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Había un hashtag en tendencia que era bastante peculiar. Un chico se hizo viral por un cover de Eminem en coreano; el usuario en cuestión era @ZACKTURTLES.
La mayor parte de su canal de YouTube eran canciones propias y covers de raps. No mostraba su cara; casi todos de sus vídeos eran audios y la imagen de su logo: una tortuga sobre una patineta mientras dejaba un graffiti. Suena infantil, pero estaba dibujando como si fuera una especie de sátira a los Looney Tunes.
El vídeo viral era el único donde se veía al Zack en cuestión; estaba cerca de tener once millones de visitas en un mes, lo cual era una tremenda locura para un canal que solo tenía cerca de mil visitas al mes o cuyos vídeos rara vez pasaban las ochocientas visitas. Incluso no era un canal nuevo; tenía unos dos años subiendo activamente cuatro videos al mes de covers y una canción original.
Sus comentarios se llenaron de halagos por la velocidad con la que rapeaba y la increíble y veraz traducción al coreano. El vídeo tampoco era mayor cosa, un chico joven en su habitación, con una sudadera enorme, con las manos con guantes y un pasamontañas rojos. Su cara estaba totalmente oculta, pero tenía una maraña de cabello negro, como si hubiese cortado la parte de arriba para lucir su corte largo y despeinado.
El furor de este nuevo cantante misterioso fue estridente y sacado de la nada; empezaron a hacer videos en TikTok con la versión coreana de Without Me y con los arreglos de ZackTurtles.
Quizás fue en esta semana donde tuvo mayor popularidad, que llegó a las chicas de HUNT/X.
Esa tarde, estaban terminando de practicar una coreografía; Mira se había cansado y estaba revisando su celular mientras las otras dos estaban intentando coordinar un paso difícil. Mira usaba el teléfono como una anciana: con todo volumen y con todo el brillo.
Unos vídeos más tarde empezó a sonar la canción viral. Mira se había quedado en el vídeo por el tono tan dulce y a la vez rebelde de la melodía, a pesar de que era un edit de Attack on Titan.
Cuando el sonido les llegó a las otras dos, Zoey perdió la concentración; había soltado un grito antes de caer al piso enredada con Rumi.
—¿Qué ocurre? —Mira preguntó sin pausar el vídeo, curiosa por cómo pudieron haber caído.
Se encontró con la mirada de Zoey fija en su celular, pálida, como si acabara de ver un fantasma. Mira, pensó que se había lastimado, pero la pelinegra se levantó del piso de un salto, directo a su teléfono.
Rumi, en el piso, refunfuñaba algo sobre pedir disculpas al tropezar con alguien.
—¡¿Dónde dónde estás oyendo esa canción?! —La pregunta se le escapó de la boca antes de que pudiera siquiera pensar.
Mira la miró desconcertada.
—¿Te gusta? Es de TikTok —y mostró su pantalla para que pudiera ver la edición del anime. Pudo ver a Zoey tensar su mandíbula.
—Es muy buen cover —añadió Rumi, acomodando su ropa luego de la caída—, pero no justifica que mi frente tocara el piso del estudio…
Pero no pudieron seguir más. La pelinegra ya tiene el teléfono de Mira en sus manos, revisando los tags de los videos, los comentarios y, finalmente, el audio del vídeo. Rumi pudo ver cómo sus ojos se abrían casi ridículamente al ver los videos con el audio.
—Santa mierda —murmuró.
—¿Qué ocurre? —interrogó Mira, retirando el celular de las manos de Zoey.
—Nada… es… es una buena canción.
Esto avivó la chispa de la duda en la cabeza de las mayores, pues ni siquiera parecía emocionada, tomando en cuenta que realmente era fanática de Eminem y de muchos raperos estadounidenses de los 2000 a 2010.
Mira y Rumi compartieron una mirada preocupada, hablando mentalmente de cuál sería la razón de la cara de horror de la rapera.
—¡Bueno! ¿Ya terminamos por hoy? —preguntó Zoey, intentando cambiar de tema y sonreír.
—Supongo…
—¡Genial! Nos vemos en la casa, tengo… Tengo que hacer algo —empezó a tomar su sudadera, su botella de agua y su patineta, caminando con el estudio y llevándola a su bolso—, las veo más tarde, ¡adiós!
—¡Alto ahí! —la voz de Mira sonó como la de un sargento; Zoey se detuvo en la puerta—. ¿Te vas a ir sin despedirte?
La pelinegra regresó sobre sus pasos, y cuando estuvo frente a Mira, se levantó de puntillas para dejar un beso en la comisura de sus labios; un pequeño ‘muack’ sonó en la habitación. Se acercó a Rumi y le tomó las mejillas para bajarla a su altura y dar también otro beso justo donde empezaba su boca.
—¡Las amo a ambas! —dijo mientras retomaba su camino a la salida.
Sus pasos resonaron por el pasillo hasta que no se oyó más ruido que la playlist de Rumi sonando en la bocina.
—Ella trae algo entre manos…
—O solo quiere ir al baño porque desayunó cereal… —acotó Mira.
Ambas compartieron una mirada antes de soltar una pequeña sonrisa; después de todo, su novia siempre había sido una cajita de sorpresas.
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El parque de patinaje de Seúl era un lugar bastante peculiar, pues la mitad de las personas pensaban que solo había delincuentes juveniles y la otra mitad estaba agradecida de que los jóvenes hicieran ejercicio y dejaran sus teléfonos.
Con una sudadera con capucha, una gorra, quitándose las joyas de sus perforaciones y una mascarilla, Zoey podía disimular a la perfección su identidad como idol.
Se había recogido el cabello en una sola coleta alta para usar la gorra a gusto. Hacía ya tiempo que había descubierto ese pequeño parque de patinaje y había sido su escape secreto por más de dos años.
Al entrar, lanzó su bolso a un banco cercano donde no lo perdiera de vista; con su patineta en sus manos, se lanzó directo al primer área de trucos que vio.
El traqueteo de las ruedas sobre el asfalto empezó a tranquilizarla poco a poco. No estaba intentando hacer nada impresionante; empezó haciendo ollies con la tabla. Luego salía del área a buscar velocidad hasta que sus oídos zumbaban y se lanzaba rampas para, cuando subiera, poder sentir el vértigo.
El sudor poco a poco fue llenando su camisa, frente y cabello; con el tapabocas no podía respirar completamente y sentía sus labios húmedos por la transpiración. Rotaba entre hacer caveman y salir a la pista de obstáculos a esquivar los pequeños conos de cemento que rodeaban el área; luego volvía a toda velocidad a deslizarse en la rampa baja.
Sin querer, había atraído público; unos chicos jóvenes (mucho más que ella) se habían puesto sobre sus skates para verla volar sobre la rampa y aterrizar con precisión. Se odió un poco por eso; justo ahora quería meter la cara en la tierra.
Oyó al grupito de chicos decir algo como “¡Waoo! ¡Vieron cómo vuela ese chico!” cuando había terminado de caer. Su corazón dio un pequeño vuelco al oírlo.
Se había cansado muy rápido (aunque realmente había pasado todo el día practicando una coreografía) y se paró a tomar agua.
En ese pequeño descanso, se le había acercado un muchacho, de unos diecisiete años, con el cabello pintado de rojo intenso y un septum de colores.
—Hey, ¿qué onda, bro? —extendió su mano hacia Zoey; su voz tenía aún rastros de pubertad.
Respondió el saludo, chocando los puños como solía hacerlo en Burbank.
—Este finde nos vamos a reunir acá mismo, estaremos como veinte y tú ruedas bien… puedes invitar a tus amigos si también ruedan, ya sabes, para conocernos todos.
El joven extendió una amplia y tonta sonrisa; Zoey no pudo evitar ver el pequeño bigote sobre su labio. Con la mascarilla y su ropa, aún no se había dado cuenta de que no era un chico, así que carraspeó un poco antes de agravar su tono de voz.
—Seguro, estaré allí.
—¡Cool! —El chico no pudo contener la emoción; entonces se dio cuenta de que quizás estaba siendo muy intenso, corrigió su postura a una más relajada—. O lo que sea, si tienes una bocina, tráela… si no, trae destornilladores, por si a alguien se le daña el skate.
Sin más, el joven retrocede sobre sus pasos, con la sonrisa de tonto y sus dientes con ortodoncia.
Zoey se quedó ahí de pie, esperando que se alejara lo suficiente para bajarse la mascarilla y beber agua. El aire de la tarde empezaba a volverse más frío; su piel lo había recibido con alivio.
El corazón se había calmado luego de su ejercicio y revisó su celular. Seis y media. Debía ir a cenar o sus chicas se preocuparían. Tenía cerca de una hora sin responder sus mensajes y no quería causar más problemas.
LAS CHICAS SUPERPODEROSAS (4)
Abrió el chat grupal.
RUMYBEAR: ¿Zoey, todo bien?
RUMYBEAR: Haremos guiso para cenar.
MIR: No llegues tan tarde.
MIR: Actualización: Rumi quemó el guiso, pediremos pizza.
Sonrió al leer lo último.
ZO: Llegó en 20.
Después de eso no se preocupó en ver qué le contestaban. Se sentía muy agotada mental y físicamente para tener que lidiar con sus chicas.
Se puso el bolso en los hombros y salió del parque en la patineta; se fue por todos los canales de ciclistas, disfrutando del viento y la caída del sol. Aún pensaban en qué hacer cuando llegara, pero ya tenía sus ideas más claras.
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Las puertas del elevador se abrieron, y Mira supo quién había llegado antes de verla. Sus pasos arrastrando no eran buena señal; Zoey había llegado con el cabello empapado de sudor, la cara roja y sus brazos y piernas llenos de tierra. Mira y Rumi ya sospechaban que iba a patinar en skate cuando estaba estresada, pero ella parecía querer mantenerlo en secreto. Lo respetaban.
Se acercó a la barra de la cocina para verla pasar.
—¿Todo en orden?
—Sí… necesitaba dar una vuelta.
Mira se acercó para recibirla con un abrazo y besar su frente. Zoey estaba salada. Y apestaba a sudor.
—Más te vale bañarte antes de comer.
La menor soltó un suspiro. Mira pudo ver en sus ojos una preocupación creciente; la manera en que fruncía el ceño la alteraba, así como la forma en que ella parecía estar forzando una sonrisa.
Pensó un segundo si sería buena idea presionarla para hablar o solo dejar pasar las señales.
—¿Rumi se está bañando?
—Sí, deberías aprovechar, ya casi llega el delivery.
La pelirroja posó sus manos en el rostro de Zoey, rozando suavemente sus mejillas, como una taza de porcelana. Zoey se arrulló en la palma de su mano, relajando su rostro.
—¿Ya te dije hoy que eres la chica más linda del mundo?
Contrario a lo que esperaba Mira, Zoey no respondió; incluso sus palabras la hicieron separarse de su agarre, casi como si hubiera recordado algo.
—Me voy a duchar, te amo.
Sin más, se fue con su bolso enorme, como si fuera una tortuga ninja; incluso su skate parecía muy grande para ella.
A Mira le preocupó que le ocultara algo. Una sensación familiar se anidó en su pecho, como si un susurro del pasado le estuviera rascando el cerebro.
“Rumi hacía lo mismo cuando ocultaba sus patrones”.
Y no pudo dejar de pensar que su novia casi no se quitaba esa sudadera.
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Estaba apenas empezando a lavar su cabello cuando le tocaron la puerta del baño.
—Soy yo… ¿Me puedo duchar contigo?
Reconoció la voz de Zoey al otro lado; le dijo que sí sobre el sonido de la ducha y el agua cayendo.
Sus marcas brillando al verla entrar, con el cabello suelto y totalmente despeinado, entró quitándose la ropa de su parte superior como si estuviera en una gira y necesitara cambiarse rápido.
El sujetador negro (ese que le quedaba apretado y que se negaba a cambiar) se le marcaba de maravilla a su figura; sus shorts caían más abajo de su cadera, mostrando un pequeño rastro de su ropa interior. Sus patrones la delataron al brillar en un rosa intenso. Oyó la risita de Zoey.
—¿Te gusta lo que ves?
Rumi apartó la mirada, empezando a frotar más fuerte su cuero cabelludo, avergonzada.
—Día de cabello, ¿eh? —la escuchaba desnudarse completamente, hasta que el sonido de sus pies contra la cerámica llegó a la ducha que compartían—. No me imagino tener el pelo tan largo.
—Es un trabajo enorme mantenerlo lindo.
Cuando volteo, ya estaba bajo la regadera, recibiendo el agua directo en la cara. Rumi la observó un momento atentamente, notando sus pecas en su cara, sus hombros delicados pero fuertes por el ejercicio y…
Entonces arrugó la nariz; tenía unos pequeños arañazos a sus costados, no profundos, más como si un gato o algún animal se hubiera molestado con ella.
Sin reparos, se acercó hasta tocar su torso y ver si le dolían. Zoey solo parecía sobresaltar por el contacto.
—¿Con qué te arañaste?
Parecía un poco confundida con la pregunta, levantando sus brazos para verse mejor. Luego entro en conciencia, mirando algo apenada.
—Ohhh, sí, estos me los hice sin querer hace unos días… Con mis uñas…
Rumi cerró la regadera y se quedó mirando a los ojos a su novia, pero ella terminó apartando la mirada.
—Fue sin querer, me sentía ansiosa antes de la entrevista de la semana pasada y en el camerino me lastimé sin querer, no lo recordaba —movió rápidamente las manos a sus costados para esconderlas.
—Tranquila, cariño, no te estoy regañando… —Rumi le tomó con cariño las manos y las besó. —Pero hay que hacer algo con esa ansiedad… ¿Te sientes bien hoy? Saliste corriendo del ensayo.
—Estoy… estoy mejor —su cara se tornó de un rosa pálido, mientras miraba las manos sobre las suyas—. Creo que he tenido la cabeza en las nubes.
Rumi depositó otro beso, pero esta vez en su frente.
—Vamos a bañarnos para comer; luego te daré un masaje para que duermas tranquila.
El semblante de la menor pareció ablandarse; luego se colgó del cuello de Rumi para darle un beso en los labios, pegando sus cuerpos.
Los patrones de Rumi brillando en rosado nuevamente.
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La cena había pasado tranquilamente; se había reunido en el sofá para ver unos capítulos de su dorama favorito, esperando que alguna tomara la iniciativa para dormir.
Rumi tenía el cabello ya seco, pero había elegido no hacerse la trenza; estaba del lado derecho del sofá con los pies de Mira sobre sus muslos, y Zoey cerraba con la cabeza de Mira en su regazo.
Ambas sabían que Zoey estaba usando demasiado el celular, que parecía estar actualizando una página cada dos segundos. No lo comentaron, pero lo tomaron como nota mental.
De repente, Zoey saltó del sofá, casi haciendo que Mira se cayera.
—¡Mi streamer favorito está en directo, es importante, ya vuelvo! —había gritado antes de salir corriendo por las escaleras hacia su habitación.
—¡Zoey! —Mira le gritó en vano; ya estaba muy lejos de su alcance.
A pesar de que había dicho eso, la menor no parecía emocionada por una transmisión; de hecho, parecía que se había sacado una carta de la mano para poder salir de la convivencia.
—¿Pero qué le pasa hoy?
—No sé, pero me inquieta —terminó Mira, sentándose en el sofá de mala gana.
Se había puesto muy cómoda sobre su novia y perder su almohada le había puesto de mal humor.
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Corrió hasta cerrar de golpe la puerta de la habitación, aunque sabía que no la estaban siguiendo.
Casi presa del pánico, encendió su laptop, pero no usó su perfil habitual; se loggeó en su cuenta paralela.
El corazón le latía con prisa, y sentía sus manos sudorosas; podía sentir el latir de su corazón en sus oídos, constante y envolvente.
Sus dedos teclearon la contraseña y el usuario de su canal de YouTube y el de su cuenta de X.
¡Bienvenido de vuelta, Zack!
Volteó hacia la puerta, intranquila, esperando oír pasos o voces.
Nada.
Silencio total. Solo su respiración agitada.
Revisó las notificaciones de YouTube.
Demasiadas. Muchos más comentarios que lo habitual, muchos más de los que imaginaba.
“LOL, ESTO ES INCREÍBLE, ¿POR QUÉ NO CONOCÍA A ESTE CHICO ANTES?”
“Sin dudas, un artista emergente, nuevo sud…
“Ok… ¡¿Pero nadie va a hablar de SU INCREÍBLE CALIDAD DE SONIDO?!
“ES DEMASIADO WAPO”
“El cover está bien, realmente sus canciones originales tienen potencial”.
“¿Por qué este video dura 6 horas?”
“Tengo años siguiéndote, me alegra que hayas mostrado tu rostro, cx”.
“Me encanta su voz, es como si un hombre y una mujer hubieran tenido un hijo”.
Se recostó en la silla, suspirando.
Sintió el nudo en su pecho volverse más apretado.
La cantidad de vistas era ridícula; no tenía sentido que en menos de un mes tuviera once millones de visitas. ¿Era porque cayó en algún fandom de internet? ¿Se había vuelto un trend de Tik Tok?
Intuía que ambas, después de todo, Eminem era un artista con años sonando y había elegido una de sus canciones favoritas.
Sus seguidores en X habían crecido también; su último post, donde había subido una foto grabando el vídeo, se había hecho viral también.
Dios, no tenía sentido, tenía años subiendo videos en el horrible algoritmo de YouTube, nunca habían tenido más de mil visitas, nunca más de un puñado de comentarios. Y ahora, le había caído del cielo la peor maldición de todas: hacerse viral.
Ya había pensado qué hacer en ese caso; tenía pensado solo borrar el vídeo y dejar muerta la cuenta uno o dos meses. Pero en el fondo no quería hacerlo, no con ese vídeo.
En el disco duro de su laptop tenía al menos tres docenas de videos similares, pero nunca verán la luz del internet.
Ese era especial; en ese realmente no había un segundo del vídeo donde pareciera Zoey; en él realmente parecía Zack.
Mordió su mejilla por dentro, pensando si debería dejarlo allí y esperar a que muriera o si debería matarlo ella misma. Estaba considerando también borrar todas sus cuentas alternas y dejar de usar ese seudónimo estúpido. Después de todo, ella ya era una idol, ya era famosa, ya tenía dinero, tenía una carrera consolidada y era Zoey, la rapera de HUNTR/X.
Era la tercera en un triángulo perfecto que tenía con sus chicas.
Mira, había escuchado la canción y… no la reconoció. Ni siquiera había llegado a sospechar. Si ella no lo veía…
No.
Mira, no era una fan obsesionada. Los fans, observando, descubren todo. Todo.
Si se enteraban de eso… de sus tendencias ocultas.
No.
Ya tenían suficiente polémica con que todos especularan que eran pareja las tres, tenían suficiente con la polémica con la familia de Mira, tenían suficiente con las marcas de Rumi.
Ser una preocupación más no era opción.
Aun así…
Su parte más emocional deseaba responder estos comentarios con el seudónimo, deseaba grabarse más con esa ropa y estilo, deseaba…
No podría desear eso en voz alta.
Se metió en configuraciones y, contra todo lo que estaba siendo, se desplegó la pestaña y bajó el ratón hasta donde decía “Ocultar vídeo”.
Se quedó allí un largo rato, mirando la miniatura y sintiendo su corazón latir frenéticamente en su pecho.
No pudo.
Cerró la pestaña de YouTube y miró su fondo de pantalla de tortugas.
No quería borrarlo. Por mucho que fuera peligroso que la gente se pudiera enterar, no podía simplemente borrarlo, no después de todo el tiempo que le tomó ser valiente y subirlo.
Dejaría la cuenta morir.
La dejaría morir unos meses y luego subiría algo en mala calidad y a la gente no le haría ilusión hablar de eso. Era internet; todo se olvidaba fácil.
Aun así, se metió en X y creó un nuevo post:
@ZackTurtles:
Fuck, demasiada gente, este chico no puede con tanto. Nos vemos en unos meses.
Lo subió rápido, antes de arrepentirse.
Cerró sesión en todo y apagó la laptop rápidamente.
Eran cerca de las diez de la noche; conocía la rutina de las chicas, deberían estar a punto de dormir.
Tuvo el impulso de dormir en su habitación, de dejarlas lejos de sí misma un tiempo, de apartarse de su tacto que le quemaba.
No tenía corazón para eso; se levantó para ir al cuarto de Rumi, pero en el camino a la puerta se cruzó con el enorme espejo en su pared.
Dios.
No pensaba verse hoy.
Ni siquiera lucía mal. Quizás estaba despeinada y con el semblante triste. Pero ella sabía que aun con el pijama que tenía se veía linda.
Pero algo en cómo sus caderas se marcaban sobre los monos de pijama y cómo sus pezones dejaban expuesto su busto le enfermaba.
Se volteó y salió de la habitación lo más rápido que pudo.
No es que todos los días fueran igual de difíciles, pero justo hoy no podía soportar la dualidad en su cabeza.
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Cuando llegó al cuarto de Rumi, Mira ya estaba tumbada en la cama del lado izquierdo, totalmente explayada y dormida.
Tenía unos pequeños shorts de pijama y un top de algodón negro. Como siempre, dormía boca arriba y con su mano derecha agarrando su seno contrario, como si alguien pensara en robarle mientras dormía. Sonrió al verla; su cabello rojo estaba regado por su almohada y sintió deseos de abrazarla.
Rumi seguía despierta, terminando su rutina de cuidado facial. Cuando se percató de su presencia, le saludó con la mano.
—Hola, amor, ¿qué tal estuvo la transmisión?
—¿Cuál? —soltó antes de recordar la excusa que había medido—. ¡Digo! Genial, estaban exponiendo pedófilos en Roblox… muy divertido.
Se hubieran golpeado la frente con la mano en ese instante. Pero Rumi parecía más confundida que ella.
—Seguro…
—Sí, emocionante, ¡ja! ¿Ya vamos a dormir?
Rumi le dio una sonrisa, terminando de secarse la cara con una toalla de algodón y apuntando a los espacios libres en la cama.
—Dormirás en medio.
—¿Es una orden? —digo mientras trepaba en la cama y obedecía.
—Sí, así sé que no te irás a medianoche a jugar o algo así.
Zoey no pudo evitar soltar una sonrisa mientras se acomodaba cerca de Mira. Ella pareció despertar lo suficiente para extender su brazo libre hacia ella, para que lo usara de almohada; luego siguió roncando lentamente.
—Solo fue una vez.
—Fue más que suficiente.
Rumi apagó la luz y sacó del pie de cama una sábana grande para las tres.
—Ustedes dos me tratan como si fuera un niño.
Rumi las arropó y se metió con ellas. Abrazando a Zoey por la cintura, siendo la cuchara grande y pegándola a su cuerpo.
Sintió cosquillas al sentirla hablar en su oreja.
—Bueno, quizás eres nuestro niño.
La voz de Rumi salió ronca y baja. Zoey no pudo contener el jadeo que salió de su boca.
Se quedaron quietas un momento, Zoey avergonzada por su sonido accidental y Rumi disfrutando el efecto.
—Vaya, parece que tenemos a alguien necesitado por acá.
Zoey pudo sentir la mano de Rumi subiendo de su cintura hasta su pecho, tan tortuosamente lento que tuvo que cerrar los ojos aún en penumbra.
Cuando llegó a uno de sus pezones, el contacto sobresaltó a la menor, moviendo sus manos para desviarlas a su cintura nuevamente.
Rumi se removió a su lado, buscándola con la mirada en la oscuridad.
—Mañana tenemos ensayo temprano —fue lo único que dijo. Rumi no dijo nada tampoco.
La mayor solo se acurrucó aún más a Zoey, pero manteniendo sus brazos al nivel de su cintura, como le había dicho con su lenguaje corporal.
Rumi se quedó dormida unos minutos después.
Zoey no pudo. Pasó al menos una hora allí, con los ojos abiertos en la cama, sin moverse para no despertar a ninguna, intentando hacer ejercicios de respiración para dormir rápido y dejar de pensar.
El último pensamiento que cruzó su mente antes de conciliar el sueño fue algo como “no se los puedo decir nunca”.
