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Una brisa suave acariciaba las calles desconocidas.
Sasuke caminaba en silencio, los sentidos tensos como cuerdas a punto de romperse. La aldea frente a él se parecía a Konoha... pero no podía ser. Edificios altos, caminos asfaltados, luces eléctricas. Era demasiado extraña, demasiado ajena. Se movía con cautela entre las sombras, la mano derecha aferrada al mango de su espada. No sentía amenazas inmediatas, pero algo no encajaba. Nada encajaba.
"¿Qué demonios es este lugar...?"
Su ceño se frunció más al ver un tren pasar a lo lejos, cortando el paisaje con un rugido metálico. Edificios de vidrio, tiendas modernas, tecnología que jamás había visto.
Estaba a punto de girar en una esquina cuando una voz familiar —demasiado familiar— lo detuvo.
—...¿Sasuke?
El Uchiha se congeló. Esa voz... hacía años que no la oía tan nítida. Lentamente se volteó, y allí estaba: Kakashi Hatake. Lucía un poco mayor. El cabello plateado más desordenado que nunca, algunas arrugas enmarcando su ojo visible. Llevaba todavía su icónico chaleco de jōnin, aunque el diseño parecía más actualizado.
—¿Qué te pasó? —preguntó de inmediato.
Sasuke se tensó, preparado para pelear si era necesario, pero no desenfundó. Kakashi se acercó un poco más, examinándolo detenidamente, como si no pudiera creer lo que estaba viendo.
—Te ves... diferente —añadió el hombre, frunciendo el ceño—. ¿Qué estás haciendo aquí... y por qué pareces... más joven?
Sasuke entrecerró los ojos, alerta.
—¿Qué estás diciendo? —replicó, desconfiado.
Kakashi ladeó la cabeza, como buscando una explicación lógica.
—¿Qué edad tienes? —preguntó, su tono ahora más serio.
—Dieciséis.
La respuesta pareció confirmar sus peores sospechas. Kakashi soltó un largo suspiro, llevándose la mano libre a la nuca en un gesto cansado.
—...Esto va a ser complicado —murmuró Kakashi, frotándose la nuca con incomodidad.
Sasuke dio un paso atrás, la desconfianza latiendo en cada músculo de su cuerpo.
—¿Qué estás diciendo? —escupió, la mirada afilada.
—Escúchame —dijo Kakashi, con un tono que buscaba mantener la paz—. Sé que todo esto es confuso. Pero necesitas venir conmigo. No es seguro que andes solo por aquí.
—¿Por qué debería confiar en ti? —replicó Sasuke, su voz cargada de resentimiento.
—Porque si no me crees ahora, no tendrás respuesta alguna —contestó Kakashi con calma—. Y créeme, vas a querer respuestas.
Sasuke apretó los dientes, sintiendo la rabia burbujeando bajo su piel. Todo en su interior le decía que huyera. Que cortara todo lazo, tal como había decidido desde que abandonó la aldea. Y, sin embargo... había algo extraño en este lugar. Algo que no entendía y no podía ignorar.
Kakashi, viendo su silencio tenso, agregó:
—No es tu Konoha. No como la recuerdas. Estás... —hizo una breve pausa—. Estás dieciséis años en el futuro.
El Uchiha lo miró, las cejas fruncidas.
—¿Futuro?
—Sí —asintió Kakashi, serio—. Algo te trajo aquí. No sé qué exactamente, pero necesitamos descubrirlo. Y para eso, debes ver al Hokage.
Sasuke dudó. El impulso de rechazarlo era fuerte. Pero la posibilidad de quedarse atrapado en un tiempo que no era el suyo era aún peor. Finalmente, resopló por la nariz, en una mezcla de fastidio y resignación.
—...Está bien. Pero no intentes nada estúpido.
Kakashi sonrió, divertido bajo su máscara.
—No sería tan tonto —dijo, haciendo un gesto para que lo siguiera.
Con pasos tensos, Sasuke caminó detrás de él, mientras la moderna y extraña Konoha se desplegaba a su alrededor. La modernidad de la aldea lo desconcertaba. No era su Konoha. Y eso solo hacía crecer el peso incómodo en su pecho.
Subieron las escaleras de un edificio grande, nuevo, que reconoció a medias como la Torre del Hokage. Aunque su forma había cambiado, su esencia seguía allí.
Kakashi abrió la puerta sin ceremonias, haciendo pasar a Sasuke primero.
—Espera aquí —le indicó.
Sasuke asintió en silencio, cruzando de brazos mientras su mirada recorría el amplio despacho. Era diferente al que recordaba. Más elegante. Más... vivido.
Y entonces, la puerta interna se abrió.
Sasuke alzó la vista, alerta.
Y se congeló.
Naruto.
Un Naruto adulto apareció en el umbral.
Más maduro.
Más atractivo, admitió Sasuke para sí mismo con irritación, apartando la mirada como si así pudiera borrar ese pensamiento inoportuno. Más alto, de complexión fuerte, el cabello rubio algo desordenado en mechones rebeldes, un manto blanco con llamas naranjas colgando de sus hombros.
En su espalda, el kanji de "Séptimo".
El corazón de Sasuke dio un vuelco inesperado.
"Hokage..."
Naruto se quedó en el umbral, parpadeando como si no pudiera creer lo que veía. Sus ojos, azules como el cielo, se iluminaron con una emoción tan intensa que Sasuke casi retrocedió.
—¡Sasuke! —exclamó Naruto, sonriendo tan abiertamente, tan genuinamente feliz que dolía verlo.
El rubio cruzó la distancia en dos zancadas rápidas y, sin pensarlo dos veces, lo envolvió en un abrazo apretado, como si temiera que Sasuke se desvaneciera en cualquier momento.
Sasuke se quedó rígido al instante, los brazos pegados a los costados, incapaz de procesar la calidez repentina que lo rodeaba. Podía sentir el corazón de Naruto latiendo con fuerza contra su pecho. La intensidad de ese contacto —la sinceridad brutal que transmitía— le provocó un vuelco incómodo en el estómago.
—Eres tú... —susurró Naruto contra su cuello, su voz temblando ligeramente.
Sasuke apretó la mandíbula, luchando por mantener su compostura. No entendía qué diablos estaba pasando. No entendía por qué su pecho se sentía... menos vacío.
Naruto se apartó apenas, sus manos aún firmes en los hombros de Sasuke, como si temiera que se le escapara si lo soltaba demasiado pronto. Sasuke alzó la mirada, encontrándose con esos ojos azules, abiertos y brillantes, como si todo su mundo se hubiera alineado de nuevo al tenerlo frente a él.
—Vamos —dijo Naruto, con una sonrisa suave que Sasuke no recordaba haberle visto nunca—.Tenemos mucho que hablar.
Sin esperar una respuesta, Naruto lo guió hasta un sofá cercano, presionando suavemente su espalda para que se sentara. Sasuke lo hizo de mala gana, con los músculos tensos y la mente aún revuelta por el abrazo inesperado.
Naruto se sentó frente a él, apoyando los antebrazos sobre las rodillas, su expresión ahora más seria, aunque la emoción seguía vibrando en su voz.
—No sé cómo pasó exactamente —comenzó—. Pero tú... el tú que está aquí, ahora... no perteneces a este tiempo.
Sasuke lo observó, callado, su ceño fruncido.
Naruto continuó:
—Estamos dieciséis años adelante de cuando te fuiste de Konoha. Dieciséis años en los que... —su voz se quebró apenas, pero se recuperó de inmediato— en los que todo cambió.
Sasuke bajó la vista, procesando la información con lentitud. Una parte de él aún se negaba a creerlo. La otra... la otra sentía el peso aplastante de la realidad, grabándose en su piel.
Naruto sonrió de lado, algo más melancólico.
—No te preocupes. Vamos a solucionarlo —le prometió—. No pienso dejar que te pierdas aquí, teme.
Sasuke chasqueó la lengua con fastidio, volviendo a alzar la mirada para fulminarlo con los ojos.
—Deja de hablarme como si me conocieras —escupió, su voz cargada de veneno—. Nunca te vi como alguien importante. Nunca fuiste nada para mí.
Las palabras salieron frías, cortantes, como cuchillos lanzados a matar. Naruto, de pie frente a él, recibió el golpe sin siquiera parpadear. Durante un instante, el silencio pesó entre ambos.
Sasuke contenía la respiración, esperando...¿qué? ¿Que Naruto se enojara? ¿Que lo rechazara?
Pero no.
Naruto solo sonrió. Una sonrisa suave, inmensa, llena de algo que Sasuke no supo nombrar. No tristeza. No lástima.
Amor incondicional.
Naruto dio un paso más cerca, su sombra cubriendo a Sasuke.
—Aunque tú no me vieras así... —dijo con voz baja, casi un susurro— yo siempre te vi.
Y no importa cuántas veces lo niegues, Sasuke. Nunca me voy a rendir contigo.
Algo se rompió dentro de Sasuke.
Su corazón, rebelde, latió con fuerza, golpeándolo contra las costillas. No podía soportarlo. No podía entenderlo. Y sin embargo, ahí estaba: mirándolo con esos ojos grandes, húmedos, oscuros, cargados de una mezcla de furia, dolor y algo que solo podía ser añoranza.
Naruto le sostuvo la mirada, sereno, paciente, como si tuviera todo el tiempo del mundo para esperar a que Sasuke dejara de luchar contra sí mismo.
Sasuke apartó la mirada de golpe, sintiendo cómo un calor insoportable le subía al rostro.
"Idiota..."
"¿Por qué... por qué me miras así?"
Pero no dijo nada.
Porque en el fondo, muy en el fondo, una pequeña voz —una que había intentado silenciar durante mucho tiempo— susurraba que no quería que Naruto dejara de intentarlo.
Naruto no dijo nada de inmediato.
Solo lo observó, como si pudiera ver a través de todas las murallas que Sasuke intentaba levantar. Con movimientos lentos, para no asustarlo, levantó una mano grande y cálida , y apoyó suavemente la palma contra la cabeza de Sasuke, entre su cabello oscuro.
Sasuke se tensó de inmediato, los ojos muy abiertos, la respiración atrapada en la garganta.
La caricia fue tan ligera que apenas era un roce. Pero fue suficiente para quebrarlo un poco más. Naruto deslizó sus dedos por su cabello, revolviéndolo apenas, como si estuviera tocando algo precioso, algo frágil.
—Siempre voy a estar aquí —murmuró—.
No importa cuántas veces quieras alejarme.
Sasuke apretó los puños contra sus piernas, odiando —amando— la calidez que ese simple gesto encendía en su pecho.
No podía sostener la mirada de Naruto. No podía soportar el modo en que esos ojos azules lo veían. Como si fuera importante. Como si fuera amado. Sintió un leve temblor en sus pestañas y bajó la cabeza, dejando que el flequillo ocultara su expresión.
Pero era tarde.
Naruto ya había visto todo.
Todo.
Y sonrió con una dulzura que le rompió las defensas.
Sin pensarlo, Naruto deslizó su mano hacia la mejilla de Sasuke, acariciándola con el dorso de los dedos.
—Te prometí que no te dejaría solo, ¿no? —susurró.
Sasuke cerró los ojos un instante, mordiéndose el labio para no dejar escapar el temblor de su pecho.
"¿Por qué sigues...?"
"¿Por qué nunca te rindes conmigo?"
Pero ya no podía odiarlo.
Nunca había podido, en realidad.
Naruto bajó la mano de la mejilla de Sasuke, aunque no con ganas, y sacó su comunicador shinobi. Marcó rápido.
Al otro lado, una voz cansada respondió:
—¿Sí?
—Shikamaru —dijo Naruto, su tono ya más serio—. Necesito que investigues todo lo que encuentres sobre jutsus de viaje en el tiempo. Pergaminos prohibidos, teorías, lo que sea. Es urgente.
Del otro lado hubo un suspiro.
—...Tch, qué problemático. Entendido.
—Gracias —dijo Naruto, cortando la comunicación antes de que Shikamaru pudiera quejarse más.
Luego guardó el aparato y se volvió hacia Sasuke, que seguía en el sofá, en silencio, observándolo de reojo.
Naruto le sonrió de lado, esa sonrisa suya que siempre parecía derretir el hielo.
—Vamos, teme. —Le tendió una mano grande, abierta—. Vamos a mi casa. Necesitas descansar.
Sasuke lo miró con suspicacia, sin moverse. Pero Naruto no retiró la mano. Solo esperó, paciente, dándole la elección. El pelinegro apretó los labios en una fina línea, su mente luchando contra sí mismo.
Confiar era peligroso.
Confiar era debilidad.
Pero aún podía sentir el calor en su mejilla, donde Naruto lo había tocado. Y, muy a su pesar, una parte de él quería seguir ese calor. Finalmente, en un gesto brusco, casi desafiante, Sasuke tomó su mano. Naruto la apretó con fuerza, su sonrisa volviéndose aún más luminosa.
—Bien —murmuró.
Con una facilidad que hizo gruñir a Sasuke en su interior, Naruto lo jaló suavemente y lo guió fuera del despacho.
Mientras caminaban por los pasillos de la Torre del Hokage, varios shinobis se detenían a mirar, sorprendidos de ver al Uchiha joven tomado de la mano de su Hokage. Sasuke quiso soltarlo, incómodo, pero Naruto no lo permitió. Solo le apretó la mano con más fuerza, sin dejar de caminar, como diciéndole sin palabras:
"No voy a soltarte. Nunca."
Y, por alguna razón, Sasuke no volvió a intentarlo.
Naruto abrió la puerta de su casa y dejó pasar primero a Sasuke, que entró con recelo, los ojos oscuros recorriendo el interior. Era un lugar amplio, cálido, lleno de luz natural.
Los muebles eran sencillos, pero todo olía a hogar. Sasuke apenas alcanzó a dar dos pasos cuando un delicioso aroma a comida casera lo envolvió. Frunció el ceño, confundido.
¿Naruto sabía cocinar?
Antes de poder preguntar, una figura salió desde la cocina, secándose la mano en un paño. Sasuke se quedó helado.
Allí, de pie en la cocina, estaba él.
O mejor dicho, su yo adulto.
Su doble.
Aunque no exactamente igual.
El hombre que tenía frente a sí era más alto, con una presencia serena y elegante. Su figura era delgada, pero los músculos ligeramente definidos bajo la ropa dejaban entrever la fuerza contenida en su cuerpo. Llevaba ropa cómoda —pantalones sueltos y una camisa oscura arremangada— que dejaba al descubierto su antebrazo esbelto y marcado de forma sutil, sin exageraciones.
Su cabello seguía tan oscuro y lacio como siempre, pero ahora caía en una coleta baja, y en su rostro... un solo ojo negro lo observaba con intensidad, mientras el otro, de color púrpura, brillaba con un extraño poder.
El brazo izquierdo... Sasuke sintió que el estómago se le apretaba. Su yo adulto no tenía el brazo izquierdo.
El Sasuke adulto dejó el paño a un lado y se quedó mirándolo. Su expresión, por un momento, fue de absoluta sorpresa. Luego, una leve curva apareció en sus labios.
—Tsk, así que era cierto.
El joven Sasuke apenas podía respirar. Miraba a su versión adulta como si fuera un espejismo. Como si, si parpadeaba, fuera a desvanecerse.
Naruto, que no soltaba su mano, sonrió ampliamente.
—Sasuke —dijo, su voz llena de emoción contenida—. Mira, este eres tú.
El Sasuke adulto soltó un suspiro largo.
—Hn. Vaya problema.
Y luego, como si fuera lo más natural del mundo, se acercó, inclinándose un poco para estar a la altura del Sasuke joven.
Le revolvió el cabello.
Sasuke se quedó congelado, horrorizado.
—Eres igual de fastidioso a esa edad —gruñó su yo adulto, con un brillo divertido en su ojo negro.
Naruto soltó una carcajada.
El Sasuke joven apartó la mano bruscamente, las mejillas enrojecidas de rabia —y de algo más que no quería nombrar—.
—¡No me toques, idiota! —escupió, dando un paso atrás.
Pero el Sasuke adulto solo sonrió de lado, como si viera algo que el joven aún no podía comprender. Naruto, a su lado, le apretó la mano otra vez, cálido, como si dijera:
"Está bien. Estás a salvo aquí."
Por primera vez en mucho tiempo, Sasuke no supo si quería pelear o simplemente dejarse caer en esos brazos que el futuro le prometía.
Naruto los guió hasta el comedor, sin soltar en ningún momento la mano del Sasuke joven.
Este último tironeaba un poco, molesto, pero no con demasiada fuerza.
Como si, en el fondo, no quisiera que lo soltara.
El Sasuke adulto los observaba en silencio, una ceja apenas levantada. No dijo nada mientras servía los platos, moviéndose con soltura pese a la evidente falta de un brazo. Había preparado un ramen casero, con acompañamientos al estilo tradicional.
Naruto sonrió al ver la mesa.
—¡Se ve increíble! —exclamó, soltando finalmente a Sasuke para sentarse.
Sasuke joven, aún desconfiado, tomó asiento frente a su versión adulta. Miraba todo con cautela, como si temiera una trampa.
El Sasuke adulto se dejó caer pesadamente en su silla, apoyando el codo en la mesa y el mentón en la mano. Su ojo negro se mantuvo fijo en el Naruto adulto, que colocaba más atención en el Sasuke joven que en él.
Naruto empujó un bol de ramen humeante frente a Sasuke.
—Vamos, teme, come algo. Estás flaco.
Sasuke frunció el ceño.
—No necesito que me alimentes —espetó, aunque su estómago gruñó traidoramente en ese momento.
Naruto soltó una carcajada baja, esa risa profunda y cálida que hacía que algo en el pecho de Sasuke se apretara.
—Eres igualito —murmuró Naruto, mirando al Sasuke joven con una ternura descarada.
El Sasuke adulto entrecerró el ojo, incómodo. Su mandíbula trabajó un momento antes de lanzar una observación, su voz cargada de sarcasmo:
—¿No se supone que yo soy tu esposo?
Naruto parpadeó, como si recién recordara que su Sasuke estaba allí. Rascándose la nuca, soltó una risa nerviosa.
—Jeje, claro que sí, teme.
El Sasuke joven alzó la cabeza de golpe, los ojos entrecerrándose.
—¿Qué?
El Sasuke adulto sonrió, afilado, disfrutando un poco del desconcierto en el rostro más joven.
—Eso oíste. Nos casamos. Voluntariamente.
El joven Sasuke se atragantó con el primer bocado que había llevado a su boca, tosiqueando de manera desastrosa. Naruto, alarmado, enseguida se levantó y fue a su lado, palmoteándole la espalda.
—¡Tranquilo, teme! ¡Come despacio!
El Sasuke adulto los observó en silencio, su expresión neutral, pero su ojo mostrando una leve chispa de molestia. Había algo irritante en ver a Naruto tan solícito, tan pendiente, incluso si era de su yo más joven. Como si no pudiera evitarlo. Como si amara todas las versiones de él, por más rotas o confundidas que estuvieran.
"Claro que las ama..."
"Siempre me amó así."
El Sasuke adulto suspiró, volviendo a su plato. Pero no dejó de mirar de reojo a Naruto y su yo joven, su pecho apretado en una extraña mezcla de orgullo y celos silenciosos.
Durante la cena, Naruto no dejaba de servirle más fideos y caldo al Sasuke joven, como si quisiera llenarlo a la fuerza.
Sasuke apenas comía entre refunfuños y miradas desconfiadas, pero Naruto se mantenía terco, sonriendo cada vez que el joven aceptaba —aunque fuera de mala gana— un nuevo bocado.
El Sasuke adulto comía en silencio, su único ojo siguiendo cada pequeño gesto. Fue entonces que lo notó.
Su yo joven... Miraba a Naruto.
Con esos mismos ojos oscuros, intensos, cargados de una emoción mal contenida que él conocía demasiado bien. La mirada se le clavaba en el rostro de Naruto cuando este reía.
Se deslizaba furtiva por sus labios, sus mejillas, su cuello. Y luego el joven Sasuke apartaba la vista, como si se reprendiera a sí mismo.
El Sasuke adulto sonrió para sus adentros.
"Ah, claro..."
Recordaba esa época. Recordaba sus propias hormonas alborotadas, esa tensión permanente, esa obsesión muda que no podía —o no quería— nombrar. Había pasado más tiempo de lo que le gustaría admitir fantaseando con Naruto, incluso cuando juraba que su único objetivo era hacerse más fuerte.
"Pensaba demasiado en él..."
"Soñaba demasiado con él..."
Se llevó el bol a los labios para ocultar su media sonrisa maliciosa.
"Esto podría ser divertido."
Consciente ahora, el Sasuke adulto se recostó un poco en su silla, cruzándose de piernas, su postura claramente relajada. De vez en cuando, le lanzaba miradas significativas a su yo joven. Lo atrapaba justo cuando sus ojos volvían a posarse en Naruto.
Cada vez que lo pescaba, el Sasuke joven fruncía el ceño, ofuscado, y desviaba la vista con brusquedad. El Sasuke adulto soltaba entonces un leve "hn", como si saboreara la situación. Era extraño, sí, observarse a sí mismo siendo tan evidente, tan vulnerable.
Pero también era extrañamente satisfactorio.
Ahora entendía más que nunca por qué Naruto había sido —y seguiría siendo siempre— su punto más débil. Y, en algún rincón oscuro de su mente, disfrutaba ver cómo su yo adolescente empezaba a enredarse en los mismos hilos que él nunca pudo romper.
Naruto seguía concentrado en que el Sasuke joven comiera más, hablándole de cosas triviales: de Konoha, de la vida como Hokage, de cómo la aldea había cambiado.
Y el joven Sasuke... bueno, ya casi no parpadeaba. Su atención estaba totalmente fija en Naruto.
"Esto va a ser demasiado fácil."
El Sasuke adulto sonrió de lado su único ojo brillando con picardía, habló con voz tranquila, pero lo bastante alta para que ambos lo escucharan:
—Te estás babeando, mocoso.
Sasuke joven parpadeó, desconcertado.
—¿Qué...?
Naruto giró hacia él, curioso. El Sasuke adulto fingió estirarse en su silla, como si nada pasara.
—Digo, —continuó, en tono casual—, que si miras tanto a Naruto, vas a terminar deshidratándote.
Naruto abrió los ojos, sorprendido, mientras que el joven Sasuke se puso rojo como un tomate.
—¡No estaba...! —intentó defenderse, atragantándose con el ramen—. ¡Idiota!
Naruto soltó una carcajada enorme, tirándose hacia atrás en la silla, completamente ajeno al cortocircuito emocional que su joven esposo estaba teniendo frente a sus narices.
—¡Hahaha! Qué nostalgia, teme —rió—. Siempre fuiste malísimo para ocultar tus sentimientos.
—¡Cállate, usuratonkachi! —bramó Sasuke joven, ocultando la cara entre el flequillo oscuro, deseando desaparecer.
El Sasuke adulto se relamió mentalmente.
"Ah... qué espectáculo."
Era una mezcla exquisita de venganza y ternura ver su propia versión joven retorcerse así por Naruto. Y, quizás, una parte de él —esa parte más traviesa y cruel— no quería detenerse aún.
Sasuke joven seguía rojo hasta las orejas, murmurando insultos apenas audibles contra el Sasuke adulto, mientras apartaba el bol de ramen como si fuera culpable de su humillación.
Naruto, entre divertido y confundido, le tendió una mano.
—Vamos, teme... no pasa nada. No tienes que ponerte así.
Pero antes de que pudiera decir algo más, el Sasuke adulto se levantó tranquilamente de su asiento. Con una sonrisa apenas torcida, rodeó la mesa. Y, sin ningún pudor, se dejó caer pesadamente sobre el regazo de Naruto.
Naruto soltó un leve "¿¡Eh!?", sobresaltado, pero enseguida sostuvo a su esposo por reflejo, sus manos firmes sujetándolo.
El joven Sasuke se quedó helado, observando la escena con los ojos enormes.
El Sasuke adulto se acomodó mejor, pasando su única mano detrás del cuello de Naruto en un gesto posesivo y, al mismo tiempo, descaradamente sensual.
—No tienes de qué avergonzarte —murmuró, con voz perezosa, mirándolo directo—. Después de todo... —una pausa breve, venenosa— nuestra vida sexual ahora es absolutamente estupenda.
Naruto se puso rojo hasta las raíces del cabello.
—¡Te-ttebayo, teme...! —balbuceó, moviéndose incómodo bajo el peso de Sasuke adulto— ¡No digas esas cosas delante de tu yo más joven!
El Sasuke joven, mientras tanto, parecía a punto de desmayarse. Sus pupilas dilatadas, la boca apenas entreabierta, como si su cerebro simplemente hubiera colapsado ante la imagen de su futuro él mismo acurrucado en el regazo de Naruto, hablándole de sexo como si nada.
El Sasuke adulto soltó una risa baja, girando ligeramente su cuerpo para apoyar mejor su peso en Naruto, en una postura que hacía evidente la confianza —y la intimidad— entre ellos.
—¿Qué? —preguntó, fingiendo inocencia—. Solo estoy siendo honesto. Al final, terminé rindiéndome a él en todo sentido.
Sasuke joven apretó los puños con fuerza bajo la mesa. Sentía el corazón desbocado, los oídos zumbándole.
"¿Yo...? ¿Con Naruto...? ¿Así de... íntimos?"
Antes de que pudiera procesarlo del todo, el Sasuke adulto sonrió aún más ampliamente, inclinándose un poco más en el regazo de Naruto, acercándose a su yo más joven como si fuera a contarle un secreto.
—No te esfuerces en disimularlo, —dijo, su tono bajo y casi perezoso, cargado de burla y algo más oscuro—. Sé perfectamente lo que estás pensando.
Sasuke joven lo fulminó con la mirada, tratando de mantener la compostura.
—No sé de qué hablas —gruñó entre dientes, claramente a la defensiva.
El Sasuke adulto soltó un suave "hn" que sonó peligrosamente divertido.
—Claro que lo sabes —insistió—. Estás pensando en cómo sería... acostarte con Naruto.
Naruto tosió violentamente detrás de él, casi escupiendo el poco té que acababa de beber.
Sasuke joven, en cambio, se puso tan rojo que parecía a punto de incendiarse en el sitio.
—¡Cállate, imbécil! —espetó, poniéndose de pie de golpe, haciendo rechinar la silla.
El Sasuke adulto ni siquiera se inmutó. Desde el regazo de Naruto, lo miró con media sonrisa arrogante, como si tuviera todo el control de la situación.
—No tienes que avergonzarte —continuó, su voz baja, sedosa—. Yo también me resistía. Negaba lo que sentía... lo que deseaba.
Naruto, atrapado entre ambos Sasuke, levantaba las manos como si quisiera calmar la tensión.
—¡O-oye! ¡No es necesario hablar de esas cosas tan... explícitamente! ¡Ttebayo!
Sasuke adulto soltó una risa corta, divertida. Se giró apenas en el regazo de Naruto, inclinándose hacia su yo joven con los ojos brillando de malicia.
—¿Qué pasa? ¿Te incomoda oír la verdad? —preguntó, ladeando la cabeza de forma casi felina.
Naruto le dio un golpecito en la cadera, como una advertencia muda, pero Sasuke adulto lo ignoró por completo.
—Además —añadió, como si fuera la cosa más natural del mundo—, si te sirve de consuelo...
Naruto también debe estar deseando follarte ahora mismo.
Naruto se puso tan rojo que parecía a punto de explotar.
—¡TE-TEBAYO, TEME! —exclamó, agitándose bajo el peso de su esposo, claramente en pánico.
Sasuke joven abrió los ojos desmesuradamente, su respiración agitándose sin poder evitarlo. No sabía si gritar, huir o lanzarse encima de Naruto para comprobar si era cierto. Su cuerpo lo traicionaba de forma vergonzosa, un calor brutal subiéndosele desde el estómago a todo el rostro.
El Sasuke adulto solo sonrió, satisfecho, acomodándose mejor en el regazo de Naruto como si no acabara de lanzar semejante bomba.
—¿Ves? —murmuró, entrecerrando los ojos—.
No hay razón para resistirse tanto.
Naruto, mientras tanto, ya había decidido que definitivamente necesitaba mandar a Sasuke adulto a dormir antes de que el joven terminara teniendo un ataque.
—¡A-acabamos de cenar! ¡Mejor vamos a descansar! ¡Ttebayo! —soltó atropelladamente, levantándose de la silla con Sasuke adulto aún medio colgado de su cuello.
El joven Sasuke no dijo nada. Solo los siguió, con el corazón golpeándole el pecho y el cuerpo tenso, como si estuviera a punto de cometer una locura.
Naruto, todavía sonrojado hasta la nuca, los guió a través del pasillo de su hogar.
—E-esto... tenemos habitaciones de sobra —miró incómodo al joven Sasuke— puedes quedarte en la habitación de huéspedes.
Sasuke joven apenas asintió, la mandíbula apretada, tratando de no mirar ni el brazo que Naruto pasaba tan naturalmente sobre la cintura del Sasuke adulto, ni la forma descaradamente posesiva en la que su yo futuro se recostaba contra el pecho de Naruto mientras caminaban.
Pero, por supuesto, Sasuke adulto no iba a dejarlo tan fácil. Justo al llegar frente a la puerta de la habitación principal, soltó un suave suspiro y comentó con voz apenas melosa:
—¿Seguro que quieres mandarlo a dormir solo, Naruto? Quizás quiera... compañía.
Naruto parpadeó, desconcertado.
—¿Eh?
Antes de que pudiera entenderlo, Sasuke adulto se giró sobre su único brazo, apoyándose contra el marco de la puerta, mirando al joven Sasuke con una media sonrisa devastadora.
—O podrías dejarlo dormir con nosotros —propuso, como si ofreciera la cosa más inocente del mundo—. Solo sería compartir la cama, nada raro... ¿verdad?
Sasuke joven casi se atraganta con su propia saliva.
—¡Ni de broma! —saltó enseguida, su voz más aguda de lo que quería admitir.
Naruto, nervioso, levantó las manos en gesto de paz.
—¡N-no! ¡Nada raro! ¡De verdad! ¡Ttebayo! —dijo apresurado, pensando en cómo su yo más joven debía estar sintiéndose—. Está bien, el cuarto de huéspedes. ¡Es lo mejor! ¡Así todos dormimos tranquilos!
Sasuke adulto soltó una carcajada baja, divertida, viendo cómo ambos —Naruto y su yo joven— ardían de vergüenza y tensión hasta la raíz del cabello.
—Como quieras —aceptó finalmente, dejando que Naruto lo guiara hacia su habitación, pero no sin antes lanzar una última mirada de reojo al joven Sasuke, como una advertencia silenciosa.
"Pronto vas a entenderlo, idiota..."
"No sirve de nada resistirse."
Sasuke joven apretó los dientes y se giró bruscamente para encerrarse en el cuarto de huéspedes.
Pero cuando por fin estuvo solo, el eco de las imágenes —el cuerpo de Naruto tan cerca, la voz ronca de su yo adulto, las palabras insinuantes— lo golpeó de lleno.
La noche cayó sobre Konoha, tranquila y templada. Dentro de la casa, todo estaba en silencio... excepto dentro del pecho de Sasuke joven, donde el latido furioso de su corazón no le daba un respiro.
Estaba acostado boca arriba en la cama de la habitación de huéspedes, completamente rígido.
Cada vez que cerraba los ojos, las imágenes volvían: Naruto sonriendo, Naruto tan cerca de su yo adulto, Naruto... con esos brazos fuertes, esa voz profunda... esa calidez que recordaba demasiado.
Sasuke gruñó entre dientes, pasando una mano brusca por su cara. Su cuerpo seguía ardiendo de una manera que no entendía, una mezcla de rabia, necesidad y algo oscuro que crepitaba bajo su piel.
"Esto es una estupidez..."
Se incorporó bruscamente en la cama, respirando agitado. No podía seguir ahí, solo, escuchando en su mente las palabras insinuantes de su yo adulto. Antes de pensarlo demasiado, se levantó, sus pasos sigilosos deslizándose por el pasillo.
Cada fibra de su ser le decía que estaba mal. Que no debía hacer esto. Que debía resistirse. Pero sus pies, traicioneros, lo llevaron hasta la puerta de la habitación principal. Se detuvo frente a ella, el puño alzado a medio camino de tocar.
A través de la madera podía sentir... podía oler la presencia de Naruto. Ese calor abrasador. Esa sensación insoportablemente reconfortante que lo atraía como un imán.
Tragó saliva.
Finalmente, sin atreverse a hacer ruido, empujó suavemente la puerta, abriéndola apenas. Dentro, la habitación estaba en penumbra. Naruto dormía profundamente, con Sasuke adulto encajado contra su costado, su rostro relajado, casi inocente.
Sasuke joven los miró... y algo en su interior se quebró de forma irreversible. Avanzó, en silencio, acercándose a la cama como un ladrón.
Se quedó parado al borde, observándolos.
La respiración de Naruto era tranquila, acompasada. El brazo fuerte rodeaba la cintura de su esposo...
El torso descubierto de Naruto —solo llevaba unos pantalones de pijama sueltos— brillaba tenuemente bajo la luz de la luna que se colaba por la ventana.
Sasuke joven tragó en seco, sintiendo que la sangre hervía en sus venas.
"Quiero..."
No entendía el pensamiento completo.
No quería entenderlo.
Solo sabía que quería acercarse más.
Sentirlo.
Respirar en ese calor que parecía envolver toda la habitación.
Antes de que pudiera detenerse, se agachó, sentándose lentamente en el borde de la cama, casi sin hacer ruido.
Sasuke adulto entreabrió un ojo —sabía que su yo joven vendría tarde o temprano—, pero no dijo nada.
Solo sonrió en la oscuridad.
Y Sasuke joven, con el corazón desbocado y la garganta seca, se dejó caer lentamente , tumbándose del otro lado de Naruto, tan cerca que podía sentir el calor irradiando del cuerpo del hombre.
Su cabeza apenas rozó la almohada, sus dedos temblando.
Naruto, en sueños, murmuró algo ininteligible... y casi de inmediato, de forma instintiva, extendió un brazo fuerte, abrazando a Sasuke joven y acercándolo contra su pecho.
Sasuke joven se congeló, su rostro enterrándose sin querer en el torso desnudo de Naruto.
Su mente gritaba que se alejara.
Su cuerpo, en cambio, suspiró profundamente, rindiéndose.
"Solo un rato..."
"Solo esta noche..."
Se permitió cerrar los ojos, sintiendo que toda la ansiedad, la confusión y la necesidad brutal que lo consumía empezaban a disolverse lentamente en ese calor.
Sasuke adulto abrió los ojos lentamente, sintiendo un movimiento extraño en la cama.
No tardó ni un segundo en captar la situación:
Su yo joven estaba ahí, acurrucado contra Naruto, completamente pegado a su cuerpo, como un cachorro buscando calor.
Una sonrisa traviesa curvó sus labios.
"Sabía que no resistirías, idiota..."
Con su único brazo se apoyó en el colchón y se incorporó con cuidado, lo justo para observar mejor.
El joven Sasuke, con su expresión adormilada y vulnerable, respirando agitadamente contra el torso desnudo de Naruto, lucía tan... hambriento, tan necesitado, que le daban ganas de reír.
No era burla.
Era una ternura retorcida, mezclada con un poco de esa parte oscura que nunca había terminado de abandonar.
Sasuke adulto bajó lentamente su mano izquierda, usando solo la yema de los dedos, rozando con extrema suavidad la cadera del chico.
Un roce apenas perceptible, casi como una caricia accidental.
El joven Sasuke se estremeció visiblemente, su cuerpo tensándose, pero no se apartó.
La sonrisa de Sasuke adulto se amplió.
Se inclinó hacia adelante, apoyándose mejor contra Naruto para no perder el equilibrio, y acercó sus labios al oído de su yo joven.
Su voz salió baja, profunda, casi un ronroneo:
—Sabes que lo quieres —susurró, rozándole la piel sensible con su aliento—.
No tienes que seguir resistiéndote.
Sasuke joven respiró entrecortadamente, sus dedos crispándose sobre el torso de Naruto.
—Naruto también te lo daría... —continuó en un susurro venenoso—Te follaría si se lo pidieras.
Sasuke joven jadeó muy quedo, tan bajo que apenas fue un suspiro contra la piel de Naruto.
La sonrisa de Sasuke adulto se hizo aún más atrevida.
Sin hacer ruido, usando solo su brazo izquierdo, se deslizó con una destreza peligrosa por encima de Naruto.
Su cuerpo entero se movía con precisión medida, para no despertarlo por completo.
Con el dorso de los nudillos, rozó la cintura de Naruto, bajando apenas la pretina floja de los pantalones de dormir.
No necesitaba mucho: la tela estaba suelta, y Naruto, como siempre, dormía de manera descuidada.
Sasuke adulto encontró lo que buscaba:
el sexo de Naruto, semiduro, cálido, palpitante.
Con un movimiento suave, lo liberó, dejando que el miembro se apoyara contra el vientre desnudo de Naruto.
La reacción del Sasuke joven fue inmediata:
sus ojos, enormes, se clavaron en la visión frente a él, sus mejillas tiñéndose de un rojo oscuro.
Sus pupilas temblaron.
Su garganta emitió un sonido ahogado, como si le faltara el aire.
Sasuke adulto sonrió contra su oído.
—¿Ves...? —susurró, con voz baja y provocadora—.
Siempre estuvo aquí para ti.
El joven Sasuke no podía apartar la mirada.
Era como si estuviera hipnotizado, atrapado entre el escándalo de la situación y el deseo puro que lo quemaba por dentro.
Su propio cuerpo lo traicionaba, endureciéndose dolorosamente dentro de sus pantalones, temblando de necesidad contenida.
Sasuke adulto observó todo eso, complacido, sintiendo un retorcido orgullo .
Sabía exactamente qué pasaba por la mente de su yo más joven:
ese hambre salvaje, esa confusión mezclada con culpa, ese anhelo imposible de reprimir.
—¿Quieres tocarlo? —le murmuró, apenas rozándole el lóbulo de la oreja con los labios.
El joven Sasuke apretó las manos contra las sábanas, su respiración saliendo en pequeños jadeos, luchando contra sí mismo.
Naruto se movió apenas en sueños, su miembro palpitando contra su vientre, tan cerca, tan al alcance...
Sasuke adulto dejó caer su voz como un veneno dulce:
—Naruto no se enojaría... —le aseguró—.
De hecho, lo haría aún mejor si eres tú quien lo despierta.
La mano del joven Sasuke temblaba mientras se acercaba, centímetro a centímetro, al miembro expuesto de Naruto.
Era grande.
Más de lo que había imaginado, grueso, caliente, con una vena marcada que palpitaba bajo la piel sensible.
El simple hecho de verlo así, tan vulnerable, tan real, le hacía hervir la sangre en las venas.
Sentía la entrepierna dolorosamente apretada contra sus propios pantalones, su respiración un desastre, jadeos cortos que apenas lograba controlar.
Sasuke adulto se inclinó a su oído, su voz un veneno dulce y venenoso:
—No finjas que no lo deseas... —ronroneó—.
¿Ves lo que provocas en él, incluso dormido?
El joven Sasuke cerró los ojos un instante, intentando resistirse... pero el calor que emanaba de Naruto era demasiado, el aroma masculino y adictivo, la necesidad quemándole el estómago.
Cuando volvió a abrirlos, sus pupilas estaban dilatadas casi por completo.
Con dedos temblorosos, rozó la longitud expuesta .
La piel estaba increíblemente suave, cálida al tacto, con una dureza que se sentía viva bajo sus dedos.
Naruto gruñó algo ininteligible en sueños, sus caderas moviéndose apenas hacia el roce.
El joven Sasuke tragó saliva con dificultad, sintiendo cómo su propio cuerpo respondía con violencia, su erección marcándose contra su ropa interior de manera dolorosa.
Sasuke adulto, observándolo todo con los ojos entrecerrados de placer sádico, soltó una carcajada ronca.
—Eso es... —susurró—.
Hazlo tuyo.
El joven Sasuke deslizó la mano, torpemente al principio, acariciando desde la base hasta la punta, sintiendo el latido firme contra su palma.
Un jadeo involuntario escapó de su garganta.
Naruto se movió más esta vez, su pecho amplio agitándose bajo la respiración irregular, su miembro endureciéndose aún más al estímulo.
Y entonces, sin advertencia, Naruto gruñó más fuerte, su mano dormida alzándose instintivamente.
Sus dedos atraparon la muñeca del joven Sasuke con fuerza, guiándola con un instinto primitivo, frotándose contra ella mientras su voz ronca, quebrada por el sueño, murmuraba:
—Sas'ke...
El joven Sasuke se quedó helado, sintiendo la presión cálida de esos dedos grandes, la forma en que el cuerpo de Naruto se frotaba contra su palma en busca de más.
Su respiración se volvió un jadeo desesperado, los ojos abiertos de par en par, devorando la escena que no podía creer real.
Sasuke adulto sonrió, maliciosamente satisfecho, y murmuró muy bajito:
—¿Ves...? Hasta en sueños, él te pertenece.
Naruto gruñó de nuevo, apretando la muñeca del joven Sasuke contra su erección, moviendo lentamente las caderas en busca de más fricción, totalmente perdido en el instinto.
El joven Sasuke no pudo contener el pequeño gemido que se le escapó, su propio cuerpo reaccionando violentamente al roce, su erección palpitando enloquecida contra su ropa.
Naruto parpadeó lentamente, sus sentidos aturdidos por el calor que lo envolvía.
Lo primero que sintió fue una mano pequeña y temblorosa acariciando su sexo desnudo, y su cuerpo, más que su mente, reaccionó de inmediato.
Gruñó muy bajo, sus caderas empujando instintivamente contra esa mano.
Su miembro, ya duro, palpitaba desesperado, reclamando más.
Cuando logró abrir los ojos, la visión que tuvo delante casi lo noquea.
—¿Sasuke...? —murmuró, la voz ronca, quebrada de deseo.
Sus pupilas, dilatadas, apenas distinguieron las siluetas:
el Sasuke joven, con las mejillas encendidas, la respiración descompuesta, los ojos húmedos de necesidad...
y, a su lado, su Sasuke adulto, mirándolo con una sonrisa maliciosa, traviesa, como si todo aquello fuera parte de un juego perverso.
Naruto no entendía, no podía pensar.
Solo sentía: el roce de esa mano temblorosa en su sexo, el peso cálido contra su cuerpo, la necesidad brutal ardiendo bajo su piel.
El Sasuke adulto se inclinó y, con voz baja y sugerente, le susurró:
—Relájate, Naruto...Déjalo hacer.
Naruto soltó un gemido gutural, su mano grande —aún adormilada— buscando la cintura estrecha del Sasuke joven, acercándolo más, atrapándolo contra su propio cuerpo como un reflejo instintivo.
El joven Sasuke jadeó, sus dedos cerrándose más firmemente alrededor del miembro caliente de Naruto, frotándolo torpemente pero con hambre.
Naruto soltó un nuevo gruñido, su cadera empujando contra la mano, su cabeza cayendo hacia atrás mientras sus labios se entreabrían de puro placer.
El Sasuke adulto se relamió los labios, disfrutando cada segundo.
—Míralo, Naruto... —susurró—. Está desesperado por ti. Igual que tú por él.
Naruto abrió los ojos de nuevo, sus pupilas doradas ardiendo de lujuria.
Acarició la mejilla del Sasuke joven con una ternura brutal, sus dedos temblando apenas.
—Tanto tiempo... —murmuró—Siempre fuiste tú...
El joven Sasuke se estremeció bajo el tacto, sus propios muslos temblando de excitación, sintiendo cómo su cuerpo respondía de manera obscena.
Naruto deslizó la mano desde su mejilla hasta la nuca, enterrando los dedos en su cabello, guiándolo más cerca.
Sus frentes se tocaron, sus respiraciones mezclándose en un susurro caliente.
Naruto jadeó:
—Déjame besarte...
No era una orden.
Era un ruego.
Y Sasuke joven, perdido, vencido, se inclinó hacia él, dejando que sus labios se encontraran en un choque torpe, desesperado, cargado de todo el deseo que no sabían cómo contener.
El primer beso fue torpe, urgente, lleno de jadeos.
El segundo, más profundo, más desesperado.
Naruto gimió contra su boca, su sexo latiendo violentamente en la mano del joven Sasuke, su cuerpo temblando de necesidad.
Sasuke adulto sonrió ampliamente, su ojo de Rinnegan brillando de satisfacción.
Naruto no podía, no quería detenerse.
Sus brazos fuertes, todavía temblando de deseo, envolvieron la cintura del joven Sasuke, atrayéndolo con suavidad pero con una necesidad brutal.
Sus bocas no se separaban.
Los besos eran torpes, húmedos, cargados de jadeos entrecortados y susurros rotos.
Naruto empujó lentamente, haciendo que el joven Sasuke se acomodara mejor sobre su cuerpo, frotándolo contra su abdomen duro y caliente, haciéndolo sentir cada palpitación, cada temblor.
La fricción entre sus cuerpos arrancó un gemido inesperado de la garganta de Sasuke joven.
El roce del miembro duro de Naruto contra su propio bulto erecto, aún cubierto por la tela, lo hacía estremecer en oleadas de placer.
Naruto gruñó contra su boca, perdido, atrapándolo más fuerte, sus manos bajando instintivamente a las caderas del chico, presionándolo más contra él.
—Mírate... —jadeó Naruto, su voz ronca—.
Estás temblando por mí...
Mientras tanto, el Sasuke adulto, sentado a un costado de la cama, los observaba con los ojos entrecerrados, el Rinnegan vibrando con un brillo hipnótico.
Una sonrisa oscura curvó sus labios.
Lentamente, con una calma perversa, comenzó a desvestirse.
Con su único brazo, desabrochó los pantalones de dormir, deslizándolos por sus caderas con un movimiento perezoso, dejando al descubierto su piel pálida, marcada de cicatrices que contaban historias de batallas y de pasión.
El joven Sasuke, entre jadeos, entre besos rotos, abrió los ojos un instante , justo para ver a su yo adulto dejándose caer de espaldas sobre la cama, completamente desnudo, su cuerpo largo y elegante tendido frente a él.
Su erección, dura y orgullosa, descansaba sobre su abdomen, gruesa y provocativa.
El joven Sasuke soltó un pequeño gemido, sus mejillas enrojeciendo violentamente, su mente hecha un desastre.
Sasuke adulto sonrió más amplio, su voz sedosa:
—No te avergüences...
¿Ves lo que Naruto te hace?
¿Ves cómo lo deseas... cómo quieres ser tomado por él?
Naruto, que no había dejado de besar al joven Sasuke ni un solo momento, murmuró contra sus labios, su aliento cálido y cargado de lujuria:
—Dime que me quieres, Sasuke...
Sus manos grandes acariciaban su espalda, su cintura, apretándolo con fuerza suficiente como para grabarlo contra su cuerpo, como si temiera que desapareciera.
El joven Sasuke jadeó, su resistencia desmoronándose entre los dedos, sus caderas moviéndose tímidamente contra el abdomen duro de Naruto, buscando más fricción, más placer.
El miembro expuesto de Naruto palpitaba violentamente contra su vientre, caliente y húmedo en la punta, dejando pequeñas manchas brillantes en su piel.
Sasuke adulto observaba todo, masturbándose lentamente con su única mano, los ojos fijos en la escena, su pecho subiendo y bajando con respiraciones agitadas.
—Dile lo que quieres —susurró el adulto, su voz como un veneno dulce—.
Dile que quieres que te folle.
El joven Sasuke gimió bajito, sus labios apenas rozando los de Naruto, sus ojos negros nublados de deseo.
Naruto rozó su nariz contra la de él, su frente sudorosa, su cuerpo en llamas.
—Dilo, Sasuke... —gruñó, su voz profunda resonando en el pecho.
El joven Sasuke cerró los ojos con fuerza, su respiración hecha un desastre.
Y en un susurro tembloroso, roto, vencido, lo dijo:
—Quiero... que me folles, Naruto...
Naruto soltó un gemido ronco al escucharlo, el último pedazo de cordura quebrándose dentro de él.
Sin darle tiempo a arrepentirse, lo besó de inmediato , atrapando su boca en un beso brutalmente profundo, húmedo, con lengua.
Su lengua se deslizó dominante dentro de la boca de Sasuke joven, reclamándolo, saboreándolo con hambre.
El beso era desesperado, sin espacio para respirar, como si Naruto quisiera devorarlo desde adentro.
Sasuke tembló contra él, aferrándose a su pecho desnudo, sintiendo cómo su cuerpo se rendía por completo bajo el asalto de esa lengua, de ese calor sofocante.
Cuando Naruto finalmente se separó, sus labios estaban hinchados, brillantes, un hilo de saliva conectándolos aún.
Los ojos de Naruto, medio cerrados de deseo, lo miraron fijamente mientras su voz rasposa ordenaba:
—Quítate la ropa.
Sasuke joven obedeció torpemente, sus manos temblorosas desabrochando su ropa de dormir, dejando al descubierto su piel blanca y tersa.
Su pecho subía y bajaba agitadamente, los pezones tensos de excitación, su bulto marcándose descaradamente entre la tela floja de su ropa interior.
Naruto soltó un gruñido hambriento y lo ayudó a deshacerse del resto, deslizándole los pantalones hacia abajo, desnudándolo por completo.
El joven Sasuke, vulnerable, tembloroso, lo miraba con los labios entreabiertos, las mejillas encendidas de vergüenza y deseo.
Naruto se acomodó de espaldas sobre la cama, su miembro erecto palpitando con necesidad, y, con un tirón firme pero suave de la cintura de Sasuke, lo atrajo hacia arriba, guiándolo con sus fuertes manos hasta que el chico estuvo sobre él, de rodillas, temblando.
—Ven aquí —ronroneó Naruto, su voz cargada de lujuria, de promesas obscenas.
Con cuidado, con hambre, Naruto lo hizo sentarse sobre su cara.
El joven Sasuke soltó un gemido agudo, sorprendido, sus muslos temblando al sentir el aliento cálido de Naruto tan cerca de su parte más íntima.
Naruto sujetó sus caderas con firmeza, posicionándolo como quería, y, sin más advertencias, hundió la boca entre sus nalgas, lamiendo, saboreando, abriendo su camino hacia el centro más prohibido de Sasuke.
El chico jadeó violentamente, su cuerpo encendiéndose en un instante, su columna arqueándose, los dedos aferrándose a las sábanas como única ancla.
Naruto gemía contra él, su lengua caliente y ansiosa, empapándolo, abriéndolo lenta y deliciosamente.
Cada lamida era profunda, hambrienta, indecente, haciendo que Sasuke joven gimiera sin poder contenerse, su voz quebrándose dulcemente en gemidos suplicantes.
Sasuke adulto, recostado a un lado, se masturbaba a un ritmo perezoso, disfrutando la vista con una sonrisa cargada de deseo.
—Así, Naruto... —murmuró con un tono sucio, su única mano moviéndose lentamente en su miembro duro—.
Prepáralo bien para ti...
Naruto gruñó contra la piel sensible de Sasuke, su lengua entrando con fuerza, empujando más profundo, desarmándolo.
El joven Sasuke, avergonzado y excitado, no podía dejar de gemir, su cuerpo traicionándolo, sus caderas moviéndose contra la boca de Naruto en una súplica muda.
Naruto, entre lamidas, gruñó:
—Te voy a abrir tan bien para mí... vas a suplicar por más...
Y Sasuke joven, ahogado en placer, solo pudo gemir en respuesta, su cuerpo temblando, entregándose cada vez más.
Naruto no se detenía. Su lengua continuaba trabajando hábilmente, insistente y profunda, arrancándole gemidos cada vez más desesperados al joven Sasuke, que se arqueaba sobre él, perdido.
El cuerpo de Sasuke joven temblaba, su piel perlada de sudor, su respiración hecha un desastre caliente.
Fue entonces que el Sasuke adulto, todavía masturbándose a un costado, con la mirada encendida de deseo, se movió con una gracia indolente.
Su cuerpo desnudo, pálido y elegante bajo la tenue luz, se deslizó hasta colocarse sobre Naruto, justo cuando el Hokage alzaba los ojos, sorprendido pero excitado ante la audacia.
Una sonrisa torcida se dibujó en los labios de Sasuke adulto.
—No podía aguantar más —ronroneó, su voz un susurro cargado de perversidad.
Con destreza, usando su único brazo, se posicionó sobre el miembro erecto y húmedo de Naruto, acomodándose sin vergüenza.
Los ojos de Naruto brillaron de puro hambre.
Con un movimiento lento, delicioso, Sasuke adulto se dejó caer sobre él, enterrándolo dentro de su cuerpo caliente, jadeando suavemente mientras lo sentía llenarlo por completo.
Un gemido ronco escapó de la garganta de Naruto, sus manos aún firmes en las caderas del joven Sasuke, pero sus ojos ahora oscurecidos mirando a su esposo mayor cabalgándolo.
El Sasuke adulto rió bajo, jadeante, moviéndose de forma perezosa sobre el duro miembro, deleitándose en cada centímetro.
Miró al joven Sasuke, que lo observaba con los labios entreabiertos, las mejillas rojas de pura lujuria y confusión.
Con una sonrisa perversa, Sasuke adulto le habló a su yo joven:
—No tienes idea... —jadeó, cerrando los ojos un instante mientras bajaba otra vez sobre el miembro de Naruto—.
No tienes idea de lo adictivo que es esto... de lo increíble que se siente tenerlo dentro... llenándote hasta el fondo....
El joven Sasuke tembló, un gemido escapándosele de los labios ante esas palabras sucias, la imagen frente a él demasiado potente, demasiado indecente.
El calor entre sus piernas se volvió insoportable, su propio cuerpo pidiéndolo de una manera vergonzosamente obvia.
Naruto gruñó entre dientes, su instinto dividido entre seguir preparando con su lengua al joven Sasuke y perderse en el placer de tener a su esposo cabalgándolo como un demonio.
Sasuke adulto siguió moviéndose con provocativa lentitud, su voz arrastrándose, sucia, mientras sus caderas dibujaban círculos lentos:
—Naruto es tan grande, tan grueso... —jadeó, abriendo los ojos solo para mirar lujuriosamente a su yo joven—.
Te va a volver adicto, como me volvió a mí...
El joven Sasuke dejó escapar un sollozo ahogado, la mezcla de visión, palabras y sensaciones arrasando su cordura.
Naruto, jadeando, retiró finalmente su boca del cuerpo del joven Sasuke, su rostro húmedo y su mirada salvaje.
—Ya está listo... —gruñó, su voz profunda vibrando entre ellos.
Sasuke adulto soltó una carcajada ronca, todavía montado sobre Naruto, y con una última ondulación de sus caderas, se deslizó hacia adelante, liberando el duro miembro palpitante de Naruto, cubierto y resbaladizo de su esencia.
Con una mirada cómplice, sucia, lo guió con su única mano, apuntándolo directamente al centro tembloroso del joven Sasuke.
—Todo tuyo —susurró Sasuke adulto, relamiéndose los labios.
Naruto exhaló temblorosamente, sus grandes manos aferrando con firmeza las caderas del joven Sasuke, posicionándolo justo encima de su hinchado y palpitante miembro.
—Relájate... —murmuró con la voz rasposa, sus ojos azules oscuros de deseo clavados en los de él.
Sasuke joven, todavía tembloroso, asintió casi imperceptiblemente, sus piernas flexionándose débilmente mientras sentía la gruesa punta de Naruto presionando contra su entrada húmeda y sensible.
Naruto fue paciente, presionando despacio, dejando que su glande se abriera camino lentamente, provocando un jadeo agudo del joven Sasuke cuando el primer centímetro se hundió dentro de su cuerpo caliente.
La sensación era abrumadora, una quemazón deliciosa que arrancó un gemido desesperado de sus labios.
Naruto jadeó también, apretando los dientes para contenerse, mientras despacio, tan despacio, seguía empujando más profundo, estirándolo, llenándolo centímetro a centímetro.
—Míralo... —ronroneó la voz sucia de Sasuke adulto a un lado.
Se había acercado al oído de su yo joven, su mano única acariciándole la espalda baja, su aliento cálido y perverso chocando contra su piel erizada.
—¿Ves lo grande que es...? —susurró, su voz un veneno delicioso que se deslizaba directo al centro de su cuerpo—.
Estás tan apretado... lo estás volviendo loco...
El joven Sasuke sollozó, su cuerpo sacudiéndose levemente entre el placer punzante y la vergüenza.
Naruto gruñó contra su cuello, besándolo, lamiéndolo, cada vez más dentro de él, su grosor abriéndose paso, forzando su cuerpo a adaptarse.
—Lo sientes, ¿verdad? —continuó Sasuke adulto, su voz sucia, oscura, cada palabra lamiendo su oído—.
Cómo te estira... cómo te llena hasta lo más profundo...
Sasuke joven apretó los ojos, un gemido estrangulado escapándosele mientras Naruto finalmente se hundía hasta el fondo, su pelvis chocando contra sus nalgas.
Ambos quedaron temblando, jadeando contra el calor del otro.
Naruto deslizó una mano por la espalda sudorosa de Sasuke, susurrándole con una ternura feroz:
—Eres perfecto...
El joven Sasuke se derritió, su corazón latiendo con fuerza loca en su pecho, su cuerpo estremeciéndose en un placer que no sabía cómo contener.
Sasuke adulto sonrió contra su cuello, lamiéndolo despacio antes de susurrar más obscenidades:
—Y lo mejor... —jadeó— es que apenas estamos empezando.
Naruto empezó a moverse entonces, lento , profundo , sacándolo casi por completo y luego volviendo a hundirse en un solo empuje suave pero firme, arrancándole gemidos desesperados al chico.
Sasuke joven no podía hacer más que aferrarse a Naruto, sus uñas clavándose en su espalda, su cuerpo temblando mientras era llevado cada vez más alto, más lejos de cualquier pensamiento coherente.
Y Sasuke adulto seguía ahí, susurrándole, alentándolo, incitándolo a rendirse aún más al placer:
—Déjate llevar... —murmuró—.
Naruto siempre te va a hacer sentir así... como si fueras su todo...
El joven Sasuke, perdido, dejó caer la cabeza sobre el hombro de Naruto, gimiendo suavemente, rindiéndose al calor abrumador que lo consumía desde dentro.
Naruto no podía contenerse más. Sentía el cuerpo caliente y estrecho de su Sasuke joven apretándolo de una forma desesperante, y su autocontrol, ya débil, empezaba a romperse.
Sus caderas comenzaron a moverse más rápido, empujando más profundo, más fuerte, arrancándole gemidos agudos y temblorosos al chico que apenas podía mantenerse erguido contra él.
Cada embestida parecía buscar más hondo, más adentro, haciendo que Sasuke joven sollozara dulcemente en su oído, temblando como una hoja.
Naruto jadeaba contra su piel, saboreando cada sonido, cada estremecimiento.
Y entonces, giró un poco el torso, su mano libre encontrando a Sasuke adulto que estaba sentado a su costado, observándolos con los ojos entrecerrados de placer.
Con un gruñido posesivo, Naruto deslizó sus dedos hasta el cuerpo del Sasuke adulto , que gimió bajo, ronco y quebrado, moviendo sus caderas sutilmente hacia él, buscando más contacto.
—Naruto... —susurró Sasuke adulto, su voz un jadeo lujurioso.
El Hokage no detuvo el ritmo de sus caderas dentro del joven Sasuke, pero su mano libre comenzó a preparar sin piedad al mayor, empujando sus dedos con firmeza, estirándolo con movimientos expertos.
Los dos Sasukes gemían junto a él: el joven sobre su regazo, el adulto a su costado, rozando su cuerpo, tan excitante, tan obscenamente receptivo.
Naruto gruñía, atrapado entre el calor abrumador de ambos cuerpos.
—¿Te gusta cómo te folla, eh? —ronroneó Sasuke adulto, inclinándose cerca del oído de su yo joven, sus labios casi rozándolo mientras jadeaba—.
Te va a volver adicto... a su verga, a su olor, a su cuerpo...
El joven Sasuke sollozó, su entrada palpitando alrededor del miembro grueso de Naruto, su rostro escondiéndose contra su cuello, completamente rendido.
Naruto, sintiendo cómo ambos se deshacían para él, aceleró aún más sus embestidas.
Cada golpe era más profundo, más salvaje, haciendo que el joven Sasuke soltara gemidos rotos, que temblara de placer.
La mano de Naruto, inclemente, seguía trabajando dentro del Sasuke adulto, con sus dedos empapados entrando y saliendo, buscando ablandarlo para lo que vendría.
—Tan apretados... —gruñó Naruto—.
Tan jodidamente perfectos...
Sasuke adulto soltó una risa ahogada, empujando sus caderas contra los dedos de Naruto, su rostro sonrojado y húmedo de sudor.
—No te va a dejar ir nunca... —susurró entre gemidos sucios al joven Sasuke—.
Nunca... una vez que pruebes esto, te vas a quedar a su lado para siempre...
El joven Sasuke dejó escapar un sollozo dulce, su cuerpo estremeciéndose mientras Naruto lo embestía más rápido, llevándolo peligrosamente al borde.
—Dilo... —susurró Sasuke adulto, perverso, su mano única acariciando la espalda baja del chico—.
Pídele que no se detenga... pídeselo...
Naruto jadeaba con desesperación, su cuerpo temblando de tanto placer acumulado.
Y el joven Sasuke, rendido, susurró lloroso:
—No... no te detengas... por favor...
Naruto, jadeando salvajemente, sintió que el cuerpo joven de Sasuke comenzaba a apretarlo de forma frenética, como si buscara atraparlo, como si su interior quisiera retenerlo para siempre.
Volvió el rostro hacia su costado, donde Sasuke adulto gemía bajito, temblando también bajo sus dedos húmedos.
Sonrió con lujuria, sus ojos azules oscurecidos de deseo, y susurró ronco:
—¿Te gusta vernos así, Sasuke...? —sus labios rozando su oreja—.
¿Te gusta ver cómo tuyo soy... cómo te follo hasta hacerte llorar?
Sasuke adulto soltó un gemido ahogado, su única mano agarrándose torpemente del hombro de Naruto mientras su cuerpo temblaba.
Naruto no esperó más. Giró levemente el rostro y lo besó , atrapando esos labios que tanto amaba en un beso sucio y desesperado, metiendo la lengua con fuerza, saboreándolo mientras no dejaba de embestir al Sasuke joven con un ritmo brutal.
El beso fue húmedo, ruidoso, puro instinto .
Sasuke adulto respondió con igual hambre, gimiendo contra su boca, dejando que Naruto lo devorara, su única mano subiendo para acariciar torpemente la mejilla áspera del Hokage.
Fue justo entonces que el joven Sasuke, inundado por el placer, por la presión ardiente en su vientre, sollozó alto, temblando violentamente.
El orgasmo lo golpeó sin aviso, desbordándose entre sus cuerpos, su espalda arqueándose contra Naruto, su garganta soltando un gemido irreprimible.
Y como si fuera un eco perfecto, el Sasuke adulto también tembló, su cuerpo estremeciéndose junto al de su yo joven, su entrada palpitando desesperadamente alrededor de los dedos de Naruto mientras llegaba con un gemido ronco atrapado en la boca de su amante.
Naruto, sintiendo a ambos rendirse al mismo tiempo, gruñó contra los labios de Sasuke adulto, su cuerpo tensándose con violencia, sus caderas empujando una última vez, profundo y duro, derramándose dentro del joven Sasuke con una descarga tan intensa que casi lo desarma.
Los tres quedaron jadeando, temblando, sus cuerpos pegados, sudorosos y calientes, como si no pudieran separarse, como si el mundo fuera solo ellos tres en ese instante.
Naruto, aún dentro del joven Sasuke, aún abrazando a su Sasuke adulto, bajó la frente, descansándola contra el hombro tembloroso del chico, su pecho subiendo y bajando en respiraciones desesperadas.
—Mi... maldito par de adictivos... —murmuró entre risas roncas, acariciando torpemente la cintura de ambos.
Sasuke adulto, aún temblando, bajó la mirada hacia el vientre plano de su yo joven, donde el cuerpo de Naruto seguía enterrado hasta el fondo, abultando de manera obscena su estómago.
Una sonrisa ladeada, traviesa, curvó sus labios.
—Mírate... —susurró, su voz ronca y divertida—.
Tan lleno de su verga que hasta te marca el vientre...
El joven Sasuke se estremeció visiblemente, su rostro enrojeciéndose de manera brutal, ocultando sus ojos brillantes contra el cuello de Naruto, como si quisiera desaparecer de la vergüenza y la excitación mezcladas.
Naruto soltó una carcajada grave, el pecho vibrándole de placer al ver sus reacciones, tan hermosas, tan vulnerables.
Y sin previo aviso, alzando la mano , les dio una nalgada sonora a cada uno, una en el trasero redondo del joven y otra en la nalga firme del adulto.
—¡Ah! —soltó un quejido el joven Sasuke, sobresaltado.
—Tsk... bastardo... —murmuró el adulto, aunque su voz temblaba, evidentemente disfrutándolo.
Naruto sonrió de lado, recorriendo sus cuerpos marcados con las yemas de los dedos, notando cómo ambos se estremecían aún, tan sensibles, tan suyos.
El Sasuke adulto, respirando entrecortadamente, pegó más su cuerpo sudoroso al de Naruto, su única mano acariciando el pecho ancho del Hokage, como buscando provocarlo más.
Le susurró, ronco, directo al oído:
—No es justo... —su lengua rozó la piel sensible—.
Yo también quiero que me llenes, Naruto...
Naruto sintió un latigazo de lujuria recorrerlo de golpe, gruñendo profundo desde su pecho.
Sus caderas empujaron instintivamente dentro del cuerpo joven de Sasuke, haciéndolo gemir ahogado otra vez.
—¿Ah, sí? —su voz sonó más grave, más sucia—.
¿No te llenó con verlo? ¿Necesitas sentirlo dentro también?
Sasuke adulto soltó una risa baja, hambrienta, deslizando su mano entre sus propios muslos, abriéndose un poco más, exponiendo su entrada palpitante y húmeda, aún sensible de la preparación anterior.
—Quiero todo, Naruto... —murmuró, la voz rasgada de deseo— Lléname.
El joven Sasuke, atrapado entre ambos, gimió débilmente al escuchar esas palabras, su cuerpo temblando al sentir la verga de Naruto todavía dura dentro de él, y al imaginar cómo el Hokage tomaría también a su yo mayor.
Naruto soltó una risa baja, oscura, sus labios rozando la mejilla de Sasuke adulto. Con un gruñido bajo, salió lentamente de su interior, y en cuanto la punta de su verga lo abandonó, un hilo espeso de semen tibio brotó del cuerpo tembloroso del joven Sasuke, deslizándose por sus muslos abiertos y manchando las sábanas bajo él.
El joven Sasuke soltó un gemido ahogado al sentirlo salir, su entrada contrayéndose instintivamente en el aire frío.
Naruto apenas le dio tiempo de recuperarse.
Lo acomodó de inmediato boca arriba sobre las sábanas revueltas, el chico se dejó hacer, jadeando bajito, su cuerpo aún sensible y sonrojado.
Luego, Naruto tomó al Sasuke adulto, que sonreía ladino, y lo sentó a horcajadas sobre el regazo de su yo más joven.
El movimiento hizo que sus entrepiernas se rozaran de inmediato, sacándoles un gemido involuntario a ambos.
El roce de sus miembros ya endurecidos, calientes y húmedos, era tan intenso que el más mínimo movimiento los hacía estremecer.
Sasuke adulto se acomodó mejor, moviendo las caderas lentamente para buscar aún más fricción, frotándose contra el abdomen tenso y palpitante del joven.
—Tch... —gimió el joven Sasuke, apretando las manos contra las sábanas, su rostro ardiendo de deseo y vergüenza.
Naruto, observando la escena, soltó un gruñido gutural.
Su verga latía con fuerza, hinchada, reclamando sentir de nuevo ese calor apretado que tanto amaba.
Se posicionó detrás del Sasuke adulto, colocando sus manos grandes en esas caderas delgadas pero firmes, y bajando el rostro para morderle suavemente el hombro.
—Perfectos... —murmuró contra su piel, mientras alineaba su punta gruesa contra la entrada húmeda que tanto le pedía ser llenada—.
Hechos para mí...
Sasuke adulto inclinó la cabeza hacia atrás, apoyándola contra el hombro de Naruto, abriéndose más para él, mientras sus caderas no dejaban de rozarse deliciosamente con las de su yo joven.
Ambos Sasuke gemían bajito, entrelazados de forma indecente, mientras Naruto, gruñendo contra su cuello, empezaba a empujar despacio, abriéndose paso en el interior apretado y caliente de su esposo.
El cuerpo de Sasuke adulto tembló, sus dedos aferrándose con fuerza a los muslos del joven debajo de él, buscando un ancla mientras el placer lo desgarraba desde adentro.
Naruto gruñó contra el cuello de Sasuke adulto, sus manos aferradas a sus caderas delgadas mientras se enterraba profundo de una sola embestida, haciéndolo gemir desgarradoramente.
—Ah… N-Naruto... —jadeó Sasuke adulto, su espalda arqueándose deliciosamente mientras sentía cómo su interior era llenado, estirado hasta el límite.
Debajo de él, el joven Sasuke soltó un gemido ahogado, al sentir cómo su yo mayor se frotaba de manera desesperada contra su abdomen, el roce constante de sus miembros hinchados arrancándole estremecimientos que lo volvían loco.
Naruto no esperó más.
Comenzó a moverse.
Embistiendo con fuerza, chocando contra el cuerpo de Sasuke adulto una y otra vez, empujándolo hacia adelante, haciéndolo frotarse aún más brutalmente contra el joven tendido debajo de él.
El calor, el sudor, los gemidos mezclados… la escena era salvaje, perfecta.
Sasuke adulto, jadeando sin control, apoyó su única mano sobre el pecho del joven Sasuke, buscando sostenerse, mientras su otra pierna temblaba de tanto placer.
Cada vez que Naruto embestía, el cuerpo adulto de Sasuke se movía involuntariamente, provocando fricción brutal entre sus caderas y las del joven, que gemía y lloriqueaba bajo él, incapaz de resistir tanto estímulo.
—Se siente... se siente tan bien... —gimoteó el joven Sasuke, su voz temblorosa y rota, su rostro completamente sonrojado.
Naruto soltó una carcajada ronca, relamiendo lentamente el lóbulo enrojecido de Sasuke adulto, mordisqueándolo entre sus dientes mientras embestía con más fuerza, haciendo temblar todo el cuerpo que tenía montado.
Los gemidos de ambos Sasuke resonaban en la habitación, mezclados, rotos, tan sucios que parecían sacados de un sueño prohibido.
—N-Naruto... —gimió el Sasuke adulto, su única mano aferrándose con fuerza al pecho del joven debajo de él, entonces queriendo hacer una confesión pecaminosa, bajó su boca caliente para acercarse al oído de su doble, ronroneándole sucio, travieso:
Naruto gruñía bajo su aliento, besando y mordiendo la oreja de Sasuke adulto mientras embestía cada vez más rápido dentro de él, haciendo temblar todo su cuerpo, haciendo que se frotara de manera desesperada contra su versión más joven.
El joven Sasuke jadeaba descontrolado, sintiendo cómo sus cuerpos se frotaban violentamente, cómo el placer lo consumía, cómo todo se sentía demasiado.
Hasta que sintió la boca caliente de su yo adulto acercarse a su oído, ronroneándole sucio, travieso:
—¿Sabes...? —jadeó Sasuke adulto, su única mano acariciándole la mejilla sonrojada—.
Cuando teníamos tu edad... Naruto solía tocarse pensando en nosotros.
El joven Sasuke abrió los ojos grandes, completamente rojo, su verga saltando entre sus vientres sudorosos, palpitando desesperada ante la revelación.
—N-no... —gimió, estremeciéndose cuando el Sasuke adulto sonrió contra su oído.
—Oh, sí... —susurró maliciosamente, frotando sus caderas contra él, haciéndole sentir cada vibración de su cuerpo entregado—.
Soñaba con follarnos así...
Con hacernos suyos.
Naruto soltó un gruñido grave, como si confirmara cada palabra, su verga palpitando salvajemente dentro de Sasuke adulto mientras su mano bajaba entre los cuerpos sudados y atrapaba las dos vergas palpitantes de ambos Sasuke en un solo agarre.
Las frotó juntas, con movimientos lentos y firmes, disfrutando de la sensación pegajosa y caliente que provocaba.
Acercó su boca a la oreja del Sasuke adulto, su voz ronca, lujuriosa, sucia:
—Siempre eras tú... —susurró, mientras deslizaba sus dedos ásperos por los ejes endurecidos—.
Desde que tenías esa carita impertinente y esas piernas largas que no me dejaban dormir.
Sasuke adulto soltó un gemido, echando la cabeza hacia atrás contra el hombro de Naruto, su cuerpo vibrando de placer.
El joven Sasuke, abajo, tembló, sintiendo cómo la mano de Naruto apretaba su verga junto a la de su versión adulta, la fricción haciendo que su respiración se rompiera.
Naruto gruñó contra la oreja de Sasuke adulto, moviendo la cadera con fuerza detrás de él:
—Me tocaba pensando en ti —confesó sucio, su voz vibrando en su oído—.
Pensando en cómo te partiría en dos. Cómo harías esos ruiditos para mí.
La presión de su mano se hizo más intensa, casi dolorosamente deliciosa, deslizándose desde las puntas húmedas hasta las bases de sus vergas duras.
—Hasta me corría soñando que llorabas de placer debajo de mí... —añadió con un gemido grave, sabiendo exactamente lo que provocaba.
El joven Sasuke soltó un jadeo quebrado, su cuerpo ya desbordándose de calor, de deseo, de un hambre primitiva que no podía controlar.
Sasuke adulto, jadeando, volteó su rostro sudoroso hacia Naruto, buscando sus labios de forma desesperada.
El beso fue salvaje, húmedo, desesperado, chocando dientes y lenguas en una mezcla de gemidos roncos y suspiros entrecortados.
Naruto gruñó, hundiendo más su mano entre sus cuerpos, apretando aún más sus vergas palpitantes, mientras embestía profundo y duro dentro del cuerpo caliente de Sasuke adulto.
Entre el beso, Sasuke adulto soltó una risa ronca, sucia, que vibró en la boca de Naruto.
—Tócanos más fuerte... —susurró contra sus labios, la voz rota—.
Haznos rogar por tu polla, Naruto...
El joven Sasuke, escuchando eso, gimió con fuerza, sus caderas moviéndose por instinto, frotándose más sucio contra su otra versión, sintiendo cómo el placer se arremolinaba peligrosamente en su vientre.
Naruto soltó una maldición grave, completamente excitado por esa imagen tan perversa, y aceleró aún más la masturbación conjunta, sus dedos resbalando de lo húmedos que estaban.
—Dense para mí... —murmuró contra la boca de Sasuke adulto—.
Quiero verlos correrse tan lindo, como siempre quise.
Esa voz, esa orden, esa mano ruda, fue lo que los terminó de romper.
El joven Sasuke gimió alto, arqueando la espalda con violencia mientras se corría descontroladamente , su semilla caliente manchando su vientre y el de su yo adulto.
Sasuke adulto, casi al mismo tiempo, gruñó en la boca de Naruto, su propio orgasmo sacudiéndolo de pies a cabeza, su cuerpo tensándose mientras derramaba toda su esencia sobre su versión más joven.
Los tres quedaron unos segundos temblando, el ambiente cargado de jadeos, de piel contra piel, de semen pegajoso caliente deslizándose entre sus cuerpos sudorosos.
Naruto sonrió contra los labios de Sasuke adulto, sin dejar de moverse dentro de él , sus embestidas todavía profundas, pesadas, hambrientas, disfrutando de cada estremecimiento que arrancaba del cuerpo tembloroso de su esposo.
El joven Sasuke, todavía jadeando bajo ellos, los miraba con los ojos brillantes, la piel perlada de sudor.
Sasuke adulto, con las mejillas sonrojadas y la respiración agitada, volteó a mirarlo de reojo , y algo en su mirada cambió: una chispa de posesividad, de celos traviesos, se encendió en su interior.
—Naruto... —gruñó con la voz baja, ronca, necesitándolo solo para él—.
Concéntrate en mí ahora...
Naruto soltó una risa gutural contra su oreja, apretándolo más fuerte por la cintura con sus manos.
—¿Celoso, hn? —murmuró, mordiéndole el lóbulo mientras seguía embistiéndolo más profundo, más duro.
Sasuke adulto soltó un gemido roto, echando la cabeza hacia atrás para darle mejor acceso a su cuello.
—Eres mío —dijo entre dientes, jadeando—.
Lléname a mí primero. Hazme rogar por ti...
Esa declaración fue todo lo que Naruto necesitaba.
Gruñendo, lo obligó a arquearse contra su pecho, aplastándolo contra su cuerpo fuerte, y comenzó a follarlo de verdad, estrellando sus caderas con fuerza contra las nalgas redondeadas de Sasuke, haciéndolo gemir alto.
La cama crujía bajo ellos, sus cuerpos chocaban rítmicamente, sudorosos, resbaladizos, adictivos.
Naruto se inclinó para lamer el cuello del Uchiha, dejando mordidas marcadas, posesivas.
—Tan apretado... tan perfecto solo para mí —gruñía contra su piel, moviendo su mano libre para apretar el muslo tembloroso de Sasuke adulto, abriéndolo más.
Sasuke adulto sollozaba quedo, perdiéndose en el placer, empujándose hacia atrás contra cada embestida hambrienta de Naruto, su cuerpo deseando más, rogando por más.
Naruto, jadeando como un animal hambriento, se inclinó sobre Sasuke adulto y le sujetó firmemente las piernas por debajo de las rodillas, levantándolo del colchón con facilidad.
Dejó a Sasuke suspendido en el aire, completamente expuesto, sus muslos abiertos y temblorosos, su espalda ligeramente arqueada, vulnerable solo para él.
Con un gruñido gutural, Naruto lo apretó contra su cuerpo, abrazándolo casi con violencia, penetrándolo aún más profundo con cada embestida pesada y hambrienta.
Sasuke soltó un gemido ronco, su único brazo aferrándose como podía al cuello de Naruto, jadeando contra su oído, completamente entregado a su fuerza, su calor, su deseo.
A un lado, el Sasuke joven los observaba, sin aliento, exhausto y temblando después de su propio clímax, su mirada fija y hambrienta en cómo su yo adulto se abandonaba sin pudor en los brazos del Hokage.
Naruto gruñó contra el cuello sudado de Sasuke, mordiéndolo, embistiéndolo con ritmo brutal.
—Mírate... —murmuró ronco—. Tan abierto para mí... tan hecho solo para mí.
Con una mano firme, Naruto soltó brevemente una pierna para llevar su palma grande y caliente al miembro de Sasuke adulto, acariciándolo rudo, sincronizado con cada embestida que hacía sacudir su cuerpo suspendido.
—¿Te vas a correr para mí, Sasuke? —susurró sucio, lamiendo el sudor que resbalaba por su clavícula.
Sasuke adulto apenas pudo asentir, el placer desbordándolo, su vientre tensándose, su cuerpo sacudiéndose en espasmos.
—Hazlo entonces... —ordenó Naruto en un gruñido—.
Córrete para mí. Déjame verte romperte por mi polla.
Con un gemido desgarrado, Sasuke adulto se corrió violentamente, su semen manchando su propio vientre y el de su yo más joven debajo, su espalda arqueándose mientras Naruto seguía embistiéndolo, profundizando hasta el fondo.
Naruto no se detuvo. Rugió contra su cuello, clavándose hasta el límite, y se derramó dentro de él con fuerza, llenándolo tanto que el calor se desbordó entre sus muslos abiertos, escurriendo lentamente hacia abajo.
Ambos quedaron temblando, pegados, el aire cargado de jadeos, sudor y deseo satisfecho.
Naruto, todavía jadeando, bajó lentamente a Sasuke adulto hacia la cama, sin separarse de él en ningún momento.
Lo recostó con cuidado, dejando su cuerpo empapado y tembloroso sobre las sábanas revueltas, sin sacar su duro miembro de su interior.
Sasuke dejó escapar un gemido bajo, estremeciéndose al sentir que Naruto seguía adentro, grueso y palpitante.
Naruto se inclinó sobre él, apoyando su frente sudada contra la de Sasuke, atrapándolo entre su cuerpo cálido y el colchón, sus respiraciones chocando, pesadas y calientes.
—¿Sabes lo hermoso que eres cuando te rompes para mí? —murmuró ronco, su voz sucia y cariñosa al mismo tiempo, mientras acariciaba la mejilla de Sasuke con los nudillos.
Sasuke, medio aturdido, sonrió débilmente, apenas consciente de cómo su cuerpo temblaba todavía por el exceso de placer.
Naruto movió las caderas despacio, remeciendo su interior aún sensible, provocando que un pequeño quejido escapara de la garganta de Sasuke.
—Todavía puedes darme un poco más, ¿verdad? —susurró contra su oído, lamiendo la concha delicada con descaro—.
Todavía quiero sentirte romperte otra vez para mí.
Su mano recorrió lentamente el torso de Sasuke, bajando, acariciándolo, prendiendo su piel sensible de nuevos escalofríos.
Sasuke cerró los ojos, entregándose completamente, susurrando apenas audible:
—Hazme tuyo otra vez, Naruto...
Naruto soltó una risa baja y peligrosa contra su cuello, y empezó a moverse de nuevo, lento, profundo, llenándolo, amándolo de la manera más obscena y perfecta posible.
Sasuke jadeó ahogado, temblando debajo de él, sus piernas abiertas y temblorosas alrededor de las caderas de Naruto.
Su único brazo subió, torpemente, para agarrarse de los hombros firmes de su esposo, buscando un ancla mientras Naruto lo llenaba, suave y tortuosamente profundo.
—Naruto... —susurró ronco, la voz quebrándosele en cada empuje, entre placer y vulnerabilidad.
Naruto pegó sus frentes sudadas, acariciando con su nariz la de Sasuke, sus ojos azules clavados en los suyos con una ternura abrasadora.
—Te amo —murmuró, sin reservas, como una promesa eterna.
Y con cada palabra, empujaba dentro de él con más amor, con más hambre, como si pudiera fundirse en su interior.
Sasuke cerró los ojos, dejando que una lágrima, mezcla de éxtasis y emoción, resbalara por su mejilla.
Naruto la atrapó con un beso suave, moviéndose lento, profundo, llenándolo como si su amor pudiera marcarse en su cuerpo para siempre.
Sus caderas se mecían, pausadas, rozando en ángulos perfectos, acariciando ese punto interno que hacía a Sasuke estremecerse con cada embestida.
—Siempre vas a ser mío... —susurró Naruto contra su boca, besándolo con ternura sucia, lengua contra lengua, pasión y devoción entrelazadas.
Los gemidos de Sasuke se mezclaron con los gruñidos graves de Naruto, cada sonido ahogado contra sus bocas, mientras el calor crecía otra vez, lento pero implacable.
Naruto acarició el costado de Sasuke, su único brazo, su cintura, su muslo tembloroso, tocándolo con una mezcla perfecta de rudeza y adoración, como si cada parte de su cuerpo mereciera ser amada hasta la locura.
El placer los envolvía como una tormenta dulce y salvaje.
Sasuke apenas pudo murmurar entre jadeos:
—Más... Naruto... más...
Naruto obedeció, profundizando las estocadas, cada movimiento arrastrado y brutalmente tierno, construyéndolos lentamente hacia otro clímax inevitable.
Sus cuerpos sudaban, resbalaban uno contra el otro, fundidos en algo más grande que el placer físico.
Y cuando finalmente el mundo estalló otra vez a su alrededor, cuando Sasuke se corrió gemiendo contra su pecho y Naruto se derramó dentro de él en un gruñido animal, sabían que ese momento era suyo, solo suyo, intocable, eterno.
Cuando el temblor de sus cuerpos fue cediendo, Naruto se inclinó para darle un beso suave, lento, apenas un roce cargado de cariño y deseo satisfecho.
Sasuke cerró los ojos un momento, respirando el calor de Naruto, su aliento, su amor.
Pero al separarse, vio de reojo a su yo joven aún ahí, recostado, exhausto, las mejillas encendidas, la mirada perdida en ellos.
Sasuke adulto soltó una risa baja, ronca, mientras acariciaba con torpeza el cabello sudado de Naruto.
—Perdón... —murmuró, girándose un poco para mirar a su versión adolescente—. Siempre tenemos mucho aguante... —agregó, con una sonrisa ladeada, casi burlona hacia sí mismo.
Luego, su expresión se volvió un poco más seria, aunque sin dureza.
—Pero que quede claro... —dijo, mirándolo con sus ojos oscuros cargados de posesividad—. Yo soy su presente. —Rozó los labios de Naruto con los suyos, firme, reclamándolo sin necesidad de palabras—. A ti —se dirigió a su yo joven, ladeando apenas la cabeza—... te toca ir con tu Naruto.
Sasuke joven parpadeó, confuso, el rostro aún encendido, mientras Naruto simplemente sonreía, acariciando la espalda desnuda de su esposo, enredando los dedos en su cabello oscuro.
El lazo entre ellos era absoluto, inquebrantable. No importaba el tiempo, no importaba cuántas versiones de ellos existieran.
Naruto era suyo.
Y él, siempre, sería de Naruto.
Sasuke joven desvió la mirada, tratando de disimular la punzada de celos que le atravesó el pecho. No entendía bien por qué se sentía así —era suyo también, ¿no?—, pero ver la forma en que Naruto y su yo adulto se miraban, se tocaban, lo hacía sentirse de más, como una sombra fuera de lugar.
Naruto, que no dejaba de observarlo de reojo, notó enseguida el leve fruncimiento en sus cejas, la forma en que sus labios apretados temblaban apenas.
Sonrió con ternura.
Soltando una mano de la cintura de Sasuke adulto, se estiró hacia adelante, acercándose a su joven versión. Con cuidado, como si no quisiera asustarlo, tomó su rostro entre sus dedos cálidos.
—No pongas esa cara, teme... —murmuró, con voz ronca pero suave.
Antes de que Sasuke joven pudiera replicar, Naruto se inclinó y le estampó un besito corto en los labios, cálido, reconfortante, lleno de cariño.
—Tú también eres importante para mí... —susurró, su aliento chocando contra la piel sensible de su boca—. Siempre lo fuiste.
Sasuke joven se quedó helado un segundo... antes de que sus mejillas enrojecieran hasta las orejas. Sus labios se entreabrieron, temblorosos, mientras el calor se acumulaba de nuevo en su pecho, de una manera distinta, más dulce, más dolorosa.
Naruto rió bajito ante su expresión, acariciándole una mejilla con el pulgar.
—Y no te preocupes... —añadió, mirando primero a su joven Sasuke, luego a su esposo—. No importa en qué tiempo, siempre voy a elegirte a ti.
Sasuke adulto sonrió de lado, orgulloso, mientras su yo joven, visiblemente abrumado, solo podía asentir en silencio, luchando por contener las emociones que amenazaban con desbordarlo.
Naruto sostuvo el rostro de Sasuke joven entre sus manos, con una suavidad que contrastaba con la intensidad de su mirada azul, vibrante, fija en él como si fuera lo más importante en todo el mundo.
Apenas rozó su frente contra la suya, respirando juntos, compartiendo ese momento íntimo.
—No importa lo que hagas... —susurró Naruto, con voz baja y firme, como un juramento antiguo que no podía romperse—.
No importa lo que digas.
Siempre voy a perseguirte, Sasuke.
El joven tragó saliva, sus pupilas dilatándose, el pecho apretándole dolorosamente.
—Siempre. —Naruto rozó sus labios de nuevo, apenas un suspiro—. Así era cuando tenía dieciséis... —añadió, con una sonrisa leve, cargada de amor y un dejo de nostalgia—. Y créeme... tu Naruto de esa época también siente lo mismo.
Sasuke joven sintió que algo le estallaba dentro, algo tibio, algo que llevaba tiempo reprimiendo, algo que no podía seguir negando.
El vínculo era real.
El lazo era inevitable.
La elección ya estaba hecha, desde siempre.
Naruto, viendo cómo su joven versión temblaba ligeramente bajo su toque, soltó una última caricia en su mejilla, plantándole otro besito rápido, casi juguetón, antes de dejarlo respirar.
—Así que más te vale regresar y no perderme, ¿eh? —bromeó suavemente, pero había un brillo verdadero de anhelo en sus ojos.
Sasuke adulto, desde detrás, los observaba en silencio, una pequeña sonrisa de satisfacción en sus labios.
Porque sabía que, al final, ellos dos siempre se encontrarían.
No importaba el tiempo.
No importaban las circunstancias.
Siempre serían Naruto y Sasuke.
El portal chisporroteaba frente a ellos, inestable pero abierto, iluminando la sala con destellos azulados y vibrantes.
—Listo —anunció Shikamaru, secándose el sudor de la frente—. Solo tienes unos segundos para cruzarlo, no lo desperdicies.
Naruto sonrió, aunque su corazón dolía un poco.
Sasuke joven asintió con gravedad, pero no se movió de inmediato. En lugar de eso, se giró, sus ojos negros fijos en los de Naruto.
Hubo un segundo de silencio.
Y entonces, antes de que nadie pudiera reaccionar, Sasuke corrió hacia él.
Naruto abrió los ojos, sorprendido, justo cuando el muchacho se lanzó a sus brazos y le tomó el rostro con ambas manos, tirando de él en un beso profundo, hambriento, desesperado.
El beso fue torpe al principio, pero pronto Naruto respondió, sujetándolo firmemente de la cintura, sintiendo el temblor en el cuerpo más pequeño.
Todo duró apenas unos segundos, pero en la mente de ambos se grabó para siempre.
Cuando se separaron, Sasuke jadeaba, sus labios rojos e hinchados, los ojos brillantes de algo que ni siquiera intentó disimular.
—Tsk —chasqueó la lengua Sasuke adulto, que los observaba apoyado contra la pared, cruzado de piernas—. Supongo que no me sorprende que incluso yo fuera tan descarado.
El joven Sasuke le dirigió una última mirada, como un desafío silencioso, y luego, sin volverse atrás, corrió hacia el portal.
Un destello de luz.
Un golpe de viento.
Y Sasuke de dieciséis años desapareció, devuelto a su época.
El silencio se extendió en la habitación.
Naruto, todavía tocándose distraídamente los labios, soltó una risa baja.
—Definitivamente eras igual de intenso de joven —comentó, divertido, mirando de reojo a su Sasuke adulto.
—Y no cambió mucho, ¿verdad? —respondió este, acercándose para plantarle un beso en la mejilla, como reclamándolo.
Naruto sonrió, envolviendo su cintura con un brazo.
—No, y menos mal. —Se inclinó para susurrarle al oído—.
Me gustas más así... totalmente mío.
