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Había sido un día cansado, cuidar un pequeño de 7 meses no era tarea fácil, sumado al hecho de estar solo, completamente solo. El alpha que pensó había sido el revolcón de una noche le había dejado un recuerdo, un hermoso recuerdo de ojos oceánicos y piel porcelana, no negaba la belleza de su cachorro, era una monada, pero el hecho de ver todos los días esas joyas aguamarina deshacerse en lágrimas era doloroso, no por el hecho de amar a ese tonto he engreído alpha; No, era el recuerdo de lo ocurrido aquella noche.
La rudeza con la que sus caderas fueron tomadas, el ultraje a su piel, una sensación eléctrica recorría su espalda al recordar los feroces besos, roncos gruñidos y mordidas hambrientas; el fantasmal toque sobre sus caderas impulsándolo para penetrar cada vez más rápido y profundo, el ardor de sus entrañas finalmente aliviado por una cantidad copiosa de esperma… Era algo digno de recordar como un buen polvo de una noche, sin embargo heló aquí sosteniendo sobre su regazo al producto bastardo que no dejaba de succionar sus tetas.
Los lúcidos recuerdos se vieron interrumpidos cuando un agudo dolor lo sacó sus fantasías, los pequeños dientes de conejito de Megumi se habían enterrado como ya le era costumbre en sus maltratados pezones, el cachorro estaba en proceso de detentar y no había nada más doloroso que esos pequeños dientecillos desgarrándolo. Despegó a la pequeña bendición revisando cuando un azotado llanto llenó la habitación de gritos y pujidos, el movimiento brusco sumado al destetamiento había hecho enojar al cachorro, su bebe se deshacía en lágrimas exigiendo una vez más probar la cálida leche materna.
-Ay no, Megumi, no, no no- Preocupado lo meció sobre sus brazos esperando respuesta positiva del pequeño vástago. -No le hagas esto a Papá, Gumi, perdón- Suspiro arrullandolo un poco más soltando pequeños silbidos y feromonas dulzonas, esperaba que con esto el pequeño decidiera irse a dormir o al menos que declinara de seguir con ese espantoso llanto; no fue hasta que sintió al bribón prenderse nuevamente de su pecho que los gritos cesaron. -Ah~ eres insaciable mocoso- Río suavemente acariciando su cabeza hasta hace unos meses pelona, el acomodar esos bellos y salvajes mechones azabaches le hacían recordar que al menos una parte de sus genes habían sido bien dirigidos, ya que al menos en lo que le concierne la glotonería sobre sus pechos no era más que herencia pura y dura de su idiota padre.
Los nostálgicos recuerdos de esa noche siempre volvían de una u otra forma a su mente para atormentarlo, ¿Cómo es que siempre acababa pensando en él? En ese idiota de sonrisa perlada y piel pálida. Con esa estúpida mata de cabello cana.
Negó observando a su bebe, el cachorro succionaba con entusiasmo sus pesadas y lactantes tetas regordetas, él no seria como ese vago, se encargaría de educar a este cachorro lo mejor posible, al menos lo suficientemente bien para salir de este agujero que llamaba vida, aunque si algo podía extrañar de ese tonto era sus grandes manos estrujándole las tetas, el como retorcía sus pezones y amasaba su pecho hasta hacerlo llorar, que mucha falta le hacía al pasar los últimos meses antes de alumbrar, cuando su pecho estaba hinchaba y pesado por la acumulación de leche, llegaba a ser doloroso el proceso de ordeñarse solo, y cuando no lo hacía toda la sustancia se acumulaba hasta chorrear en sus ceñidas camisetas oscuras, terminando con estas todas húmedas y pegajosas.
Debió estar loco para fantasear más de una vez con que un alpha lo atendiera, que follara sus tetas y culo hasta sentir que su pesado vientre no más que semilla sin fecundar, su jodido agujero omega atendido y boquiabierto derramándose sobre la cama producto del estiramiento de una jugosa y gorda polla alpha.
Se sentía mal, como el ser más repugnante y perverso en esta tierra por fantasear que lo follaran mientras amamantaba a su cachorro, pero aún peor sabiendo que esta no era la primera ni la última vez que lo hacía, el estímulo sobre sus areolas hinchadas acababa por producirle una erección, su polla y culo goteaban al sentir los delicados labios deshacerse de la molesta sustancia acuosa, soltó un gemido bajo al sentir de nuevo esos dientecillos morderlo; ya era suficiente por hoy. Le haría daño comer demasiado además de que su erección golpeaba sin querer las piernas del cachorro.
Retiro a Megumi con delicadeza haciéndolo eructar, beso la regordeta mejilla rosada colocándola en la cuna; Papá debía atender su palpitante percance, y ya no sabía si hablaba de su verga o su demandante entrada mojada, cuando de sus nalgas sintió resbalar una malsana cantidad de mancha, tan excitado estaba para mojar sus calzoncillos?
Rebusco entre sus cajones el falo de goma que usaba para esta clase de situaciones, cuando el deseo por una polla lo rebasaba y sentir solo su mano en la verga no era suficiente. No estaba ni cerca de sentirse como una verga real, pero cualquier cosa empujando sus entrañas era suficiente, su mojado agujero se sentía como el infierno y ya no sabía si atribuirlo solo al abrasador verano japonés o la calentura que recorría su cuerpo.
Salió de la habitación que compartía con el infante para sentarse en el sofá, podría ser un pervertido degenerado por excitarse al amamantar a su bebe, pero aún le quedaba algo de decencia al no tocarse en la misma habitación. Noto como las cortinas estaban abiertas y aunque la idea de ser atrapado masturbándose era tentadora no sabría qué hacer si algún alpha incauta era atraído por la vista o peor aún, algún vecino chismoso lo veía. Era de por sí irritante escuchar los malos comentarios de la gente juzgándolo por ser un soltero omega sin marca criando un cachorro bastardo, que lo tacharan de pervertido era lo último que le faltaba.
Cerro las persianas pudiéndose desvestir con libertad, sus pantalones se sentían apretados, pero no tanto como su molesta camisa ajustada, sus pezones se marcaban sobre esta al punto de ser obsceno, bajo tanto pantalones como ropa interior para dejarse caer en el sofá, tomó su robusta polla empezándola a tocar, levantó su camisa usándola como mordaza, sus pesados pechos rebotaron ante la gravedad, con pezones erectos rojizos e irritados; una mano atendió su erección mientras la otra daba consuelo a su pecho amasando el bulto pesado.
Su mano apretaba con vehemencia su polla dando duros golpes sobre la carne, la punta de esta se llenaba del cálido líquido seminal haciendo más fácil desplazarse sobre el falo, sus bolas sé sintiéndose pesadas, necesitaba liberar las frustraciones que esos eróticos recuerdos nublaban, tras unos pocos minutos jugando con su pecho y polla se dio cuenta de que no sería suficiente, necesitaba más, más placer, uno que solo sería obtenido con algo expandiéndole las entrañas; se colocó de cuclillas sobre el suelo aferrándose al desgastado respaldo de su sofá, era humillante llegar a este punto con sus dedos abriendo y penetrando lo mejor posible su entrada mojada, en este punto de la calentura le era fácil adentrar un tercer dedo como si nada, su culo succionaba deliciosamente los dígitos hambrientos por más.
Empujó frenéticamente su mano llegando a tocar ese deseado lugar, pero para cuando sus dedos se hacían con aquel maravilloso punto sintió que estos ya no le eran suficientes, miró sobre el hombro la polla plástica que parecía burlarse de su situación, luciendo tan larga, gruesa y tentadora, tan perfecta para su hambriento coño omega. La tomó entre sus manos observándola con deseo, la tentación de llevársela a la boca fue más grande que su misma dignidad, y es que engullir la silicona como si de una polla real se tratase solo era un intento burdo para tratar de engañar a su mente, hacerle creer que no se estaba humillando al succionar la punta de esta, jugueteando con la cabecilla seca rogando por sentir el delicioso líquido salado lubricarle los labios, la empujó sobre su garganta obligándose a tragar lo más posible dicho juguete, recrear la sensación de ahogamiento y control que solo un alpha podía provocarle lo mojaba al punto de chorrear sobre la vieja madera, empujo la base hasta sus límites sintiendo tibias lágrimas deslizarse, y es que si no fuera por el par de bolas que sostenían la base de la polla habría acabado por engullir el resto.
El ardor en su garganta lo sacó de su fantasía haciéndolo caer en la burda realidad, autofelandose la jodida garganta con plástico, frío, inflexible y solitario plástico, y es que por un momento había jurado escuchar una profunda voz motivándolo a llegar más profundo, pesadas manos sosteniendo su cabeza empujando con descuido su garganta que le haría sentir solo era un baño público donde depositar esperma.
Relamió sus labios limpiando de la comisura de estos la baba acumulada que se conectaba hasta la base silicona, su entrada palpitaba recelosa de las atenciones antes dispuestas a su boca; su agujero rogaba por al fin ser llenado, tomando entonces la base del juguete alineó la cabeza rosada sobre su entrada haciendo fácil el empujar al menos la primera mitad, la satisfacción cruda y dura de sentir al fin algo más grueso empujándole las entrañas lo llevó al tercer cielo, su polla dio un respingo sacando más líquido mientras su mano empujaba arriba abajo bombeando el delicioso pene; amaba su juguete, era casi perfecto, con venas realistas sobresaliendo texturizadas, dos grandes bolas que chocan con su culo haciéndole recordar los aplausos lascivos vividos tantas noches, con una punta roma, gorda y rosada, tan brillante por su saliva que podía hacerse pasar casi por gotas de precum acumuladas, pero digo casi perfecta, por el simple hecho de no ser real. No sería llenado por el espeso líquido cálido, no empujaría sin su control la ya acostumbrada a rítmica próstata, y más que eso, no le daría a un puto alpha.
Sus pantorrillas hacían todo el trabajo de sostener su pesado cuerpo que no dejaba de balancearse habiendo encontrado la posición perfecta para empujar. Estaba nuevamente siendo superado por el placer, dejó de sostenerse del reposabrazos para llevar su mano libre al pecho estrujando duramente su pezón que no dejaba de gotear, amenazándolo con lujuria, lo estimuló al tal punto que su leche materna se desbordaba corriendo sobre su vientre hasta llegar a su polla erguida. Coloco la base del juguete sobre el sofá brincando duramente mientras ambas manos se hacían de las pesadas tetas chorreando obscenas cantidades de leche, aun si su cachorro tenía 7 meses de edad no dejaba de producir como una maldita vaca de ordeña. Y es que en esto se había convertido, en solo la productora premium de leche para Megumi siempre tan desbordada, cachonda y dispuesta.
Realmente ese alpha le había hecho un favor al follarlo aquella noche, y es que su cuerpo era todo menos habitual, con una espalda ancha, brazos y piernas musculosas, estómago de six pack y una polla atípicamente grande para su género, no era considerado atractivo de la forma tradicional, pudiendo ligar más con mujeres betas y omegas, pero su preferencia por los alphas siempre se mantuvo ahí. Por lo que sentir a ese idiota tomarle de las caderas invitándolo a bailar, con un aliento helado tan fresco como sus feromonas de invierno que a diferencia de sus labios guardaban una calidez que le hizo derretirse en sus brazos, sus cuerpos chocando sobre la pista que pronto se convirtieran en un solo bulto de pieles húmedas revolcándose sobre si en aquella sucia habitación de motel.
Una nueva ráfaga de recuerdos azotó su venidero orgasmo haciéndole recordar sus manos pesadas estrujando caderas, muslos, pecho y trasero, lo había follado con un ímpetu que hasta ese momento solo podía ligar con la más sucia de las porno, no soporto mucho más corriéndose en un sonoro gemido agudo desbordando su carga en el suelo de la habitación, aunque un poco de su semilla había alcanzado a salpicar sobre su estómago mezclándose con la tibia proteína láctea, salió de su trance orgásmico para llevar el cúmulo de ambas sustancias a sus labios probando el delicioso sabor dulce-salado.
Sacó hasta hace unos segundos el incrustado miembro de su culo viéndolo rebosar de la mancha transparente que formaba su lubricación, una vista erótica que desearía poder trasladar a un miembro real; con un gemido exhausto arrojó el juguete usado al sofá tropezando un poco al intentar caminar de regreso a su habitación, agradecido de ver al cachorro profundamente dormido y exhausto; no sabría como tomar el que su bebe despertará exigiendo ser amamantado después de tal desventura, suspiro acercándose a su cuna para plantar un beso cariñoso en su cabecita pudiendo tomar una merecida ducha sabiendo que el ciclo probablemente se repetirá mañana.
