Chapter Text
Un hombre con ojos llenos de fuego se deslizaba silenciosamente entre conocidos callejones, edificios y construcciones.
Siguió un sendero de tierra que surcaba la montaña a través del frondoso bosque y que guiaba hacia una gran Mansión. Las puertas de la prueba se alzaban imponentes negando la entrada a cualquiera hacia los dominios Zoldyck; sólo los dignos tendrían el derecho de acceder.
En apariencia, Hisoka se veía igual que hace cinco años. Por dentro, era una persona totalmente diferente.
Digno o indigno él debía entrar; tenía que hacerlo.
Porque el tiempo jamás se detendría y nunca volvería a ser lo que fue.
Cuatro días después de la masacre ocurrida dentro de la ballena negra, tuvo una visita que no esperaba ver tan pronto.
O que tal vez nunca esperó volver a ver en su vida.
– ¿Estás satisfecho ahora?
Su invitado habló e incluso con la vista desenfocada y una posible contusión cerebral el mago reconoció perfectamente los detalles tan característicos que poseía la figura escondida entre las sombras de la habitación.
Hisoka miró fijamente al que una vez llamó su colega, su único amigo. Aquel omega que consiguió el honor de ser su amante, y quizás, era también la persona con la que debería estar destinado a pasar el resto de sus días hasta que la muerte lo fuera a buscar. Aquel omega lo miraba directamente con una sinceridad tan alarmante dentro de sus ojos que se sintió muy extraño.
Sí, definitivamente fue extraño ver a Illumi siendo tan sincero.
Después de todo el asesino nunca fue como los omegas comunes que conocía, siempre fue imponente, poderoso y audaz; entrenado para mantener sus impulsos bajo control y sus emociones perfectamente ocultas bajo una expresión pétrea. Incluso alrededor de un alfa tan atroz como lo era Hisoka los cimientos de Illumi ni si quiera vacilaban. Siempre se mantenía impasible sumergido en una serenidad constante que enmascaraba lo que realmente estaba sintiendo a cada momento.
Pero ahora ese omega impasible, aquel que el mago forzó a convertirse en su íntimo amigo, aquel que nunca se quejó cuando lo vinculo por mero capricho, aquel que dócilmente se dejaba llevar una y otra vez en los juegos del alfa… estaba parado allí, en la esquina de la habitación, con una mirada en su rostro que gritaba rabia y tristeza al mismo tiempo.
Fue estremecedor.
– No, particularmente no ~ – ronroneó Hisoka en respuesta. Aún en su estado actual, no pudo evitar sonreírle abiertamente a Illumi. – Después de todo, Chrollo aún respira y yo también.
Illumi entrecerró los ojos en respuesta, y ambos se miraron el uno al otro en silencio.
El destello de ira en la mirada del asesino jamás se apagó.
– No puedo creerlo… – Illumi suspiró suavemente, mirando aquellos irises dorados que brillaban vivazmente aún debajo de las sabanas manchadas con sangre del hospital. – Mírate a ti mismo, ¡Nunca te vi siendo tan patético antes!
Gritos desafiantes llenaron la habitación y Hisoka por primera vez se sintió sorprendido.
– Chrollo Lucilfer casi te mata otra vez, ¿¡Por qué tuviste que volver a hacer algo tan estúpido!? ¿¡Querías que te matara de verdad esta vez!? – dijo con dureza mientras se acercaba a la figura golpeada sobre la cama.
Hisoka nunca antes había visto a Illumi comportarse de esa manera, y aunque odiaba que le gritaran, no podía hacer más que mirar fascinado al omega mientras tenía su arrebato delante de él.
– ¡Ni si quiera pudiste respetar nuestro maldito contrato! – Illumi tenía una mirada dolorosa ahora, como si estuviera a punto de llorar. – ¡Se suponía que yo te ayudaría a derrotar a las arañas! ¡Pero te lanzaste al matadero, completamente solo!
¿Realmente el omega lloraría? Para Hisoka, eso sería tan emocionante.
– El contrato decía que me matarías luego de la pelea, sin embargo me salvaste la vida y ahora estoy en un maldito hospital – Él no supo por qué lo dijo; las palabras brotaron de sus labios, sin que pudiera pensar realmente en ellas. – Además, la culpa es tuya por haberte distraído con Killua y tu otro hermano cuando se suponía que estarías conmigo-…
Se detuvo aturdido.
Illumi había arremetido con la fuerza de un terremoto y ahora su mejilla ardía como muestra del fuerte golpe que le habían dado.
– Hisoka… – el nombre escapó de sus labios como un susurro de anhelo. El omega pasó los dedos suavemente por la mejilla que había golpeado en un desenfreno. El alfa juraría que la mirada de Illumi brillaba en cariño, un doloroso y devoto cariño. – No digas nada… – el asesino volvió a susurrar. – Sólo cállate, cállate por una vez.
Hisoka cumplió la petición, sin saber realmente el porqué.
Luego de eso el silencio se prolongó ahogándolos dentro de la habitación y el alfa estuvo seguro de ver como pequeñas lágrimas se escapaban por las esquinas de los vacíos ojos de Illumi, el brillo que los llenaba se apagó.
Aquella vista dejó a Hisoka asombrado.
Él había soñado incontables veces con este momento desde que conoció al asesino; completamente impaciente por lograr presenciar el momento exacto en donde la perfecta máscara que llevaba siempre sufriría un quiebre. Aquello debía ser interesante, debía ser fascinante, y ciertamente lo fue. Superó totalmente sus expectativas. Ver a Illumi perdiendo la compostura por primera vez, verlo llorar por él. Fue absolutamente asombroso, hermoso.
Pero otros sentimientos también se arremolinaron dentro de él al mismo tiempo, presionando su pecho y revolviendo su estómago. Mientras más lágrimas caían por las mejillas de Illumi, más profundo se clavaban esas emociones en él. No supo cómo llamarlas… pero dolía.
Duele.
Y luego todo se detuvo.
Illumi recobró la compostura como si nada hubiera pasado.
– Mira, Hisoka… yo… – murmuró de repente, apartándose de la cama como si fuera veneno. – Sólo no vuelvas a mi, ¿Sí?
El alfa no comprendió lo que le estaban diciendo, pero sin darle tiempo de analizar aquellas palabras, el omega siguió hablando.
– Todas las cosas que has hecho… yo tampoco soy inocente Hisoka, no estoy diciendo que lo sea, pero… ya no puedo seguir ignorándolo. Ya no más… – Illumi negó con la cabeza levemente mientras hablaba. – Así que si sientes un mínimo respeto por el vínculo que tenemos, por favor no vuelvas a mi lado. Por el bien de los dos.
Y entonces, Hisoka rió.
Eso tomó con la guardia baja al asesino; quién sólo levantó la vista abriendo los ojos con sorpresa, sorpresa de que aún en una situación como esta, Hisoka podía seguir riéndose naturalmente como siempre lo hacía.
– Entonces, esto es sobre Chrollo, ¿Verdad? – se burló Hisoka. – ¿Estás enojado conmigo porque me acosté con el aún después de haberte marcado, verdad?
Los ojos de Illumi se cerraron fuertemente.
No pasó ni un segundo antes de que aura se deslizara por cada poro de su cuerpo con fiereza; el piso se agrietó por la presión.
Hisoka pensó que el asesino lo mataría en ese mismo momento, así que rápidamente preparó un plan mental para contraatacar; aún si estaba con todos los huesos rotos, y postrado en una cama de hospital, él siempre estaba disponible para una buena pelea entretenida. Luchar contra Illumi lo sería.
Sin embargo, el aura del omega y la sed de sangre desaparecieron tan rápido como habían llegado.
– ¿Realmente piensas que todo es por Chrollo…? – Fue solo un murmullo, un susurro en donde la voz del omega por primera vez se quebró. – ¿Yo te importo un poco al menos…?
Los ojos de Hisoka estaban clavados en el asesino ahora.
No estaba seguro de lo que estaba sintiendo o de lo que se suponía que debía estar sintiendo al ver como su omega enlazado, amante y pareja incondicional le hablaba desde el fondo de su corazón, exponiéndose completamente ante él.
Illumi le estaba mandando esa mirada llena de un brillo desconocido de nuevo; a Hisoka le costó seguir el ritmo de sus palabras.
– ¿No sientes nada en absoluto? – arremetió nuevamente. Los ojos de Illumi estaban pidiendo algún tipo de respuesta; una que probablemente ni si quiera Hisoka podría darle.
El silencio se extendió entre ellos por tercera vez mientras el alfa intentaba razonar sobre lo que su pareja estaba gritando. Simplemente sus ojos dorados miraron hacia adelante perezosamente sin querer esforzarse demasiado en pensarlo.
Rindiéndose ante la espera, Illumi volvió a cerrar sus ojos pesadamente.
– Fue realmente tonto de mi parte salvarte… – comenzó, mientras su cuerpo lentamente se hundía entre las sombras –… lamento no poder cumplir nuestro contrato, espero que encuentres lo que estás buscando de ahora en adelante.
Antes de que la presencia desapareciera del lugar, un murmullo presentó sus últimas palabras.
–… adiós, Hisoka.
Y luego la presencia de Illumi desapareció como si nunca hubiera existido.
Era la primera vez que Hisoka recibía un “adiós” de esa manera. Siempre habían utilizado esa palabra como una sentencia de muerte cuando se referían a él. Pero ahora, se la dijeron como una simple despedida, una permanente.
Más tarde esa misma noche, Hisoka se dio cuenta de que el dolor que sentía en el pecho no provenía de sus costillas rotas.
Pero ya era muy tarde.
Hisoka no era el tipo de persona que lloraba por el pasado, así que unas semanas después de casi estar al borde de la muerte, ya estaba lo suficientemente estable como para dejar el hospital de Kakin en donde Illumi lo había internado. El hospital era lujoso y parecía muy caro, así que sorprendió al escuchar por parte de la recepcionista que el asesino había pagado todo el tratamiento que él había recibido por adelantado. Incluso había dejado dinero de más por si se presentaban dificultades en el proceso.
Por un momento pensó que quizás Illumi no había terminado realmente con él y que sólo estaba sufriendo de alguna extraña etapa emocional omega. Contempló la idea ir a buscarlo, esperando que las cosas volvieran a ser como antes. Rápidamente deslizó ese pensamiento de su mente.
Aún tenía asuntos pendientes que resolver y no tenía tiempo que perder.
Si bien durante la pelea sobre la ballena negra había matado a seis miembros más de la araña, Chrollo aún seguía con vida y eso era un problema que debía solucionar. Sabía que la araña no podía caminar con todas sus patas rotas y actualmente solo quedaban Machi y Lucilfer como miembros oficiales de la compañía, así que no sería muy complicado desmantelarla si realmente lo intentaba otra vez.
Estaban en su momento más frágil y Hisoka lo aprovecharía sin dudar.
Así, tramó un plan detallado dentro de su cabeza. Consiente de sus deseos más fuertes, los tomó como objetivos a cumplir en un futuro cercano: él quería aplastar a Lucilfer y luego, buscar a Illumi para reírse en su cara.
Eso sonaba como un buen plan.
Quería ver a Illumi desechado; después de todo, era consciente de que los omegas no podían estar lejos del alfa con el que se vincularon por mucho tiempo. Si el asesino tuvo el coraje suficiente como para intentar alejarse por su cuenta, Hisoka no lo detendría, es más, lo alentaría; esperando el momento perfecto para aparecer nuevamente frente a su ex pareja y mostrarle cara a cara lo que se había perdido.
Aunque no lo quisiera admitir realmente, muy dentro de sí, Hisoka estaba demasiado molesto con el asunto; después de todo era la primera vez que fue rechazado y botado por omega. Sobre todo, un omega que decidió enlazar.
No le agradaba ese sentimiento.
Pero no importaba, no en ese momento.
Lo primero era recuperar el estado de cuerpo. Estar postrado en cama por casi un mes le estaba pasando factura. Honestamente fue más difícil de lo que esperaba. Lentamente su cuerpo se curaba acercándose a lo que solía ser gracias a la rehabilitación del hospital, aunque solo se parecía un poco a fantasma de lo que solía ser. El mago notó perfectamente ese ligero cambio al mover sus articulaciones, el ligero dolor en su pecho al respirar profundamente y como se fatigaba muchísimo más rápido de lo habitual. Cinco meses habían pasado volando, pero Hisoka no estaba satisfecho con su nivel de poder actual.
Si quería vencer a Chrollo de una vez por todas, debía ser más fuerte. Muchísimo más.
Entonces, decidió tomarse un momento para entrenar nuevamente su nen; no recordaba la última vez que se había tomado el tiempo real de hacerlo. Así que Hisoka Morow desapareció por segunda vez.
Se adentró en una isla casi a los límites de Kakin para dedicarse a meditar; respiró sintiendo como todos los poros de su piel se abrían y exhalo contemplando la energía de su cuerpo fluir con cada movimiento. Armonizó sus puntos vitales, alineó la fuente de su nen. Se dejó arrastrar a las profundidades de su subconsciente; un lugar que no había pisado en mucho tiempo, sólo para darse cuenta de una cosa.
Las palabras de Illumi habían movido algo en él.
Todavía estaba averiguando qué era exactamente ese algo y cada vez estaba más interesado en el hecho de que esas simples palabras tuvieron un efecto sobre él en primer lugar, porque no era así como las cosas debían ser. Toda su vida Hisoka se había entrenado para no dejar que nada o nadie desestabilizara sus objetivos y su ser; así que aquello fue muy sorpresivo. Rendirse tampoco estaba en la lista de cosas aceptables para Hisoka, y muy a su pesar con el paso del tiempo se dio cuenta de que también lo había hecho. Esa noche en el hospital de Kakin él se había rendido. Se rindió con Illumi.
Los días pasaron en un abrir y cerrar de ojos.
Un año pasó frente a él; luego fueron dos y luego tres.
Su dolor físico había disminuido considerablemente, mientras que la claridad con la que fluía su nen era sorprendente. Hisoka nunca antes había sido tan consiente de su entorno y del cómo su bumgee gum se relacionaba con él, ahora todo era como una extensión más de su cuerpo.
Sin embargo, se topó con un nuevo problema frente él.
Tenía problemas para conciliar el sueño; así que mientras la parte física de su cuerpo se recuperaba a pasos agigantados, la parte mental y emocional eran un tema diferente. Cada noche soñaba vívidas pesadillas con sus enemigos del pasado.
Soñaba con la batalla sangrienta de la ballena negra: fue como una película repetida en un bucle infinito.
Mientras que Chrollo estaba ocupado con Kurapika, Hisoka decidió lanzarse al ataque. Salió de su escondite, mientras que una carta de joker cortó la garganta de Shizuku como un destello, su cuerpo cayó muerto sobre la cubierta de madera mientras su garganta gorgojaba. Nobunaga enfureció lanzándose sobre él, un movimiento hábil de bumgee gum después, las extremidades del samurái fueron fuertemente atadas en el aire y disfrutó separándolas violentamente ante la atenta mirada horrorizada de Chrollo. Los miembros mutilados de Nobunaga cayeron al suelo estrepitosamente al mismo tiempo que Kurapika descontó a Bonolenov con un ágil movimiento de cadenas.
Lo siguiente había sido difícil. Franklin, Feitan y Phinks se lanzaron contra él al mismo tiempo, dejando a Kurapika en un 1 vs 1 contra Chrollo mientras que Machi intentaba inútilmente de salvar a sus compañeros con el poco nen que le quedaba.
Los proyectiles pesados de Franklin no fueron ningún problema, el problema era intentar esquivarlos a la par que los golpes de Phinks y la Katana de Feitan. El pequeño renacuajo oscuro era rápido, demasiado rápido. Cuando Hisoka se acercaba lo suficiente como para acertar un golpe mortal a Phinks, Feitan aparecía para cortarlo ágilmente con su Katana. Un dedo de Hisoka fue arrancado, luego dos y finalmente había perdido un brazo. No contuvo la risa. ¿Cuánto tiempo había estado luchando y sólo lograron cortarle uno de sus brazos? Hasta Kastro había logrado cortarle dos en poco tiempo. Sus carcajadas resonaron por el depósito de la ballena negra, lo que solo hizo enojar más a todos sus enemigos. Pronto Hisoka tuvo que maldecir; Phinks había logrado desestabilizarlo al mismo tiempo que un proyectil de Franklin se le acercaba directamente y Feitan arremetía desde atrás con la intención de cortarle la cabeza.
Entonces, agujas aparecieron volando, clavándose en los cuellos de sus tres atacantes. Cayeron pesadamente al suelo, completamente entumecidos. Aquello había sorprendido a Chrollo de sobre manera, quien se encontraba con su libro en mano y la ropa desgastada esquivando los ataques rápidos de Kurapika. Tenía un brazo roto y el tobillo dislocado.
Su voz salió apagada y sombría.
– ¿¡Por qué!? – Chrollo había gritado enfurecido hacia la figura que permanecía impasible parada sobre una viga del techo. – ¡Eras uno de mis miembros! ¡Uno de nosotros!
Illumi no respondió ante las acusaciones de su líder, y sin embargo, rápidamente se deslizó fuera de la viga aterrizando sobre la cabeza inerte de Franklin. Su pie aplastó su cráneo con un crack y trozos de su cerebro se esparcieron por el suelo. Hisoka aprovechó para saltar sobre Phinks acertándole un corte limpio en la yugular. Chrollo se rompió y Hisoka sonrió.
– Impresionante como siempre, mi Lumi – ronroneó Hisoka mientras agarraba el mentón del asesino que permanecía parado en silencio. Lufilcer presenció la escena con los ojos desorbitados. – No sabes cómo me excita verte asesinar gente de forma tan fría; tan perfecto, eres mejor de lo que esperé.
Se besaron apasionamiento mientras Feitan murmuraba algo en una lengua desconocida y una sola palabra llenaba totalmente la mente de Chrollo: traidor. Illumi lo había traicionado justo como lo había hecho Hisoka; que desgracia.
Lo siguiente que vio Hisoka fue la oscuridad misma. En la realidad, Feitan había activado su Rising Sun; Machi había aparecido y con ágiles movimientos de hilos arrastró a Chrollo fuera de la zona de peligro, Kurapika huyó por su propia cuenta sin preocuparse en lo más mínimo por Hisoka. Illumi se movió rápidamente para llevarse su alfa fuera del lugar, pero no, Chrollo no lo permitiría. Ordenó a Machi volver, abrió las páginas de su libro y utilizo su teletransportación para llevarse a Illumi lejos de Hisoka. Las tres arañas terminaron en la cubierta de la ballena negra al momento de la explosión.
Pero eso no fue lo que Hisoka veía cada noche, no.
En sus sueños, la oscuridad lo envolvía tiernamente luego de que Rising Sun se alzara. Hisoka abría sus ojos solo para darse cuenta de que Illumi lo estaba besando lentamente entre las sombras; la calidez llenaba su cuerpo y sólo después de un largo tiempo Illumi se separaba. El omega lo miraba a los ojos mientras lloraba. Entonces sus cuerpos se separaban, más bien, Illumi se separaba de él. Abrazaba su propio torso con una expresión de dolor inexplicable, Hisoka intentaba acercarse a él solo para darse cuenta de que no podía moverse. Y entonces, la figura de su amante desaparecía; solo la soledad permanecía pesadamente.
Hisoka siempre despertaba agitado.
Jadeaba, sudaba y su corazón palpitaba frenéticamente dentro de su pecho. Los recuerdos volvían a inundar su sueño noche tras noche, deformándose y juntándose con la fantasía dentro de su cabeza; aquel último beso de despedida era lo último que Hisoka veía al despertar. Comenzaba a sentirse frustrado por la falta de sueño; su capacidad motora se vio afectada e incluso no podía concentrarse en la meditación.
La imagen que tenía en carne viva sobre los ojos muertos de Illumi derramando lágrimas imparables lo desolaba.
Un día mientras estaba tirado sobre la maleza mirando al cielo se tomó el trabajo de indagar en su mente, en su subconsciente y en sus emociones. Ya no podía seguir esquivándolo, ya no más. Tenía un problema dentro de él y era bastante obvio cual era. Illumi era el problema, su maldito problema; el recuerdo fantasma de sus roces, de su piel, de su voz, de sus lágrimas y de su dolor. ¿Realmente se sentía de esa forma sólo porque habían estado enlazados? Hisoka nunca había marcado a ningún otro omega en su vida, pero sabía que el alejarse de ellos no presentaba ningún problema para los alfas. Miles de personas marcaban omegas para después desecharlos como basura; era simple, sencillo. Algo del día a día.
Sin embargo, para Hisoka no fue así.
La imagen de su omega lo atormentaba cada noche. El recuerdo de su último encuentro, su pelea, sus palabras y su sentir. Hisoka estaba harto de aquello, tanto que deseó con todas sus fuerzas jamás haber marcado al maldito Illumi Zoldyck. Había sido un idiota, lo reconocía totalmente. Pensó que sería divertido, pero ahora, se había convertido en su tormento permanente.
Entonces, una noche cayó rendido por el cansancio esperando ser recibido nuevamente por su pesadilla habitual.
No lo hizo.
De su mente nació un recuerdo diferente; sentía la suavidad de la seda enrollada alrededor de su cuerpo mientras arremetía violentamente con su miembro dentro de Illumi. Debajo de él, el omega jadeaba ligeramente con la boca entre abierta y sus ojos llenos completamente de bruma. Su largo cabello que usualmente permanecía perfectamente alisado ahora se encontraba hecho un desastre de nudos y rollos que caían sobre el colchón de la cama. Cuando la polla de Hisoka golpeó un punto dulce dentro de Illumi, el omega gimió alto y fuerte inclinando su cabeza hacia un costado, otorgándole una vista perfecta de su cuello al otro; casi como si fuera una burla.
– Te encanta, ¿Verdad? – murmuró Hisoka mientras hundía su rostro con descaro en la hendidura ofrecida por el omega. Apretó fuertemente las piernas de Illumi obligándolo a abrirse más y empujó con fuerza enterrándose hasta el fondo dentro de él. No desperdició la oportunidad para divertirse con el asesino. – Te encanta burlarte de mí así, mostrando tu cuello, gimiendo como una zorra que quiere ser montada y marcada por un alfa.
– Hi-Hisoka… – lograba balbucear Illumi al mismo tiempo que soltaba un siseo de dolor al sentir los colmillos de Hisoka sobre su oreja, mordiéndola en desenfreno. –…. no… puedes… – la lengua del alfa lamía la piel de porcelana con deleite recorriendo toda la extensión entre los hombros y el cuello de Illumi, mientras chupaba con fuerza dejando innumerables marcas en el camino –... no… debes…
– No debes, no puedes… – Hisoka repitió las palabras de su omega riéndose contra su piel. – ¿Qué es lo que no puedo hacer, eh? – aumentó la violencia y el ritmo de las embestidas, sentía como el asesino se desarmaba poco a poco debajo de él. – ¿No puedo montarte de esta forma? ¿No puedo follarte, Lumi? ¿Qué es lo que no puedo hacer? Dime.
– Mar-Marcarme… – respondió suspirando Illumi, –… no puedes… marcarme… – repitió con la mirada perdida entre la neblina del deseo.
Hisoka se rió estrepitosamente. Agarró con fuerza el cabello de Illumi, estirándolo al punto de casi arrancarlo y obligó al omega a exponer su cuello de forma antinatural para él.
– ¿Qué no puedo marcarte? ¡Tonterías! – siguió riendo mientras su omega se quejaba por el dolor ocasionado repentinamente, jamás detuvo sus embestidas. – Puedo marcarte ahora mismo si me dan ganas Illumi… – susurró junto al oído del asesino de forma ponzoñosa. – Puedo hundir mis colmillos en tu piel y hacer mi perra personal. Mía y solo mía por la eternidad. Puedo marcarte y venirme dentro de ti ahora mismo, puedo forzar mi esperma dentro de ti y embarazarte en este mismo momento, Lumi. ¿¡Qué puedes hacer tú por evitarlo!?
–… Hisoka… Hisoka… – repetía Illumi completamente ido. Hisoka se encargó de penetrar incansablemente golpeando su punto dulce una y otra vez sin fallar. Algo dentro del omega se movió al escuchar las palabras afiladas de su alfa.
– ¡Sólo puedes gemir! Gemir como una zorra y recibirme como la buena puta que eres – continuó Hisoka ignorando las suplicas del otro, sus ojos dorados no podían despegarse de la piel sensible que cubría el cuello de Illumi. Lo llamaba, lo deseaba; no se había sentido de esa forma con ningún otro omega antes y eso lo descolocaba. – ¿Serás bueno y me recibirás bien, Lumi? ¿Gemirás agradecido cuando te llene con mis cachorros? ¿Hm?
Illumi se removió luchando y gimió sonoramente.
Hisoka no pudo soportarlo más, completamente perdido en la resistencia del otro, clavó sus colmillos sin piedad en la piel de porcelana frente a él, rompiéndola y atravesándola duramente. Automáticamente una oleada de placer lo recorrió de pies a cabeza y se descargó completamente dentro de Illumi.
Había sido un capricho. Un impulso, una tontería.
Había marcado a Illumi en un momento de cachondeo; sólo se dio cuenta de la gravedad del asunto cuando ya estaba hecho. No había vuelta atrás. Por un momento Hisoka pensó que el asesino lo mataría en ese mismo instante; que se rompería, que lloraría, que se enojaría. Pero no lo hizo. Después de estabilizar su respiración y que la sensación del clímax abandonara su cuerpo, el omega se levantó de la cama con suavidad y comenzó a vestirse como siempre hacía, ignorando completamente la sangre que ahora fluía fuera de la herida sobre su cuello. Estaba sereno, calmado como siempre. Se fue despidiéndose del alfa a seguir con los encargos de su familia.
Había sido una noche normal, una despedida normal y una situación normal.
Illumi no se mostró afectado, entonces Hisoka le restó importancia al asunto. Siguió su vida con total normalidad sin si quiera preguntarle al omega sobre aquello; se divirtió como siempre y follo con quien le daba ganas. Muy pronto llegó su pelea con Chrollo Lucilfer dentro del coliseo, y luego, nació su objetivo de destruir a la compañía a bordo de la ballena negra. Antes de subir al barco, Hisoka firmó un contrato con Illumi y lo selló con un anillo de bodas. Le dio la tarea de asesinarlo justo después de que Chrollo desapareciera de la faz de la tierra, porque si el líder de las arañas ya no estaba en este mundo, el mago tampoco tenía razón para existir en él, ya que su único oponente digno se habría ido para siempre.
El omega aceptó sin poner quejas y hasta accedió al unirse a la compañía fantasma para pasarle información a hurtadillas al alfa; con la excusa de vigilar a su hermano menor.
Las piezas sobre el tablero se movían exactamente como él quería, y Hisoka no podía estar más que feliz. Nunca se detuvo a pensar en los sentimientos de su contraparte.
Y ahora pagaba el precio de todos sus pecados.
Las noches de insomnio ocasionadas por las pesadillas sobre la pelea en contra de las arañas fueron reemplazas por recuerdos de Illumi. Su primera vez juntos, la noche que lo marcó; la primera vez que cenaron juntos y también la última vez que se sentaron sobre el techo de la Torre Celestial a ver las estrellas. Durante meses inconscientemente Hisoka rememoró todos los momentos de su vida en los que el asesino había estado presente. Hasta que un día se despertó sobresaltado sintiendo que su corazón estallaría.
Al fin había encontrado una respuesta, pero Illumi ya no estaba con él para escucharla.
Las noches se volvieron más frías.
Hisoka caminó hasta la cabina que estaba a un costado de las puertas de la prueba sin prisa; un portero que jamás había visto estaba sentado leyendo distraídamente una revista, era joven, tenía un rizado cabello rubio y unos ojos verdes llenos de muerte. El portero no reparó en el alfa en lo más mínimo y el mago se preguntó qué habría pasado con el viejo simpaticón que conocía.
Había estado fuera mucho tiempo.
– Soy Hisoka Morow –, anunció el mago cuando estuvo frente a la ventanilla de la cabina y finalmente logró captar la atención del custodio. – Estoy aquí para ver a Illumi Zoldyck.
Aquel beta lo miró de pies a cabeza con una ceja levantada; perezosamente apuntó con su pulgar hacia las puertas de la verdad.
– Si desea ver a cualquier integrante de la familia Zoldyck, por favor proceda hacia las puertas… – habló con un tono mecánico, como si hubiera repetido aquellas palabras miles de veces a lo largo de los años; quizás si lo hizo. – Si es capaz de abrirlas será recibo, si no, absténgase de intentar ingresar a la propiedad y retírese por su cuenta sin generar un alboroto.
– Muy bien – contestó Hisoka. – Aunque sería mejor que anunciara mi llegada, sería una pérdida de tiempo si Illumi no está dentro de la mansión en este momento.
El portero lo ignoró olímpicamente y nuevamente se dispuso leer su revista. Hisoka se encogió de hombros; yo te lo advertí, pensó.
Caminó lentamente hacia las puertas de piedra mientras que recuerdos del pasado inundaban su mente. Hacía más de cinco años no pisaba aquellas tierras y mucho menos apoyaba sus manos en aquellas puertas. Una parte de él realmente deseo que Illumi estuviera bien después de tanto, tanto tiempo; con la imagen de la figura esbelta del asesino dentro de su mente, colocó firmemente sus manos sobre las puertas de piedra lisa. Empujó, abriéndolas rápidamente y entró en la propiedad Zoldyck.
El portero dentro de la cabina casi se desmaya al ver como el alfa había abierto hasta la última de las puertas y desaparecía dentro de los dominios Zoldyck sin mirar atrás.
Caminar por el sendero de tierra se sintió nostálgico. Hisoka recordaba perfectamente todas las veces que lo había recorrido en busca del omega en el pasado. En el camino hacia la mansión se topó con un mayordomo de tez morena y cabello esponjoso; recordaba haberla visto vagamente antes. La muchacha se hizo a un lado cediéndole el paso con la mirada gacha. Eso fue nuevo, pero nuevamente, Hisoka no preguntó.
Muchas cosas habían cambiado dentro de la residencia Zoldyck, y quizás alguno de esos cambios había sido en las normas de aceptar visitantes que fueran lo suficientemente fuertes como para abrir las puertas de la prueba.
Cuando estuvo a solo unos metros de la entrada principal de la Mansión, por el rabillo del ojo el mago distinguió una vivaz cabellera blanca; pensó que se trataría de Killua, más al girar la cabeza se encontró con alguien completamente diferente. Un niño de cabellos desordenados tan blancos como la nieve y un par de ojos dorados lo miraba fijamente sobre la rama alejada de un árbol, como si se tratara de un gato analizando a su presa.
Definitivamente no se trataba de Killua, era demasiado pequeño para serlo. Aquel pequeño zángano no debía pasar de los cuatro años.
Hisoka le restó importancia; conocía la fertilidad de Kikyo y quizás solo se trataba de un nuevo Zoldyck que había nacido durante su ausencia.
Siguió su camino y cuando se encontró sobre el umbral de la puerta principal la abrió de par en par sin perder un segundo más de su tiempo. Un espacio abierto familiar para él lo recibió. El vestíbulo de la Mansión estaba perfectamente iluminado por candelabros lujosos y brillantes. Una seguidilla de mayordomos se encontraban parados en una fila recta a los costados de la escalera principal; automáticamente cuando el alfa entró por las puertas hicieron una reverencia de bienvenida.
Entonces sintió una mirada sobre él; al mismo tiempo que un dulce aroma lo embriagaba. La sensación fue demasiado familiar; con lentitud Hisoka levantó su vista dirigiéndola hacia lo alto de la escalera. Una figura conocida para él se encontraba en el piso de arriba, apoyado ligeramente sobre el fino barandal de la escalera. Un par de ojos negros lo miraban completamente calmos y vacíos. Hisoka sintió que su corazón se detenía al mismo tiempo que el aroma suave y dulce de las feromonas del omega lo golpeaban, exactamente igual a como lo recordaba.
Illumi se veía incluso más hermoso que hace cinco años.
Su piel seguía siendo de un inmaculado blanco perlado; estaba vestido con ropa estilo oriental, su favorita. Llevaba puesto un conjunto negro con detalles en dorado. Su largo cabello – incluso más largo que antes – caía lánguidamente sobre sus hombros, bordeando su rostro con delicadeza. Parecía un velo de viuda perfecto.
Pero algo peculiar llamó su atención. Una pequeña figura se aferraba a la pierna derecha de Illumi. Era una niña. Otro par de ojos dorados lo miraron fijamente y Hisoka sintió que tenía un deja-vú; aquella niña, al igual que el niño sobre el árbol, tenía un cabello blanco inmaculado; caía desprolijamente sobre sus pequeños hombros.
Antes de que el alfa pudiera decir algo, Illumi habló.
Su voz rompió el silencio del vestíbulo; con un tono suave, firme y demandante. Hisoka sintió que temblaba.
– ¿Qué haces aquí? – fue una pregunta escueta, concisa, sencilla. Aquella simple pregunta hizo que el cuerpo del alfa temblara lleno de emoción y una sonrisa afilada se formó en su rostro.
– Vine por ti –, respondió. Después de cinco años Hisoka sintió que finalmente su vida volvía a rodar justo frente a sus ojos. – Solamente por ti.
El tiempo jamás se detenía, siempre seguía su flujo sin esperar a los rezagados en su camino. Pero para Hisoka no fue así. Para él, su tiempo se había detenido hace mucho, mucho tiempo atrás. Se había estancado ese mismo día dentro de aquel hospital en Kakin.
Su vida dejó de avanzar cuando permitió que el omega huyera del lugar con el corazón destrozado.
–… te dije que no volvieras a mí – Illumi se mantenía inmutable, como si de un fantasma detenido en el tiempo; no había cambiado en nada, y allí, frente al que una vez fue su amante más íntimo, Hisoka sintió que no podía dejar de sonreír.
– Dime… ¿Y cuándo cumplí alguna de tus órdenes, Lumi?
Su mundo volvió a girar.
