Work Text:
La habitación estaba en silencio, excepto por el leve zumbido del aire acondicionado. Shidou Ryuusei abrió los ojos lentamente, sintiendo una extraña sensación de ligereza en su cuerpo. No era el peso de los años, ni la fatiga acumulada de una vida llena de entrenamientos excesivos y arrepentimientos. No, esto era diferente. Se sentía... joven.
Se incorporó en la cama, mirando a su alrededor. Reconoció al instante el lugar: el dormitorio compartido de Blue Lock. Las paredes blancas, las literas, el olor a limpieza clínica que siempre lo había perseguido en ese lugar. Pero no podía ser. Él había muerto. Había cerrado los ojos por última vez a los cuarenta años, con el peso de una vida salvaje y vacía que había dejado escapar lo que más amaba.
Se levantó de un salto, casi tropezando con sus propias piernas, y se dirigió al espejo del baño. Lo que vio lo dejó sin aliento. Su rostro, joven y lleno de vitalidad, lo miraba fijamente. No había arrugas, no había rastros de la amargura que había cargado durante años. Estaba de vuelta. De alguna manera, estaba de vuelta en Blue Lock, una mirada a la fecha en su teléfono y descubrió que estaba en medio de la Liga Neo Egoísta.
Shidou se apoyó en el lavabo, respirando profundamente. Los recuerdos de su vida pasada inundaron su mente como una marea implacable. Rin. Siempre Rin. Itoshi Rin, con su mirada fría y su corazón roto que Shidou había logrado tocar, solo para destrozarlo aún más. Recordó la noche en que todo se había ido al infierno. Recordó susurrar el nombre de Sae en medio de la intimidad, recordó la expresión de dolor y traición en los ojos de Rin. Recordó cómo Rin se había alejado de él, cómo había sanado sin él, cómo había encontrado consuelo en los brazos de Nanase.
Las lágrimas de Rin...su cobardía.
Un dolor agudo atravesó su pecho, y Shidou apretó los puños con fuerza. En medio de todo ese estado de confusión y recuerdos, le vino el pensamiento... tenía una segunda oportunidad. Podía hacerlo bien. Esta vez sería diferente. Esta vez no cometería el mismo error. Esta vez, protegería lo que más le importaba.
"Rin," murmuró, su voz temblorosa pero llena de determinación. "Esta vez, lo haré bien." Que importaba el porque regreso, por que él o como sucedió, tenía una misión, tenía una meta.
Se vistió rápidamente, sintiendo una energía que no había sentido en años. Cada movimiento era una revelación, cada respiración un recordatorio de que tenía una segunda oportunidad. No iba a desperdiciarla. No iba a dejar que el pasado se repitiera.
Cuando salió al campo de entrenamiento, el sol brillaba con una intensidad casi cegadora. Los demás jugadores ya estaban allí, riendo, compitiendo, viviendo sus vidas sin saber lo que Shidou sabía. Y entonces lo vio. Itoshi Rin, con su cabello negro y su expresión seria, practicando tiros al arco con una concentración inquebrantable.
Shidou se detuvo, observándolo desde la distancia. El corazón le latía con fuerza, una mezcla de nostalgia, dolor y esperanza. Rin era tan joven, tan lleno de potencial, tan... hermoso. Shidou sintió una oleada de emociones que no podía contener. Quería correr hacia él, abrazarlo, decirle que lo sentía, que nunca lo había dejado de amar. Pero sabía que no podía. No todavía.
*"Esta vez," se dijo a sí mismo, "lo haré bien. No voy a arruinarlo. No voy a perderte otra vez."
Con un suspiro, Shidou se acercó al campo, listo para enfrentar su nueva vida. Esta vez, no sería el hombre que había sido. Esta vez, sería alguien mejor. Alguien que mereciera a Rin. Alguien que pudiera amarlo de la manera en que siempre debió hacerlo.
000
Shidou se sentó en el borde de la cama, frotándose la cara con las manos. Los recuerdos de su vida pasada seguían golpeándolo como olas en una tormenta. No solo estaba de vuelta en Blue Lock, sino que había renacido en un momento particularmente complicado. Un momento en el que él y Rin eran enemigos declarados, dos fuerzas opuestas que chocaban constantemente en el campo y fuera de él.
"Mierda," murmuró, dejando escapar una risa amarga. "¿En serio tenía que ser ahora?"
La maravilla del renacimiento había pasado y ahora venían las dificultades del mismo.
Recordó con claridad ese período. En su juventud, él había disfrutado molestando a Rin. Le encantaba provocar al genio malhumorado, sacarlo de sus casillas con comentarios hirientes y sonrisas burlonas. Era un juego para él, una forma de entretenerse en medio de la presión constante de Blue Lock. Pero ahora, con la sabiduría de su vida pasada, Shidou veía las cosas de manera diferente. Había sido un idiota. Un idiota que no entendía el dolor que Rin cargaba en su corazón.
Y para empeorar las cosas, Rin acababa de romper con Isagi Yoichi. Shidou recordaba vagamente los rumores que circulaban en ese momento. Isagi había traicionado a Rin al aliarse con Kaiser, y Rin, que ya era desconfiado por naturaleza, se había cerrado aún más. El dolor de la traición lo había convertido en una fortaleza impenetrable, y Shidou, en su estupidez juvenil, había aprovechado cada oportunidad para frotar sal en la herida.
"Qué idiota fui," susurró Shidou, apoyando la cabeza en sus manos. "Él estaba sufriendo, y yo solo lo empeoré."
Pero ahora tenía una segunda oportunidad. Una oportunidad para hacer las cosas bien. Sin embargo, no sería fácil. Rin no confiaba en nadie en ese momento, y menos en Shidou. Ganarse su corazón sería una tarea monumental, especialmente considerando que Shidou ya había quemado cualquier puente que pudiera haber existido entre ellos.
Shidou se recostó en la cama, mirando el techo. Sabía que no podía acercarse a Rin de la misma manera que antes. No podía ser el mismo Shidou arrogante y provocador que Rin despreciaba. Tenía que ser diferente. Tenía que ser mejor.
"Pero ¿por dónde empiezo?" se preguntó, sintiendo un nudo de frustración en el estómago. Rin estaba herido, enojado y desconfiado. Cualquier intento de acercamiento sería visto con sospecha, y Shidou no podía permitirse cometer un error. No esta vez.
Recordó la forma en que Rin había sanado en su vida pasada, cómo había encontrado consuelo en Nanase. Shidou sintió un dolor punzante en el pecho al pensar en eso. No podía permitir que eso sucediera de nuevo. No podía permitir que Rin se alejara de él otra vez.
"Tendré que ser paciente," se dijo a sí mismo, cerrando los ojos. "Tendré que ganarme su confianza, poco a poco. No puedo apresurar las cosas. No puedo permitirme ser el mismo imbécil de antes."
Con un suspiro, Shidou se levantó de la cama y se dirigió hacia la ventana. Afuera, el sol brillaba si cerraba los ojos, podía ver con claridad el campo de entrenamiento donde los jugadores corrían de un lado a otro, llenos de energía y determinación. Y Rin estaba allí, en medio de todo, practicando tiros al arco con una intensidad que hacía que los demás se detuvieran a mirar.
La imagen era clara en su mente.
Shidou lo observó durante un momento, sintiendo una mezcla de admiración y dolor. Rin era increíble, siempre lo había sido. Pero también estaba roto, y Shidou sabía que no podía arreglarlo de la noche a la mañana. Tendría que ser cuidadoso, tendría que ser constante. Tendría que demostrarle a Rin que podía confiar en él, que no era como los demás.
"Esta vez," murmuró Shidou, apretando los puños. "Esta vez, lo haré bien. No importa cuánto tiempo me lleve. No importa cuánto tenga que esperar. Esta vez, no te perderé."
Con esa determinación en su corazón, Shidou salió de la habitación, listo para enfrentar el desafío más grande de su vida. Esta vez, no sería el antagonista. Esta vez, sería la persona que Rin necesitaba. Y no descansaría hasta que Rin lo viera, hasta que Rin lo creyera.
000
Shidou Ryuusei caminaba por los pasillos de Blue Lock con una calma que contrastaba enormemente con la energía caótica que solía irradiar en su juventud. El Shidou de 40 años había aprendido a medir sus palabras, a pensar antes de actuar. Ya no era el joven impulsivo que vivía para provocar y divertirse a costa de los demás. Ahora, cada paso que daba, cada mirada que lanzaba, estaba calculado. Sabía que no podía permitirse el lujo de ser el mismo "loco" que Rin despreciaba.
"Qué raro," pensó Shidou, mirándose las manos. "Tener esta energía otra vez... pero no sentirla como antes."
Su cuerpo joven era una máquina perfecta: ágil, rápido, lleno de fuerza explosiva. Pero su mente, la de un hombre que había vivido una vida entera, no podía simplemente dejarse llevar por la adrenalina como antes. Cada movimiento, cada decisión en el campo, estaba influenciado por la experiencia de sus años. Ya no era solo un depredador que confiaba en su instinto; ahora era un estratega.
Y ahora podía ver los cambios en su cuerpo y mente.
El primer entrenamiento fue una revelación para Shidou. Su cuerpo respondía como lo hacía en su juventud, pero su mente no podía evitar analizar cada detalle. En su vida pasada, su estilo de fútbol había sido puro caos controlado: movimientos impredecibles, tiros imposibles y una energía que desconcertaba a sus rivales. Pero ahora, con la experiencia de un adulto, Shidou comenzó a notar patrones, oportunidades que antes habría ignorado.
"Puedo hacerlo mejor," pensó mientras corría por el campo. "No necesito ser solo un monstruo. Puedo ser más."
En lugar de depender únicamente de su físico, Shidou comenzó a combinar su estilo explosivo con una precisión calculada. Sus compañeros de equipo notaron el cambio. Donde antes había pura agresividad, ahora había inteligencia. Donde antes había egoísmo, ahora había visión de equipo. Shidou seguía siendo un delantero letal, pero ahora era algo más: un jugador completo.
"¿Qué te pasó, Shidou?" le preguntó Karasu en un momento de descanso, con una sonrisa intrigada. "Pareces... diferente."
Shidou solo sonrió, sin dar una respuesta directa. Sabía que no podía explicar lo que le había sucedido, pero tampoco le importaba. Lo único que le importaba era Rin.
Y Rin era otra situacion tambien complicada.
Rin Itoshi era como un gato callejero: herido, desconfiado y listo para atacar ante la menor provocación. Shidou lo observaba desde lejos, recordando cómo, en su vida pasada, había disfrutado de molestar al genio malhumorado. Pero ahora, cada vez que veía a Rin, sentía un dolor en el pecho. Sabía que Rin estaba sufriendo, y sabía que él mismo había contribuido a ese sufrimiento.
"No puedo acercarme de golpe," pensó Shidou. "Tengo que ser cuidadoso. Tengo que ganarme su confianza."
Shidou comenzó con pequeños gestos. En lugar de burlarse de Rin, lo ignoraba. En lugar de provocarlo, lo observaba en silencio. Cuando Rin hacía un gol impresionante, Shidou no soltaba un comentario sarcástico, sino un simple asentimiento de respeto. Era un cambio sutil, pero significativo.
Un día, después de un entrenamiento particularmente agotador, Shidou se acercó a Rin mientras este se sentaba solo en las gradas, bebiendo agua. Rin lo miró con desconfianza, listo para alejarse, pero Shidou no dijo nada. Simplemente se sentó a su lado, a una distancia segura, y miró al campo.
"¿Qué quieres?" preguntó Rin finalmente, su voz fría como el hielo.
"Nada," respondió Shidou, sin mirarlo. "Solo estoy descansando."
Rin lo miró con escepticismo, pero no se fue. Era un pequeño avance, pero para Shidou, era una victoria.
Pasaron los días.
Con el tiempo, Shidou comenzó a interactuar más con Rin, pero siempre con cuidado. No intentaba forzar una conversación, ni mucho menos una conexión. Simplemente estaba allí, presente, demostrando con acciones que ya no era el mismo Shidou que Rin despreciaba.
Una tarde, después de un partido especialmente intenso, Rin se quedó en el campo practicando tiros al arco. Shidou lo observó desde la distancia, admirando su técnica impecable. Finalmente, decidió acercarse.
"Ese último tiro fue impresionante," dijo Shidou, una sonrisa en su rostro, pero menos salvaje, más suave. "Pero podrías ajustar un poco el ángulo de tu pie izquierdo. Te daría más precisión."
Rin lo miró con sorpresa, como si no pudiera creer que Shidou le estuviera dando un consejo útil en lugar de una burla. Por un momento, pareció que iba a ignorarlo, pero luego asintió levemente.
"Gracias," murmuró Rin, casi inaudiblemente.
Shidou sonrió para sí mismo. Era un pequeño paso, pero era un comienzo. Sabía que ganarse la confianza de Rin no sería fácil, pero estaba dispuesto a esperar. Esta vez, no iba a arruinarlo. Esta vez, lo haría bien.
No todo era perfecto, por supuesto algo debía salir mal en algún momento.
Shidou había logrado mantener la calma durante días. Había sido paciente, cuidadoso, calculador. Pero todo eso se vino abajo la primera vez que vio a Nanase junto a Rin.
Fue durante un entrenamiento en equipo. Rin y Nanase estaban en el mismo grupo, y Shidou no pudo evitar observarlos desde la distancia. Nanase, con su sonrisa amable y su actitud servicial, seguía a Rin como una sombra, ofreciéndole pases precisos y palabras de aliento. Rin, aunque frío como siempre, parecía tolerar su presencia más que la de los demás.
"Claro," pensó Shidou, sintiendo un nudo en el estómago. "Nanase siempre fue así. Paciente. Persistente. Todo lo que yo no fui."
Nanse había ganado una competencia sin siquiera competir, simplemente siendo amable.
En su vida pasada, Shidou había subestimado a Nanase. Lo había visto como un jugador mediocre, alguien que nunca podría competir con él. Pero al final, había sido Nanase quien se había ganado el corazón de Rin. Nanase, quien había estado allí cuando Rin más lo necesitaba. Nanase, quien había sido todo lo que Shidou no pudo ser.
Nanse quien nunca solto a Rin.
Shidou intentó ignorar la sensación de incomodidad que lo invadía cada vez que veía a Nanase cerca de Rin. Sabía que, en este momento, Nanase no representaba una gran amenaza. El Nanase de ahora era joven, inseguro y todavía no había desarrollado la paciencia y la determinación que lo habían llevado a ganarse a Rin en el futuro. Pero eso no importaba. Para Shidou, Nanase era un recordatorio constante de su propio fracaso.
De lo que puso ser, de lo que perdió.
"¿Por qué él?" pensó Shidou, apretando los puños mientras observaba a Nanase pasarle el balón a Rin. "¿Por qué no yo?"
Pero al final sabía la respuesta, el joven Shidou el antiguo yo, nunca mereció a Rin, incluso ahora tampoco lo merecía, pero él era egoísta, muy egoísta y no quería volver a perder a Rin.
Los celos lo consumían por dentro, pero lo que más lo atormentaba era el miedo. El miedo a que, a pesar de todo, la historia se repitiera. El miedo a que, al final, Rin eligiera a Nanase otra vez. Porque Nanase había sido todo lo que Shidou no pudo ser: paciente, amoroso, constante. Todo lo que Shidou había arruinado con su arrogancia y su egoísmo.
Shidou no soportaría perder a Rin de nuevo.
También sabía que no podía permitirse actuar por impulso. No podía permitirse ser el mismo Shidou arrogante y celoso que había sido en el pasado. Pero cada vez que veía a Nanase sonreírle a Rin, sentía que algo dentro de él se desmoronaba.
"No es justo," pensó, mordiéndose el labio. "Lo amo tanto, lo amo más que nadie. ¿Por qué no pudo ser lo que él necesita Rin?"
Pero Shidou también sabía que no podía culpar a Nanase. Nanase no había hecho nada malo. Al contrario, había sido todo lo que Rin necesitaba: un amigo leal, un compañero comprensivo, alguien que lo había aceptado tal como era. Shidou, en cambio, había sido todo lo contrario. Había sido egoísta, impulsivo y, al final, destructivo.
No había nadie quien mereciera a Rin que Nanase, pero...
Pero fue en otra vida.
Una tarde, después de un entrenamiento particularmente agotador, Shidou se quedó en el campo practicando tiros al arco. Necesitaba despejar su mente, necesitaba liberar la frustración que lo consumía. Pero no importaba cuántos goles marcara, no podía sacarse a Nanase de la cabeza.
"¿Qué tengo que hacer?" se preguntó, mirando al cielo. "¿Cómo puedo competir con alguien como él?"
Shidou sabía que no podía ser como Nanase. No podía fingir ser alguien que no era. Pero también sabía que no podía seguir siendo el mismo Shidou de antes. Tenía que encontrar un equilibrio, una manera de demostrarle a Rin que podía ser diferente. Que podía ser mejor.
Pero Shidou Ryuuser siempre sería un idiota.
Fue durante un partido de práctica que Shidou finalmente perdió el control. Rin y Nanase estaban jugando juntos, como siempre, y Shidou no pudo evitar sentir que algo dentro de él se rompía. Cuando Nanase le pasó el balón a Rin y este marcó un gol espectacular, Shidou sintió que algo en él estallaba.
"¡Eh, Nanase!" gritó Shidou, con una sonrisa forzada. "¿No te cansas de ser su perrito faldero?" Inclinó la cabeza, esa expresión salvaje volviendo a su rostro "¿O solo te lo quieres follar? Y buscas su favor así?"
Mierda no.
El campo se quedó en silencio. Todos sabían que Shidou era provocador, pero este comentario había cruzado una línea. Rin lo miró con frialdad, mientras que Nanase bajó la mirada, avergonzado.
El gruñido de Rin resonó en el campo"Cállate, Shidou," dijo Rin, su voz llena de desprecio. "No tienes derecho a hablar." lo único que lo detuvo de no avanzar hacia Shidou e iniciar una pela fue el propio Loki quien recien aparecio y ordenó calma.
Rin frunció el ceño y le dio la espala al rubio sin querer verlo más.
Shidou sintió que el mundo se le venía encima. Su maldita boca sin filtro lo saboteo y no podía culpar a nadie más que a si mismo.
Había arruinado todo, otra vez. Pero esta vez, no podía permitirse rendirse. Tenía que arreglarlo.
Después del entrenamiento, Shidou buscó a Nanase. Lo encontró en el vestuario, guardando sus cosas en silencio. Shidou respiró profundamente antes de acercarse.
"Oye, Nanase," dijo, con un tono que pensó era suave, que se sepa que Shidou Ryuusei no era suave con nadie más que con Rin (en el futuro al menos). "Lo de antes... fue una estupidez. No debería haber dicho eso." se llevo una mano a la cabeza, sacudiendo su cabello, esto de disculparse no era lo suyo.
Nanase lo miró con sorpresa, como si no pudiera creer que Shidou se estuviera disculpando.
"Está bien," dijo Nanase, con una sonrisa tímida. "No te preocupes." luego su sonrisa disminuyó un poco, observo al más alto con nerviosismo "Pero deberias hablar con Rin-san, estaba muy molesto por ese ultimo comentario" el cual fue totalmente inapropiado y horrible.
Esperaba que Shidou se disculpara con Rin-san.
Shidou asintió, sintiendo un peso menos en su pecho. Sabía que no podía cambiar el pasado, pero tal vez, solo tal vez, podía construir un futuro diferente. Esta vez, no iba a dejar que los celos y el miedo lo controlaran. Esta vez, iba a ser mejor.
000
Shidou tenía un plan.
Shidou había aprendido a ser paciente. Sabía que no podía apresurar las cosas con Rin, pero también sabía que tenía herramientas a su disposición. Una de ellas era su físico. En su vida pasada, no había descuidado su cuerpo con los años, se enorgullecía de su fisico y ahora con un cuerpo joven y en plena forma, estaba decidido a aprovecharlo al máximo.
"A Rin siempre le gustaron los cuerpos entrenados," pensó Shidou, mirándose en el espejo después de una ducha. "Y yo tengo uno de los mejores." recordaba bien como Rin no parecía tener suficiente de pasar sus manos por sus músculos, era una de las tantas cosas entrañables que Rin le había demostrado en la intimidad.
Con esa idea en mente, Shidou comenzó a ser más consciente de su apariencia. Se aseguraba de que su camiseta quedara ajustada, de que sus músculos se vieran definidos bajo la luz del sol. No era algo obvio, sino sutil. Una mirada aquí, un gesto allá. Quería que Rin lo notara, pero sin que pareciera que lo estaba haciendo a propósito.
Su plan era infalible.
Shidou comenzó a acercarse a Rin de maneras pequeñas pero significativas. En lugar de provocarlo, lo observaba desde lejos, esperando el momento adecuado para interactuar. Cuando Rin se quedaba después del entrenamiento para practicar tiros al arco, Shidou se quedaba también, pero no para molestarlo. Simplemente estaba allí, trabajando en su propio juego, mostrando su dedicación.
Una tarde, mientras Rin practicaba tiros libres, Shidou se acercó con una botella de agua en la mano.
"Toma," dijo, ofreciéndole la botella. "Te lo has ganado."
Rin lo miró con desconfianza, pero finalmente aceptó la botella con un leve asentimiento.
"Gracias," murmuró, sin mirarlo a los ojos.
Shidou sonrió para sí mismo. Era un pequeño avance, pero era algo. Sabía que tenía que ganarse la confianza de Rin poco a poco, migaja a migaja.
Un día, durante un entrenamiento particularmente intenso, Shidou decidió quitarse la camiseta. El sol brillaba sobre su piel sudorosa, resaltando cada músculo de su torso. No era algo que hiciera normalmente, pero sabía que Rin lo notaría.
Y lo notó.
Shidou vio cómo los ojos verdes de Rin se detenían en él por un momento más de lo necesario. No fue algo obvio, pero Shidou lo captó. Rin desvió la mirada rápidamente, pero el mensaje estaba claro: le gustaba lo que veía.
"Funcionó," pensó Shidou, sintiendo una oleada de satisfacción. "Ahora solo tengo que seguir así." resistiendo el impulso de pavonearse como un semental Shidou continuo con lo suyo, sonriendo secretamente cuando sentía la mirada verde sobre su cuerpo, de un chico que pensó era astuto.
Rin era tan lindo.
000
Con el tiempo, Shidou comenzó a interactuar más con Rin, pero siempre con cuidado. No intentaba forzar una conversación, pero estaba atento a las oportunidades. Una tarde, después de del partido contra Ubers, se sentó junto a Rin en las gradas, manteniendo una distancia respetuosa.
"Buen partido," dijo Shidou, rompiendo el silencio. "Ese último tiro fue impresionante." No mentía, ese ultimo gol de Rin había sido uno del que internet hablo durante días.
Rin lo miró de reojo, como si no pudiera creer que Shidou le estuviera dando un cumplido sincero.
"Gracias," respondió Rin, con un tono neutral, porque ¿Como ser grosero cuando alguien era amable contigo? Rin no era un idiota.
Shidou sonrió, notando cómo Rin no se alejaba de inmediato. Era un pequeño avance, pero significativo. Sabía que tenía que seguir así, mostrando su mejor versión sin ser intrusivo.
---
Fue durante un entrenamiento en equipo que Shidou finalmente logró captar la atención de Rin de una manera más directa. Habían estado jugando un partido intenso, y Shidou había marcado un gol espectacular, mostrando no solo su habilidad, sino también su físico en plena acción. Cuando terminó el partido, Rin se acercó a él, con una expresión que Shidou no podía descifrar.
"Ese gol fue impresionante," dijo Rin, con un tono que casi parecía admirativo.
Shidou sonrió, sintiendo que algo dentro de él se encendía.
"Gracias," respondió, manteniendo la calma. "Solo estoy tratando de mejorar."
Rin lo miró por un momento, como si estuviera evaluándolo. Luego, asintió levemente antes de alejarse.
Shidou sabía que todavía tenía un largo camino por recorrer. Ganarse la confianza de Rin no sería fácil, pero estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario. Esta vez, no iba a arruinarlo. Esta vez, iba a ser mejor.
"Poco a poco," pensó Shidou, mirando a Rin desde la distancia. "Te ganaré, migaja a migaja."
---
000
El ambiente en el estadio era eléctrico. El equipo de Shidou y Rin se enfrentaba al de Isagi y Kaiser en lo que prometía ser un partido épico. Shidou, desde su posición en el campo, observaba a Rin con atención. Sabía que este partido era importante, no solo por la competencia, sino porque marcaba el final de una etapa.
Rin estaba en su elemento, luchando con una intensidad que hacía que todos a su alrededor parecieran insignificantes. Pero Shidou notó algo más: Rin estaba desesperado. Desesperado por demostrar algo, por superar a Isagi y Kaiser, por demostrar que no necesitaba a nadie más.
"Está luchando solo," pensó Shidou, sintiendo una mezcla de admiración y frustración. "No me dejará ayudarlo."
Y así fue. Rin se negó a pasarle el balón a Shidou, incluso cuando estaba en una posición perfecta para marcar. En lugar de eso, intentó hacerlo todo por su cuenta, chocando una y otra vez contra la defensa impenetrable de Kaiser y la astucia táctica de Isagi.
Shidou sabía como terminaría esto.
No podía hacer nada para cambiarlo.
---
Al final, el resultado fue el mismo que en su vida pasada: perdieron. El silbato final sonó, y Shidou vio cómo el cuerpo de Rin se tensaba, cómo sus puños se apretaban con furia. Pero lo que más llamó la atención de Shidou fue la expresión en el rostro de Rin. No era solo enojo o frustración; era algo más profundo. Era como si algo dentro de él se hubiera roto.
"Es ahora," pensó Shidou, observando cómo Rin se alejaba del campo sin mirar atrás. "Es el momento en que deja ir cualquier sentimiento hacia Isagi."
Shidou sabía que este era un momento crucial. En su vida pasada, había sido testigo de cómo Rin se cerraba por completo después de esta derrota, cómo había cortado cualquier conexión emocional con Isagi. Pero esta vez, Shidou no iba a dejar que Rin se enfrentara solo a ese dolor.
---
Shidou siguió a Rin hasta los vestuarios, esperando afuera de los baños mientras escuchaba el sonido del agua corriendo. Sabía que Rin necesitaba un momento para sí mismo, pero también sabía que no podía dejarlo solo por mucho tiempo.
Finalmente, entró en los baños y encontró a Rin frente al espejo, con el agua goteando de su rostro. El agua sobre mejillas no dejaban claro si en algún momento hubo lágrimas ahí. Sus ojos verdes, normalmente fríos y calculadores, ahora reflejaban una vulnerabilidad que Shidou rara vez había visto.
"Rin," dijo Shidou, con un tono suave pero firme. "Estás bien?"
Rin no respondió de inmediato. Solo lo miró a través del espejo, como si estuviera evaluando si Shidou era digno de su confianza en ese momento.
"No necesito tu compasión," dijo finalmente, con una voz quebrada pero llena de orgullo.
"No es compasión," respondió Shidou, acercándose lentamente. "Es... preocupación."
Rin bajó la mirada, como si no pudiera soportar la intensidad de la mirada de Shidou. Por un momento, pareció que iba a alejarse, pero luego se quedó quieto, como si no tuviera fuerzas para seguir luchando.
---
Shidou no dijo nada más. Simplemente se acercó a Rin y le ofreció un pañuelo, que Rin aceptó con una mano temblorosa. No hubo palabras, no hubo gestos grandiosos. Solo un momento de conexión silenciosa, en el que Shidou demostró que estaba allí, que no iba a abandonar a Rin como los demás lo habían hecho.
Rin no lo miró directamente, pero Shidou notó cómo su cuerpo se relajaba ligeramente, como si hubiera aceptado, aunque fuera de mala gana, el consuelo que Shidou le ofrecía.
"No tienes que hacer esto solo," dijo Shidou finalmente, rompiendo el silencio. "No siempre."
Rin no respondió, pero tampoco se alejó. Y para Shidou, eso era suficiente. Sabía que ganarse la confianza de Rin no sería fácil, pero este momento, este pequeño gesto de aceptación, era un paso en la dirección correcta.
Cuando finalmente salieron de los baños, Shidou notó que Rin caminaba un poco más cerca de él que antes. No era algo obvio, pero estaba allí. Un pequeño cambio, pero significativo.
"Poco a poco," pensó Shidou, sintiendo una oleada de determinación. "Te ganaré, migaja a migaja."
---
000
Dos años después: Francia y el PXG
Francia era todo lo que Shidou recordaba y más. Las calles de París, la arquitectura impresionante, la comida exquisita y, por supuesto, el fútbol de élite. Jugando para el PXG, Shidou había encontrado un nuevo hogar, pero lo más importante era que Rin estaba allí con él. No como un rival, ni como un enemigo, sino como alguien con quien compartía algo más profundo.
Shidou había logrado lo que parecía imposible: una relación genuina con Rin. No eran citas, no eran declaraciones grandiosas, sino momentos simples en los que Rin permitía que Shidou estuviera cerca. Salían a caminar por la ciudad, compartían comidas en silencio, y a veces, solo a veces, Rin sonreía de una manera que hacía que Shidou sintiera que todo el esfuerzo había valido la pena.
---
Este fue un día cualquiera.
Era una tarde fresca de otoño, y Shidou estaba esperando a Rin fuera del estadio. Habían acordado salir a dar un paseo después del entrenamiento, algo que se había convertido en una especie de ritual para ellos. Shidou no lo llamaba una cita, pero en el fondo, sabía que cada momento con Rin era especial.
Y muy en el fondo si pensaba que esto eran citas.
Cuando Rin apareció, con su chaqueta negra y su bufanda envuelta alrededor del cuello, Shidou no pudo evitar sonreír.
"Listo?" preguntó Shidou, con un tono casual pero lleno de entusiasmo."
Rin asintió levemente, sin decir nada, pero Shidou notó cómo sus ojos verdes brillaban ligeramente bajo la luz del atardecer. Era un detalle pequeño, pero para Shidou, significaba el mundo.
Caminaron por las calles de París en silencio, disfrutando de la compañía del otro. Shidou no intentaba forzar una conversación; sabía que Rin apreciaba estos momentos de tranquilidad. Pero de vez en cuando, lanzaba un comentario o una broma, solo para ver cómo Rin reaccionaba.
""¿Sabes la razón por la que dicen que París es la ciudad del amor?" dijo Shidou en un tono juguetón, mirando a Rin de reojo."
Rin lo miró con una expresión que era mitad exasperación, mitad diversión.
"No empieces," dijo Rin, pero Shidou notó cómo las esquinas de su boca se curvaban ligeramente.
---
Con el tiempo, Shidou había notado cómo Rin permitía que se acercara más. Ya no era solo un compañero de equipo o un amigo distante; ahora, Rin confiaba en él de una manera que Shidou nunca había experimentado antes. Rin le permitía entrar en su espacio personal, le compartía pequeños detalles de su vida, y a veces, incluso buscaba su compañía sin que Shidou tuviera que sugerirlo.
Una noche, después de un partido particularmente agotador, Rin se acercó a Shidou en el vestuario.
"¿Vas a salir?" preguntó Rin, con un tono que casi parecía tímido.
Shidou lo miró con sorpresa, pero rápidamente recuperó la compostura.
"Sí, ¿quieres venir?" respondió Shidou, tratando de no sonar demasiado entusiasmado.
Rin asintió, y juntos salieron a caminar por las calles iluminadas de París. No hablaron mucho, pero para Shidou, ese silencio era más elocuente que cualquier palabra. Sabía que Rin no habría hecho eso con cualquiera.
---
Entonces hubo un día.
Fue durante una de esas salidas que Shidou finalmente vio un lado de Rin que pocos habían visto. Estaban sentados en un café, disfrutando de un momento de tranquilidad, cuando Rin comenzó a hablar de su hermano Sae. No era algo que Rin hiciera a menudo, pero esa noche, las palabras salieron como si hubieran estado esperando el momento adecuado.
"A veces pienso en cómo sería todo si Sae no se hubiera ido," dijo Rin, mirando su taza de café. "Si las cosas hubieran sido diferentes."
Cuando Rin mencionó a Sae, Shidou sintió que el mundo se detenía por un momento. No era algo que esperara, y menos en un momento tan tranquilo y íntimo como este. Las palabras de Rin resonaron en su mente, pero lo que más lo impactó fue el eco de su propio pasado.
"Sae," pensó Shidou, sintiendo un nudo en el estómago. "El nombre que arruinó todo."
En su vida pasada, Shidou había estado obsesionado con Sae. No era amor, lo sabía ahora, sino una obsesión tóxica que lo había cegado. Había confundido admiración con deseo, y en el peor momento posible, había susurrado el nombre de Sae en medio de la intimidad con Rin. Ese momento había sido el principio del fin. Rin nunca lo perdonó, y Shidou nunca pudo perdonarse a sí mismo.
Shidou cerró los ojos por un momento, permitiendo que los recuerdos lo inundaran. Recordaba cómo había perseguido a Sae, cómo había idealizado al hermano mayor de Rin, cómo había creído que Sae era todo lo que quería. Pero ahora, con la claridad que le daban los años y la madurez, Shidou entendía que todo había sido una ilusión.
"No era amor," Lo había tenido claro durante años, sintiendo un dolor punzante en el pecho. "Era obsesión. Y destruyó lo único que realmente importaba."
En su vida pasada, Shidou había perdido a Rin por culpa de esa obsesión. Había arruinado la única relación genuina que había tenido, y cuando finalmente se dio cuenta de lo que sentía por Rin, ya era demasiado tarde. Rin había sanado, había seguido adelante, y Shidou se había quedado solo, cargando con el peso de su arrepentimiento.
Pero ahora era diferente. Ahora, Shidou sabía lo que sentía por Rin. No era obsesión, no era idealización. Era algo real, algo profundo. Rin no era un sustituto de Sae, ni nunca lo había sido. Rin era único, irrepetible, y Shidou no iba a permitir que nada ni nadie se interpusiera entre ellos esta vez.
"Rin," pensó Shidou, mirando a su compañero con una mezcla de admiración y cariño. "Eres todo lo que quiero. Todo lo que necesito."
Shidou sabía que no podía cambiar el pasado, pero podía construir un futuro diferente. Esta vez, no iba a soltar a Rin. Nunca.
Pero regresando a la conversación con Rin en el presente.
Shidou lo escuchó en silencio, sabiendo que este era un momento importante. No interrumpió, no hizo comentarios sarcásticos. Simplemente estuvo allí, presente, demostrando que Rin podía confiar en él.
"No puedes cambiar el pasado," dijo Shidou finalmente, con un tono suave pero firme. "Pero puedes construir un futuro diferente." Shidou lo miró directamente a los ojos, con una intensidad que hizo que Rin desviara la mirada por un momento. "No eres tu hermano. Y no es necesario que lo seas."
Rin lo miró con sorpresa, como si no esperara esas palabras. Por un momento, pareció que iba a decir algo, pero en lugar de eso, simplemente asintió, como si hubiera aceptado las palabras de Shidou.
"Lo sé," dijo Rin finalmente, con un tono que casi parecía vulnerable. "Pero a veces es difícil no compararse."
Shidou sonrió, sintiendo una oleada de cariño hacia Rin.
"No tienes que compararte con nadie," dijo Shidou, con un tono que era mitad broma, mitad serio. "Eres el único Itoshi Rin que importa."
Rin no respondió, pero Shidou notó cómo sus mejillas se sonrojaban ligeramente. Era un detalle pequeño, pero para Shidou, significaba el mundo.
Cuando finalmente salieron del café, Shidou sintió que algo había cambiado entre ellos. No era algo obvio, pero estaba allí. Un pequeño paso, pero significativo.
"Poco a poco," pensó Shidou, mirando a Rin mientras caminaban de regreso al hotel. "Te ganaré, migaja a migaja."
Y esta vez, no iba a soltar a Rin. Nunca.
000
El momento había llegado.
El aire en París era fresco, pero cargado de tensión. Shidou y Rin habían salido a caminar después de un partido particularmente intenso. La ciudad estaba iluminada por las luces de la noche, y el sonido del río Sena fluyendo suavemente creaba un ambiente casi mágico. Shidou sabía que este era el momento. No podía esperar más.
Habían estado dando vueltas alrededor de esto durante meses, tal vez años. Shidou había sido paciente, había sido cuidadoso, pero ahora sentía que no podía contenerlo más. Rin estaba allí, a su lado, más cerca que nunca, y Shidou no iba a dejar que esta oportunidad se escapara.
"Rin," dijo Shidou, deteniéndose en medio del puente. "Hay algo que necesito decirte."
Rin se detuvo también, mirándolo con una expresión que era mitad curiosidad, mitad cautela. Sus ojos verdes brillaban bajo la luz de la luna, y Shidou sintió que el mundo se reducía a ese momento, a ese instante.
"¿Qué es?" preguntó Rin, con un tono que casi parecía temeroso.
Shidou respiró profundamente, sintiendo que su corazón latía con fuerza. Sabía que no podía equivocarse, que no podía arruinar esto. No esta vez.
"Te amo," dijo Shidou, con una voz firme pero llena de emoción. "Te amo tanto que duele y con gusto acepto este dolor." tomo las manos de Rin, impidiendo que este huyera "Eres todo lo que necesito, eres todo lo que quiero"
Rin lo miró, y por un momento, Shidou pensó que iba a alejarse, que iba a cerrarse como lo había hecho tantas veces antes. Pero en lugar de eso, Rin bajó la mirada, como si estuviera luchando con algo dentro de él.
"Shidou..." comenzó Rin, pero su voz se quebró.
Shidou no dijo nada. Simplemente esperó, sabiendo que este era un momento crucial. Sabía que Rin necesitaba procesar sus propias emociones, que necesitaba tomar su propia decisión.
Finalmente, Rin levantó la mirada, y Shidou vio algo en sus ojos que nunca había visto antes: vulnerabilidad, pero también aceptación.
"Yo... también te amo," dijo Rin, con un tono que casi parecía un susurro. "No sé cuándo empezó, pero... no puedo negarlo más." las manos que Shidou sostenía temblaban, pero no estaba seguro de quien de los era quien lo hacía.
Shidou sintió que el mundo se detenía. Era todo lo que había esperado, todo lo que había luchado por conseguir. Rin lo amaba. Rin lo amaba a él.
"Rin," dijo Shidou, acercándose lentamente. "¿Puedo...?"
No terminó la frase, pero Rin entendió. Con un movimiento casi imperceptible, asintió, y Shidou cerró la distancia entre ellos.
El beso fue suave al principio, casi tímido, pero rápidamente se intensificó. Shidou sintió que el mundo desaparecía a su alrededor, que todo se reducía a Rin, a sus labios, a sus manos, a su presencia. Era todo lo que había querido, todo lo que había esperado.
Cuando finalmente se separaron, Shidou miró a Rin, sintiendo una oleada de emoción que casi lo dejó sin aliento.
"No te voy a soltar," dijo Shidou, con un tono que era mitad promesa, mitad advertencia. "Nunca."
Rin no dijo nada, pero su expresión lo decía todo. Había aceptado sus sentimientos, había aceptado a Shidou. Y eso era suficiente.
Caminaron de regreso a casa en silencio, pero esta vez, había algo diferente en el aire. Algo más cálido, más íntimo. Shidou sabía que todavía había un largo camino por recorrer, que no todo sería fácil, pero también sabía que no iba a soltar a Rin. Nunca.
"Poco a poco," pensó Shidou, mirando a Rin mientras caminaban de regreso a su casa. "Te gané, migaja a migaja."**
Y esta vez, no iba a soltar a Rin. Nunca.
000
Rin Itoshi no era alguien que se abriera fácilmente. Sus emociones siempre habían sido como un laberinto, lleno de paredes altas y pasadizos oscuros. Pero Shidou Ryuusei había logrado lo imposible: había encontrado la salida.
En los primeros días de Blue Lock, Rin no podía soportar a Shidou. Lo veía como un arrogante, un provocador que solo buscaba llamar la atención. Shidou era todo lo que Rin despreciaba: ruidoso, egocéntrico y, sobre todo, impredecible. Cada vez que Shidou se acercaba, Rin sentía que su paciencia se agotaba un poco más.
"¿Por qué siempre tiene que ser tan molesto?" pensaba Rin, mirando a Shidou desde lejos. "No entiendo cómo alguien puede ser tan insoportable."
Shidou parecía disfrutar de sacarlo de sus casillas, y Rin, aunque no lo admitía, se sentía frustrado por no poder ignorarlo por completo. Había algo en Shidou que lo hacía diferente, algo que Rin no podía entender, pero que tampoco podía ignorar.
---
Con el tiempo, Rin comenzó a notar cambios en Shidou. Ya no era el mismo joven impulsivo y arrogante que había conocido en Blue Lock. Ahora, Shidou era más tranquilo, más reflexivo. Todavía tenía su lado provocador, pero había una profundidad en él que Rin no había visto antes.
"¿Qué le pasó?" se preguntaba Rin, observando a Shidou durante los entrenamientos. "Parece... diferente."
Shidou ya no lo provocaba tanto. En lugar de eso, lo observaba desde lejos, como si estuviera esperando el momento adecuado para acercarse. Y cuando lo hacía, era con una calma que Rin no asociaba con él. Shidou le ofrecía agua después de los entrenamientos, le daba consejos útiles durante los partidos, y a veces, simplemente estaba allí, en silencio, como si su presencia fuera suficiente.
Rin no quería admitirlo, pero comenzó a apreciar esos pequeños gestos. No eran grandiosos, pero eran sinceros. Y eso era algo que Rin no estaba acostumbrado a recibir.
Cuando llegaron al PXG, Rin notó que Shidou estaba más cerca que nunca. Ya no era solo un compañero de equipo; era alguien en quien Rin podía confiar. Shidou no lo presionaba, no lo obligaba a hablar, pero estaba allí, siempre presente, siempre atento.
"¿Por qué sigue aquí?" se preguntaba Rin a veces, mirando a Shidou desde el otro lado del vestuario. "¿Qué quiere de mí?"
Pero en el fondo, Rin sabía la respuesta. Shidou lo quería a él. No le importaba las partes feas de él, lo incompleto que estaba, no lo quería como un trofeo, sino como Rin. Y eso era algo que Rin no podía entender completamente, pero que comenzaba a aceptar.
La noche en que Rin finalmente admitió sus sentimientos, todo cobró sentido. Shidou lo había esperado, lo había apoyado, lo había cuidado de una manera que nadie más lo había hecho. Y Rin, aunque no quería admitirlo, se había enamorado de él.
"Te amo," había dicho Shidou, con una sinceridad que hizo que el corazón de Rin se acelerara.
Y Rin, después de tanto tiempo, después de tantas dudas y miedos, finalmente había respondido:
"Yo... también te amo."
Ahora, caminando por las calles de París con Shidou a su lado, Rin sentía una paz que no había sentido en años. Shidou no era perfecto, pero era real. Y eso era más que suficiente.
"No te voy a soltar," había dicho Shidou, y Rin sabía que era verdad.
Rin no sabía qué les deparaba el futuro, pero sabía que no quería enfrentarlo solo. Con Shidou a su lado, sentía que podía superar cualquier cosa. Y eso, para Rin, era más valioso que cualquier trofeo o victoria.
"Poco a poco," pensó Rin, mirando a Shidou mientras caminaban de regreso a casa "Te dejé entrar, migaja a migaja."
Y esta vez, no iba a soltar a Shidou. Nunca.
000
Había una vez que un travieso gatito despertó y se dio cuenta que la última de sus vidas fue usada. Cuando sus grandes ojos felinos se abrieron y descubrió que volvió al pasado se dio cuenta que esta era su ultima vida.
Y tambien su ultima oportunidad.
El travieso gatito levanto sus ojos al escuchar el casi silencioso sonido de aleteos. La oscuridad no era nada para sus ojos, pudo ver con claridad al pequeño búho.
Su pequeño búho.
El travieso gatito mallo alegre llamando la atención del pequeño búho que lo miraba con curiosidad, sus grandes ojos de búho fijos en la forma del travieso gatito.
"Busco a una gaviota muy amable" le dijo las mismas palabras de la última vez "¿La has visto?" había esperanza en el tono, pero tambíen tristeza.
"No hay gaviotas en la ciudad" repitió sus palabras, pero ahora en un tono amistoso y no divertido como la ultima vez "Pero te vez cansado, puedes ir a descansar en mi guarida" su cola se movía con entusiasmo tras de si.
El pequeño búho lo pensó un momento pero como la vez pasada acepto rápidamente.
El travieso gatito siempre pensó que el pequeño búho no debería aceptar invitaciones tan fácilmente, pero como esta vez le convenia no dijo nada.
Llevo al pequeño búho a su guarida la cual convertiría en un hogar para su pequeño búho.
El travieso gatito quería mucho a su pequeño búho, lo quería mucho.
Y esta vez con la experiencia de toda una vida pasada, guardó sus garras, contuvo sus colmillos y nunca lastimo al pequeño búho.
Convirtió su guarida en un hogar, en un nido donde su pequeño búho podía quedarse para siempre. Esta vez cuido y protegió a su pequeño búho.
Esta vez el pequeño búho decidió terminar su búsqueda y acepto quedarse con el travieso gatito.
Esta vez el viaje del pequeño búho terminó un poco antes, pero aun así también fue feliz.
Fin...
000
