferentes habitaciones y el doncel finalemente hizo presencia, llamando la atención de su madre en menos de un segundo cuando la joya en su dedo brilló.

—¿Y ese anillo, cielo? 

—Es de mi compromiso.—Respondió Sasuke fingiendo tranquilidad, aún si sus mejillas se encontraban completamente sonrojadas.

—¿Entonces ambos deciden ir en contra de las órdenes de su líder?—Fugaku sobresaltó a los presentes cuando su mano golpeó la mesa con fuerza.

—Hemos respetado tu órden desde hace años, tío. Ambos queremos casarnos y vamos a continuar con el compromiso hasta el día de la boda.

Fugaku observó a su esposa por un momento. Lo miraba con súplica para que aceptara aquello.
Mikoto se lo dejó claro, estaba sobrepasando el límite y aquello iba a conseguir que tarde o temprano, sus hijos hicieran algo peor en su contra a modo de venganza.

—Hablaré con el señor Tsubaya para informarle que se cancela el compromiso entre él y Sasuke.—Dijo con cansancio antes de levantarse de la mesa.

—Supongo que ya todo está tranquilo.—Comentó Sasuke. Sintió el suave beso que Shisui dejaba en su sien.

—Si, cariño, nos casaremos pronto.

Itachi los miraba algo molesto. Aún no aceptaba que ambos estuvieran juntos, pero si eso era lo que su hermano menor deseaba, entonces no le quedaba otra opción.

—Ni bien sepa la fecha de la boda, infórmenme.—Dijo Itachi.— Tengo que apartar a Kakashi.

Sasuke elevó las cejas con sorpresa, Shisui resopló con una sonrisa y Mikoto giró su cabeza como si su cuello fuera de goma.

—¿Te sigue gustando?—Preguntó Shisui con una sonrisa divertida.

—¿Estás bromeando? Por supuesto que sí y ahora tengo la oportunidad de conquistarlo. Es un doncel precioso, pero no solía tomarme muy enserio por ser menor que él.—Un suspiro cansino escapó de sus labios.— Supongo que eso cambió cuando aceptó la primera cita.

Mikoto, quien se encontraba sorbiendo su té, comenzó a toser sintiendo el ardor en su garganta.

—¿Ya salen juntos?—Itachi solo pudo reír ante la mirada horrorizada que tenía su madre en el rostro.

—Por supuesto, no iba a quedarme atrás.—Aseguró.— Pronto tomaré el puesto de padre y debo tener ciertos privilegios. Se convertirá en mi doncel.

Sasuke parpadeó sorprendido. Nunca había visto algo extraño en la interacción entre su hermano y Kakashi, por lo que nunca se hubiera imaginado que podría llegar a gustarle de esa forma.
Si era sincero, creía que Itachi aceptaría a cualquier joven del clan que pudiera darle una familia, ya sea mujer o doncel, pero era lindo ver la felicidad con la que contaba la aceptación de Kakashi.

—Mañana podríamos comenzar a ver las casas de la zona.—Comentó Shisui en su oído.— Quiero que esté lista antes de que nos casemos.

Y en un instante, Sasuke no pudo evitar recordar las palabras que Shisui le había dicho en el cuarto.

Tal parecía que Sasuke no era el único emocionado con su boda.

 

Estoy pensando en hacer una segunda parte pero contando la historia de Itachi y Kakashi :)
¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

 

Notes:

Bueno, empecé con esta serie de One Shots solo porque si. Me gusta la idea de escribir sobre diversas parejas en distintas historias.

Tal como dice en la descripción, pueden decirme sobre que otras parejas les gustaría leer, como también, pueden comentar si tienen idea sobre alguna historia a la que le pueda dar forma para publicarla aquí.