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La oscuridad se apoderó del cielo y gracias a su oscuro color, esa parte del día podía ser llamada noche; la etapa que marcaba el claro final del día y donde la mayoría de los seres vivos deberían estar en un periodo llamado "sueño", y sí "la mayoría", porque puede haber un indefinido número de personas o hasta animales que continúan despiertos a pesar de la hora; como lo sería uno de los tantos hombres que en la mayoría de sus vidas se desvelan con tal de cumplir sus deberes, pero que para su suerte, también podían tener completas noches de descanso. En parte era una lástima que desperdiciara los segundos, los minutos y hasta horas, despierto en su habitación. Su cuerpo reposando tranquilamente sobre su cómodo futón y cabello rubio disperso en la tela de la suave almohada; perfectamente pudo haberse quedado dormido de no ser por el aparente insomnio, donde para matar el tiempo se han presentado varias imágenes de aquel tranquilo y por suerte agradable día. Una pequeña y casi agotada sonrisa se formó en los labios del hombre llamado Kyōjurō.
¿Quién era precisamente? En estos momentos un hombre cansado, pero generalmente un cazador de demonios, el primogénito de una familia que por generaciones ha cazado a aquellas criaturas malignas; un hermano mayor que ha hecho todo lo posible para apoyar a su hermano menor; un hombre que con esfuerzo hasta llegó a la posición de "Pilar de las flamas", la misma que su padre tuvo en antaño y por último, pero en verdad irrelevante, alguien que en ese mundo llevaba la pequeña, insignificante y hasta tonta etiqueta de... "omega", un subgénero que formaba parte de él desde que lo descubrió y que fue tomando a la ligera por su familia, por él y por la gran mayoría de personas a su alrededor; porque vamos ¿En qué le afectaba esa pequeñez? Según su padre hace años: "Nada. No significa nada" y como él dijo, nunca significó algo relevante en su existencia, pues aún con ella él podía entrenar, pelear, reír, hablar con sus amigos y hermano, podía vivir; claramente era algo irrelevante, de no ser por las "complicaciones" que él y otras personas comenzaban a tener desde la pubertad... y que por lo menos en él, se redujeron significativamente desde hace ya unos años, quizás cuatro o hasta casi cinco años atrás, pero eso es algo que recordará ya mucho más tarde. No es importante ahora.
Pero ahora que lo piensa, ahora que recordaba la pequeña frase anteriormente mencionada: "podía vivir", destacando en ella la pequeña, pero relevante palabra "vivir". Con ello sólo pensaba en lo siguiente: Vida, su vida. Una que podía recordar casi perfectamente desde que tiene memoria y una muy, pero muy buena. Ahora que tocaba el tema de sus vivencias, ¿Sería bueno recordarlas ahora que no puede ni dormir? Con algo debe de matar el tiempo, así que la respuesta era más que obvia: Sí.
Porque no negará que está algo aburrido.
¿Por dónde empezar? ¿Por el inicio, su niñez; algo que dejara marca en esa época? ¿Por su adolescencia directamente y su estancia en el cuerpo de cazadores durante los últimos años? ¿O por los sucesos "recientes" que se presentaron en su vida, específicamente los de ese año? No estaba seguro, pero probablemente sería mejor comenzar por casi el comienzo, quizás por los días donde entrenaba para ser quien es ahora; una parte de su infancia.
Soltando un suspiro, acomodándose bajo las mantas; tomando una buena parte de su concentración, se puso a pensar en una que otra parte de su niñez; desde los momentos en los que reía con su padre y madre, los días de otoño donde se recogían las hojas del jardín y las usaban para asar las batatas que tanto le gustaban; hasta uno de los momentos más importantes de su vida, el día donde entrenaba con su hermano menor, su padre y este tenía una sonrisa en el rostro. Aquello fue hace unos diez años más o menos, pero podía recordarlo tan claro como el agua, como si hubiera ocurrido el día anterior o incluso hace unas horas o hasta minutos. Y ni hablar de cuando su padre, en ese momento un animado, alegre y gentil beta, descubrió que su hijo tenía cierta casta como su subgénero; pues como buen padre, le dijo que no importaba porque no era una limitación o algo realmente importante.
Todavía recuerda cuando lo abrazó, le sonrió y le dijo con simpleza: "Vive orgulloso de cómo y de quién eres. Tú eres tú, nada más importa, Kyōjurō".
Palabras que hasta el día de hoy se quedaron grabadas en su mente. Sería el mismo sin importar qué y se aferraría a aquello. Después de todo, en sus primeros años de vida ya le había quedado claro que Shinjuro había criado a un hombre orgulloso, uno que tendrá la frente en alto y mirará al futuro con decisión.
Se aferró siempre a esas palabras, a las motivaciones y más al momento donde se presentaron la amargura y las lágrimas en su vida. Primero donde supo que su madre no se quedaría mucho tiempo con ellos en el mundo de los vivos y luego en el momento donde ella se fue sin querer hacerlo; el día de su muerte.
Sus ojos se cierran levemente y siente una pequeña, breve, pero notoria punzada en su pecho. Ese día fue doloroso para toda la familia, un hombre perdió a su esposa y dos niños a su madre. La muerte de aquella beta fue muy dolorosa, su ausencia dejó un claro vacío en el corazón de los tres que quedaron.
Pero todavía no se rompían por completo.
Kyōjurō puede recordar como sus ánimos, los de su hermanito y padre iban decayendo durante el duelo, pero todavía manteniendo cierta firmeza. Puede recordar las lágrimas suyas y las de su padre, aquel cazador que no pudo mostrar una expresión diferente a la tristeza y una mirada baja por la muerte de su amada. Todavía recuerda los días en los que su progenitor suspiraba con pesar o se distanciaba de ellos, pero también tiene presentes los días en los que como intento de consuelo, el mayor de la familia Rengoku se dejaba abrazar por su hijo mayor. En esos momentos el en ese entonces pequeño Kyōjurō, se sentía bien por darle algún apoyo útil a su querido padre, más al ver que cuando lo miraba a los ojos, el dolor parecía desvanecerse por unos instantes y hasta le dedicaba un intento de sonrisa para tranquilizarlo. Aún recuerda cuando trataba de ser fuerte por sus hijos.
También recuerda cuando su padre parecía estar bien o al menos mejor que otros días. Eran momentos en los que parecía tener mejoría y sus hijos lo notaban.
Kyōjurō volvió a suspirar mientras recordaba esos días. Desearía que aquella "mejoría" hubiera sido real y no sólo aparente, porque Shinjuro no había logrado superar la muerte de su esposa y poco a poco, lentamente en el transcurso de los días, las semanas, los meses y hasta los años, se rompió. Pero no decayó sólo por la muerte de Ruka, también por otro detalle, uno del que obtuvo pista cuando escuchó a su padre decir que "El aliento de la flama, los cazadores, los pilares. Todo eso es una mierda". Allí supo que no sólo la ausencia de su madre había sido la culpable de la decadencia del espíritu que una vez ardió tanto como las llamas que representaban con su apariencia. Pero ese es un tema que no va a tocar por ahora, pues eso pasó después de que se uniera a los cazadores. Shinjuro tuvo un gran aguante, había que reconocerlo.
Y ahora que tocaba el tema de cuando se había unido a los cazadores ¿Por qué no divagar en aquellos recuerdos también? No estaba mal el recordar una que otra parte de su adolescencia, como cuando pasó la selección final y al regresar fue recibido por su hermanito, quien estaba con la preocupación a flor de piel y fue a él tan rápido como le permitieron sus piernas. Le tomó algo de tiempo tranquilizar a Senjuro, pues este estaba muy preocupado por ver a su hermano mayor herido. Era algo natural.
Y por ello trató de poner su mejor cara, sus palabras más suaves y hasta colocó sus manos sobre los hombros de Senjuro para indicarle que se tranquilizara y recordarle que él había vuelto, que estaba justo frente a él y que se recuperaría pronto. Fue un alivio ver a su hermanito respirando ya más calmado y escuchar un "De acuerdo... está bien", al momento de tranquilizarse. Luego de eso, pudo obtener algo de tranquilidad y tiempo para sí, tiempo en el que pudo pensar en sus compañeros caídos, muchachos que ni siquiera pudo conocer más a allá de sus nombres y apellidos. Fue algo bastante pesado, pero luego de recuperarse y hasta visitar sus tumbas, siguió con su deber, por él y por los caídos.
Y ahora también recuerda cuando volvió a casa y sólo encontró a Senjuro, quien le dijo que su padre había salido por una misión y que no volvería hasta el día siguiente. Esas palabras que le recordaban a Kyōjurō, que aunque su padre se mostrara con pasar y una clara amargura que le hacía decir que no valía el ser cazador, todavía cumplía con sus deberes, aunque fuera con mala cara. Eso le había dado una mínima esperanza de que su padre todavía podría llegar a animarse. Todavía quería creerlo, pues eso había sido antes de que "cierta cosa" sucediera, pero eso es otro asunto, uno que por ahora no tiene lugar.
Continuando con sus recuerdos, ahora llevaban imágenes de él en misiones en solitario, en grupo, en pareja o hasta tríos, pues habían demonios que requerían hasta más cazadores para ejecutarlos. Ahora recuerda lo que pasaba luego de dichas misiones, donde caminaba cansado o apoyado en el hombro de algún compañero o compañera para luego ir y recibir atención médica. Ahora que lo recuerda, habían varias conversaciones que logró tener en la enfermería con sus compañeros. Pudo conocer a todo tipo de personas, tanto betas, como omegas o hasta alfas. Todos con su característica forma de ser, algunos siendo tímidos, pero de los que pueden darte una conversación animada al tener suficiente confianza, otros más callados o hasta unos mucho más extrovertidos y hasta peculiares, pero extrañamente agradables. Pudo conocer a mucha gente y hasta llegaba a reírse con ellos. Una extraña comodidad donde todos eran iguales debido al trabajo que realizaban. Eran buenos momentos.
Lo fueron durante esos cuatro años donde miraba a su padre a la distancia, este seguía con su deber y un rostro que era el perfecto opuesto a lo que Kyōjurō veía en su infancia, pero aún con el estado de su padre, no pudo centrarse totalmente en aquello, pues también estaba ocupado con asuntos personales, unos que debido "cierto momento" de su adolescencia, pudo compartir con Senjuro, el joven beta que le había mostrado otra faceta suya... pero también va para otro momento, pues ahora estaba recordando otra cosa, una peculiar persona que había conocido y que incluso llegó a hacerlo reír por su dulce y alegre personalidad: Kanroji Mitsuri, una tierna, animada y sobre todo decidida omega que había tomado como su alumna y no sólo como su kohai.
Todavía recuerda cuando la conoció y supo de la gran fuerza que aquella jovencita llevaba consigo, ¡Algo sin duda impresionante! Una mujer muy peculiar y que sin duda se alegraba de encontrar en su vida. Una muchacha sonriente, alegre y muy conversadora; alguien con quien incluso pudo entrar en confianza para incluso escuchar sus inseguridades y motivos para unirse al cuerpo de exterminio. Aún recuerda cuando ella le reveló su situación, sus problemas, donde el principal era el siguiente:
"Era una omega muy fuerte".
Lamentablemente para ella, su fuerza era un impedimento para poder comprometerse con alguien, pues los alfas que hablan con ella en las reuniones para arreglar un matrimonio, le pedían que olvidara el asunto, ya que no podían tener una pareja más fuerte que ellos... y menos con una apariencia tan "rara" como la suya, pues otro problema era el color de sus largas hebras, las cuales eran de un color similar a los cerezos en plena primavera y las puntas de estos eran tan verdes como el césped de aquella estación. Aparte de su fuerza, su apariencia. Cosas que la hicieron sentir mal. Kyōjurō escuchó cada una de sus palabras y sintió pena... pena por los idiotas que habían dejado ir a una persona tan maravillosa como ella por una simple tontería como la fuerza física y la apariencia. Sintió pena por los alfas que lamentablemente tenían una aparente preferencia por el estereotipo de una omega físicamente menos fuerte y hasta más "calmada" que Mitsuri, pues sí, ella también dijo que ellos no querían a una mujer tan "escandalosa" como ella. También sintió algo de pena por que dejaran ir a alguien tan simpática, por preferir la imagen de un estereotipo que realmente apenas existía, pues la idea que tanto querían, en realidad se extinguía cada día más.
Y peor fue cuándo vio la triste sonrisa de su alumna, la mirada baja y los ojos que expresaban perfectamente el sentir de su corazón, sumando lo peor de la situación. Las palabras que dedicó a su subgénero, a su casta:
"—A veces pienso, que las cosas hubieran sido diferentes si yo hubiera sido una al..."
Vamos, claramente no la dejó terminar. No podía permitir que aquella jovencita se sintiera mal por algo tan insignificante como eso. Era una etiqueta que nadie eligió y que tampoco tenía que ser algo de lo que avergonzarse. Por lo que con calma, colocó sus manos sobre los hombros de su alumna y con la misma calma, dijo lo siguiente:
"—No digas eso. El que seas fuerte, el que seas diferente, no tiene nada de malo. Ellos no supieron apreciarlo" —fue el primer dialogo que le dedicó apenas hicieron contacto visual—. "Alfa, omega, beta; nada de eso importa realmente. No te avergüences de cómo eres, vive orgullosa por ello" —llegó a incluso decir palabras similares a las de su infancia, cosa que lo hizo caer levemente en la nostalgia y soltando una sonrisa, también continúo con lo siguiente—, "Además, si fueras una alfa, no te hubieras unido a los cazadores y no nos hubiéramos conocido" —le recordó los hechos y la principal motivación de Mitsuri para estar allí: "Encontrar un alfa más fuerte que ella, uno que incluso pudiera protegerla". No estaba seguro de recordar de si ella realmente quería sentirse protegida o si era por la idea de que "así debía ser", pero fue aquella motivación la que hizo que se uniera a los cazadores de demonios y a juzgar por el brillo en sus ojos, se lo había recordado.
"—¡Tiene razón!" —fue la respuesta de Kanroji. No lo había pensando de esa forma— "¡No volveré a pensar en eso, se lo prometo, maestro!" —continuó la jovencita mientras miraba la sonrisa de su superior.
"—¡Es bueno saberlo, no me gustaría que dudaras de ti misma! ¡Estoy seguro de que hay alguien que te amará tal y como eres!" —le dijo recordando el verdadero deseo de Mitsuri: ser amada genuinamente. Porqué si se piensa detenidamente, si ella fuera de otra casta, beta o alfa, la persona con la que se hubiera comprometido y hasta casado, no la amaría de verdad o incluso haría lo posible con tal de alejarse. La joven de cabellos color cerezo merecía a alguien mejor.
"—¡Gracias, maestro!" —respondió enérgicamente la muchacha. No podía desanimarse ahora, no cuando su maestro había tratado de animarla de todo corazón.
Esa fue una de las conversaciones donde había ayudado con gusto a uno de sus cercanos. No podía dejarlo como si nada, pues él también había pasado por el problema de no tener con quién desahogarse, había estado con ese "problema" durante años, hasta que en cierto momento, una voz bien conocida por él le había dicho que no tenía que guardarse nada. Aunque le tuvieran que hablar fuerte en ese momento para hacer que viera su situación, agradecía haber hecho caso; pero no era tiempo todavía de contar los detalles de ese suceso. No todavía, pues había algo más importante en aquellos tiempos y eso tenía relación con su padre: donde este, aparte de mostrarse más amargado con los temas del cuerpo de exterminio, también se le veía un tanto seguido con una botella de licor al momento de volver a casa luego de finalizar una misión.
Con sólo eso, el hijo mayor de los Rengoku supo que las cosas irían de mal en peor para su progenitor y se confirmó cuando tiempo después, lo escuchó maldiciendo el aliento que su familia había usado durante generaciones, dando incluso un poco más de impacto al escucharlo decir que todo había sido una inútil pérdida de tiempo. Allí estaba la historia de su padre antes de caer en la total rendición, pero el final es este: cuando Kyōjurō con ya dieciocho años en ese entonces, había ido a hablarle sobre la reunión que tendrían los pilares ese día. Cuando escuchó que no iría, que incluso podía ir él si así lo quería porque no le importaba, supo que había llegado el final de los días de su padre como cazador de demonios.
Pero no tenía tiempo para desanimarse, ahora tendría que ir a la reunión a la que su padre había elegido faltar. Fue tan pronto como pudo y escuchó en silencio cada detalle que el patrón dijo sobre el asunto, incluso había escuchado a los pilares intercambiar palabras con aquel hombre de tan amable voz, incluso pudo escuchar y ver cómo uno de los hashira preguntaba porqué un cazador que no era pilar, se encontraba en aquella reunión, aparte de que también lo estaba mirando directamente y el tono de su voz tampoco había sido muy suave que recuerde, pero no por ello iba a desanimarse o asustarse. Por lo que, con suficiente calma, explicó el porqué se encontraba él, en lugar del pilar de la flama; Shinjuro.
No le gustó lo que tuvo que decir, pues para comentar lo sucedido, tenía que recordar las claras imágenes de su padre decaído por la muerte de su esposa, la madre que Kyōjurō también amaba con todo el corazón; también tendría que recordar como su padre perdía la motivación y lo que resultaba peor para cada miembro de la familia: el que su padre buscara consuelo en una sustancia que podía alejarlo de la realidad por unas cuantas horas; el ya muy conocido y apenas inofensivo licor.
Sustancia que lamentablemente, daba más problemas que un "consuelo" como tal. Aquel líquido que durante un consumo prolongado podía causar una dependencia claramente dañina, tanto como para el consumidor, como para su familia. Odiaba recordar aquello, pero no tenía tiempo para amargarse, no por ahora. Tenía que terminar de hablar, ya con esos detalles bastaba y sobraba.
Tampoco fue agradable escuchar los comentarios que los pilares dijeron sobre su padre, pues él era quien había pasado más tiempo allí y claramente ya tenían mucho de conocerlo. No era agradable ver a un compañero en esa situación y menos cuando en ese momento eran pocos pilares. El desagrado por la situación actual era notorio en el rostro de algunos presentes y se daba a notar incluso más, cuando comentaban la cantidad de personas en ese momento y cuando llegaban a soltar la común pregunta de "¿Qué hacemos?" Para ojalá recibir una respuesta útil y no dejar aquella interrogante como una simple pregunta retórica.
Y en ese momento, por entusiasta o imprudente; Kyōjurō abrió la boca y con grandes ánimos dijo que entonces él podría convertirse en pilar. Claramente sorprendió a más de uno y también amargó a uno, el mismo que con sus palabras había hecho que tomaran más en cuenta la presencia del rubio en aquella reunión. Tenía una sonrisa en los labios, una que intentaba disimular aunque sea un poco su ya notorio sentir; las venas marcadas en el rostro, una mirada que mostraba un claro enojo y una voz que sonaba muy cargada, probablemente se contenía para no gritar en ese momento, pues lo primero que dijo fue:
"—Seguro que tienes mucha confianza. Ser un pilar no es tan sencillo como imprudentemente proclamas" —fue la respuesta de aquel hombre albino a las palabras de Kyōjurō. No era maldad, era frustración por las palabras que un desconocido había soltado como si nada. No le gustaba ver ese tipo de comportamiento, lo odiaba. Y aunque fuera un malentendido, no pudieron ni aclararlo cuando él se había levantado del suelo, pues como muestra de respeto a su líder permanecía inclinando frente a él; y antes de hacer algo más, aunque intentaran detenerlo, lo único que hizo fue decirle a su compañero Himejima un tranquilo "déjame" y a su líder un "si me disculpa"; para luego abalanzarse velozmente con una patada hacia Kyōjurō, quien pudo parar el golpe con su antebrazo. No había entrenado desde niño en vano.
Aunque no fue el único golpe que el albino con numerosas cicatrices le había dado, fueron varios, pero esta vez utilizando las manos y sumando varias palabras a modo de gritos. Decía que entonces sea un pilar verdad, que comenzara a buscar demonios. Había un lugar disponible allí mismo, así que ¿Cuándo vendría por él? ¿Cuándo lo ocuparía? Que hiciera algo y no sólo se atreviera a hablar de una forma tan imprudente. Más palabras salieron del pilar conocido como Shinazugawa Sanemi.
Pero sólo obtuvo el silencio como respuesta, antes de que el en ese entonces "kinoe", detuviera sus golpes, tomándolo cerca del codo para luego decir ¡Que jamás lo golpearía! ¡Recordándole que los cazadores tenían prohibido pelear entre ellos, y que él nunca lastimaría a un ser humano!
La expresión de Shinazugawa todavía estaba en su memoria, lo había dejado en un claro shock y peor fue para el albino al ver que Rengoku había incluso colocado una mano sobre su hombro con una sonrisa. Él era demasiado positivo para su gusto, pero no pudo ni reclamarle cuando escuchó la tranquila voz de Oyakata-sama, quien sólo había dicho su nombre y sin siquiera sonar como un regaño, lo hizo bajar la cabeza hasta dejarla cerca del suelo para luego disculparse por haber sido tan agresivo. El tono y el volumen de su voz era totalmente distinto al que había usando para hablarle a Kyōjurō.
La sorpresa fue inmensa cuando vio como el patrón había calmado la agresividad de Sanemi con sólo sus palabras. Ni siquiera fue una voz muy fuerte.
Pero dejando el tema de lado, una vez el albino estuvo calmado, se pudo escuchar nuevamente la voz del patrón. Habló calmadamente con Kyōjurō sobre las condiciones para convertirse en pilar y tocó un tema que llamó la atención de cada presente: un demonio que estaba cerca de la capital y que era muy probable que se tratara de una de las doce lunas demoníacas, y le estaba confiando a él la tarea de exterminar a ese demonio.
Tanto Kyōjurō, como Sanemi y otros pilares atentos a las palabras de Kagaya, estaban sorprendidos por oír aquello, pues si estaba la posibilidad de que fuera una luna demoníaca ¿No sería mejor que se encargaran ellos? Cosa que claramente fue preguntada por la única mujer entre los pilares. Era preferible que fuera un hashira, a que fuera alguien más, pues sería más prudente; pero las palabras del patrón le explicaron el porqué no podía ir alguno de ellos:
Porque no podía darles misiones que estuvieran fuera de sus áreas de patrullaje designadas, además de que aquello estaba teniendo lugar en la zona de jurisdicción de Shinjuro y con Kyōjurō allí, podía dejar el asunto en sus manos, aparte de que con eso, ya no sólo tenía que decir que podía convertirse en pilar, que ahora podía demostrarlo y que si cumplía con la misión, lo aceptarían con gusto dentro de los pilares.
El "sí", bueno, mejor dicho "¡Entendido!" Fue casi instantáneo por parte del Rengoku cuando le designaron la misión. Apenas pudo levantarse del suelo, se retiró listo para cumplir con su deber. Otra imagen que se presentó en su mente, fue la expresión que un par de kakushis que se habían alarmado al ver los golpes que Sanemi le había dado al rubio; incluso le preguntaron un muy nervioso "¿Estás bien?" Al notarlo tan alegre. Ahora que lo recordaba, ¡Vaya, qué detalle tan amable!
Pero dejando ese detalle de lado, ahora tocaba recordar aquella misión. Recuerda muy bien esa noche, todavía no puede olvidar cosas como el niño que le preguntó porqué su cabello era tan peculiar y le respondió que era porque sus antepasados habían comido mucho tempura. Fue algo muy divertido, hasta que había escuchado una gran explosión que claramente tenía la palabra "demonio" escrita por todos lados, cosa que confirmó al sentir la presencia de uno, cosa que tampoco le tomó mucho, pues este había usado un arma y por poco y acertaba una bala en el cráneo de su compañera Mitsuri. Aquella acción había delatado su posición y fue por él en un dos por tres. Había encontrado al demonio en lo más alto de un edificio, pero eso no lo detuvo ni le impidió acercarle un corte diagonal que casi le cortaba el brazo.
Recuerda la risa de su oponente, recuerda la forma en la que aparentemente el dolor no le afectaba o no lo tomaba en cuenta y sobretodo, recuerda unas muy peculiares palabras, unas que no se esperaba. Mientras su oponente se enderezaba lentamente, este también decía:
"—Eso es, todo ha sido para este día" —línea que pudo tener sentido, de no ser porque Kyōjurō no entendía de qué estaba hablando y menos al escuchar las siguientes palabras— "Rengoku ¡Todo es por mi venganza!" —eso había sido algo que simple lo extrañó más, pero no le pudo dar importancia porque estaba concentrándose en lo importante, en el número tallado en el ojo de su oponente y en el ataque que había realizado con aquella bomba, un ataque que no sólo iba para los cazadores, sino uno indiscriminado, uno que pudo matar a gente que fuera cazador o civil. Algo sin duda imperdonable, cosa que dijo en voz alta, pero que no fue tomando en cuenta, sino que fue casi ignorado para que ahora el demonio hablara; diciendo cosas como una vergüenza que él le había hecho pasar hace años, que desde cierta noche había jurado su venganza contra él y que pasó años y años fortaleciéndose para llegar hasta donde estaba, entre las doce lunas demoníacas; cosa que su número con la segunda posición entre las lunas inferiores dejaba claro; para luego decir que aquella sería su última noche y qué se preparara para morir. Un diálogo que sin duda le debió tomar tiempo pensar para ese momento y que por fin podía decir.
Pero vaya lástima, que mientas que ese demonio se veía emocionado por "cobrar su venganza" al encontrar a Rengoku, Kyōjurō arruinó el ambiente con una pequeña, insignificante, casi ridícula, preguntita de tres palabras. Mientras que su oponente estaba con una sonrisa y apuntándole con una pistola, Kyōjurō dijo lo siguiente, sólo tres palabras que sin duda lo habían arruinando todo para la segunda luna inferior.
"—¿Quién eres tú?".
Una simple, pequeña y casi irrelevante pregunta, que hizo que al demonio aparentemente le cayera un balde de agua fría, pues aparte de un rostro estupefacto, lo único que pudo hacer fue quedarse quieto y lo único que pudo decir fue un "¿Ah?...". Sinceramente se pudo llegar a sentir cierta "pena" por aquel demonio y más cuando dijo hasta de forma temblorosa "¿R-Realmente has olvidado...?" Cosa que realmente ni pudo terminar de preguntar, al ser interrumpido bruscamente por Kyōjurō con un "¡Nunca olvido!", cosa que era la absoluta verdad porque una cosa era olvidar y otra nunca haberlo visto en su vida. A juzgar por sus palabras, ese demonio se había topado literalmente con el Rengoku equivocado... en verdad pudo sentir pena por él, de no ser porque estaba ocupado con otra cosa, como lo sería ver a su oponente abriendo lo boca y disparando a su propio cráneo, en un acto que seguramente rozaba la rabia. "Pobre diablo" o mejor dicho "Pobre demonio".
Sus acciones no habían hecho más que sorprendelo y en parte hartalo luego de escuchar a su oponente decir cosas como que entonces pelearía con él hasta que lo recordara, cuando realmente no tenía ni idea de quién era ¡Porque no lo había visto siquiera! y lamentablemente no pudo decirle "¡Yo no te conozco!" Ya que antes de poder decirle algo, se escuchó el estruendoso e inconfundible sonido de una explosión. Había sido otra bomba. Y al demonio no le tomó tiempo revelar que se trataba de una bomba de tiempo, de varias realmente. Tenía que ser rápido y cortarle la cabeza, pero primero debía cubrirse de la ráfaga de balas que se habían dirigido hacia él cuando se había distraído.
Allí comenzaba una batalla más seria. Los recuerdos de los numerosos disparos atravesaron su mente, también los recuerdos del enojo por las acciones de su oponente y algo que pudo notar cuando estuvo cerca del demonio al intentar cortarle el cuello y eso fue un aroma, no el de la sangre, sino uno muy diferente, era el olor del demonio y uno que indicaba su casta, es un alfa. ¿Para qué mencionarlo? Para que dejar en claro que aunque sea por el olor ese demonio podría haber distinguido a la persona que buscaba, pero que por estar cegado por la rabia, no lo hizo. Qué tonto de su parte el descuidar aquello, de esa forma podría distinguir a quien le guardaba rencor, pero no lo tomó en cuenta... Vaya, en verdad era idiota.
Y ahora que recuerda ese suceso, Kyōjurō suelta una leve risa mientras se dispone a continuar recordando aquella misión. Por ejemplo, ahora puede recordar un comentario de su adversario; que él se había dejado llevar por el enojo y eso llegó hasta cegarlo, el demonio le dijo que tenía que conservar la calma. Otra risa sale del rubio, interrumpiendo el recuerdo.
—Como si tú lo hubieras hecho —dijo en voz baja recordando a su anterior oponente y ahora sí recordando el resto de la pelea. El momento en el que su enemigo había dejado caer pequeños explosivos en donde ellos estaban, estos cumplieron con su objetivo casi inmediatamente y si no fuera porque alcanzó a refugiarse, sin duda hubiera entendido el porque el grito de su compañera Mitsuri había sonado tan angustiado al ver parte del edificio caer al suelo en forma de escombros y tampoco hubiera podido ayudarla, pues el demonio había incluso tirado a Kanroji al suelo al tomarla por una de sus trenzas, para luego apuntarle a la cabeza con un arma. De no ser porque ese demonio había elegido dedicarle unas cuantas burlas a la joven de cabello color cerezo, sin duda la hubiera matado y Kyōjurō hubiera llegado tarde y sí, "hubiera" porque no lo hizo. Llegó a tiempo para quitarle la satisfacción a ese maldito. Si no lo había matado a él, menos a Mitsuri.
Luego de haber estado cerca de cortar el cuello del demonio, se había colocado frente a Kanroji para que no le hiciera nada más, luego teniendo a su enemigo nuevamente frente a él, sujetando su espada con fuerza y por alguna razón recordando a su padre simplemente dijo que no importaba lo "patético" que fuera labor, cumpliría sus deberes. Luego le pregunto a Mitsuri si podía caminar, pues ahora tenía una orden de que dar y esa era encontrar y desarmar las bombas que estaban regadas por la capital, mientras él se encargaba del demonio que se había obsesionado con algún miembro de su familia y ahora aparentemente con él.
Las palabras que le dijo a su enemigo todavía permanecen en su memoria:
"—¡Ven, acabaré con tu rencor aquí mismo!" —exclamó mirando a su enemigo. El combate se había vuelto hasta más intenso en aquellos momentos. Ya no sólo eran disparos, su oponente también había traído unas criaturas similares a los perros o hasta los lobos, probablemente más inclinado a lo segundo; la verdad no está seguro. Fue muy complicado, no sólo era la posibilidad de tener una bala en la pierna, el brazo, el torso o hasta en el cráneo, también era la posibilidad de volar en pedazos o en el mejor de los casos, salir con quemaduras. Recuerda haber quedado en el suelo, haber tenido a su hermanito y la muerte de su progenitora en la mente; la promesa que le hizo sobre proteger a los débiles e incluso llegar a ser un Pilar como su padre. Esas eran sus motivaciones principales para continuar luchando y continuó, siguió aunque su cuerpo fuera dañado o cayera fuertemente contra el suelo. No importaba si era explosión o disparo, continuó porque debía, porque quería cumplir.
Siguió, siguió y siguió. Se concentró para no parar, usó parte la naciente frustración que sentía por no poder decapitar a su oponente como motivación extra y atacó una y otra vez. Sólo por la cara de aquél rencoroso demonio supo que había continuado hasta incluso dejarlo sin balas o explosivos. No negará que hasta él mismo se sorprendió por ello, aparentemente la adrenalina estaba ayudando a que todavía pudiera moverse. Podía ver el rostro frustrado y claramente molesto de su enemigo, lo veía tratando de encontrar algo con lo que atacarlo ahora que sus armas habían quedado completamente vacías. Sólo pudo ver como aparte de armas de fuego, ahora inútiles, quedaba una katana de apariencia desgastada, una espada que su enemigo terminó observando con unos ojos que tal vez estaban tristes o tal vez nostálgicos. No estaba seguro, sólo puede recordar como arremetió contra él para cortarle el cuello, pero no pudo tocarlo, se había presentando otra sorpresa y una que nuevamente hizo que tocara el ahora destrozado pavimento. Un último impactó, tanto en su cuerpo por la caída, como en su mente al levantar la cabeza y encontrar a su oponente con una forma totalmente diferente a la que estuvo viendo desde que comenzó la pelea.
Mientras limpiaba los restos de sangre que caían de la esquina de sus labios, escuchó al demonio hablar.
"—En efecto... Rengoku Kyōjurō ¿Verdad?" —preguntó por fin diciendo su nombre y no sólo su apellido. Su voz estaba más tranquila que antes, al inicio del combate.
"—Así es" —respondió el recién nombrado. Aunque aparte del detalle que su adversario había tomado, el decir su nombre completo; Kyōjurō estaba analizando la situación, el que su oponente acababa de reunir todas las sombras para luego cubrirse con ellas. Sabe que si las llega a tocar, sería liquidado en ese instante.
"—Ya veo" —respondió mirándolo directamente a los ojos— "Me llamo Hairō" —se presentó. Ahora había otra forma de llamarlo aparte de "enemigo", "demonio" y "rencoroso"— "Rengoku Kyōjurō, permíteme alimentarte como un guerrero de la espada" —dijo con su inusual calma, revelando algo aparentemente importante de su pasado, al estar sujetado la espada. El rubio no está seguro de si así es, pero con una expresión sería, mirando a Hairo responde:
"—Bien. Justo lo que quería" —respondió de espadachín a espadachín. Colocándose en posición, listo para blandir su espada con incluso más fuerza que antes, concentra su respiración para utilizar la ultima postura del aliento de la flama, la técnica definitiva cuyo nombre era: "Purgatorio", también conocida como "Rengoku".
Ambos están listos. Saben que uno de los dos va a morir y están más que decididos a que sea el contrario de cada quién. Se abalanzan, sus espadas son empuñadas con el fin de cortarse y estas chocan, se mantienen parejas mientras todo a su alrededor es afectado por la onda generada por el impacto del metal. Por un momento Hairo pensó que ganaría, de no ser porque notó algo, que la katana de Kyōjurō estaba cortando la suya. Las llamas del purgatorio estaban quemado sus sombras. La fuerza que Kyōjurō empleaba en el empuje de su ataque no iba a ser en vano, se aseguraría de quemar a su oponente.
Colocó su corazón en llamas y dando el empuje final, sintió como la hoja de su espada cortaba el cuello de Hairo, dándole la victoria; mas no el alivio. Era cierto que su cuerpo había llegado a incluso "relajarse" luego de haber tomado la vida de su enemigo, pero para mantenerse consciente, tenía que recordar su otro problema: las bombas.
Trató de caminar, de mantenerse en pie y concentrarse. No podía ni tomar en cuenta las últimas palabras de su oponente, quien hasta había llegado a elogiar su habilidad con la espada; estaba pendiente de otro asunto, uno que provocaba casi tanto estrés como su pelea con Hairo. No podía permitirse el colapso o creyó antes de ser sujetado por los brazos de su compañera Mitsuri, a quien no había notado llegar. No pudo decir nada, sólo pudo escuchar a su compañera decirle que él lo había logrado, que logró matar a una luna demoníaca y que ahora podía ser un pilar. Escuchar los preocupados sollozos de Mitsuri y esas palabras, eran la perfecta señal de que de habían encargado de los explosivos. Podía estar tranquilo, de no ser porque ahora sus compañeros estaban estresados por tener que curarlo o si no moriría, y el que Mitsuri no lo soltara, no ayudaba en absoluto. Fueron más de dos cazadores los que trataron de quitar el cuerpo del casi inconsciente Kyōjurō de los brazos de la joven de cabello rosa.
Y él estaba allí, tranquilamente pensando en que pudo cumplir la promesa que le hizo a su madre. Una noche muy agitada.
Y ahora tocaba recordar su recuperación y el cómo había vuelto a casa junto a Mitsuri. Todavía tiene presente el dolor de su brazo y cuánto le costó caminar con la muleta por las heridas en una de sus piernas, pero volver a su hogar, ver a su hermanito y pasar tiempo con su compañera de forma tranquila, hizo que todo el esfuerzo valiera el dolor y la pena. Ah, también estaba el hecho de ahora ser oficialmente un pilar, pues había acabado con la vida de una de las doce lunas demoníacas. Todavía recuerda las palabras que su líder le había dicho el día en el que lo habían nombrado pilar.
"—Kyōjurō, de verdad eres un chico increíble. Como uno de nuestros pilares ¿Serás el soporte de los cazadores de demonios?" —fueron las palabras del patrón, junto a la pregunta donde la respuesta no tardó en ser dicha por el nuevo hashira.
"—¡Sí señor!" —dijo de inmediato con ánimos y con la misma sonrisa que llevaba desde el primer momento donde lo vieron.
Fue en ese entonces donde aparte de hacerse cargo de la posición de hashira, tomando también el área de patrullaje de su padre, también tuvo que conocer a sus compañeros y no sólo por sus nombres y apellidos. Serían las personas con las que trabajaría y no podía estar tan "lejos" de ellos, por así decirlo. Tenía que saber algo de ellos para que la convivencia no fuera tan "pesada".
