Work Text:
—Él será mi estudiante y sucesor —dijo Kyojuro-san a un lado de ti.
—Por supuesto que no —replicó Tengen-san al otro lado—. Es obvio que me prefiere a mi como su maestro.
—Este joven necesita un maestro adecuado que sepa explotar sus talentos naturales. Como el pilar de la flama, sé cuáles son los métodos necesarios para que pueda sacar todo el provecho de sus habilidades.
—Pues yo creo que le iría mejor si prueba la respiración del sonido, ¿y quién puede ser mejor para enseñarle que yo? El pilar del sonido.
En ese momento te encontrabas entre Tengen y Kyojuro, viviendo tu mayor fantasía. Tus esposos se peleaban por ti, o al menos fingían hacerlo solo para complacerte. A la hora de ir a dormir, les pediste que hicieran eso por ti. Ellos te vieron con diversión al principio, pero aceptaron, entonces comenzaron una discusión basándose en sus previos juegos, donde ellos solían ser tus maestros y tu su fiel estudiante.
De repente, Kyojuro te rodeó con su brazo y te arrastró a su lado, para que tu rostro se enterrara en su pecho. Al segundo siguiente, fue Tengen quien te arrebató de los brazos de Kyojuro, para que disfrutaras de su pecho. Te sentías como un muñeco de trapo entre ese par de hombres. Vivías en la gloria al ser jalado de un lado a otro.
—Tal vez deberíamos dejar de discutir —propuso Tengen—, y tomarlo como el estudiante de ambos.
—Puede ser, ¿tú qué opinas jovencito —te cuestionó Kyojuro—, te gustaría que tus dos profesores favoritos te dieran una lección en conjunto?
Al verlos, tus ojos brillaron y sus rostros sonrieron con malicia. Estabas a punto de decir algo, pero solo pudiste asentir con los ojos dilatados y la mirada suplicante. Kyojuro fue el primero que acercó su rostro al tuyo. Depositó un beso en tus labios con mucha lujuria. Su lengua invadió tu boca y se movía en ella con mucha destreza, casi de manera obscena. Al mismo tiempo sentiste los labios de Tengen en tu cuello. Mientras que Kyojuro usaba sus manos para acariciar tus mejillas, Tengen prefería aferrarse a tus caderas.
Los labios de Tengen subieron de tu cuello a tus oídos y mientras subían dejaban pequeñas mordidas. Entre más te quejabas, más duras eran las mordidas. El contraste entre ambos hombres era inmenso. Uno actuaba con más cariño y de forma apasionada, mientras que el otro era rudo, atrevido, en ocasiones incluso vulgar. Tenías el balance perfecto, pues podías experimentar dos tipos de amor al mismo tiempo.
De repente, Tengen se apartó de ustedes. Usualmente tenía un plan, así que lo dejaste hacer lo que quisiera, como siempre solía ser. No esperabas que te tomara por la espalda y te suspendiera en el aire. Te sostenía de ambas piernas para evitar dejarte caer. No podías ver su expresión debido a la posición en la que se encontraban, pero suponías que debía de ser alguna mirada malvada o juguetona. Confirmaste tus sospechas cuando murmuró a tu oído:
—Ahora te enseñare como es que uso mi espada…
Desde antes sentías su erección al aire libre que golpeaba tu trasero, solo era cuestión de que se abriera camino en tu interior, algo que haría sin necesidad de preguntarte. Comenzó con delicadeza, como queriendo ganarse tu confianza; sin embargo, en el momento menos esperado, introdujo su erección de un solo golpe.
Con Tengen todo era una sorpresa. En ocasiones actuaba delicado y te dejaba adaptarte a la presencia de su pene, mientras que en otras situaciones podía ser brusco desde el principio. Algunas veces fingía hacer algo, para cambiar por completo a medio camino. Nunca le reprochaste nada, pues era lo que más te encantaba de él: las sorpresas que traía consigo.
Una vez más, volvió a murmurar a tu oído con malicia, mientras se movía en tu interior con mucho cuidado.
—Ahora tu maestro Rengoku te enseñara como maneja una espada.
Kyojuro estaba de rodillas frente a ustedes, pero no te veía a ti, sino a Tengen. Ambos compartieron sus pensamientos con tan solo unas miradas de complicidad y comprendieron las intenciones del otro. Por lo tanto, Kyojuro procedió a tomar tu erección e introducirla en su boca. Su lengua se movía alrededor y de arriba para abajo, sin despegar sus ojos de los tuyos. Él también tenía fuego en su mirada y disfrutaba verte agonizar por el placer que te daban al mismo tiempo.
El goce que recibías en ese momento era tal, que no podías reaccionar a tiempo. Cuando apenas lograbas gemir por una de las estocadas de Tengen, Kyojuro succionaba con mayor rapidez y fuerza. Y el ciclo se repetía una y otra y otra vez. Tu cuerpo apenas reaccionaba al estímulo de uno, para recibir el estímulo del otro.
Debido a esto mismo, en poco tiempo te corriste en la boca de Kyojuro. Tu semen salpicó su rostro y se escurrió por entre sus labios.
—Rengoku-san, perdóneme —suplicaste con la voz entrecortada—, no era mi intención.
Kyojuro te vio con una sonrisa y simplemente negó en silencio. Sin embargo, Tengen no estaba de acuerdo y decidió reprenderte por su propia cuenta.
—No puedes correrte en la boca de tu maestro sin nuestro permiso previo —dio una estocada más fuerte como castigo—. Ahora Rengoku y yo tendremos que castigarte.
—Uzui-san —murmuraste, con un tono ambiguo.
—Has actuado como un mal estudiante y mereces ser reprendido por ello.
Una vez más, compartieron miradas de complicidad que solo ellos entendieron. Kyojuro se recostó en el futón, mientras exhibía su erección palpitante que ya te deseaba desde hacía mucho. Al mismo tiempo, Tengen salió de tu interior y te ayudó a sentarse sobre Kyojuro, a quien montaste enseguida. Con él era un poco diferente. Mientras que Uzui prefería usarte, Rengoku prefería que lo cabalgaras, aunque eso no le quitaba lo dominante. Sus manos se aferraban a tu cadera y la apretaban hasta el punto en que causaba algo de dolor. Si apartara sus manos, seguramente quedarían marcas rojas donde alguna vez estuvieron sus dedos, y si apretara un poquito más, seguramente clavaría sus uñas.
Unos minutos más tarde, Tengen te empujó, por lo que tu rostro impactó contra el pecho de Kyojuro. Luego comenzó a trazar un camino de besos, que iniciaban desde tus nalgas y a travesaban toda tu columna, hasta llegar a tu cuello, donde dejó varias mordidas. Sin embargo, dio dos mordidas seguidas, que indicaban que estaba dispuesto a penetrarte también. Aquello no era muy usual; apenas lo intentaron un par de veces, y con muchas precauciones, por lo que un temor te invadió de inmediato.
Tengen captó ese temor tuyo, lo que lo prendió aún más, por lo que comenzó a introducir su erección en ese momento. Fue bastante delicado al abrirse camino. Mientras más profundo iba, más cariñoso se comportaba contigo. En lugar de mordidas, dejaba besos y comentarios obscenos que te hacían sonrojar seguramente. Kyojuro por otro lado te tomó de las manos, en parte para restringir la movilidad, en parte para consolarte por el dolor. Tu solo podías esconder tu rostro en el pecho de Kyojuro para reprimir tus quejidos y rezabas para que eso llegara a su fin.
—La ha metido por completó —murmuró Kyojuro, para consolarte—, yo también puedo sentirlo.
Solo así fuiste capaz de verlo a los ojos, con una sonrisa tímida, aunque al segundo siguiente ambos comenzaron a moverse. No solo Tengen, sino que Kyojuro hacía de su parte para torturarte también. Mientras que uno se introducía hasta el tope, el otro salía apenas lo suficiente para dejar la punta de la erección en tu interior. En la profundidad de tu cuerpo se sentía como un infierno, donde torturaban tu carne. Lágrimas y sudor cubrían tu cuerpo entero, y solo podías murmurar para que no se detuvieran bajo ninguna circunstancia.
No solo los tenías a ambos dentro de ti, sino que eras prisionero de ambos cuerpos. Tengen presionaba todo tu cuerpo contra Kyojuro y restringía tu movilidad. Tu cabeza era aplastada por el pecho de ambos y se movían tanto, que ya ni eras capaz de diferenciar cual era cual.
Luego de un rato comenzaron a besarse entre ellos, mientras aun te penetraban. Eras incapaz de verlos desde tu posición y limitada movilidad, pero sí escuchabas el sonido de sus labios y su respiración entrecortada.
En la situación en la que te encontrabas, era difícil de tener una noción del tiempo. No sabías cuando tiempo pasó al momento en que Tengen se corrió primero en tu interior. Fue tan maravilloso sentir su calidez en tu interior.
Entonces que sacó su polla para cambiarte de posición. Kyojuro te colocó boca abajo para poder montarte, a la vez que limpiabas él semen que aún se encontraba embarrado en el pene semi-erecto de Tengen. Ellos aprovecharon esa posición para compartir un nuevo beso mientras Kyojuro te embestía con fuerza bruta. Al poco tiempo, Rengoku también se corrió en tu interior para luego recostarse una vez más a tu lado, mientras se fundía en un largo beso contigo. Fue el turno de Tengen para aprovechar y limpiar los restos de semen que Rengoku aún tenía en su erección que comenzaba a disminuir de tamaño.
Una hora más tarde la habitación se encontraba en una paz relativa. Tu cuerpo se sentía fresco luego de tomar un baño nocturno junto a tus esposos. Como era una época calurosa, luego de tener sexo, los tres terminaban sudorosos y pegajosos, por lo que no dudaban en tomar una ducha nocturna.
Una vez más, te encontrabas recostado, con cada uno de ellos a tu lado, mientras se besaban mutuamente y acariciaban tu cabello con cariño. De repente, decidieron compartir sus besos contigo. Uno a cada lado, se divertían besando tus mejillas.
—¿Te encuentras bien? —murmuró Kyojuro, con amabilidad.
—Sí, estoy bien…
—¿Seguro? —insistió Tengen—, no temas decirnos si nos hemos excedido, estamos para escucharte y resolver cualquier inconveniente.
—No se preocupen —le diste un beso a cada uno—, soy más fuerte que antes, puedo soportarlos a ambos.
Ambos dejaron escapar una carcajada y al poco tiempo te uniste a ellos. Que hermosa era la vida al lado de ese par de hombres. Se podía asegurar que tenías la felicidad en tus manos. Podías afirmar, sin temor a equivocarte, que eras el hombre más afortunado del mundo.
En ese momento Tengen te jaló a tu lado para abrazarte y acariciar tu cabello, mientras Kyojuro te abrazó por la espalda y de le dio un último beso a Tengen e ir a dormir juntos. A la mañana siguiente ambos despertaron para follarte una vez más, antes de salir a entrenar. Y seguramente en la noche lo intentarían de nuevo y no tenías motivos para quejarte por ello.
Fin.
