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Shouto Todoroki despierta, no cuando abrieron la puerta de su habitación, sino hasta que siente que remueven el cobertor de su futón. Su reacción tardía le daría vergüenza, sino fuera porque sabe perfectamente quién es, y llevan haciendo esto desde hace meses atrás.
—Mmm… No deberías estar acá –dice al sentir a su novio recostarse a su lado y abrazarlo por la espalda—. Ya nos lo advirtieron, y Aizawa casi nos atrapa la semana pasada.
—Es el turno de Midnight de hacer las rondas. A ella no le importará –contesta Katsuki atrayéndolo más a su cuerpo, su voz cansada.
—¿Estás bien? –pregunta, reconociendo el tono que ha usado, y siente al otro asentir—. ¿Qué fue esta vez?
—La misma mierda de siempre –responde pegando un bostezo.
No pregunta más, y solo se acurruca para estar más cerca del cuerpo del rubio, esperando hasta que el otro pueda volver a dormirse.
Las pesadillas los atormentan a ambos, pero hay una en especial que comparten. Aunque si bien a él no le fue tan difícil confiar en el mayor, le costó muchísimo que Bakugou le contara qué era lo que más le afligía.
Ese campamento durante su primer año en verdad los había marcado a todos, y no puede decir cómo le afectó a los demás, pero a ellos, a Katsuki lo persigue la sensación de estar encadenado, atrapado, y asfixiado. A él, en cambio, era el color azul que manchaba sus sueños; un azul tan frío que contradice el calor de las llamas de la persona que se había llevado a Bakugou.
Esa noche los había marcado a todos, y entre las muchas cosas que le hizo ver a él, la más importante quizá fue el darse cuenta que le importaba mucho su compañero de clases.
Y claro, puede decir que los demás también, pero todos estaban tan centrados en cómo se sentían Midoriya, porque era su amigo de la infancia, Kirishima, que era su amigo de la academia, e incluso Iida como el representante de la clase, que parecía que él no figuraba ahí. A simple vista, él no tenía una razón evidente para ir a rescatar a su compañero más allá de tener la actitud de un héroe.
¿Pero cómo podía llamarse héroe si él había sido el que más le había fallado?
Y no solo esa vez, al no haber tomado esa esfera a tiempo (aunque la sonrisa sardónica de aquel villano siempre le recordará que en vano era ‘la obra maestra de Endeavor’, si de todas maneras no había podido hacer nada), sino que desde antes.
Si ya se sentía fatal en ese momento, la culpa no lo dejaba descansar al ver los reportajes que empezaron a salir los días siguientes: sobre la incompetencia de su escuela, el peligro que representaba la Liga para la sociedad, pero lo que más recuerda, es cómo resaltaban que había sido Bakugou específicamente a quien habían secuestrado. Que seguramente querrían convencerlo de unirse a ellos. Que, con su comportamiento violento, lo más probable es que fuera a volverse un villano. Y sin falta, esos reportajes siempre iban acompañados de la foto de Katsuki en el podio después del Festival Deportivo, o videos de cómo había reaccionado al punto que justificaban que lo hubieran encadenado para recibir su medalla. Que sería muy sencillo para la Liga, porque alguien así no tenía la actitud de un héroe.
Siempre creyó que esos reportajes eran basura, pero no dejó de preguntarse si la Liga de Villanos también pensó lo mismo que ellos. Y si eso era cierto, quería decir que él también había jugado su parte en todo esto. Porque si bien él no le dijo a Bakugou cómo reaccionar, él fue quien lo provocó.
La imagen que todo el país tenía de Bakugou la había causado él. Ese había sido su primer fallo. Y lo peor es que continuaba haciéndolo.
Le había faltado el respeto a su compañero; había menospreciado sus capacidades al tratarlo como alguien indefenso, sin considerarlo en la estrategia y solo decirle que hiciera caso; y no había podido recuperarlo antes que se lo llevara el villano.
No podía volver a fallar, y tomaría la oportunidad que tuvieran de traerlo de vuelta por muy pequeña que fuera.
No le importaba que estuvieran rompiendo las reglas, como tampoco que sus compañeros les insistieran que no podían hacer eso, y mucho menos que se hubieran atrevido a compararlo con un villano por querer rescatar a su compañero. No iba a volver a fallar.
El plan que Midoriya había ingeniado era su mejor opción, aunque a él le hubiera gustado ser quien le extendiera su mano a Bakugou, porque la había dejado caer en su pelea, y no lo había alcanzado en el bosque, pero entendía que tal vez no era su lugar de hacerlo entonces. Estaba ahí a su lado ahora, y ese era lo que importaba.
—Estás pensando tanto, que estoy empezando a preocuparme –murmura adormitado en su oído.
Katsuki jamás lo había culpado de nada (aunque a la fecha le sigue recriminando que se haya dejado ganar en la final), e incluso le dijo, y cita, “que sacara esas ideas estúpidas de su cabeza”, pero fue algo que le costó aceptar.
—Creí que ya te habías dormido –dijo girándose para acomodarse sobre el pecho del rubio—. Si nos descubren y Midnight vuelva a usarnos de ejemplo para sus clases será tu culpa –le dice bromeando mientras busca una de sus manos.
Katsuki bufa y entrelaza sus dedos la suya.
—Quién es quién no me deja ir, ¿ah?
Shouto ríe y se acurruca más para poder volverse a dormir, no sin antes apretar fuerte la mano de Katsuki.
En aquel entonces le habían dicho que él no podía ser quien la tomara, pero ahora podía hacerlo sin ningún miramiento.
