Chapter Text
- ¡Mira por dónde vas, cerdo! –
Yuuri dejó escapar una exclamación involuntaria cuando la cubeta que había estado cargando se estrelló contra el piso, derramando agua por todos lados. Cayó de rodillas, como si pudiera capturar toda el agua con sus propias manos y regresarla al cubo. Sin mucha suerte, por aquí. En su lugar, todo lo que consiguió fueron unas rodillas adoloridas, una bata empapada y una buena dosis de risa burlona del niño con el que había chocado.
Levantó la mirada para ver a Yurio ahí, Yurio quien se veía absolutamente hermoso, como siempre. Yurio cuya pálida piel y ojos azules capturaban las atenciones de los Invitados de todas las edades, géneros y tamaños de billeteras. Yurio, quien era Intocable, pero deseable.
- Pe-perdón - Yuuri tartamudeó. La cara angelical se torció en una cruel sonrisa.
- Aprende tu lugar -
Mientras Yurio se alejaba, con su larga bata azul pálido meciéndose detrás de él, Yuuri se encontró a sí mismo deseando que cayera la noche. De noche él podía simplemente quedarse en su pequeño armario que llamaba cuarto, hecho bolita en el piso sin tener que ver gente. De noche, se sentía menos como un desperdicio de tiempo y de dinero. De noche, no tenía que trabajar - a diferencia de los verdaderos residentes de la Casa.
El trabajo de los Cortesanos se extendía hasta muy entrada la noche, mucho después de que el sol se haya despedido. Ellos entretenían, ellos actuaban, ellos cogían; para Yuuri, ellos eran criaturas que solo existían en el mundo del lujo.
Él, quien fue traído a esta Casa con las mismas expectativas, se había quedado corto debido a sus nervios y torpeza derivada de estos. Su primera vez como aprendiz había sido marcada por el desastre casi como lo que acababa de pasar. Ansioso de probar a un Aprendiz por vez primera, el mismo super intendente del distrito había reservado sus servicios. No tomó muy agraciadamente el ser quemado con té.
Desde entonces, Yuuri se había convertido en poco más que un sirviente. No se sentía mal por eso, necesariamente; prefería mantenerse fuera de vista. Él no era hermoso, tampoco era agraciado ni inteligente. Ser Cortesano era un trabajo para gente como Yurio, gente como Phichit, gente como Viktor.
Yuuri se apresuró a limpiar el agua justo en el momento en que la puerta se abrió deslizándose hacia el pasillo, y se halló a sí mismo viendo intensamente una pálida pierna. Una blanca pierna que se extendía a un cuerpo igualmente pálido que pertenecía a un hombre cuya sola presencia parecía cambiar la atmósfera del cuarto.
Yuuri se esforzó en mantener la cabeza gacha mientras Viktor esquivaba con gracia el desastre y prácticamente flotaba hacia su destino. El Cortesano no le puso nada de atención y Yuuri estaba perfectamente a gusto con ello. Diosa sabe, si Viktor lo hubiera siquiera visto, habría vuelto a meter la pata de algún modo.
Trapeó cuidadosamente el agua del piso y regresó a llenar nuevamente la cubeta antes de llegar finalmente a la entrada frontal. Se suponía que debía estar fregando el pórtico, lo cual sabía que era una excusa para hacerlo sentir como un desperdicio de persona. Nadie usaba labor manual para la limpieza de los pórticos. Eso era trabajo de los robots, igual que el cocinar y el sacudir y el cambiar las sábanas. Pero Minako amaba verlo sufrir- según para reforzar su carácter o algo así. Así que él limpiaba cuidadosamente. Sus manos estaban destrozadas por las tantas veces que las había sumergido en productos de limpieza, pero estaba bien.
Una vez que hubo terminado, limpió su frente y vació su cubo, dejando que las mangas negras de su bata simple finalmente cayeran sobre sus muñecas. Depositó la cubeta de nuevo en la choza de herramientas y entonces regresó al edificio principal para ver el área de entretenimiento iluminada. Por supuesto, Viktor estaba trabajando esta noche.
Sin una gota de duda, Yuuri caminó confiadamente a la esquina que ocupaba usualmente cuando Viktor trabajaba. Era un hobby algo extraño que tenía - ver a Viktor; pero sabía que muchos compartían su entusiasmo por el espectáculo.
Veía a través de una rendija entre la puerta y la pared mientras Viktor, vestido en suntuosas sedas en rosa y púrpura, bailaba para sus clientes - un grupo de nueve hombres, aparentemente del gobierno. Los Invitados de Viktor eran la crema y nata. Tenía una lista de espera de meses por adelantado, y solo los clientes más atesorados podían verlo fuera de esta.
El aliento de Yuuri se detuvo mientras veía a Viktor bailar, su mano presionando sobre su boca. Tenía miedo de soltar un solo sonido, temeroso de ser descubierto, pero sus ojos permanecían pegados a la esbelta figura del Cortesano quien se había convertido en una leyenda viviente. Yuuri recordaba estar sumamente emocionado cuando se le dijo que viviría en la misma Casa que el mismísimo Viktor. A la edad de dieciséis años, la virginidad de Viktor había sido vendida a un m imebro del Consejo Supremo, por una cantidad no revelada de dinero que le permitió a Minako expandirlos terrenos de la Casa por hectáreas.
Las presentaciones de Viktor nunca eran aburridas, nunca se veían sin inspiración; cada vez que se presentaba para placer de los ojos y cuerpos de los Invitados, él se convertía en una obra de arte con vida propia.
Todo de él gritaba gracia, y Yuuri se halló a sí mismo deseando tanto ser él como ser de él.
Era un pensamiento algo tonto, Yuuri no estaba hecho para la grandeza; y eso era lo necesario para convertirse en algo cerca a lo que era Viktor.
La música acaba poco a poco, y los ojos de Yuuri se agrandaron al ver que la bata de Viktor caía al suelo, exponiendo su cuerpo a los lujuriosos ojos de sus Invitados. Diosa, cómo lo veían. Parecían poseerlos con sus propios ojos, y Viktor reía delicadamente mientras se dejaba caer sobre las almohadas repartidas alrededor de la mesa, era como si Yuuri estuviera presenciando aves de rapiña pelearse por un cadáver.
Pero qué hermoso cadáver era él.
Los gemidos de Viktor llegaron a sus oídos, acompañados de los gruñidos como de simios sin gracia de los clientes, y Yuuri miró a otro lado, sonrojándose furiosamente. No se podía quedar para esto. No sería capaz de caminar si lo hacía.
Se levantó con dificultad y corrió a su cuarto. Una vez que su corazón disminuyó su acelerado ritmo un poco, se aventó de espaldas a su cama y mordió su labio, mientras sostenía su polla en el hueco de su mano. Solo le tomó lo que se sintió como un segundo de estimulación para que se viniera con el nombre de Viktor firmemente mordido entre sus dientes.
Era un hobby que tenía. Bailar. Aunque había hecho las paces con el hecho de que nunca sería capaz de hacerlo como un Cortesano, no se podía mantener alejado del jardín desierto después de haber terminado sus tareas. Se levantaba su negra bata para que se asemejara a la de un bailarín, y enrollaba sus mangas mostrando su piel.
Tocó la pantalla de su desgastado Asistente Personal para reproducir la memoria de la noche anterior. La música. Oh, la música que había sido tocada para el baile de Viktor era hermosa, e invitaba a Yuuri a bailar. Detuvo la memora y luego la volvió a reproducir desde el comienzo, poniendo suma atención en los movimientos de Viktor.
Eran bastante simples; pero aún así había ciertas nimiedades por aquí y por allá que hacían de toda la presentación algo fascinante y cautivador. Yuuri trató lo mejor que pudo de copiar los movimientos de Viktor, cerrando sus ojos una vez que tenía memorizada la rutina.
Bailó y bailó y bailó hasta que le dolieron los pies, descalzos sobre el pasto del jardín. El sol se ocultó tras el horizonte, y renuentemente recogió su AP, apagando la memoria que sabía nunca podría borrar. Tenía toda una biblioteca guardada de Viktor, desde la primera vez que había espiado una de sus sesiones, hasta el día de hoy.
Él aún tenía que ayudar a cocinar la cena, así que se guardó su AP en el bolsillo y dejó que sus mangas y la bata cayeran a su posición original, arrastrando sus pies todo el camino a las cocinas.
Yuuko lo saludó con su usual entusiasmo y lo puso a pelar papas. Hoy serían anfitriones algunos Invitados de fuera del planeta, lo cual era bastante grande para una Casa tan pequeña como la de ellos. Yuuri ni siquiera tenía que preguntar a quién habían solicitado. Era bastante obvio que solo había un punto de interés en la Casa Hasetsu.
- Quisiera que Minako que te diera una segunda oportunidad - Yuuki murmuró pensativamente mientras checaba el asado de pato en el horno.
- ¿Por qué lo haría?- contestó ausentemente Yuuri - Sabe lo nervioso que me pongo frente a la gente. No puedo ni imaginar el desnudarme para ellos y bailar y hacer...ya sabes, otras cosas con ellos -. Su cara se puso roja con el recuerdo de la noche anterior.
- Puedes bailar tan bien como lo hace Viktor y lo sabes, - dijo Yuuko. - Solo te falta confianza. -
- Soy decente cuando bailo solo. Pero con los Invitdos viendo... ¿cómo se supone que ignore eso?- murmuró Yuuri. - No va a pasar y francamente... estoy bien con eso. Hay Intocables que son mucho más valiosos y se merecen más el convertirse en Cortesanos de Hasetsu, de todos modos. -
- Osea, ¿como Yurio? - Yuuko preguntó con un bufido. - Ese niño tiene una terrible actitud. Y no va a estar maduro por otro año. -
- Él es increíble, - dijo Yuuri sin ganas. - Lo he visto ensayar. Estoy seguro que puede ajustar su actitud también y entonces estaremos viendo a Viktor 2.0 -
- Solo puede haber un Viktor y lo sabes.-
- Él se va a retirar algún día. Probablemente compre su libertad y viva como Señor elegante en algún lugar fuera del planeta. - Yuuri suspiró. Estaba muy seguro que Viktor tenía más que suficiente dinero para comprar su libertad, dada la cantidad de invitados pudientes que entretenía. Más y más Yuuri estaba convencido que Viktor hacía esto solo por diversión ahora. Amaba la atención. Se bañaba en ella. A veces, Yuuri pensaba que Viktor podría sobrevivir de las miradas hambrientas de las gente y nada más.
- Y entonces habrá un espacio vacío esperando ser llenado. Qué mal todo eso de que los Cortesanos no pueden comprar Cortesanos, estoy segura que a él le encantaría poner sus manos en tí cuando él sea liberado.- Dijo Yuuko, tocando su AP para que se encienda. Una proyección de Yuuri bailando en el jardín apareció en el aire, haciendo que el joven tirara su cuchillo del horror que le produjo.
- ¿Me estabas viendo? - susurró molesto a Yuuko, tratando de agarrar su AP. - ¡Bórralo, por favor! -
- Nop. - Respondió Yuuko, manteniéndolo detrás de su espalda. - ¡Eres bueno! Admite que eres bueno y lo apagaré. -
- ¡Yuuko! -
- ¿Sí, cariño? -
Yuuri soltó un gruñido frustrado.
- Está bien, soy bueno. ¿Ahora por favor podrías borrar eso? - Preguntó con voz suplicante. No podía dejar que Minako descubriera que se perdía bailando cuando se suponía que debía estar trabajando. La proyección se detuvo y se retrajo dentro del AP de Yuuko.
- Gracias - Yuuri dijo forzadamente, volviendo a su labor. Terminó de pelar las papas en tiempo récord y en el momento en que hubo terminado, las empujó hacia Yuuko y corrió hacia la puerta.
- ¡Yuuri! -
- ¡¿Qué?! - exclamó, lágrimas de humillación haciendo arder sus ojos.
- Eres bueno. -
Azotó la puerta extra fuerte.
No había lógica en esto. Un segundo estaba dormido y el siguiente probablemente seguía soñando, pero viendo una versión extremadamente realista del mismísimo Viktor.
Un muy desnudo Viktor, en toda su pálida y plateada gloria, su brazo extendido hacia él como si estuviera a punto de ofrecerle una serenata.
Viktor, quien aparentemente conocía su nombre.
- Yuuri, - dijo, su voz brillando, cubriendo al joven y haciéndolo removerse hasta estar de pie, aterrorizado. ¿Qué hacía Viktor en su pequeño cuarto? ¿Qué hacía Viktor con él? ¿Qué diablos estaba haciendo Viktor?
- A partir de hoy, yo seré tu Mentor. Te haré el mejor Cortesano en la Tierra. -
