Chapter Text
En los recesos de la nube nada volvería a ser lo mismo, la guerra había dejado una herida que nunca llegaría a desaparecer, ellos no eran los únicos.
La campaña para derrotar el sol fue larga, pesada tanto mentalmente como física, nadie está preparado para uno y por eso mismo te obligan a crecer. Puede que en algún futuro solo sea un mal recuerdo que reviva el crudo infierno que vivieron, todavía se siente tan cerca que con tan solo cerrar los ojos puedes volver a oírlo, algún día podrás olvidarlo con una sonrisa.
Todavía encaminándonos dónde ese futuro se puede oír suspirar a varias por el alivio, algunos festejan y beben hasta saciarse.
Y en cambio otros despiertan a espaldas de los demás su ambición de poder al ver el camino libre dejado por la caída del sol.
Ese mismo futuro estará envuelto por aquello, un futuro dónde vidas inocentes fueron arrastradas por deseos egoístas, en qué cierta planeación de una venganza duró toda una década, un joven fue orillado a invocar un alma que era dada por destruida.
Fue en ese instante, mientras la secta Lan volvía a respirar la calma y la paz de un nuevo comienzo al llevar a cabo la reconstrucción que un destello nada particular hizo presencia solo para las orejudas bolas de pelo.
O también:
Un par de bebés Lan aparecen mágicamente y terminan por adoptar un padre (padres).
Título alternativo: El inicio de la desviación de qi
La Campaña para derribar el sol acabó, Wen Ruohan está muerto y la secta Wen fue reducida, aquella noticia se extendió por todo el país siendo un alivio para la gente común y obviamente el mundo del cultivo.
Ellos celebraron la final de la Guerra. Una que había traído consigo tanto sufrimiento y pérdidas como también el renombre de figuras que sobresalieron en el transcurso.
Armaron grandes carpas para proporcionar un debido y apresurado banquete dónde LanLing Jin, Gusu Lan, Qinghe Nie y Yunmeng Jiang iban a la cabeza al ser todavía reconocidas como las prominentes en la batalla mas no quitaba la importancia de las sectas pequeñas. Bebieron y saciaron su apetito.
A la mañana siguiente comenzó el trabajo de reconstrucción, todavía no podía haber una celebración apropiada a la victoria contra la secta Wen.
El telón de la guerra acaba e inicia el camino a la paz en el mundo.
Una supuesta paz que sería truncada por la avaricia.
Y en una época futura, específicamente, casi dos décadas después en algún lugar de los tranquilos recesos de la nube fue oída una explosión. Obviamente llamó la atención más de uno pero no fue una sorpresa, podría estar acostumbrado a los experimentos fallidos de Wei-Qianbei, cierto Gran maestro Lan estuvo a un paso de la desviación de qi nuevamente.
Dos jóvenes Lan desaparecieron esa tarde creando un gran revuelo entre los otros jóvenes de la misma generación cuando no los vieron ingresar a las otras clases del día. Impensable.
"Lan Zhan, tenemos un problema". Llamó Wei WuXian a su esposo, la mirada de este se dirigía al centro de la habitación hecha un desastre y un par de talismanes quemados en el suelo junto al artefacto que diseñaba estas últimas semanas. "Tenemos dos problemas".
Inevitablemente pasó lo que imaginaban.
Observaron en la habitación un dúo de espadas apoyándose en una de las repisas sin tener a los dueños a la vista.
"Tenemos muchos problemas. Los niños están aquí". Wei WuXian perdió por completo la pequeña sonrisa que había traído desde que entró al recinto con la esperanza de encontrar a sus dos patitos Lan y jugar un poco al reprenderlos.
"Wei Ying, tranquilo". Lan WangJi colocó una mano en su hombro, ambos compartieron una mirada, Wei WuXian encontró consuelo. "Los encontraremos. Juntos".
"Oh, claro que sí. Esos pequeños bribones no pueden huir de mí tan fácil y necesitarán ser reprendidos, ¿No crees, Lan Zhan?"
"Mn" Terminó por sentenciar.
No funcionó. Lan WangJi ahora mejor conocido con el título de Hanguang-Jun, el portador de la luz, volvió a acercarse a Wei WuXian y al igual que las veces anteriores falló.
'No deseo castigarte' 'Quiero protegerte' 'Quiero curarte' Su corazón gritaba por hacerse escuchar al verlo perderse entre la energía resentida que ahora rodeaba su ser, el lento daño que estaba causando en él, era la impotencia de observar marchitarse al joven de radiante sonrisa que atrapó en medio toque de queda con jarras de licor. En un tiempo donde su única preocupación era no perder el control bajo las bromas del mismo chico. Aquello no fue eterno, una guerra se llevó consigo gran parte de esos días.
Su voz no llegaba, las palabras no pueden ser formuladas. Una respiración, dos respiraciones y nada.
El rojo en su mirar se intensificó.
"Lan WangJi" Dijo con ira, apretando a la vez a Chenqing. "Puedo hacerme cargo de mi camino de cultivo. No es asunto tuyo."
Ambas miradas chocaron y no pasó mucho para que Lan WangJi terminará por retirarse.
El camino de regreso a Gusu Lan fue duro al tener mucho con lo que divagar esta vez; una conversación fallida, seguir estudiando las partituras que ayuden a despejar la mente y el cuerpo, la juramentación de hermandad de Lan XiChen, la idea de volver a pisar los terrenos de su hogar seguidamente de meses y esta vez ingresar sin llevar noticias de carácter urgente por las posibles bajas.
Subió las largas escaleras hasta llegar a la entrada en el cual cruzó sin problemas, su ficha de jade descansaba en su cadera, fue curioso no ver a los discípulos de guardia custodiando el lugar. Con la idea de preguntar al encontrarse con su Shufu avanzó por el empedrado sendero pero la vista de las verdes colinas y la vegetación que florecía con suma belleza logró que desista de la idea principal para darse un corto desvío.
Hace un extenso tiempo que no tuvo el momento de pasar a visitar a los conejos que fueron un regalo durante la estadía de Wei WuXian y desde entonces no dejaron de aumentar en número.
«En los recesos de la nube, no se permiten mascotas»
Gracias a Lan XiChen pudo quedarse con ellos, detrás del Jingshi podía vivir libremente y no seleccionaron una mascota.
Entró al Jingshi a dejar y cambiarse algunas prendas, no estaba de más estar presentable ante el gran maestro. Su casa seguía tal como sugería su nombre, silenciosa.
Abandonó la casa cuando los recuerdos inundaron la mente del segundo joven maestro Lan, memorias antes de la guerra que solo parecían tan lejanas.
Sus pasos lo llevaron al lugar que no había pisado por más de unos cuantos minutos, el prado donde la pareja de conejos se reclamó como suya y poco a poco el número mágicamente aumentó.
Entre la horda de conejos aparecieron unos pequeños niños.
Parpadeó incrédulo. Volvió a dirigir su vista a los conejos y los vio nuevamente ahí.
Con sorpresa se acercó, los conejitos le dieron el paso libre al alejarse saltando hacía otra parte del campo, antes de siquiera llegar a comprobar alguna moldura o rasguño en el par, estos corrieron para aferrarse a las túnicas de él como sí su vida dependiera de ello. No pasó mucho para oír sollozos viniendo de los pequeños Lan.
Fue un shock.
Lan Wang o hasta donde sabía) y los últimos que llegaron a conocer sobrepasan la edad que aparentan niños.
No había ignorado para nada el emblema característico perteneciente a la familia principal Lan que lucían las frentes de los pequeños y que Lan WangJi igualmente usaba, una impecable cinta blanca con unos bordados de nubes.
Sin idea de cómo actuar trato de retroceder trayendo como repercusión que los balbuceos y el llanto aumentará.
"Calma". Dice y vuelve a repetir nuevamente. Indeciso se inclina para dar unas palmaditas al par.
Un pequeño elevó la mirada, sus ojos brillaban por las lágrimas que descendían de su rostro, noto como pasaba de apretar con sus manitos la túnica blanca a rodear con sus brazos su pierna izquierda. Llamó una y otra vez: "A-Die"
"Yo no soy" Dice WangJi.
Junto a él el otro niño detuvo el llanto, alzó la mirada y cruzó con la de Lan WangJi, estuvieron sumergidos viéndose por largos segundos. No volvió a llorar solo escondió su rostro entre las túnicas blancas con las cuales seguía aferrado. Del mismo modo dijo: "A-Die"
No supo qué decir ni sentirse, la mayoría de las personas que ven al Segundo Joven maestro Lan resaltan el aura fría que lleva y el descomunal poder que se siente en su presencia.
Nadie menciona su otro lado, uno donde es masita y tiene una debilidad por los pequeños, la última la acaba de descubrir y tal vez en un futuro distinto otra hubiera sido la situación mas no en este.
Inusualmente evoca los recuerdos de su madre, es nostálgico y cálido. Su madre burlándose y contándole historias fantasiosas, el rostro de una mujer que no logra recordar por completo.
"Tranquilos. Estaré aquí. No me iré." Asegura Lan WangJi.
Parece calmar a los niños las palabras, él que sujeta su pierna inhala y exhala hasta calmar sus lágrimas, puede dejar de estar tenso y proceder a ver al otro pequeño quién sin soltar la túnica busca acercarse a su compañero.
"A-Yuan, tranquilo." Al igual que Lan WangJi, con su mano libre, intenta calmarlo con unas palmaditas en su hombro.
Tenía un nombre.
Dudando vuelve a la tarea inicial de buscar algún daño, no encuentra ninguno y desiste.
"Vamos al Jingshi" Avisa, extendiendo sus manos al par.
En el lapsus de buscar heridas los niños pasaron a estar mejor, ahora sin darse cuenta lo miraban con estrellitas en los ojos. Aceptaron la mano y la sostuvieron bien, uno a cada lado.
"A-Yi quiere jugar con los conejos" Pidió balanceando su mano, Lan WangJi observó sin la fuerza de citar una de las reglas ante el comportamiento.
Las sonrisas en sus rostros eran mejores que las lágrimas.
"Luego jugaremos con ellos" Lan WangJi les dio una mirada a sus peludos amigos que aún seguían saltando y jugando a un lado.
Debía encontrar a los padres de los niños, estos no debían estar sin supervisión lo cual es una irresponsabilidad. Una sanción sería dictada y estaría a manos de los mayores, por ahora Lan WangJi viajaría con los pequeños Lan hasta su casa.
"¿Vamos por Xian-Gege?" A-Yuan preguntó con emoción.
Desconocía de quién se refería pero Lan WangJi no mentiría a pesar de ello, no dijo nada y tampoco fue necesario cuando A-Yi comenzó a contar una historia sobre unos conejos.
El camino al Jingshi no fue silencioso esta vez, Lan WangJi estuvo inmerso en la historia al igual que A-Yuan. Sin darse cuenta era padre de dos niños que aparecieron mágicamente entre los conejos.
