Work Text:
Barry Allen, el hombre más rápido del mundo había cometido el peor error de su vida. ¿En qué momento su alma se embriagó del deseo de privarle la vida a su enemigo? Siempre había otras opciones, pero Eobard lo había llevado al límite.
—Cada que te sientas amado, estaré ahí para arrebatarlo de tu lado, Barry. Todo lo que decides amar está destinado a sufrir y nunca serás demasiado rápido para detener ese sentimiento, Allen–. Siseó mientras sentía la mano del velocista escarlata privarle el oxígeno.
Lo peor de todo era que tenía razón, su madre, Fiona, Wally, todos en algún momento habían sido lastimados gracias a él, por sentir. Y, si no fuera poco, lo estaba llevando al límite de su vida.
En un par de segundos, el villano cayó al suelo con una socarrona sonrisa pintada en su rostro. Había ganado aún cuando había muerto. Barry perdió de todas formas.
Sabía lo que le esperaba, merecía todos los reproches y regaños que vendrían, entregarse a las autoridades; sabría que habría una pequeña posibilidad de dejar de ser parte de la liga de la justicia. Estaba bien, lo merecía.
—Creo que no hace falta mencionar que estás suspendido de la liga hasta nuevo aviso. Tómate un tiempo fuera de esto, necesitas descansar–. Murmuró Bruce sin siquiera dirigirle la mirada —. Creía que eras mejor que esto, Barry.
Remató Batman. Vaya que se sentía peor que antes. Quizá hablar con Iris lo haría sentir un poco mejor, tenía fe en ello, estaban a punto de casarse, por supuesto que lograrían superarlo.
Llegó a su hogar, repleto de culpa, vomitando cada hecho que lo orilló a llevarlo a matar a flash reverso. Sabía que no tenía justificación pero quería amortiguar el golpe.
—Barry –suspiró la pelirroja entre lágrimas, alejándose de su futuro esposo —, y-yo... ¿Por qué? Siempre hay otra manera, siempre podíamos superar lo que sea que Eobard nos hiciera. Acaba de ganar. ¿Qué no te das cuenta?
—Iris, por favor, ¿piensas que estoy orgulloso? ¿Que me siento mejor? –Sollozó, mirando al suelo y sintiendo pequeñas vibraciones en su pierna izquierda —. Quiero mejorar, voy a afrontar las consecuencias p-pero te necesito, Iris, más que nunca.
—No, Barry, lo siento. Podría entender si hubiera sido Black Flash o la speed force negativa pero tú tomaste esa decisión — Los ojos verdes recorrieron las cuencas azules del velocista, derrotados pero Iris no reconocía más a aquel dulce rubio del que se había enamorado —. Es mejor si nos tomamos un tiempo y, no sé, aclares tu mente.
Claro, era de esperarse, era el karma llegando tan rápido a su vida personal como sus poderes. Claro que la entendía, Barry se sentía horrorizado de lo que él mismo le había hecho a su más grande enemigo.
Abrazó a Iris antes de desaparecer por un largo tiempo de su vida. No quería saber la opinión de Wally, ya había sido mucho desgaste emocional.
Rentó un pequeño departamento y rápidamente se acomodó en aquel lugar donde sólo llegaba a dormir. El resto del tiempo se la pasaba enterrado en su trabajo, al menos ahí podría arreglar todo el daño que había hecho.
Cada día las palabras de Eobard se hacían más ciertas y poco a poco, el afecto hacia sus seres queridos desaparecía. La vida tomaba un color grisáceo. Se lo merecía.
Una luz verde destelló frente a su departamento, despertándolo de su siesta sabatina. Un Hal Jordan sin su distinguido traje esmeralda tocaba desesperado la ventana del balcón. Medio dormido, Barry abrió y unos brazos rodearon todo su cuerpo, tardó unos segundos en corresponder tímidamente. Quizás había tenido una larga misión donde había pasado más tiempo que en la tierra, sin embargo, no lucía más grande o descuidado. Tal vez fue a ducharse antes de irlo a visitar.
—¿Todo bien, Hal? — Preguntó el velocista en medio del abrazo.
—Es lo que yo debería de preguntarte, Bear —Respondió, apretando más al rubio sin tener intención de separarse —. Ollie me contó todo lo que pasó contigo y Flash reverso.
—Oh —. Todo lo que salió de la boca de Barry.
Ahora se sentía avergonzado, con la necesidad de romper el abrazo. El piloto lo entendió, separándose cuidadosamente de su amigo. Su mirada explotaba de preocupación, no existía ni un signo de enojo.
—Lo siento mucho, Barry, quisiera haber estado allí contigo.
—Sí, como sea —. Murmuró amargamente, rascándose el cuello sin mirar los ojos pardos de su amigo.
—Hombre, sé que no estás en el mejor punto de tu vida pero aquí estoy, si de algo sirve. Bear, todos cometemos errores y nunca te abandonaría por alguno de ellos.
La mirada del rubio se posó sobre la mueca de inquietud del Linterna Verde. Las lágrimas amenazaban con aparecer.
—¿Incluso si acabo de asesinar a alguien?
—No es como si Thawne fuera alguien que merece vivir –. Intentó bromear. Muy pronto, quizá, porque no se asomó ni una pequeña sonrisa por parte del rubio — Mira, no sé qué exactamente pasó pero necesitar hablar con alguien que no te juzgue y si no lo has hecho, aquí estoy. No pienso irme a otra misión por mucho tiempo, hay muchos linternas allá arriba y Guy me tiene un poco fuera de mis casillas.
Por fin, aquel sonido tan precioso salió de la garganta de Barry. Una tímida risa. Un logro más en el día de Hal.
—¿Entonces? ¿Qué hago? No me digas irte porque ni siquiera sé qué significa esa palabra, Allen.
El estomago del velocista se hizo presente. Hal no pudo evitar reír.
—Bueno, pues, iremos a esas hamburguesas que tanto amas. Toma tu abrigo, yo pago.
Barry obedeció. ¿Qué más da? Su amigo había vuelto y sus historias lo alejarían de su realidad.
Hal pidió por ambos y fue el primero en sacar conversación. Hablaba sobre su misión y los planes tan espantosos que llevaron a cabo y, por supuesto, funcionaron. Era una de las cosas que admiraba de Hal, su habilidad de crear planes tan espontáneos.
El rubio se limitaba a reír o responder monosílabos. Hal no lo presionó, lo entendía más que nadie. Él mismo había asesinado a muchos seres queridos aunque no necesariamente había sido él, sino el parallax.
—¿Vas a ver a Carol?
—Oh, ya sabes como es esto. Estamos en el momento de ruptura así que no está en mis planes principales—Masculló con la boca llena de papas fritas —. ¿Y tú qué tal con Iris? ¿Cuándo es la boda?
Era justo.
—Uhm, ¿nos separamos? —Chilló, desviando la mirada hacia otro lado, incómodo — No sé, ya sabes, le conté a Iris lo que pasó y no fue la mejor impresión de mi persona. La entiendo totalmente.
—Oh, lo siento, hombre.
Barry se encogió de hombros. La platica cambió el rumbo.
Pronto, la comida se había acabado y ambos quedaron satisfechos. Era hora de que cada quién volviera a sus respectivas casas.
—Buenas noches, Bar, puedo venir volando si me necesitas y no dudes en llamarme, ¿de acuerdo? Descansa.
Hal se despidió, agitando su mano antes de desaparecer por la avenida montando su motocicleta. Barry entró a su departamento.
No iba a permitir que Hal saliera lastimado, no importaba si Eobard ya no existía por el momento, prefería verlo vivo, ya había hecho suficiente hoy.
Intencionalmente o no, el rubio ignoraba las llamadas de su amigo, más aun cuando había vuelto a correr por las calles de Central City y ayudar de vez en cuando al nuevo a Flash, a Wally.
Hal apareció, una vez más, en su departamento pero esta vez junto a unas maletas.
—Uhm, ¿sabes? Hubo una pelea muy fuerte en Coast City y destruyó mi departamento, ¿puedo quedarme contigo? Sólo será en lo que consigo uno nuevo y puedo ayudarte a lo que sea — Habló en el momento en que Barry asomó su cara.
—¿Y Carol?
—Sí, bueno, nuestra reconciliación sólo duró tres meses.
Barry negó, abriéndose paso para que su amigo pudiera entrar. Eventualmente lo ayudó con sus maletas.
—Además, me lo debes porque no contestas mi llamadas. Me preocupo por ti, Bartholomew— Replicó el Linterna, empujando suavemente a su amigo.
—Lo siento, he estado un poco ocupado con el trabajo y todo eso.
—Y con ser Flash, Kyle me lo dijo gracias a Wally.
—Sí y eso también —Respondió, riendo suavemente —. Tengo una habitación extra, sólo déjame sacar algunas cosas y puedes estar ahí, en lo mientras toma lo que sea de la nevera.
—Está bien, yo cocino, no tienes que preocuparte más por eso.
—¿Acaso sabes cocinar, Jordan? —Bromeó Barry antes de abandonar la sala. No escuchó los reclamos de Hal.
----
Era la primera vez que no podía tener ataques de pánico solo. En su intento de calmarse, los ruidos de sus pies y venir por todo el departamento despertó a su compañero. Hal corrió hacia Barry, acariciándole la espalda mientras los sollozos y las lágrimas del ojiazul brotaban con desesperación.
El velocista respiraba con dificultad, no sabía si era por la rapidez con la que hablaba o por esa opresión que sentía en su pecho. Sus uñas se enterraban en las palmas de sus manos y era visible que sus piernas vibraban, abrumado. La mano de Hal se posó en una de ellas.
El tiempo transcurrió, Barry comenzaba a tranquilizarse. Su llantó disminuyó al grado de sentirse tan idiota por desmoronarse fácilmente.
—Lo siento, Hal... y-yo... no es la primera vez, no tienes que preocuparte. Estoy bien, lo siento —Habló Barry, levantándose del suelo del baño.
—Bear, acabas de tener un ataque de ansiedad, no tienes porqué disculparte o hacer menos tus sentimientos.
El piloto lo miró incrédulo, intentando tomar sus manos para demostrarle, de alguna forma, estaba en un lugar seguro con él.
—No, Hal, estoy bien.
Dicho eso, Barry desapareció y al día siguiente, el rubio se limitaba a saludarlo o despedirse. Lo mismo se repitió las siguientes semanas. Cada día, Barry se volvía más distante y Hal no sabía cómo ayudarlo.
Quizá hacer que volviera a la liga lo haría sentirse mejor, así que le propuso la idea a Batman. Éste no dijo nada más que un "lo consultaré ". Al menos no dijo que no.
Hoy recibía su paga, le llevaría su comida favorita a su mejor amigo aún cuando posiblemente se quedaría sin el dinero recibido. Aquellos noodles de Japón eran un tanto caros, sumando que el hambre de Barry no se calmaba con una sola ronda. Pero valía la pena si el rubio cambiaba sus expresiones de cansancio y disgusto a sonrisas.
Oliver decidió acompañarlo.
—Hombre, yo no sé cómo puedes soportar a Barry, sin ofender pero es tan complicado —Se quejó el arquero, bajando de la burbuja que Hal había creado para llevarlo volando junto a él —Además, se jacta de ser un héroe ejemplar y ya vimos lo que pasó.
—¡Oliver! —Reclamó el Linterna, dirigiéndole una mueca de desagrado— Ha pasado por tantas cosas, no es como si le hubiera pasado solo una. Él no merece nada de lo que está sufriendo.
Pidieron la orden, Oliver tomó una galleta de la suerte y comenzó a jugar con el papel.
—No es como si esté pidiendo tu ayuda de todos modos. A lo mejor deberías darle su espacio.
—Se lo di, Ollie. Estuve fuera bastante tiempo, dejé que no me respondiera los mensajes o llamadas, le sigo dando su tiempo para que se abra pero quizá necesite un empujón.
—A veces pienso que estás enamorado de él —Bromeó su mejor amigo, golpeándole el hombro.
Inconscientemente, las orejas de Hal se tornaron rojizas. El arquero llegaba a ser exasperante.
—¿Estás celoso o qué? —Continuó con la broma.
—Sí, lo admito. Tu departamento explotó y corriste con ese rubio en lugar de mí y tengo muchísimo más espacio —Reclamó indignado, pagando por Hal las órdenes de comida.
—No iba a pasarme las noches escuchándote a ti y a Dinah. Gracias pero no.
Rieron y los amigos decidieron recorrer un poco la ciudad antes de volver.
El velocista no se encontraba en casa, Hal decidió esperar hasta que la perilla del hogar giró, mostrando a un Barry con los ojos enrojecidos y ojeras que apagaban aquel azul tan brillante.
—Creí que podríamos cenar juntos y ver alguna de esas películas que te gustan —Sugirió el castaño, mostrando las bolsas de comida.
—Tú hazlo, Hal, estoy muy cansado.
Y quizá tenía razón pero estaba harto, Barry necesitaba alguien con quien hablar. Le había dado suficiente tiempo.
—Barry, por favor, deja de evitar a todas las personas. No puedes romper todos tus vínculos porque sí.
Una risa amarga resonó en el comedor.
—No es porque sí, es porque todo lo que amo sufre —. Respondió, sin la intención de hablar frente a frente con su amigo —. Eobard siempre tuvo razón.
—No, los daños no se pueden evitar pero todo tiene solución y esta realidad, hasta la muerte puede tenerla —. Hal caminó en busca de la mirada de rubio —. Por favor, no hagas que Reverse-Flash tenga razón. Tienes personas que aún te aman y siguen vivas: Wally, Diana, Patty y claramente yo.
El silencio inundó el hogar. La mirada de Barry se volvió borrosa. Quizá el Linterna tenía razón pero no tenía ánimos para reflexionar. Sólo asintió y volvió sus pasos hacia su habitación. Oyó a Hal suspirar.
----
Algún maníaco volvía a amenzar a la Tierra con invadirla y hacerla suya. Barry corrió, ayudó a la Liga, salvó a cientos de civiles. Luchó codo a codo junto a sus antiguos compañeros. Al finalizar, la mano de Hal lo detuvo antes de que saliera corriendo.
—Creo que Batman puede decirte que está considerando a que vuelvas con nosotros, ¿no es así? —Insinuó el Linterna, sonriendo burlón al murciélago. Incluso con la máscara, podías sentir a Bruce poner los ojos en blanco.
—Ya tenemos un Flash por el momento, Hal —. Respondió Batman.
Tenían razón y Wally hacía un gran trabajo. Barry estaba bien en Central City.
—Bueno, pero aún así creo que todos debemos de votar, ¿no es así?— Intervino Oliver, alzando su mano como si hubieran aceptado la votación.
—Está bien, no quiero molestarlos, tienen cosas más importantes que hacer ahora mismo —. Replicó el rubio.
—Flash, si quieres volver al equipo, puedes decirnos. Por mi parte, estaría más que feliz —Interrumpió la amazona, apretando ligeramente el hombro del hombre escarlata.
—Aún necesita un tiempo más —. Respondió Bruce, caminando hacia la nave.
—De acuerdo, es suficiente —. Exclamó Hal— No es como si todos aquí fuéramos perfectos. Barry entendió lo que hizo, ¿ok? Especialmente tú Bruce, no sé qué rol crees que tienes en este equipo pero tu opinión no es la única. ¡Nos necesita más que nunca y lo mejor que hacen es darle la espalda! Wow, qué gran equipo, en verdad.
—Hal... —Susurró el rubio, desviando la mirada del equipo.
—Linterna Verde tiene razón. Barry ha sido un gran amigo y compañero en este equipo. Quizá es hora que vuelva, Batman —Secundó Superman, dirigiéndole una cálida sonrisa a su amigo.
Arthur, Dinah y John fueron suficientes para que Barry finalmente volviera a ser miembro oficial de la Liga.
Limpiaron todas las ciudades que fueron dañadas, Oliver y Hal fueron juntos a Star City.
—¿No crees que Barry está un poco harto de ti? —El arquero rompió el silencio.
—¿Por qué?
—No sé, siempre estás ahí sofocándolo de tus cuidados.
—Él merece recibir amor de alguien y ahorita mismo no veo a muchos. ¿Qué tiene de malo no abandonarlo?
Oliver rio. Su amigo era muy tonto para darse cuenta de lo que él sentía pero prefirió guardárselo. Sería divertido ver cómo Hal descubría sus sentimiento de "hermandad" hacia el velocista.
Barry no pudo evitar sentirse un poco feliz, Diana y Clark lo recibieron con los brazos abiertos. Querían reunirse y ponerse al día. Lo extrañaban y el sentimiento era recíproco.
—De nada, hombre. Ya sé que soy el mejor amigo que alguien puede pedir —Bromeó Hal después de terminar e ir a la Atalaya. Barry no pudo evitar esbozar una sonrisa.
—Gracias, Hal, de verdad —Respondió Barry — Ojalá pudiera recompensarte... por todo lo que has hecho por mí.
—Claro que puedes hacerlo, acompáñame a una gala que mañana hace Carol. Como odio esos eventos — Se quejó el castaño, rodando sus ojos mientras llevaba un brazo a los hombros de Barry.
—¿Y estar de mal tercio?
—Un precio justo por pagar.
Las risas de los amigos sonaron. El equipo debía de admitir que extrañaban ver a aquel dúo por los pasillos de la Atalaya.
Al día siguiente, el velocista y el Linterna desperdiciaron la mañana y parte de la tarde tratando elegir que ponerse. Hal se burlaba del gusto de los moños por parte del velocista. Barry lo molestaba por su falta de formalidad.
El tiempo les ganó y una Carol con el ceño fruncido los esperaba en el salón donde millonarios conversaban.
—Lo siento, nena. Pero, ¿sabes lo difícil que es tratar de vestir a un nerd? —Saludó el piloto, depositando un beso en la frente de la mujer —Y es Barry, sabemos su afición con la puntualidad.
—Lo siento —El velocista se disculpó, apretando su mano junto a la de Carol para saludarla.
—No es tu culpa, Barry. Conozco a Hal —. Respondió la menor, sonriéndole.
En un abrir y cerrar de ojos, la pareja comenzó a saludar a los invitados. Barry fue en busca de la comida. Nada mal.
—Ugh, esto es como ver a Bruce por todos lados— Habló Hal detrás suyo. Barry soltó una risa —. Ven, vamos afuera. Carol no me necesita por el momento.
Barry lo siguió. Estaba aburrido y cualquier lugar era bueno mientras Hal no decidiera meterse en problemas, como siempre.
Se sentaron sobre el césped donde algunas personas fumaban o se tomaban cinco minutos del bullicio.
—¿Cómo te sientes? —Preguntó el Linterna.
—Bien, supongo, ¿y tú?
—Muy bien —Sonrió el castaño.
La luz de la luna relucía con el color del mar en los ojos aterciopelados de Barry y quizá eso mismo lo incitaba admirar a su amigo. No estaba nada mal. Por fin volvía a ver aquel brillo tan notable en el velocista. Un poco más tenue, pero ahí estaba.
Sin darse cuenta, una sonrisa ladina adornaba su rostro. Tampoco se percató que no había despegado la mirada del rostro de Barry.
—¿Qué? —Preguntó el rubio, devolviéndole la sonrisa. Un ligero tono carmesí se asomaba de sus mejillas. Dios, era tan adorable.
—Nada —Replicó, mirando sus propias manos jugar con la liga para el cabello de Carol.
El ruido de las pláticas distantes y el cantar de los grillos acarició los oídos de ambos hombres que se dedicaban a admiar la noche. Estaban dispuestos a quedarse así un buen rato pero debían de saber que la vida no era justa.
—Hola, Allen —Saludó un hombre con destellos rojizos en sus ojos.
Oh, no.
Barry y Hal no tardaron en cambiar sus atuendos. El Linterna se encargó en sacar a todos los civiles mientras Flash dejaba que el villano comenzara su monólogo.
Ni siquiera se molestó en preguntarle cómo había vuelto, es más, se había tardado. Pero ya no le preocupaba, no tenía nada que perder.
—¿Qué haces aquí, Thawne? —La mirada de Barry amenazó al otro velocista con pequeños rayos asomándose.
—Saludándote y recordarte mis últimas palabras.
Los destellos esmeraldas con forma de bates y guantes de béisbol llamaron su atención y, de pronto, Hal estaba siendo golpeado a la velocidad de la luz por Flash reverso. Corrió a detenerlo y llevar la pelea hacia él.
El Linterna sangraba, posiblemente se desmayaría en unos momentos pero lo importante era mantenerlo lejos de Eobard.
—Te advertí, Allen, todo lo que amas, sufre— Chisteó mientras repartía golpes al velocista escarlata, el contrario los devolvía.
—¡Cállate! —Logró responder el rubio, vibrando a través de las paredes cada que era enviado a estrellar contra una.
La lucha iba en desventaja para Barry y el contrario no tardó en aprovechar la situación. Fue en busca del Linterna, llevando una mano cerca del corazón de Hal, poniéndolo frente a la vista del rubio que luchaba por levantarse. Una mano del villano jalaba el cabello del castaño.
—Todo está bien, Barry —Musitó Hal, tratando de darle ánimos al mencionado —. Nunca vas a estar solo.
—Oh, está tan equivocado. Siempre lo estarás, Allen, no eres merecedor de amor.
—¿Y tú sí? —Escupió, manteniéndose en pie mientras trataba de calmar una herida en su abdomen, provocada por los constantes golpes por parte de Eobard. Éste se encogió de hombros.
—Dile adiós a tu amado y agradece que le daré una muerte rápida. Son tan patéticos qu...
Una ráfaga de viento pasó cerca de Barry, Hal cayó al suelo y en en par de segundos. Wally y Jay trataban de detener a Flash reverso. El velocista escarlata caminó para cubrir los derrames de sangre de su amigo.
—Estoy bien, Bear, o vivo al menos —Bromeó entre quejidos.
Barry lo ignoró y lo tomó entre brazos, olvidando sus propios dolores. Corrió hacia la Atalaya para que recibiera atención médica. Una vez que Hal estuvo seguro, volvió con sus amigos.
Bruce le avisó que se encontraba estable, quizá podrían irse a casa esa misma noche. Barry esperó, ayudando a los otros velocistas a curarse y agradeciendo por la ayuda. Sin ellos, Hal formaría parte de la lista de personas que salen dañadas gracias a él y técnicamente ya estaba dentro de ella. Al final del día sí tenía alguien que perder.
—No sé por cuánto tiempo ya no podré cocinar para ti, Bear pero estaré genial si cuidas bien de mí —Explicaba el piloto mientras iban de camino al departamento de Barry.
—Lo siento, Hal.
—¿Por qué lo sientes? Estamos bien, Eobard es una molestia, él es quien se debería disculpar pero es como decir que Bruce sabe expresar sus emociones.
Barry rio. Adoraba que el ánimo de Hal no se decayera tan rápido. Quisiera tener la misma fuerza de voluntad que él.
—Quizá es mejor si te dejo con Carol, no creo que reverso nos deje en paz tan fácilmente.
—¿Me estás corriendo? —La cara del Linterna se adornó con un puchero en sus labios — Prometo pagarte renta.
Barry estacionó su auto al llegar a su departamento. Apagó el motor y giró en dirección a Hal. Éste le dedicaba una sonrisa tierna.
—Hal, no estás seguro conmigo. Hoy casi mueres si Jay y Wally no hubieran llegado. Es tan difícil ver la diferencia entre agua y sangre con Eobard de vuelta.
—Por dios, Barry —El castaño tomó las manos de su amigo entre las suyas. Eran suaves al tacto, un poco temblorosas pero, con suerte, le haría entender que todo estaba bien —, la única diferencia entre la vida y la muerte, es que uno está intentando y eso es todo lo que estamos llamados a hacer, más como superhéroes. Además, soy un policía espacial que hace planes terribles y de alguna forma casi siempre salimos victoriosos. Estaré bien, estaremos bien, ¿okey?
Los ojos de Barry se llenaron de lágrimas, Hal se atrevió a limpiarlas con su pulgar, golpeando amistosamente la mejilla del rubio.
—Estaré contigo pase lo que pase, no será fácil deshacerte de mí, Barry Allen —el rubio soltó una risa entre sollozos — y posiblemente Carol ahora está muy enojada conmigo.
Ambos rieron. Barry ayudó a su amigo a recostarse en su habitación.
Dejó a Hal mientras fue en busca de compresas frías para alivianar el dolor, también se permitió llevarle la comida hasta la cama. Estaba adolorido, por eso debía de hacer el mínimo esfuerzo.
—¿Voy a comer aquí solo? —Reprochó Hal, jalando la muñeca de Barry al notar que se iba.
—Está bien, voy en busca de mi comida. Pon una película buena o me voy, Jordan —. Bromeó el rubio, encaminándose a la cocina.
Barry nunca sentía el tiempo pasar con Hal, ni siquiera sus preocupaciones se hacían presentes. La amistad del piloto era lo mejor que le había pasado en la vida de superhéroe.
Sin percatarse, ambos se quedaron dormidos. El televisor alumbraba los rostros de los hombres y los murmullos apagaban los ligeros ronquidos de los héroes.
Aunque, entre sueños, oía a Hal gemir. El rubio se despertó para checar a su amigo. Ardía en fiebre y una de sus suturas se había abierto. Levantó la playera de la pijama del castaño.
—¡Oh por dios, Bar! Primero invítame a cenar —. La voz ronca de Jordan apagó las voces provenientes del televisor —. Aunque técnicamente sí lo hiciste... bueno, deberías pedir permiso antes que nada.
Bromeaba. Barry sabía que hablaba la fiebre pero no pudo evitar carcajearse.
—Vamos a darte una ducha, Hal. Estás muy caliente.
Debía de pensar mejor sus palabras.
—Lo sé, soy tan caliente. Tú deberías darte la ducha.
El velocista puso sus ojos en blanco y ayudó al Linterna llegar al baño. Templó el agua en el punto exacto para que la fiebre desapareciera.
Con cuidado, quitó la playera y los pantalones del mayor. Hal reía y no ayudaba mucho. No sabía si podría atreverse a quitarle los calzoncillos, era algo incómodo. Se detuvo, meditando la situación lo más rápido posible pues el piloto se tambaleaba.
—Uhm, ¿Puedes quitarte tus boxers, Hal? — Desvió la mirada del cuerpo robusto de su amigo.
—Como ordenes.
Y así lo hizo. Momentos después, estaba en la tina, sintiendo el agua tibia recorrer su piel junto a las gotas que salían de la regadera que Barry pasaba gentilmente por su cabeza.
—Gracias —. Murmuró el piloto con satisfacción. Vaya que lo necesitaba.
Las yemas de los dedos de Barry recorrían las heridas provocadas por guerras pasadas o recientes, en la tierra o en el espacio. Cada una contaba una historia, ya sea increíble o un tanto absurda pero significaba que sin duda, había salido victorioso. De alguna manera, aquellas heridas hacían ver a Hal atractivo, sumando que su cuerpo, por supuesto no estaba nada mal.
¿Qué estaba pensando? Bueno, era su mejor amigo y eso no significaba que estaba ciego. Tenía que enfocarse en curar las recientes lesiones para que su amigo pudiera descansar.
Los quejidos del piloto cesaron una vez que volvía a la cama, recién bañado, con una nueva pijama y el vendaje cambiado. Barry sí que sabía curar.
----
El anillo anunciaba que necesitaban a Hal en Oa, su descanso de la corporación había terminado. Ni siquiera lo dejaron terminar de ver Top Gun junto al rubio.
—¿Vas a estar bien? —Preguntaba Hal, agarrando los hombros del velocista y flotando sobre el suelo del departamento de Barry.
—¡Sí! —Exasperado, respondió el forense — Ve, te necesitan.
El castaño sentía la necesidad de depositar un beso en la frente pálida del forense, como solía hacerlo cuando se despedía de Carol pero se contuvo. Decidió estrujarlo entre sus brazos, sería menos complicado para ambos.
—¡No te vuelvas un extraño! — Gritó Barry mientras Hal se alejaba cada vez más.
—¡Búscame en las estrellas si me necesitas! — El Linterna detuvo su vuelo para decir aquella frase. Incluso pudo ver la gran sonrisa en su amigo que se plantaba en su rostro.
Y el departamento se sentía vacío. Odiaba a Hal Jordan y su ruidosa presencia. Con suerte, entre la liga de la justicia y su trabajo no notaría la ausencia. Ese sentimientos tenía que ponerlo a un lado, no tenía sentido.
Barry disfutaba su trabajo, pero sin duda, el almuerzo era su momento favorito del día. Apagó el monitor e intercambió un par de palabras con Patty antes de salir en busca de comida.
Fuera de la estación de policías pudo reconocer aquella chaqueta de aviador postrada en la espalda del hombre castaño el cual reposaba sobre su motocicleta, con un par de bolsas en sus manos.
—Llegué justo a la hora del lunch —Anunció Hal, caminando hacia Barry.
—A veces me agradas —Bromeó el rubio, dirigiéndole a la planta alta del edificio donde podrían ver Central City moviéndose rápidamente y oír el bullicio de la ciudad.
Comieron tranquilamente los sándwiches que el piloto había llevado mientras éste relataba sus aventuras. Barry lo escuchaba atento.
—Nada del otro mundo —. Concluía el Linterna cuando claramente había sido algo del otro mundo.
—Claro, me pasa diario. Qué aburrido eres, Jordan.
Hal hizo un gesto de ofensa, dejando a un lado, dramáticamente, su vaso de café para empujar a Barry y recorrer sus dedos traviesos a través de las costillas del rubio, haciéndolo reír.
Era divertido hacerle cosquillas a Barry, sus carcajadas podían mejorar el día de cualquiera y ver sus ojos cielo desaparecer junto a las pequeñas arrugas que se formaban en su nariz era un acto que era digno de admirar.
La espalda del velocista tocó el concreto del techo. Los dedos de Hal subieron al cuello de su amigo, el cual no paraba de reír. Recargó su mano izquierda en el suelo de la azotea, cerca de la cabeza del rubio.
—Dime lo que quieras, menos que soy aburrido —. Susurró el castaño cerca del oído de Barry, dejando de hacerle cosquillas.
La cara del velocista se volvió del mismo color de su traje de superhéroe, sus carcajadas cesaron pero su sonrisa no desapareció.
Los ojos pardos de Hal viajaron a los labios carnosos de Barry, admirando aquel color rosado que los coloreaba y el carmesí que aparecía cuando los dientes del rubio los moridía en un intento de controlar su risa. Diablos. La alegría del forense era contagiable.
El rubio parpadeaba rápidamente, recorriendo sus cuencas entre la sonrisa de par de par de su amigo y sus chispeantes ojos. Estaban tan cerca que podía sentir la respiración de Hal chocar contra sus pómulos. Sus pechos subían y bajaban a la par, agitados por las risas.
—Eh, ¿Barry? — Una voz femenina sonó de fondo, provocando que los mayores se separaran rápidamente — Acaba de suceder algo, nos están llamando.
—S-sí, sí, voy ahora mismo. Lo siento —Balbuceaba el forense, levantando su desayuno.
Patty desapareció, un poco incómoda. Hal ayudó a su amigo a levantarse.
—No lleves nada de cenar, yo invito —Exclamó el castaño, subiendo a su motocicleta.
Barry asintió, agitando su mano en el aire en forma de despedida. Se encaminó a la patrulla, anotando los reportes escuchados. Hal desapareció.
Barry no volvió esa noche, ni tampoco se encontraba en la Atalaya. No había dejado algún recado, posiblemente una misión se atravesó en su camino justo como estaba apunto de pasarle.
Voló hacía el sector en que era requerido. Nada más que unos piratas del espacio. Un par de batallas y diálogos y estaban libres de aquella situación. El forense seguía sin aparecer, decidió volver con los demás superhéroes.
—¿Sabes algo de Barry? —Hal preguntó al ver a Oliver caminar por los pasillos de la Atalaya.
—¿Tu novio? —El Linterna rodó sus ojos — Creo que pasó algo con la speed force, no sé muy bien pero están todos los velocistas juntos.
Hal asintió, preocupado. Sintió la mirada curiosa de su amigo. Abrió la boca para decir algo pero volvió a cerrarla, arrepentido.
—¿Qué? —Siseó Hal.
El arquero negó, aguantando una risa burlona. Quizá estaba siendo demasiado duro con el castaño.
Antes de que Oliver se arrepintiera de nuevo, unas voces demasiado agitadas sonaban en la sala de conferencias. Por el brillo en los ojos de su mejor amigo, supo que se trataba de los velocistas. Lo acompañó a saludar.
Hal corrió a abrazar a Barry, el cual lucía extremadamente cansado pero una débil sonrisa se formó en sus labios, correspondiendo a los cálidos brazos de su amigo.
—¿Cuándo llegaste? —La voz cansada del rubio preguntó, separándose del Linterna el cual no apartaba sus manos de los hombros de Barry.
—Justo hace un par de horas. Todo bien, por si te interesa.
El velocista lo empujó amistosamente. La sonrisa de Hal se hacía cada vez más grande. Se dispuso a saludar al resto de la familia Flash junto a Oliver.
—¿Harás algo hoy? —Inquirió Oliver a Hal.
—Uhm, no lo creo.
El arquero comenzó a contarle su plan de ir a tomar juntos o algo así, pues la concentración de Hal no duraba mucho; peor aun cuando Barry se paseaba por el salón con ese traje tan apretado y escarlata que hacía sobresalir su trasero. Es decir, no es como si su mirada se mantuviera todo el rato ahí pero el velocista había dejado la liga por mucho tiempo que había olvidado como lucía el traje de su amigo. Oliver dejó de hablar.
—Sí — Respondió Hal por instinto.
—¿Sí qué? —Oliver pellizcó el puente de su nariz, irritado— Como sea, cuando quieras prestarme atención puedes buscarme.
Oh. Algo en Hal hizo clic. ¿Es que no trataba igual a Barry y a Oliver? Los quería a ambos, aunque el arquero a veces fuera un tanto desesperante pero le gustaba pasar el mismo tiempo que con Barry, ¿no es así?
—¿Ollie? — Llamó el Linterna, arrastrándolo lejos de los demás héroes.
—¿Qué?
—¿Sientes que te trato igual que a Barry?
La mirada dura del rubio pasó a una divertida, sus ojos se achinaron y una carcajada acompañó aquella mueca de diversión. Se secó las lágrimas que salieron gracias a su estruendosa risa.
—No — Respondió, aún riendo —. Por los dioses, eso sería incesto, Jordan. Te veo como un hermano.
Hal también veía a los dos de esa forma, ¿no? Pero no quería estar tocando las manos callosas del arquero en todo momento o abrazarlo por el mínimo éxito que tuviera. Rayos.
Pero Barry, dios, estaba desesperado por mantener el mayor contacto físico posible con Barry. Le gustaba hacerlo reír, ver como sus ojos garzos cambiaban de acuerdo a la luz, incluso a su estado emocional. Oír sus melodiosas risas. Le gustaba verlo concentrado, hundido en su trabajo mientras su lengua se asomaba por la comisura de sus labios al tratar de resolver un caso. Incluso extrañaba el ruido de su estómago hambriento cuando pasaba tiempo lejos de la tierra; al estar aburrido le gustaba pensar en ello. Por todos los cielos, ¿qué le había hecho Barry?
—Está bien si te gusta, Hal, no te compliques la vida. Igual, toda la liga piensa que ustedes dos salen desde hace tiempo.
El Linterna no tenía problema en aceptar que le gustaba un hombre, incluso había tenido aventuras con algunos, terrícolas o no. Pero no sabía cómo reaccionaría el forense, ni siquiera estaba seguro si estaba saliendo con alguien.
—Y-yo... uhm. ¿Es muy evidente? —Hal recargó sus manos en la cintura —. Quiero decir, no lo hacía intencionalmente. Ni siquiera sabía que me gusta.
—A veces eres un poco idiota en estos temas, también Barry. Pero aquí estoy para apoyarte.
Bueno, no era como si Oliver fuera un experto en el amor pero agradeció el apoyo con una leve risa burlona.
Sabía que lo mejor era decirle. Estaba libre de compromisos, especialmente con Carol, eso no le preocupaba en absoluto pero diablos, Barry lo hacía sentir como un adolescente.
Sin duda se lo diría pronto, cuando recuperara energía. Posiblemente lo llevaría a cenar. ¿Sería mucho? O lo más accesible era hacer una pequeña cena, como suelen hacerlo y mirar algún partido. Sí, suena bien. Nada complicado.
—¿Vamos a casa? —La voz tímida de Barry interrumpió la platica entre los amigos. Oliver le dedicó una mirada cómplice y picarona a Hal. Los dejó solos.
El piloto asintió, encaminándose a los boom tube para llegar más rápido.
Barry le relataba lo sucedido. Mirror Master había sido el protagonista. Hal asentía por inercia. Quería escucharlo pero su mente estaba inquieta, su atención estaba en otros asuntos que posiblemente complicaría su relación.
—Era como si todos se hubieran puesto de acuerdo, ¡hasta Lex Luthor apareció! — Gritó incrédulo, Hal rio ante los gestos exagerados del velocista —. Todo volvió a la normalidad, literalmente. Scudder escapó pero salimos vivos.
El forense prefirió evitar la parte donde Eobard había aparecido más temprano junto a la constante amenaza de que tenía en mira a todos lo que quería.
—Más que suficiente, Bartholomew. Ahora vete a duchar que apestas. Yo pido la comida.
Barry se quejó de la falta habilidades de Hal para cocinar pero accedió, estaba demasiado cansado para hacerlo él.
¿Ahora qué haría? Puede esperar, no hay prisa. Podían tener una noche tranquila, como buenos amigos y mañana sería otro día. Quizá Oliver lo confundió. Tenía que aclarar sus sentimientos y Barry necesitaba quejarse de sus villanos.
—Uh, ¿Hal? —El forense llamó la atención del piloto, el cual colocaba la mesa con tranquilidad.
Barry estaba parado en medio de la sala, con una toalla que sólo cubría de su cintura hasta sus rodillas. Escurrían gotas de agua de su cuerpo. ¿Cómo era posible que aquel nerd tuviera tan buen cuerpo y luciera tan precioso?
—Hay una pequeña araña en mi habitación — Rio con nerviosismo — ¿Podrías sacarla, por favor?
Sí, definitivamente estaba enamorado de Barry Allen y la culpa era de él por ser tan caliente y tierno. Hal esbozó una sonrisa.
Tomó al arácnido entre su manos y lo sacó por la ventana de la habitación. El suspiro de alivio del forense resonó en todo el cuarto.
—Una araña, Barry —. Se burló el castaño —. Eres tan adorable y tan...
Hal se detuvo. No. No iba a decir nada, no esta noche. Pero el rubor en las mejillas del contrario y verlo jugar con sus dedos con la mirada fija en el suelo más la poca ropa que adornaba su tonificado cuerpo se lo hacían complicado.
—Bueno, yo no soy un Linterna Verde per...
—Bar, creo que me gustas —Interrumpió con un ligero toque de nerviosismo en su voz.
Dios, ¿qué diablos había sido ese intento de confesión?
El rostro del rubio se volvió de un rojo más intenso, incluso sus orejas se llenaron de aquel color. Lo miró confuso. Hal se sentó en la orilla de la cama de Barry. Éste se quedó parado frente al castaño.
—No, no lo creo. Estoy seguro, Bear. ¿Sabes? Creí que Ollie había encontrado una forma de manipularme y hacerme creer que te amo pero, en primer lugar no es tan inteligente y segundo...—Hal levantó su vista. Era imposible que pudiera sonrojarse más pero ahí estaba Barry, a punto de estallar.
Se levantó del colchón, acunando el rostro del velocista entre sus manos. Los ojos azulados se tornaron oscuros gracias a las pupilas dilatadas. No lo miraban.
—... no hay forma de decir que quiero estar tan cerca de ti por el simple hecho de que eres mi mejor amigo. Y lo eres, pero siento tanto por ti, Bar y no me molesta en absoluto.
Barry tomó las manos del contrario entre las suyas y las alejó de su rostro, fijando su mirada en ellas. Eran tan suaves y cómodas, debía admitirlo. Le gustaba cuando Hal lo tocaba, el más mínimo toque y el día dejaba de ser tan gris. Pero no quería permitirse perder a alguien más.
—Hal... yo —Suspiró pesadamente y lo miró después de tanto tiempo. Ante la incertidumbre, los ojos de su amigo seguían brillando — todo lo que hecho, lo que Eobard se esfuerza en recordame. No... n-no quiero hacerte daño ni que salgas lastimado por mi culpa, porque cada que me permito ser amado, aparece y destruye todo el encanto.
La voz de Barry se quebró. El agarre de Hal se volvió más fuerte.
—Bear, todas esas palabras son telarañas y moscas saliendo de tu linda boca. No me importa Eobard, ni Sinestro, ni cualquier villano que nos amenace. Sólo trata de mantenerte con vida y yo te salvaré de todos y te haré creer que eres amado aunque te niegues a sentirlo y si es mucho, voy a esperar porque siempre seremos un equipo, tú y yo. Te lo dije, Allen, deshacerte de mí no es tan fácil como derrotar a Darkseid.
El silencio era tan ruidoso que estaba a punto de echarse para atrás. Debía de haber esperado.
—Sólo dame un poco de tiempo, Hal. ¿Está bien?
Y eso fue suficiente para proponerse en llenarlo de amor. No había sido un no, era una especie de sí complicado.
Besó las pálidas manos del velocista y llevó las suyas a las mejillas sonrosadas del contrario, acariciándole con toda la ternura que tenía guardada.
—Todo el tiempo que necesites, Bar.
----
Otra misión. La corporación necesitaba a todas las linternas verdes posibles. No se quejaba, amaba el espacio pero no sabía cómo estar recordándole a Barry lo mucho que lo ama a una significante distancia.
Debería despedirse, pero estaba con Iris, poniéndose al día. Lo haría, algo rápido. Voló hacia el hogar de la pelirroja, pasando por un par de fresas con chocolate para su rubio. Tocó un poco desesperado.
—¡Hal! —Saludó la mujer, dejándolo pasar.
—Siento interrumpir, pero hay una misión urgente y quise pasar a despedirme —Explicó, mirando a Barry alzando sus cejas. Sorpendentemente, Kyle estaba con ellos junto a Wally— Ya sabes, esto es para ti.
El Linterna le entregó la caja al forense. Le regaló un beso en la coronilla de sus dorados cabellos seguido de un abrazo. Quería llevárselo con él y podría ser posible si hubiera un anillo azul disponible; serían tan poderosos juntos.
—Te quiero con toda mi alma, no te atrevas a olvidarlo porque seré capaz de tomar el anillo rojo si lo haces —Bromeó, sacudiendo suavemente a Barry —. Volveré tan pronto como sea posible.
El velocista rio, sonrojado. Odiaba ponerse tan colorado gracias a Hal. Vaya que se esforzaba y muy en el fondo, deseaba que nunca dejara de hacerlo.
Kyle se puso de pie, caminando junto a Hal para irse, despidiéndose de sus amigos.
—¡Me gustas, Barry Allen! —Gritó Hal desde el cielo.
—Sin problema puede decir también que soy Flash —. Murmuró para sí mismo. Escuchó la risa burlona de Wally.
—Barry, te ves feliz con él. ¿Qué esperas? —Preguntó Iris, cerrando la puerta de su hogar.
—No lo sé, no quiero que las cosas salgan igual que siempre como contigo o con Patty.
—Mereces ser feliz, digas lo que digas —Intervino el pelirrojo —. Lo que sea que pasó con reverso, bueno, pues quedó en el pasado.
—Wally tiene razón. Yo... siento haber sido tan dura contigo. No mereces nada de lo que pasó después. Sólo disfruta el momento. Si Hal te ama y tú lo amas, ¿qué más da?
Tenían razón. No mentiría que quería invadir el espacio personal de Hal y ser feliz con él pero tampoco quería sentir esa incertidumbre que Eobard, tan amable, le había marcado por siempre.
Mientras tanto, linternas abordaban algunas naves para ir en busca de los manhunters que habían sido reportados. Hal, John, Guy y Kyle abordaron una misma nave.
—¿Tú y Barry ya están juntos? —Preguntó el pelinegro en el momento en que dejaron de oír órdenes.
—Nah, Barry me pidió tiempo y lo entiendo. Sólo coqueteo para que no pierda el encanto.
—¿Y lo sigues queriendo después de todo este tiempo? —Inquirió John.
—Está bien. Puedo esperar a Barry un millón de años y apuesto a que lo seguiré queriendo con tanta intensidad. Incluso si nunca decide estar conmigo, estaré más que bien siendo su amigo. Sólo lo necesito a él —. Explicó, trazando el curso de la nave.
—¿Qué han hecho con Hal Jordan y donde está el idiota tan egoísta? Eres un estúpido, con todo respeto —Intervino Guy, rodando los ojos.
—Un idiota enamorado, ¿qué puedo decir?
—Creí que ustedes ya andaban —. Terminó John, palmeando la espalda del piloto.
----
Los meses pasaban. Barry no podía evitar preocuparse cada vez que no tenía mucho que hacer. Se hizo más activo en la liga, incluso pudo crear una mejor seguridad para mantener encerrado a Thawne y no molestara por mucho tiempo.
"Hal te busca. Atalaya"
Recibió el mensaje de Bruce y corrió un segundo después.
Había sido internado. Después de todo, la misión no salió tan bien pero volvieron a la Tierra, con éxito si así podría decirle. Muchas linternas fallecieron en batalla, claramente no se sentía como una victoria. Pero ver aquellos ojos azules como el cielo del medio día bastaba para tranquilizar a Hal Jordan.
—¿Estás bien? —La preocupación era notoria en la voz de Barry.
—Ahora lo estoy —Respondió el piloto, depositando un beso estruendoso en la mejilla del veocista.
—Idiota.
Ambos rieron.
Barry llevó a Hal al departamento. El castaño se tumbó en el sofá, suspirando profundamente, feliz de que volvía a casa. Barry se sentó a un lado suyo mientras el comía una gran bolsa de papas. Le ofreció un té al contrario.
Central City jugaba contra Coast City. Por supuesto que se desvelaron para verlos. Era la oportunidad perfecta para burlarse del equipo favorito de Hal. No era su culpa que su ciudad jugara tan mal, pero no le importaba.
—No entiendo cómo es que aún me decepciono — Se quejó el piloto, mordiendo un emparedado que Barry le ofreció.
—Y yo no entiendo como hay gente que apoya a Coast City, Hal —Se burló el rubio. Un cojín chocó en su rostro como respuesta.
Barry devolvió el golpe pero de una forma distinta. Acercó sus labios cerca de la comisura de la boca de Hal, depositando un largo y húmedo beso. El corazón del piloto dio un vuelco. Valía la pena volver destruido de las misiones. El dolor restante de la batalla se esfumó del cuerpo de Hal.
—¿Te atreves a...?
Antes de que el castaño pudiera seguir indignándose, Barry no esperó más y decidió seguir los consejos de Iris. La vida era muy fugaz para temer por criminales que, al final del día, no ganarán.
El rubio rompió el poco espacio que separaba a ambos y unió sus labios a los de Hal. Ninguno sabía si su corazón era el que latía más rápido pero ambos cerraron sus ojos automáticamente.
En un principio sólo presionó sus labios sobre los de Hal pero éste ahuecó sus manos en su mandíbula y abrió su boca para que Barry pudiera besarlo hasta quedarse sin aliento.
El Linterna posó sus manos sobre la cintura del velocista, apretando suavemente sin perder el ritmo del beso. Una sonrisa se escapó sin su consentimiento, Barry le acompañó con una risa tímida. Dejaron sus frentes juntas. Sus alientos cálidos chocaban entre sus labios semiabiertos.
Hal tiró del forense para que éste se acomodara bien, sobre sus muslos, adquiriendo una posición más cómoda. El castaño relamió sus labios antes de volver a besar a Barry, con un poco más de intensidad.
Su lengua recorrió la boca del rubio; sabía a café y frituras. Las manos del castaño no se estuvieron quietas, viajaban de arriba hacia abajo sobre los pantalones de la pijama de Barry hasta llegar a sus glúteos en el cual, no pudo evitar darles un apretón.
La lengua de Hal chocó contra la de Barry, creando una ansiada y deseada danza, saboreándose sin prisa, con pasión. Lo había deseado por tanto tiempo que parecía uno de esos sueños que el Linterna suele tener. Sólo que era más realista, podía sentir las tenues vibraciones de Barry sobre su cuerpo, la manos níveas del joven aferrarse a su melena castaña, la respiración agitada del velocista. Era un sueño hecho realidad y ninguno quería separarse pero lamentablemente, necesitaban oxígeno.
Sus sonrisas eran más grande de lo que alguno había sonreído alguna vez. Sus frentes permanecieron juntas.
—Siento hacerte esperar —Murmuró el rubio, posando sus manos en el cuello del piloto.
—Está bien, comenzaba a elegir las misiones más peligrosas —. Musitó Jordan, abrazando con afecto, la espalda baja del contrario
—Siempre las buscas.
—Tienes un punto — Hal depositó un tierno beso debajo de la mandíbula del ruborizado Barry — Sólo estoy tan enamorado de ti que tenerte cerca era suficiente para mí.
—Eres un cursi —Añadió, escondiendo su rostro entre el hueco del cuello y el hombro del piloto —, pero no dejes de serlo.
—Nunca, sólo te sentirás tan amado que no podrás con tanto y amor y Thawne se alejará de nosotros por tanta miel que derramamos. Seremos tan cursis que el mismo Clark tendrá que calmarnos.
—Cállate —Respondió entre risas, abrazando a Hal con todo el amor que había conservado desde la muerte de Eobard.
Jordan siguió depositando besos alrededor de toda la cara y cuello del contrario. Barry se sentía feliz después de tanto tiempo. Estarían bien, nadie podría molestarlos. No se preocuparía por el futuro, se dedicaría a amar a Hal y demostrárselo.
Se sentían amados.
