Chapter Text
Desde ese día decidí vivir mi vida contigo
El mundo empezó a cambiar lentamente
Como si fuera fuerte, como si quisiera ocultar mi debilidad
Esos días los pasé actuando
Un día, esos ojos penetrantes aparecieron de repente y
Me enseñaron cosas que desconocía
Cuando tienes algo que proteger
te vuelves más fuerte.
Yasashii Suisei
YOASOBI
Kosei Hoshimi se consideraba afortunado de que sus celos fuesen tranquilos, recordaba a las otras dos chicas omega en su grupo de preparatoria padeciendo escandalosos celos que cada tres o cuatro meses las obligaban a ausentarse durante toda la semana a clases. Por no mencionar otros omegas menos afortunados cuyos ciclos hormonales controlaban sus vidas y sus cuerpos.
Aun así, no podía evitar renegar para sí mismo antes, durante y después de su celo. No porque fuesen tranquilos dejaban de ser una molesta inconveniencia en su vida, cuan pesado se sentía su cuerpo, lo fácil que se acaloraba y lo peor de todo, el olor.
Normalmente se enorgullecía de cuan bien ocultaba su subgénero, su estatura hacía buena parte del trabajo, pero también podía llevar una vida normal gracias a todos sus esfuerzos por ocultar ese olor dulce que inevitablemente se impregnaba en todo durante su celo.
Vainilla y yuzu.
A pesar de su ligera vergüenza por oler a postre, le veía el lado positivo a que así era mucho más fácil de ocultar, sobre todo cuando cocinaba y en días como ese, recién liberado de ese peso sobre sus hombros que era el estarse cuidando durante el celo, tenía muchos ánimos de exagerar cocinando su mejor yakisoba mientras escuchaba esas extrañas noticias en la radio, todo en perfecta calma.
—Hora de comer —se sentó frente a su comida, justo para ser interrumpido por el timbre, seguramente una entrega—. Cielos.
Al bajar se le dibujó naturalmente una sonrisa, era Yasunobu Bando, el mecánico de Kansai Logistics & Repair, una empresa pequeña de transporte y mantenimiento que requería los servicios del almacén Taiyo para resguardar diferentes cosas. A Kosei le agradaba tratar con él, tal vez porque sus edades eran similares o porque tenía la ligera sospecha de que él era un alfa con la misma discreción por su género secundario que el mismo Kosei tenía.
—Bando, buenas tardes —saludó al muchacho que ya estaba abriendo la puerta de la van para descargar la mercancía.
Al escuchar su apellido Yasunobu se detuvo a mirar a Kosei, llevando el carrito de entrega y su portapapeles.
—Buenas tardes, Hoshimi —se detuvo a echarle un vistazo rápido de arriba abajo, deteniéndose en la usual sonrisa del encargado del almacén Taiyo para copiar el gesto—. Luces mejor.
Por supuesto que alguien tan atento como Yasunobu iba a ser capaz de notar que estuvo extraño durante la semana anterior, los sonrojos eran constantes y la distancia que hacía con todas las personas que llegaban al almacén debía ser sospechosa y si realmente él era un alfa de seguro fue capaz de distinguir su olor dulce como de un omega.
—El verano nos afecta a todos tarde o temprano, ¿verdad? —intentó hacerse el loco fingiendo estar más atento a las cajas que Yasunobu descargaba en el carrito.
—Sí, por eso es bueno verte mejor —asintió sin dejar de hacer su trabajo, ampliando su sonrisa.
Kosei contó las cajas antes de afianzarlas bien sobre el carrito y hacer unas anotaciones en su portapapeles.
—Aquí tienes —dijo entregándole la hoja de recibido.
—Espera, Hoshimi —llamó un poco indeciso.
—¿Hum?
Yasunobu subió a la van para sacar un par de cosas de la guantera que le extendió a Kosei, un melon pan y una botella de leche con sabor a vainilla.
«Oh».
—Esto es…
—¡Para animarte un poco! —Repuso Yasunobu un poco nervioso—. Creí que te gustaría la vainilla, me pareció que hace poco unas cajas que dejamos aquí olían a eso.
O Kosei no era tan bueno disfrazando su olor o Yasunobu era un alfa, Kosei no podía corroborarlo a la distancia que siempre mantenía con quienes acudían a dejar mercancía.
—Gracias por el detalle —lo aceptó guardándose los dulces en los bolsillos interiores del overol, un poco acalorado, los rezagos de su celo todavía haciéndose presentes en su cuerpo, así que hizo más distancia tirando del carrito.
—Por nada, cuídate —se despidió subiendo a la van.
—Nos vemos.
Kosei se apuró a volver al almacén, respirando profundamente para calmar su corazón acelerado.
—Eso no pudo ser… no, no, no creo.
Se repitió a sí mismo apurándose a dejar el carrito entre las estanterías, ya acomodaría las cajas después de comer que a esa hora apremiaba el hambre.
—Yakisoba, yakisoba… ¿eh? —Sobre la mesa donde recordaba haber dejado su comida ya no había nada—. ¿Y mi yakisoba?
El sonido de alguien sorbiendo entre las estanterías del almacén llamó su atención.
—Hum —saboreó la voz desconocida.
Alguien… ¿un intruso?
Se escucharon más sonidos de alguien sorbiendo y Kosei tomó una escoba, uno nunca sabía qué clase de persona podría haberse metido al almacén teniendo tanta mercancía.
Y su olor.
Tenía miedo, pero no podía dejar a un intruso vagar por el almacén así como así, él era el encargado del lugar y tenía una responsabilidad. Así que armando con la temible escoba buscó entre los pasillos, siguiendo los sorbidos de aquella persona, con sigilo, esperando ser él quien lo sorprendiera.
—¡¿Quién está ahí?!
El intruso, un joven alto en ropa vieja lo miró y sin reaccionar siguió comiendo.
—¡Oye! ¡Ese es mi almuerzo! —Gritó señalándolo
El muchacho pareció pensar en algo y se levantó, acercándose a Kosei quien se preparó para cualquier cosa que ese loco fuese a hacer.
—¿Qué es esta sensación? Hum… Bueno. Rico. Sabroso. Delicious.
Desconcertado, Kosei levantó la mirada.
—¿Uh?
—¿Nombre? —Preguntó torpemente.
—¿Qué? —Respondió Kosei con una pregunta igual.
—¿Qué nombre tiene esto?
—¿No lo ves? Es yakisoba.
—Yakisoba… —murmuró como si la palabra le pareciera ajena, dándole el plato para deambular por los pasillos a levantar la grabadora que seguía emitiendo la transmisión de radio— ¿Y esto?
Resultaba que el muchacho que se metió al almacén a comerse su almuerzo, a remover entre sus cosas y a hacerlo arriesgarse por las calles en medio de un desastre no era un muchacho cualquiera, sino el alien que cayó del cielo el día anterior al ataque del monstruo, mejor dicho, del kaiju Graim. Para enfrentar a dicha amenaza se transformó en un gigante de luz capaz de volar, de utilizar algunas partes de sí mismo como armas y que olía muy diferente a todo lo que Kosei conocía.
Como antes de que cayese un rayo, a madera, metal y algo ardiendo.
Antes de que pudiese pensar más en ello el gigante se deshizo en hermosos destellos de luz azules que volvieron a tomar la forma de ese muchacho perdido.
—El despertar… de los kaiju —murmuró.
—¿Qué… eres? —Preguntó Kosei, inseguro de cómo debía referirse a él.
—Nombre —solicitó con seriedad.
—¿Qué?
—¿Cuál es tu nombre?
—Kosei… Hoshimi.
—Kosei… Hoshimi —repitió, saboreando el nombre.
Esperando una gran revelación de su parte, Kosei asintió, invitándolo a decir más.
—Ah. ¡Lo recuerdo! —Sonrió el muchacho, finalmente seguro de algo—. Mi nombre es… Omega.
Kosei se quedó quieto.
«¿No quiso decir que es un omega? ¿Y eso qué tiene que ver con que se convirtiera en un gigante de 50 metros?»
Antes de que Kosei pudiese preguntar de una forma más educada el joven se fue para atrás, cayendo de espaldas sobre la hierba. Haciendo que de inmediato Kosei se apresurase a su lado, intentando levantarlo.
—¡Oye! ¿Te lastimaste! ¡Oye!
El muchacho abrió la boca sin poder abrir los ojos, demasiado débil para hablar coherentemente (no es que hubiese mucha diferencia con cómo estuvo hablando desde que Kosei lo encontró).
—Estómago… mi estómago…
Si se había lastimado el estómago iba a ser complicado pedir ayuda, todos habían evacuado el área e incluso si no fuera así, no sabrían cómo explicar lo que acababa de ocurrir. Kosei debía insistir en tener una respuesta.
—Tu estómago…
— …Está vacío —se quejó apenas.
—¿Está vacío?
Preguntó Kosei incrédulo, la situación iba volviéndose cada vez más ridícula y él no sabía qué hacer. Ante su falta de respuesta el joven de cabello largo acercó el rostro a su pecho olfateando débilmente, haciendo que Kosei se sonrojase.
—No- no puedes…
Murmuró indeciso, siendo interrumpido por la débil voz del joven.
—Kosei Hoshimi… hueles dulce… —murmuró con la nariz contra el overol a la altura del pecho.
—¿Dulce? —Preguntó enrojeciendo más, aunque el sonido del plástico en su pecho cuando el joven pegó su nariz contra este le dio a entender a qué se refería— ¡Dulce!
Sacó del bolsillo interior de su uniforme los snacks obsequiados por Yasunobu, el melon pan estaba algo aplastado y la leche tibia por haber pasado todo ese rato contra su piel. pero era mejor que nada, no es como si hubiese combinis abiertos con toda el área todavía en alerta por la aparición de Graim.
Le daba algo de pena dar algo que le obsequiaron con tan buenas intenciones, Kosei esperaba que Yasunobu no se ofendiera si era para aliviar un poco el hambre del salvador de su querida ciudad.
—Siéntate —indicó al joven apoyando una mano contra su espalda para evitar que se volviese a ir hacia atrás. Con la otra mano maniobró torpemente para abrir la botella de leche y entregársela.
Esbozando una pequeña sonrisa el joven olfateó la leche tibia antes de darle un trago y cruzar las piernas, sentándose por su cuenta.
—Es un poco como tú, Kosei Hoshimi. Hum… dulce, sí —balbuceó relamiéndose los labios, batallando para encontrar las palabras adecuadas.
«Sí puede olerme… supongo que sí es un omega» pensó Kosei un poco azorado por lo directo de sus palabras, abriendo el pan magullado para extendérselo. —Come despacio, puedes ahogarte.
El joven asintió ya con la boca llena de pan.
Kosei se permitió dar un largo respiro de alivio, sentándose junto al joven que comía con tranquilidad. Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo que ya no sabía qué hacer, no es como si simplemente pudiera olvidarse de todo y volver al trabajo.
Sobre todo, no podía simplemente dejar ahí al alien que sonreía feliz al engullir una comida tan lamentable.
—¿Lograste recordar quién eres?
—Soy Omega.
—No, no tu subgénero, ¿no sabes tu nombre o de dónde vienes?
—Mi nombre es Omega —insistió el joven con el ceño fruncido por la confusión.
—No bromees —resopló incrédulo.
El joven pareció estar tratando de pensar en una respuesta o en el significado de “bromear” en su cabeza para finalmente darle más importancia a la comida en sus manos y seguirla engullendo.
Recordando sus clases de biología dinámica humana en la secundaria, Kosei recordaba que los términos de “alfa”, “beta” y “omega” venían del alfabeto griego, de un idioma de miles de años en el pasado, no era algo exclusivo de los géneros secundarios. Si el alien insistía en que era su nombre, debía creer en esa posibilidad; aunque en su estado no estaba muy seguro de que pudiera diferenciar entre su nombre y su subgénero.
Y sobre de su estado…
Tenía toda la ropa vieja quemada por el ataque de Graim, ya era un milagro en sí mismo que él sobreviviese sin un solo rasguño, no podría decir lo mismo de la camisa llena de agujeros amarillos y la pantalonera con algunas rasgaduras sucias de polvo. No podía dejarlo por su cuenta en ese estado, mucho menos con la posibilidad de que fuese un omega.
—¿Puedes levantarte? —Dijo Kosei poniéndose de pie.— Necesitamos conseguirte ropa.
—Hum —asintió Omega siguiéndole, levantando la envoltura del melon pan y la botella vacía—. ¿Y esto?
Kosei miró a su alrededor, todo estaba cerrado por la evacuación y no podía esperar a que las actividades se reanudaran porque no sabía cuánto demorarían, además, él de debía volver al almacén, no había tenido tiempo ni de cerrarlo.
—Graim vino de aquel lado —señaló a su izquierda—. Entonces es posible que la estación de tren esté funcionando. Ahí podemos tomar un tren a Mishima y ahí podrás tirar la basura.
—Hum.
Volvió a asentir Omega, siguiéndole por las calles vacías de Ohito con tanta confianza que puso un poco incómodo a Kosei.
«Sí puede convertirse en un gigante no debería tener problemas para defenderse por su cuenta, pero de todas formas es demasiado confiado».
—¿Qué es una “estación de tren”? —preguntó todavía visiblemente cansado.
—Es un medio de transporte, como uno de esos mucho más grande —dijo señalando un automóvil estacionado—. No llevará a Mishima para que podamos conseguirte ropa.
Omega se miró a sí mismo, estirando la camisa plagada de agujeros amarillos por las quemaduras.
—Se hizo… trizas… jirones. Sí. ¿Qué es “Mishima”?
—Es una ciudad al norte de aquí, es… —pensó bien en sus palabras, probablemente Omega ni siquiera sabía el concepto de “ciudad”—. Es un lugar como este, donde vive mucha más gente, así que hay más lugares dónde podemos conseguirte ropa. Nosotros estamos en Ohito, una pequeña ciudad de la prefectura de Shizuoka.
—Hum —asintió de nuevo Omega y volvió a mirar la basura en sus manos—. ¿Y esto es basura?
—Hasta lo que traes puesto ahora mismo ya es basura.
Tuvieron la rara suerte de que el tren llegó justo cuando Kosei y Omega esperaron a abordarlo, así que fue un rápido viaje de veinticinco minutos durante el cual Omega preguntó sobre absolutamente todo, el tren, los campos de arroz o los pequeños pueblos que pasaron y Kosei hacía su mejor esfuerzo por contestar claramente, por suerte Omega parecía absorber los conceptos instruidos con mucha facilidad, por lo que no fue necesario repetir ninguna explicación.
Después de otros quince minutos en camión finalmente llegaron a un GU al que Kosei prácticamente tuvo que arrastrar corriendo a Omega, pues su ropa hecha jirones llamaba demasiado la atención.
—Date prisa, la gente podría darse cuenta de que venimos de Ohito si han escuchado las noticias.
—¿Eso es malo? —preguntó Omega sin intenciones de moverse del lado de Kosei.
—Por favor, solo escoge algo —pidió impaciente, no podían detenerse a explicar cosas tan complejas que ni siquiera él mismo terminaba de entender.
Omega asintió, sin que los nervios de Kosei cambiasen su comportamiento en lo más mínimo y miró a su alrededor, a los maniquíes con diferentes estilos de ropa y de inmediato un color llamó su atención. El rojo.
Tomó una camisa sin mangas de color rojo y la quitó de la estantería con una sonrisa.
—Me gusta esta.
Kosei apretó los dientes intentando no gesticular, esa camisa sin mangas tenía tan descubierto el cuello y pecho que si resultaba ser un omega podría parecer que estaba intentando seducir a alguien. Pero el gesto tan inocente de Omega era demasiado puro para romper su burbuja.
—Entonces también escoge algo que vaya sobre eso, ¿qué tal esto? —señaló un traje gris de pantalón y chaqueta.
—Sí, me gusta.
Aceptó y Kosei le extendió una talla grande, agarró con vergüenza un paquete de ropa interior nueva, un cinturón y lo empujó a un vestidor.
—Póntelo ya para que podamos irnos, debo volver al almacén.
—¿Qué es un “almacén”?
—Dónde te metiste a robarme el yakisoba —explicó Kosei agotado, preguntándose qué rayos se suponía que estaba haciendo.
—Oh —asintió metiéndose al probador.
—Déjate puesta esa ropa si te queda, ya no puedes andar con la que tienes.
—Hum.
Con un suspiro Kosei se sentó a esperar en los sofás fuera de los vestidores, lo bueno de las tiendas departamentales era que había muy buenos purificadores de aire y bloqueadores de feromonas para evitar que el olor de algún alfa u omega se pegase a la ropa, entonces incluso si por agotamiento o el estrés se escapaba un poco de su olor, estaba a salvo ahí.
No podía decir lo mismo de otras personas, podía percibir predominante el olor a fresa y flor de té blanco de otra omega. Quizá una trabajadora cerca de su celo o durante su celo que no era consciente de cuan fuerte que era.
O podría ser que Kosei seguía demasiado sensible después de su último celo, hasta las feromonas de los omegas lo ponían nervioso.
«Para algunos debe ser más difícil que para otros el disfrazar su olor natural» pensó activando el neutralizante del reloj en su muñeca.
—Esto es muy… cómodo —dijo Omega, ajustándose la chaqueta gris, recordándole a Kosei lo que estaba haciendo ahí.
Omega estaba cómodo, parecía ropa de buena calidad y la chaqueta cubría la parte posterior de su cuello; Kosei lo tomó como una victoria y se levantó a buscar las etiquetas.
—Vayamos a pagar… oh…
Si bien no era ropa exageradamente cara, no la contemplaba en su presupuesto mensual. Suponía que debía echar mano de sus escasos ahorros.
—¿Qué? —Preguntó Omega confundido.
—Nada.
Menos mal que Omega se encontraba débil por todo lo que había ocurrido y aceptaba ser guiado por Kosei. O podría ser que se ganó su confianza, como fuese, estaba haciendo las cosas más fáciles. Lo llevó a la caja donde aguantó el primer impulso de arrugar la nariz, era la cajera quien despedía aquellas feromonas tan fuertes.
—Buenas tardes, ¿encontró todo lo que buscaba?
“Aki Misato” decía la placa con su nombre en su uniforme de trabajo, sin duda era como las personas se imaginaban a las omegas, de baja estatura, con enormes ojos expresivos, tan bonita que podría compararse con los maniquíes de la tienda.
Todo lo contrario a Kosei.
—Sí, ¿sí? —aceptó y luego se cuestionó Omega.
—Llevaremos esto, por favor —dijo Kosei mostrando las etiquetas de la ropa de Omega.
—Permítame, se las quitaré.
Respondió la chica tomando unas tijeras de caja, acercándose a Omega para cortarlas y para horror de Kosei, Omega no ocultó que estaba olfateando el aire, curioso ante la cercanía, acercando su nariz peligrosamente al cabello de la chica.
—Oh, tú también hueles dulce.
—¿Eh? —respondió ella palideciendo.
—¡Ah! ¡Lo siento mucho! —Se apresuró a decir Kosei alejando a Omega de la ella y rompiendo él mismo el papel de la etiqueta— Lo lamento, venimos de Ohito y sigue en shock por lo que ocurrió incluso su ropa quedó toda hecha pedazos.
Se disculpó inclinándose un poco mientras extendía las etiquetas para que le cobrase y pudieran irse de ahí, terriblemente apenado con la chica.
Al contrario, Omega no pudo disimular su visible confusión mientras era llevado fuera de la tienda por las calles de Mishima de vuelta a la estación del tren.
—Ella estaba… —buscó en su escaso repertorio de palabras un término— ¿trise? Lo contrario a cómoda.
—Claro que estaba incómoda, no puedes oler a las personas.
—Sí puedo —replicó—. Puedo olerte a ti.
—Puedes, pero a algunas personas no les gusta, sobre todo a los omegas.
—Pero yo también soy Omega.
Kosei contuvo la respiración, seguro de que ese alien lo iba a matar.
Continuará…
