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Las amargas palabras salían de sus labios.
No me importa, no es más que un trabajo, es un asesino… repetía una y otra vez en presencia de Style para mostrar la apariencia de tranquilidad de siempre, pero en el fondo era más que nada para convencerse a sí mismo.
Era todo por el futuro de su hermano, el vivía para y por Babe.
La vida de Kant hace tiempo que había dejado de ser suya, la vida de Kant hace tiempo que había dejado de ser vivida.
Despertarse, cuidar a su hermano, trabajar, pagar las facturas y vuelta a repetir. De vez en cuando, algún encuentro clandestino en un intento de aferrarse a algo, de sentir algo. Pero siempre era tan vacío, una emoción efímera, adrenalina en estado puro… pese a todo, Kant seguía sin estar vivo.
Luego conoció a Bison y por una noche… bueno, parecía que las cosas podrían cambiar. Sintió como si pudiese respirar de nuevo, como si acabase de rejuvenecer y perder todos los años de más que cargaba en su espalda desde el instante en que su vida dejó de ser suya. Se encontró sonriendo tontamente mientras sujetaba el libro de su hermano, como un adolescente con un gran enamoramiento, recordando su aventura de una sola noche con aquel misterioso fantasma.
Pero entonces apareció el Capitán y Kant volvió a ser una marioneta. Cuerdas de acero (o tal vez, en este caso, sería más adecuado decir esposas de acero) rodeaban sus muñecas, dirigiendo todos sus movimientos y toda su vida, clavándose cada vez que intentaba huir de su pasado. Cuando pensaba que era libre, cuando estaba seguro de que en cuanto Babe tuviese la beca podría descansar y vivir su vida… el Capitán aparecía, como siempre, para encadenarlo y obligarlo a hacer todo aquello que no deseaba.
Tenía que enjaular al espíritu libre. Intercambiar su libertad por la suya propia. Quitar la libertad a alguien que se lo había ofrecido aquella noche y que a lo largo de su relación, no hacía más que mostrarle como sería poder ser feliz. La persona que había besado cada uno de sus tatuajes, mirándolo con esa mirada de aceptación, diciéndole con sus ojos brillantes y llenos de cruda sinceridad que amaba cada uno de sus errores porque eran parte de su historia. ¿Cómo podía… cómo podía hacerle esto a él? Las líneas entre el acto y la verdad hacía tiempo que se estaban desdibujando, pero ese momento… dio muerte a su personaje y expuso entre las grietas de su máscara al actor que se encontraba detrás. Por apenas un segundo el verdadero Kant, aquel que hace años que no veía la luz del sol, salía a relucir.
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Se encontraba desnudo frente al espejo, evitando mirar su reflejo.
Odiándose a sí mismo al recordar sus conversaciones con Style. En su egoísmo por no hundirse en el mar que intentaba ahogarlo, había arrastrado con él al fondo a su mejor amigo, su único verdadero amigo. Lo había aplastado hacía abajo en un intento de impulsarse hacía arriba, hacía la libertad y ahora, los dos se encontraban igual de jodidos. Un inocente al que le iban a romper el corazón y un pecador que se lo tendría que romper a sí mismo. En las manos de Kant estaba la destrucción de la felicidad de los dos (Bison y Fadel) y no podía hacer nada para evitarlo.
Se armó de valor para levantar su mirada y observar sus propios ojos. Hace años que Kant no era capaz de hacerlo, lleno de arrepentimientos por todas las cosas horribles que había hecho. Pero esta vez, se lo debía a Bison. Tenía que mirarse a sí mismo, todo lo que odiaba del monstruo en el que se había convertido y todo lo que aborrecía de las acciones que iba a cometer. Debía enfrentarse a las consecuencias y dejar de ignorar lo que había hecho y simplemente seguir a delante con su vida (como lo había hecho las veces anteriores). Esta vez, Kant era consciente de que nada sería igual…
Porque en esta misión Kant iba a romper su propio corazón y esta vez, no sabría si volvería a latir después de ello.
Pero bueno… la vida de Kant hace tiempo que había dejado de ser suya, la vida de Kant hace tiempo que había dejado de ser vivida.
Así que, iba a disfrutar su última noche con Bison, la última vez que Kant estaría vivo.
Y si cada vez que lo acariciaba su mente susurraba perdón, si lo agarraba más fuerte de lo normal gritando en su cabeza que no lo dejase, si intentaba convencerlo para huir juntos (¿A dónde? No lo sabía, sólo lo quería a su lado), si lo besaba bajo las falsas auroras boreales en la bolera que era el lugar donde más real había sido lo suyo (como una perfecta analogía de su relación)… eso era asunto de Kant.
Porque después de esto, sólo volvería a ser un personaje más. Moviéndose gracias al guión que habían escrito para él, haciendo lo que tenía que hacer, pero sin vivir.
Eso era un lujo que no podía permitirse.
