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Un momento para recordar… y una promesa rota
Son dos cuerpos enredados sobre una cama de sabanas blancas y satén.
Ella, un pequeño cuerpo coronado por un torbellino de pelo oscuro y rizado, que se extiende sobre la almohada. Sobre una pequeña nariz adornada por siete pequeñas pecas, ojos del color del chocolate como a su amante le gusta decir.
Sobre ella y apoyado en unos brazos trabajados por el ejercicio duro, él. Alto, alguno le llamarían gigante.
Un mar de fuego tan rojo como las llamas del infierno sobre unos ojos tan azules que parecen el reflejo de El Mar del Coral un día de cielos rasos.
Su larga nariz roza la de ella, en una suave caricia que son continuadas por los pulgares de sus grandes manos situadas a los lados de su cabeza. Caricias que le son devueltas cuando ella desliza su pierna sobre el pecoso trasero y los brazos alrededor de su cuello le atraen para reclamarle un beso.
Cuando ambos salen a la superficie hay tanto amor, tanto anhelo, tantas cosas dichas sin palabras en las miradas y las sonrisas que el uno da al otro, que los escasos retratos en las fotografías mágicas que hay en el dormitorio, se retiran fuera de los márgenes del papel para no sentirse intrusos en unos momentos ¡de tan profunda comunión! Que si un lector de auras mágicas estuviese presente, observaría maravillado como las de ambos se han fusionado en una sola.
—¿Cuándo crees que ella volverá? —pregunta el pelirrojo mientras besa dulcemente su frente—. Hace más de dos meses que no nos hemos movido de esta situación —dice mientras mueve sus ojos recorriendo el cuerpo de ella y el dormitorio—. Ella no ha escrito ni una sola línea desde entonces.
—¿Acaso te estás quejando? —Ella levanta una de sus cejas de forma sugerente mientras su pierna aumenta su presión sobre el trasero de él, obligándole a frotar su cadera contra la suya.
—En absoluto —responde él con un gemido ronco mientras contraataca a la provocación frotando su dura masculinidad contra su centro—. Felizmente podría quedarme así durante toda la eternidad, siempre que fuese contigo. Simplemente estoy preocupado por ella.
—Yo también, —reconoce la morena cuando una nube de tristeza aparta el brillo de sus ojos—, pero tenemos que tener confianza en ella. Estoy segura que ella encontrará el camino—. Mientras sus pequeñas y delicadas manos acarician el pecho marcado por el escaso vello cobrizo, ella vuelve sus ojos nublados por la tristeza para encontrarse con los de su amante que en el instante siguiente, apoya su frente contra la de ella mientras estrecha el contacto entre los dos cuerpos. Como si él quisiera llevar el alma de ella a su interior para protegerla de todo mal.
—Así lo espero yo también. Es tan sólo que me gustaría poder hacer algo por ella.
—Siempre el caballero de brillante armadura ¿verdad? —Sus manos se ha deslizado desde su pecho a ambos lados de su cara. Los ojos obscuros están ahora fijos en el topacio brillante llenos de admiración y de orgullo, pero son el tono de sus palabras, su dulzura, su absoluta entrega y devoción la única forma de poder medir lo inmensurable. El infinito amor de ella por él—. Ya lo hacemos amor mío. Estamos y estaremos aquí o a donde quiera que ella nos lleve.
—Viviremos por y para ella, las infinitas vidas que escriba para nosotros y las infinitas aventuras en las que ella nos sumerja. Nos hará vivir aventuras como muggles, como magos desaparecidos, como miembros de una casa distinta en Hogwarts. Ella encontrará consuelo e inspiración describiendo nuestro amor y lo que nos costó ganarlo. De nuestro sufrimiento encontrara fuerzas para seguir avanzando y sus alegrías cotidianas se plasmarán en nuestros triunfos por encima de toda adversidad. Sus risas serán nuestros encuentros calientes sobre las sabanas y sus bromas serán los divertidos episodios de nuestro querido Harry ejerciendo de perfecto corta-rollos en los momentos más inoportunos.
Él asiste embelesado a su exposición. Su absoluta brillantez, su genio incontenible, su inteligencia sin igual, su entrega a lo que ella cree que es bueno y justo, es algo que él ama por encima de cualquier cosa de ella. Por supuesto que ama cada pulgada de su menudo cuerpo. Pero él la amaba mucho antes de que su cuerpo alcanzase las formas de mujer. Él la amaba cuando ni siquiera sabía que era el amor. Cuando su pecho era plano como una tabla, cuando su pelo no era tan dócil y se parecía más a un nido de cigüeñas que a un autentico tocado. Cuando sus grandes dientes delanteros sobresalían en su sonrisa y cuando el acné hizo acto de presencia en su pubertad. Porque lo que siempre amó fue a la increíble mujer que era en ella. A la marimandona y sin embargo amable defensora de los elfos domésticos. A la pacifista convencida que dio un soberbio puñetazo a la aristocrática nariz del hurón y, cuando él la escucha hablar con tanta pasión y convicción, sabe que aunque parezca imposible, él la ama aún más y que volvería a vivir una y otra vez, todos aquellos sufrimientos que padeció para poder estar a su lado como una pareja digna de ella. Como aquella vez, que en una de sus infinitas vidas, él tomó la tortura para protegerla mientras ella fingía traicionarle y asistía impasible a su tormento escondida tras una máscara que hizo enorgullecer al propio Snape, al tiempo que su mente prodigiosa trazaba planes para que ambos pudiesen escapar de su captores.
Abrumado su pecho por el amor que él la profesa, no puede evitar besarla apasionadamente trasmitiéndole a través de un gesto tan antiguo como el mundo todo ese amor. Y mientras él pone cada onza de su alma en ese beso, ella lo recibe, como si estuviese famélica de él. Del sabor de su boca, del tacto de su lengua, de volver a sentir el amor que incondicionalmente él la profesa.
—¿Y este arrebato? —Ella pregunta con una sonrisa cuando tras terminar el beso, ella le ofrece otro pequeño beso de rebote.
—Por ser tan jodidamente brillante y saber que decir en cada maldito momento —responde mientras la obsequia con su propia sonrisa torcida.
—No digas palabrotas —ella le regaña dulcemente mientras acaricia los afilados rasgos de su cara.
Hay unos momentos de silencio en el dormitorio, mientras los ojos de cada uno de ellos permanecen fijos en los del otro y luego... caricias y besos se suceden de manera incesante para ser sustituidos por risas, gemidos, suspiros e invocaciones a Merlín y la divinidad.
Es después de todo esto, cuando dos cuerpos, exhaustos y sudorosos, yacen abrazados el uno al otro y con expresiones de satisfacción en sus rostros.
—Pareces el gato que se comió al canario. Realmente disfrutas que llevemos tanto tiempo en el dormitorio.
—Alguien muy sabio me dijo que “Felizmente podría quedarme así durante toda la eternidad, siempre que fuese contigo.” —La respuesta viene por debajo de una maraña de rizos que lucen salvajes tras el ejercicio de la pasión.
—Un tipo listo.
—¡Definitivamente! Además...—el menudo cuerpo se gira para enfrentar al pecho moteado de pecas que tiene a su lado—. Puede que ella nos dejase en la habitación durante un tiempo, pero hasta que vuelva, lo que ocurra dentro es una asunto absolutamente nuestro —ella termina con sonrisa pícara y ojos brillantes.
—Y si pese a todo ¿ella no vuelve? —Un pulgar áspero por el quidditch y el duro trabajo de campo, delinea sus labios provocando que ella bese su mano antes de contestar.
—Entonces respetaremos su decisión y desearemos la mejor de las suertes en su vida. Ella se convertirá en la musa de futuros escritores. Su pluma prodigiosa inspirará y guiará a los que tomen el relevo como hicieron otros escritores memorables antes. La añoraremos, recordaremos y volveremos a sentir las vidas que nos hizo vivir. Pero tengo fe en ella. Yo sé que volverá.
—Y el resto de escritores y lectores siempre estarán dispuestos a hacer algo por ella ¿Verdad?
—¡Por supuesto que sí! Ella es tan querida y respetada que todos ellos lo están deseando.
—¿Te he dicho que eres asombrosa? —El gigante pelirrojo mueve su cuerpo para volver a atraparla debajo de él.
—La bruja más brillante de su época, eso dicen. —Sus brazos vuelven a rodear su cuello y con sus uñas acaricia su nuca provocadoramente.
—¡Bruja descarada!
—¡Pelirrojo insufrible!
Y entre muestras de amor reciproco, ambos personajes se unen a los cientos de escritores y miles de lectores que esperan y desean que una de las más brillantes mujeres que ha escrito sobre ellos sea inmensamente feliz en su vida, al igual que ella hizo inmensamente felices a sus lectores.
Fin
