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Narumi Gen no era un hombre que tuviera pocos enemigos. Los había, a raudales, sobre todo a causa de su personalidad, y era consciente de ello. Sabía que ser auténtico le traería toda clase de problemas: lo tenía claro desde que era un huérfano y debió aprender a pelear por su supervivencia, desde que entendió lo que significaba unirse a la JAKDF y a la Primera División, luchando con uñas y dientes para escalar de posición aunque todos los altos mandos lo juzgaban, al igual que otros reclutas.
Aún cuando se volvió capitán, las críticas seguían. Así que pensó en el mejor plan de acción: hacer de Ariake un lugar donde todos pudieran encajar a su manera, y tener como únicas reglas ser fuertes y mostrar resultados. Pero también había una regla implícita: todos debían respetarse unos a otros.
La competencia era buena, dentro de sus límites. Tener sueños y desear llegar a lo más alto, algo a lo que él mismo aspiraba y cuidaba con recelo, también. En cambio insultar, denigrar o ser irrespetuoso eran actitudes que como capitán jamás lo permitiría.
Por eso debió darse cuenta que ese chico, el novato, era una amenaza real, no alguien más a quién despedía de sus filas y dejaba que fuera reasignado a cualquier otra división.
Honda Takuya era un gran soldado, fuerte y capaz, ya con una fuerza liberada de casi 50%. Era joven, por lo que Narumi estimaba que al menos podría desarrollar otro 10% bajo su jurisdicción.
Honda ya llevaba dos años dentro de las Fuerzas, y venía desde bastante lejos, la octava división. Cuando recibió la solicitud de su parte para unirse a la Primera, aceptó, dándole como a todos un período de prueba de tres meses. Narumi era un incordio, pero no cruel: sabía que a pesar de las capacidades de la gente, no todos se adaptaban al ritmo que llevaba su división, y de esa manera evitaba manchar sus expedientes, declarando que simplemente había sido una transferencia temporal.
Pero nadie había durado tan poco como Honda, pues ¿solo tres semanas? Parecía un chiste. Ni siquiera Narumi en su peor tiempo, que había sido de un mes y medio en la quinta división.
La política de la Primera era aceptar a todos, sin importar sus antecedentes, salvo que fuera algo muy grave. Herir a un compañero lo era, para Gen: un motivo bastante obvio que no solo significaría ser expulsado de la Primera, sino que de cualquier División.
Honda Takuya no tenía advertencias así en su expediente, pero lo consiguió bajo la jurisdicción de Narumi. Y todo ocurrió en una misión y le hizo daño a Hasegawa, precisamente, de todas las personas.
La visión de Gen no podía escapar del rojo, del líquido vital que escapaba de una herida en el hombro de Eiji y goteaba hasta el suelo. De la mirada perdida de su segundo al mando por el golpe que había recibido en la cabeza, y trozos de metralla incrustados en todo su cuerpo, provenientes de su propia armadura destrozada.
Y lo peor, es que si Narumi no hubiese visto lo que pasaba con sus retinas, prediciendo el futuro, el resultado pudo ser mucho peor. Pero a cambio, la muerte de Eiji lo perseguiría para siempre en sus pesadillas, esa visión tan aterradora que apenas pudo evitar, avisándole a quién consideraba como su hermano para que desviara una granada en el último instante.
Ya había estado al tanto de actitudes del chico nuevo que causaban recelo, no solo en el resto de los reclutas, sino que en líderes de pelotón también. No le gustaba como Honda solía burlarse de Kikoru por ser mujer o declarar que estaba en la Primera a causa de su padre, por ejemplo. Gen ya había llamado su atención por ello y le había dado de castigo limpiar los baños por un mes, pues sabía que la joven Shinomiya ya estaba pasando por demasiado con el Director internado en el hospital y con un brazo menos.
Era…sencillamente era otra imagen que nunca podría borrar de su cabeza, dado que había sido él quien había tenido que tomar esa decisión para evitar que Isao muriera y fuera absorbido a manos de Nueve.
Con solo recordarlo, todo su cuerpo temblaba de manera incontrolable.
Había estado ahí para Isao mientras se recuperaba, y había sentido un alivio tremendo al saber que finalmente estaba fuera de peligro vital y lo despertaron del coma en el que me habían inducido, para que su cuerpo empezara a recuperarse. Pero no había sido capaz de presentarse ante él cuando el Director despertó, pues en su ausencia y con Itami ahora a cargo de las Fuerzas de Defensa, tenía mucho trabajo entre manos.
O eso ocupaba como defensa, aunque sabía que no podría engañar a los suyos por mucho más tiempo: no cuando la culpabilidad lo estaba consumiendo, y no quería escuchar a Isao decir que estaba decepcionado de él.
Y sí, quizás esa imagen solo provenía de su inseguridad. Ya estaba mejor, tanto que podía identificar sus comportamientos autodestructivos, porque tenía gente que lo apoyaba. Pero no había podido evitar sentirse inestable cuando uno de ellos, a quienes quería y estimaba, resultaba herido.
Soushiro era un novio increíble, alguien que estaba allí para él sin importar nada. Fue él quién entró a la habitación de Isao por él cuando la culpa lo ahogaba, y quién le explicó al Director que Gen lo visitaría dentro de poco tiempo, sin duda antes que recibiera el alta médica.
Luego de pasar por una crisis francamente peligrosa tiempo atrás, Narumi sabía que debía trabajar más en sí mismo. Entendía ahora que imitar a Ashiro no era sano, prácticamente centrando toda su atención con los entrenamientos, el papeleo y las misiones para ser un buen líder; pero matándose en el proceso y dejándose a sí mismo de lado. Solo Hoshina pudo sacarlo del espiral, y aunque le había tomado meses estabilizarse, aún tenía recaídas.
Incluso había empezado a asistir a un terapeuta, y si bien no había sido sincero con él sobre todo lo aquejaba, era un paso en la dirección correcta.
Miyake, Tachibana y Shinonome eran los más entusiasmados con la idea, quienes a veces cubrían a Hasegawa con sus deberes para que él asistiera a las reuniones a las que Narumi no podía faltar. De ese modo Gen podría centrarse en sí mismo, y usualmente iba a una cita con Soushiro después, disfrutando de la libertad que les otorgaba ser novios.
Solo los de la Primera y Tercera División lo sabían, más por comodidad y privacidad que por negarles a otros cómo se sentían. Además, la mitad de su atención estaba centrada actualmente en la amenaza que significaba el kaiju n°9, en entrenar y buscar una manera de derrotarlo. También simplemente querían disfrutar el tiempo juntos, conocerse ahora como pareja y no solo como amigos.
“¿Mi amor?” lo llamó Soushiro, y solo entonces Narumi se percató que su novio estaba allí con él, sujetando sus manos para llamar su atención. Estaba en la sala de espera, negándose a dejar el lugar hasta que alguno de los médicos le dijera que ocurriría con el estado de salud de su Vice-Capitán.
“Sou…” los ojos de Gen se llenaron de lágrimas en contra de su voluntad, ya sin ser capaz de contener sus emociones por mucho más tiempo.
Hoshina tampoco dudó, abrazando a su novio contra sí cuando se lanzó a sus brazos, aferrándose a él con tanta fuerza que a otra persona habría hecho crujir sus costillas. Solo soltó un pequeño jadeo, aliviado de estar finalmente a su lado, pues al enterarse de lo que había pasado en esa misión, le había pedido al piloto del helicóptero en el que se encontraba que lo dejara en Ariake y no en el territorio de la Tercera.
El propio Soushiro regresaba a Tachikawa de una misión en conjunto con la Segunda División, a petición de su Capitana. Tenía suerte que no le habían pedido que se encargara del papeleo, o habría tardado más en regresar a casa junto a su novio.
Aunque quería preguntarle qué había pasado, si también estaba herido o si podía ayudarlo en algo, fue otra voz la que interrumpió su conversación.
“¡Gen-san!”
La voz de Kurusu Akira no se escuchó por los altavoces, sino que era el propio operador quién corría hacia ellos. Narumi alzó la cabeza, sin importarle que el hombre viera su rostro surcado en lágrimas: había aprendido a ser más abierto con su gente, y eso incluía a todas las personas, sin importar qué cargo desempeñaran en la división. Además, luego de saber del propio Soushiro cómo Akira se había preocupado por él durante el tiempo en que se descuidó tanto que casi no dormía, sentía aún más confianza hacia él.
Pero lo que sí llamó poderosamente su atención fue escucharlo usar su nombre y no su cargo: normalmente Kurusu era formal con él, salvo que se encontraran solos. Y jamás lo había escuchado así de alterado.
Por un instante temió que algo hubiese ocurrido con Hasegawa, pero rápidamente lo descartó: Eiji ya había salido de cirugía hace ya varias horas, y si realmente estuviera en un peligro grave los médicos serían los primeros en alertarlo.
“¿Akira-kun? ¿Estás bien?” preguntó Hoshina por ambos, sin dejar de abrazar a Narumi en ningún momento, pero claramente alerta por si una nueva amenaza estaba próxima a caer sobre ellos.
“¿Ya se enteraron?” preguntó a cambio, con la respiración claramente agitada. Era obvio que el operador había corrido desde su oficina hasta el ala médica, solo para ir en busca de Narumi y hablar en persona con él
“¿De qué? ¿Qué es lo que pasa?” y como toda respuesta, el chico les tendió su teléfono.
Hoshina lo tomó, notando que se trataba de un video reciente, de una cadena televisiva famosa. Tenía rankings en múltiples programas, sobre todo gracias a sus periodistas especializados en seguir a famosos, e incluso miembros de las Fuerzas de Defensa. El Vice-Capitán solo sabía de ellos gracias a sus subordinados, quienes siempre comentaban las ridiculeces que a veces decían para ganar audiencia. El problema era que más de una ocasión habían dado con información veridica, que para la mala fortuna de algunos artistas, había hundido sus carreras en solo cuestión de días.
E incluso antes de reproducirlo, supo que algo andaba mal. Terriblemente mal.
“Estamos aquí con Honda-san, un dedicado recluta de la Primera División, quién ha sido lo suficientemente amable con nosotros como para compartir, de manera gratuita, este material exclusivo” dijo la reportera en el video, una mujer bonita que rondaba los treinta años, pero sumamente peligrosa: solo debía ver su sonrisa, como se regocijaba, para entender que tenía un notición jugoso entre manos y nada la detendría “ya escucharemos sus palabras, pero primero, producción, muéstrale a Japón quién es el líder al que tanto admiran: la verdadera cara del supuesto hombre más fuerte de todos, ¡Narumi Gen!”
Aunque Hoshina sintió como la bilis subía a su garganta, mareado por tal desfachatez y asqueado por lo que era capaz de llegar las personas, sobre todo alguien que solía pertenecer a la Primera, solo pudo continuar viendo el video.
Notaba que pertenecía a las cámaras de seguridad, por lo nítida de la imagen y el ángulo de esta. Además, en un costado aparecía una fecha algo borrosa: hace más de un año, cerca de las cinco de la madrugada, si es que Soushiro podía identificarlo correctamente.
En el metraje se veía a Narumi, jadeando, luchando contra los prototipos Izumo Tech. que imitaban el movimiento y poder de kaijus de mediana peligrosidad: unas máquinas monstruosas, semejantes incluso en forma a kaijus de tipo animal.
Gen aparecía de espaldas, sin camisa, pero era dolorosamente obvio de quién se trataba. Además, no había ningún otro miembro en la JAKDF que usara una bayoneta como arma, aún si la que tenía entre sus manos era la de entrenamiento y no poseía la potencia de la original, pero si el peso y el filo en sus hojas eran idénticos.
Se estremeció al ver como Narumi caía una y otra vez, golpeado por esas máquinas, para luego volver a pesar que sus piernas temblaban, tenía la espalda llena de moretones y manchas de sangre cubrían el piso bajo sus pies.
“¿Cómo…cómo consiguieron este video…?” la voz asustada de Gen rompió su corazón, porque aquella no solo era un robo a las Fuerzas de Defensa, sino que habían irrumpido sin más miramientos en la privacidad de Gen.
En sus entrenamientos nocturnos, esos que tan celosamente escondía del resto a causa de sus temores y su inseguridad. De todo lo que lo construía como persona, que lo marcó desde que se había transformado en un huérfano: muestra resultados, aunque todo el mundo te dé la espalda.
De haber sido su teléfono seguro ya se encontraría roto en sus manos, porque lo siguiente que escuchó, fue la voz burlona de la misma reportera.
“Como han podido comprobar, tal parece que el infame Capitán Narumi realmente no es un prodigio como afirma ser. Tal parece que no solo entrena como el resto de los mortales, sino que además es mucho más débil de lo que aparenta, si ni siquiera puede conectar bien un solo golpe” dijo la mujer, como si fuera un tiburón que percibía sangre en el agua: la sangre de Gen, su presa “¡Y este es solo el primer metraje de tres que ha traído amablemente Honda-san para nosotros! Por favor, sigan las transmisiones del programa favorito de Japón ‘La otra cara de la moneda’, en donde desenmascaramos a los peores mentirosos de la nación”
